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LA “LETRA” DE LA ESCRITURA


[Yo rogaría a los que han sostenido la reciente discusión sobre la letra de la Escritura, en particular la del Apocalipsis, en relación al supuesto Milenio profetizado en él, que lean lo siguiente del santo doctor San Juan de la Cruz, acerca de los dichos de Dios en profecías y revelaciones particulares. El Santo hace, como explicando su doctrina, una incursión muy interesante en las profecías y textos de la divina Escritura demostrando cómo en ocasiones es erróneo tomarlas según  nuestra manera de entender, y cómo erraron al entenderlas santos y profetas, como Abraham, Jacob, los Jueces, Isaías y en particular Jeremías. Muchas profecías hechas por Dios a David, no se cumplieron en la forma que muchos y quizás él mismo, las entendieron.
No es que no haya que entenderlas en sentido literal, y tomarlas en un caprichoso sentido alegórico, sino que hay que tomarlas literalmente pero en sentido espiritual, tal como Dios quiso dárselo, que es un sentido real más fuerte que el crudamente literal, y no meramente alegórico y arbitrario. Como está admitido,  la “letra” mata pero el “espíritu” vivifica.
Yo ruego encarecidamente a los lectores que lean con atención este capítulo 19 y el siguiente, para que adviertan que a veces hay que tomar  la letra de la Escritura no en sentido crudamente literal, sino en el sentido espiritual de que ella está llena. Quizás muchas antinomias se resolverían teniendo esto presente.
Lo dicho también se puede aplicar a profecías, revelaciones y “apariciones”, por más aprobadas y verdaderas que sean, que entendemos a “nuestra manera de entender” y quizás erramos en ello muchas veces.

Desde luego en esto también, como siempre, nuestro guía debe ser el Magisterio,  y lo expresado en los “Símbolos’ de la Fe, que nunca pueden estar en contradicción con la letra de la Escritura.

Me permito subrayar algunas frases que considero pertinentes a nuestro tema]

CAPÍTULO 19 (Libro II de la Subida al Monte Carmelo)

En que se declara y prueba cómo, aunque las visiones y locuciones que son de parte de Dios son verdaderas, nos podemos engañar acerca de ellas. Pruebase con autoridades de la Escritura divina.

  1. Por dos cosas dijimos que, aunque las visiones y locuciones de Dios son verdaderas y siempre en sí ciertas, no lo son siempre para con nosotros. La una es por nuestra defectuosa manera de entenderlas, y la otra, porque las causas de ellas a veces son variables. Las cuales dos cosas probaremos con algunas autoridades divinas.

Cuanto a lo primero, está claro que no son siempre ni acaecen como suenan a nuestra manera de entender. La causa de esto es porque, como Dios es inmenso y profundo, suele llevar en sus profecías, locuciones y revelaciones, otras vías, conceptos e inteligencias muy diferentes de aquel propósito y modo a que comúnmente se pueden entender de nosotros, siendo ellas tanto más verdaderas y ciertas cuanto a nosotros nos parece que no. Lo cual (a) cada paso vemos en la Sagrada Escritura; donde a muchos de los antiguos no les salían muchas profecías y locuciones de Dios como ellos esperaban, por entenderlas ellos a su modo, de otra manera, muy ala letra. Lo cual se verá claro por estas autoridades.

  1. En el Genesis (15, 7) dijo Dios a Abraham, habiendole traído a la tierra de los cananeos: Tibi dabo terram hanc; que quiere decir: Esta tierra te dare a ti. Y como se lo dijese muchas veces y Abraham fuese ya muy viejo y nunca se la daba, diciendoselo Dios otra vez, respondió Abraham y dijo (Gn. 15, 8): Domine, unde scire possum quod possesurus sum eam?, esto es: Señor, ¿de dónde o por
    que señal tengo de saber que la tengo de poseer? Entonces le reveló Dios que no el en persona, sino sus hijos, despues de cuatrocientos años, la habían de poseer. De donde acabó Abraham de
    entender la promesa, la cual era en sí verdaderísima, porque, dándola Dios a sus hijos por amor de el, era dársela a el. Y así, Abraham estaba engañado en la manera de entender. Y si entonces obrara según el entendía la profecía, pudiera errar mucho, pues no era de aquel tiempo (y) los que le vieran morir sin dársela, habiendole oído decir que Dios se la había de dar, quedaran confusos y creyendo haber sido falso.
  2. Tambien a su nieto Jacob, al tiempo que Jose, su hijo, le llevó a Egipto por la hambre de Canaán, estando en el camino, le apareció Dios y le dijo (Gn. 46, 3­4): Jacob, Jacob, noli timere,descende in Aegyptum, quia in gentem magnam faciam te ibi. Egodescendam tecum illuc, et inde adducam te revertentem; que quiere decir: Jacob, no temas, desciende a Egipto, que yo descendere allí contigo, y cuando de ahí volvieres a salir, yo te sacare, guiándote. Lo cual no fue como a nuestra manera de entender suena; porque sabemos que el santo viejo Jacob murió en Egipto, y no volvió a salir vivo. Y era que se había de cumplir en sus hijos, a los cuales sacó de allí despues de muchos años, siendoles el mismo la guía del camino. Donde se ve claro que cualquiera que supiera esta promesa de Dios a Jacob pudiera tener por cierto que Jacob, así como había entrado vivo y en persona en Egipto por el orden y favor de Dios, así sin falta, vivo y en persona había de volver a salir de la misma forma y manera, pues le había Dios prometido lasalida y el favor en ella; y engañárase y maravillárase viendole morir en Egipto y que no se cumplía como se esperaba. Y así, siendo el dicho de Dios verdaderísimo en sí, acerca de el se pudieran mucho engañar.

