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MONS. SANBORN RESPONDE A UNA OBJECIÓN


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[Ésta es la última entrega del documento que responde a las afirmaciones antisedevacantistas de Mons. Williamson (en los Kyrie Eleison, 343 y 344), pero añadido un post del propio Mons. Sanborn, respondiendo a una objeción común, que suele oirse confrecuencia.

Hay que observar que es forzoso disentir de algo marginal y accidental a su argumentación, que es su afirmación, al parecer,  de que solamente el sedevacantista que profesa la llamada “Tesis Cassiciacum”, del obispo Guérard des Lauriers, no depondría en realidad a los papas herejes, sino que no reconocería en ellos la “autoridad” de su cargo, dejando como sugiere la persona, materialiter, en su cargo.  El rechazo de los papas, en su persona y autoridad,  sería, como se sugiere, algo propio de otros sedevacantistas, quienes sí depondrían a los papas herejes, arrogándose la autoridad de instancias superiores oficiales con autoridad para hacerlo.

Pero esto es una suposición falsa. Los sedevacantistas, profesen o no la “tesis“, no deponen legalmente a nadie. Ellos efectúan un “juicio lógico y privado” por el que reconocen con la sola autoridad que les dan los primeros principios del pensamiento, que los papas conciliares profesan doctrinas contradictorias con la doctrina oficial católica. Y como consecuencia no reconocen, en ellos no sólo la “autoridad” sino el “ser”  verdaderos papas. Todo en perfecta armonía con la bula de Paulo IV “cum ex apostolatus” (de cuya vigencia y pertinencia hemos tratado en el blog), y con la doctrina de doctores (como San Roberto) y la mayoría de los teólogos.

Parafraseando al mismo Mons. Sanborn respecto de lo que dice de San Pablo, con la doctrina de la citada bula, no hay que rechazar meramente la “autoridad” de los papas, sino la autoridad y el ser de ellos. No pensaba ciertamente Paulo IV en algo como la “tesis“, sino que establece la doctrina de siempre, que después defenderían doctores y teólogos, con respecto a la cual, la “tesis” es una absoluta novedad, nunca oída ni profesada, y por supuesto, a la que no se acogen la mayoría de los sedevacantistas, que por otra parte no deponen a “papas”, muy al contrario ellos sí son “depuestos” y arrinconados al silencio, en medio de múltiples calumnias, como es ésta de la que venimos tratando.

En el blog hemos tratado de ello en el post Una acusación infundada.

Sinceramente creo que no es necesario acudir a la “tesis” como lo hace Mons. Sanborn, para escapar a a la objeción de que los sedevacantistas se arrogan una autoridad que no tienen para “deponer” papas. Simplemente lo que hacen es no reconocerlos como tales (no sólo su autoridad).

Por otra parte  los posts del blog, que refutan la “tesis” podrán encontrarlos en el blog buscándolos  en la etiqueta “Tesis Cassiciacum”, sobretodo en el post Breve Refutación.

Esta observación no quiere hacer desmerecer los magníficos razonamientos que a continuación les presento.

Bp. Donald Sanborn responde a una objeción común

[De Bp. Sanborns En Veritate Blog ]

El Papa-Tamizado

La recusación se ha hecho para mi reciente respuesta al obispo Williamson. Es una objeción frecuentemente formulada contra los sedevacantistas. Se objeta que los sedevacantistas  no pueden criticar a la Fraternidad San Pío X por tamizar el magisterio, ya que ellos mismos  tamizan a los papas. Al encontrar una discrepancia entre el pre-Vaticano II y el Magisterio del post-Vaticano II, los sedevacantistas simplemente deponen a los papas que les parecen estar fuera de la ortodoxia. Ahora bien,  ellos no tienen autoridad para hacer esto. Así pues, mientras que los sedevacantistas objetan  a los de la FSSP su “magisterio-cribado” ellos mismos caen en lo mismo al  presentar a “papas-cribados“, lo cual es la misma cosa.

