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CANONIZACIÓN DE JUAN PABLO II: PERSPECTIVA CATÓLICA


[Me complazco en presentarles el trabajo que trae el sitio Novus Ordo Watch. Abajo, la presentación que hace Novus Ordo del documento en formato PDF en inglés. Mi aportación está en ofrecerles en este post la traducción del artículo  con el enlace al documento en castellano en formato PDF.

La observación que hago es que siendo un magnífico documento el que nos da su autor, Athanasius, no se debería perdonar ningún esfuerzo en su lectura. El documento es de gran profundidad, a veces algo abstruso sobre todo en la primera parte. Estudia la infalibilidad de las canonizaciones con abundantes citas, para concluir que aunque no sería herético negar la infalibilidad en las canonizaciones, sería temerario, y aun pecaminoso, el hacerlo. Después, en la segunda parte, hace una incursión sobre el legado de Juan Pablo II, deteniéndose en la doctrina enseñada por él y en los hechos de la vida del pretendido santo, que hacen absolutamente imposible su canonización. Y por consiguiente, se pone en entredicho la legitimidad del supuesto “papa” que ha procedido “erróneamente” en ella.

La importancia del documento queda resaltada en la conclusión del autor al final del mismo y que pongo ahora en la siguiente cita:

Hay que realizar una clara opción: O Juan Pablo II es  santo, y la Iglesia del Vaticano II es la Iglesia Católica; o Juan Pablo II no es santo, y entonces la Iglesia del Vaticano II no es la Iglesia Católica. Ruegue pidiendo la gracia de abrazar la verdad, no importa lo difícil que pueda ser.

Le ruego que no se pierdan la lectura de este extraordinario documento. Si no pueden hacerlo en inglés, háganlo en la traducción castellana que me he esforzado en presentarles, aunque seguramente desmerece mucho del original. Creo que el esfuerzo por mi parte en ofrecerles este post, habrá merecido la pena]

“Canonización” de Juan Pablo II: Perspectiva católica

¡Ay de aquellos por quienes viniere el escándalo! (Mat. 18,7)

¡Ay de aquellos por quienes viniere el escándalo! (Mat. 18,7)

 

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(55 páginas; 676 KB)

Novus Ordo Watch se complace en presentar este importante trabajo de investigación meticulosamente documentado, que demuestra el absurdo y la imposibilidad de la idea de que Karol Wojtyla ” el Papa Juan Pablo II,” sea un santo católico. Dividido en varias partes, este ensayo expone primero la comprensión católica de la santidad y de la autoridad e infalibilidad de las canonizaciones, y luego procede a examinar el caso de Juan Pablo II, en particular.

Escrito para  lectores corrientes  de manera popular, en un estilo fácil de leer, este artículo  presenta la enseñanza católica de los catecismos tradicionales sólidos y de otras autoridades católicas fiables, obviando los tratados teológicos complejos o especializados. El autor no deja lugar a la duda de que Juan Pablo II no era un santo católico – de donde se sigue, por supuesto, que su “canonización” no provino de una autoridad católica válida.

Vea también:

[Sigue la traducción del documento con las notas al final de él.]

Cita del autor con que termina el artículo:

Hay que realizar una clara opción: O Juan Pablo II es  santo, y la Iglesia del Vaticano II es la Iglesia Católica; o Juan Pablo II no es santo, y entonces la Iglesia del Vaticano II no es la Iglesia Católica. Ruegue pidiendo la gracia de abrazar la verdad, no importa lo difícil que pueda ser.

Canonización de Juan Pablo II: perspectiva católica

Por Athanasius
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“¡Ay de aquel hombre por quien viene el escándalo” (Mateo, 18:07).

Observaciones preliminares

Cuando uno mira hacia atrás en la larga y gloriosa historia de la Iglesia Católica, particularmente nos damos cuenta, que las vidas heroicas de sus santos – su ejemplo increíble-  brillan con hermoso resplandor  en el tiempo y en la eternidad. El P. Faber dice que, “Todos los santos y escritores espirituales coinciden en una cosa , más que en cualquier otro punto, en recomendar la lectura de las vidas de los Santos.” (1)

Sus vidas son una fuente de aliento e inspiración en este valle de lágrimas, en el que peregrinamos  hacia nuestro verdadero hogar en el cielo. El 27 de abril de 2014 dos “papas” de la Iglesia del Vaticano II fueron elevados a la categoría de santos canonizados – Juan XXIII y Juan Pablo II. Este artículo se ocupará específicamente de Juan Pablo II, que se distingue por haber reinado durante un largo espacio de tiempo, desde 1978-2005 – el más largo de cualquier reclamante papal de la etapa posconciliar.

Con la canonización de  Juan Pablo II, por parte de  de la Iglesia del Vaticano II,  muchos católicos, simplemente no saben qué pensar de la situación. Los católicos de todo el mundo se preguntan si es posible que la Iglesia pueda canonizar a un hombre como Juan Pablo II. ¿Somos libres para prescindir de ella como algo carente de  importancia? En realidad, ¿qué criterios tiene la  Iglesia para decidir si una persona es digna de ser canonizada? ¿Quién está excluido de este honor y dignidad?

En este artículo, vamos a examinar las siguientes cuestiones:

I. los criterios, o en otras palabras, las cualidades necesarias para la canonización (la santidad de la persona)

II. la autoridad de las canonizaciones; y

III. si Juan Pablo II cumple con las normas de la Iglesia Católica para la canonización.

Estamos en deuda en gran medida con el P. Frederick Faber,  renombrado teólogo del siglo 19, en cuyos escritos nos basamos en gran parte  y que han influido nen este trabajo. Hay que tener en cuenta que el Padre. Faber recibió el grado de Doctor en Teología dado por el mismo  Papa Pío IX., y que  fue autor de muchos y excelentes libros relacionados con la vida espiritual.

Parte I

¿Quién puede ser canonizado?

En el estudio de la historia de la Iglesia, comprobamos,  que cuando la Iglesia eleva a una persona al grado de la santidad, si hubiera ésta pasado parte de su vida en pecado grave,  una cosa debe quedar clara: el arrepentimiento sincero de esa persona. Se puede comprobar esto en la vida de San Dimas, San Pablo, Santa Maria egipcíaca, San Jerónimo, y probablemente también en el caso, el más conocido, del gran San Agustín. Todos estos santos fueron grandes  penitentes. Si una persona hubiera llevado una vida de pecados graves y nunca hubiera mostrado un  arrepentimiento sincero como hicieron esos grandes santos, simplemente no habrían sido canonizados.

Ciertamente, la Iglesia nunca podría presentar a  un gran pecador como ejemplo a seguir. En realidad, los santos se nos ofrecen  como ejemplos de imitación y admiración,  como lo explica el P. Faber, quien afirma: “… por el decreto de canonización, el culto del Santo ya permitido en la beatificación, se da como  un precepto a la Iglesia universal. Se trata claramente de  modelos que se ponen ante nosotros para ser admirados e imitados; ellos fueron compatriotas nuestros, exiliados en este valle de lágrimas, sobre quienes la Iglesia pronuncia  con autoridad,  que están ahora disfrutando de la visión beatífica; estos son los marcados seguidores del Cordero, a quien la Iglesia llama por su nombre para que podamos conocerlos y copiar sus virtudes, así como venerar sus reliquias; y vale la pena observar, que casi nunca  se ha concedido misa y oficio a los mártires anónimos o ‘sancti baptizati’, cuyos cuerpos se sacaron de  las catacumbas, lo que también da  fuerza a la idea de que el  culto de los santos se relaciona con su imitación. La vida y los consejos de los mismos Santos, sus hazañas registradas, el dedo de la Iglesia, la enseñanza universal de los escritores espirituales, todo concurre en señalar que el estudio de las vidas de santos es un gran medio para obtener la gracia y una  ayuda casi necesaria para el progreso en la virtud. ” (2)

Hay dos hechos muy importantes que hay que destacar aquí. 1.El culto del santo es de precepto, lo que significa que no está permitido rechazar la canonización de una persona; y 2. la persona se propone como  ejemplo para los católicos – con la  garantía de la Iglesia de que la persona  es un buen ejemplo  para los fieles.

El Santo Padre, el Papa Benedicto XIV., que reinó desde 1740-1758, nos dice que “cuando se hace la investigación  con el propósito de beatificar o canonizar a alguien, no se examinan sus milagros hasta después de haber sido aprobadas las virtudes heroicas o el martirio del siervo de Dios. Sus virtudes son el primer y más decisivo testimonio de santidad; las visiones, profecías y los milagros tienen sólo una importancia secundaria, y son absolutamente ignorados si no se demuestra la prueba de sus virtudes heroicas. “( 3)

¿Qué es exactamente una virtud  heroica, extraordinaria? Esto  es sin duda un aspecto importante de la canonización. Se define como:

el haber practicado  ‘acciones virtuosas con extrema prontitud, facilidad y  contento, por motivos sobrenaturales y sin razonamientos humanos, con abnegación y control total sobre las inclinaciones naturales.‘ Se define así por Benedicto XIV en su tratado sobre la beatificación y canonización: Significa eminencia en la práctica de las virtudes cardinales, prudencia, justicia, templanza y fortaleza, y en las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad. El requisito principal en el proceso de beatificación y canonización es demostrar que un siervo de Dios practicó estas virtudes de una manera extraordinaria o heroica. ” (4)

El P. Faber, acerca de  este punto, señala que “en las tres virtudes teologales, siempre se requiere la heroicidad; sobre las cuatro virtudes cardinales la heroicidad se requiere en l solo aquéllas  que hayan tenido una incidencia especial en su cargo y puesto en la vida; así de importante es el cumplimiento de los deberes considerados en  relación a su estado. (5)

Así pues, quien no cumpliera estos requisitos no sería canonizado.

¿Quiénes son santos? ¿Qué significa imitar su ejemplo?

Estas dos preguntas están directamente  relacionadas con aquél a quien la Iglesia canoniza. El siguiente extracto de los escritos de Su Excelencia Mons.. John S. Vaughan, DD, explica muy bien la variedad de los diferentes santos propuestos a lo largo del año y el ejemplos de su personalidad durante su tiempo en la tierra:

“La Iglesia, en su sabiduría, y con profundo conocimiento de la naturaleza humana, se cuida de poner ante nosotros, día a día, a través del año, uno u otro de los grandes santos canonizados. Un día será un poderoso guerrero o un valiente soldado, como San Sebastián, que se las ingenió para llevar una vida de santidad heroica en medio del fragor de las armas y el estruendo y  humo  de la batalla,  consciente de la presencia de Dios, sintiéndose cerca de Él, mientras descansaba en su tienda de campaña, o portando sus armas, como si estuviera arrodillado ante el tabernáculo o ayudando a  misa …

“A veces la Iglesia puede invitarnos a contemplar un escenario más acogedor, y  propondrá para nuestro asombro y admiración, la vida interior de una rica señora casada, como Santa Mónica, o Santa Isabel, cuyo ardiente amor de Dios se mostró en su asidua atención a las tareas más comunes de su estado, y en el ejercicio religioso de sus obligaciones para con el marido y los hijos. En resumen, son ejemplos que la Iglesia pone ante nosotros para nuestro estímulo y edificación, desde  soberanos de fama mundial, gobernando sobre reinos poderosos, hasta los mendigos más pobres y despreciados, que, a pesar de su miseria en cuanto a los bienes de este mundo, eran ricos en las únicas riquezas duraderas y sólidas de los cielos. Así, mientras por un lado, honramos como santos al rey Eduardo de Inglaterra y al rey Luis de Francia, también honramos y veneramos  sincera y devotamente a santos como San Isidro, que era un agricultor  común, y a San Benito Labre, que solía mendigar su pan de puerta en puerta, como el paria más desposeído de la actualidad.

“Por  tanto, a lo largo del año, nuestra madre, la Iglesia, nos llama la atención, no a través de preceptos de una ley árida, sino con ejemplos prácticos, como se vio en la vida de sus más ilustres hijos. En los santos vemos los más nobles y los más altos consejos de perfección realizados prácticamente. Además, reconocemos en ellos a hermanos nuestros cristianos, y  conciudadanos nuestros, formados del mismo barro y en el mismo molde que nosotros mismos; carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. Los vemos luchar con las mismas dificultades,  acosados ​​por los mismos enemigos espirituales, expuestos a los mismos peligros, y presa de las mismas malas inclinaciones y pasiones. Sin embargo, a pesar de todo esto, vemos que se mostraron resueltos y vencedores. Y, así, los seguimos, paso a paso, y los vemos vencer en sus  sus batallas y triunfar sobre sus enemigos, no precisamente en virtud de sus propias fuerzas, sino con la gracia y ayuda de Dios; por lo que nos hacemos plenamente conscientes de la ayuda divina, la cual  tal como les fue otorgada a ellos se nos concederá con la misma facilidad a nosotros. La mano de Dios no se abrevia, su poder, así como su disposición a ayudar es tan grande en nuestro caso como en el de ellos “. 6

Vemos cómo  los santos que nos propone  la Santa Madre Iglesia, nos inspiran y nos llenan de asombro y reverencia . Para querer llegar a ser santos nosotros mismos e intentar llegar  serlo “Los santos canonizados de la Iglesia Católica “dice el padre. Henry B. Altmeyer, “son nuestros héroes espirituales.” (7)

De hecho, nuestra fe católica nos enseña que “los santos son la más grande obra de Dios  y  creaciones suyas, miembros vivos de Cristo, vasos del Espíritu Santo, y en consecuencia son objetos dignos de veneración. Y si  lo correcto es honrar a un hombre a causa de su superioridad y virtud, ¿por qué no sería igual de razonable honrar a aquellos que han recibido el premio de la virtud, la corona de la justicia, de la mano de Dios mismo? “

El P. Faber también señala sucintamente este  punto: “Es absolutamente necesario recordar que la imitación, no sólo la admiración, es el propósito de la Iglesia en la canonización de los Santos. Es su deber principal respecto de formar  las costumbres de los fieles “(9) Sin embargo, para evitar cualquier confusión sobre este punto, vamos a aclarar lo que queremos decir por  ‘imitación’ de los santos:

“La exhortación de la Iglesia de imitar a los santos no debe, sin embargo, ser malinterpretada. No debe creerse que hay que realizar  obras asombrosas de penitencia y mortificación como las hicieron los santos. Sin embargo, estamos obligados a amar a Dios sobre todas las cosas, y  estar preparados en todo momento para hacer cualquier sacrificio por su causa. No es necesario que nos retiremos a un desierto,  es suficiente que evitemos el ruido del mundo, los placeres sensuales y aquellas ocasiones que nos conduzcan al pecado. No es necesario que tengamos como San Juan Bautista que subsistir en el desierto con langostas y miel silvestre, pero siempre debemos huir de excesos pecaminosos, de una vida de derroche  que nos lleve a  olvidarnos de los  pobres. No es necesario que nos  esforcemos en vivir en un perpetuo silencio, pero sí  que refrenemos la lengua, hablando sólo lo necesario y sin complacernos en chismes, calumnias, y maledicencias.

