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¿SACRAMENTOS DE UN GRUPO O SACRAMENTOS DE LA FE Y DE LA IGLESIA?


[Es interesante el siguiente artículo de Ph. Guérard des Lauriers, escrito en 1989, sobre los sacramentos impartidos por aquéllos desconectados de la universalidad de la Iglesia y que sólo atienden con primor a sus fieles. Parece un artículo profético. La pregunta que está en el aire es por qué los que se reclaman obispos católicos no muestran ningún tipo de unidad ni miras comunes en cumplir la ley canónica en cuanto a un programa común, una Fe común sin diferencia o resquicio alguno, y un sincero deseo de actuar para resolver la carencia de un pastor. Estas son las ideas que me vienen a la cabeza a la vista del artículo siguiente. También se me ocurre pensar si los seguidores del mismo, Des Lauriers, no se habrán apartado de la corriente de la Fe, al sostener algo inaudito y ” particular” como es la “Tesis”. Pues respondámonos cada uno en conciencia y actuemos hasta  donde podamos y permita nuestra conciencia sincera y bien formada.]
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Revista Roma N° 110 – Octubre de 1989

LA PRIVACIÓN DE LOS SACRAMENTOS 

Michel Louis Guérard Des Lauriers, O.P. 

 
LA PARÁBOLA DEL BANQUETE Y LOS SACRAMENTOS

El Banquete es, directamente, el Banquete de la Cruz, la cual es para nosotros en la tierra no sólo la prueba sino la sustancia del Amor. Esto no puede evidentemente ser VERDADERO, es decir, ser REALIDAD, sino en la Santísima Fe. El error de una gran parte (la mayor parte, desgraciadamente) del actual tradicionalismo, de Ecône en particular, consiste en reducir el Banquete de la Cruz y de la Santísima Fe, al de los sacramentos. 

Sin embargo, lo que salva es la FE. Los sacramentos no son instrumentos (cuasi necesarios) de la salvación sino a condición de ser Sacramenta Fidei. Se desinteresan, EN LOS HECHOS, de la Cruz y de la Fe, todos los que consideran solamente los sacramentos. Y subvaloran por otra parte el alcance de los sacramentos ordenando estos últimos para la utilidad (espiritual) de tal grupo particular, no comprendiendo en la práctica que los sacramentos tienen, DE DERECHO, un alcance eclesial, y que se altera su naturaleza si se acepta que puedan ser EN PRINCIPIO el privilegio de un grupo particular. 

El Banquete es el de la Cruz, del AMOR CRUCIFICADO que es para nosotros en la tierra la sustancia del AMOR. “Omnia parata sunt” se interpreta fácilmente en esta perspectiva. El Maestro ha preparado el Banquete con Su Corazón, con Su Madre, y tiene para todo invitado una Mirada que le hace probar el sabor de la Cruz que le ofrece como para compartir la Suya. Los invitados juzgados dignos de este favor, y que lo rechazan porque están aficionados a “sus” sacramentos, no gustarán nunca el verdadero Banquete. Nescio vos! 

Ayudémonos mutuamente a recibir el Banquete de la Cruz, en la Santísima Fe que da acceso al AMOR CRUCIFICADO. 

Revista “Roma” N° 110, Octubre de 1989 Pg. 54
Visto  en Católicos Alerta

1 reply »

  1. Me parece que éste es un enunciado de carácter general que no aplica para las distintas Iglesias sedevacantistas Y las llamo a propósito así porque siempre ha sido costumbre en la Santa Madre Iglesia hablar de “la Iglesia de Argentina”, o “de España” o “de México”. Ahora tenemos iglesias particulares en cada lugar atendido por un verdadero sacerdote, y todas forman parte de la Madre. Hasta donde yo sé, ninguno de estos sacerdotes niega los sacramentos a quién cumpla las condiciones requeridas para recibirlo. No son sacerdotes para determinado grupo, salvo que entendamos como grupo a los que conservan por la Gracia de Dios la Verdera Fe y cumplen sus mandamientos y preceptos.

    Conozco restricciones a la dispensación de los sacramentos, pero todas corresponden a la satánica iglesia conciliar: misas para padres, para jóvenes, para mujeres, et. etc.Un familiar mío falleció a causa de un fulminante paro cardíaco. Los sacerdotes más cercanos a donde esto ocurrió, vivían en una casa del Opus Dei. Cuando su esposa corrió desalada a buscar a uno de ellos para que le administrara la Extrema Unción, el sacerdote que la atendó le dijo que no era función de ellos atender a los extraños a la orden. Tal vez a ellos se refería Dom Gerard.

    Por otra parte observo demasiado a menudo el efecto catastrófico de esta enseñanza, en rigor exacta, de que los sacramentos no son indispensables para la salvación. Muchos se aferran a ella para resistirse a recibirlos y para despreciar la Santa Misa a partir de desencuentros puramente particulares que tienen con los sacerdotes en cuanto personas y no como ministros de Dios.

    Imaginemos que esto se hubiera predicado siempre desde los púlpitos. ¿Qué hubiera pasado con los fieles de pequeños pueblos o villas donde tenían que “soportar” al mismo sacerdote durante 20 o 30 años? “yo con ese no me confieso” o “no comulgo” o “espero que llegue otro `para bautizar a mis hijos”. Total, los sacramentos no son indispensables.

    Decir que lo que salva es la Fe es por lo menos muy peligroso (demasiado protestante) cuando el comentario va dirigido al grán público, especialmente cuando “Roma no habla”

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