En primer lugar, como ya he dicho en mi artículo, todo católico debe comparar todo lo  que oye con el Magisterio anterior de la Iglesia, también los nuevos actos del propio magisterio, ya que el magisterio de [de la Nueva Iglesia] enmienda los dogmas de la Iglesia, que son el objeto de nuestra fe. Así pues, una vez que la Iglesia se ha pronunciado sobre cualquier tema dogmático o moral, su pronunciamiento queda para siempre. Nada a partir de entonces puede legítimamente contradecirlo. Incluso las papas están obligados a respetar el Magisterio anterior.

La asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia asegura que cualquier acto del magisterio de la Iglesia se hará en consonancia con el Magisterio anterior. Por otra parte, por el don de la indefectibilidad, el Espíritu Santo ayuda a la Iglesia de una manera tal que ninguna disciplina universal o ley, ya sea litúrgica o cualquier otra, podrían caer en algo pecaminoso.

Por consiguiente, si hay contradicción entre el Magisterio anterior y el magisterio actual, el católico debe seguir al Magisterio anterior, el cual de ningún modo puede alterarse, siendo el objeto de la virtud de la fe. Haciendo esto, el católico  debe  ver el “magisterio” que contradice al anterior,  como algo que viene de una jerarquía que no goza de la asistencia del Espíritu Santo. Porque es imposible que una jerarquía, asistida por Él, pueda promulgar una cosa así. Por lo tanto, la contradicción que se encuentra en el nuevo “magisterio” debe ser vista como una  señal infalible  de que no procede de una jerarquía divinamente asistida. Por tanto, Pablo VI promulgando las herejías del Vaticano II nos da una señal infalible de que no gozaba de la autoridad papal, ni nunca la tuvo, ya que en este caso hubiera gozado de  una asistencia que le hubiese impedido promulgar la herejía y el error.

Lo mismo puede decirse de las leyes y disciplinas. Si los tradicionalistas dicen que la nueva liturgia es mala , y que los nuevos sacramentos no son válidos , por lo menos en algunos casos, y que el Código de Derecho Canónico de 1983 contiene leyes pecaminosas, entonces están implícitamente afirmando que es  imposible  que estas cosas procedan de una jerarquía asistida por Dios. La única conclusión posible es el sedevacantismo.

Observe que los tradicionalistas no pueden esquivar la conclusión del sedevacantismo, sin negar implícitamente la asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia, lo cual en realidad sería una herejía.

El grave error de la Fraternidad San Pío X y del obispo Williamson es precisamente decir que el Papa y la jerarquía católica en su conjunto puede contradecir al Magisterio anterior y puede promulgar malas liturgias, disciplinas y  leyes a toda la Iglesia, creando con ello una religión completamente nueva y falsa. La solución, dicen, es  tamizar el magisterio conciliar y postconciliar, la liturgia, las disciplinas y las leyes para quedarse con lo que pueda haber de  tradicional,  y a la vez reconocer a  los que divulgan la religión falsa como si fuera una jerarquía católica legítima. Esto significa que la jerarquía católica infalible ha promulgado universalmente la herejía y el error, así como las perniciosas liturgias, leyes y disciplinas. Ahora bien, esto es contrario a la fe.

Por tanto, la fe nos exige no tamizar el magisterio y las disciplinas defectuosas, sino rechazar a los que las divulgan como una falsa jerarquía, es decir, como una jerarquía que no tiene autoridad para enseñar, regir, y santificar a la Iglesia.

Los sedevacantistas  no están  deponiendo a  nadie, ya que no tienen autoridad para hacerlo. Por tanto, según la Tesis del  obispo  Guérard des Lauriers , los fieles  sólo pueden y deben decir que la jerarquía Novus Ordo carece de autoridad,  por las razones expuestas, pero no está y no puede estar depuesta, salvo por una autoridad legítima.

El sedevacantismo, como dije en mi artículo, sigue lo que San Pablo dice a los fieles de Galacia en el primer capítulo de esta epístola. Si cualquier persona, incluyendo un ángel o  él mismo,  predica una doctrina diferente a la que ha predicado, sea anatema [ver Gálatas 1:8-9].  Él no dice:  tamizar la falsa doctrina de para quedarse con lo tradicional. En otras palabras, si un predicador  contradice el Magisterio anterior, debe ser totalmente rechazado, y no “aceptado pero tamizado.” Del mismo modo Pablo IV pide el rechazo absoluto del papa electo que resulta ser un hereje . Él manda a los fieles  no  que tamicen la doctrina con la verdad, sino que lo consideren un falso papa.

