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LA FE DE PEDRO NO FALLÓ


[Republico este artículo porque creo que su actualidad en nuestros días es acuciante. Me refiero al artículo-que al parecer también publicará en el número de noviembre The Traditionalist- que he visto en el portal “Adelante en la Fe” que reproduce un brillante artículo publicado en 1977 en los días en que alcanzó dramatismo la “rebelión” de Mons. Lefebvre contra el “papa” Pablo VI. En aquellos días se sustanció la posición de Lefebvre consistente en “reconocer a los papas como tales, pero resistiéndoles” en sus desviaciones de la Tradición, de la que él se erigía en guardián y campeón. Esta posición continúa hasta nuestros días en sus sucesores y más dramática en la FSSPX de la estricta observancia, con Williamson como cabeza visible.
Ahora bien esta posición no es católica. Nunca existió en la Iglesia, por más que los desviados acusen de “papólatras” a los que mantienen la verdadera posición católica. Nadie hasta los días de Lefebvre se erigió en guardián de las esencias del catolicismo frente a los papas, y mucho menos nadie manejó el tamiz, para cribar las pepitas de oro de la Tradición, para desechar en el fango la doctrina papal o sus leyes litúrgicas etc.. que se apartasen de ella. Ese error lefebvriano es simplemente una herejía, herejía en la que cayó en la última etapa de su vida el “defensor de la Fe” Lefebvre. Que nadie me argulla de pretencioso por decir esto, que por otra parte es evidente, porque está suficientemente demostrado en el blog por plumas mucho más autorizadas que la mía.
De lo anterior resulta la necesidad que ha tenido la FSSPX y sigue teniendo, de “crear” papas heréticos (entre los cuales principalmente, Liberio, Honorio, Juan XXII, y algunos recientes [preconciliares] sobre quienes siente la necesidad compulsiva de verter su acusación de herejía o error contra la Fe. No se ha visto libre de esta necesidad el portal citado al acoger en su seno un post de Roberto de Mattei, acusando a Juan XXII de herejía, a tanto llega la alargada sombra de Lefevre en el “catolicismo” actual.
Ahora el dicho portal reproduce un histórico artículo deplorable, que merece una refutación que proponemos hacer en otro post, desde una óptica católica apartada por serlo del lefebvrismo.
En ese artículo de 1977 “Otro artículo bomba de Neil McCaffrey. Simplemente substituya Pablo VI por Francisco” encontramos en él esta afirmación:

“Ningún Papa -hasta el mismo San Pedro lo sabe- está más allá del error”

Es evidente que el autor piensa que San Pedro, la Roca sobre la que se edifica la Iglesia, cayó en el error. Y si este error fuera en materia obligatoria, por estar en la Escritura o constar en ja entera Tradición o doctrina de la Iglesia, sería nada menos que herejía. “San Pedro fue hereje” parecen decir aunque nunca lo dicen con claridad y con  tal contundencia. Si esto fuera así ¿Qué mucho que hubiera papas igualmente herejes?. A ellos habría que reconocer tal como se hizo con San Pedro. Con este supuesto el lefebvrismo se puso manos a la obra. Consultó libros de cismáticos griegos, aceptó actas falsificadas de concilios (señalado por San Roberto Belarmino), acudió a los teólogos protestantes, a jansenistas, a Febronianos, a jansenistas, a Galicanos y en nuestros días a modernistas, para sacar a la luz pública razones y pruebas que demuestren su tesis: las herejias de los papas, y de paso cohonestar su herejía, que en el blog se ha llamado hereticismo por un autor conspicuo.
Pues a la base de estas aberraciones lefebvristas está el incidente de Antioquía, en el cual habría naufragado la Fe de Pedro. He aquí el necesario sostén de la posición que hasta nuestros días sostiene la endeble sociedad FSSPX, y la fuerte y combativa FSSPX de Williamson, en la que el lefebvrismo se enroca y hace fuerte en medio de dislates teológicos y contradicciones, que es el séquito que nunca falta en la herejía. Y esta posición es sostenida, lo decimos con dolor, por visitantes del blog que al parecer se someten a cualquier disparate con tal de tener “papa” y no caer en el apestado sedevacantismo, que por cierto sostiene él solo, la posición católica multisecular por más que algunos desviados los califiquen de “montaraces” y papólatras. ¡Papólatras quienes son los únicos que han denunciado la vacancia de la Sede! Como aquéllos católicos que salieron por las calles gritando enardecidos ante el herético sermón del Patriarca de Constantinopla Nestorio: “Tenemos emperador pero no tenemos Patriarca”. El actual sedevacantista tiene dos  lumbreras que le orientan: la Fe y la palabra de su Papa y Pastor. Pero si entre ellas hubiere diversidad, se agarra a la lumbrera de la Fe y grita “no tenemos papa”, porque con seguridad nunca lo ha sido por su herejía antecedente a su elección y ha carecido en su “pontificado” de la protección divina por la que rogó Nuestro Señor: Yo he rogado por ti, para que tu Fe no falle“.
El post siguiente se publicó originalmente el 12 de diciembre de 2012 y fue titulado con santa indignación católica : “La Fe de Pedro no falló”. Conserva toda su dramática actualidad en nuestros días aciagos en los que un apóstata se sienta en la Sede de Pedro, pero que es reconocido como “Nuestro Santo Padre”.]