  3. En los Jueces (20, 11 ss.) tambien leemos que, habiendose juntado todas las tribus de Israel para pelear contra la tribu de Benjamín, para castigar cierta maldad que entre ellos se había consentido, por razón de haberles Dios señalado capitán para la guerra, fueron ellos tan asegurados de la victoria, que, saliendovencidos y muertos de los suyos veintidós mil, quedaron muy maravillados y puestos delante de Dios llorando todo aquel día, nosabiendo la causa de la caída, habiendo ellos entendido la victoria por suya. Y como preguntasen a Dios si volverían a pelear o no, les respondió que fuesen y peleasen contra ellos. Los cuales, teniendo ya esta vez por suya la victoria, salieron con grande atrevimiento, y salieron vencidos tambien la segunda vez y
    con perdida de diez y ocho mil de su parte. De donde quedaron confusísimos, no sabiendo que se hacer, viendo que, mandándoles Dios pelear, siempre salían vencidos, mayormente excediendo ellos a los contrarios en número y fortaleza, porque los de Benjamín noeran más de veinticinco mil y setecientos, y ellos eran cuatrocientos mil. Y de esta manera se engañaban ellos en sumanera de entender, porque el dicho de Dios no era engañoso, porque el no les había dicho que vencerían, sino que peleasen; porque en estas caídas les quiso Dios castigar cierto descuido y presunción que tuvieron, y humillarlos así. Mas cuando a la postre les respondió que vencerían, así fue, aunque vencieron con harto ardid y trabajo.

  4. De esta manera y de otras muchas acaece engañarse las almas acerca de las locuciones y revelaciones de parte de Dios, por tomar la inteligencia de ellas a la letra y corteza. Porque, como
    ya queda dado a entender, el principal intento de Dios en aquellas cosas es decir y dar el espíritu que está allí encerrado, el cual es dificultoso de entender. Y este es muy más abundante que la
    letra y muy extraordinario y fuera de los límites de ella. Y así, el que se atare a la letra, o locución, o forma, o figura aprehensible de la visión, no podrá dejar de errar mucho y hallarse despues muy corto y confuso, por haber guiádose según elsentido en ellas y no dado lugar al espíritu en desnudez del sentido. Littera, enim, occidit, spiritus autem vivificat, comodice san Pablo (2 Cor. 3, 6), esto es: La letra mata y el espíritu da vida. Por lo cual se ha de renunciar la letra, en este caso, del sentido y quedarse a oscuras en fe, que es el espíritu, al cual no puede comprehender el sentido.

