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RESTAURACIÓN


PERISCOPIO
03/01/2015

Por Nacho Alday
 

RESTAURACIÓN

Corria el año 1820 cuando el día de la fiesta de San Pedro la Beata Isabel Canori estando rezando por las necesidades de la Iglesia fue arrebatada en espíritu muy cerca de Dios. 

Tras ver un espantoso castigo sobre el mundo el Cielo se abrió bajando San Pedro sobre la tierra revestido con ornamentos pontificales y rodeado por gran número de ángeles que le reconocían como soberano. San Pablo bajó también del Cielo y fue encadenando los demonios para conducirlos hasta San Pedro el cual les ordenó que volvieran al infierno. Una gran claridad apareció indicando la reconciliación de Dios con los hombres. Entonces San Pedro escogió al nuevo Papa. La Iglesia fue reconstruida, las órdenes religiosas restablecidas y todos reconocieron al Papa como vicario de Jesucristo.

Al año siguiente, 1821, el Señor le anunció que esto no tardaría doscientos años en producirse. Por tanto, la restauración ha de ser antes de 2021. 

 


Igualmente la Beata Ana Mª Taigi, compañera de Canori, profetizó que después de las tinieblas San Pedro y San Pablo descenderían de los Cielos para designar un nuevo Papa.

7 replies »

  1. No son San Pedro y San Pablo. Solo hay dos hombres que vivieron y aún no murieron, y han sido reservados por Dios para predicar en el final de los tiempos, que sería en la mitad de la última semana (la 70) de la profecía de Daniel, y serán contemporáneos con el Anticristo luego que se manifieste. Estos dos Testigos son Enoc que fue arrebatado para predicar la penitencia a los que no son judíos, y Elías que fue arrebatado en un carro de fuego delante del profeta Eliseo, y vendrá para convertir a los judíos. Acabado su testimonio -que durará tres años y medio, lo mismo que la tiranía cruelísima del Anticristo, éste les quitará la vida, pero a los tres días resucitan… Todo esto sucede en el período previo a la Parusía de Nuestro Señor y corresponde al final de la sexta edad de la Iglesia Católica: Filadelfia -la nuestra-, al cabo de la cual se acaba la Gran Tribulación -en la que ya estamos- se produce la Segunda venida de Jesucristo en gloria y majestad, el Anticristo y el Falso Profeta caen vivos al Infierno, es atado el Diablo por mil años y comienza el reinado temporal de Jesucristo, según aquello que le dijo a Pilatos: “Mi Reino AHORA no es de aquí”, es decir en tiempo de Su Pasión, pero sí será luego de Su Vuelta por segunda vez a tomar posesión de lo que le corresponde por justicia y derecho.

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  2. Cuidado con Simón Del Temple, cual es milenarista y contumaz propagador de los errores del indexado Lacunza. Por ejemplo: afirma —y afirma eso desde más de tres años y medio—, que ya estamos en la Gran Tribulación. Primero: La Gran Tribulación dura solo tres años y medio, con lo cual etc. Segundo: Al hacer tales predicciones sobre los últimos tiempos cae bajo las penas establecidas en la bula Supernae Maiestatis.

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  3. Tenía entendido que LOS DOS TESTIGOS tendrían el espíritu de Enoc y Elías ( no que fueran ellos ) ,por ese motivo pensé que podrían ser san Pedro y san Pablo , el tiempo dirá quienes son.

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  4. No es el “tiempo” el que dirá quienes serán los Testigos. Ya lo dice la Escritura con lujos de detalles, y la Escritura es inerrante. No vendrán en espíritu, sino ellos mismos. Serán Enoc y Elías.

    En cuanto a que soy “milenarista” habría que quitar de la Escritura todas las promesas del reino en la TIERRA previo al Juicio Final. Pero como nadie las puede quitar y Dios no puede dejar de cumplirlas, creer, como dice la Escritura, que Jesucristo y los suyos reinarán mil años, y creer que eso es ser “milenarista” según el sentido literal, no significa creer lo que creyeron los herejes, y por tanto no es apartarse del sentir de la Iglesia, ni un ápice. Las quejas de los recalcitrantes que se la hagan a San Juan o en último término a Jesucristo que es Quien le reveló a San Juan que vendría a reinar mil años cuando “su reino. AHORA (después de Su Parusía) sea de aquí.

    Recomiendo leer y meditar pidiendo luces a Dios, las Profecías de Daniel, pues es el mismo Jesucristo que recomienda “entender” cuando se las lea. Y para entender la Profecía hay que entender, primero que nada, que Dios no hace nada que antes no haya comunicado a su Profetas. Viene al caso decir que San Juan es Profeta.
    La Profecía de las Setenta Semanas han sido cumplidas hasta la 69. Alli se detiene y se le manda sellar las palabras porque son para el fin de los tiempos , que dicho sea de paso no es el fin del mundo, o sea, no hay que confundir “fin de los tiempos” con “el fin del mundo” porque el mundo NO TENDRÁ FIN, sino que será TRANSFORMADO, como atestiguan los Profetas, San Pablo y San Pedro. y Esa transformación se hace después de la Gran Tribulación, la cual no hubo, NI HABRA JAMÁS, y decir que “no habrá jamás”, no significa que inmediatamente de pasada se entra en la eternidad significa que será la última, pues en el Reino de Cristo no existirá ningún tipo de tribulación.
    Que estamos en la Gran Tribulación -la Semana Setenta- lo atestigua la Apostasía reinante como religión idolátrica que “eclipsa” como dice Nuestra señora en La Salette a la Iglesia Católica, que el vértice de la Gran Tribulación será la aparición del Anticristo lo atestigua la Escritura, queriendo hacerse adorar como si fuera Dios. Que “el cuerno pequeño” ya existe y está creciendo en la oscuridad de las tinieblas lo atestigua la voluntad de los gobernantes mundiales de entregarle el triple poder a uno, que será reconocido por judíos y musulmanes “como el mesías esperado”, para eso existe la ONU, “los pies de barro y de hierro” no amalgamados de la Estatua que vio en sueños Nabucodonosor y que Daniel Profeta le reveló diciendo que sería un reino que vendría al final, es decir, de muchos reyes que harán “pacto con uno” “durante una semana y a la mitad de la semana hará cesar el Sacrificio y la oblación, pero “una piedrecita” destruye la estatua y crece tan grande que cubre toda la tierra, es decir, ¿Qué podría cubrir toda la tierra, luego que “la consumación decretada se derrame sobre el desvastador” sino el Reino Terreno de Jesucristo, la “piedrecita” que como dice el Evangelio “hace añicos sobre el que le caiga” y es “la piedra que desecharon los arquitectos”, o sea Jesucristo-Rey?
    ¿Qué insensato puede negarle semejante derecho a Jesucristo, que le corresponde por ser Dios, por justicia, porque lo ha conquistado a costa de Su Propia Sangre, y por ser Rey y Centro de toda la creación, por Creador y por Redentor.?

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