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JUICIO DE LAS NACIONES 5


Por Fernando Roqué

Desde que apareció la primera entrada con este tema, ‘El Juicio de las Naciones’, he estado tentado de tomar parte en el debate que el mismo suscitó, pero luego de pensarlo, antes que expresar mi opinión, prefiero transcribir algunos pasajes del libro ‘La Iglesia patrística y la Parusía’, cuyo autor, el P. Florentino Alcañiz, dedicose a estudiar, durante su ‘biennium’ en la Gregoriana para obtener su doctorado en Sagrada Escritura, el pensamiento de los Santos Padres y algunos escritores eclesiásticos de los primeros cinco siglos acerca de la Parusía y el Milenio. El fruto de su esfuerzo fue la obra mencionada, publicada en latín en el año 1933 en Granada. Vale la pena mencionar que quien llevó a Alcañiz por los caminos del ‘milenismo’ fue el P. José Rovira, conocido redactor del artículo ‘La Parusía’ en la Enciclopedia Espasa. La edición que poseo está traducida y comentada por el P. Castellani.
Al aportar estos fragmentos del estudio histórico del P. Alcañiz acerca de la doctrina patrística más antigua sobre algunos puntos de lo abordado en conjunto en el blog últimament; así como los comentarios exegéticos del P. Castellani, a los que adhiero en líneas generales, tengo la esperanza de que sirvan para aclarar y no para oscurecer. Innecesario decir que quien quisiere refutar lo expuesto aquí, por fuerza fragmentariamente,, por necesidad deberá acudir a la lectura atenta y pausada de la propia obra de Alcañiz. Lo mismo dígase del pensamiento del P. Castellani, a menudo mal entendido por la misma razón.

Voy, pues, seleccionando lo más afín a los motivos del post:

IGLESIA DE LOS VIADORES

Según la sentencia milenista, tres suertes de hombres habrá en el Advenimiento. La una, de los impíos, incrédulos e impenitentes que a una quedarán exterminados, en parte por las siete últimas plagas que el Apocalipsis memlora, en parte por la catástrofe del Anticristo; de donde ninguno quedará remanente durante los muchos años de Reino terrestre que seguirá a la Parusía. Estos son la Cizaña de la cual dijo Cristo: “Y en el tiempo de la siega diré a los segadores: Rejuntad primero la Cizaña y ligadla en hacecillos para la quema…Así será la consumación del siglo: Mandará el Hijo del Hombre sus ángeles y rejuntarán de su Reino todos los escándalos y todos los que obran iniquidad…”(Mt. XIII, 30).
Recogido el lolio, eliminada la impiedad y la corrupción, no se hallarán más corruptores en el Reino de Cristo; más o menos fervientes serán algunos, pero escandaloso ninguno.
En la primera Pesca milagrosa, antes de resucitar Cristo, la red acarreó peces buenos y malos, y se rompía; en la segunda empero, Cristo ya resurrecto, san Pedro “arastró la red a tierra llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y siendo tantos, no se rompió la red” (Jn. XXI, 2).
Estos dos milagros simbólicos, .los milenistas -por ej. san Agustín cuando lo era aún… si es que por ventura dejó nunca de serlo- interpretan de la Iglesia antes y después de la ‘primera resurrección’. Pues según elllos en la segunda Iglesia no habrá malos pejes, como los hay en la actual.
La segunda suerte de hombres que hallará el Advenimiento son aquellos “que no doblaron la rodilla ante la Fiera ni ante su figmento, ni recibieron su marca ni en su frente ni en sus diestras” (Ap, XX, 4). O sea hombres rectos, fervientes, intrépidos. Todos éstos, sin morir, en cuerpos gloriosos serán transfigurados y “arrebatados hacia Cristo en los aires. Y así siempre con Él estaremos”.
Este parecer es de todos los milenistas y de no pocos no milenistas.
La tercia suerte de hombres serán aquellos que cedieron al Anticristo, adoraron su imagen, recibieron en la frente o en la mano su marca (cualquiera sea esto en concreto), empero no por perversidad o malicia sino por flaqueza y miedo, éstos , como suele ocurrir, serán los más. ¿Qué suerte les tocará a éstos? Destruido el Anticristo, retirados sus prestigios mentirosos y su violencia tiránica, y vista en el mundo la gloria y majestad de Cristo, estos ‘miedosos’ (Ap.XXI, 8) harán penitencia, volviéndose de veras a Dios; de ellos y de sus descendientes será constituida la Iglesia de los viadores durante el Milenio.