  5. Por lo cual, muchos de los hijos de Israel, porque entendían muy a la letra los dichos y profecías de los profetas, no les salían como ellos esperaban, y así las venían a tener en poco y no las creían; tanto, que vino a haber entre ellos un dicho público,casi ya como proverbio, escarneciendo de los profetas. De lo cual se queja Isaías (28, 9­11), diciendo y refiriendo en esta manera:
    Quem docebit Dominus scientiam? et quem intelligere faciet auditum? ablactatos a lacte, avulsos ab uberibus. Quia manda, remanda, manda, remanda; exspecta, reexpecta, exspecta, reexspecta; modicum ibi, modicum ibi. In loquela enim labii etlingua altera loquetur ad populum istum; quiere decir: ¿A quien enseñará Dios ciencia? ¿Y a quien hará entender la profecía y palabra suya? Solamente a aquellos que están ya apartados de la leche y desarraigados de los pechos. Porque todos dicen -es a saber, sobre las profecías-: promete y vuelve y vuelve luego a prometer, espera y vuelve a esperar, espera y vuelve a esperar; un poco allí; porque en la palabra de su labio y en otra lengua hablará a este pueblo. Donde claramente da a entender Isaías que hacían estos burla de las profecías y decían por escarnio este proverbio de espera y vuelve luego a esperar, dando a entender que nunca se les cumplía, porque estaban ellos asidos a la letra, que es la leche de niños, y al sentido, que son los pechos que contradicen la grandeza de la ciencia del espíritu. Por lo cual dice: ¿A quien enseñará la sabiduría de sus profecías? ¿Y a quien hará entender su doctrina, sino a los que ya están apartados de la leche de la letra y de los pechos de sus sentidos? Que por eso
    estos no la entienden sino según esa leche la corteza y letra y esos pechos de sus sentidos, pues dicen: Promete y vuelve luego a prometer, promete y vuelve a prometer, espera y vuelve a esperar, etc. Porque en la doctrina de la boca de Dios y no en la suya, y en otra lengua que en esta suya, los ha Dios de hablar.

  6. Y así, no se ha de mirar en ello nuestro sentido y lengua sabiendo que es otra la de Dios, según el espíritu de aquello muy diferente de nuestro entender y dificultoso. Y eslo tanto, que aun el mismo Jeremías, con ser profeta de Dios, viendo los conceptos de las palabras de Dios tan diferentes del común sentido de los
    hombres, parece que también alucina el en ellos y que vuelve por el pueblo diciendo (4, 10): Heu, heu, heu, Domine Deus, ergone decepisti populum istum et Ierusalem, dices: Pax erit vobis, et ecce pervenit gladius busque ad animam?; que quiere decir: ¡Ay, ay, ay, Señor Dios!, ¿por ventura has engañado a este pueblo y a Jerusalen, diciendo: Paz vendrá sobre vosotros, y ves aquí ha venido cuchillo hasta el ánima? Y era que la paz que les prometía Dios era la que había de haber entre Dios y el hombre por medio del Mesías que les había de enviar, y ellos entendían de la paz
    temporal. Y, por eso, cuando tenían guerras y trabajos, les parecía engañarles Dios, acaeciendoles al contrario de lo que ellos esperaban. Y así decían, como también dice Jeremías (8, 15): Exspectavimus pacen, et non est bonum; esto es: Esperando habemos paz, y no hay quien de paz. Y así, era imposible dejarse ellos de engañar, gobernándose sólo por el sentido literal.

Porque ¿quien dejará de confundirse y errar si se atara a la letra en aquella profecía que dijo David de Cristo (salmo 71, y en todo lo que dice en el) donde dice: Et dominabitur a mari busque ad mare, et a fulmine busque ad terminos orbis terrarum (v. 8), esto es: Enseñorearse ha desde un mar hasta otro mar y desde el río hasta los terminos de la tierra; y en lo que allí tambien dice:
Liberabit pauperem a potente, et pauperem cui non erat adjutor (v. 12); que quiere decir: Liberará al pobre del poder del poderoso, y al pobre que no tenía ayudador; viéndole después nacer en bajo estado, y vivir en pobreza, y morir en miseria, y que no sólo temporalmente no se enseñoreó de la tierra mientras vivió, sinoque se sujetó a gente baja, hasta que murió debajo del poder de Poncio Pilato, y que no sólo a sus discípulos pobres no los libró de las manos de los poderosos temporalmente, mas los dejó matar y perseguir por su nombre.

  1. Y era que estas profecías se habían de entender espiritualmente  de Cristo; según el cual sentido eran verdaderísimas; porque Cristo no sólo era señor de la tierra sola, sino del Cielo, pues era Dios. Y a los pobres que le habían de seguir, no sólo los había de redimir y librar del poder del demonio, que era el potente contra el cual ningún ayudador tenían, sino que los había de hacer herederos del reino de los cielos. Y así hablaba Dios, según lo principal, de Cristo y sus secuaces, que eran reino eterno y libertad eterna; y ellos entendían a su modo, de lo menos principal, de que Dios hace poco caso, que era señorío temporal y libertad temporal, lo cual delante de Dios ni es reino ni libertad.

De donde, cegándose ellos de la bajeza de la letra y no entendiendo el espíritu y verdad de ella, quitaron la vida a su Dios y Señor, según San Pablo (Act. 13, 27) dijo en esta manera: Qui enim habitaban Ierusalem et príncipes eius hunc ignorantes, et voces prophetarum, quad per omne sabbatum leguntur, iudicantes impleverunt; que quiere decir: los que moraban en Jerusalen y los príncipes de ella no sabiendo quien era ni entendiendo los dichos de los profetas, que cada sábado se recitan, juzgando, le acabaron.

