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LA JERUSALÉN ESCATOLÓGICA, SEDE DEL IMPERIO MUNDIAL DEL ANTICRISTO


 

Espacio de Jerusalén sede del imperio del anticristo

Espacio de Jerusalén sede del imperio del anticristo

[Este es el mensaje que nos envía nuestro amable lector  George Nastasie, con resaltados propios]

Estimado Señor:

Primero: mis felicitaciones por su labor y mi más sincero deseo que lo continué con la misma prudencia teologal y con el mismo esfuerzo.

Segundo: Acabo de leer un articulo intitulado ‘El Espacio de la Jerusalén escatológica en el De Antichristo de Tomás Maluenda‘ firmado por Françoise Gilbert, articulo que con toda seguridad será provechoso para los lectores de su blog; desde luego —como verá—, no tanto por las conclusiones del firmante del articulo, sino por los fragmentos que éste cita en castellano del libroDe Antichristo, cuyo autor, Tomás Maluenda, un español, debe de ser desconocido a muchos. Son también importantes la menciones que se hacen, con citas, a ‘Munus praedicationis, constitución del 19 de diciembre de 1516, desarrollada durante el V Concilio de Letrán, y a la bula Supernae Majestatis que reitera la prohibición de anunciar la venida del Anticristo. Si encontrara los textos originales –el De Antichristus, Munus praedicationis, Supernae Majestatis-–, a los que se remite el articulo, los haré accesibles para la descarga vía comentarios o, si no le molesta, los enviaré directamente a Usted, por correo electrónico.

Mis saludos fraternales en Cristo.

Pues le agradezco mucho al Sr. Nastasie la atención que ha tenido con el blog y con nuestros lectores, que como él dice, con toda seguridad,  el artículo, nos será provechoso.

He hecho una lectura superficial del trabajo de Françoise Gilbert y creo que no se equivoca el autor de la misiva suponiendo que será interesantísimo para los lectores del blog. Dejo el enlace para que disfruten de esta recensión del trabajo de la monumental obra De Antichristo del sabio dominico español de 1604, Tomás Maluenda. Confío en que nuestros lectores “expertos” en materias apocalípticas encuentren las ideas de Maluenda fascinantes y que nos regalen con las correcciones que fueren menester, cosa que sin duda será objeto de pacíficas discusiones.

He procurado que el título de este post refleje una idea del autor de “De Antichristo”, que sin duda será digna de controversia a los lectores.

anticristo 13 tercer-templo-de-salomon

Este es el enlace del trabajo citado, en formato pdf :

maluenda

 

El espacio de la Jerusalén escatológica

 

14 replies »

  1. Hago una corrección que me parece capital para no crear escrupulosidades en almas delicadas, y es la siguiente: dice: “… la bula Supernae Majestatis que reitera la prohibición de anunciar la venida del Anticristo.” Lo que se prohíbe es fijar la fecha, tanto de la llegada del Anticristo, como también la fecha del fin del mundo. No está prohíbido “hablar” o “escribir” sobre el Anticristo, pues así lo han hecho los Santos Padres y los comentadores, exégetas, etc. Es más el mismo Espíritu Santo, a través de San Pablo, nos habla del Inicuo, el Hombre de Pecado, del Sin ley, el “otro” del que insinúa Jesucristo, y San Juan nos describe sus características, también profetizadas por Daniel. Se nos manda estar atentos a las señales y “entender”, y se nos dice que antes de la llegada de la “bestia del mar” precederá la apostasía. Nadie puede conocer el nombre del Anticristo, pero se nos dice que “aquí está la sabiduría: quien tiene entendimiento calcule la cifra de la bestia. Porque es cifra de hombre: su cifra es seiscientos sesenta y seis.” (Apoc.XIII,18). Los cristianos de los tiempos descritos en la Profecía lo sabrán, mientras tanto, es decir, hasta que aparezca, todo es conjetura.