IMPERIO DEL MESIAS

Sobre este estado de la Iglesia Caminante después de la Parusía hay discrimen entre los antiguos y los actuales milenistas: pues mientras aquéllos aplican las desaforadas (digamos con perdón) profecías antiguas a los glorificados que “reinarán con Cristo”, los modernos las aplican más bien a los viadores, o sea a los mortales.
Los milenistas opinan acerca de estos ‘caminantes’ lo siguiente:
Aunque la Iglesia no cambiará SUSTANCIALMENTE, ni en su régimen ni en la doctrina, ni en los sacramentos, adquirirá sin embargo en todo ello enormes perfeccione. Se volverá realmente el Reino universal, el Reino de la Justicia, el Reino de la Paz, el Reino de la Prosperidad y el Reino del Amor de Dios.
1°- Será, el Reino de Cristo, UNIVERSAL, para que se cumplan a la letra las incondicionales profecías hebreas, que ciertamente hasta ahora literalmente no se han cumplido; por ejemplo, en Daniel VII, 14: ” Y el Poder, la Gloria y el Reino le di, y todo pueblo, tribu y raza le servirá, pues el Reinado, el Poder y la Magnitud que hay debajo de todo el cielo será dado al pueblo de los Santos del Altísimo, cuyo Reino, Reinado sempiterno. Y todos los Reyes lo acatarán”.
“Y será Rey el Señor sobre toda la tierra. En aquel Día será el Señor uno y su Nombre será uno” (Zach, XIV, 9).
“¡Jerusalén, Ciudad de Dios!…con luz espléndida refulgirás; los extremos de la tierra te adoptarán” (Tob., XIII, 2)
“Y le adorarán todos los Reyes de la tierra. Todas las gentes le servirán” Ps. LXXI. 2).
2°- Será un Reino de JUSTICIA, osea, de santidad, lo cual igualmente es reiterado con persistencia en las Profecías (Isaías, XI, 9): “La tierra se hinchó de ciencia de Dios como una inundación del mar…” “Y pondré mi ley en sus entrañas, y la escribiré en sus corazones; y serp+e para ellos el su Dios; y serán para mí el mi Pueblo. Y no enseñará el hombre a su prójimo ni ya el hermano a su hermano, diciendo: ¡Conoce a Dios!, pues todos me conocerán, del primero al último, dice Dios” (Jer, XXXI, 34)
“Mas ya el Pueblo tuyo, todos juntos heredarán la tierra” (Is. LX, 21).
“No se oirá más iniquidad en toda la tierra tuya…” ( LX, 18).
3°- Será por tanto un Reino de PAZ, la cual de la Justicia y el Orden es nacida (Ps. XXI, 3): “Paz recibirán los montes y los cerros justicia, y la abundancia de la Paz hasta que sea quitada la Luna” (Posiblemente hasta que llegue el final ‘Nuevo Cielo con Nueva Tierra’).
“Y será la obra de la Justicia, Paz; y el culto de la Justicia, Quietud. Y en seguridad para en sempiterno. Y se sentará mi Pueblo en la Belleza de la Paz, y en la tienda de la Confianza; y en opulento reposo” (Is. XXXII, 17).
4°- Reino de PROSPERIDAD y opulencia; que necesariamente son producidos por la paz y la justicia. En esto no andan parejos nuestros milenistas, pues algunos describen el Reino terreno de Cristo como un verdadero Paraíso Terrenal restaurado; y otros, los modernos ante todo, se contentan con traducir buenamente y literalmente las promesas que se hallan en los Profetas: “Y circundaré mi monte con mi bendición, y le mandaré la lluvia a su tiempo; que será lluvia de bendición” (Ez. XXXIV, 26).
“Y dará todo árbol su fruto y la tierra dará su cosecha” (Ibid, 27).
“Y será en Día Aquél -dice Dios- escucharé a los cielos. los cielos escucharán a la tierra; la tierra escuchará al trigo, al vino y al aceite. Y éstos escucharán a Israel…” (Oseas,II, 21).
“He aquí vienen los Días -dice Dios- el arador pisará los talones del segador; y el pisauvas los del podador de viña; y destilarán miel los montes; y todos los cerros serán cultivos” (Amó,IX, 13).
5°- Finalmente, será el Reino del AMOR, en el cual Dios se mostrará blando y amoroso con los hombres: “Pues esto dice l Señor: Yo me bajaré a ella como río de paz y como torrente desbordado de la Gloria de las Gentes. La cual os amamantará. A los pechos seréis llevados, sobre las rodillas acariciados, como una madre cuando acaricia, así yo he de consolaros. Y en Jerusalén os consolaré” (Is. LXVI, 12-13).
“En un momento y por poco te he dejado. Y por misericordia mucha te rejuntaré. En el momento de la indignación escondí el rostro mío por poco de ti. Y en misericordia eterna me mesirecordié”, dice el el Señor tu Redentor” /Is. LIV, 8).
Será pues el Reino de aquella Caridad que Cristo en su Sermón Sacerdotal de la última cena a la vez mandó y predijo a sus Discípulos, como su último y más constante deseo; la cual en aquella perfección con que Cristo la expresa, ciertamente no la vemos hoy día.