  1. Y a tanto llegaba esta dificultad de entender los dichos de Dios como convenía, que hasta sus mismos discípulos que con el habían andado, estaban engañados; cual eran aquellos dos que después de su muerte iban al castillo de Emaús, tristes, desconfiados y diciendo (Lc. 24, 21): Nos autem sperabamus quod pise esset redempturus Israel, esto es: Nosotros esperábamos que había de redimir a Israel, y entendiendo ellos también que había de ser la redención y señorío temporal. A los cuales, apareciendo Cristo nuestro Redentor, reprendió de incipientes y pesados y rudos de corazón para creer las cosas que habían dicho los profetas (Lc. 24, 25). Y aún al tiempo que se iba al cielo, todavía estaban algunos en aquella rudeza, y le preguntaron (Act.1, 6), diciendo: Domine, si in tempore hoc restitues regnum
    Israel?, esto es: Señor, haznos saber si has de restituir en este tiempo al Reino de Israel.

Hace decir el Espíritu Santo muchas cosas en que el lleva sentido [del] que entienden los hombres, como se echa de ver en lo que hizo de decir a Caifás de Cristo: Que convenía que un hombre muriese porque no pereciese toda la gente (Jn. 11, 50). Lo cual no lo dijo de suyo; y el lo dijo y entendió a un fin, y el Espíritu Santo a otro.

  1. De donde se ve que, aunque los dichos y revelaciones sean de  Dios, no nos podemos asegurar en ellos, pues nos podemos mucho y  muy fácilmente engañar en nuestra manera de entenderlos; porque ellos todos son abismo y profundidad de espíritu, y quererlos limitar a lo que de ellos entendemos y puede aprehender el sentidonuestro no es más que querer palpar el aire y palpar alguna mota que encuentra la mano en el; y el aire se va y no queda nada.11. Por eso, el maestro espiritual ha de procurar que el espíritude su discípulo no se abrevie en querer hacer caso de todas lasaprehensiones sobrenaturales, que no son más que unas motas deespíritu, con las cuales solamente se vendrá a quedar y sin espíritu ninguno; sino, apartándole de todas visiones y locuciones, impóngale en que se sepa estar en libertad y tinieblas de fe, en que se recibe la libertad de espíritu y abundancia, y, por consiguiente, la sabiduría e inteligencia propia de los dichos de Dios.

Porque es imposible que el hombre, si no es espiritual, pueda juzgar de las cosas de Dios ni entenderlas razonablemente, y entonces no es espiritual cuando las juzga según el sentido. Y así, aunque ellas vienen debajo de aquel sentido, no las entiende. Lo cual dice bien san Pablo (1 Cor. 2, 14­15), diciendo: Animalis autem homo non percipit ea quad sunt Spiritus Dei; estulticia enim est illi, et non potest intelligere, quia de spiritualibusexaminatur. Spiritualis autem iudicat omnia; que quiere decir: El hombre animal no percibe las cosas que son del espíritu de Dios, porque son locura para el, y no puede entenderlas porque son ellas espirituales; pero el espiritual todas las cosas juzga. “Animal hombre” entiende aquí el que usa sólo del sentido; “espiritual”, el que no se ata ni guía por el sentido. De donde es temeridad atreverse a tratar con Dios y dar licencia para ello por vía de aprehensión sobrenatural en el sentido.