LA FE DE PEDRO NO FALLÓ EN ANTIOQUÍA

Puede descargarse aquí el documento La Fe de Pedro no falló

Es increíble encontrarse a cada paso con la objeción, que en el fondo se hace contra la indefectibilidad e infalibilidad de los papas, hecha a San Pedro en el incidente de Antioquía. ¡Pedro se desvió de la Fe, cuanto más lo harán los papas sus sucesores! Viene a decir. Frente a esto no cabe más que lo que hizo San Pablo frente a él “RESISTIRLES EN LA CARA!

La siguiente es una cita [ reciente pero-edito- con anterioridad ha habido comentarios y réplicas, con contrarréplicas sobre el mismo asunto] de un comentarista que la trae para objetar que los papas pueden caer en errores contra la Fe y aun en herejías. En efecto dice:

en el caso relatado en Gálatas, Cefas no solo realiza un acto censurable sino que según Pablo contradecía “la verdad del evangelio” y por tanto se trata de una acción herética.

[Notemos el sofisma:¡Como si todo lo que fuera contra a el Evangelio o la doctrina evangélica, fuera herético! El homicidio va contra el Evangelio y su verdad ¡pero no es una herejía!]

“Y ya, sólo el ejemplo relatado en Gálatas 2, vendría a demostrar que no sólo el papa puede ser falible, sino que si el mismo Pedro pudo errar, cuanto más sus sucesores”.

Lo anterior le da pie para afirmar más adelante:

Por reducción al absurdo admitamos la hipótesis de que un papa legitimado como pastor y maestro de la Iglesia y con toda solemnidad define una verdad de fe y siempre por hipótesis supongamos que esa supuesta verdad de fe es una herejía… ¿QUEDARÍA CON ELLO NEGADA LA DEFINICIÓN DE LA INFALIBILIDAD papal DEL VATICANO I? RESPUESTA: NO, NO QUEDARÍA ABOLIDA LA INFALIBILIDAD PAPAL.

¿Por qué no quedaría negada la infalibilidad papal cuando este último define una herejía? Pues, porque al definir una herejía quedarían automáticamente depuestos de su función de Papas, y no en ese momento sino desde el momento que aceptaron una herejía.
[O sea que él osos sería infalible hasta que deje de serlo porque entonces dejaría de ser papa. Nótese el argumento circulas. Yo sería infalible hasta que enseñe un error porque entonces ¡dejaría de ser u falible!]
Por tanto, teóricamente es perfectamente posible que un papa recaiga en la herejía.

Hasta aquí la objeción, mucho más frecuente de lo que se pudiera suponer, y que se deriva en gran parte, en mi opinión, de la mala interpretación del “incidente de Antioquía”

Ahora bien las siguientes son citas entresacadas del artículo siguiente. ¿Se atreverán los que tales objetan contradecir a los siguientes santos Padres y al príncipe de la teología católica, Santo Tomás de Aquino?

1/En el siglo III el escritor eclesiástico Tertuliano (De la prescripción contra los herejes, cap. 23):

San Pedro cometió allí “un error de procedimiento y no de doctrina”.

San Jerónimo: Carta dirigida a San Agustín en 404)

!Él se retiraba y se separaba temiendo los reproches de los circuncisos. Temía que los judíos, de los cuales era el apóstol se alejaran de la fe de Cristo con ocasión de los gentiles; IMITADOR DEL BUEN PASTOR, temía perder el rebaño confiado a sus cuidados”

San Juan Crisóstomo,

¡San Pedro actuó así por caridad, y no porque se hubiera desviado de la fe él mismo!

Pedro no osaba decir claramente y abiertamente a sus discípulos que era necesario abolirlas enteramente. Temía, en efecto, que si trataba de suprimir prematuramente estos hábitos, destruiría al mismo tiempo la fe de Cristo, pues el espíritu de los judíos, dese mucho tiempo imbuido de los prejuicios de su ley, no estaba preparado para entender tales consejos. Por eso San Pedro les dejaba seguir las tradiciones judaicas

Santo Tomás dice:

Actuaba así, porque temía a aquellos que venían de entre los circuncisos” (Gálatas II, 12), es decir los judíos, si se quiere no por un temor humano o mundano, sino por UN TEMOR INSPIRADO POR LA CARIDAD, es decir para que no fuesen escandalizados, dice la Glosa. Pedro deviene por esta conducta como judío con los judíos, fingiendo, con ellos que eran débiles, pensar como ellos. Sin embargo, este temor de su parte era opuesto al orden, porque no se debe jamás abandonar la verdad por temor al escándalo” (Santo Tomás: Comentario sobre todas las epístolas de San Pablo; lección 3 sobre el capítulo II de la epístola a los Gálatas ).

Este es el artículo:

LA FE DE PEDRO NO FALLÓ EN EL INCIDENTE DE ANTIOQUÍA

2.4. 2 SAN PEDRO

Ésta es una acusación que concierne al primer papa, San Pedro mismo. ¿No fue San Pedro amonestado por San Pablo por haber puesto en peligro la sana doctrina? (Gálatas II, 11).

Desde el comienzo del cristianismo, ciertos falsos hermanos intentaron judaizar la Iglesia.

“Falsos hermanos se habían introducido por sorpresa (en la Iglesia), y se habían deslizado furtivamente entre nosotros, para observar la libertad que tenemos en Jesucristo, y para reducirnos a servidumbre”, sujetándonos de nuevo al yugo de las prescripciones legales judaicas (Gálatas II, 4).

