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LA COMUNIÓN “UNA CUM” (1)


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COMUNIÓN UNA CUM”: ABISMO DE MAL

por Patricio Shaw edición

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PREÁMBULO

“Padre… santifícalos en la verdad”.1

La terrible desaparición de la verdadera misa católica de la virtual totalidad de los templos históricamente católicos estremece con razón a los auténticos fieles en cuanto se ven privados del máximo bien, auxilio y tesoro de su religión. Pero esa privación no se repara con el autoengaño y la temeridad. Puede compensarse con oraciones y sacrificios, actos de contrición y de comunión espiritual.

Nada puede justificar asistir a ningunas misas dichas sacrílegamente en reconocimiento expreso y determinante de un líder anticatólico fundamental, notorio y vinculante que es también fuente y pa- trón de anticatolicismo, ni tampoco nada puede justificar recibir hostias consagradas sacrílegamente en tales misas.

Importa el lugar donde está la Santa Iglesia Católica con su inseparable verdad divina salvífica y con su abismo de gracias necesarias para todo hombre. ¿Está con Bergoglio la Iglesia Católica? Res- pondiendo “sí”, un sedevacantista renuncia a su convicción sobre la actual configuración de la Igle- sia. Respondiendo “no”, un sedevacantista tiene una buena razón para nunca elegir asistir a una misa expresamente unida a Bergoglio en una parte crucial y determinantísima, ni recibir una hostia consa- grada por modo profanador y despojador en una tal misa.

El meollo del asunto es cómo está reglada una misa o comunión a una con Bergoglio. Una tal misa o comunión, ¿está reglada católicamente? En caso afirmativo, ¿cómo y a partir de dónde?

Primero demostraremos que las misas una cum son cismáticas y sacrílegas y que el católico no debe asistir a ellas por ningún motivo. Segundo, demostraremos que las mismas hostias oriundas de misas una cum están marcadas por el cisma y sacrilegio de la misa en que fueron confeccionadas. Tercero, precisaremos lo dicho con nociones de teología moral y derecho canónico. Cuarto y último, responderemos a numerosas objeciones. Al final estará insertado un índice de materias.

1 Jn 17, 17. Todas nuestras citas bíblicas están tomadas de la versión de Torres Amat.

LAS MISAS UNA CUM SON CISMÁTICAS Y SACRÍLEGAS

Mencionar o afirmar Lógica de la predicación

Un canon núcleo y regla divina intocable de la misa— dicho y hecho a una con un padre y fundamento de anticatolicismo no sólo inserta el concepto malsonante del “papado anticatólico”. Además impone un juicio.

Muchos defienden las misas dichas a una con un pseudopapa reduciendo su abismal gravedad a una superficial mera acción de “mencionar a un hereje en misa”. Olvidan o silencian el pequeño de- talle de que también es una acción de afirmarlo ser siervo de Dios y papa de los fieles… Son misas unidas en su centro al anticatolicismo personificado.

La lógica aristotélico-tomista de la predicación es parte de la philosophia perennis, se basa en los primeros principios del pensamiento, y es válida para toda enunciación. Las de la Misa no son una excepción a ello.

Santo Tomás de Aquino explica en su obra maestra:

el entendimiento puede conocer la adecuación existente entre él y lo conocido; pero no la aprehende por conocer de algo aquello que es, sino cuando juzga que hay adecuación entre la realidad y la forma que de tal realidad aprehende. Entonces, en primer lugar conoce y dice lo verdadero. Y esto lo hace componiendo y dividiendo; pues en toda pro- posición, la forma indicada por el predicado o la aplica a alguna cosa concretada en el sujeto, o la separa de ella. Así, parece bien que sea verdadero el sentido al sentir algo, o que lo sea el entendimiento conociendo de algo lo que es; pero no porque conozca o diga lo verdadero.2

A continuación insertamos el Te igitur” en traducción castellana:

Te pedimos, pues, y humildemente te rogamos, oh Padre clementísimo, por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que recibas y bendigas estos dones, estas ofrendas y estos santos y puros sacrificios; que te ofrecemos, en primer lugar, por tu Santa Iglesia católica, para que te dignes darle la paz, guardarla, unificarla, y gobernarla en toda la redondez de la tierra, juntamente con tu siervo el Papa N., nuestro Prelado N., y todos los que profesan la verdadera fe católica y apostólica.

Las palabras papa nostro Francisco pertenecen a un extenso predicado adjunto al sujeto tácito “nosotros” del cual se afirma que existe y es así, y esto en la oblación del (inminente) Sacrificio de Dios Hijo, supuestamente dirigido por el sacerdote en la persona de la Iglesia para que Dios Padre lo acepte. Y de todo papa se supone que sea fundamentalmente normativo de la Fe y absolutamente gobernativo de la Iglesia Militante.