“No es necesario que  vistamos con una camisa de crin, pero no debemos ser  esclavos de la moda. No es necesario que nos azotemos con disciplinas, pero debemos aprender a mantener en jaque nuestros deseos e inclinaciones sensuales. No estamos obligados a repartir nuestros bienes temporales y vivir en la pobreza más extrema, pero no debemos permitir que nuestros corazones se aferren al dinero con olvido de Dios y de la eternidad. “10

Ahora que sabemos qué tipo de personas pueden ser  canonizadas, y las razones por las que se canoniza a alguien, echemos un vistazo al grado de autoridad de las canonizaciones.

 

Parte II

La infalibilidad de las canonizaciones y su conexión con la infalibilidad de la Iglesia

¿Dónde, sino aquí, pregunta el padre. Faber, “tendremos derecho a mirar con sobria esperanza  la asistencia infalible del Espíritu Santo? ¿Dónde, sino aquí, ¿podremos estar tranquilos  con una implícita confianza en la voz infalible de nuestra Madre espiritual, la Iglesia? (11)

¿Son las canonizaciones infalibles? Esta pregunta enlaza directamente con la definición de la canonización, la cual es un  “testimonio público de la Iglesia sobre la santidad y la gloria de uno de los fieles difuntos. Este testimonio se publica bajo la forma de  sentencia que decreta que la persona en cuestión merece los honores debidos a quienes están reinando con Dios en el Cielo. Por este decreto se encuentra inscrito en el catálogo de los santos, se tienen fiestas que los recuerdan,  y se honran públicamente  sus reliquias. Este juicio de la Iglesia es infalible (12)

Hay varias cosas importantes que considerar en la definición anterior. Obsérvese que en su explicación hay un testimonio público de la Iglesia Católica de que la persona que está siendo canonizada poseía una gran santidad, y que es un acto infalible de la Iglesia. ¿Significa esto que la Iglesia nunca podría canonizar a alguien indigno de ser canonizado? Absolutamente; la Iglesia nunca podría canonizar a Martin Luther o a Voltaire, por ejemplo. ¿Por qué es esto? En el libro, Teología Moral: Curso Completo Basado en Santo Tomás de Aquino y en las mejores autoridades de los Padres de John A. McHugh y Charles J. Callan, leemos: “… sería supersticioso dar a los condenados un culto que  pertenece sólo a los santos canonizados. “(13) En efecto, el Papa Benedicto XIV declaró: “La Iglesia universal no puede ser inducida a error sobre cuestiones de moral por el Sumo Pontífice; pero esto sería el caso si no fuera infalible en la canonización de los santos. (14) Encontramos un lenguaje similar en el P. Charles Coppens, SJ, en su libro “Estudio sistemático de la religión católica“: “Por supuesto nadie debería imaginar que la enseñanza de la Iglesia se ha de limitar a pronunciamientos solemnes  infalibles … Ella también debe ser infalible en la canonización de los Santos; pues los propone  para honrar públicamente a todos sus miembros; si no fueran verdaderamente santos, ella promovería un culto supersticioso “; (15) y de nuevo en las palabras del Padre. John F. Sullivan, DD: “en el canonización de los santos [la Iglesia] no puede errar. Ella dirigiría a sus hijos a una especie de culto falso si exigiese veneración religiosa a un alma que no está en el cielo. (16)

La superstición es un pecado mortal. ¿Qué católico podría acusar la Santa Madre Iglesia de ser una fuente de  condenación? Como dice San Francisco de Sales: “… decir que la Iglesia se equivoca es decir nada menos que Dios se equivoca, o que Él  así permite y desea que nosotros erremos; lo que sería una gran blasfemia. (17)

Examinemos otra definición de ‘canonización’:

Canonización: Declaración pública y oficial de las virtudes heroicas de una persona con la inclusión de su nombre en el Canon (registro) de los Santos … ‘Canonización’ implica que el santo no sólo puede, sino que debe recibir el honor público; se establece un día para su fiesta y se compone un oficio litúrgico en su honor; sus reliquias son veneradas públicamente, iglesias y altares se dedican  en honor suyo, se exponen sus estatuas o imágenes en las iglesias, y  públicamente se le hacen oraciones. Este juicio de la Iglesia es infalible e irreformable “. (18)

Una vez más, vemos que la Iglesia  actúa infaliblemente, y que la Iglesia manda la veneración del santo. La idea de que la Iglesia pudiera mandarnos  venerar a alguien indigno de veneración (como sería en el caso de  un notorio pecador público) es, como cualquier católico pensaría, absurda y blasfema. Que la Iglesia, “columna y baluarte de la verdad” (I Timoteo 3:15) sea infalible en este tipo de asuntos es enseñado además por el P. Sylvester Hunter, SJ, que explica en detalle el alcance de la infalibilidad de la Iglesia: “... la infalibilidad se extiende a declarar que un determinado Concilio es o no es ecuménico; que ciertas enseñanzas son o no son, perjudiciales para la fe y la moral; que los principios de ciertas sociedades son inmorales; y que ciertas formas de vida, especialmente en las órdenes religiosas, no sólo nos libran del mal moral, sino que son loables. Si la Iglesia no pudiera juzgar sobre estas cuestiones, no podría ejercer su oficio de guiar e instruir a sus miembros … Ningún escritor eclesiástico ha  dudado de que un  decreto de canonización sea un ejercicio de la autoridad infalible de la Iglesia, pues si fuese erróneo, la Iglesia nos induciría a ofrecer  un culto supersticioso “. (19)

el P. Francis J. Connell, C.SS.R., STD, LLD, LHD afirma “Tenemos la certeza infalible de que aquellos que han sido canonizados están en el cielo, y tenemos la certeza moral práctica sobre los que fueron  beatificados.” (20)

En “My catholic faith” obra de Mons. Louis Laravoire Morrow, STD, leemos que: “Otro tema en el que la Iglesia hace declaraciones infalibles es en la canonización de los Santos. Todos los que la Iglesia ha elevado a la gloria de los altares, por una solemne canonización, están ahora , sin duda,  en el cielo, gozando de la bienaventuranza eterna en la presencia de Dios, “. (21)

Otra cita importante en este tema nos la da  el Padre. HG Hughes, haciendo referencia a las “palabras de los obispos ingleses en su carta pastoral conjunta de diciembre de 1899, aprobada por una carta especial de su  Santidad el Papa León XIII.” Sería bueno insistir, con el mismo  concilio [Vaticano] , en otra verdad, a saber, que los católicos están obligados a dar su asentimiento también a las decisiones de la Iglesia relativas a las materias que corresponden o afecten a la revelación, aunque no sean estas verdades, en sentido estricto, del depósito de la fe. Estas cuestiones son, por ejemplo, la interpretación de la Escritura, la canonización de los santos; la materia y la forma de los sacramentos ,en un casos considerados hechos dogmáticos;  y en la condena de las falsas doctrinas por la Santa Sede. ‘(22)

¿Podríamos saber si ciertos hombres o mujeres están realmente en el cielo?” (23) pregunta el P. Thomas Kinkhead,  respondiendo afirmativamente: “Lo podemos saber  cuando la Iglesia los canoniza, y por  tanto afirma que fueron  grandes héroes espirituales en el servicio de Dios y que podemos invocarlos con  confianza a causa de su santidad eminente y poderosa intercesión.
De modo que  la Iglesia por la canonización nos dice, con certeza, que tales y tales personas están realmente en el cielo. Pero ¿ no  podría  la Iglesia ser engañada como podríamos serlo nosotros? ¡No! porque Cristo ha prometido estar siempre con su Iglesia, y el Espíritu Santo está siempre dirigiéndola, de modo que ella no puede equivocarse en la fe o la moral. Si la Iglesia nos mandase rezar  a personas que no son santos, ella caería en el peor de los errores, y Nuestro Señor no habría mantenido su promesa – afirmación que sería una blasfemia, ya que Cristo, siendo Dios, es infinitamente verdadero y no puede engañar ni ser engañado.

Canonizar, por tanto, no significa hacer un santo, sino declarar a todo el mundo que tal persona fue  santo, mientras estuvo en la tierra. “(24)

“Es de gran importancia”, dice el teólogo dominico Melchor Cano, “para la moral de la Iglesia, que se pueda  saber a quién se debe prestar el culto de la religión. Por tanto, si la Iglesia pudiera errar en estas cuestiones podría tener un desliz grave en la moral. Porque hay muy poca diferencia entre dar culto al diablo y darlo a una persona condenada. Porque si la Iglesia ordenara una ley de abstinencia que se opusiera  a la razón o al Evangelio, ella realmente erraría vergonzosamente. Del mismo modo también erraría vergonzosamente en la doctrina de la moral si mandara dar culto a alguien que no fuera digno de él; esto sería contrario, a la vez, a la razón y al Evangelio. “(25)

¿Quién en su sano juicio afirmaría que es posible que la Iglesia pueda mandar a los fieles dar culto a un alma condenada, que es prácticamente lo mismo que adorar a un demonio? Tal afirmación es una locura, y  todos los católicos fácilmente estarán de acuerdo en ello.

El P. Faber nos informa que los Cánones 57 y 58 de entonces  (siglo 19) declaran precisamente lo mismo:” Todo aquel que invocare lo justo como injusto y lo injusto como  justo, es abominable ante Dios. Del mismo modo el que dice que un santo no es santo, o por el contrario, declara  que el que no es santo es santo, es abominable ante Dios; ‘ y Todo aquel que cree que un hombre es  santo sin serlo, y se une a él en la sociedad de Dios, él agrede a Cristo. ” (26)

El número de citas que podrían proporcionarse sobre este tema es simplemente abrumadora. Así que diremos  una y otra vez que si la Iglesia estuviera  equivocada, ella sería culpable de habernos llevado a dar un  culto supersticioso – lo cual es imposible. “En la Iglesia”, dice el Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino, “no puede haber error condenable; pero sería un error condenable, si alguien fuera venerado como santo sin serlo, o habiendo sido un pecador. “(27)

La infalibilidad de las canonizaciones  probada por el P. Faber (28)

“¿Es la Iglesia, infalible en la canonización de los Santos? Debemos decir algo a modo de prefacio a nuestra respuesta a esta pregunta. Una canonización es el testimonio público de la Iglesia de la verdadera santidad y gloria de alguno de los fieles difuntos. Este testimonio está publicado bajo la forma de una sentencia que decreta que la persona en cuestión es digna de los honores debidos a los que están disfrutando de la visión beatífica y reinando con Dios. Por este decreto se encuentra inscrito en el catálogo de los santos; se invocan en las oraciones públicas de la Iglesia; hay iglesias  dedicadas a Dios en memoria de él, se ofrecen misas en su honor, se rezan  horas canónicas, y se guardan sus fiestas; y, finalmente, su imagen se permite que sea pintada con nimbo, denotando la gloria que él tiene con Dios, y se dan honores públicos a sus reliquias …

¿Es la Iglesia infalible en la canonización de los Santos? Sin duda alguna. Se prueba por,

“1. Por la aceptación por parte de toda la Iglesia de los decretos solemnes de canonización que los papas han publicado durante varios siglos. Si tales decretos, o cualquiera de ellos fueran falsos, la Iglesia universal habría aprobado el error.

“2. La opinión contraria equivaldría a  subvertir todo el culto de los santos, porque si fuera así, una vez admitido que la Iglesia se hubiera equivocado en cualquier caso particular, todos  podrían dudar de la legitimidad del culto a cualquier santo, incluso los santos más eminentes.

“3. La opinión contraria expondría la Iglesia al desprecio y la maldición de los herejes y de los demonios, lo cual sería contrario a las promesas de Cristo, y deshonroso para Dios.

“4. La opinión contraria destruiría la nota de santidad en la Iglesia, porque sería admitir que ella podría dar culto religioso a los condenados,  enemigos de Dios y compañeros de los demonios.

“5. La Iglesia es infalible en la doctrina común de la moral; la canonización de los Santos se refiere a la doctrina común de la moral, y así forma parte de  la infalibilidad de la Iglesia.

“6. La autoridad de Santo Tomás, está a favor de esto. En el pasaje citado [Quodlib. 9.16.] dice que la canonización de los Santos forma parte de las cosas que se refieren ad fidem, y de las cosas que se refieren ad facta, y que la Iglesia es infalible en tal materia, porque el honor que prestamos a los santos es una especie de profesión de fe, por lo que el Papa sólo podría asegurar acerca del estado de cualquiera de los fieles difuntos por un instinto del Espíritu Santo, y porque la Divina Providencia preserva a la Iglesia en estos casos de ser engañada por el testimonio de hombres falibles.

“7. Sixto V, en el último consistorio para la canonización de San Diego, habló durante una hora sobre  la afirmación de la infalibilidad de los decretos de canonización. Aunque pudiera objetarse que entonces hablaba como doctor privado; sin embargo, aun así, su opinión es de gran peso.

“8. Además, los tomistas, y los escotistas también defienden la infalibilidad del Papa en los decretos de canonización; por lo que estas dos escuelas rivales están de acuerdo a este respecto; y entre los modernos Bellarmino y Suárez se pueden mencionar como asertores de la misma opinión.

“9. En canonizaciones de obispos privados anteriores a que  la Santa Sede se las reservase  a sí misma,  han sido descubiertos errores; pero ninguno ha sido descubierto en  los muy numerosos decretos de la Santa Sede hechos desde entonces.

“10. El siguiente hermosísimo  pasaje de Benedicto XIV no deja de tener gran peso: ‘Nosotros mismos, que por espacio de tantos años hemos realizado las funciones propias de promotor de la fe, hemos visto con nuestros propios ojos, por decirlo así, al Espíritu Divino ayudando al Romano Pontífice en la definición de las causas de canonización; en algunas de ellas, se había avanzado hasta un determinado momento con un curso próspero, pero hubo dificultades repentinas nunca conocidas antes de haber sido puesto en marcha el proceso, que pararon su curso hasta ese momento afortunado; mientras que en otros, por el contrario, las dificultades que parecían insuperables, se eliminaron y  silenciaron con una extraña facilidad por cosas que se presentaron de forma inesperada, por lo que las causas lograron alcanzar el final deseado.

El juicio de la Iglesia, por tanto, en la canonización de los santos es infalible “.

¿Qué más hay que decir?

Por desgracia, hoy en día hay muchas personas que piensan  simplemente que la canonización de Juan Pablo es algo sin consecuencia alguna. Los tres siguientes epígrafes  son tomados de P. Faber, y tienen una  importancia crítica. Se refieren a tres cuestiones importantes: (1) Objeciones a la infalibilidad de las canonizaciones; (2) si es  de fide el que las  canonizaciones sean infalibles; y (3) si es de fide que el santo canonizado sea realmente santo. Mi esperanza sincera es que las respuestas dadas por el P. Faber contesten a muchas objeciones, si no a todas,  que se están haciendo en nuestros días sobre el tema de la canonización.