  1. Y para que mejor se vea, pongamos aquí algunos ejemplos. Demos caso que está un santo muy afligido porque le persiguen sus enemigos, y que le responde Dios, diciendo: Yo te librare de todos tus enemigos. Esta profecía puede ser verdaderísima y, con todo eso, venir a prevalecer sus enemigos y morir a sus manos. Y así, el que la entendiera temporalmente, quedara engañado, porque Dios pudo hablar de la verdadera y principal libertad y victoria, que
    es la salvación donde el alma está libre y victoriosa de todos sus enemigos, mucho más verdaderamente y altamente que si acá se librara de ellos. Y así, esta profecía era mucho más verdadera y más copiosa que el hombre pudiera entender, (si la entendiera cuanto a esta vida. Porque Dios siempre habla en sus palabras elsentido más principal y provechoso), y el hombre puede entender a su modo y a su propósito el menos principal, y así, quedar engañado; como lo vemos en aquella profecía que de Cristo dice David en el segundo salmo (v. 9), diciendo: Reges eso in virga
    férrea, et tamquam vas figuli confringes eso, esto es: Regirás todas las gentes con vara de hierro, y desmenuzarlas has como a un vaso de barro. En la cual habla Dios según el principal y perfecto señorío, que es el eterno, el cual se cumplió; y no según el menos principal, que era el temporal, el cual en Cristo no se cumplió en
    toda su vida temporal.
  • Pongamos otro ejemplo. Está una alma con grandes deseos de ser mártir. Acaecerá que Dios le responda diciendo: Tú serás mártir, y le de interiormente gran consuelo y confianza de que lo ha de ser.
    Y, con todo, acaecerá que no muera mártir, y será la promesaverdadera. Pues ¿cómo no se cumplió así? Porque se cumplirá y podrá cumplir según lo principal y esencial de ella, que será dándole el amor y premio de mártir esencialmente; y así le da verdaderamente al alma lo que ella formalmente deseaba y lo que el la prometió. Porque el deseo formal del alma era, no aquella manera de muerte, sino hacer a Dios aquel servicio de mártir y
    ejercitar el amor por el como mártir. Porque aquella manera de morir, por si no vale nada sin este amor, el cual (amor) y ejercicio y premio de mártir le da por otros medios muy perfectamente; de manera que, aunque no muera como mártir, queda el alma muy satisfecha en que le dio lo que ella deseaba.

  • Porque tales deseos, cuando nacen de vivo amor, y otros semejantes, aunque no se les cumpla de aquella manera que ellos los pintan y los entienden, cúmpleseles de otra y muy mejor y más a honra de Dios que ellos sabían pedir. De donde dice David (Sal. 9, 17): Desiderium pauperum exaudivit Dominus, esto es: El Señor cumplió a los pobres su deseo. En los Proverbios (10, 24) dice la Sabiduría divina: Desiderium suum iustis dabitur: A los justos
    dárseles ha su deseo. De donde, pues vemos que muchos santos desearon muchas cosas en particular por Dios y no se les cumplió en esta vida su deseo, es de fe que, siendo justo y verdadero su deseo, se les cumplió en la otra perfectamente. Lo cual, siendo así verdad, también lo sería prometersele Dios en esta vida, diciéndoles: “Vuestro deseo se cumplirá”; y no ser en la manera que ellos pensaban.

    1. De esta y de otras maneras pueden ser las palabras y visiones de Dios verdaderas y ciertas, y nosotros engañarnos en ellas, por no las saber entender alta y principalmente y a los propósitos y sentidos que Dios en ellas lleva. Y así, es lo más acertado y seguro hacer que las almas huyan con prudencia de las tales cosas sobrenaturales, acostumbrándolas, como habemos dicho, a la pureza de espíritu en fe oscura, que es el medio de la unión.

    Cap. 20

    En que se prueba con autoridades de la Sagrada Escritura cómo los  dichos y palabras de Dios, aunque siempre son verdaderas, no son  siempre ciertas en sus propias causas.

    1. Ahora nos conviene probar la segunda causa porque las visiones
      y palabras de parte de Dios, aunque son siempre verdaderas en sí,
      no son siempre ciertas cuanto a nosotros; y es por razón de sus
      causas, en que ellas se fundan. Porque muchas veces dice Dios
      cosas que van fundadas sobre criaturas y efectos de ellas, que son
      variables y pueden faltar, y así, las palabras que sobre esto se
      fundan tambien pueden ser variables y pueden faltar. Porque,
      cuando una cosa depende de otra, faltando la una, falta tambien la
      otra. Como si Dios dijese: “De aquí a un año tengo de enviar tal
      plaga a este reino”; y la causa y fundamento de esta amenaza es
      cierta ofensa que se hace a Dios en el reino: si cesase o variase
      la ofensa, podrá cesar el castigo y era verdadera la amenaza,
      porque iba fundada sobre la actual culpa, la cual, si durara, se
      ejecutara.
  • Esto vemos haber acaecido en la ciudad de Nínive de parte de
    Dios, diciendo (Jon. 3, 4): Adhuc quadraginta diebus, et Ninive
    subvertetur; que quiere decir: De aquí a cuarenta días ha de ser
    asolada Nínive. Lo cual no se cumplió porque cesó la causa de esta
    amenaza, que eran sus pecados, haciendo penitencia de ellos; la
    cual si no hicieran, se cumpliera. Tambien leemos en el libro 3º
    de los Reyes (21, 21) que, habiendo hecho al rey Acab un pecado
    muy grande, le envió Dios a prometer un grande castigo, siendo
    nuestro padre Elías el mensajero, sobre su persona, sobre su casa
    y sobre su reino. Y, porque Acab rompió las vestiduras de dolor, y
    se vistió de cilicio y ayunó y durmió en saco y anduvo triste y
    humillado, le envió luego a decir con el mismo profeta estas
    palabras: Quia igitur humiliatus est mei causa, non inducam malum
    in diebus eius, sed in diebus filii sui; que quiere decir: Por
    cuanto Acab se ha humillado por amor de mí, no enviare el mal que
    dije en sus días, sino en los de su hijo (21, 29). Donde vemos
    que, porque mudó Acab el ánimo y afecto con que estaba, mudó
    tambien Dios su sentencia.