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  2. La bula Supernae Majestatis es clarisisima: hace distinción entre praedico, praedicare, praedicavi, praedicatus (proclaim/declare/make known/publish/announce formally; praise/recommend; preach) y praedico, praedicere, praedixi, praedictus (say beforehand, mention in advance; warn/predict/foretell; recommend/prescribe).

    Y eso es obvio: fechar implica cualquier indicación temporal, no solamente con respecto al futuro, sino también al presente —¡ojo!—, también incluso al pasado (pues no sería imposible oír a algunos lunáticos que el Anticristo ya vino etc.)

    Mi punto de vista es éste: en aquellos tiempos de gran tribulación, sin una asistencia especial del Espíritu Santo, nadie de los que vivirán entonces será capaz de saber con la última certeza quién es el Anticristo. Por supuesto que muchos caerán racionalmente en la cuenta —como se dice—, muchos más adivinarán, pero el hecho de caer racionalmente en la cuenta y el hecho de adivinar no le darán ninguna certeza para que así se mantengan firmes en su fe, pues la fe sin aquella especial gracia del Espíritu Santo será insuficiente —la sola fide de los protestantes, por ejemplo—, y caerán como las moscas, y solo cuando adorarán al Anticristo, o sea en el acto místico de la adoración misma luciferina, se darán cuenta a quien adoran; empero será demasiado tarde.

    Repito: esperemos la reconstrucción del templo; mientras tanto, hagamos algo para tener cuan pronto posible un papa.

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  3. No sabemos en qué consistirá la “marca” que hará poner el Falso Profeta, como señalados para el Anticristo, pero es fundamental poner los ojos en él, porque es su “vicario” y hace su tarea de demolición del cristianismo como preparando el camino a la llegada del Inicuo Hombre de Pecado, Cabeza del Imperio Satánico al que sojuzgará con el poder del Dragón, hasta hacerse adorar como si fuera “Dios”. Habrá señales inequívocas, pues los elegidos no podrán sucumbir, por eso sufrirán la peor persecución de la Historia. A los que no pueda seducir con halagos para hacerles perder el alma -hay que recordar que él mismo sucumbió a las mentiras de Satanás- los perseguirá a muerte, por eso en el capítulo XX se habla de la resurrección “de los degollados a causa del testimonio de Jesús, y a causa de la Palabra de Dios…los que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, ni habían aceptado la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”
    Es urgente la necesidad del Pastor Supremo para la Iglesia en estos últimos combates contra el Infierno desatado, “Ay de la tierra y del mar! porque descendió a vosotros el Diablo, lleno de gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo”.

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  4. Considero muy adecuado y conveniente para alentar a la fidelidad en estos postreros combates, algunos textos que confortan -dan fuerza- y tienen -por ser Palabra de Dios- una eficacia sobreabundante. He aquí:
    “Y enviará sus ángeles con trompeta de sonido grande, y juntarán a los elegidos de El de los cuatro vientos, de una extremidad del cielo hasta la otra.” San Mateo XXIV,31). Y Mons. Straubinger hace el siguiente comentario:

    “Juntarán: Alude aquí el Señor al admirable rapto en su encuentro en las nubes que está prometido a nosotros los vivientes “que quedemos” (I Tes. IV, 17)” y comentando luego en San Marcos XIII,27 dice: “Entonces… congregará, es decir que el arrebato que anuncia San Pablo en I Tes. IV, 15 ss será al tiempo mismo de la Parusía, esto es, cuando aparezca el Señor (v. 26), como lo dice el Apóstol. Así San Marcos explica aquí que seremos llevados desde la extremidad de la tierra hasta el sumo cielo.Se trata de los elegidos, ya vivos transformados, ya resucitados de entre los muertos”.
    Y trae los textos de San Pablo:

    I Cor. XV, 51: “He aquí que os digo un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; porque sonará la trompeta y los muertos serán resucitados incorruptibles y nosotros seremos transformados”.