Varias objeciones a la infalibilidad de las canonizaciones respondidas por el P. Faber. (29)

Objeción 1: La iglesia en la canonización de los Santos se apoya en un testimonio humano.

“Respuesta: Sí, pero no solamente en el testimonio humano, sino también en la asistencia especial de la Divina Providencia.

Objeción 2: Muchos han sido honrados como santos que no lo eran.

Respuesta: Por Iglesias particulares, concedo; por la Iglesia universal, no: esto explica el caso de aquel ladrón en la vida de San Martín, un hombre que murió de un ataque de ebriedad, mencionado por Alejandro III, y el cómputo de Eusebio de Cesarea entre los santos en el Martyrologium Usuarde.  Las palabras a menudo citadas de San Agustín, de  que muchos cuerpos son honrados en la tierra cuyas almas son atormentadas en el infierno, en primer lugar, no son  suyas, y, en segundo lugar, no se refieren necesariamente a los santos, o a algo distinto del Cultus Civilis.

Objeción 3: Los martirologios fueron propuestos a toda la Iglesia.

Respuesta: Sí, pero no como si propusieran a  personas cuyos nombres figuran en ellos para el culto de la Iglesia universal, sino para que los hombres sepan qué cultus se de  en algunos lugares particulares.

Objeción 4: Muchos nombres de santos han sido sacados del Breviario Romano.

Respuesta: El contenido del Breviario Romano no se proponen a la Iglesia en el sentido de obligar a creer  a los fieles; en cuanto a  los hechos históricos que contiene, a pesar de que merecen más que un crédito ordinario, bien  podrían ser objeto de un nuevo examen, e incluso pueden ser criticados por estudiosos privados, siempre que se haga con moderación y respeto, y no sin razón grave. La Santa Sede misma  hizo de vez en cuando  cambios y correcciones en el Breviario.

Objeción 5: La Iglesia no puede juzgar infaliblemente de hechos personales.

Respuesta: No juzga de  hechos personales considerados en sí mismos; pero sí  de hechos personales que están conectados esencialmente con la pureza de la doctrina y de la moral y de los que puede ser juez; y los hechos en los que se fundamenta el juicio de canonización, son de ese tipo.

Objeción 6: No hay necesidad de invocar la infalibilidad en esta cuestión; porque los inconvenientes de que una persona sea venerada como santa sin serlo  son más imaginarios que reales; el culto es un acto de virtud práctica, es decir, de  la religión, y por tanto requiere para su regulación un juicio práctico, pero no necesariamente especulativo, así como no hay ningún inconveniente en que una hostia sea adorada sin que en realidad haya sido consagrada.

Respuesta: El juicio práctico es suficiente sobre una persona en el caso de cualquier santo en particular, pero presupuesto un juicio  verdadero especulativo de la Iglesia; ya que, como se ha demostrado, suponer que la Iglesia pueda caer en el error en esta materia, supone despojarla tanto de su santidad como de su honor.  En cuanto a lo de la hostia no consagrada, no hay paridad entre los dos casos; en primer lugar, la Iglesia no juzga que ésta o aquella hostia particular, haya sido consagrada; y, en segundo lugar, Cristo es adorado bajo las especies, por lo que suponiendo que Él no esté presente allí, todavía sigue siendo un verdadero objeto de adoración, es decir, Cristo mismo. Mientras que si un Santo no es un verdadero  santo, sería  un objeto de execración, no de veneración. Si se objeta que, después de todo, es Dios quien es honrado  en los Santos, hay que decir que  los santos también son expresamente honrados e invocados.

Objeción 7: Puede haber un error en reliquias expuestas a la veneración pública sin ningún tipo de consecuencias tan graves que deriven del error: ¿por qué no va a ser lo mismo en lo que respecta a los Santos propuestos a la veneración pública?

Respuesta: En primer lugar, porque la Iglesia no propone  reliquias particulares como verdaderas; y, en segundo lugar, porque el santo es el objeto directo del culto, las reliquias no lo son; es el santo el que es venerado en  y a través de ellas.

El juicio de la Iglesia, por tanto, en la canonización de los santos es infalible “.

 Si es “De Fide” que las canonizaciones son infalibles (lo cual  significaría que sería hereje quien  negara la infalibilidad de las canonizaciones) Por el P. Faber (30)

“¿Cuál es el significado exacto de que algo es de fide?, y si no es de fide, ¿es necesariamente sólo de fe humana? Una cosa es de fide a causa de la verdad de Dios que la ha  revelado. En consecuencia, los dogmas son definidos por la Iglesia como de fide, no precisamente porque ella sea infalible sobre ellos en sí mismos, sino porque han sido revelados. Pero de esto no se sigue que la Iglesia no sea infalible sobre cosas no reveladas de manera explícita, sobre todo cuando afectan a la salvación de los fieles. Cano sostuvo que la Iglesia no era infalible en la aprobación de las órdenes religiosas; pero su opinión fue rechazada casi unánimemente por los teólogos. Así pues, la Iglesia es infalible en los hechos dogmáticos, en la obligación de ordenar las  fiestas de precepto, y de oír misa en ellas, en su sentencia sobre la comunión de los laicos bajo una especie, en no permitir dar la Eucaristía a los niños [antes del uso de razón], en la condena de los contratos simoníacos y usureros, y  en cosas similares; porque involucran  la fe, la moral y la disciplina general establecidas en la teología como los tres grandes campos de su infalibilidad. Sin embargo, sus decisiones, aunque ciertamente infalibles, no son necesariamente de fide en dichos puntos, en la medida en que no son revelados de manera explícita; simplemente porque una cosa es de fide, no propter infallibilitatem ecclesise definientis, sino propter veritatem Dei eam revelantis. Esta es la enseñanza común.

Ahora bien,  alguien podría decir: No se revela que tal o tal santo canonizado realmente disfruta de la visión beatífica; por lo tanto no puede ser de fide que sea verdaderamente un santo. ¿Pero qué se seguiría de esto? ¿Podríamos remitir este asunto  a la fe humana común, con la probabilidad de error que sufre la fe humana? Por supuesto que no; y esta es una cuestión de cierta importancia. El adversario no se libra totalmente de sus dificultades, en el  reconocimiento de que esto o aquello no es de fide. Los teólogos responden que hay tres clases de fe:, la humana, que se apoya en la autoridad humana, y como tal es incierta y sometida a error; la divina, que se apoya en la autoridad divina, y es  inmediatamente infalible  y por sí misma; y la fe eclesiástica, que se apoya en la autoridad de la Iglesia al definir cualquier cosa con la asistencia especial del Espíritu Santo, a través de la cual es preservada de la posibilidad de error; y esta fe es infalible con una infalibilidad participada y prestada, inferior en grado a la fe divina, pero con una certeza que se eleva  por encima de la fe humana.

Si alguien dijera, por tanto, que cualquier cosa por ser de fide eclesiástica no tendría títulos para requerir nuestra aceptación, y que incluso anularía la opinión contraria, habría que considerarlo como  alguien, aunque no formalmente hereje,  usando términos consagrados, temerario, escandaloso, e impío;  toda vez que la investigación demuestra que una inmensa proporción de lo tratado en la  hagiografía es sin duda, al menos, de fide eclesiástica …

“¿Así pues, es de fide que la Iglesia es infalible en los decretos de canonización? Esta es una pregunta abierta en las escuelas católicas. Los que mantienen la negativa argumentan como sigue:

“1. Santo  Tomás pone el juicio de la Iglesia en la canonización como algo entre un juicio en asuntos de fe y un juicio sobre hechos particulares, y por lo tanto se seguiría que la infalibilidad del decreto es una creencia piadosa, pero nada más, puesto que sólo hace referencia a la fe reductive.

“2. Es de fide que la Iglesia es infalible en la doctrina común de la moral; pero no es tan seguro que la canonización de los Santos se refiere a la doctrina común de la moral.

“3. La Iglesia nunca ha definido que su infalibilidad en este asunto sea de fide, tampoco podemos verlo en su práctica.

“4. Los grandes nombres de Suárez, Vázquez, Cano, Raynaudus y los doctores de Salamanca, se pronuncian en este sentido.

Los que mantienen la afirmativa argumentan como sigue:

“1. Es  hereje quien afirma que el Papa puede errar en la elaboración de leyes para la Iglesia universal; ahora bien, la canonización de un santo es una ley de este tipo; y como nadie es  hereje sin negar  lo que es de fide, esto debe ser de fide.

“2. La Iglesia puede definir como de fide una conclusión a partir de dos premisas, siendo una de ellas de fe, y la otra moralmente cierta: ahora bien es de fide que todo el que persevere en la virtud se salvará, y es moralmente cierto por los procesos que  los santos canonizados por la Iglesia perseveraron hasta el final. Ergo,

“3. En las Escrituras Dios delinea las cualidades de aquellos que serán salvos; Por lo tanto, Él revela implícitamente los que han de ser salvos: el Sumo Pontífice, con la asistencia del Espíritu Santo examina las virtudes y milagros, y de este modo pronuncia el decreto.

“4. Mons.Bouvier suma a los argumentos citados por Benedicto XIV. lo siguiente: Hay que aplicar a la infalibilidad de los decretos de canonización, el mismo juicio que hacemos sobre la infalibilidad de  los hechos dogmáticos. Luego parece ser de  fe divina el que la Iglesia tenga el derecho a pronunciarse infaliblemente en la canonización de los Santos; porque la Iglesia es infalible con respecto a los preceptos de la moral, y la canonización se refiere, obviamente, a los preceptos de la moral. Este último argumento ciertamente parece inclinar la balanza de las probabilidades para el lado afirmativo de la pregunta; Benedicto XIV dice que  sabemos por los decretos de los concilios generales, que es de fe que los santos y de sus reliquias deben ser venerados; sabemos que la frase de la canonización es definitiva e infalible, y que se refiere a la Iglesia universal; sabemos que el Concilio de Constanza condenó  a Wickliffe por  negar la bienaventuranza de ciertos santos, por ejemplo,  de San Agustín, San Benito y San Bernardo; sabemos que en la bula de la canonización de San Udalric por Juan XV en el Concilio de Letrán,  se pronunció excomunión contra  quienes se opusieron a ella, y la excomunión parece el castigo adecuado a la herejía; por consiguiente, todas estas cosas favorecen en gran medida la respuesta afirmativa.

“Parece, pues, probable que sea de fide que el juicio de la Iglesia en la canonización es infalible; pero no debemos aventurarnos a pasar  más allá de afirmar una fuerte probabilidad, sobre todo viendo grandes nombres de teólogos en favor de la opinión negativa. Es más seguro  concluir con el sabio y erudito Lambertini, que cada opinión se debe dejar en su propia probabilidad, hasta que  se emita una sentencia por parte de la Santa Sede; porque cuando  tratamos  de establecer un dogma de fe, dice el mismo prudente teólogo  en otro lugar, hay que esperar el juicio de la Sede Apostólica,  madre y maestra y cabeza de las demás Iglesias, hecho por el Pontífice, a quien le pertenece exclusivamente hacer definiciones de  fe, antes de que nos aventuremos a señalar  con la nota infame de herejía a aquellos que siguen una opinión contraria. Sin embargo podemos agregar a esto lo siguiente. Parecería que el terreno más firme que  cualquiera puede tener al decir que no es de fide que el Papa sea infalible en la canonización,  es esto: que  está más allá de toda controversia  asegurar que el asunto de la canonización afecta de una manera real o íntima a la moral de la Iglesia universal. Sin embargo es difícil que se puede mantener estosin verosimilitud; habiéndose enumerado en otro lugar los efectos directos o indirectos de la canonización, así como el grado en que todos los estamentos de la Iglesia se han comprometido con set opinión; por tanto no necesitamos repetirlo aquí. Pero puede que materialmente nos ayude  a decidir esta cuestión, el considerar la controversia acerca de la infalibilidad del Papa en la aprobación de las órdenes religiosas. Melchor Cano negó esta infalibilidad, pero la enseñanza casi universal de los doctores católicos estuvo en contra de él. Sessa, Diana, Leytan, Viva, Matthseucci, Barbosa, Valentia, Azorius, Belarmino, y Bannes, se pusieron en  contra junto con  Ferraris, y Benedicto XIV igualmente emitió una sentencia contra él, hablando de esa opinión como generalmente rechazada. El fundamento por  el que se considera que el Papa es infalible en la aprobación de una orden religiosa es, que la regla que debía ser aprobada  es un comentario sobre la interpretación de los consejos evangélicos que afectan íntimamente a la moral de la Iglesia. A esto se objeta en primer lugar, que las órdenes religiosas no están de ninguna manera  reveladas por Dios, y por lo tanto no pueden ser objeto de la infalibilidad del Papa; y, en segundo lugar, que su existencia no es sino algo contingente ya que pueden ser suprimidas, y de hecho muchas lo han sido. A la primera objeción se respondió que las órdenes religiosas no son  reveladas en cuanto a su existencia, sino que lo son en cuanto a su legalidad y a su santidad indirectamente relacionada con el principio de la santidad de la Iglesia la cual tiene una cabeza infalible; a lo segundo se respondió, que son contingentes en cuanto a su existencia, no en cuanto a su legalidad y a su santidad. Por ello, todos deben ver que es su relación con la moral de la Iglesia, lo que se lleva al terreno del ejercicio de la infalibilidad del Papa. Por ejemplo, se plantea la cuestión de si un hombre legalmente puede renunciar a su derecho a recibir la corrección fraterna antes de que su culpa fuera presentada ante sus superiores. Sánchez decidió  que le era posible; Philiarchus declaró  positivamente que no podía; los teólogos de Salamanca descartan que un hombre pueda ceder su derecho, pero que otro pudiera tomar  ventaja de esta concesión. San Alfonso ve la manera de adoptar la primera opinión por el siguiente proceso: las Constituciones de la Compañía de Jesús claramente afirman el derecho a esta renuncia, y ésta es una de sus máximas de perfección; pero Pablo III. y Julio III.  aprobaron  sus  constituciones, especialmente aquellas que fueron más atacadas y contradichas, y Gregorio XIII. en la bula Ascendente Domino excomulgó a  los que en adelante las  impugnaran; ahora bien, dice San Alfonso, la Iglesia no puede errar en la aprobación de las órdenes religiosas, ya que tal aprobación hace referencia a la cuestión de la moral; con lo cual él declara que Philiarchus ha incurrido con su acusación en temeridad e impiedad por  su ataque a las citadas constituciones.

He aquí un caso donde se ve el efecto práctico de esta aprobación como función y   juicio de la teología moral que  viene a reforzarla. Pero, sin duda las canonizaciones tienen implicaciones mucho más numerosas e importantes  en la moral católica que la aprobación de una regla religiosa, y la existencia del culto de un santo canonizado por la Santa Sede no es contingente como la existencia de una regla; y si está decidido por la enseñanza en general de las escuelas católicas que la aprobación de una regla está íntimamente relacionada con la moral, mucho más podemos advertir la relación de las canonizaciones con la moral como un hecho sobre el que ninguna duda  legítima pueda ahora suscitarse, toda vez que la controversia sobre  los hechos dogmáticos ha  arrojado una luz mucho más intensa  y  clara sobre estas cuestiones. “.