  • De donde podemos colegir para nuestro propósito que, aunque
    Dios haya revelado o dicho a un alma afirmativamente cualquiera
    cosa, en bien o en mal, tocante a la misma alma o a otras, se
    podrá mudar en más o en menos, o variar o quitar del todo, según
    la mudanza o variación del afecto de la tal alma o causa sobre que
    Dios se fundaba; y así, no cumplirse como se esperaba, y sin saber
    por que muchas veces, sino sólo Dios. Porque aun muchas cosas
    suele Dios decir y enseñar y prometer, no para que entonces se
    entiendan ni se posean, sino para que despues se entiendan cuando
    convenga tener la luz de ellas o cuando se consiga el efecto de
    ellas; como vemos que hizo con sus discípulos, a los cuales decía
    muchas parábolas y sentencias, cuya sabiduría no entendieron hasta
    el tiempo que habían de predicarla, que fue cuando vino sobre
    ellos el Espíritu Santo, del cual les había dicho Cristo (Jn. 14,
    26) que les declararía todas las cosas que el les había dicho en
    su vida. Y hablando san Juan (12, 16) sobre aquella entrada de
    Cristo en Jerusalen, dice: Haec non cognoverunt discipuli eius
    primum: sed quando glorificatus est Jesus, tunc recordati sunt
    quia haec erant scripta de eo. Y así, muchas cosas de Dios pueden
    pasar por el alma muy particulares que ni ella ni quien la
    gobierna las entiendan hasta su tiempo.

  • En el libro primero de los Reyes (2, 30) tambien leemos que,
    enojado Dios contra Helí, sacerdote de Israel, por los pecados que
    no castigaba a sus hijos, le envió a decir con Samuel, entre otras
    palabras, estas que se siguen: Loquens locutus sum, ut domus tua,
    et domus patris tui, ministraret in conspectu meo, usque in
    sempiternum. Verumtamen absit hoc a me. Y es como si dijera: Muy
    de veras dije antes de ahora que tu casa y la casa de tu padre
    había siempre de servirme de sacerdocio en mi presencia para
    siempre. Pero este propósito muy lejos está de mí. No hare tal.
    Que, por cuanto este oficio de sacerdocio se fundaba en dar honra
    y gloria a Dios, y por este fin había Dios prometido darlo a su
    padre para siempre, en faltando el celo a Helí de la honra de Dios
    porque, como el mismo Dios se le envió a quejar, honraba más a sus
    hijos que a Dios, disimulándoles los pecados por no los afrentar,
    faltó tambien la promesa, la cual era para siempre si para siempre
    en ellos durara el buen servicio y celo.

  • Y así, no hay que pensar que, porque sean los dichos y
    revelaciones de parte de Dios, han infaliblemente de acaecer como
    suenan, mayormente cuando están asidos a causas humanas, que
    pueden variar, o mudarse o alterarse.

    1. Y cuándo ellos están pendientes de estas causas Dios solo sabe,
      que no siempre lo declara, sino dice el dicho o hace la revelación
      y calla la condición algunas veces, como hizo a los ninivitas, que
      determinadamente les dijo que habían de ser destruidos pasados
      cuarenta días (Jon. 3, 4). Otras veces la declara, como hizo a
      Roboán, diciendole (3 Re. 11, 38): Si tú guardares mis
      mandamientos como mi siervo David, yo tambien sere contigo como
      con el, y te edificare casa como a mi siervo David. Pero, ahora lo
      declare, ahora no, no hay que asegurarse en la inteligencia,
      porque no hay poder comprehender las verdades ocultas de Dios que
      hay en sus dichos y multitud de sentidos. El está sobre el cielo y
      habla en camino de eternidad; nosotros, ciegos, sobre la tierra, y
      no entendemos sino vías de carne y tiempo. Que por eso entiendo
      que dijo el Sabio (Ecli. 5, 1): Dios está sobre el cielo, y tú
      sobre la tierra; por tanto, no te alargues ni arrojes en hablar.
  • Y dirásme, por ventura: Pues si no lo habemos de entender ni
    entremeternos en ello, ¿por que nos comunica Dios esas cosas? Ya
    he dicho que cada cosa se entenderá en su tiempo por orden del que
    lo habló, y entenderlo ha quien el quisiere, y se verá que convino
    así, porque no hace Dios cosa sin causa y verdad. Pero esto se
    crea: que no hay acabar de comprehender sentido en los dichos y
    cosas de Dios, ni que determinarse a lo que parece, sin errar
    mucho y venir a hallarse muy confuso.