El fin, o razón de ser, de la súplica Te igitur” rezada “una cum papa nostro Franciscoy dirigida a Dios Padre es la aceptación de sacrificios inmaculados ofrecidos a una con Francisco, llamado ante Dios Padre “siervo suyo” y “papa” de los oferentes.

El complemento circunstancial de modo una cum es parte de la proposición subordinada In primis”, dentro de la súplica “Te igitur”, que abre el Canon de la Misa. Los elementos esenciales de esa proposición subordinada estarían contenidos en esta abreviada: “que te ofrecemos por tu Santa Igle- sia católica juntamente con tu siervo nuestro Papa N.”

Como todos los verbos personales pueden convertirse en el verbo “ser” y un participio activo, obtenemos esto:

Sujeto (para tomarse materialmente): El sacerdote y los fieles próximos y remotos de la Iglesia

Cópula: somos

2 Summa th., I, 16, 2 co.

Predicado (para tomarse formalmente): oferentes de sacrificios a Ti, Dios, por tu Santa Igle- sia Católica, juntamente con tu siervo N., nuestro papa.

Lo siguiente es afirmado en esa proposición dirigida a Dios Padre:

La identidad material de las cosas representadas por el sujeto (nosotros, es decir, yo, sacerdote, y los fieles próximos y remotos), y por el monstruoso predicado. Sacerdote + (supuesta) Iglesia

= sujetos de la afirmación “Capitalidad de la Anti-iglesia = Capitalidad de la Iglesia”.

La relación forma-a-materia portada por la ratio compleja pero monstruosa del predicado hacia el sujeto, ante todo en cuanto indicado por su propia ratio. Esa forma, que determina al infeliz sacerdote y a los asistentes libres de la Misa, así como a su oblación en la persona de la Iglesia y siguiente consagración en la persona de Cristo, incluye las pretensiones jerárquicas de un princi- pio personalizado de religión y comunidad anticatólicas.

La existencia de una tal relación, esto es, la afirmación “es así”. Dado que no es para nada así, y dado, también, que afirmarlo niega y ofende la estructura y la conducción de la Iglesia e implica algunas blasfemias, esa afirmación es una acción pésima.

La forma compleja: todo el predicado, inclusive “nuestro papa Francisco”.

El sujeto al cual el predicado determina.

Si alguien dice: “El siervo de Dios, el papa Francisco”, el significado se conoce exactamente; pero nada se afirma acerca de la existencia real de una tal persona. Pero si alguien dice: “Esta oblación es hecha por/con el siervo de Dios, el papa Francisco”, la afirmación de que la oblación existe y es una ofrenda, necesariamente implica la afirmación de que el siervo de Dios, el papa Francisco, existe y es un papa.

En otras palabras, con la identidad del sujeto y predicado que afirman “nosotros ofrecemos” (= “nosotros somos quienes ofrecen”), queda asimismo afirmado todo el sujeto y todo el predicado. Queda afirmada la papalidad de Bergoglio. Ni la estructura del Te igitur ni el importe del papado dejan lugar alguno para que “la papalidad de Francisco” esté insertada inofensivamente como una adjunción lateral.

Agravantes de la afirmación una cum

Así explica el Doctor Angélico un esclarecedor pasaje de la Metafísica de Aristóteles:

lo verdadero y lo falso consisten en la composición y división en las cosas. De hecho, es necesario que la verdad y falsedad que hay en el habla u opinión, se reduzcan a la disposición de la cosa como a su causa. Pero cuando el intelecto forma una composición, recibe dos cosas, una de las cuales se comporta como lo formal respecto de la otra; por eso lo recibe como existente en otra cosa, y por eso los predicados se toman formalmente. Y es por eso que, si una tal operación del intelecto debiera reducirse a la cosa como a su causa, sería necesario que en las sustancias compuestas la misma composición de forma y materia, o de lo que se comporta a modo de forma y materia, o también la composición de los accidentes con el sujeto, responda como fundamento y causa de la verdad a la composición que el intelecto forma interiormente y expresa por la voz.3

Si la “N.” que se refiere al papa reinante en “el siervo de Dios nuestro papa N.” se define como “Francisco” (Jorge Bergoglio), queda afirmada una disposición de cosas (dispositio rei) que necesariamente comprende dos monstruosidades:

  1. Francisco como papa.
  2. Peor, el sacerdote y la Iglesia como sujetos determinados por su ofrecimiento de un sacrificio supuesta y obligatoriamente inmaculado a Dios Padre bajo un pseudopapa y destructor de la Fe a quien se atribuye unidad de gobierno y doctrina con Dios Hijo.
3 Sententia Metaphysicae, lib. 9 l. 11 n. 4.