LA IGLESIA DE LOS RESUCITADOS (Reinar y Juzgar)

Cristo, pues, bajará del cielo (y no dentro de un millón de años ni mucho menos) con sus santos y sus ángeles. ¿A qué fin? A reinar y a juzgar -responden los milenistas (dos palabras que son casi sinónimas en la Escritura, y ojalá lo fueran en los gobiernos modernos).
Al respecto, así hablan los Libros Santos: “Establécenos un Rey, para que juzgue entre nosotros” (IReg, VIII, 5), de donde el nombre de Jueces a los Caudillos que gobernaron a los hebreos antes de Saúl; y en el Salmo LXXI, donde se habla del Reino Mesiánico: “Oh Dios, otorga tu Juicio al Rey, y tu Justicia al Rey Hijo, para juzgar a su pueblo en justicia…Juzgará para el pobrerío del pueblo, y dominará de un mar al otro mar…Y le adorarán los Reyes todos; todos los pueblos de la tierra lo acatarán”.
Donde vemos que para expresar la idea del Reinado se aducen las palabras juzgar y señorear y adorar y prestar servicio. Y en el decantado Cap. XX del Apocalipsis: “Y vi sedes, y asentaron en ellas; y el juzgar les fue encomendado… Y vivieron y REINARON CON CRISTO POR MIL AÑOS.
Por otro lado, este Reino de Cristo propiísimamente es llamado el Juicio, pues en su inicio ocurrirá el juicio y castigo del Anticristo y de todos los malvados, de donde San Pedro dice; “En el día del Juicio y la Perdición de los hombres impíos” (I Pet. III,7); y por otra parte, el premio de la resurrección primera es discernido después a los mártires, o bien a todos los justos en general.
Según muchos milenistas, todo este tiempo veraz y propiamente debe llamarse el Juicio Universal, pues resucitarán paulatinamente todos los justos según sus méritos.
(Hasta aquí por hoy)

ERJOU KYRIE JESOU
(¡Ven, Señor Jesús!)