Estos falsos hermanos exigieron a los paganos convertidos al cristianismo que observaran también las prescripciones del Antiguo Testamento. En el concilio de Jerusalén, San Pedro dijo que no era necesario obligar a los paganos a esta observancia: Los participantes del concilio se ajustaron a la opinión del primer papa (Hechos de los apóstoles XV, 1 – 29; Gálatas II, 1 – 6).

San Pedro deja Jerusalén para ir a Antioquía. Él no observaba ya las prescripciones legales del judaísmo. Pero un tiempo después, arribaron a Antioquía cristianos de origen judío que venían de Jerusalén, que practicaban todavía la ley antigua. De resultas, San Pedro come con ellos a la manera judía, para no ofenderlos. Esto le valió una censura de parte de San Pablo.

San Pablo mismo relata en su epístola a los Gálatas, cómo se desarrolla el incidente de Antioquía. Citamos esta epístola agregando entre paréntesis algunas explicaciones.

“Cuando Kephas (San Pedro) vino a Antioquía”, cuenta San Pablo, “yo le resistí en cara, porque él era reprensible. Pues, antes que algunas gentes (= cristianos de origen judío que practicaban todavía las prescripciones judaicas) del entorno de Santiago (obispo de Jerusalén) hubieran arribado, él comía (indiferentemente toda suerte de viandas) con los gentiles (convertidos); pero

después de su arribo, él se retira y se separa (de los gentiles); temiendo (escandalizar) a los circuncisos, ( a los cuales este uso de comidas prohibidas por la ley parecía un gran crimen). Y los otros judíos lo imitaron en su disimulación, al punto de arrastrar a Bernabé mismo a disimular con ellos. Pero cuando vi. que ellos no marchaban derecho según la verdad del Evangelio (que era ofendido por esta fingida observación de las ceremonias de la ley), dije a Kephas delante de todo el mundo:

“Si tú, siendo que eres judío vives como los gentiles y no según la ley judía, ¿cómo puedes (por tu ejemplo) llevar a los gentiles a judaizar? (…) El hombre no se justifica por las obras de la ley (antigua), sino solamente por la fe en Jesucristo” (Gálatas II, 11 – 16).

Destacamos en principio que San Pedro no enseña que haya que judaizar, sino que tuvo simplemente un comportamiento en ese sentido (“no marchaba” según el Evangelio, pero no “no enseñaba” según el Evangelio). Esto lo subrayaba ya en el siglo III el escritor eclesiástico Tertuliano (De la prescripción contra los herejes, cap. 23): San Pedro cometió allí “un error de procedimiento y no de doctrina”.

Por otra parte, fue por miedo de escandalizar a los cristianos de origen judío que él actuó así , como lo prueba la expresión “por temor”. La palabra “disimulación” indica que él no mostraba su verdadera convicción, que era ortodoxo. En fin, al escuchar sin decir palabra los duros reproches de San Pablo y modificar enseguida su actitud, da a todos una gran lección de humildad.

Para comprender bien el incidente de Antioquía, es necesario conocer el contexto histórico y geográfico de la época. Había, en efecto, una diferencia de tamaño entre la comunidad cristiana de Jerusalén y la de Antioquía.

Las prescripciones de la ley judaica sobre los alimentos, la circuncisión, los ritos de purificación, etc. No eran obligatorios para los gentiles (decisión de San Pedro en el concilio de Jerusalén) y no lo eran más tampoco para los judíos convertidos al cristianismo.

San Jerónimo: Carta dirigida a San Agustín en 404) No eran obligatorios para los gentiles (decisión de San Pedro en el concilio de Jerusalén) y no lo eran más tampoco para los judíos convertidos al cristianismo.

En Jerusalén, los cristianos de origen judío observaban todavía las prescripciones legales, mientras que en Antioquía, los cristianos de origen judío las habían ya abandonado. ¿Por qué? Porque en Jerusalén, los habitantes eran todos judíos, mientras que en Antioquía, la población era mixta: viendo que los cristianos gentiles de Antioquía no practicaban la ley judaica, los cristianos judíos de Antioquía se habían dejado arrastrar ellos mismos a abandonar sus antiguos hábitos judaicos.

Con el fin de respetar la sensibilidad de la comunidad cristiana de Jerusalén, destaca San Juan Crisóstomo, “Pedro no osaba decir claramente y abiertamente a sus discípulos que era necesario abolirlas enteramente. Temía, en efecto, que si trataba de suprimir prematuramente estos hábitos, destruiría al mismo tiempo la fe de Cristo, pues el espíritu de los judíos, desde mucho tiempo imbuido de los prejuicios de su ley, no estaba preparado para entender tales consejos. Por eso San Pedro les dejaba seguir las tradiciones judaicas” (San Juan Crisóstomo: Comentario sobre la epístola a los Gálatas).

Es así que San Pedro, por condescendencia para los cristianos judíos de Palestina, observaba las prescripciones judaicas mientras residía en Jerusalén. Por el contrario, arribado a Antioquía, podía permitirse vivir a la manera

de los gentiles sin temor de chocar a los cristianos judíos de Antioquía. Los fieles de Antioquía habían, en efecto renunciado hacía tiempo a la observación de las prescripciones legales del judaísmo.

