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RESPUESTA A MONS. WILLIAMSON DE MONS. SANBORN (4)


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Éste es el cuarto y último post, que recoge una de las respuestas de Mons. Sanborn a Mons.Williamson, respecto de las afirmaciones expresadas en los Kyrie eleison nº 343 y 344, con lo que se completa lo proyectado. A ello se añadirá una entrada más, la quinta, con el descargo que hace Mons. Sanbor, respondiendo a una objeción global, que ataca los dos posicionamientos.  Después publicaré el post completo, juntando las cinco entregas y dando el documento en PDF.

CUARTO ARGUMENTO

(tomado del Kyrie Eleisom, nº 433)

Aquí el obispo Williamson intenta desactivar el argumento de los sedevacantistas que establecen que puesto que los papas del Vaticano II son herejes públicos, no pueden ser papas.

 Él responde que los Papas conciliares, a pesar de que han declarado herejías objetivas, subjetivamente no son culpables del pecado o del crimen de herejía, debido al hecho de que no podemos probar, fuera de un tribunal de justicia, que sean realmente conscientes de contradecir la enseñanza de la Iglesia.

Respuesta. En primer lugar, es necesario revisar la distinción entre  pecado de herejía y delito de herejía. El pecado de herejía es el acto de dudar o negar una verdad de fe católica. Puede ser formal o material. Herejía formal es dudar o negar la verdad con el conocimiento de que lo que se está dudando o negando, es, de hecho, un dogma católico o una enseñanza moral, y no sólo una conclusión teológica u opinión de algunos teólogos. Herejía material es dudar o negar lo que es objetivamente un dogma católico o enseñanza moral sin conciencia de que esta enseñanza pertenece a la Fe.

La herejía es también un delito, es decir, una violación de la ley de la Iglesia, para la cual hay ciertas sanciones.10

En ambos casos, sin embargo, la comisión del pecado o del delito, si se hace en público, lleva consigo una separación  automática de la Iglesia Católica.

Los moralistas son claros al afirmar que lo único que excusa de la herejía formal es la ignorancia. Uno tiene que desconocer el hecho de que está contradiciendo una doctrina católica que pertenece al magisterio solemne de la Iglesia, o al magisterio ordinario universal.

El obispo Williamson nos quiere hacer creer que, una vez establecido el hecho de la herejía, es decir, que alguien ha pronunciado una herejía, hay que presumir la ignorancia, hasta que se pruebe lo contrario en un tribunal de justicia.

De hecho es todo lo contrario. Uno es inocente hasta que se pruebe su culpabilidad en todos los tribunales de justicia en relación con el hecho de un delito, pero nunca en lo que respecta a la formalidad (culpa personal) del delito. Si esto fuera cierto, sería necesario contar con dos estudios para cada crimen: uno para demostrar el hecho, y el otro para demostrar que el autor realmente sabía lo que estaba haciendo cuando lo hizo. Toda ley presume la culpabilidad formal cuando es conocido el hecho de la delincuencia. Lo mismo es cierto para el pecado. La falta de formalidad en el pecado – que alguien sea inocente por falta de advertencia – tiene que ser probada.

Voy a dar algunos ejemplos. En el caso del tiroteo en una sala de cine de Colorado que tuvo lugar en 2012, los abogados de la defensa de este joven no cuestionaron, en modo alguno, el hecho de que su cliente llevó a cabo los tiroteos y asesinatos. Ellos trataron de probar que el tirador no estaba en su sano juicio, y por lo tanto, por razones de locura, no era realmente culpable del crimen ante la ley. La carga de la prueba recae sobre ellos, no hay presunción de ley a favor del joven.

También está el famoso caso en Oyster Bay Cove, Nueva York, en un edificio que ahora sirve como centro de misas de la Sociedad de San Pío V. Hace muchas décadas hubo un asesinato en ese edificio, realizado por la esposa de un hombre a quien ella supuestamente tomó por un merodeador en medio de la noche. Ella admitió que le disparó, pero sin darse cuenta de que era su esposo y por ello lo hizo por error. Fue absuelta. La carga de la prueba del error, sin embargo, recayó sobre ella, porque la presunción de ley estaba le era contraria.

Luego está el famoso caso de Washington durante la guerra civil americana, en la que alegándose demencia temporal, se logró una absolución. Un hombre llegó a su casa inesperadamente y encontró a su mujer con otro hombre. El marido se puso tan furioso  que tomó un arma y  disparó de inmediato al amante de su mujer. Admitió ante el tribunal que él realizó la acción, pero se declaró inocente por falta de formalidad en el acto ya que él cayó en un arrebato de locura temporal a causa de su ira extrema.