Si es de Fide que el Santo canonizado sea realmente  Santo.  Por el P. Faber (31)

“Aquellos que mantienen el lado negativo de la última cuestión argumentan así: -1. Si la infalibilidad de la Iglesia en la canonización no es de fide, a fortiori, no es de fide que cada santo canonizado realmente disfrute de la visión beatífica, porque, en primer lugar, es obvio que no es un asunto de revelación inmediata, y, en segundo lugar, si la infalibilidad de la Iglesia  no es de fide en sí misma, la gloria de cualquier santo en particular no es un asunto de revelación mediata.

“2. Nada puede ser puesto por la Iglesia entre los dogmas de la fe que no esté de manera implícita o virtualmente revelado: ahora bien  la santidad de alguien particular está ni de manera implícita ni virtualmente revelada. Esto es negado por aquellos que toman el lado afirmativo, en su tercer argumento citado en la última cuestión. Suponiendo sin embargo, que la presente objeción sea  válida, y que sus propios partidarios se cuidan mucho de afirmar, de ninguna manera se sigue que  el cultus pudiera negarse  impunemente a cualquier santo, al igual que la adoración no podía ser denegada en la exposición del Santísimo Sacramento, a pesar de que no es de fide que esa hostia  particular haya sido consagrada.

“Los que se inclinan por la afirmativa dicen: 1/ ya que Santo Tomás afirma que el honor que prestamos a los santos es una especie de profesión de fe por  la que creemos en la gloria de los santos;  pero la fe con el cual nosotros creemos en la gloria de los santos es  fe divina; Por lo tanto, la fe con que honramos a un santo en particular es divina. Esto parece no  concluyente, porque la gloria de los santos, en general, es algo revelado, mientras que de acuerdo con la hipótesis del adversario, la gloria de un santo en particular no es algo revelado, de modo que como  respuesta a la última objeción diremos que es una petición de principio. Si suponemos sin embargo, que la gloria de un santo  particular está revelado de forma implícita, como en la afirmación 3 de la pregunta anterior, entonces parece válido de hecho. Sin embargo es una afirmación “informal”  .

“2. Que la asistencia del Espíritu Santo es en sí  revelación; pero esto parece insostenible, de lo contrario los padres de los concilios se convertirían   en escritores y oradores inspirados, y sus definiciones palabra de Dios; porque una cosa es preservar a alguien del error cuando habla, y otra cosa es decirle lo que tiene que decir.

“Esta cuestión como la última,  casi idéntica a ella, o al menos participa de ella, debe permanecer en su incertidumbre, hasta que se haya definido. Todo lo que podemos hacer es concluir prácticamente con San Buenaventura, que sería una cosa de lo más increíble y horrible  dudar de la verdadera bienaventuranza de cualquiera a quien la Iglesia ha canonizado; con Melchor Cano diremos, que un hombre que lo hiciera sería temerario, imprudente, e impío; con Benedicto XIV. que sería imprudente, y supondría, dar escándalo en la Iglesia, deshonrar a los Santos, favorecer a los herejes que niegan la autoridad de la iglesia en la canonización, y en sí mismo “sabría a herejía” , y que  prepararía el camino a  los infieles para ridiculizar a los fieles; que ese hombre afirmaría  una opinión errónea, y merecedora de las penas más graves, que osaría afirmar que el soberano pontífice había cometido un error en esta o aquella canonización, o que tal o cual santo canonizado por él no debía ser reverenciado con el  cultus duliae; y, finalmente, con el dominico Billuart diremos,  que todo aquel que negara que cualquiera canonizado por la Iglesia fuera  santo y estuviera en la gloria, no sería, sin duda,  un hereje formal, pero sería, en primer lugar, temerario, porque estaría en contradicción con la opinión común de la Iglesia en una cuestión perfectamente bien fundada, y cuyo opuesta no tiene ningún fundamento adecuado; es la locura más insolente, dice San Agustín, discutir si  se debe hacer lo que hace toda la Iglesia; en segundo lugar, escandaloso, porque aparta a los fieles  del culto de los santos; en tercer lugar, impío, pues  insultan y deshonran a la Iglesia y a sus santos; y, en cuarto lugar, tendría “sabor a la herejía” de las sectas que se burlan  de las canonizaciones de la Iglesia, y niegan el culto y la invocación de los Santos. Sin embargo, recordemos, pues las mismas posibilidades de la caridad son amadas por un discípulo de la Cruz, las palabras con las que Pritanius cierra severamente una conclusión similar: Suspicionem haeresis memoravi  non  autem haeresim formalem “.

Algunas reflexiones sobre las dos posiciones anteriores y sus consecuencias

Esto nos lleva a algunas consideraciones importantes. Hemos visto que existen consecuencias en negar una canonización. También hemos visto que habría que acusar a la Iglesia de llevar a innumerables almas a un culto supersticioso si pudiese errar en esta materia – se le acusarla de ser  fuente de innumerables pecados mortales. La Iglesia Católica, fundada por nuestro Señor Jesucristo, nunca podría hacer una cosa así. El P. Faber le pregunta: “¿Puede concebirse algo que directamente tenga consecuencias más importantes en la moralidad de la Iglesia Universal? ¿Puede imaginarse una idea  más terrible que todo esto pueda ser falso, y que la Iglesia pueda errar en esta materia? ¿Podría haber un triunfo más completo de las puertas del infierno que alguien que quizás sea un réprobo en las mazmorras del infierno, ardiendo en el odio a Dios, sea venerado en los altares de la Iglesia Universal, columna y baluarte de la verdad? “32

Que todavía se pueda discutir, después de leer las profundas explicaciones del Padre. Faber, y todas las otras pruebas dadas, que tal cosa sea posible, es verdaderamente aterrador y ciertamente se opone a la doctrina católica.

Lo que también es particularmente importante señalar aquí es que aunque uno no se convierta en hereje por negar que las canonizaciones son infalibles, como el P. Faber señaló, sin duda es un pecador, habiendo censuras teológicas impuestas a aquellos que rechazan la infalibilidad de las canonizaciones. De hecho, “incluso los que parecen haber dudado con razón que la Iglesia se pronuncie infaliblemente en materia de canonizaciones  por lo general, han añadido que nadie podría impugnar cualquier decreto particular, sin ser culpable de escándalo y de impiedad. ” (33)

Que es pecado rechazar una canonización también lo demuestra San Alfonso de Ligorio, uno de los grandes doctores de la Iglesia, quien escribe que suponer que la Iglesia puede errar en una canonización, es un pecado, o es una herejía, según San Buenaventura, Belarmino, y otros; o por lo menos próximo a  la herejía, según Suárez, Azorius, Gotti, etc; puesto que el Soberano Pontífice, según Santo Tomás es guiado por la influencia infalible del Espíritu Santo de una manera especial cuando canoniza a los santos. ” (34)

Por  tanto, la cuestión de si la infalibilidad de las canonizaciones es de fide o no lo  es,  verdaderamente es un punto discutible – pero lo cierto es no se puede rechazar una canonización. Esto lo  refleja también el P. Arthur Devine, pasionista, en su libro, El Credo explicado:  exposición de la doctrina católica según los símbolos de la fe y  las Constituciones y definiciones de la Iglesia:  “Algunos, con Benedicto XIV, mantienen la proposición que afirma que es de fe que la Iglesia es infalible en este punto, pero muchos otros lo niegan, como el mismo autor[Benedcito XIV] afirma. Por tanto, podemos decir con seguridad-

“(A) Parece que la proposición que afirma la infalibilidad de la Iglesia en la canonización de los santos, es algo revelado, y por lo tanto es de fe definible, o sea algo que se puede definir.

“(B) Parece cierto que la proposición no es de fe católica divina pudiendo la doctrina opuesta llamarse herética. Pues, aunque sin duda es de  fe que la Iglesia es infalible en la doctrina común de la moral, no es seguro con la misma certeza de fe,  que la canonización de los Santos pertenezca a la doctrina común de la moral, ni todos están de acuerdo lo sea. No existe una definición expresa de la Iglesia en cuanto a la infalibilidad sea doctrina de fe divina, y  tampoco puede ser deducida de la práctica habitual de la Iglesia.

“Por  tanto creemos en la infalibilidad de la Iglesia en la canonización de los santos, y que los que ella ha canonizado son verdaderos santos, no  fe divina, ni por fe puramente humana y falible, sino por fe eclesiástica e infalible, fundada en la asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia.

“Quien negase que un Santo canonizado está en el cielo, no sería realmente hereje, pero sería (a) temerario, (b)  escandaloso, (c) impío, y sospechoso de herejía.” (35)

¿Qué significa esto para aquellos que reconocen que la Iglesia del Vaticano II  es la Iglesia Católica?

1/Deben aceptar la canonización de Juan Pablo II;

2/ Deben reconocer que practicaba la virtud en grado heroico; y

3/ deben admitir que dio un buen ejemplo a los fieles.

Ahora que hemos establecido la autoridad de las canonizaciones, y nuestra obligación como católicos de aceptarlas, examinemos cómo esto se relaciona más específicamente con la Iglesia del Vaticano II.

La Iglesia del Vaticano II y  la Autoridad de las canonizaciones

Algunos tal vez tengan la impresión de que las canonizaciones no son actos de autoridad en la Iglesia del Vaticano II. Esto simplemente no es verdad. El Catecismo de la Iglesia Católica, publicado con la aprobación de Juan Pablo II, dice que “Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que practicaron la virtud heroica y vivieron en fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder de el Espíritu de santidad dentro de ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores. ‘Los santos siempre han sido la fuente y origen de renovación en las circunstancias más difíciles de la historia de la Iglesia ». En efecto, «la santidad es el secreto manantial y la medida infalible de su actividad apostólica y de su celo misionero. ‘” 36

Esta explicación es esencialmente la misma que la explicación católica de la canonización que vimos anteriormente.

Es interesante señalar, que el segundo volumen de la Nueva Enciclopedia Católica dice al explicar la beatificación que “Al proclamar a  una persona ‘Bienaventurada’ el Papa no ejerce su infalibilidad, porque no declara definitivamente que la persona está en la gloria. La beatificación, por tanto, no exige la fe que da certeza moral de su verdad, pero negarlo sería temerario. Se diferencia de la canonización en cuanto el  permiso para venerar difiere del precepto. “(37)

En 1987, la ‘Congregación para la Doctrina de la Fe’ de la Iglesia del Novus Ordo,  publicó un Comentario doctrinal sobre la fórmula final de la Profesión de Fe. En este trabajo,  se hizo la siguiente declaración: “Con respecto a las verdades conectadas con la revelación por necesidad histórica y que han de ser consideradas como definitivas, pero no pueden ser declarado como divinamente reveladas, se pueden dar los siguientes:

  • la legitimidad de la elección del Sumo Pontífice
  • o  la celebración de un concilio ecuménico,
  • las canonizaciones de santos (hechos dogmáticos) … (38)

Vemos, pues, que uno no es libre, incluso según la enseñanza oficial de la Iglesia del Vaticano II, para rechazar una canonización.

Es cierto que el proceso para la canonización se abrevió después del Concilio Vaticano II. El P. Benedict Hughes, CMRI, escribe que antes “del Concilio Vaticano II las canonizaciones eran pocas y distantes entre sí. El nivel  requerido era tan alto que muchos siervos que merecieron ser nombrados siervos de Dios quedaron sin ser  canonizados. Muchos candidatos a la canonización fueron rechazados por lo que pudieran parecer deficiencias menores. Entonces Juan Pablo II revisó los requisitos del proceso de canonización (en 1983). Cuando antes el proceso no podía comenzar hasta mucho después de la muerte del siervo de Dios, ahora podía comenzar poco después de su muerte. Se requieren menos milagros, y las pruebas se volvieron menos rigurosas. (39)

Esta dilución del proceso de canonización no influye en su autoridad. ¿Por qué? Porque

1/ sigue proponiéndose el santo a la veneración universal de los fieles;

2/ el nombre de esa persona sigue siendo utilizado en la liturgia de la Iglesia; y

3/ como se  demostró antes, es imposible que la Iglesia dé a los fieles  un error condenable. ¿Qué significa esto para aquellos que se oponen a la autoridad de las canonizaciones, por los cambios realizados en el proceso? Simplemente quiere decir esto: que estos cambios no tienen relación con el hecho de la canonización.

Ahora que tenemos una comprensión global de las canonizaciones,  vamos a examinar las cosas de Juan Pablo II en cuanto supuesto papa.

Parte III

El legado de Juan Pablo II

Es una tarea difícil y dolorosa discutir los muchos pecados públicos graves  contra la fe católica que Juan Pablo II cometió cuando era jefe de la Iglesia del Vaticano II. Él enseñó tantas doctrinas contrarias a la fe católica que este artículo tendría que ser muchísimo más largo si las incluyéramos todas – él era modernista hasta el extremo. Esta lista  de ninguna manera, contiene todas sus doctrinas o sus pecados; sin embargo,  mostraremos los que creemos son algunos de los mayores delitos de Juan Pablo II, no sólo con palabras sino también en  las acciones,   y los compararemos con la doctrina católica – esto confirmará que él no sólo no era santo, sino todo lo contrario. De hecho, si alguien siguiera sus ejemplos,  no salvaría su alma, sino más bien sería condenado por hacerlo.

 

La enseñanza de Juan Pablo II de que cada hombre se une a Cristo para siempre.