Pero eso no es todo. Hay más factores agravantes:

Las palabras están dirigidas a Dios Padre en la persona de la Iglesia y en el nombre de su propio Hijo “por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo” y durante un beso al altar supuestamente católico.

Esto es hecho en una parte esencial e inmutable de la Misa, que corresponde a una acción sacratísima hecha por Cristo mismo en la Última Cena.

Esto es hecho en el Canon, que es la misma regla y contiene el corazón de la Misa.

Esto es hecho en la oblación dentro del canon, donde la Iglesia no sólo contempla la oblación del pan y vino que están a punto de convertirse en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, sino también la oblación de misma, con el sacerdote y los fieles que se unen a la oblación de los santos del cielo y la tierra.

Y hay más y peores cosas que constatar y decir. Hasta ahora sólo se ha analizado lo que elTe igitur es —en otras palabras, su causa formal: un ofrecimiento determinado. Su causa eficiente principal es la Iglesia misma. Queda por analizar lo que él suplica y busca —en otras palabras, su causa final. Eso es en mismo otro acto, a saber, el acto de que Dios Padre acepte y bendiga dones, ofrendas y sacrificios. Estos son el quid o causa material, del acto divino. Ahora bien, este quid mismo queda consecuentemente especificado en la oración misma: Como santo e inmaculado.

Como la causa material de un simultáneo acto de ofrecer de parte del sacerdote y de aquellos en cuyo nombre y por cuyo pedido él reza, acto que está especificado por el fin de que Dios se digne dar a la Iglesia Católica la paz, guardarla, unificarla, y gobernarla en toda la tierra.

Como ofrecida bajo el “papa” y el obispo local identificados en personas concretas nombradas, y “en comunión” con todos los creyentes católicos.

Así, pues, “nuestro papa Francisco” se relaciona a toda la oración como la fundación terrena autoritativa de un ofrecimiento que pretende, o vanamente intenta, ser la materia de un acto de divina bendición y aceptación, acto que es él mismo el fin del acto de petición de toda la oración.

Qué ocurre necesariamente en el Te igitur” rezado a una con Bergoglio

La oblación de la misa es una afirmación, aunque compleja y expandida. Allí, el verbo suplicamos”, que contiene la cópula “somos” (suplicantes) afirma todo esto.

El Te igitur no es un compuesto de menciones desconectadas y atómicas de conceptos, es decir, resultados de primeras operaciones del intelecto (simples aprehensiones). El Te igitur es un verdadero enunciado unificado, es decir la expresión de una segunda operación del intelecto (juicio). En ella hay verdad u error, y hay compromiso moral de los enunciantes por medio del verbo que significa una afirmación en modo indicativo. Esto da toda una nueva dimensión a las palabras.

El Te igitur es una verdadera enunciación resultada de un juicio: “Nosotros suplicamos esto, y esto que nosotros suplicamos es suplicado en la presuposición y afirmación categórica de que Francisco es nuestro papa”. El verbo “suplicamos” carga la afirmación de toda la disposición de cosas que el infeliz sujeto y el monstruoso predicado representan. El mismo acto de la misa que presenta a Dios Padre el sacrificio de Dios, es usado como instrumento para homenajear a Francisco en su misma pretensión papal que es a su vez el instrumento de la creación de una religión y comunidad satánicamente inspiradas y condicionadas. ¡Una misa, el sacrificio de una persona divina, doblegado a los intereses de Satanás!

Una enunciación no es una combinación primitiva aleatoria de conceptos resultados de aprehensiones almacenadas en la mente, sino un acto categórico de decir cómo las cosas están dispuestas, asociando o disociando el predicado del sujeto mediante la afirmación o la negación. En un Te igitur torcido de un sacerdote puesto en comunión con Bergoglio, la afirmación categórica incluye la de la capitalidad eclesial visible y administrativa dada por Dios al mundo de un ser humano que encabeza la peor revolución anticatólica que haya habido jamás. Esto implica la blasfemia de que Dios habría traicionado al hombre y se habría traicionado a mismo y a su propio sacrificio en la Cruz. Esta afirmación también implica el libre albedrío y la responsabilidad moral del que la hace o la convalida. Porque la disposición de cosas afirmada es blasfema y apóstata, el “sí” otorgado a la misma también es blasfemo y apóstata al menos objetivamente, y pasa a ser, al menos objetivamente, una viviente mala acción verbal, mental y moral. La acción que debería ser la más santa en la tierra queda identificada con una monstruosa acción anticatólica. Ocurre un horrible sacrilegio: se blasfema oficiando Misa y se oficia Misa blasfemando. Peor, se blasfema por medio de la Misa y se oficia Misa por medio de la blasfemia.

Las palabras Te igitur…una cum papa nostro Francisco adjuntan papalidad a Bergoglio con la misma fuerza que si se dijera “Francisco es el papa”. Es peor que decir “¡Gloria al gran Francisco!” Si hay una manera fuerte de decir que Bergoglio es papa, es decirlo en misa y hacer que la misma misa lo diga.