Pero cuando algunos cristianos judaizantes de Jerusalén llegaron a Antioquía, San Pedro cambia de nuevo su conducta, y observa la ley judaica, con el fin de no escandalizar a los recién llegados, como lo explica San Juan Crisóstomo:

“ Mientras Pedro vivía así (en Antioquía), llegaron algunos judíos enviados por Santiago, es decir desde Jerusalén, los que habiendo permanecido siempre en esa ciudad y sin haber conocido jamás otras costumbres, conservaban los prejuicios judaicos y guardaban mucho sus prácticas. Pedro, al ver luego esos discípulos que venían de dejar a Santiago y Jerusalén, y que no estaban todavía confirmados (en la fe), temió que si sufrían un escándalo rechazarían la fe. Cambia nuevamente de conducta, y cesando de vivir a la manera de los gentiles, volvió a su primera condescendencia y observa las prescripciones relativas a la alimentación” (81. Juan Crisóstomo: Homilía sobre este texto: “yo le he resistido en cara”).

Sin embargo, cuando se dio cuenta (gracias a la reprimenda de San Pablo) que su actitud condescendiente respecto a los judíos arribados de Jerusalén peligraba de volverse contra la fe, San Pedro cambia inmediatamente y definitivamente de actitud. Dice San Juan Crisóstomo:

¡San Pedro actuó así por caridad, y no porque se hubiera desviado de la fe él mismo!
En resumen, el reproche de San Pablo era justificado, porque la actitud demasiado condescendiente de San

Pedro respecto a los judaizantes llegados de Jerusalén se volvía en detrimento de los fieles de Antioquía.

Sin embargo, hace falta decir en descargo de San Pedro que su conducta era inspirada por un motivo noble, pues había judaizado únicamente para evitar escandalizar a los judíos llegados de Jerusalén: “temía que si ellos experimentaban un escándalo, rechazarían la fe”

El príncipe de los teólogos, Santo Tomás de Aquino, no dice otra cosa en su comentario sobre la actitud de San Pedro en Antioquía. “Actuaba así, porque temía a aquellos que venían de entre los circuncisos” (Gálatas II, 12), es decir los judíos, si se quiere no por un temor humano o mundano, sino por UN TEMOR INSPIRADO POR LA CARIDAD, es decir para que no fuesen escandalizados, dice la Glosa. Pedro deviene por esta conducta como judío con los judíos, fingiendo, con ellos que eran débiles, pensar como ellos. Sin embargo, este temor de su parte era opuesto al orden, porque no se debe jamás abandonar la verdad por temor al escándalo” (Santo Tomás: Comentario sobre todas las epístolas de San Pablo; lección 3 sobre el capítulo II de la epístola a los Gálatas ).

A manera de conclusión, citaremos todavía a San Jerónimo: “Él se retiraba y se separaba temiendo los reproches de los circuncisos. Temía que los judíos, de los cuales era el apóstol se alejaran de la fe de Cristo con ocasión de los gentiles; IMITADOR DEL BUEN PASTOR, temía perder el rebaño confiado a sus cuidados” (San Jerónimo: Carta dirigida a San Agustín en 404).

Fuente: Misterio de Iniquidad, Cap.2 (1)

24 replies »

  1. Acabo de leer por encima la entrada, y no salgo aún de mi perplejidad. Más adelante, cuando tenga tiempo, haré una lectura más a fondo de la misma y decidiré si merece la pena contestar o no contestar lo que aquí se dice.

    No obstante, y de todas maneras quedaría sumamente reconocido si se me contestara a dos cuestiones:

    PRIMERO
    Se dice en la entrada: “Es increíble encontrarse a cada paso con la objeción, que en el fondo se hace contra la indefectibilidad e infalibilidad de los papas, hecha a San Pedro en el incidente de Antioquía”.
    Y mi duda al respecto es doble: ¿se está diciendo que es de fe católica creer en “la indefectibilidad e infalibilidad de los papas”’ Entiéndaseme la pregunta, no me estoy refiriendo al papado como institución de derecho divina, sino a cada papa concreto (por ejemplo, el mismo San Pablo). Y en caso de respuesta positiva a lo anterior, me gustaría saber en qué fuentes del Magisterio se basa para tal afirmación.

    SEGUNDO
    Y esto es una mera curiosidad sin más trascendencia, me gustaría saber porque se me cita a la letra de una entrada anterior mía y no se menciona mi nombre, contra la costumbre, me parece, del propio bloguero. Mi duda es si es casual, o es simplemente producto de una animosidad especial.

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    • Estimado Sr.Echeverría: en primer lugar le recuerdo que Ud. cuenta con mi respeto y afecto personal. Así pues lamento que, a lo que parece, no le ha parecido bien, que cite a la letra lo que se puede leer en su comentario, sin citar al autor del comentario que es Ud. Ud.hace una pregunta como mera curiosidad. Yo lo interpreto como algo que no le parece bien. Mi costumbre como Ud. sabe es citar siempre a los autores de escritos, artículos o posts.. En comentarios,sobretodo leídos en otros sitios, no suelo citar-careciendo de su autorización- su autor, ni siquiera por sus nicks. Autores de mi sitio podría citarlos evidentemente, pero he juzgado más prudente no hacerlo, sobre todo si es para disentir, como es este el caso. Simplemente me pareció más respetuoso no hacerlo. Pero como la objeción es algo que suele encontrarse repetida, en muchos sitios, me pareció traerla con sus palabras que la resumen perfectamente. Igualmente se diga de la conclusión, que yo considero falsa, de que un papa puede caer en la herejía. Y sobre todo, me parece cierta dicha de un papa, en el caso de una definición ex-cathedra dogmática. Con todo si la cuestión estriba en citar su nombre o no hacerlo, ésta tiene fácil remedio. Puedo editar el texto y citarlo por su nombre. Lo mismo digo del documento PDF, que sería fácil corregir. El post y el documento pueden caer en manos de personas que no hayan leído su comentario, y no veo la necesidad de citarlo. Tampoco veo que lo que Ud. hizo público en un comentario, se haga público en la publicación de un post [a mí ciertamente no me gustaría]. Creo que su curiosidad pueda estar satisfecha. Lo que hay que corregir se corrige. Reitero mis excusas por si le hubiera molestado.
      Respecto de la primera pregunta:
      ¿se está diciendo que es de fe católica creer en “la indefectibilidad e infalibilidad de los papas”’ Entiéndaseme la pregunta, no me estoy refiriendo al papado como institución de derecho divina, sino a cada papa concreto (por ejemplo, el mismo San Pablo[¿?supongo que quiere decir San Pedro]). Y en caso de respuesta positiva a lo anterior, me gustaría saber en qué fuentes del Magisterio se basa para tal afirmación.