3 replies »

  1. Prosigo ahora con la transcripción de algunos pasajes seleccionados del libro ‘La Iglesia patrística y la Parusía’, del P. Florentino Alcañiz, traducido y comentado -como ya dije- por el P. Castellani.
    Y lo que leemos en Job, XIX, 25: “Sé que en el último DIA de la tierra he de resurgir”, lo aplican recordando que las palabras DIA, HORA, ENTONCES en la Escritura significan un espacio de tiempo no corto muchas veces. Sobre el ‘Dia del Señor’ hacen notar que S. Pedro dijo: “Esto no se os oculte, carísimos: que un Día ante Dios son mil años, y mil años como un día” (2 Petr., II, 8). Y San Pablo deadehala en II Tim., IV, 1: “Testifico delante de Dios y Jesucristo, que ha de juzgar vivos y muertos por su Venida y por su Reino”, de donde deducen que por su Advenimiento y por su Reino se efectuará el Juicio de vivos y muertos; como finalmente se expresa el Libro de la Sapiencia, III, 7, diciendo: “Fulgirán los justos y pulularán como chispa en el cañaveral; juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos; y reinará el Señor Dios de ellos para siempre y más que siempre”.
    Esta idea es importante y recibe solidísimo contrapuntal del profeta Joel, que describiendo en su Cap. III el Juicio Universal, profiere: “Surgid y allegaos gentes todas en circuito, suscitad a los robustos; lléguense, lléguense todos los guerreros; forjad vuestros arados en espadas y en lanzas las podaderas. Diga el flaco: ‘fuerte soy’. Surgid y allegaos gentes todas en circuito y congregaos. -allá va a tumbar Dios a los poderosos-, alzaos y subid vosotros Gentiles al Valle de Josafat, pues allí sederé a juzgar todas las gentes en circuito. Meted hoz, pues la mies está madura. Venid y descended, que pleno está el lagar y rebosa ya el trujal. La maldad culminó sobre la tierra. Pueblos, pueblos en el Valle del Fallo [Juicio]; pues llega el Día del Señor en el Valle del Fallo. Se oscurecieron sol y luna y se apagaron las estrellas. Y rugirá el Señor desde Sión y de Jerusalén dará su voz. Cielos y tierra moverá; pero el Señor refugio es de su pueblo, fortaleza de los hijos de Israel. Y sabréis que yo soy Señor Dios vuestro habitante en Sión, mi santo monte. Y Salén será santa y no ya más pisada de los bárbaros; y será Aquel Día: los montes darán miel y leche las colinas. Todos los ríos de Judá con agua y una fuente correrá por siempre desde la casa de Judá que regará el Valle de Sítim. Egipto será desolación; Edom será desierto perdido, porque iniquitaron a los hijos de Judá y derramaron la sangre inocente cuando estaban en su país. Mas Judea será poblada por siempre y Jerusalén generación tras generación; y vengaré su sangre no vengada. Y Dios conmorará en Sión”.
    Donde anotan los milenistas que aquí se habla con toda certeza del Juicio Universal (de hecho, de este lugar tomó su figura o parábola Jesús), y después de él aparece Judea poblada, Jerusalén habitada, y gran prosperidad material, descrita en los ‘clisés’ tradicionales de montes manando leche y miel ( o sea faldeados de abejas y vacas), ríos no resecos sino enchidos, fuentes perpetuas, etc. Todos los profetas parusíacos repiten este tópico.
    Lo mismo aparece en el profeta Zacarías, XIV, 5: “Y vendrá el Señor Dios mío, y todos sus Santos con Él. Y será en aquel día: no luz sino hielo, y frío. Y será un Día único que Dios sabe: ni día ni noche, y al atardecer vendrá la luz…”.
    Y después de indicado así, como se ve, el Juicio, añade de inmediato: “Y será en aquel Día: aguas vivas saldrán de Salén, la mitad hacia el mar de Oriente y la otra mitad hacia el mar novísimo; y andarán invierno y verano. Y SERÁ EL SEÑOR ENTONCES REY SOBRE TODA LA TIERRA. Y su nombre será uno solo. Y será mudada toda la tierra, hasta el desierto, desde el cerro Rimón hasta el sur de Salén. Y será magnificada y será habitada desde la puerta de Benjamín a la puerta uno, la puerta de la esquina; y desde la torre Hananeél hasta los lagares del Rey. Y la maldición no será más; mas Salén sederá segura”.
    Esta profecía realmente oscura aplica Lacunza con otros muchos al Milenio. Es innegable que San Juan en el Cap. XXII toma dos expresiones de Zacarías: el “río de agua viva” y el “anatema que se extingue”. El que quiera ver todavía más lugares paralelos, puede leer la obra de Eyzaguirre ‘Apocalipseos interpretatio litteralis’, Roma 1911; o bien otras similares que van en la bibliografía.