San Juan Fisher decía: “Quien intenta quitar el Santo Sacrificio de la Misa de la Iglesia planea una calamidad no menor que si tratara de arrancar el sol del universo.” La corrupción, torsión y frustración del Santo Sacrificio de la misa por la sumisión a la Capitalidad Antieclesial Anticatólica y la localización en ella, equivale a la eliminación de ese sol divino del universo católico.

Qué no ocurre en la Quam oblationem rezada a una con Bergoglio

Esta es la oración Quam oblationem” en traducción castellana:

La cual ofrenda, suplicámoste, oh Dios, te dignes ordenar sea bendita, adscrita, ratificada, racional y agradable: de suerte que se convierta, para nuestro provecho, en el Cuerpo y Sangre de tu muy amado Hijo Jesucristo, Nuestro Señor.

La concesión por parte de Dios Padre del pedido dirigido a él en el Quam oblationem es necesaria para que la Misa sea fructuosa, como explica San Alfonso citando a Santo Tomás:

Quam oblationem tu Deus in omnibus quæsumus benedictam +, adscriptam +, ratam +, rationabilem, acceptabilemque facere digneris; ut nobis corpus +, et sanguis + fiat dilectissimi filii tui Domini nostri Iesu Christi. Se dice, facere digneris benedictam, y por tal bendición sea cambiada aquella oblación del pan y vino en cuerpo y sangre de Jesucristo. Adscriptam, esto es una víctima separada de todo uso profano y toda consagrada a la divina Majestad. Ratam, esto es ratificada como un perfecto sacrificio. Rationabilem, lo que alude a lo que escribe San Pablo: Ut exhibeatis corpora vestra hostiam viventem, sanctam, Deo placentem, rationabile obsequium vestrum (Rom. XII, 1). Acceptabilem, esto es toda digna de ser aceptada y aprobada, a diferencia de las víctimas y oblaciones antiguas de los judíos, que no bastaban para aplacar la indignación divina contra los pecadores. Sobre las palabras, ut nobis corpus et sanguis fiat etc. explica Santo Tomás que eso no se entiende ut consecratio impleatur, sed ut nobis fiat fructuosa.

Benedicto XIV comenta así las últimas palabras de la cita recién referida:

Este sentido parece confirmarse por aquello que leemos en el Evangelio que el ángel dijo a los pastores cuando hubo nacido Cristo el Señor: Os ha nacido un salvador”, esto es, en beneficio y utilidad vuestra, como bien prosigue Suárez en par. tom. 3. q. 83. art. 4. disp. 83. sect. 2.4

Esta oración finaliza la Oblación que había comenzado con el “Te igitur”. Si la oblación fue hecha una cum antichristo pseudopapali, y por ende fuera de la Iglesia, y levantando el altar bergogliano contra el católico sedevacantista, es intrínsecamente cismática y sacrílega, y Dios Padre no la separa del uso profano, no la consagra para nada a la divina Majestad, no la ratifica como un perfecto sacri- ficio, no la hace razonable, no la hace para nada digna de ser aceptada y aprobada. Y además, la obla- ción, aunque absolutamente hablando se convierte en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no se convierte en el mismo para el comulgante: no se le da.

4 Benedicti XIV. Pont. Opt. Max. olim Prosperi Card. de Lambertinis De sacrosancto Missæ Sacrificio libri tres. Patavii, 1764. Lib. II. Cap. XIV.

Así, de la aceptación del Sacrificio por parte de la primera persona divina depende que el mismo sea fructuoso … ¡y, tautológicamente, que sea aceptable!

Explica el inmortal maestro de liturgia Lebrun:

Cuando Jesucristo bendijo el pan instituyendo la Eucaristía, lo cambió en su cuerpo; nosotros pedimos que Dios por su omnipotencia “extienda su bendición” sobre el pan y vino para cambiarlos en el cuerpo y sangre de Jesucristo, y que así la ofrenda que está en el altar se convierta en la divina víctima colmada de todas las bendiciones celestiales, y nos las comunique para que la ofrenda de nosotros mismos también sea bendecida por la bondad infinita de Dios. La Iglesia incluye de modo universal todo lo que puede desear respecto del ofrecimiento del altar pidiendo que sea bendecida en todas las cosas —in omnibus benedictam—; pero para precisar esta gran gracia, detalla en las cuatro palabras siguientes todo cuanto ella espera de Dios.

 

¡Esta bendición divina no es adjuntada por Dios Padre a una Hostia ofrecida en comunión con un anticristo pseudopapal fuera de la Iglesia!