      Le respondo: yo no he dicho lo que Ud. extrae en la pregunta, que sea de Fe o no lo sea, la indefectibilidad e infalibilidad de los papas. Sí digo, que de este incidente de Antioquía, muchos extraen la razón para negar ambas. Claro que no niegan lo que está definido o sea “los papas en su magisterio extraordinario, ex-cathedra, son infalibles. Pero hay un ancho campo para la disputa sobre el magisterio ordinario de los papas y de sus enseñanzas como doctores privados (no el ordinario y universal de los papas junto con los obispos, que según lo definido en Dei filius es una enseñanza dogmática). Muchos arguyen con el incidente de Antioquía. Yo creo que es un argumento excesivo, como puede leerse en el post, sobretodo por las autoridades que lo han refutado de plano.
      Me extraña que Ud. distinga entre el papado, y cada papa en concreto. Los papas concretos encarnan en un momento dado el “papado”. Y en algunos casos son, de fe obligatoria, infalibles, por ejemplo en su magisterio extra-ordinario ex-cathedra.También lo son en su magisterio ordinario-universal ex decir junto con los obispos unidos al papa (Dei Filius). La distinción entre el papado y los papas, yo creo que no procede. Los jansenistas hicieron la distinción entre la “Sede” y el “Sedens” precisamente para negar la infalibilidad de los papas.
      Respecto de la indefectibilidad en la Fe de los papas, yo creo que es un corolario del dogma de la indefectibilidad de la Iglesia hasta el fin del mundo (durará con las características esenciales de su ser, como es la infalibilidad y otras). Ahora bien, si la Iglesia fuera indefectible, ¿no lo será también su Pastor?.Si este cayera en el error contra la Fe definida y obligada, sería hereje. El común sentir de los doctores (TODOS, sus citas pueden sacarse del post ¿Puede un papa errar en la Fe?” al que me remito), así lo afirma. Por lo tanto creo que he contestado a su pregunta sobre la “infalibilidad e indefectibilidad” de los papas (Dei filius, Pastor Aeternus, muchas sentencias de padres, Doctores-en especial San Roberto Belarmino. En las pestañas relativas a Infalibilidad Pontificia e Infalibilidad, están gran parte de los posts que tratan de ello)
      En este blog, hay innúmeros testimonios de lo que es obligado creer por definiciones ex-cathedra, respecto de la infalibilidad de la Iglesia. pero nosotros también creemos que esta infalibilidad alcanza al magisterio ordinario de los papas.Esta es una proposición que creemos está demostrada en los posts de este blog. Tampoco creemos-tal como siempre se ha creído en la Iglesia- en la impertinencia de la distinción de “Papas como doctores privados” (véase el posr “El papa como doctor privado“. Naturalmente no decimos que los demás estén obligados a ello. Tampoco acusamos a nadie de herejía. Simplemente es muestra posición, creemos que muy fundada. Dicho brevemente. Un papa jamás naufragará en la Fe porque todos los papas, concilios y padres de la Iglesia lo han dicho.
      El teólogo Albert Pighius demuestra en su obra que “un papa está en la imposibilidad de desviarse de la Fe“. Lo que San Roberto Belarmino en su De Romano Pontifice juzga ser una opinión “muy fácil de defender“.
      En la obra citada San Roberto dice: ..por los hechos se prueba que ningún papa ha sido hereje, luego es un signo de que esto no puede ocurrir” (O.C. IV, cap.6). [Además trae bellas razones sobre a Providencia de Dios que no permitiría esto.
      Como esto es un comentario, no quiero alargarme. sí, le invito a leer los posts agripados en la pestaña Infalibilidad.

      Siento mucho que Ud. pueda sentirse molesto conmigo y en lo futuro me atendré a sus deseos. Bien es verdad que creo que es necesario no esconder la profunda discrepancia entre sus posiciones y las mías, en relación a este tópico.

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  2. He seguido toda la discusión, aunque he preferido no intervenir, pues ya se conoce mi posición sobre las condiciones de la infalibilidad. No comparto la opinión de que S. Pedro cayó en herejía y en eso estoy de acuerdo con el editor del block, al igual que me reservo, tras el post aparecido sobre Honorio, usar su caso en favor de mi tesis; al menos me reservo la opinión sobre Honorio, hasta no confirmar los argumentos aquí traídos en su defensa, los cuales me parecen serios, aunque no disipan algunas preguntas. No obstante si comparto algunas de algunas de las opiniones de Miguel Echeverría, aunque no todas.