    I Tes. IV, 13 ss: “No queremos, hermanos, que estéis en ignorancia acerca de los que duermen, para que no os contristéis como los demás que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también (creemos que) Dios llevará con Jesús a los que durmieron en Él. Pues esto os decimos con palabras del Señor: que nosotros los vivientes que quedemos hasta la Parusía del Señor, no nos adelantaremos a los que durmieron. Porque el mismo Señor, dada la señal, descenderá del cielo, a la voz del arcángel y al son de la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Después nosotros los vivientes que quedemos, seremos arrebatados juntamente con ellos en nubes hacia el aire al encuentro del Señor; y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos pues, mutuamente con estas palabras”.

    Es decir que a la Vuelta de Cristo-Rey no solamente resucitarán los Mártires como dice San Juan en el capítulo XX del Apocalípsis, sino que los cristianos fieles, que no adoraron al Anticristo, entrarán en la vida eterna, transformados y arrebatados al encuentro con Jesucristo.

    ¿Quién podría desear que no se “acorten” esos días?

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  5. Además del Falso Profeta, de la Gran Ramera o Religión idolátrica, de la Sede Vacante, que es lo hay en el presente, ¿qué ve Usted ADEMAS DE ESTO que lo haga reir? Es de suponer que no serán las citas de la Escritura, no? Pues bien, que OTRA COSA hay que le cause risa? Si tiene noticias de lo que presumimos para un futuro cercanísimo, como son: la aparición del Anticristo, los Dos Testigos, y la mismísima Parusía, díganoslo si ya están entre nosotros, porque sino de lo contrario tendrá que tragarse la risa pues aunque todo eso se diera mañana mismo, sigue siendo futuro, salvo que usted viva en la eternidad y todo viera en un presente continuo. Si así fuera y estuviera en el cielo juntaría su voz a la de los santos pidiendo a Jesucristo que vengue la sangre de tantos mártires derramada, pero no riendo, si estuviera purgando, nos rogaría a los todavía militantes que rezáramos por su alma, pero si estuviera en el infierno no creo que tuviera ganas de reírse. Así que ¿qué es lo que causa risa?

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  6. Las señales inequívocas: sí; los padres y doctores de la Iglesia afirman que son en numero de cinco —si no recuerdo mal, ya que éste tema siempre me he esforzado no tocarlo, o sea no pensar nada al respecto, tampoco memorar etc.—, siendo uno de los cinco la reconstrucción del templo, aunque por la reconstrucción del templo no debe entenderse la del mero edificio, sino la “reconstrucción” cultual de éste.

    Ya han pasado casi dos años desde cuando visito éste blog de una forma regular, parte por el buen tratamiento teológico del tema de la infalibilidad, o sea, de la aplicación concreta de la infalibilidad papal a lo que vemos que ocurre en realidad con Roma etc., etc., parte por su papel informativo, pero especialmente por los comentarios que hacen sus lectores. Y digo especialmente porque en los comentarios se puede intuir de una forma muy clara no solo el estado de ánimo del cristiano católico que hoy en día sufre lo que muchos malamente llaman “crisis de la Iglesia” etc., sino también el movimiento del mismo, un movimiento, por supuesto, de carácter histórico, sin duda, formado, deformado y reformado según una no confirmada certeza de que ya estamos viviendo en los últimos tiempos. Desde luego que hay fuertes razones para sostener eso etc., etc., sin embargo —dejando a un lado la ausencia de las señales inequívocas, pues no se dan, ya que lo que se da se dio muchas veces en la historia de la Iglesia, empero no con la gravedad de hoy etc.—, hay fuertes razones para sostener lo contrario, y la más fuerte es la siguiente: en los últimos tiempos casi se cumplirá la perfección luciferina del mundo (En lenguaje técnico teológico se llama también esa perfección la perfección escatológica del mundo, pues implica también la perfección divina del sentido del mundo.). “Casi” porque así se verá que es en los llamados tiempos de la gran tribulación, donde unos pocos, bajo insistente asistencia del Espíritu Santo, no se dejarán engañados por ninguno de los engaños, de los perfectísimos engaños que Lucifer, a través de su elegido, el Anticristo, ya los pienso en el mismo instante de su fulgurante caída.