El sacerdote pide a Dios Padre que a la oblación una bendición que la haga perfecta en todo punto (“oblationem in omnibus benedictam”). Para que así sea, la ofrenda deben llevar un certificado (“adscriptam”); la bendición pedida debe darlo. El ratam significa que ella debe tener todas las cuali- dades requeridas por la ley, para que éste sea estrictísima, precisísima y plenísimamente obedecida. En esta palabra resuena el Consummatum est de la Crucifixión. El rationabilem significa que debe ser una ofrenda viva, animada, vibrante y hasta consintiente, una víctima “lista”:

porque es de suyo imposible que con sangre de toros y de machos cabríos se quiten los pecados. Por eso el Hijo de Dios al entrar en el mundo dice a su eterno Padre: no has querido sacrificio, ni ofrenda; mas a mí me has apro- piado un cuerpo mortal; holocaustos por el pecado no te han agradado. Entonces dije: Heme aquí que vengo, según está escrito de al principio del libro, o Escritura sagrada, para cumplir, ¡oh Dios!, tu voluntad.5

Por rationabilis el cardenal Bona entiende que la oblación debe ser congruente con razones divinas6.

¡Ciertamente no lo es una oblación que es explícitamente congruente con una Mente explícitamente Apóstata por sumisión disciplinaria!

Por fin, la oblación debe ser acceptabilis a Dios Padre y por ende al mismo Dios Hijo y al Espíritu Santo. El Hijo de Dios no dice al Padre que llega para cumplir su voluntad, sino que es arrastrado a un inmundo altar sacrílego bajo la tutela de un anticristo pseudopapal a hacer exteriormente la voluntad del diablo. Todas las cinco notas referidas y sus implicaciones están ausentes en la hostia que fue consagrada una cum antichristo pseudopapali forcejeando el infinito poder de Dios mismo contra Dios y contra su entrega a las almas.

Enseña Pío XII, Pastor Angelicus”:

Y en verdad, apenas «el Verbo se hizo carne» (Juan, 1, 14), se manifiesta al mundo en su oficio sacerdotal, haciendo un acto de sumisión al Padre eterno, acto de sumisión que había de durar toda su vida («entrando en este mundo, dice…Heme aquí que vengo… para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad…») (Hebr. 10,5-7) y que había de ser consumado en el sacrificio cruento de la cruz: «En virtud de esta voluntad somos nosotros santificados por la oblación del Cuerpo de Jesucristo, hecha una sola vez» (Heb. 10, 10).7

Jesucristo no viene voluntaria, sino forzadamente al altar una cum antichristo pseudopapali contrario a su Cuerpo Místico, y sacrílego, con el recorte de la adscripción eclesial y religiosa debida. Faltando esa voluntad de la primera y segunda, y por consiguiente también de la tercera persona divina, nadie es santificado por la oblación del Cuerpo de Jesucristo hecha una sola vez, Dios es infinitamente ofendido, y la Hostia queda desgarradoramente privada de voluntariedad y aceptabilidad divina. Nunca puede haber una razón, ni siquiera de necesidad ni excepción, para recibir ni aún acompañar una tal Hostia.

¡¡¡Dominus non venit in nomine Domini!!!

5 Hb 10, 4-7.
6 De sacrificio missæ tractatus asceticus. Gerundæ, 1758.
7 Pío XII, Mediator Dei”.

Ocurre el horrible sacrilegio de que el Hijo que María trajo al mundo para salvar, sea volteado al altar y arrastrado al Sagrario o la Custodia sin poder salvar desde allí, por no ser adscripto en el Cielo, ni bendecido, ni ratificado, ni hecho razonable ni aceptable por su Padre! El que fue hecho en la Virgen según el Ave del Ángel y el Fiat del consentimiento de Ella, es hecho en el Altar según el Hoc est del sacerdote sacrílego pero sin el Fiat del consentimiento del Padre ni por ende del Hijo mismo ni del Espíritu Santo! (“Deus ut nobis fiat”)! ¡A qué destrozo y peligro se encamina el alma desorientada!

Explica Lebrun:

La Iglesia pide el gran milagro del cambio del cuerpo y sangre de Jesucristo con tanta simplicidad como la Escritura expresa la creación: «Fiat lux (hágase la luz)»— y la encarnación del Salvador en María: «Hágase en según tu pa- labra». No pedimos solamente que esta ofrenda se haga el cuerpo y sangre de Jesucristo, sino que pase a serlo «para nosotros», ut nobis fiat; es decir para comunicarnos los dones que Jesucristo ha merecido por el sacrificio de su cuerpo y sangre, la gracia del perdón entero de nuestros pecados, y todos los socorros que necesitamos para avanzar la obra de nuestra salvación. Y del mismo modo que al decir Isaías: «Un niño nos ha nacido, un niño nos es dado» se entiende que él nació y fue dado para nuestra salvación, así también pedimos que esta ofrenda se convierta en el cuerpo de Jesucristo para nuestra santificación y nuestra consumación o perfección.