    Sin embargo, no comparto la opinión teológica del editor respecto a la extensión de la infalibilidad del Papa a todo su magisterio ordinario (aquí, al menos admite en este post que es una creencia que piensan bien fundada; es decir una opinión que no hay porque subscribir). Agradezco, de la misma manera, su esfuerzo por no tachar de herejes a todos los que no comparten sus opiniones teológicas, que no forman parte del dogma, por muy fundamentadas crea tenerlas. No me quiero extenderme personalmente más, ya que cómo en su día les dije, estoy estudiando el tema que propuse: El dogma de ‘ Fuera de la Iglesia no hay Salvación’ desde el punto de vista del Tratado de la Gracia; espero poder compartir en su día, con el beneplácito del editor, mis conclusiones.

    Respecto al tema presente, les dejo la interpretación de Ludwig Ott, que no parece ni modernista ni lefrebviano, ya que aparece en una edición de 1963, la última sin errores doctrinales, exenta de las modificaciones que tuvieron las ediciones posteriores de la obra por influjo del pseudo concilio Vaticano II.

    “Para la recta inteligencia de este dogma (la infalibilidad del Papa), conviene tener presente:

    a) Sujeto de la infalibilidad es todo Papa legítimo, en su calidad de sucesor de San Pedro, príncipe de los Apóstoles; pero solamente el Papa, y no otras personas u organismos a quienes el Papa confiere parte de su autoridad magisterial, v.g., las congregaciones pontificias.

    b) Objeto de la infalibilidad son las verdades de fe y costumbres, sobre todo las reveladas, pero también las no reveladas que se hallan en íntima conexión con la revelación divina.

    c) Condición de la infalibilidad es que el Papa hable ex cathedra. Para ello se requiere: a) Que hable como pastor y maestro de todos los fieles haciendo uso de su suprema autoridad apostólica. Cuando habla como teólogo privado o como obispo de su diócesis, entonces no es infalible.

    ¡3) Que tenga la intención de definir alguna doctrina de fe o costumbres para que sea creída por todos los fieles. Sin esta intención, que debe ser fácilmente conocible por la fórmula usada o por las circunstancias, no puede haber definición ex cathedra. La mayor parte de las manifestaciones doctrinales de las encíclicas pontificias no son definiciones ex cathedra.

    d) Razón de la infalibilidad es la asistencia sobrenatural del Espíritu Santo que preserva al supremo maestro de la Iglesia de todo error. Conviene distinguir entre esta asistencia y la revelación, por la cual Dios comunica algunas verdades al que recibe la revelación; y es menester distinguirla también de la inspiración, que es un influjo positivo tal de Dios sobre el escritor, que Dios mismo resulta ser el autor de aquel escrito, que es palabra de Dios. La asistencia consiste en que el Espíritu Santo preserva al Supremo maestro de la Iglesia de dar una definición errónea («assistentia negativa») – esto responde a una antigua pregunta de Fray Eusebio-y le conduce, en cuanto sea necesario, al recto conocimiento y proposición de la verdad, valiéndose para ello de gracias externas e internas («assistentia positiva»). La asistencia divina no dispensa al sujeto del magisterio infalible de la obligación que tiene de esforzarse por llegar al conocimiento de la verdad con los medios naturales, principalmente con el estudio de las fuentes de la revelación; cf. Dz 1836.

    e) Consecuencia de la infalibilidad es que las definiciones ex cathedra de los Papas sean «por sí mismas» irreformables, es decir, sin la intervención de ninguna autoridad ulterior, como sería —según los galicanos— el consentimiento y aprobación de toda la Iglesia; Dz 1325 (4.0art. galicano).”

    Seguiré leyendo sus aportaciones; creo que los debates resultan más enriquecedores por la participación de Miguel Echeverría y otras, al parecer féminas, que últimamente leo en otros post.

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    • Estimado Sofronio:

      Lo que prueba el texto de Ott, y otros muchos que ud. pudiera alegar, es que efectivamente, una parte importante de los teólogos y pastores de la Iglesia ha entendido deficientemente la definición de 1870, creyendo que limitaba los casos y tiempos en que el Papa es infalible, cuando ésa no ha sido nunca la intención del Concilio, ni la interpretación obvia de sus textos.
      Por lo demás, el resumen de Ott no parece malo.
      Tal vez el problema es que se ha establecido, de manera más o menos implícita, una equivalencia automática entre dos clases de facultades poseídas por el Papa.
      La primera facultad, que podríamos llamar profética, o auctoritas, consiste en enseñar la Fe sin error, siempre y en cualquier circunstancia, independientemente de las demás cualidades humanas, morales o espirituales del titular del Pontificado, e independientemente de su voluntad actual, puesto que ya entregó su libertad en ese punto a la hora de aceptar canónicamente el Pontificado.
      Ese poder no tiene grados, siempre se ejerce a potencia máxima, no se puede ser más o menos infalible en cuestiones de fe y costumbres, igual que no se puede estar más o menos embarazada.

      La segunda, que podemos llamar real, o potestas, sin embargo, es una facultad de mando, obligación, imposición de precepto, y castigo a los infractores con las penas justas consiguientes.
      Y también, de simple descripción del estado interno de los contraventores de la autoridad divina, significada por el Pontífice, independientemente de las sanciones que éste quiera imponer o no.

      Ésta sí tiene grados de mayor o menor obligación, de tal manera que un Papa puede enseñar la misma verdad, con igual infalibilidad, pero con distintos grados de obligatoriedad, que pueden ir desde la simple exhortación, consejo o bendición, sin imponer obligación alguna con su potestas, hasta la promulgación solemne de esa verdad, cargando todo el peso de su potestas, y decretando la muerte espiritual fuera de la nave de la Iglesia para quien se atreva a ir en contra.