    CÓMO REINARÁN LOS SANTOS
    ¿De qué género será este ‘Reino de Cristo en la tierra’ según los milenistas?
    Aunque hemos escudriñado atentamente este punto, no hemos podido sacar en limpio nada muy fino, pues los diversos autores divergen en sus pensamientos; quizás porque en la Sagrada Escritura no se encuentra apoyo bastante.
    Los milenistas modernos afirman comúnmente que los Santos que bajarán con Cristo, harán su asiento en la tierra y no viajarán de paso, interpretando de ese modo las palabras del Apocalipsis (XXI, 30) ya citadas: “Y yo Juan he visto la Ciudad Santa, Jerusalén la nueva, descendiendo de Dios desde los cielos, como novia adornada para su esposo”; así como el texto de la Segunda Carta de San Pedro, III, 13: “Nuevos cielos y nueva tierra, según la promesa de Él, esperamos; en que habitará la justicia”.
    Todos los milenistas suponen que habrá trato o comunicación, cualquiera que sea, entre los viadores y los Beatos; del cual trato dimanarán muchos biene, y él sería la causa del estado floreciente de la Iglesia.
    ¿En qué forma? Los milenistas prudentes no lo dicen, pero suponen no será menor que el trato entre Cristo glorificado y sus Apóstoles en aquellos cuarenta días antes de la Ascensión; que ellos consideran fue el esbozo de este estado glorioso de los Mil años.
    Cristo, María y los Santos aparecerán pues a los hombres, a algunos al menos; conversarán con ellos, quizás se harán presentes en alguna solemnidad religiosa; quizás comerán juntos, aunque no por necesidad [obviamente], como hizo Cristo en el fiordo del Tiberíades; y de ese modo entienden la misteriosa palabra de Cristo en la ültima Cena: “Os diré: no beberé más de este zumo de vid hasta que lo beba con vosotros nuevo en el Reino de mi Padre” (Mt., XXVI, 29).

    Hasta aquí los fragmentos del libro de Alcañiz. Se comprenderá que éstas son apenas las líneas iniciales, que intentan resumir de algún modo el sentir común de aquellos santos y doctores de los primeros siglos, acerca del controvertido tema del Milenio, pero que aun en su brevedad -espero- alcanzan a expresar bastante con relación a los tópicos estudiados últimamente en el blog con el significativo título ‘Juicio de las Naciones’.
    Lamento ciertamente no poder transcribir el libro por entero, para provecho de todos los foristas. Como quiera que sea, y respondiendo a quien participa con el nombre Termini, no he encontrado en la Web ninguna edición en PDF para descargar, pero sí se pueden encontrar algunos ejemplares en bibliotecas, con la modalidad e-book; como también he detectado algún que otro ejemplar en papel, a la venta (entrar con Florentino Alcañiz/Castellani: La Iglesia patrística y la Parusía).