Se requiere la aprobación de nada menos que Dios Padre (“Fons bonitatis”, fuente de bondad) para que el sacrificio y la nueva existencia de nada menos que Dios Hijo humanado quede hecha bendecida, adscripta, ratificada, razonable y aceptable. Y no queda hecho tal en una misa hecha a una con Bergoglio, la cual afirma:

Que un Anticristo como Bergoglio es en quien Cristo en último análisis encabeza la actividad visible de su Iglesia incluida esa misma misa8.

Que un Anticristo como Bergoglio es la Iglesia Católica tomada virtualmente, dentro de la cual están sacerdote, altar y misa.9

Así, pues, el papa es el vértice del cono visible que es la Iglesia, y en él Cristo acciona todo lo que se acciona visiblemente por la Iglesia. La misa hecha a una con Bergoglio estaría dentro de ese cono contrario a la Iglesia Católica, y de ella se pretendería que es accionada por Cristo desde un vértice que sólo es notoriamente accionado por Satanás.

Objeción y refutación

Se podría alegar, citando al mismo Santo Tomás, que la Quam oblationem es uno de los casos en que se pide a Dios lo que se puede estar seguro de que ocurrirá de todos modos. A esto se responde fácilmente, que dicha oración del canon contiene un quíntuple pedido (que Dios bendiga, acepte, etc.) expresado como medio sobreentendidamente necesario para un fin (que la oblación se haga fructuosa para los participantes y comulgantes). Implica la proposición condicional: Sólo si bendices, ratificas y aceptas esta oblación, nos será fructuosa”. De manera que si Dios no la bendice, ratifica y acepta, no nos será fructuosa. Y Dios no bendice, ratifica y acepta la oblación de todos modos. Antes bien, es una certeza que Dios no bendecirá, ni ratificará ni aceptará una oblación presentada a Él en un altar que se levanta contra el de su propio Hijo.

8 Segundo libro sobre el origen de la potestad del papa, segunda disputa, novena conclusión, por Ambrosio Catalino, O. P., tutor del futuro papa Julio III, teólogo clave en el Concilio de Trento, arzobispo y autor de varios libros brillantes. Una estrella de la Contrarreforma.
9 Diálogo sobre las presuntuosas conclusiones de Martín Lutero, presentado al papa por Silvestre Prierias, O. P., teólogo domésti- co de la corte de Roma, censor de libros y brillante teólogo. Otra estrella de la Contrarreforma.

La oblación, fase esencial de la Misa

No es así que todo el Sacrificio de la Misa esté concentrado puntualmente en la consagración. Antes de ella hay otra fase esencial —la oblación— que expresa la voluntad de entrega de Cristo y de la Iglesia mediante pan y vino y consiste en la sacralización, en nombre de Cristo y por parte del sacerdote, de las ofrendas que inicialmente eran profanas.

Dice Bossuet:

además de que ofrecer a Dios el pan y el vino que sostienen nuestra vida es ofrecerle esta misma vida como algo que uno tiene de él y que le quiere devolver, los santos Padres observaron en el pan y el vino un compuesto de varios granos de trigo reducidos a uno y del licor de muchas uvas licuadas juntas; y miraron este compuesto como una figura de todos los fieles reducidos en un solo cuerpo para ofrecerse a Dios en unidad de espíritu: lo que hizo decir a san Agustín que toda la ciudad redimida era el sacrificio eterno de la Santísima Trinidad.

La sola presentación de estas ofrendas ya significa la participación de la Iglesia en un acto de amor intratrinitario. La oblación regida intachablemente por la Iglesia debe ser la demostración expresa de la disposición de los fieles a entregarse. Pero con una oblación regida tachablemente por la Antiiglesia, los fieles quedan frustrados en sus expectativas y fracasan en confesarse renovadamente partícipes de una unidad social gobernada por la gracia e inmaculada.

En la oblación se juega la entrega de los fieles a Dios, y el restablecimiento de la alianza de Dios con ellos

La misa como sacrificio de alabanza y confesión de fe exige la apropiación del hombre a Dios. La presentación de los sacrificia expresa la voluntad de entrega a Dios de los que los presentan en la realidad del sacrificio de Cristo. Para que un regalo encuentre aceptación, debe haber sido tomado en posesión del receptor, fase final de una presentación humana de dones que se transfiere al sacrificio de nosotros mismos y a Dios, a quien los ofrecemos. Cuando el destinatario acepta el regalo, acepta la voluntad —confirmada con un acto— del dador de reconocerlo y establece la alianza con él. Pero los dadores unidos en su propio ofrecimiento del sacrificio a quien es Cabeza, Fuente y Colocador comunitario supremo de Irreligión, manifiestan una voluntad objetiva de no reconocer a Dios, que entonces no puede establecer alianza con ellos.

