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PROSIGUE EL DEBATE SOBRE EL CONCLAVISMO


[He aquí una respuesta al post anterior sobre la “Elección del Sumo Pontífice”. La subimos a las entradas principales por su interés y porque intenta rebatir las afirmaciones de nuestro estimado Dr. Homero Johas. Por supuesto el blog no toma partido por ninguno de los hasta ahora partícipes contendientes, ni por los que vengan]
Por James Stuart

Supongo que de haber podido, el Dr. Johás habría dado otra respuesta a nuestros últimos artículos.

El escrito al que ahora nos disponemos a contestar tiene sin duda bastante tiempo, y muchas cosas han ocurrido desde entonces.

  1. Qué duda cabe, estamos de acuerdo en que el Papa es necesario a la Iglesia.
  2. Tampoco dudamos de que sea necesario obedecer al Papa, en este caso, cuando manda que se hagan todos los esfuerzos debidos y posibles en orden a la elección de un Sumo Pontífice.

  3. Es verdad que la Iglesia necesita imperiosamente el tener un Papa, pero no tanto que no pueda sobrevivir durante largo tiempo privada de cabeza visible, como enseña la historia y prevén documentos papales como la Bula Cum ex apostolatus.

  4. Una cosa es que la Iglesia tenga todos los medios necesarios para proveer a la solución de su actual situación, cosa cierta, y otra, que se den las condiciones adecuadas para el recto uso de esos medios. Durante el Gran Cisma, la Iglesia también tenía esos medios, pero sólo se emplearon con éxito cuando fueron reunidas una serie de condiciones coadyuvantes.

  5. Nosotros no queremos impedir ni una cosa ni la otra, sólo pedimos que se observe seriamente lo que la misma Iglesia ha dispuesto, según su letra, y según el espíritu que anima esa letra.

  6. La privación de cabeza visible debe ser remediada por la acción de los miembros de la Iglesia, sí, pero no cualesquiera, sino solamente por los llamados a ello. Hay una escala jerárquica, que va descendiendo según van faltando los de grados superiores: Primero los cardenales, faltando éstos, los obispos dotados de jurisdicción, no estando éstos disponibles, los prelados menores, como los abades mitrados, y así, hasta llegar a obispos, sacerdotes y laicos totalmente carentes de poder de jurisdicción ordinaria.

Esa es la situación en la que nos encontramos al presente. Ahora bien, si suponemos, como lo hace el Dr. Johas, que sobre esos “últimos de Filipinas” pesa la terrible responsabilidad de discernir quién sea el elegido de Dios para el Papado, debemos tener en cuenta que también a esos electores excepcionales les obligan las normas del derecho electoral que en otro tiempo debían observar los cardenales.

Una de esas normas ordena que el hecho de la Vacancia de la Sede sea un hecho conocido de la totalidad moral de los electores, de modo que o bien cumplan personalmente con su deber de sufragio, o al menos, pueda entenderse con verdad y honestidad que aceptan el resultado de una elección “por compromiso”, es decir, realizada por unas pocas personas en nombre de todos los electores posibles, cuyo número excesivo hace muy difícil y arriesgada una elección por escrutinio estricto.

Y esa importante condición de cualquier elección legítima aún no ha sido satisfecha, puesto que los católicos todavía resistentes por este ancho mundo, en su inmensa mayoría, ni han sido suficientemente informados de su condición de electores, ni han sido convenientemente avisados acerca del grave deber electoral que les incumbe, ni han sido tampoco incluidos en registro alguno, que permitiera comprobar el sentido de su voto. (Que yo recuerde, estos señores jamás me han dirigido ninguna notificación, ni me han avisado, ni realizado otra provisión en derecho por la que se pueda entender que yo renunciaba a mi derecho/deber de sufragio).

Hasta ahora, más bien hemos sido testigos de “elecciones” más que dudosas, precisamente por haber fallado en cumplir requisitos tan básicos como éstos, cuya inobservancia hace nula cualquier elección.

Esos electores a los que había que avisar suficientemente son en orden descendente por orden de la paternidad que asumen, primero los obispos, luego los presbíteros, después los grados descendentes del sacerdocio, hasta llegar a los simples clérigos tonsurados.

Ytem más: Incluso tratándose de laicos, se ha de entender que electores sólo pueden ser católicos varones, con total exclusión de las féminas, conforme al derecho divino natural y positivo, que veta que en los asuntos eclesiásticos puedan las mujeres decidir o dominar en modo alguno. Vea el Dr. Johás si en las elecciones que él ya ha patrocinado, se cumplió ese importante requisito.

Y aún digo más, que tengo entendido que el voto y decisión no pertenece igualmente a todos los laicos varones, puesto que entre ellos, también existe una jerarquía de derecho natural, basada sobre los derechos de paternidad, física, moral o espiritual. Primero los religiosos no ordenados, después, los que ostenten alguna responsabilidad de gobierno civil o militar (si es que aún queda alguno que la detente legítimamente), los Padres y cabezas de familia, y luego los demás…

Más les valdría tener en cuenta las lecciones de la historia, que vienen presupuestas en las leyes electorales: Si con un Cónclave compuesto por un máximo de 70 cardenales ilustres por el saber, prudencia y lealtad a la Santa Sede, por encima de sus condiciones e intereses personales, ya era tan difícil llegar a un acuerdo, incluso cuando las circunstancias urgían, como en el cónclave que eligió a Pío VII, que duró varios meses a pesar del peligro napoleónico, ¿Piensan ellos que esa enorme masa de electores potenciales podría reunirse en un Cónclave mínimamente creíble, y realizar una buena elección?

  1. Así que le contestaré con sus propias palabras: Efectivamente, Dios no manda cosas imposibles, al menos no sin intervención extraordinaria, como sería el que tan descomunal “cónclave” consiguiera elegir a un Papa no dudoso ni contestado, semejante a la decena larga de la que nos ha llegado noticia.
  • Causas de imposibilidad.

  • Veamos:

  • A) Las normas que regulan la elección desde luego que no dependen del arbitrio y consenso de los hombres, lo que sí depende de los hombres, tal como prevé el derecho en vigor, es su aplicabilidad a las circunstancias concretas en que ha de verificarse tal elección.
    B) No se aplican en absoluto esas condenas a los que ejercen la mínima prudencia exigible.
    C) Todos los hipotéticos electores están de acuerdo con ese deber de creer y confesar la Fe.
    D) La ignorancia es removible, pero los conclavistas no han hecho ningún esfuerzo serio para usar de esos medios a favor de sus presuntos electores.
    E) El hecho de la no existencia de cardenales no invalida el resto del derecho natural y positivo.
    F) Galgos o podencos, el caso es que no tenemos Papa en acto.
    G) Hay deber de socorrer a los que están en peligro, pero no de suicidarse actuando en contra de todas las leyes del sano sentido común, con el único resultado de verse arrastrado a un peligro quizás mayor que el que deseaban remediar.