El 4 de marzo de 1979, Juan Pablo II dijo en su Encíclica Redemptor Hominis:

“[A]  El  Concilio [Vaticano II]  enseña que ‘con su encarnación, él, el Hijo de Dios, en cierta manera se ha unido a todo hombre ‘… Se trata de cada ‘hombre, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno Cristo se ha unido, para siempre a través de este misterio »40 Dijo lo mismo en su encíclica Centesimus Annus (1 º mayo de 1991):”..tratamos  con cada individuo particular, ya que cada uno está incluido en el misterio de la Redención, y a través de este misterio Cristo se ha unido a cada uno de ellos para siempre. “(41)

Aquí vemos a Juan Pablo II afirmando que Jesucristo se ha unido para siempre con todo hombre – pero esto es contrario a la doctrina católica. ¿Qué enseña la Iglesia Católica sobre este tema? Todos nacemos con el pecado original (a excepción de la Santísima Virgen, por supuesto), somos “hijos de ira” (Efesios 2:03), como dicen las Escrituras. El hombre nace separado de Cristo. También está la enseñanza católica de que si una persona está en estado de gracia santificante, entonces esa persona está unido a Cristo: “Por medio de la  gracia [santificante] estamos unidos a Cristo, como el sarmiento está unido a la vid; por la gracia  nos unimos a Jesús, ya que los miembros están unidos al cuerpo. “(42)

Sin embargo, si esa persona comete un pecado mortal, él corta la unión con Cristo “Y como la rama que no está unida a la vid se echa al fuego, así es arrojado fuera quien no permanece unido a Cristo por su gracia (Juan  xv,  6) “43,  San Juan Crisóstomo dice:” [El pecado mortal] nos separa de Dios, hace a Dios nuestro enemigo. “(44) De hecho, el pecado mortal” hace al hombre peor que una persona poseída; pues ésta  es poseído por el Diablo sólo en su cuerpo. El pecador es poseído en el alma, por tantos demonios como él los pecados que ha cometido; de este modo se convierte en hijo y esclavo del demonio, un demonio encarnado. (45) Sin embargo, esta unión puede ser recuperado a través de una buena confesión sacramental, que “ restaura en el alma  la amistad de Dios cuando lo limpia de sus pecados. ” (46) Por último, los que están en el infierno ciertamente no están unidos a Cristo – pues están separados de Él  para siempre. Afirmar que Cristo se ha unido, para siempre a todo hombre es esencialmente decir que todos los hombres son salvos – ya que sólo aquellos que mueren unidos a Cristo van al cielo. “ para entrar al cielo, debemos estar unidos a Cristo. (47) El cristiano se salva por la unión con Cristo en la Iglesia … (48). Lo que Juan Pablo II dice aquí hubiera sido suficiente en sí mismo para excluirlo de ser canonizado por la Iglesia Católica. “Se debe recordar un principio y una  doctrina seguros, a saber: No hay salvación posible para cualquier persona que no esté unida a Jesucristo crucificado” (49)

Directorio para la Aplicación de Principios y Normas sobre el Ecumenismo: Permiso dado por Juan Pablo II  para dar lugar en las iglesias católicas a cultos falsos

El Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo fue un hito importante en la Iglesia del Vaticano II. De hecho, fue “dirigido a los Pastores de la Iglesia Católica, pero también se dirige a todos los fieles, los cuales son llamados a orar y trabajar por la unidad de los cristianos, bajo la dirección de sus obispos.” 50 Así que este texto estaba destinado a todo el mundo “católico”. En este documento, aprobado por Juan Pablo II el 25 de marzo de 1993, que específicamente permite que los protestantes y otros no católicos  utilicen las iglesias católicas para su falso culto, se dice que : “las iglesias católicas son edificios consagrados o bendecidos  que tienen un importante significado teológico y litúrgico en la comunidad católica. Son, por tanto, generalmente reservados para el culto católico. Sin embargo, si los sacerdotes, ministros o comunidades que no están en plena comunión con la Iglesia Católica no tienen un lugar o los objetos litúrgicos necesarios para celebrar dignamente sus ceremonias religiosas, el Obispo diocesano puede permitirles el uso de una iglesia o un edificio católico y también prestar a lo que puede ser necesaria para sus servicios. Bajo circunstancias similares,  se les puede dar permiso  para funerales  o para la celebración de servicios en los cementerios católicos. “51

Lo anterior se ha puesto en práctica. Por ejemplo, el 28 de mayo de 2013, la Archidiócesis de Galveston-Houston de la Iglesia del Vaticano II permitió que el grupo protestante conocido como la Iglesia Metodista Unida  utilizar su Co-Catedral del Sagrado Corazón en Houston, Texas. Este grupo protestante “reconoce trágicos conflictos en la vida  que pueden justificar el aborto, y en esos casos … admite la opción legal del aborto con los procedimientos médicos adecuados.” 52 Por supuesto, esto es absolutamente indignante – el invitar a  culto herético en lo que se supone que es una Iglesia Católica – ¿Cómo no estar lleno de justa ira por esta abominación?

Lo que Juan Pablo II enseña en su Directorio para el ecumenismo es una violación del primer mandamiento. ¿Un santo puede permitir que tales abominaciones se llevan a cabo? La Iglesia Católica nunca podría permitir tal maldad impía y flagrante tenga lugar sin una resistencia feroz. El P. Charles Gobinet, DD, teólogo del siglo 17, escribió lo siguiente sobre el primer mandamiento, indicando que se ha quebrantado  “al negar nuestra religión con palabras o hechos: por ir a las iglesias o las reuniones de los herejes, con el fin de unirse de cualquier forma con su adoración, o para dar escándalo. [También] al favorecer a los herejes y hombres malvados, el apoyo y la aprobación de lo que hacen. o teniendo una estrecha relación con ellos, que  con probabilidad le impidan  la práctica de la religión “53 De hecho,  ayudar a los herejes y cismáticos a realizar su falso culto es más ofensivo a la doctrina católica:” El culto falso esencialmente desagrada a Dios en tanto que Él nos ha dado los medios para encontrar la verdadera fe  a quien la busca sinceramente. No es en absoluto necesario suponer que las personas que se reúnen en una iglesia protestante son de mala fe, pero están haciendo el mal, y un católico está convencido de ello por los propios términos de su credo, y no puede ignorar el hecho de que  ayudar a sus hermanos descarriados en la realización de su maldad  hace que él mismo esté también haciendo un mal. “54 Es inexcusable para cualquier católico el consentir en el culto falso- sin embargo, el que se supone que es la Cabeza de la Iglesia Católica lo ha permitido explícitamente.

La enseñanza de Juan Pablo II acerca de que los no católicos pueden recibir la santísima Eucaristía

En el Código de Derecho Canónico de la Iglesia del Vaticano II, promulgada el 25 de enero de 1983 por Juan Pablo II, se dice que los no católicos pueden recibir ciertos sacramentos sin tener que convertirse a la fe católica. Encontramos esto en el  Canon 844 del Novus Ordo:

“§ 3. Los ministros católicos administran los sacramentos de la penitencia, Eucaristía y unción de los enfermos lícitamente a los miembros de Iglesias orientales que no están en comunión plena con la Iglesia católica si ellos lo buscan por su propia voluntad y si están bien dispuestos. Esto también es válida para los miembros de otras Iglesias que, a juicio de la Sede Apostólica se encuentran en las mismas condiciones que las Iglesia Orientales, en lo que respecta a los sacramentos.

“§ 4. Si existe peligro de  muerte o si, a juicio del Obispo diocesano, o de una conferencia episcopal, o si urge otra necesidad grave,  los ministros católicos pueden administrar lícitamente esos mismos sacramentos también a los demás cristianos que no estén en  plena comunión con la Iglesia católica, que no puedan acudir a un ministro de su propia comunidad y que los buscan por su propia voluntad, a condición de que manifiesten  fe católica respecto a esos sacramentos y estén bien dispuestos. “55

También encontramos esta misma enseñanza en el Catecismo de la Iglesia Católica: “Cuando, en un juicio ordinario, se presenta una necesidad grave, los ministros católicos pueden administrar los sacramentos de la Eucaristía, la Penitencia y la Unción de los enfermos a otros cristianos que no estén en plena comunión con la Iglesia Católica, que los pida por su propia voluntad, siempre que manifiesten fe católica en la celebración de estos sacramentos y tengan las debidas disposiciones. “56

Este libro de catecismo aprobado por Juan Pablo II, recibió grandes elogios de él: “Después de la renovación de la liturgia y la nueva codificación del derecho canónico … este Catecismo aportará una contribución muy importante a la labor de la recuperación de toda la vida eclesial ,   en aplicación del Concilio Vaticano II. “57 También dijo que era” un texto de referencia seguro y auténtico para la enseñanza de la doctrina católica … para ayudar en la redacción de nuevos catecismos locales … que cuidadosamente .. preserva la unidad de la fe y la fidelidad a la doctrina católica »58 De hecho, incluso lo llamó” el fruto más maduro y más completo de la enseñanza conciliar “59.  Y lo que es más importante, en Fidei Depositum, el 11 de octubre de 1992, declaró:” El Catecismo de la Iglesia Católica, que aprobé el pasado 25 de junio y la cuya publicación ordeno hoy en virtud de mi autoridad apostólica, es una declaración de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, atestiguada e iluminada por la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio de la Iglesia. Declaro que es un instrumento válido y legítimo para la comunión eclesial y una regla segura para la enseñanza de la Fe. Que sirva para la renovación a la que el Espíritu Santo llama sin cesar a la Iglesia de Dios, el Cuerpo de Cristo, en su peregrinación hacia la luz indeficiente  del Reino! “60 No hay duda de que este Catecismo es considerado como autoridad en la Iglesia del Vaticano II.

NovusOrdoWatch.org proporciona un excelente comentario explicando cómo las enseñanzas que aquí se presenta en la Nueva Ley  Canónica son  malas:

“Hay que aclarar esto: Siempre que sean bautizados, los cristianos no católicos pueden legítimamente, según la ley del Novus Ordo, pedir que le sea dada la ” Santa Comunión “, la ” absolución “, y la ” unción de los enfermos ” – y por lo mismo legítimamente recibir los sacramentos – sin necesidad de convertirse al catolicismo, siempre y cuando tengan una “grave y urgente necesidad”, incluso fuera del peligro de muerte (como si dijeran , “no tengo ninguna intención de convertirme en católico, sino sólo quiero recibir los sacramentos católicos »), que sea comprobado y / o juzgado en parte por la” autoridad competente ” de la falsa religión no-católica `del Novus Ordo], siempre y cuando el no-católico sea ” incapaz de recurrir ‘a un falso ministro de su propia iglesia herética …

“Imagínese el siguiente caso: Mildred es anglicana, y ella está actualmente en el hospital. No se está muriendo, aunque  necesita atención médica grave. Ella pide a su ministro herético venir a ella y ayudarla espiritualmente, pero  éste está fuera de la ciudad. En cambio,  el ‘Padre. Fred ‘del Novus Ordo local pasa por su habitación y la visita. Así que, ella le pide “espontáneamente” al ‘P.. Fred que le diera la “unción de los enfermos ‘(la versión Novus Ordo de la extremaunción), y lo hace” por  su propia iniciativa. ” De hecho, ella le dice a Fred que, a pesar de que es anglicana, es “conservadora”, y por lo que ella realmente cree en la unción del Novus Ordo, y con el fin de estar “bien dispuesta” para la recepción de esta ‘ sacramento “, ella está dispuesta a hacer una confesión. Pero esa confesión, por supuesto, de ninguna manera incluye el rechazo de su religión anglicana;  es, por así decirlo, no  una confesión católica, sino una confesión anglicana (recuerde, ella realmente quería que viniera y le confortara su propio presbítero para venir  y sólo recurre a Fred porque su propio “sacerdote” está fuera de la ciudad).

“De acuerdo con la ley del Novus Ordo, la acción de Mildred no sólo es legítima, sino encomiable, y en cuanto a Fred, se supone que debe dar su “absolución” y “unción” – todo esto sin su renunciar a ninguno de los errores de ella tan profundamente arraigados. Recuerde que ella es oficialmente miembro de una religión falsa, una secta no católica, es de esa religión, que persiguió y mató a San. Juan Fisher y a Santo Tomás Moro, que profesa una gran cantidad de herejías. Sin embargo, la Secta modernista del Vaticano II dice que puede ser absuelta y ungida, incluso recibir ‘la Sagrada Comunión “si ella cree en el dogma de la Presencia Real.”61

Para que no nos acusen de malinterpretar este Canon, hacemos referencia  a un comentario del Canon del Novus Ordo: “Todo bautizado vive de alguna manera en  la comunión de  la Iglesia Católica …El  Canon 844 indica las condiciones bajo las cuales los cristianos no católicos pueden excepcionalmente recibir la sacramentos de la Eucaristía, la penitencia y la unción de los enfermos. “62

¿Cuál es exactamente la doctrina católica sobre los no católicos en cuanto a recibir los sacramentos? “Está prohibido que los sacramentos de la Iglesia sean suministrados a los herejes y cismáticos, incluso si los piden ellos mismos  y están  de buena fe, a menos que de antemano, rechazando sus errores, se reconcilean con la Iglesia.” 63 Recibir a Cristo en el Santa Eucaristía bajo las condiciones anteriores es permitir un sacrilegio; cualquier persona que “recibe un sacramento indignamente es culpable de un pecado horrible, el pecado de sacrilegio.” 64 La Santa Comunión también es llamada  a veces  el sacramento de la unidad, lo que demuestra que uno está unido a Cristo, porque “la Eucaristía es a la vez la la causa eficiente y el signo de la unión real y mística con Jesucristo. “65 En efecto,” debemos estar unidos a Cristo por la gracia, a fin de que podamos sacar provecho de la recepción de este sublime Sacramento. “66 La idea de que uno puede permanecer en la herejía, y aun así recibir la Sagrada Comunión siempre ha sido considerado como un gran pecado. El 17 de mayo de 1835, el Papa Gregorio XVI declaró en su encíclica Commissum Divinitus: “… todo el que se atreva a salir de la unidad de Pedro da a entender que él ya no comparte el misterio divino … ‘El que come el Cordero fuera de esta casa no es santo . ‘”67. El 8 de abril de 1862, el Papa Pío IX declaró lo mismo en su encíclica Amantissimus “… el que coma del Cordero y no es miembro de la Iglesia, ha profanado.” 68

 

Enseñanza de Juan Pablo II de que las iglesias heréticas y cismáticas están en comunión con la Iglesia Católica

Siendo ésta una de las principales herejías del Vaticano II, la adhesión y el compromiso con la difusión de esta herejía por parte de  Juan Pablo II, no se encuentra en nadie anterior a él. Por ejemplo, en su Encíclica Ut unum sint (25 de mayo 1995), Juan Pablo II dijo: “En realidad, los elementos de santificación y de verdad presentes en las demás Comunidades cristianas, en un grado que varía de una a otra, constituyen la base objetiva de la comunión existente, aunque imperfecta, entre ellas y la Iglesia Católica.