El sacerdote reza: “Dios, acepta esta ofrenda (este sacrificio), expresión de nuestra entrega, obediencia y expiación”. Así incita a todos los participantes a declarar su voluntad de entrega, de manera que en esta fase toma expresión la más alta forma posible de identificación de ellos con su grupo.

¿Pero qué pasa si su grupo se identifica con el de un Exterminador de la Religión de Dios y de la voluntad de entrega a Él tomada en lo más universal y fundamental? La pureza de disposición y la catolicidad de comunión eclesial están estrechamente asociadas a la entrega: nadie puede en una acción litúrgica entregarse plenamente a Dios ni serle obediente en sentido pleno, si con pecados personales o con la sumisión religiosa directa a un Artífice de Desobediencia religiosa se excluye aún sólo materialmente de la comunidad de quienes obedecen a Dios y a su Iglesia.

Se espera que Dios acepte el mensaje asociado con la sacralización de un objeto material. Sin esta aceptación toda la acción litúrgica sería vana. Si por asociación fundamental expresa de la acción litúrgica con un Provocador de Apostasía Dios no acepta la ofrenda ni con ella la declaración de voluntad de entrega de los congregados, no les quita los pecados que les impiden la entrega e Él ni restablece con ellos la comunión consigo mismo.

La misa y comunión una cum burlan el sacerdocio de NSJC según el orden de Melquisedec

El Salterio de David nos ofrece esta profecía:

Juró el Señor, y no se arrepentirá, y dijo: eres sacerdote sempiterno, según el orden de Melquisedec.10

Dios Padre ordenó desde ab aeterno que su Hijo debería ser el principal sacerdote de la Ley de la Gracia, y por eso dice que “juró”; mas añade: y no se arrepentirá”, es decir, no mudará su decreto. Jesucristo es sacerdote eterno, porque su sacrificio había de ofrecerse siempre por ministerio de los sacerdotes secundarios, que son los presbíteros.11

Ahora bien, el sacerdote válidamente ordenado y dotado de potestas consecrandi Corpus Christi que ofrece el sacrificio de NSJC por modo anticatólico determinado por un anticristo pseudopapal, ofrece el sacrificio de NSJC, y fuerza a NSJC a ofrecerlo, fuera del modo ordenado desde ab aeterno por Dios Padre por actuar él mismo como quien no es sacerdote auténtico de NSJC.

Según el Concilio de Trento, el sacrificio a cuyo orden fue hecho el sacrificio del cual NSJC es sacerdote eterno —el sacrificio de Melquisedec, oblación intrínsecamente pura ex opere operato fue encomendado a la Iglesia Católica y es hecho en nombre de ella para así ser perpetuado hasta la consumación de los siglos12 y aún para siempre en la gloria celestial, donde NSJC está como Cordero inmolado13. El pan y el vino por los que la Misa es según el orden de Melquisedec, son signos de la voluntad de entrega de Cristo y de la Iglesia y de los hechos consecuentes, especialmente de la Pasión de Cristo. Por eso, ya antes de la consagración, son también signos del cuerpo de Cristo, a saber, de la Iglesia y de la sangre de la nueva alianza que por ella fue derramada y sigue siéndolo siempre. Así, el contenido propio de la ofrenda es el cuerpo y la sangre de Cristo en cuanto la Iglesia que se entrega viva en su confesión de fe con Cristo su cabeza. Pero ni es litúrgicamente la Iglesia, ni se entrega en la confesión de fe de la Iglesia, la congregación declaradamente seguidora de un Pseudopastor de Falsificación Religiosa.

Y la misa una cum”, hecha en obediencia religiosa-eclesial expresa a quien es Separación de la Iglesia Católica por eficiencia eminente, y hecha en nombre de quien es por eminente forma deforme la Eclesialidad Anticatólica, no es sacrificio del orden de Melquisedec, aunque para su ejecución se comprometa al mismo NSJC que es el sacerdote eterno de ese orden.

Misas “intrusas”

Los sacerdotes sometidos a un intruso heresiarca subversivo notorio de la primera sede de la Iglesia tienen un rango por lo menos igualmente malo que los sacerdotes intrusos, aún no cismáticos. Estos ministros de la Anti-iglesia no son más los depositarios de los votos de la Iglesia; no están elegidos y diputados por ella para ofrecer a Dios el Santo Sacrificio. Dios aborrece a los que siembran la discordia entre sus hermanos; si se requiere que quien tiene un enemigo descienda del altar para reconciliarse con él en lugar de continuar con el sacrificio de propiciación, a fortiori manda alejarse de ese mismo sacrificio, donde, en desafío a sus leyes, los congregados intentan elevar un altar anticatólico contra el altar católico; —donde ellos no unen armoniosamente sus voces a las de los nueve coros angélicos diciendo con suplicante confesión el himno tres veces santo, —donde lejos de imitar el ejemplo de María Santísima y de los santos cuya memoria se pretende honrar, se separan lo más posible de su sociedad, puesto que fuera de la Iglesia no hay salvación que esperar; donde, finalmente, uno se hace cómplice del sacrilegio y la profanación del sacerdote.

