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A PROPÓSITO DE LA IMPOSIBILIDAD DE “PAPAS HEREJES”


En la Basílica de San Pedro, al fondo del ábside, se conserva, encerrada en un relicario de bronce dorado, la preciosa silla que servía a San Pedro. Este asiento, (término latino: cathedra) ha dado su nombre a las definiciones “ex cathedra”, proclamadas “desde lo alto de la cátedra” por el Vicario de Cristo.”

En la Basílica de San Pedro, al fondo del ábside, se conserva, encerrada en un relicario de bronce dorado, la preciosa silla que servía a San Pedro. Este asiento, (término latino: cathedra) ha dado su nombre a las definiciones “ex cathedra”, proclamadas “desde lo alto de la cátedra” por el Vicario de Cristo.”

[A propósito de un post anterior, “Un papa no puede ser hereje”, ha habido un comentario de nuestro comentarista Scivias, a quien tanto le debe el blog, no sólo por sus intervenciones, sino también por su traducción del libro “Misterio de Iniquidad” que los lectores pueden descargar del  blog, y que es el epítome de él,  que defiende el infalibilidad pontificia tal como siempre se creyó en casi todos los siglos de la historia de la Iglesia. Con razón dijo el  denostado teólogo Pighius, en el s.XVI, “La Iglesia siempre lo ha creído, luego es verdad“. De él dijo San Roberto que sostenía una tesis “muy fácil de defender“. Bien que él especulaba con hipótesis, que parecían contradecir esta sentencia, por ejemplo en la 5ª opinión del capítulo 30 de “De Romano Pontífice”.  Pero a esto Scivias nos advierte sensatamente que “la infalibilidad fue prometida a los papas y no a los santos”. 

Acepto de buen grado el tirón de  orejas que fraternalmente me da Scivias, acerca de la publicación en el blog de citas de santos doctores, como si fueran la última razón de la doctrina que defendemos. Sirva de excusa el decir que citas de Santos doctores han sido traídas, sólo para corroborar lo que con certeza sabemos, por el testimonio del Magisterio; bien que ellos hicieran de ello una creencia particular (ningún santo en la historia hasta nuestros días, ha creído que el papa pudiera errar sea en su magisterio ordinario o en  calidad de “obispo de Roma, o bien sea  como doctor privado o persona particular“.

Bien dice Scivias que la doctrina opuesta, común con las impiedades de galicanos y jansenistas, y también con la de la mayor parte de los herejes de la historia,  han quebrado el espinazo de la Iglesia en su unicidad, su santidad, su apostolicidad. Piénsese sobre ello y vendrán a darle la razón. Sobre esto volveremos en una entrada que cierre por fin lo agrios debates que han tenido ocasión en el blog, en los comentarios del citado post.

El sucesor de Pedro es infalible en su enseñanza, sin distinguir grados y es indefectible en la Fe  de su persona. Si aceptamos que los papas son sucesores de Pedro y por tanto a quienes conviene con propiedad las palabras del Señor sobre el primado que Él instituyó como Roca en la que reposa la Iglesia, ¿Por que no habríamos de hacerlo en aquélla promesa del Divino Fundador de la Iglesia “ Yo he rogado por ti Pedro, para que tu FE NO FALLE Fe, y tú una vez convertido CONFIRMA a tus hermanos?

Por subrayar el acierto en no diseccionar la persona del papa entre sus  cargos y sus actuar privado, nos parece particularmente necia la opinión de los que separan el oficio papal, que enseña a toda la Iglesia, del oficio de “obispo de Roma”. El papa lo es porque es obispo de la Iglesia de Roma, que es la madre y maestra de todas  las iglesias. Viene a cuento leer las palabras de los Padres de la Iglesia (véase el post Los Padres sobre los papas, a quienes jocosamente llamo “papólatras” apuntando a los dicterios de ciertos mistificadores, en un post), que acudían al “obispo de Roma” para zanjar sus cuestiones.
Termino con  la inmortal sentencia en la carta a los cismáticos griegos (de los que tantos epígonos hay en nuestros días) del papa San León IX, en 1053, sólo un año antes de morir:

“¿Alguien será lo bastante loco para osar pensar que la plegaria de aquél para quien querer es poder pueda ser sin efecto sobre un punto? La Sede del príncipe de los apóstoles, la Iglesia romana, ¿no ha, sea por Pedro mismo, sea por sus sucesores, condenado, refutado y vencido todos los errores de los herejes? ¿No ha confirmado los corazones de los hermanos en la fe de Pedro, que hasta ahora no ha fallado y que hasta el fin no fallará?”  (Véase  el post Los papas papólatras

He aquí el comentario de Scivias:

He leído con atención el artículo y los comentarios y se me ocurren algunas consideraciones de carácter general:

1) El papa es papa SIEMPRE; no se puede quitar ese cargo ni para comer o dormir, mucho menos para, estando despierto, proferir (pronunciar, decir, articular palabras o sonidos) o practicar herejías, aunque le hablara al espejo. La promesa de Nuestro Señor Jesucristo a Pedro y sus sucesores fue sin condiciones. Entonces es ocioso hablar de “persona particular” o “doctor privado”, categoría que fue expresamente ignorada por el Concilio Vaticano I, a pesar del pedido de los obispos italianos, que como tantos otros querían “moderar” la definición por razones que se podrían llamar políticas.