  • Esto sabían muy bien los profetas, en cuyas manos andaba la
    palabra de Dios, a los cuales era grande trabajo la profecía
    acerca del pueblo; porque, como (habemos) dicho, mucho de ello no
    lo veían acaecer como a la letra se les decía. Y era causa de que
    hiciesen mucha risa y mofa de los profetas; tanto, que vino a
    decir Jeremías (20, 7): Búrlanse de mi todo el día, todos me mofan
    y desprecian, porque ya ha mucho que doy voces contra la maldad y
    les prometo destrucción, y hase hecho la palabra del Señor para mi
    afrenta y burla todo el tiempo. Y dije: No me tengo de acordar de
    el ni tengo más de hablar en su nombre. En lo cual, aunque el
    santo profeta decía con resignación y en figura del hombre flaco
    que no puede sufrir las vías y vueltas de Dios, da bien a entender
    en esto la diferencia del cumplimiento de los dichos divinos, del
    común sentido que suenan, pues a los divinos profetas tenían por
    burladores, y ellos sobre la profecía padecían tanto, que el mismo
    Jeremías en otra parte (Lm. 3, 47) dijo: Formido et laqueus facta
    est nobis vaticinatio et contritio; que quiere decir: Temor y lazo
    se nos ha hecho la profecía, y contradicción de espíritu.

    1. Y la causa por que Jonás huyó cuando le enviaba Dios a predicar
      la destrucción de Nínive fue esta, conviene a saber: el conocer la
      variedad de los dichos de Dios acerca del entender de los hombres
      y de las causas de los dichos. Y así, porque no hiciesen burla de
      el cuando no viesen cumplida su profecía, se iba huyendo por no
      profetizar; y así estuvo esperando todos los cuarenta días fuera
      de la ciudad, a ver si se cumplía su profecía; y, como no se
      cumplió, se afligió grandemente, tanto que dijo a Dios (Jon. 4,
      2): Obsecro, Domine, numquid non hoc est verbum meum, cum adhuc
      essem in terra mea? propter hoc praeoccupavi, ut fugerem in
      Tharsis; esto es: Ruegote, Señor, ¿por ventura no es esto lo que
      yo decía, estando en mi tierra? Por eso contradije, y me fui
      huyendo a Tarsis. Y enojóse el santo, y rogó a Dios que le quitase
      la vida.
  • ¿Que hay, pues, de que maravillarnos de que algunas cosas que
    Dios hable y revele a las almas no salgan así como ellas las
    entienden? Porque, dado caso que Dios afirme al alma o la
    represente tal o tal cosa de bien o de mal para sí o para otra, si
    aquello va fundado en cierto afecto o servicio u ofensa que
    aquella alma o la otra entonces hacen a Dios, y de manera que, si
    perseveran en aquello, se cumplirá, no por eso es cierto; pues no
    es cierto el perseverar. Por tanto, no hay que asegurarse en su
    inteligencia, sino en fe.

  •  

    8 replies »

    1. Excelente aporte, Dios cumple las profecías a su manera no a la nuestra. Cabe preguntarse cual es el objetivo de la profecía. Yo creo que tenemos que mirar lo que ocurrió con la primera venida de Jesucristo. Unos pocos como Simeón y Ana, de enormes virtudes personales, tuvieron la gracia de darse cuenta que se estaban cumpliendo las profecías delante de sus ojos.
      Incluso los apóstoles no entendieron del todo de que iba la cosa hasta después de recibir el Espíritu Santo. La Virgen María estuvo meditando todo en su corazón. San José tuvo que recibir sueños aclaratorios etc.
      Nosotros, indignos, queremos tomar las escrituras y decir “ahora” o “el año que viene”.
      Pienso que, mas que para que hagamos predicciones, el objeto de la profecía puede ser mostrarnos a posteriori que Dios cumple su palabra siempre, el poder de Dios sobre el Tiempo, y que su sabiduría es tan superior a la nuestra que aunque tengamos la profecía siempre nos pilla a traspié. Algo parecido de lo que dice San Pablo en Rom. 11:32 “Porque a todos los ha encerrado Dios dentro de la desobediencia, para poder usar con todos de misericordia.”
      Que podría parafrasearse, “A todos los exegetas los hizo fallar para …”
      Además de premiar a las almas escogidas como Simeón y Ana.