    ¿Qué quiere decir “perfectísimos engaños que Lucifer etc.”? Por supuesto que no se trata de aquellos engaños que se ven como tal, sea con el ojo físico, sea con el ojo metafísico, esto es, en cuanto se sienten como tal, en cuanto se piensan como tal. No; por eso no habrá forma humana de descubrirlos, ni siquiera si habrá de poder verlos en sí mismos, pues en sí mismos vistos, no sólo humanamente de éste modo, sino incluso angélicamente de éste modo, los engaños de Lucifer no son engaños. Solo y solo y solo Dios los puede ver así y hacerse ver así, indistintamente por los ángeles y por los hombres, pero por los que quieren verlos así. Todo eso se explica a causa del misterio de la libertad, o sea según el misterio de la persona, el del quién es el quien es, ora Dios, ora ángel, ora hombre, y siempre por una estricta gnoseología angélica, cuya primera axioma se puede formular más o menos así: ni siquiera los más altos ángeles del empíreo celeste, a saber los Querubines y los Serafines, por tanto menos los caídos, no conocen a Dios más de lo que Dios los hace conocer, conocer según arden en su buen ardor los buenos, según arden en su mal ardor los malos, o sea según se arden en su ser según su libre querer. (En forma recortada éste axioma suena así: incluso los ángeles son ignorantes con respecto a Dios; y el argumento: siendo el Creador infinito y finita la criatura etc., etc.) Ahora bien: ¿porqué todos estos detalles? Porqué solo a partir de ellos se puede puntuar lo siguiente: ¡hay una gnoseología luciferina! Y los que saben que implica eso estarán de acuerdo que, inspirada por los demonios a los hombres, hay también una estética luciferina —según la belleza luciferina—, una ética luciferina —según el bien luciferino—, una epistemología luciferina —según la verdad luciferina—. Estas, la estética luciferina, la ética luciferina, la epistemología luciferina, ya son humanamente aceptadas, tanto al nivel teórico, como al nivel practico, o sea, bien influyendo en el pensamiento científico, bien influyendo en el comportamiento ético, bien influyendo en el imaginario artístico, y eso, sea socialmente, sea ritualmente. Dicho de modo directo, como lo dijo Cristo mismo, príncipe del mundo es Satanás, recte Lucifer. Esto explica formalmente la perfección de los perfectísimos engaños de Lucifer, ya que se deriva la perfección de éstos a través del poder principesco de éste.

    En fin, para poner el punto sobre i: luciferino significa: el bien según Dios es el mal según Lucifer; el mal según Dios es el bien según Lucifer; y, a partir de tal inversión, que reside en el místico pensamiento de Lucifer en cuanto piensa que es él el quien tiene razón y no Dios, inevitable la inversión de la verdad y de la belleza, luego inevitable la inversión de todo lo que Dios le regalo como criatura suya. Y ¿qué quiere realmente Lucifer? o sea, ¿qué quiso al engañar a nuestros protoparientes? y ¿qué querrá al engañar a los hombres de los últimos tiempos? Nada más que eso: mostrarle a Dios que tuvo razón, a saber que se pede ser como Dios, a saber, que se puede ser dueño del propio bien y que siempre el bien es el bien de quien le es bien, no importa si se es Dios, si se es ángel, si se es hombre, ya que tal bien, en sí mismo, es no más que bien. Por eso cumplirá Lucifer en la humanidad todos los mandamientos que Dios impuso al hombre, salvo el primero: amarás a Dios sobre todas las cosas. Pues bien ¿quién de los hombres será capaz entonces de saber que el Anticristo es el Anticristo? Al hombre caído en su propio bien, le será imposible nombrarlo como mal. Y esa es la verdad: ya estamos en eso desde mucho tiempo, y si no lo vemos ahora, cuando aún nos cuesta esfuerzo la realización de este fatal bien, incluso del estar bien cómodos en nuestra butaca etc., menos entonces en los últimos tiempos, cuando el sacrificio en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo, será mera locura. No, el bien del hombre va contra el hombre porque el bien del mundo va contra el mundo. Este es el misterio de la Cruz.