2) Como ya se ha expresado en algunos comentarios, especialmente por parte de fray Eusebio, Roma habló, y hoy, gracias a los medios de que disponemos, podemos saber perfectamente lo que Roma dijo, así haya sido en el siglo XV y en latín. Tenemos mucho más acceso a las enseñanzas de la Iglesia que los teólogos de antaño, aunque no tengamos su sabiduría o su santidad. Y si Roma habló, sea por las bulas Licet ea, Cum ex apostolatus, por el concilio Vaticano I, ¿por qué le seguimos dando vueltas al asunto?

3) Si desde un primer momento la Iglesia hubiera creído posible que el papa en alguna circunstancia pudiera errar en materia de fe o costumbres, los archivos del Vaticano tendrían el doble de extensión, al alojar necesariamente todo lo escrito por quienes habrían impugnado cada expresión papal, buscando la posible herejía oculta en sus enseñanzas, sea para censurarla, sea para aprovecharse de ella. Como corolario de esto podemos decir sin temor a equivocarnos que quienes defienden la proposición del papa errando como “persona particular”, son los que perdida la batalla mayor, buscan el subterfugio para debilitar la autoridad papal. ¿Se imaginan lo que ocurriría hoy si por la Gracia de Dios llegara al Trono de Pedro un papa verdadero? Habría legión de católicos, empezando por varios obispos y sacerdotes muy mentados en estos artículos, poniendo en duda cada enseñanza pontificia. Ese es el daño que ya hicieron los muy taimados: respecto a muchos fieles de buena voluntad pero poco advertidos que confían en sus enseñanzas, han quebrado el espinazo de la Iglesia en su unicidad, su santidad, su apostolicidad.

4) A riesgo de aparecer como censurando la muy buena obra del propietario de este blog, se me ocurre decir que incluir los dichos o especulaciones de teólogos canonizados que han sido desmentidos por la enseñanza de la Iglesia (sabemos que la infalibilidad fue prometida a los papas y no a los santos), no colabora con la difusión de la Verdad, sino que genera discusiones más apropiadas para ambientes académicos en los que especialistas en hermenéutica y en diversas lenguas vivas y muertas, pueden tomarse la libertad de disecar textos buscando el verdadero significado que quiso darle el autor. Ejemplo: ¿puedo yo, que no tengo a mano los escritos originales de teólogos de siglos pasados, escritos seguramente en latín, idioma desconocido para mí, sacar alguna conclusión válida de lo que quisieron decir? No, porque ni sé si la traducción que llegó a mis manos es fidedigna. Tengo que confiar traductores, en intérpretes… No es así como vamos a llegar a la verdad, especialmente cuando Roma habló.

Por último, Lucy pregunta por la situación de los “papas” post Pío XII: jamás fueron papas por haber adherido, profesado, defendido a herejías y herejes ANTES de su elección como papas (Ver bula Cum ex apostolatus). ¿Por qué nunca fueron declarados usurpadores? Las cosas que Dios permite que ocurran son muchas veces -o siempre- indescifrables para nosotros. Lo cierto es que los enemigos de la Iglesia ya a fines del siglo XIX habían invadido aun los cargos más altos del clero y se ocupaban de que en los seminarios se difundiera el error. Los obispos y cardenales de la época de la muerte de Pío XII estaban en gran medida chapaleando en el barro del modernismo y festejaron la llegada del conciliábulo Vaticano II como el mayor triunfo de la Iglesia en toda su historia. Los pocos que levantaron la voz, o fueron silenciados por el aparato o erraron en el diagnóstico: justamente adjudicaron a un imposible el desvío de la Iglesia en su conjunto: decían que el papa (Juan XXIII para algunos, Pablo VI para otros) “había caído en la herejía”. Me tocó ver a muchos, muchísimos católicos que volvieron mansos al redil de su obispado cuando cayeron en la cuenta de que se hablaba de “papas herejes”. Su análisis era el siguiente: “sólo un hereje puede decir que el papa es hereje”. Y en eso tenían razón. Así murió una enorme resistencia naciente.

Una elección tradicional de un papa a partir del “colegio cardenalicio” actual, es imposible, dado que todos son herejes, desde que pertenecen a esa secta presidida hoy por Bergoglio. ¿Cómo se resuelve esto? Sólo Dios los sabe. Por lo pronto, recemos y hagamos penitencia para que Él se apiade de nosotros

4 replies »

  1. Como suele decir cierto famoso bloguero, suscribo el comentario de Scivias de quilla a perilla, y me alegro de que haya quien vea tan claras las cosas.