Por lo tanto, si por “tamizar al Papa” nos referimos a que los fieles católicos deben rechazar como falso a un predicador de  falsas doctrinas, incluso aunque fuera el propio San Pablo, entonces los sedevacantistas  se confiesan culpables [de tamizar al papa], porque esto es lo que San Pablo y la Iglesia Católica nos mandan hacer. El “papa-tamizado” en realidad, es un papa equivocado. Lo correcto sería hablar de un “hereje-tamizado”, es decir, hay que tamizar la jerarquía de herejes, algo que la Iglesia siempre ha hecho. Porque ningún hereje puede ser un verdadero Papa.

El obispo Williamson quiere transferir la asistencia del Espíritu Santo al Papa y a la jerarquía, a los fieles creyentes, asegurando de esta manera la infalibilidad del magisterio por el consentimiento y la aceptación de los fieles. En este sistema, uno puede tener un Papa y una  jerarquía defectibles,  y al mismo tiempo una Iglesia infalible e indefectible.

En otras palabras, usted puede tener su papa y también devorarlo.

[De  Bp. Sanborns  En Veritate  Blog ]

3 replies »

  1. Me parece que aquí, Mons. Sanborn podría mejorar estos dos puntos:

    En primer lugar, ¿Cómo es eso de que el católico (se supone de a pié, ud y yo) tiene que comparar los nuevos actos de magisterio con el anterior? Además de que eso es imposible salvo para muy pocos, el magisterio tiene un carácter vivo, ordinario y de todos los días precisamente para que el católico no tenga que estar comparando uno y otro, puesto que tiene la seguridad de que nada erróneo y contradictorio con el magisterio anterior puede serle enseñado, una vez está seguro de la legitimidad de esas autoridades enseñantes, en primer lugar el Papa.

    Las autoridades no son legítimas porque enseñan sin error, sino que enseñan sin error porque son legítimas enviadas por NS Jesucristo.

    En segundo lugar, si le preguntamos a Mons. Sanborn, desarrollador de la llamada Tesis de Cassiciacum, si Bergoglio es Papa, sin duda responderá con un sonoro NO.

    Pero a continuación, oscurecerá esa respuesta con un PERO, es la persona designada para recibir la autoridad, que lo hará Papa de verdad, si él se deja.

    Del mismo modo que un rey puede ser la persona designada por las Leyes Fundamentales de su reino para ceñir la corona, pero no recibe realmente la autoridad si existe en él algún impedimento (locura, herejía, corta edad), y aún así, nadie puede deponerlo, es decir, quitarle su cualidad de rey de derecho, aunque no de hecho,

    Así Bergoglio ha sido designado conforme a las leyes canónicas en vigor, y nadie puede deponerlo, (salvo una improbable serie de acontecimientos que paso por alto).

    Si Mons. Sanborn tiene razón, los sedevacantistas completos, sobre todo si pretenden organizar un cónclave, estarían usurpando los derechos adquiridos de un Bergoglio, o usurpando los derechos de la Iglesia a quitar a Bergoglio esa designación.

    Pero se le olvida algo muy importante:

    Lo mismo que para ser designable a la corona, y pertenecer al orden de sucesión a la corona, es requisito indispensable ser de legítimo nacimiento, y no bastardo, en el orden biológico, así, para ser siquiera designable, papable, hay que ser legítimo y no bastardo, en el orden eclesiástico.

    Es decir, hay que ser hijo legítimo de la Iglesia Católica. Eso supone, pertenecerle en el orden de la Fe (no ser hereje), y pertenecerle en el orden del gobierno eclesiástico (no ser cismático).

    Porque lo que hará el Espíritu Santo con el papable si acepta el Papado, será convertirlo en el principio y fundamento inquebrantable de la Fe y de la Unidad de la Iglesia, y eso supone que ya estaban presentes esas dos cualidades antes, si no, no hay nada que robustecer.

    Bergoglio era un bastardo espiritual, (por hereje y cismático), no era designable para el Papado (papable), así que los sedevacantistas no pueden deponerlo, por la sencilla razón de que no se puede arrebatar algo a quién nada tiene.

    No se priva de sus (supuestos) derechos a quién nunca ha tenido ninguno.

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