    ¿Porque semejante afectado comentario? ¡Que se deduzca del mismo!

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  7. Dice el Espíritu Santo en Eclesiástico XXIX, 1-2: “El sabio indagará la sabiduría de todos los antiguos, y hará estudios de los profetas. Recogerá las explicaciones de los varones ilustres y penetrará asimismo las agudezas de las parábolas. Sacará el sentido oculto de los proverbios y se ocupará en lo misterioso de las parábolas”, y Jesucristo exclama “…has revelado estas cosas a los pequeñuelos”, porque como canta la Inmaculada en el Magnificat “…dispersó a los que se engrieron en los pensamientos de su corazón”, porque no está al alcance del hombre explicar los misterios de Dios a fuerza de cavilar, porque esos “misterios” ha querido que fueran aclarados por la Iglesia, (extrayendo del Depósito de la Fe una verdad revelada implícitamente en la Escritura o en la Tradición haciéndola explícita infaliblemente y para ser creída como revelada por Dios mismo, que es lo que se llama le “evolución” del Dogma, que no es invención sino explicitación del dato revelado), y así, “ninguno de los malvados entenderá, pero los que tienen entendimiento comprenderán” (Daniel XII, 10), por eso Nuestro Señor dice refiriéndose a la profecía de Daniel “el que lee, entienda”, pues lo revelado a Daniel era para los “tiempos del fin” y se le manda sellar estas palabras (XII,4), tal como dice Dios por Jeremías: “Al fin de los tiempos conocerán mis designios”(XXX;24), pero a San Juan se le ordena no sellar ”las profecías de este libro, pues el tiempo está cerca” (Apoc.XXII,10), y San Juan vivió 2000 años antes que nosotros, por lo tanto, “indagando lo que han dicho los antiguos y estudiando las profecías” avizorando las señales del fin, según ordena Jesucristo, para no ser como las vírgenes que se quedaron sin aceite y vino el esposo y no entraron a las bodas, ya se notan el cumplimiento de algunas señales inequívocas de la proximidad del retorno de Cristo. San Agustín presentaba cuatro hechos inseparables “la venida de Elías tesbita, la conversión de los judíos a la verdadera Fe, la persecución del Anticristo y la Parusía de Cristo”, pero previo a esto debía acontecer la Apostasía, según dice San Pablo y la creación de una nueva religión idólatra, llamada por San Juan “la ramera”. Por supuesto no de un día para otro, sino paso a paso, demoliendo el catolicismo, y quitando los “obstáculos” que impedían que el “Misterio de Iniquidad” adquiriera plenitud: El Santo Sacrificio y el Papado. En cuanto a la “quinta” señal que sería la reconstrucción del Templo de Jerusalén, no es tan imposible que pueda ser real, dado que Israel es un Estado y dado que los rabinos están preparando “sacerdotes” y utensillos para realizar los sacrificios antiguos, que no sirven para nada en el orden sobrenatural de la Gracia, porque son pura idolatría e ineficaces para lograr re-ligar al hombre con Dios, pero el Anticristo se servirá de ellos, y esa también será una señal inequívoca. No obstante, desde la fundación de la Iglesia del Verbo Encarnado, Dios se vale para enseñar “los misterios” a través de la parte docente, cuya Cabeza Visible es Su propio Vicario, por eso es indispensable que la Iglesia tenga al Papa para que los cristianos no estén a la deriva ni confíen en “los pensamientos de su corazón” y queden “dispersados” creyendo en inspiraciones personales como si vinieran del soplo del Espíritu Santo. La Jerarquía Católica es absolutamente necesaria para la lucha contra el Imperio Satánico del Anticristo y las seducciones del Falso Profeta.