    Afirmación clara y tranquila de la verdad, con reposada confianza en Dios, en su Sabiduría y Providencia, no hay mejor respuesta que esa frente a algunos dinoscopios que nos suponen presos de inextinguibles ansiedades.

    Efectivamente, el Papa es Papa siempre, y una vez aceptado canónicamente el Pontificado, el Espíritu Santo fortalece de tal modo su fe (sí, si, la de la persona particular o doctor privado), que le confiere esa indefectibilidad en la fe que lo inmuniza contra cualquier error acerca de la fe o la moral.

    Esa indefectibilidad de la persona que ha asumido la Vicaría de Cristo es la base de la infalibilidad del mismo Vicario en su enseñanza pública, ordinaria o extraordinaria, sólo o acompañado por el resto de los prelados católicos.

    En esa muralla no hay falla ni portillo, mancha o arruga, es un único diamante inaccesible a las acometidas de las puertas del infierno, esto es, de todas las herejías.

    ¡Cuánta razón tiene en que el ignorar esa verdad primaria, o peor, el intentar oscurecerla, es la raíz de donde han surgido todos los cismas y herejías que han afligido a La Iglesia a través de los siglos!

    Así es en verdad, que la duda sobre la indefectibilidad e infalibilidad del Papa, y por ende, de la Iglesia, es lo que principalmente ha ahogado un amplísimo movimiento de resistencia que ya empezaba a despuntar, Y ESA MISMA DUDA SIGUE AHOGANDO A DÍA DE HOY LA RESISTENCIA, Y ESTERILIZANDO LOS ESFUERZOS DE LOS QUE AÚN SOBREVIVEN.

    Y es justo castigo divino, ya que el dudar del Papa, es dudar de la palabra y promesas del mismo Cristo, que no pudo ser más claro.

    Únicamente cuando los “resistentes” estén dispuestos a acoger al Papa tal como es, y no como la caricatura de Papa que se han inventado, merecerán que Dios les conceda uno.

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  2. No hay unidad de pensamiento sobre estos temas en el “movimiento de resistencia. Una muestra tomada de un sitio sedevacantista:

    Además de las definiciones ex cathedra, hay otros documentos pontificios que son actos personales del Papa, pero que no gozan del privilegio de la infalibilidad, puesto que, o no se dirigen a toda la cristiandad, o en ellos el Romano Pontífice no habla con toda la plenitud de su potestad suprema.

    Estos documentos pontificios se distinguen en varias especies según su forma y contenido.”

    http://forocatolico.wordpress.com/2014/02/10/la-infalibilidad-del-papa-divina-promesa-de-salvaguarda-contra-el-error-doctrinal-iii/

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  3. El pobre Benedicto XVI amante de la Tradición al que han obligado a dimitir por querer restaurar la verdadera Iglesia y que ahora mantienen secuestrado en el Vaticano parece que tiene más en común con Francisco de lo que muchos imaginan.
    Ratzinger se confiesa a Hans Küng: “Mi única y última tarea es sostener a Francisco”
    http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2014/02/10/ratzinger-se-confiesa-a-hans-kung-mi-unica-y-ultima-tarea-es-sostener-a-francisco-religion-iglesia-vaticano-teologos-benedicto.shtml

    Los extraños saludos de Ratzinger:
    http://radiocristiandad.wordpress.com/2014/02/11/carta-de-lectores-andres-bogolls-casalas-sobre-ratzinger/

    Francisco y Benedicto en la “misma línea teológica”.
    http://statveritasblog.blogspot.com.es/2013/12/francisco-y-benedicto-en-la-misma-linea.html

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  4. Pere:

    El sitio al que Ud. se refiere cita un texto de principios del S. XX., que seguramente no endosará en su totalidad, pero que es muy útil para fijar y distinguir no pocos conceptos.

    Muestra clara de la nefasta obra del galicanismo metamorfoseado y redivivo, capaz de influenciar obras por otros respectos harto encomiables.

    De todos modos, el que las controversias existentes entre teólogos con mucha antelación al Concilio, no dice nada en contra de los sedevacantistas, que no basan su postura exclusivamente en la infalibilidad de los Papas, sino en la autoridad de éstos últimos, que ya enseñaron lo que cumplía creer y practicar si llegábamos a encontrarnos en una situación como la presente.

    Por cierto, que el autor del texto se cubre de gloria cuando pretende que toda una serie de actos del Papa son meramente personales suyos, porque no se dirigirían a la Iglesia Universal, o no empeñaría la plenitud de su autoridad.

    Eso podría ser cierto si el Papa quisiera a cada paso y casi cada día pronunciar definiciones, pero es ridículo, cuando se tiene en cuenta que en toda enseñanza relativa a fe o costumbres, aunque sea contestando a la consulta privada de un sólo obispo, como lo vemos muchas veces en la historia, también es infalible. Sin que quisiera definir ni nada parecido, y así lo entendieron siempre los contemporáneos, que por esa razón hacían tanto caso de las resoluciones papales.

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