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    2. 8 Et ego audivi, et non intellexi. Et dixi: Domine mi, quid erit post hæc?
      9 Et ait: Vade, Daniel, QUIA CLAUSI SUNT SIGNATIQUE SERMONES USQUE AD PRAEFINITUM TEMPUS.
      10 Eligentur, et dealbabuntur, et quasi ignis probabuntur multi: et impie agent impii, neque intelligent omnes impii: porro docti intelligent.

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    3. Estimado Jorge Rodríguez:

      Una pequeña corrección a eso: “La Virgen María estuvo meditando todo en su corazón.” La Virgen María sabía TODO. Es imposible dogmáticamente y místicamente atribuirle éste tipo de meditación. Por decirlo en una fuerte sentencia: La Virgen María nació sabiéndolo TODO. En Ella se cumplió toda ta revelación del AT en cuanto Theotokos, Deipara o Dei genetrix. Ninguna mente humana hubiera podido saber y pensar por sí misma que Jesu Cristo era la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Se le revelo solo a s. ap. Pedro y a nadie más, porque los demás deben creerlo, o sea, tener fe. La fe del s. ap. Pedro fue una fe, por decirlo así, ABSOLUTA. En s. ap. Pedro se renovó la fe de Abraham, y por eso es lícito llamar a s. ap. Pedro el Nuevo Abraham, el Padre de nuestra Fe; de aquí también la infalibilidad papal. Los iudaizantes ignoran eso, pues, aunque se le puede dar a Abraham el título de padre de nuestra Fe, no es lícito que a través de éste título se les de a los judíos una preeminencia autoritaria, ya que fallaron a la fe de Abraham.

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    4. No he estudiado el asunto, pero si sabía todo porqué durante la Anunciación se turbó (Lc 1:29) y se pregunto por el significado del saludo, y luego porqué preguntó al ángel Gabriel (1:34) “¿como seria esto?”

      Lucas 1:28 “Y entrado donde ella estaba, le dijo: “Salve, llena de gracia; el Señores contigo.” 29 Al oír estas palabras, se turbó, y se preguntaba qué podría significar este saludo. 30 Mas el ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia cerca de Dios. 31He aquí que vas a concebir en tu seno, y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32EI será grande y será llamado el Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre, 33 y reinará sobre la casade Jacob por los siglos, y su reinado no tendrá fin. 34 Entonces María dijo al ángel: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?” 35 El ángel le respondió y dijo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por eso el santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.

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    5. Estimado Jorge Rodríguez:

      La reacción es perfectamente normal: “se turbó, y se preguntaba qué podría significar este saludo”. No se deduce del saludo el contenido del anuncio que le hace el ángel Gabriel, solo que será algo especial, por eso “se turbó”, y el sentido del verbo no es peyorativo. Mas, imagínate que quién se turbo existía en una plenitud de gracias.

      Una mención más: incluso los ángeles, cuando toman cuerpo humano y viven temporalmente en el tiempo, no tienen una cronometría —no cronología—, rigurosa de lo que ha de pasar temporalmente; hay algo de incertidumbre incluso si sabes en detalle lo que va a suceder. Esto te puede servir para entender que la temporalidad del tiempo es, por decirlo así, elástica, y aún más en las profecías. El tiempo va junto con la libertad.

      Fraternales saludos en Cristo y María.

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    6. Enviado desde Correo de Windows

      De: AMOR DE LA VERDAD
      Enviado el: ‎martes‎, ‎11‎ de ‎noviembre‎ de ‎2014 ‎11‎:‎10‎ ‎p.m.
      Para: Manuel Cesar Andrade Diaz

      EL ARCA posted: “[Yo rogaría a los que han sostenido la reciente discusión sobre la letra de la Escritura, en particular la del Apocalipsis, en relación al supuesto Milenio profetizado en él, que lean lo siguiente del santo doctor San Juan de la Cruz, acerca de los dichos”

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    7. “La verdadera Sabiduría es la que va acompañada de caridad, de prudencia, de modestia, de humildad, de altruismo y de búsqueda exclusiva del bien.
      Ergo, quien, en lugar de tales virtudes, sólo exhiba soberbia, imprudencia, arrogancia, falta de respeto hacia los demas, y que -a través del disenso y la corrección de los otros- sólo busque la discusión, la conflictividad, la perturbación; ése, puede ser, sí, un erudito, un entendido, pero jamás un sabio”.

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