En la medida en que estos elementos se encuentran en las otras Comunidades cristianas, la única Iglesia de Cristo tiene una presencia operante en ellas. Por esta razón, el Concilio Vaticano II habla de una cierta comunión, aunque imperfecta. La Constitución dogmática Lumen Gentium hace hincapié en que la Iglesia Católica ‘reconoce que en muchos aspectos está vinculada’ a estas Comunidades con una cierta verdadera unión en el Espíritu Santo. “69

Aquí vemos a Juan Pablo II afirmar que “las otras comunidades cristianas” (como las iglesias protestantes) están en comunión “imperfecta” con la Iglesia Católica. ¿Qué enseña la Iglesia católica sobre este punto? El Papa Pío IX escribió lo siguiente en su carta apostólica Iam Vos Omnes (13 de septiembre 1868), que fue dirigida a los protestantes y a otros no católicos: “el que examine cuidadosamente y reflexione sobre la condición de las diversas asociaciones religiosas, divididas entre sí, y separadas de la Iglesia Católica … no puede dejar de convencerse de que ni cualquiera de estas sociedades por sí mismo, ni todos ellos juntas, pueden de ninguna manera constituir y ser la única Iglesia Católica,  constituida y establecido por  Cristo nuestro Señor y que por Su voluntad debe continuar; y  no pueden de ninguna manera decirse que son ramas o partes de la Iglesia, ya que están visiblemente separados de la unidad católica “. 70

La Santa Iglesia Católica Romana no tiene comunión, ni siquiera parcial, con las religiones de Satanás. “Una congregación herética“, dice San Paciano, “es una mujer  adúltera [sic].” 71 San Ambrosio dice: “Todos los herejes y cismáticos se separan del reino de Dios y de la Iglesia; por lo que es evidente que todas las asambleas de los cismáticos y herejes no son de Dios, sino del espíritu inmundo. “72 En efecto,” las respectivas iglesias fundadas por Lutero, Calvino, Zuinglio, etc, son todas iglesias heréticas como la de la arrianos y no [forman]  parte de la Iglesia de Cristo. “73 Esta enseñanza de la Iglesia Católica, de que todas las falsas religiones no comparten la comunión con ella, también es repetida  por Mons.. George Hay: “ esta Iglesia de Cristo es un solo cuerpo, que tiene una y la misma fe, y se rige por una y la misma autoridad suprema de la Iglesia;  e modo que cualquier secta que se divide de este cuerpo, al profesar una fe diferente de la de ella, no es parte de la Iglesia de Cristo, sino, a lo sumo, una invención humana; y la fe que profesan es la mentira y el error, derivados del padre de la mentira. “74 Decir que hay una unión entre la verdadera religión fundada por Nuestro Señor Jesucristo y las falsas religiones de Satanás es nada menos que una blasfemia herética .

En cuanto a los cismáticos, Juan Pablo II más concretamente ddijo en otra parte de Ut Unum Sint: “Con el venerable Patriarca de la Iglesia de Etiopía, Abuna Paulos, que me visitó en Roma el 11 de junio de 1993 hemos puesto de relieve la profunda comunión existente entre nuestras dos Iglesias : «Compartimos la fe transmitida por los Apóstoles, así como los mismos sacramentos y el mismo ministerio, radicada en la sucesión apostólica … Hoy, además, podemos afirmar que nosotros tenemos la única fe en Cristo, a pesar de que durante mucho tiempo esto fue causa de división entre nosotros. ‘”75

Esta es otra afirmación tremenda. No sólo afirma que hay una “profunda comunión” entre las dos iglesias, sino que ¡comparten la misma fe! ¿Qué  tiene que decir al respecto la Iglesia Católica? “La Iglesia cismática griega, por la separación de la comunión con la sede romana en el siglo IX (879) bajo Focio, quien fue patriarca de Constantinopla, y el rechazo de la autoridad legítima de la Iglesia de Cristo, a pesar de poseer las órdenes, no tiene misión legal , ni la continuidad con todo el depósito de la doctrina católica. Que el Espíritu Santo no procede del Hijo, así como del Padre es una herejía anatematizado por San Cirilo de Alejandría, en un sínodo provincial celebrado en esa ciudad; y este
condena de San Cirilo contra Nestorio fue confirmada por el Concilio General de Éfeso en el 431; y sin embargo, la Iglesia griega, desde su separación de la Iglesia Católica en el año 879, se adhiere a esta herejía.En el Concilio General de Lyons, 1274, los obispos griegos se retractaron de su error, y, junto con los obispos latinoamericanos condenaron, y causaron las palabras, ‘el cual procede del Padre y del Hijo,’ ser, ya que es uno de los católicos , introducido en el Credo de Nicea, pero pronto volvió a caer en el antiguo error. Una vez más, en el Consejo General, en Florencia, celebrada en 1439, a la que asistieron también por los obispos griegos cismáticos, esta herejía fue condenada (xxv sesión.), Pero al volver a casa los obispos griegos volvió a caer en su cisma y la herejía, y todavía

se adhieren a la misma. “76 Decir que hay una profunda comunión entre las dos Iglesias es, como acabamos de

sierra, una blasfemia herética – es decir que no es la comunión entre Cristo y Satanás. Para “los que se sujetan a la doctrina y la autoridad [de la Iglesia Católica], son todos fuera de su comunión; como paganos, infieles, turcos, Judios, herejes y cismáticos. “77

La enseñanza de Juan Pablo II de que las religiones no católicas son medios de salvación

El Catecismo de la Iglesia Católica, que vimos anteriormente estaba garantizada por Juan Pablo II como una “regla segura para la enseñanza de la fe“, afirma: “‘Por otra parte, muchos elementos de santificación y de verdad” se encuentran fuera de los confines visibles de la la Iglesia Católica: “la Palabra de Dios escrita; la vida de la gracia; la fe, la esperanza y la caridad, y otros dones interiores del Espíritu Santo, así como los elementos visibles. El Espíritu de Cristo usa estas Iglesias y comunidades eclesiales como medios de salvación, cuyo poder deriva de la plenitud de gracia y de verdad que Cristo ha confiado a la Iglesia Católica. Todas estas bendiciones provienen de Cristo y conducen a él, y de por sí son un llamamiento  a “la unidad católica. ‘” 78

Así lo vemos repitiendo la herejía del Vaticano II de que Cristo utiliza las iglesias no católicas y las “comunidades eclesiales” como medios de salvación. Sólo la Iglesia Católica es un medio de salvación- no la iglesia luterana o cualquier otra iglesia. La Iglesia Católica siempre ha sido muy clara acerca de lo  que son  los medios de salvación son – esta idea de que las iglesias no católicas son medios de salvación no es más que una novedad herética; por no hablar de que esta visión “positiva” de las religiones falsas es esencialmente lo mismo que tener una visión positiva del diablo – que son sus religiones, después de todo.

La enseñanza de la Iglesia Católica es clara: “Cristo ha comprometido los medios de salvación con la Iglesia verdadera – sólo con la Iglesia Católica”  (79).  La verdadera Iglesia … no es otra que la Iglesia Católica Romana; ella es la fiel depositaria de la doctrina de Jesucristo, así como de sus Sacramentos y de todos los medios de salvación que Él ha legado a la humanidad. (80). En verdad,” desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte la Iglesia nos proporciona todos los  medios necesarios de salvación (81). El Papa León XIII  declaró en su encíclica Satis Cognitum, (20 de junio 1896): “Sólo la Iglesia ofrece a la raza humana la religión-ese estado de perfección absoluta- que Él quiso, por así decirlo, que estuviera incorporada a  Él mismo. Y solo ella suministra los medios de salvación que son acordes con  los designios  ordinarios de la Providencia “. (82)

Cristo nos asegura que el camino a la vida eterna es estrecho”, dice el padre. Michael Müller, “y es recorrido sólo por algunos. La religión católica es el camino angosto hacia el cielo. El protestantismo, por el contrario, es el camino amplio que lleva  a la perdición y es recorrido por muchos. El que se contenta con seguir a la multitud, se condena al tomar el camino ancho. “83 Lo mismo puede decirse de todas las demás religiones falsas. “Ninguna de las otras sectas cristianas son … la Iglesia de Cristo, y puesto que la salvación sólo puede obtenerse por medio de Cristo, es evidente que esas iglesias sectarias, fundadas por hombres, no pueden conducir a la salvación“84.

En otras partes de la misma Encíclica escribió [Juan Pablo II]: “aunque de modo invisible, la comunión entre nuestras Comunidades, aunque aún incompleta, es en verdad cimentada sólidamente en la plena comunión de los santos-aquellos que, al final de una existencia fiel a la gracia están en comunión con Cristo en la gloria. Estos santos proceden de todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, que les abrieron la entrada a la comunión de la salvación. “85

Curiosamente, un arzobispo del Novus Ordo de nombre Kevin J. P.  McDonald  escribió lo siguiente sobre el pasaje anterior de Ut Unum Sint: “la gran encíclica [de Juan Pablo II] sobre el ecumenismo, Ut unum sint (1995), lleva esto  a más. Dice que la comunión incompleta entre los cristianos está en verdad cimentada sólidamente en la plena comunión de los santos – los que al final de una existencia fiel a la gracia están en comunión con Cristo en la gloria. Estos santos proceden de las Iglesias y Comunidades eclesiales, que les abrieron la entrada a la comunión de la salvación. (N º 84).

“Por eso él habla de los santos y mártires  ortodoxos, anglicanos y protestantes, al igual que de los  católicos, diciendo que tenemos que orientarnos por ellos  para el movimiento ecuménico moderno.” 86

Si las iglesias no católicas son medios de salvación, tiene todo el sentido decir que esas iglesias producen sus propios santos. ¿La comunión de los santos se extiende a los herejes y cismáticos? Una vez más vemos una clara contradicción con la doctrina católica. La respuesta católica a la pregunta anterior es no “más que las ramas separadas se nutren del  el árbol del cual son  cortadas; ellos pueden  pretender que están en comunión con Cristo, pero  al rechazar la fe verdadera, al no someterse  a los  superiores señalados, al no hacer uso de los sacramentos, la comunión está rota; ellos sólo pueden  participar de las oraciones por su conversión. (87) el P. Müller afirma lo mismo: “En cuanto a aquellos que no pertenecen a la Iglesia Católica Romana, no tienen parte en la comunión de los santos. Para que una rama reciba la savia de la raíz del árbol, debe estar unida al tronco. Así, también, para tener  parte en la comunión de los santos, es necesario que estemos unidos a la Iglesia. Por esta razón, los infieles, judíos, herejes, cismáticos y los excomulgados, no tienen parte en la comunión de los santos “88. En realidad, sólo la Iglesia Católica es santa, con exclusión de todas las demás comunidades cristianas; ellas no tienen santos fundadores, no tienen doctrina santa, no tienen  medios suficientes de salvación, y no tienen santos “. 89

 

Hechos Ecuménicos / Interreligiosos escandalosos de Juan Pablo II

Hasta ahora hemos visto varias declaraciones y escritos oficiales aprobados por Juan Pablo II para los católicos de todo el mundo y hemos demostrado que contienen cosas graves en desacuerdo  con la doctrina católica. La primera y una de las más conocidas actividades interreligiosas de  Juan Pablo II  fue su participación en la Reunión de Asís. La Reunión de Asís, uno de los ejemplos más notables de los malos frutos del Concilio Vaticano II,  conmocionó, horrorizó  y enfadó a  todos los verdaderos católicos. 155 líderes religiosos  de todo el mundo participaron en ella (incluyendo hindúes, judíos y  budistas). Aunque en ella tuvieron lugar muchas atrocidades, mencionaremos sólo algunas:
1. La colocación de una estatua de Buda sobre el altar (aunque fue retirada más tarde, a petición de las autoridades del Novus Ordo; si no hubiera habido esa  Reunión nunca hubiera sucedido)

  1. La asignación de estancias separadas a las distintas religiones falsas para practicar su culto falso; y
  2.  La aprobación dada al falso culto  que allí tuvo lugar.

La invitación de Juan Pablo II a estas diversas religiones para que vinieran  y tuvieran su culto  es verdaderamente horrible. ¿Podemos siquiera imaginar que un Papa católico, como  San Pío V, hubiera permitido una cosa así? ¿Habría sido canonizado si hubiera hecho  lo que hizo Juan Pablo II? “Todos los dioses de los gentiles“, dice la Sagrada Escritura, “son demonios.” (Salmo 95, 04:05). Sin embargo, Juan Pablo II les dio total libertad  para hacer lo que quisieran. “La idolatría de los paganos es, sin duda, un crimen  abominable a los ojos de Dios.” 90 Ellos en Asís rezaron  a los demonios. ¿Comprendemos realmente el nivel de maldad que hubo allí?

Luego en 2002 hubo otra reunión Asís – más indiferentismo religioso y pecados contra el primer mandamiento. La actitud católica hacia este tipo de eventos es explicada claramente por el Papa Pío XI, en su encíclica Mortalium Animos (06 de enero 1928): “por lo que las convenciones, reuniones y direcciones están frecuentemente organizados por estas personas, en las que están presentes un gran número de oyentes, y en las que todos, sin distinción son invitados a participar en la discusión, infieles de todo tipo junto con cristianos, incluso los que por desgracia se han alejado de Cristo o los que con obstinación y pertinacia niegan su naturaleza y misión divina. Ciertamente, esos intentos de ningún modo pueden ser aprobados por los católicos, fundados como están en la falsa opinión de que todas las religiones son más o menos buenas y dignas de alabanza, ya que todos ellas  manifiestan de diferentes maneras, y significan aquél  sentido  innato en todos nosotros, y por el cual se nos lleva al reconocimiento obediente de su Regla. No sólo  los que sustentan esta opinión, están el error y son engañados, sino también al distorsionar  la idea de la verdadera religión, la rechazan, y poco a poco, se desvían al naturalismo y al ateísmo, como se le llama; de donde se deduce claramente que aquel que apoya a los que sostienen estas teorías y tratan de ponerlas en práctica, del todo abandonan la religión revelada por Dios. “91 ¿No describe este texto  los acontecimientos de Asís a la perfección?

Obsérvese la consecuencia que tendría  para los que apoyan estas actividades condenadas – sería el abandonar la fe católica. Nuestro deber como católicos en este punto es claro: “Es deber de un cristiano católico no sólo  evitar a  los herejes, sino también a aquellos católicos que sostienen discursos y conversaciones contrarias a nuestra fe, aunque aleguen que ellos son católicos. Con tales hombres no debemos tener ninguna relación, sino más bien atenerse la palabra del apóstol; ‘alejarse de  los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y evitar dichas prácticas “(Rom. xvi. 17).

Si alguien [no] no protege el precioso don de la fe, la debilita poco a poco , hasta que el resultado es la pérdida interna de la fe, y al final cae también la manifestación exterior de la fe -. Apostasía” 92

En 1999 Juan Pablo II besó el Corán. ¿Qué clase de ejemplo dio Juan Pablo II al besar el Corán? Esencialmente estaba honrando  al diablo – el Corán es algo malo. Por ejemplo, niega que Cristo es Dios. Si alguien dice  “sí” a besar a un Corán, ¿por qué no una estatua de Buda? ¿O a los escritos de los satanistas? En 1993 Juan Pablo II viajó a Benin, donde visitó a vuduistas (que practican la brujería, entre otras atrocidades). Declaró lo siguiente a algunos representantes de vudú: “Vosotros tenéis un fuerte apego a las tradiciones transmitidas de vuestros antepasados. Es legítimo estar agradecidos a los antepasados ​​que han transmitido con el sentido de lo sagrado, la creencia en un solo Dios, que es bueno, el  sentido de la celebración, la estima por la vida moral y la armonía en la sociedad. “93 Estas pobres gentes adoran falsos dioses, demonios del infierno, y Juan Pablo II tiene la audacia de mentirles  y confirmarlos en sus falsas creencias. “Pero las cosas que los paganos sacrifican,” dice la Sagrada Escritura “, lo sacrifican a los demonios y no a Dios. No queráis  ser hechos partícipes de los demonios “(1 Cor. 10:20). “Fue el diablo quien introdujo la idolatría, o culto al diablo, en el mundo; él es el que trata de mantenerla y promoverla en todas partes con su poder. “94 Por tanto, vemos cómo Juan Pablo II, mediante el fomento de las falsas creencias de esa pobre gente, realmente llevó a cabo la obra de Satanás.