La cuestión es que toda ley, incluyendo la teología moral y el derecho canónico, presume la culpabilidad, una vez que se ha admitido el hecho del pecado. La persona que dice que no es culpable debido a la ignorancia debe probar la falta de formalidad.

El obispo Williamson nos quiere hacer creer, en cambio, el absurdo de que los “papas” del Vaticano II son ignorantes de la fe católica. Se supone que debemos creer que Benedicto XVI, quien ha negado públicamente la resurrección de los muertos al fin del mundo, no sabe que esta doctrina es parte del Credo de los Apóstoles, del Credo Niceno y del Símbolo de San Atanasio.

El cuarto argumento del obispo Williamson, consiguientemente, se derrumba porque se basa en principios falsos respecto a la culpabilidad formal, y con la absurda suposición  de que los “papas” modernistas  podrían realmente ser desconocedores  de la Fe.

Además, el pecado de herejía pública es, no sólo el delito canónico, el que basta para impedir  la recepción de la autoridad papal.

RESPUESTA AL KYRIE ELEISON Nº 344

Esta entrega [del obispo Williamson] da una explicación de la infalibilidad de la Iglesia, que adolece, sin embargo, de los mismos errores que hemos mencionado anteriormente, similares a los de Hans Kung. Pretende separar la infalibilidad y la indefectibilidad de la Iglesia, de la jerarquía.

En el segundo párrafo, el obispo Williamson expresa muy claramente la noción católica de la infalibilidad de la Iglesia. En esencia, dice esto: que Cristo asiste a la jerarquía de la Iglesia Católica de manera que la preserva del error en la enseñanza de la doctrina católica.

En el tercer párrafo, sin embargo, dice que debido a que Dios no quita a nadie el libre albedrío, estos mismos hombres de Iglesia, que en el párrafo dos dice que están asistidos por Cristo para no cometer errores, dice que, de hecho, son capaces de cometer el error. Esto no tiene sentido.

Él trata de salvar la infalibilidad diciendo que Dios no permite que su Iglesia se convierta en ” totalmente defectible”. Prueba de ello es que incluso los  Papas del Vaticano II enseñaron algunas cosas que eran verdaderas. Se podría concluir diciendo que la Iglesia podría defeccionar parcialmente, es decir, enseñar algunos errores, pero no totalmente .

Luego él se hace la siguiente pregunta: “¿Cómo  alguien podría entonces distinguir lo verdadero de lo falso?” La respuesta que da es: mediante el tamiz de la doctrina, es decir, mediante la comparación de lo que enseñan los “papas” del Vaticano II, con el magisterio tradicional.

Así pues, repite la tesis de Küng de que la infalibilidad de la Iglesia no recae sólo en la jerarquía, sino en la Iglesia como un todo. “Ella [la Tradition] ha sido dada por Dios a la Iglesia en su conjunto, y no sólo a los Papas, bajo la guía infalible del Espíritu Santo”. [Subrayado en el original]

Hans Küng aplaudiría esta afirmación con entusiasmo ardoroso. Küng dice:

No hay que identificar la Iglesia con la Iglesia oficial, con el Papa y los obispos. Más bien aunque está oculta, pero totalmente real, es la verdadera Iglesia de aquellos que verdaderamente creen, los cuales  no puede errar, porque Cristo según su promesa sigue con ella hasta el fin del mundo; ella es la “columna y baluarte de la verdad “(I Tim III. 15). Considerada con este alcance, la Iglesia  ha sido preservada, incluso bajo unos papas caídos en el error.

La teoría del obispo Williamson nos haría creer que la infalibilidad de la Iglesia y su indefectibilidad están garantizadas gracias a los fieles  que criban el  magisterio papal para descubrir sus errores. En este caso, el Espíritu Santo asiste a la Iglesia creyente, cuando ha fallado en la asistencia  a la Iglesia docente, es decir, a la jerarquía.

Esto no tiene ningún sentido. ¿Cuál sería la asistencia del Espíritu Santo al Papa y a los obispos, si Él no puede preservarlos de enseñar el error a toda la Iglesia? Si él falla en preservarlos del error, ¿qué garantía tendríamos de que la Tradición es verdad?

Conclusión

El obispo Williamson, incurre en  algunos conceptos erróneos graves sobre la naturaleza del magisterio, de la infalibilidad de la Iglesia, de la indefectibilidad de la Iglesia, y de la naturaleza del pecado y del delito de herejía, así como de los puntos básicos de la la ley moral y de la ley penal común. Sus teorías sobre el magisterio le hacen a él y a sus seguidores, incurrir lógicamente en la herejía de que el magisterio ordinario universal  podría de hecho enseñar algo contrario a la fe.