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  8. Un apunte más sobre Jerusalén y Roma, también sobre la bula Supernae Majestatis.

    Jerusalén es históricamente necesaria, porque dependió, depende y dependerá directamente de la voluntad divina de Dios; allí está el lugar visible del Trono visible de Dios, o sea del Cristo de Dios; con lo cual, el lugar que marca el centro cristocentrico del mundo. Roma, a su vez, es históricamente contingente, porque dependió, depende y dependerá de la voluntad del hombre; allí está el lugar visible del trono visible del hombre, o sea del Papa, vicario del Cristo de Dios; con lo cual, el lugar que marca el centro petrocentrico del mundo.

    Teniendo en cuenta esa distinción, se puede afirmar, de acuerdo con las profecías, que no es el lugar del misterio de la iniquidad Roma, sino Jerusalén. Y no será la iniquidad ningún ritual satánico sobre los altares de Roma, ya que estos rituales, de hecho, no ofenden a Dios más de lo que ofenden cualquier menor mal que cada uno de nosotros cometemos, sino la místicamente adoración iniqua del iniquo, el Anticristo, el elegido de Lucifer, como sentado éste en el Trono visible de Dios, para que así, a través de la adoración de los hombres hacia aquel, reclame Lucifer, con justicia luciferina —la que esencialmente define como iniquo al iniquo y de tal modo al misterio de la iniquidad—, el mismo Trono de Dios en el Cielo.
    Con lo cual: si tenemos problemas en Roma, en cuanto hombres de fe y de razón, con la ayuda de Dios, podemos resolverlos, o no, si es que ya llego el tiempo; pero eso, que ya llego el tiempo, se sabrá si intento tras intento tras intento, ya llego el tiempo de la reconstrucción del Templo de Jerusalén, o sea el tiempo cuando todos los pueblos servirán de escabel al pueblo judío, y que, como he dicho, para nada les será mal al servir de escabel, tampoco al pueblo judío como sirviendo de escabel al Anticristo y al Lucifer mismo.

    La bula Supernae Majestatis: Ruego a quien sabe latín —lo haría yo, empero no es el castellano mi idioma materno y me resulta bastante difícil etc.—, que la traduzca para leerla cualquiera de los que, aunque creen que solo predican en abstracto, se empeñan predecir en concreto el apocalipsis, ignorando que hacer conexiones de interpretación ente los versículos del libro del Apocalipsis y lo que hoy en día ocurre visiblemente en Roma, se saltan las advertencias de la bula e ignoran que actúan bajo condena del infalible Magisterio de la Iglesia. Una de las muchas consecuencias funestas para todos es la siguiente: acomodan las almas a un estado de inacción, paralizando el actuar eficiente para una urgencia innegable: pensar, hablar y hacer algo para que tengamos cuan pronto posible un papa.

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  9. Estimado Simón del Temple,

    Hay un enigma que me preocupa desde hace tiempo sobre Ap XIII, 18: En el “Comentario del Apocalipsis de San Juan” de Beato de Liebana, este santo comentando Ap XIII, 17, en su versión del Apocalipsis aparece: “… comprar nada, ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la bestia o con la cifra de su nombre”. En el versículo siguiente, el 18, su versión del siglo VIII dice: “Aquí se requiere sabiduría. Que el inteligente calcule la cifra de la bestia, pues se trata de la cifra de un hombre. FIN.

    Mi primera pregunta es si hay indicios de que la frase “su cifra es seiscientos sesenta y seis” puede haber sido un añadido a [Ap XIII, 18] en tiempos del siglo VIII. Observemos además que el mismo versículo alude a “calcular sagazmente la cifra” por lo que parece absurdo que a continuación se nos dé ella ya escrita.

    Otra pregunta posterior tendría relación con las variantes de la cifra 666, pues recuerdo haber leído algunas variantes como 616… pero dejémoslo esto por ahora.