      Me temo que muchos han confundido auctoritas y potestas, y han atribuido a la primera los grados que sólo le corresponden a la segunda.

      Por lo que cuando dicen “El Papa no ha querido utilizar su infalibilidad”, o, “No es ex cathedra”, tal vez les sería más satisfactorio reformularlo como “El Papa no ha querido obligar-zanjar la cuestión-imponer pena” o, “El Papa no ha querido obligar en grado máximo, con la máxima pena”.

      Pondré un ejemplo: El Papa san Pío X hizo precisar que lo que él decía en las audiencias al episcopado italiano (que solían prolongarse mucho), no era obligatorio. ¿Querría decir con eso que se le podía escapar algún error caracterizado entre comentario y comentario? No ciertamente, y si hubiera estado allí, sabría, por una parte, que lo que dice el Papa en cuanto a doctrina o moral es cierto, pero que si mi vecino, por ejemplo, seguía manteniendo otra opinión diferente, no se le puede llamar hereje, o rebelde, o desobediente, porque la autoridad no desea imponer a través de la potestas, en esos casos.

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  3. PRIMERO
    (Sobre Gal. 2:11 y ss. Y su interpretación tradicional)

    Es cierto que la mayoría de los Padres al analizar estos versículos ensayan una explicación exculpatoria de la acción de San Pedro. Pero si se observa en la mayoría de los casos se trata de un análisis subjetivo en el que se trata de demostrar que la intención subjetiva de Pedro no era hacer mal. Ese intento a veces llega a extremos poco razonables como cuando Eusebio (Hist. Ecol., I, Hsi) dice que S. Clemente de Alejandría en el quinto libro de su Hypotyposeis, afirma que este Cefas no era el Apóstol, sino un de los setenta discípulos.
    Por lo demás la actitud de los Padres al respecto no es ni uniforme ni carente de divergencias. Por ejemplo, S. Jerónimo y S. Agustín tuvieron una animada controversia sobre la interpretación de este pasaje. En su “Comentario a los Gálatas”, Jerónimo, siguiendo a escritores anteriores como Orígenes y S. Crisóstomo, suponía que el asunto se arregló de antemano entre Pedro y S, Pablo. S. Agustín, poniendo el acento en las palabras “cuando vi que no procedían rectamente”, etc. mantiene que tal interpretación sería subversiva de la verdad de la Escritura. Toda la controversia puede leerse en el primer volumen de la edición de Venencia de las obras de S. Jerónimo, Epp., lvi, lxvii, civ, cv, cxii, cxv, cxvi.

    Por su parte, Santo Tomás de Aquino mantiene una actitud bastante ambigua entorno al pasaje, pues mientras hay textos en los que defiende que Pedro en esta ocasión solo comete pecado venial. En otros sitios dice otras cosas: Y por ejemplo, en el mismo texto citado por el señor Moimunan, se dice:

    “Actuaba así, porque temía a aquellos que venían de entre los circuncisos” (Gálatas II, 12), es decir los judíos, si se quiere no por un temor humano o mundano, sino por UN TEMOR INSPIRADO POR LA CARIDAD, es decir para que no fuesen escandalizados, dice la Glosa. Pedro deviene por esta conducta como judío con los judíos, fingiendo, con ellos que eran débiles, pensar como ellos. Sin embargo, este temor de su parte era opuesto al orden, porque no se debe jamás abandonar la verdad por temor al escándalo” (Santo Tomás: Comentario sobre todas las epístolas de San Pablo; lección 3 sobre el capítulo II de la epístola a los Gálatas).
    Donde por mucho que se resalte que Pedro actué por un temor que parte de la caridad, las palabras finales donde se descalifica ese temor: “temor de su parte era opuesto al orden, porque no se debe jamás abandonar la verdad por temor al escándalo”, eleva la gravedad del asunto a “abandonar la verdad”.

    Pero hay textos más contundentes de Sto. Tomás como el siguiente:

    “Debe observarse, sin embargo, que si la Fe fuera puesta en peligro, un sujeto debe reprender a su prelado, incluso públicamente. Por lo tanto Pablo, quien estaba sujeto a Pedro, lo reprendió en público, a causa de inminente peligro de escándalo concerniente a la Fe, y, como la glosa de Agustín dice en Gálatas 2:11, ‘Pedro dio un ejemplo a los superiores, que si en cualquier momento ellos pudieran estar descarriados del recto camino, ellos no deberían descartar ser reprobados por sus súbditos.’ (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, Pt. II-II, Q33, Art. 4, Ad. 2)

    Donde literalmente se acusa a Pedro de poner en Peligro la Fe con su actitud. Y no solo hace esa interpretación sino que atribuye de paso la misma interpretación a San Agustín

    En resumen: la actitud de Padres y maestros de la iglesia no es ni homogénea ni generalmente exculpatoria de la actitud de Pedro.

    SEGUNDO
    (Sobre Gal. 2:11 y ss. Y la gravedad de la actitud de Pedro)

    Pero, incluso más allá que San Agustín y el Aquinatense digan que Pedro pone en peligro la Fe con su actitud, están las mismas palabras de la Escritura, que son mucho más duras:
    Gál 2:14 sed cum vidissem quod non recte ambularent ad veritatem evangelii dixi Cephae coram omnibus si tu cum Iudaeus sis gentiliter et non iudaice vivis quomodo gentes cogis iudaizare.