El error central del obispo Williamson es éste: que él separa la infalibilidad y la indefectibilidad de la Iglesia Católica Romana, de la jerarquía de esa misma Iglesia, y la transfiere al discernimiento [tamiz] de los fieles.

Por el contrario la fuerza del argumento sedevacantista es que refiere, absoluta y exclusivamente, la infalibilidad y la indefectibilidad a la jerarquía católica romana. En consecuencia, si la jerarquía falla [en le Fe], no  hay jerarquía en absoluto.

El obispo Williamson, además, ha perdido una perspectiva más amplia que es absolutamente fundamental: ¿Desde el Concilio Vaticano II y sus reformas, ha habido un cambio sustancial de la fe católica, o sólo cambios accidentales? Dicho de otra manera: ¿La religión que hallo en mi parroquia que funciona bajo la orientación y aprobación del “Papa” Francisco, y del “obispo” local  Novus Ordo, es  la Religión Católica? Dicho aún de otra manera: ¿Llegaré al cielo practicando la religión que me ofrecen quienes, según el obispo Williamson, son el “papa” y los “obispos” católicos romanos? ¿Es esta religión agradable a Dios, o le es  desagradable? ¿Es la religión verdadera o es una religión falsa?

Si afirmamos que la nueva religión es sustancialmente la misma que el catolicismo anterior al Vaticano II, si decimos que es la Religión Católica, y que una persona puede salvar su alma abrazándola y practicándola, entonces ¿qué necesidad tenemos de que exista el  movimiento tradicionalista? Resistir a los cambios habidos sería resistir a la fe católica. Sería afirmar nuestra propia sentencia de muerte eterna.

Pero si por el contrario,, la nueva religión ha sufrido un cambio sustancial respecto del Catolicismo Romano, si no es la religión católica, y es desagradable a Dios y es el  camino del infierno, entonces ¿cómo podremos decir que ha sido promulgada por la Iglesia  infalible e indefectible?

El obispo Williamson ofrece en sus explicaciones la línea estándar de Ecône para justificar su postura oficial de “reconocer y resistir”. Quieren reconocer la jerarquía Novus Ordo como verdadera jerarquía Católica Romana, pero al mismo tiempo la resisten en casi todo: Ellos condenan el Concilio,  la Nueva Misa, los nuevos sacramentos

Ellos dicen a la gente que no asistan a las misas aprobadas por la que llaman jerarquía católica. Dado que nada de esto tiene sentido en la teología católica,  Ecône ha tenido  que fabricar una nueva teología para justificarse a sí misma. Yo lo recuerdo. Yo he oído las mismas cosas en otro tiempo. Yo he oído decir al Arzobispo Lefebvre en una conferencia: ” El magisterio del Concilio Vaticano II es sólo magisterio ordinario, el cual no infalible” Entonces yo lo creía; más tarde, supe que era un error muy grave, incluso una herejía, tal y como está dicho. También fue el Arzobispo Lefebvre quien usó la analogía y el término de “tamizar” el magisterio y la disciplina de la jerarquía Novus Ordo, para determinar lo que es católico y lo que es modernista.

La teología de Ecône despoja de  la infalibilidad y la indefectibilidad de la Iglesia, a la jerarquía católica, la cual constituye la Iglesia docente, y la pone en los fieles, que son la Iglesia discente. Para ello hace de la Iglesia Católica una  Iglesia protestante, en la que los individuos son inspirados por el Espíritu Santo en orden a hallar la verdad.

La doctrina católica es que la Iglesia docente, la jerarquía católica romana es la que guarda infaliblemente la Tradición, e infaliblemente la propone a toda la Iglesia. De hecho, si esto no fuera cierto, no habría Tradición con la cual comparar el Concilio Vaticano II y sus reformas. Porque, como el teólogo del siglo XIX De Groot dijo en su “Tratado sobre la Iglesia”: “Quien separa la tutela y la preservación de las tradiciones del magisterio infalible de la Iglesia, quita a los hombres  la certeza infalible de estas tradiciones” [Énfasis en el original] 12

Irónicamente, tanto el obispo Williamson como Hans Küng, separan la tutela y la preservación de las tradiciones de la jerarquía de la Iglesia Católica.

Aunque ciertamente el obispo Williamson no quiere tener nada que ver con la herejía, sin embargo, él a través de su teología de Ecône,  ha encontrado en Hans Kung, un compañero de camino.

10 El P. Cekada ha hecho un excelente artículo sobre  el pecado y el crimen de herejía, que hallarse en traditionalmass.org.

11 Küng, op.cit., P. 195.

12 De Groot, JV, OP, Summa de Ecclesia Catholica Apologética, (Ratisbona: GJ Manz: 1906) p.765.