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  10. Estimado JuanC:
    Antes que nada conviene recordar la advertencia de San Juan XXII, 18 y ss: “Yo advierto” ¿Quién advierte, el Apóstol o el Angel que le prohíbe arrodillarse para adorarlo, o el mismo Jesucristo que, según Allo, es quien da la revelación y es el objeto de la misma? Fuera quien fuera tiene la autoridad suficiente como para “advertir” lo que “advierte”: “a todo el que oye las palabras de las profecías de este libro: Si alguien AÑADE a estas cosas, le añadirá Dios las plagas escritas en este libro; Y si alguien QUITA de las palabras del libro de esta profecía, le quitará Dios su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, que están descritos en este libro. El que da testimonio de esto…” ¿de quién se trata?…pues “dice: “Sí, vengo pronto” (Otra referencia al mismo Jesucristo que abre y cierra el Libro) Y San Juan escribe: “¡Así sea, ven Señor Jesús”…”

    La maldición que recae hasta el fin de los tiempos desde que fue revelado este Libro de la Profecía, no es otra que el lago de fuego o lo que es lo mismo, el Infierno eterno.
    Por tanto no debe tomarse a la ligera. No parece que alguien -copista, traductor, comentador- tuviera la tremenda osadía de AÑADIR su propia condena. Es más, ¿Que certeza habría de no haber sido objeto de mutilaciones y añadidos este Libro a lo largo de los siglos? Pues es la misma Iglesia que declara en el IV Concilio de Toledo y ordena, en el año 633: “La autoridad de muchos concilios y los decretos sinodales de los Santos Pontífices romanos prescriben que el Libro del Apocalipsis es de Juan el Evangelista y determinaron que debe ser recibido entre los Libros divinos, pero muchos son los que no aceptan su autoridad y tienen a menos predicarlo en la Iglesia de Dios. Si alguno, desde hoy en adelante -año 633- , o no lo reconociera, o no lo predicara en la Iglesia durante el tiempo de las Misas, desde Pascua a Pentecostés, tendrá sentencia de excomunión.”

    Respecto a la “cifra 666” hay que decir que tanto en hebreo como en griego y en latín los números son expresados con letras. Es importante tener en cuenta siempre en la lectura de las Profecías, lo del “tipo” y el “antitipo”. San Juan escribe la Revelación que recibe bajo el tiempo de un tirano Emperador teniendo presentes las crueldades de Nerón como “tipo” del Anticristo pero no lo nombra, pues no sería Nerón el Anticristo verdadero y último, el “antitipo” del final. Emplea el número 666 para designarlo y en letras hebreas surge el nombre de “Cesar Nerón”, lo que es aceptado en la exégesis. El “cambio” a 616 es muy improbable y hubiera sido para que en latín diera “Nero Caesar”. Con respecto a que el Beato de Liébana no pone el 666, será simplemente porque no habrá querido complicarse y directamente -sin suprimirlo- no lo comenta. Lo cierto es que nadie sabrá o sabe el nombre del “antitipo” de San Juan hasta que aparezca, pero es seguro que será o ya es un ser personal, “un plebeyo de satánica grandeza” como dice Donoso Cortés, que encarnará en sí mismo todo el odio a Dios trasmitido por su padre el “Dragón” y será la cabeza de un gran Imperio Anticristiano y Ateo en el que, gracias al Falso Profeta y la Ramera -a quienes despreciará y se servirá de ellos según convenga- se hará adorar como si fuera “Dios”. Y o también soy de la idea que reinará en Jerusalén, pues ahí son muertos los Dos Testigos, ahí resucitan, y luego del terremoto que provocan algunos judíos se convierten e irán “a postrarse a los pies” de la Iglesia pidiendo el bautismo de conversión, “y reconocerán que Yo te he amado” dice Jesucristo en el período sexto: Filadelfia.
    Conclusión: “Bienaventurado el que lee y los que escuchan las palabras de esta profecía y guardan las cosas en ella escritas, pues el momento ESTA CERCA”. (I,3)

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