10 Salmo 109, 4.
11 Conc. Trid. sess. 22. c. 2.
12 Concilio de Trento, sesión XXII. Doctrina sobre el Sacrificio de la Misa. Cap. I. De la institución del sacrosanto sacri- ficio de la Misa.
13 Apoc. 5, 6.

Es verdad que el intruso ofrece exteriormente y de palabra a NSJC de parte de la iglesia; pero una horrible inversión del orden de Dios, no lo ofrece interiormente y de hecho con la iglesia; y no ejerce el ministerio sino para su propia condena y la de todos los que comulgan con él.

Hasta aquí hemos adaptado a nuestra situación avisos a los fieles católicos de un anónimo pero sabio doctor de la Sorbona bajo el Terror. Continuamos textualmente:

Tampoco está permitido recibir de un intruso la Santa Comunión, ni por devoción, pues tal devoción debe ceder a la obediencia; ni en tiempo pascual, pues un intruso no tiene nada en común con el ministerio del propio sacerdote; ni para primera comunión, por la misma razón; ni por fin como Viático; porque la comunión no es absolutamente necesaria; el enfermo se conformará con el deseo de recibirla: Dios, que es la bondad misma, colmará de sus bendiciones y consuelos a quien, por temor de participar de la ruptura de la anti-Iglesia, se priva de la comunión de cuerpo la sangre de Jesucristo?

¿Pero un peligro grave e inminente no excusa a quienes comulgan con el intruso? De ninguna manera, porque es mejor obedecer a Dios que a los hombres: estamos obligados a profesar externamente nuestra fe. NSJC no reconocerá el día del juicio a quienes lo hubieren negado delante de los hombres.14

Sacrílega “confusión de lenguas” frente a Dios

Así medita el penetrante cardenal Bérulle:

Cuando reflexionamos sobre nuestra indigencia y sobre la infinidad de Dios, estamos obligados a reconocer que no tenemos ni pensamiento, ni palabra ni amor proporcionado a Dios, ni cosa alguna correspondiente a la grandeza de su majestad. Pero a él le agradó darnos su Hijo que es su Verbo y palabra, que es su propio entretenimiento y ocupación eterna, y Dios encuentra entre nuestras manos y en nuestros altares lo que él mira eternamente en mismo, y nosotros hablamos a Dios su propio lenguaje e idioma, y nos entretenemos con él con su ocupación misma y su propio entretenimiento.15

Ahora bien, aunque en el Te igitur el infeliz sacerdote enceguecido pida a Dios por la Iglesia diciéndole que lo hace “por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo”, no habla con Dios el lenguaje de Dios al hablarle poco después a una con un Hablador Habitual de una cloaca de falsedades anticristianas, y acerca de él, como de su siervo” y como de “el papa de los suyos” con quien Dios estaría en unidad de persona jerárquica y en unidad de Expresión del Depósito Revelado.

¿Per Christum Dominum nostrum? Cristo es Señor de todas las criaturas humanas por derecho y por conquista, pero no es Señor de la afiliación eclesial voluntaria de la comunidad que tiene como “papa” a un Arquitecto de Apostasía. No es Señor de la misa una cum ni de ninguna de sus oraciones, tampoco de las que terminan apelando al mérito de su persona divina ante la del Padre, ni es el Señor de los asistentes a la Misa sacrílega en su asistencia sacrílega aunque lo llamen Señor suyo en ella.

El canon una cum es un canon extraño a la Iglesia de NSJC

Así sanciona el Concilio de Trento:

Si alguno dijere, que el canon de la Misa contiene errores, y que por esta causa se debe abrogar; sea excomulgado.16

Y aquí cabe perfectamente un silogismo:

Premisa mayor: Categóricamente, ningún canon de misa de la Iglesia Católica es contenedor de errores.

Premisa menor: Estridentemente, todo canon de misa una cum” es contenedor de errores.

Conclusión: Categórica y estridentemente, ningún canon de misa una cum” es canon de misa de la Iglesia Católica.

14 Abrégé de la foi catholique sur les sacrements par un prêtre de la Sorbonne. À Paris, 1792.
15 Cardenal de Bérulle, Œuvres de piété. LXIII, De l’Eucharistie. Traducción castellana nuestra.
16 Concilio de Trento, sesión XXII, cánones del Sacrificio de la Misa. Canon VI.

[Seguirá en sucesivos posts]

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