 

Inmodestia

En numerosas ocasiones, Juan Pablo II permitió a  mujeres ligeras de ropa  aparecer ante él sin pedirles que se vistieran adecuadamente. Por ejemplo, en 1984, 1.200 mujeres vestidas con leotardos ajustados bailaron delante de Juan Pablo II y de casi  100.000 personas, en el Estadio Olímpico de Roma. ¿Cuántos  cometieron pecados mortales de pensamiento y de deseo en ese evento? En otra ocasión, ese mismo año se permitió que una mujer con el pecho desnudo trajera los “dones del Ofertorio” durante la misa. En 1981, acróbatas vestidos con trajes gravemente impúdicos actuaron frente a él. ¿Cuál es la actitud católica sobre el mirar  a esas mujeres vestidas indecorosamente? “Los ojos nunca deben fijarse en las mujeres o en cosas impúdicas, porque estas imágenes impúdicas  pudieran quedar  impresas en la mente; pero si por accidente se miran esos objetos  tal objeto, deben apartarse al instante con  horror, como si se tratara de  un animal mortalmente venenoso, que mata por su  simple vista. “95 ¿Cómo se habría comportado un santo en una situación así? el P. Rho nos dice “que el cardenal Belarmino entró en la casa de un caballero particular, donde vio algunas fotos indecentes; por lo que le dijo: “Amigo, he venido para pedirle, por el amor de Dios, que haga una obra de caridad de vestir al desnudo. ‘ El caballero se comprometió a hacerla; por lo que el cardenal señalando  la imagen, dijo: “.  “Me refiere a esa persona desnuda ‘ ¡Oh, qué placer tiene el diablo cuando  ve en alguna casa un cuadro inmodesta! Se dice en la vida del P. Juan Bautista Vitelli que una tropa de diablos fue vista una vez en el pasillo de un hombre noble, ofreciendo incienso a una imagen poco modesta que había, por  las almas que habían ganado por medio de  ella “96 Tal es la forma en que santo actuaba; San Roberto Belarmino porque amaba a su prójimo, estaba dispuesto a corregir al hombre y ayudarlo.

La inmodestia permitida por Juan Pablo II también fue terriblemente escandalosa. “El mayor mal  … que hacemos a nuestro prójimo, y quizás el más difícil de reparar, es el que hacemos a las almas de nuestros hermanos por el escándalo. Nos olvidamos de corregir y reprender cuando deberíamos hacerlo; y causamos escándalo por nuestra conducta desordenada, por el mal consejo, el mal ejemplo, libros inapropiados, modas atrevidas, vestido inmodesto, habla licenciosa.” (97) Si Juan Pablo II era un santo, ¿por qué no hizo nada para impedirla? Para que nadie defienda el impudor de las mujeres mencionadas anteriormente, y argumente que no estaban vestidas sin modestia, reproducimos la enseñanza católica sobre la ropa : “el vestido inmodesto es una violación del sexto mandamiento. Cuando las jóvenes se visten impúdicamente son culpables de escándalo, porque causan la ruina de muchas almas. Tertuliano, al hablar de las mujeres que se visten impúdicamente, dice: tú estás en la puerta de la mansión del diablo; eres desertora de la grey de Cristo. Has arruinado a los que el diablo no se atrevió atacar;  has seducido al hombre, imagen de Dios. Tales son los efectos de tu atuendo de prostituta ». Los teólogos condenan, como culpables de pecados mortales, a las mujeres jóvenes que van con los pechos desnudos, y los escotes desnudos o cubiertos con tanta ligereza que sólo invitan a miradas audaces, y así la herida es más peligrosa. De esos vestidos ligeros San Jerónimo escribe, “que con ellos el cuerpo está más desnudo que vestido” (Ep. ad Laetam.). Y si esa es la costumbre de algún país, San Antonino dice de ello, “es tan vergonzoso e inmodesto, que no debe ser seguido. “98

Seguimos leyendo: “Todas las miradas indecentes están prohibidas por el sexto mandamiento. Los sentidos son las puertas del alma, y por eso los tenemos que mantener cuidadosamente cerrados contra de todo lo impuro. En especial, debemos tener guarda de  nuestros ojos, porque a través de los ojos  los objetos pecaminosos se introducen  en el alma; la vista es el más rápido de todos los sentidos por encima de todos las demás, produce la más repentina, profunda, y fuerte  impresión en el corazón. Innumerables almas han perecido por una sola mirada. ‘No mires  la doncella “, dice el sabio,” no sea que su belleza sea una piedra de tropiezo para ti.‘ (.. Ix Eclesiastés, 5) Y Cristo declara: “Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón ‘(. Matt, v, 28) Sobre lo cual San Crisóstomo , predicando sobre el pecado de asistir a espectáculos teatrales, habló así a su rebaño: “Pero tú dirás, ¿qué, si no miro con lujuria? ¿Y cómo podrás de convencerme de ello ? El que no se abstiene de una mirada, ¿cómo va a ser capaz de permanecer libres de una herida en el alma? ¿Es tu cuerpo de piedra? ¿Es de hierro?. Tu te pierdes con la carne; quiero decir, con carne humana, con la que se enciende la concupiscencia más fácilmente que  la paja arde con  la llama. ¿Eres  más virtuoso y fuerte que tantos grandes y fornidos hombres, que han perecido por una sola mirada de los ojos? ‘ Nunca se deben mirar las estatuas o imágenes indecentes, o al cualquier persona que vista indecorosamente; porque si lo haces, usted pronto surgirán malos pensamientos en tu mente. Siempre que los ojos tropiecen con estatuas o imágenes desnudas, aparta la vista de inmediato, y recurre a Dios con la oración, para que no entres  en tentación. “99

San Alfonso dice: “Cometen un pecado mortal de escándalo las mujeres que van con sus senos impúdicamente descubiertos, o muestran sus extremidades de forma incorrecta.”

El P. Georges Deshon escribió que “los vestidos escotados y los brazos desnudos dan un aire de vulgaridad a quienes los usan, y provocan  comentarios que enrojecerían de vergüenza la cara de la gente modesta. A veces provocan pecados mortales incluso más que una indecencia indisimulada, o que una grosería asquerosa “. 101

El P. Alban Butler relata la siguiente historia notable: “San Carlos Borromeo, en la visita de su Diócesis, al ver a una señora en una aldea vestida sin modestia, después de reprenderla severamente le dijo: ‘¡Oh mujer infeliz; piensa destacar por su vestido quien no  mañana no vivirá en este mundo ‘. A la mañana siguiente la encontraron muerta en su cama “102 La actitud católica hacia tal impudor se refleja también en las anécdotas y ejemplos que ilustran el Catecismo Católico:”. En la ventana de la tienda de un librero en cierto pueblo una imagen indecente estaba  expuesta para la venta. Después de que hubiera estado allí durante varios días, un señor que pasaba todos los días con sus hijos entró en la tienda y le preguntó cuál era el costo de imagen. El librero la sacó de la ventana, y se la dio al caballero, explayándose en sus méritos como obra de arte. Le dijo el precio, que le fue entregado al instante, por el comprador de la imagen, quien tomándola , la rompió en pedazos al momento, diciendo: “Ahora ya no tendré ocasión de sonrojarme de vergüenza cada vez que paso delante de  tu tienda con mis hijos ‘”. 103 ¿No vemos un claro contraste entre las acciones de los santos y de los buenos católicos con la de Juan Pablo II?

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Implicaciones de los escándalos públicos de Juan Pablo II

Todas las palabras y los hechos que hemos transmitido en este artículo en cuanto a Juan Pablo II son horribles escándalos. Una de las formas en que el escándalo puede ser comprometido es por los “superiores que dan mal ejemplo, o que no impiden el mal, ya que es su  deber  hacerlo.” 104 Los escándalos de Juan Pablo II afectaron a millones de personas en todo el mundo. El P. Francis Hunolt dice que “el que se  emplea en hacer la obra del diablo,  promociona los intereses de éste, y lleva a cabo sus planes, debe ser llamado  un hombre del diablo, su embajador y plenipotenciario, agente y servidor de el diablo. En realidad son ellos los que causan escándalos “. 105 Eso, mi querido lector, es la verdad  que debemos tener en cuenta sobre  Juan Pablo II. “Maldito sea el hombre”, dice San Juan Crisóstomo con justa ira: “Maldito sea el hombre que actúa como  agente del diablo!” 106 San Bernardo declara que “los que causan el escándalo son los mayores y más acerbos  perseguidores de Nuestro Señor que  derramó Su Preciosa Sangre desde lo alto del Calvario. “107 En efecto,” el que peca en secreto lesiona sólo su propia alma, dice san Cipriano, pero el que da escándalo, peca públicamente, causa la ruina  de muchos arrastrándolos al mismo mal que comete. “108 Santo Tomás de Villanueva dijo que ” prefería ser acusado ante Dios, en el último día, por el asesinato de un centenar de cuerpos, que por el asesinato espiritual y la condenación de una sola alma “. 109

Consideraciones finales

Dado que Nuestro Señor Jesucristo fundó la Iglesia Católica, muchos papas han sido canonizados como santos, siendo el más reciente el gran santo Papa San Pío X. Si se compara su vida con la de Juan Pablo II, la diferencia es obvia: el primero luchó por la Fe Católica, el otro la destruyó. Uno llevaba una vida de santidad y dio buen ejemplo; el otro se involucró  públicamente en muchos pecados graves y dio mal ejemplo. ¿Cuántas almas ahora están ardiendo en el infierno por toda la eternidad por culpa de Juan Pablo II? A veces se escucha que Juan Pablo II tenía una gran devoción a la Santísima Virgen. Una persona que realiza el trabajo de Satanás conduciendo  almas al infierno no puede tener verdadera devoción a la Madre de Dios.

Después de haber  examinado los canonizaciones en general, y el caso de Juan Pablo II en particular, tenemos que llegar al término. Reflexiónese por un momento, en la información que hemos presentado, y en el hombre que ha sido canonizado. Este es el hombre puesto como ejemplo de virtud heroica. Es el hombre al que rezan cientos de millones de personas. Es el hombre venerado en las iglesias de todo el mundo. Es la clase de hombre a quien se hace santo en la Iglesia del Vaticano II. Hay una clara opción a realizar: o Juan Pablo II es un santo, y la Iglesia del Vaticano II es la Iglesia Católica; o Juan Pablo II no es un santo, y  entonces la Iglesia del Vaticano II no es la Iglesia Católica. Ruegue pidiendo la gracia de abrazar la verdad, no importa lo difícil que puede ser.

 