    Para cerrar, un breve comentario. Como dice Castellani, resulta algo extraño que se haga tanta cuestión, mayormente en algunos círculos sedicentes católicos, de una doctrina, la del MILENISMO ESPIRITUAL, abrazada casi unánimemente por quienes constituyen los primeros eslabones de la cadena de la venerable parádosis, o sacra traditio -como está expuesto en la obra de marras-; ¡más aún si se tiene en cuenta que tal doctrina se corresponde exactamente con lo que se halla expresado, con claridad meridiana, en la misma Sagrada Escritura!
    Por mi parte, creo que Nuestro Señor Jesucristo advendrá como su Palabra nos lo ha dicho, como el KYRIOS DE LA GLORIA , esto es, Rey de Reyes y Señor de Señores, y por cierto Visible “a todo ojo”; y que su Parusía será el inicio de su glorioso y esperado Reinado, y aunque verosímil es que su visibilidad en el transcurrir del mismo esté limitada a los resucitados en la PRIMERA RESURRECCIÓN y a los santos que descenderán con Él -y no a todos los viadores-, no obstante, sí que serán visibles y manifiestos a todos, en la entera ‘ktisis’ (vocablo empleado por los Padres griegos para designar la Creación in totum), los ilimitados efectos transformadores de su Encarnación y de su Redención, frenados u oscurecidos, en estos dos mil años de Cristianismo, ora por la acción del Enemigo, ora por el pecado del hombre, pero con todo siempre presentes, aunque latentes, en el seno de la vida mística de la Iglesia Santa.
    Por lo mismo, todas y cada una de las realidades del universo visible creado, cada cual según su modo y su jerarquía, habrán por fuerza de ‘mostrar’ el sello de su Creador, el Dios Todopoderoso UNO Y TRINO, esto es, brillará en ellas el signo inconfundible de la ‘sacralidad teándrica y trinitaria’.
    De donde se puede concluir, con justo juicio y sin temor alguno a error, que los que hoy esperan con fe y creen con esperanza en las promesas de Dios, verán cumplirse cabalmente lo que pedimos a diario en el Padrenuestro: “Hágase tu Voluntad, así en la tierra como en Cielo”; pues también aquí en la tierra se cumplirá Su Voluntad.

    Entretanto, junto con el Espíritu y la Esposa, decimos:

    ERJOU, KYRIE IÊSOU (¡Ven, Señor Jesús!)

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  2. Gracias Fernando Roqué por compartirnos ese maravilloso escrito del Padre Alcañiz.
    Un pequeño comentario sobre el ¿Cómo reinará con sus santos?, creo que lo tenemos a la vista en la forma en que los Santos mientras estaban todavía en la tierra, vivían en la Presencia del Señor y tenían comunicación con Él, con la Santísima Virgen, con los Ángeles y los Santos que ya estaban en el Cielo.
    Con la pequeña diferencia que esto será para todos los sobrevivientes (que son llamados en las Escrituras Santos del Altísimo) y como dicen las sagradas Escrituras: Isaías 11:9En la tierra habrá conocimiento de la Gloria del Señor como las Aguas, cubren el mar.
    o en otra parte que dice, Jeremías 31:34
    Y no tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciendo: “Conoce al SEÑOR, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande–declara el SEÑOR–

    También dice San Luis María G. de M. que será la era del Espíritu Santo, y supongo que El Señor nos instruirá directamente en la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, morando en nuestras almas sin ser contristado por el pecado, llevándonos dócilmente a vivir como en el Cielo, en todo CONFORMES Y PRONTOS A EJECUTAR LA VOLUNTAD DEL ALTISIMO, como SOLO UNA LO HA HECHO EN LA TIERRA, LA OBRA MAESTRA DE LA CREACIÓN, INMACULADA desde el mismo vientre de Santa Ana, Y POR ELLO MERECIÓ SER MADRE DE DIOS SEÑORA Y ABOGADA NUESTRA, MADRE DE TODOS LOS HIJOS DE DIOS.

    Padre ¡Venga a nosotros Tu Reino
    Y Hágase Tu Voluntad en la tierra, como en el Cielo!

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