1.  Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, p. 9.
2.  Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, pp 12-13.
3. Papa Benedicto XIV, citado en un Manual de Teología Mística: o, las gracias extraordinarias de la vida sobrenatural Explicación (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1903) p. 115.
4. El Nuevo Diccionario católica: una obra de referencia sobre todos los temas en la vida, creencia, tradición, ritos, Simbolismo, Devociones, Historia, Biografía, Leyes, diócesis, Misiones, Centros, Instituciones, Organizaciones, Estadística de la Iglesia y Su Parte en la Promoción de la Ciencia, Arte, Educación, Bienestar Social, la moral y la civilización. (Nueva York: Van Rees Press, 1929) p. 443.
5. Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, pp 47-48.
6.  A Púlpito Comentario sobre la Enseñanza Católica: una exposición completa de la doctrina católica, Disciplina y Culto de Original. Discursos por el púlpito predicadores de nuestros días, vol. IV: La Liturgia de la Iglesia. (Nueva York: Joseph F. Wagner, 1910) pp 381-383.
7 Altmeyer, sermones antes de Congregaciones Mixtas: Abrazar la apologética, la fe católica y de la moral cristiana, destinados a los infieles, los protestantes y los católicos (Huntington: Printing & Publishing Company Norma, 1911) p. 281.
8. Maestros Manual para el Catecismo: una explicación práctica de la doctrina católica para la escuela y el púlpito, con especial atención y llegar minuto para el Catequizar de Niños, vol. I. por el Rev. A. Urbano (Nueva York: Joseph F. Wagner, 1901) p.78.
9. Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, pp 31-32.
10 Maestros Manual para el Catecismo: una explicación práctica de la doctrina católica para la escuela y el púlpito, con especial atención y llegar minuto para el Catequizar de Niños, vol. I. por el Rev. A. Urbano (Nueva York: Joseph F. Wagner, 1901), pp 79-80.
11 Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, p. 78.
12 Diccionario Católico Compilado por Charles Henry Bowden, revisado por un Padre Paulista (Nueva York: La Prensa Paulista) p. 9.
13Teología Moral: Un Curso Completo Basado en Santo Tomás de Aquino y las Autoridades Mejores modernos por los Padres Juan A. McHugh y Charles J. Callan (Nueva York: Joseph F. Wagner, 1958) p. 574
14. http://www.novusordowatch.org/wire/john-paul-canonization.htm
15.  Coppens, un estudio sistemático de la 19 ª Religión Católica, 20a y 21a Editions (St. Louis: B. Herder Book Company, 1917) p. . 92
16.  Sullivan, Los fundamentos de la fe católica (Nueva York: PJ Kenedy & Sons, 1925) p. 124.
17. Biblioteca de San Francisco de Sales. Las obras de este Doctor de la Iglesia traducido al Inglés. Por el Muy Rev. HB Canon Mackey, OSB, bajo la dirección del Reverendo John Cuthbert Hedley, OSB, Obispo de Newport. III. La Controversia Católica. Editado desde el autógrafo MSS. en Roma y Annecy. 3 ª ed., Revisada y aumentada. (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1909) p. 70. 
18.Attwater, El Diccionario Enciclopédico Católica (New York: The Macmillan Company, 1931) p. 78.
19. Hunter, Elementos de Teología Dogmática, vol. I., 2 ª ed. (Nueva York, Londres, Bombay: Longmans Green & Co., 1898), pp 310-311.
20.  Connell, dogmática y la Fundación bíblica para Catequistas: Notas sobre el Catecismo de Baltimore N º 3 (Nueva Jersey: Cofradía de Publicaciones, 1955) p. 29.
21.  Morrow, Mi Fe Católica, 3 ª ed. (Kenosha: My Mission House, 1954), páginas 136-137.
22. Hughes, Essentials y No Esenciales de la religión católica (Notre Dame: El Ave Maria Press, 1906), páginas 25-26.
23.  Kinkhead, una explicación de los Baltimore Catecismo de la Doctrina Cristiana. Para el uso de los maestros de escuela dominical y clases avanzadas. (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1891) p. 24.
24. Kinkhead, una explicación de los Baltimore Catecismo de la Doctrina Cristiana. Para el uso de los maestros de escuela dominical y clases avanzadas. (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1891), pp 24-25.
25 Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, p. 73.
26. Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, p. 73.
27. Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, pp 72-73.
28 Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, pp 118-124.
29 Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, pp 124-126.
30. Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, pp. 109-110, 126-131
31 Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, pp 131-134
32 Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, p. 72.
33.Faber, Ensayo sobre la beatificación, canonización y los Procesos de la Congregación de Ritos, p. 78.
34. The Complete Works ascéticas de San Alfonso de Ligorio: La ascética Works, vol. III. Los poderosos medios de salvación y de la perfección. Traducido del italiano. Editado por Eugene Grimm, Sacerdote de la Congregación del Santo Redentor mayoría (Nueva York, Cincinnati, St. Louis: Benziger Brothers,1886), pp 41-42
35. Devine, El Credo explicado; o, una exposición de la doctrina católica Según los credos de la fe y de las Constituciones y de las definiciones de la Iglesia. (London: R. Washbourne, 1897) pp 300-302 [negrita añadida)
36. http://www.vatican.va/archive/ccc_css/archive/catechism/p123a9p3.htm [la cursiva es nuestra].
37. La Nueva Enciclopedia Católica, Volumen II, 2 ª edición. (Detroit, San Diego, Chicago, etc: Gale, 2002) p. 177.
38. http://www.ewtn.com/library/curia/cdfadtu.htm
39. http://www.cmri.org/001-looming-canonization-john-paul-ii.shtml
40. http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_04031979_redemptor-hominis_en.html
41. http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus_en.html
42. Divina Gracia: una serie de instrucciones dispuestas según el Catecismo de Baltimore: una ayuda para maestros y predicadores. Editado por el Rev. Edmund J. Wirth, Ph.D., DD (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1903) p. 210.
43 El Catecismo Explicado: Una exhaustiva exposición de la religión cristiana, con especial referencia al estado actual de la sociedad y el espíritu de la época. Manual práctico para el uso del predicador, catequista, como maestro y la Familia. Octavo Ed. Desde el original de la Rev. Francis Spirago, Profesor de Teología. Editado por el Rev. Richard F. Clarke, SJ (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1899) p. 216.
44. Las Meditaciones de San Ignacio; O el “Ejercicios Espirituales” expuso, por el padre Liborio Siniscalchi, traducido del italiano y revisada por un clérigo católico (Philadelphia: Peter Cunningham & Son, 1862) p. 101.
45 Las Meditaciones de San Ignacio; O el “Ejercicios Espirituales” expuso, por el padre Liborio Siniscalchi, traducido del italiano y revisada por un clérigo católico (Philadelphia: Peter Cunningham & Son, 1862) p. 108.
46 El Catecismo de las provincias eclesiásticas de Quebec, Montreal, Ottawa (Quebec: Imprenta Establecimiento de A. Cote & Co., 1888) p. 34.
47 Müller, Dios el Maestro de la Humanidad: un llano, amplia explicación de la doctrina cristiana. La Iglesia y sus enemigos
(Nueva York, Cincinnati, St. Louis: Benziger Brothers, 1880) p. 264.
48 La enseñanza de la Iglesia Católica: un resumen de la doctrina católica, vol. II. Dispuestos y editado por Canon George D. Smith, DD, Ph.D. (Nueva York: Macmillan Company, 1956) p. 968.
49 Müller, Dios el Maestro de la Humanidad, vol. VI: Popular Teología Católica, apologético, dogmática, moral, litúrgica, pastoral y ascética. Sacramentales, Oración, Vicios y Virtudes, la perfección cristiana, Etc. (Nueva York, Cincinnati, St. Louis: Benziger Brothers, 1883) p. 428.
50 http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/chrstuni/documents/rc_pc_chrstuni_doc_25031993_principles-and-norms-on- ecumenism_en.html
51 http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/chrstuni/documents/rc_pc_chrstuni_doc_25031993_principles-and-norms-on- ecumenism_en.html
52 http://archives.umc.org/interior.asp?mid=1732
53 Gobinet, la instrucción de la juventud en la piedad cristiana: sacada de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres, 8 ª edición. (Dublin: Richard Coyne, 1824) p. 260.
54. American Ecclesiastical Review: Una publicación mensual para el Clero. Vol.. XIV. (Philadelphia: American Ecclesiastical Review Co., 1896) p. 182.
55. http://www.novusordowatch.org/wire/rome-communion-protestants.htm
56. http://www.vatican.va/archive/ccc_css/archive/catechism/p2s2c1a3.htm
57. http://sspx.org/en/new-catechism-catholic
58. http://www.vatican.va/archive/ccc_css/archive/catechism/aposcons.htm
59. http://sspx.org/en/new-catechism-catholic
60. http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_constitutions/documents/hf_jp-ii_apc_19921011_fidei-depositum_en.html
61. http://www.novusordowatch.org/wire/rome-communion-protestants.htm
62. Nuevo Comentario sobre el Código de Derecho Canónico: Un Comentario totalmente nueva y completa por canonistas de América del Norte y Europa, con una traducción Inglés revisada del Código encargo de la Sociedad de Derecho Canónico de América. Editado por John P. Beal, James A. Coriden y Thomas J. Green (New Jersey: Prensa Paulista, 2000) pp 243-244.
63. http://www.novusordowatch.org/wire/rome-communion-protestants.htm
64. Illustrated Explicación de los Santos Sacramentos: una exposición completa de los Sacramentos y de los Sacramentales de la Iglesia. Adaptado del original de la Rev. H. Rolfus, DD, con una reflexión y práctica en cada sacramento por el Rev. Muy Ferreol Girardey, C.SS.R (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1898) p. 32.
65.  Preuss, A Handbook Of Moral Theology, Vol. II: Sin and the Means of Grace. 3rd, revised Ed. (St Louis: B. Herder Book Co., 1928) p. 123. 66 Cox, Daily Reflections for Christians, Vol. I. (London: R. & T. Washbourne, LTD., 1914) p. 512.
67 http://www.papalencyclicals.net/Greg16/g16commi.htm
68 http://www.papalencyclicals.net/Pius09/p9amant2.htm
69 http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint_en.html
70 http://www.novusordowatch.org/iamvosomnes.htm

 

 71. La fe de los católicos  confirmada por la Escritura y atestiguada por los Padres de los primeros cinco siglos de la Iglesia, Vol. I. Compilado por Revds. J. Berington y J. Kirk. Revisada y refundida por el Rvdo. J. Waterworth. Con prefacio, Correcciones y Adiciones por RT. Reverendo Mons. Capel, DD, Prelado Doméstico de Su Santidad León XIII, miembro de la Congregación de la Signatura. (Roma, Nueva York, Cincinnati, Ratisbona:. P. Pustet and Co., 1909) p. 220.
72 La fe de los católicos Confirmado por la Escritura y atestiguada por los Padres de los primeros cinco siglos de la Iglesia, Vol. I. Compilado por Revds. J. Berington y J. Kirk. Revisado y refundido por el Rvdo. J. Waterworth. Con prefacio, Correcciones y Adiciones por RT. Reverendo
Monseñor Capel, DD, Prelado Doméstico de Su Santidad León XIII, miembro de la Congregación de la Signatura. (Roma, Nueva York, Cincinnati, Ratisbona:. P. Pustet and Co., 1909), pp 167-168.
73. La Iglesia Inmutable: sus héroes, sus mártires, sus pruebas y sus triunfos, Vol. II. Con Introducción por el Rev. Mons. Muy. Edward
J. McGolrick (Nueva York: John Duffy, 1910) p. 635.
74 Obras del Reverendo Obispo heno de Edimburgo: El cristiano sincero, vol. I. Una nueva edición editada bajo la supervisión de la cepa Reverendo Obispo (Edinburgh: William Blackwood and Sons, 1871) p. 195.
75 http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint_en.html
76 Las glorias de la Iglesia Católica: el cristiano católico instruido en Defensa de Su Fe, vol. I. (Nueva York: John Duffy, 1895) p. 145.
77 Mannock, Catecismo del hombre pobre; o, la Doctrina Cristiana Explicado con breves admoniciones (Dublin: Richard Coyne, 1825) p. 67.
78 http://www.vatican.va/archive/ccc_css/archive/catechism/p123a9p3.htm
79 Wilmers, Manual de la religión cristiana para el uso de estudiantes avanzados y los Laicos Educado, 3 ª ed. Editado por James Conway, SJ (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1892) p. 379.
80 Schouppe, un curso de instrucción religiosa: Apologética, Dogmática y Moral para el Uso de Colegios y Escuelas (London: Burns & Oates, 1880) p. 55.
81 Illustrated Explicación de los Santos Sacramentos: una exposición completa de los Sacramentos y de los Sacramentales de la Iglesia. Adaptado del original de la Rev. H. Rolfus, DD, con una reflexión y práctica en cada sacramento por el Rev. Muy Ferreol Girardey, C.SS.R (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1898) p. 241.
82 http://www.vatican.va/holy_father/leo_xiii/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_29061896_satis-cognitum_en.html
83 Müller, Dios el Maestro de la Humanidad: un llano, amplia explicación de la doctrina cristiana. La Iglesia y sus enemigos (Nueva York, Cincinnati, St. Louis: Benziger Brothers, 1880) p. 291.
84 Weninger, un manual de la Religión Católica para Catequistas, Profesores y Auto instrucción, 6 ª ed. (Cincinnati: John P. Walsh, 1867) p. 123.
85 http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/encyclicals/documents/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint_en.html
86 The Legacy of John Paul II Edited by Michael A. Hayes and Gerald O’Collins, S.J. (New York: Burns & Oates, 2009) pp. 114-115. 87 Hornihold, The Real Principles of Catholics; Or, a Catechism by Way of General Instruction Explaining the Principle Points of the Doctrine & Ceremonies of the Catholic Church, 4th Ed. (Dublin: Richard Coyne, 1821) p. 122.
87 Hornihold, The Real Principles of Catholics; Or, a Catechism by Way of General Instruction Explaining the Principle Points of the Doctrine & Ceremonies of the Catholic Church, 4th Ed. (Dublin: Richard Coyne, 1821) p. 122.
88 Müller, Dios el Maestro de la Humanidad: un llano, amplia explicación de la doctrina cristiana. El Credo de los Apóstoles (Nueva York, Cincinnati, St. Louis: Benziger Brothers, 1883) p. 447.
89 nuevos y viejos sermones: un repertorio mensual de católicos Púlpito Elocuencia Abrazar Dos Sermones dominicales y de Santo-día de precepto del Año Eclesiástico, Vol. VII, 2 ª ed.. Editado por el Rev. Augustine Wirth, OSB, junto con muchos otros clérigos (Nueva York: H. Bartsch, 1885) p. 286.
90 Müller, Dios el Maestro de la Humanidad; O, Popular Teología Católica, apologético, dogmática, moral, litúrgica, pastoral y
ascética, vol. III: la primera y más grande mandamiento (Nueva York, Cincinnati, St. Louis: Benziger Brothers, 1881) p. 328.
91 http://www.vatican.va/holy_father/pius_xi/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_19280106_mortalium-animos_en.html
El legado de Juan Pablo II Editado por Michael A. Hayes y Gerald O’Collins, SJ (Nueva York: Burns & Oates, 2009) pp 114-115. 87 Hornihold, Los Principios reales de los católicos; O bien, un catecismo por Camino de Ordenación General Explicar los principales puntos de la doctrina y Ceremonias de la Iglesia Católica, 4 ª ed. (Dublin: Richard Coyne, 1821) p.
122.
95. Donovan, Tratado de la Vida Espiritual, hombre principal por una fácil y clara Método Del Comienzo de conversión a la misma cima de la santidad (Missouri: publicado por el autor, 1893) p. 187.
96The Complete Works ascéticas de San Alfonso de Ligorio: La ascética Works, vol. XV. Traducido del italiano. Editado por Eugene Grimm, Sacerdote de la Congregación del Santo Redentor mayoría (Nueva York, Cincinnati, St. Louis: Benziger Brothers, 1890) p. 452.
97 Meditaciones sobre los Evangelios para cada día del año. Traducido del francés de Père Médaille, SJ, Editado por el Rev. William H. Eyre, SJ (St. Loius: B. Herder, 1909) p. 422.
98- Poder, Catecismo: doctrinal, moral, histórico y litúrgico con respuestas a las objeciones sacadas de la Ciencias Contra Religión, Vol. II., 8 ª edición. (London: Burns y Oates, 1905) p. 474.
99. Müller, Dios el Maestro de la Humanidad; O, Popular Teología Católica, apologético, dogmática, moral, litúrgica, pastoral y ascética, vol. IV: Explicación de Mandamientos continuos (St. Louis: B. Herder, 1889) pp 243-244.
100. The Complete Works ascéticas de San Alfonso de Ligorio: La ascética Works, vol. XV. Traducido del italiano. Editado por Eugene Grimm, Sacerdote de la Congregación del Santo Redentor mayoría (Nueva York, Cincinnati, St. Louis: Benziger Brothers, 1890) p. 399.
101 Deshon, Guide for Catholic Young Women, Especially for Those Who Earn Their Own Living (New York: Columbus Press, 1910) p.
253.
102 Meditations and Discourses on the Sublime Truths and Important Duties of Christianity: Being a Posthumous Work of the Rev. Alban
Butler (Dublin: James Duffy, 1840) p. 441.
103 Anecdotes and Examples Illustrating the Catholic Catechism. Selected and Arranged by Rev. Francis Spirago, Professor of Theology.
Supplemented, adapted to the Baltimore Catechism, and Edited by Rev. James J. Baxter, D.D. (New York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1904) p. 492.

 

104.  Catecismo completo de la Religión Católica. Traducido del alemán del Rev. Joseph Deharbe, SJ, por el Rev. John Fander. Precedido de una breve historia de la religión revelada, desde la Creación hasta el tiempo presente. Sexto estadounidense Ed. Editado por el Rev. James J. Fox, DD y el Rev. Thomas McMillan, CSP (Nueva York: Schwartz, Kirwin y Fauss, 1912) p. 199.
105. HUNOLT, Sermones sobre los siete pecados capitales, y los diferentes pecados contra Dios y nuestro prójimo. Adaptado a todos los domingos y días festivos del año, Vol. II. (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1897), pp 280-281.
106.  HUNOLT, Sermones sobre los siete pecados capitales, y los diferentes pecados contra Dios y nuestro prójimo Adaptado a todos los domingos y días festivos del año, Vol. II. (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benziger Brothers, 1897) p. 283.
107.  Sermones para todos los domingos del año, vol. I. (Dublin: James Duffy and Son, 1900) p. 87.
108 Sermones  para todos los domingos del año, vol. III. (Dublin: James Duffy and Son, 1900) p. 385.
109 Gahan, Sermones y discursos morales para todos los domingos y fiestas principales del año, sobre las verdades más importantes y máximas del Evangelio, 5ta ed. (Dublin: Richard Gracia and Sons, 1846) p. 13.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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