    Y que universalmente es traducido a las lenguas modernas de la siguiente forma:
    Gál 2:14 Pero en cuanto vi que no procedían con rectitud, según la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: «Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?»
    Efectivamente, los términos en que se expresa las Escritura son una acusación gravísima: Pedro actúa contra la verdad del Evangelio, y su actitud al ser el quien es no solo es mala sino ademas es ejemplar y arrastra tras de sí a mucho… por el mal camino.
    ¿Cuál es la gravedad del acto de Pedro? ¿Por qué se lo toma tan a pecho Pablo? Básicamente por dos razones:

    A) Da a entender que la gracia de Jesucristo no es suficiente para salvarnos y que es necesario mantenernos en las formalidades de la Antigua Alianza.

    B) Oculta la ruptura que la Iglesia representa con los judíos que rechazan a Cristo, esto es, con el judaísmo. Más adelante, oiremos en la Iglesia la expresión “Sinagoga de Satanás”, pero, tan sinagoga de satanás era en el siglo I como en el siglo XXI.

    Y al respecto hasta hace gracia por la contradicción interna, que haya personas que consideren gravísima la actitud judaizante de los últimos papas (los cuatro últimos), que se rasguen las vestiduras porque el sucesor de Pedro entre en las sinagogas del mundo… y que en cambio justifique la actitud judaizante de Pedro. Una actitud judaizante adornada con un componente de hipocresía muy evidente. Pero, resulta que entre el asunto relatado en Gálatas y el último engendro ecuménico judaizante, en dos milenios, no ha cambiado nada esencial.

    EN RESUMEN: Las acciones ejemplares de Pedro en Antioquia eran acciones que implícitamente negaban la Verdad del Evangelio, y al negar la verdad del Evangelio era actitudes y acciones no solo implícitamente heréticas, sino que ademas incitaban a la herejía práctica a los demás fieles.
    El único atenuante de Pedro en el asunto de Antioquia es que su actitud no implicaba la herejía explicita y expresa sino solo implícita. No obstante, la gravedad del hecho lo vemos hoy en día a cada paso, por ejemplo, cada vez que vamos a misa, y no oímos al cura que la Presencia Real sea falsa… No lo oímos, pero lo vemos simplemente con el trato que se da al Santísimo.

    TERCERO
    (La infalibilidad Papal)

    Junto a los modernistas militantes, los católicos actuales se desvían de la verdadera fe con una actitud que trata de ser centrista (ni fría ni caliente) y que se llamaría con precisión “conservadora” y que, por su arrebatado papismo, o recaen o están próximos a recaer en la “papalatria”. Y sino prueben a ir a foros de internet como infocatolicos o Religión en Libertad, e intenten criticar al Papa por cualquier cosa mínima (qué sé yo, su forma de vestir o peinarse) y a continuación cuenten las veces que lo llaman hereje, y se asombraran.

    En fin. La única infalibilidad del Santo Padre es la definida por el Vaticano I en su cuarta Sesión, en “Pastor Eternus”, donde se deja claro que esa infalibilidad es muy concreta y limitada a las declaraciones ex catedra. Y al respecto el obispo Vicente Ferrer Gasser, principal ponente del “Pastor Eternus”, dice:

    “Se pregunta en qué sentido la infalibilidad del Romano Pontífice es absoluta. Yo respondo y admito abiertamente: en ningún sentido es la infalibilidad pontificia absoluta, porque la infalibilidad absoluta pertenece sólo a Dios, que es la verdad primera y fundamental y que nunca es capaz de engañar o ser engañado. Toda otra infalibilidad, se comunica con un propósito específico, tiene sus límites y sus condiciones bajo las cuales se presenta. Y eso es válido también en referencia a la infalibilidad del Romano Pontífice. Por esta infalibilidad está obligado por los límites y condiciones … la infalibilidad del Romano Pontífice está restringida en razón de la materia, es decir, cuando el Papa , desde la Cátedra de Pedro, como centro de la Iglesia, habla como maestro universal y supremo juez, ademas está limitada por razón del objeto, es decir, cuando se trata de cuestiones de fe y moral, y en razón del acto en sí, es decir, cuando el Papa define lo que debe ser creído o rechazado por todos los fieles ”

    Además, al igual que la infalibilidad no es absoluta, no es tampoco permanente. Y al respecto, el arzobispo de Bolonia, el cardenal Guidi (otro de los ponentes de “Pastor Eternus”), explicó que la asistencia del Espíritu Santo es un acto transitorio, no una cualidad permanente impartida a la persona que ocupa la presidencia en ese momento. Y de hecho la asistencia del Espíritu Santo no produce ningún cambio en la persona del Papa, como el carácter sacramental de la Confirmación o Bautismo produciría. Guidi argumentó que no es la persona del Pontífice la que hace infalible su enseñanza, sino que es la Tercera Persona de la Trinidad, que hace infalible en determinadas condiciones la enseñanza del Papa. La causa eficiente de la infalibilidad no es la persona del Papa, la causa eficiente de la infalibilidad es el Espíritu Santo. Este es un punto importante, porque está claro que el Espíritu Santo no hace que todos los actos Padre Santo infalibles, sino que la infalibilidad es transitorio. En pocas palabras, el Santo Padre no existe en un estado perpetuo de la infalibilidad en todas las cosas.

    Naturalmente, de ahí se deriva la diferencia entre la institución divina del papado y cada papa concreto.

    CUARTO
    (La infalibilidad de magisterio ordinario)

    Por tanto, el papa fuera del acto ex catedra no es ni infalible, ni por supuesto mucho menos el papa es impecable. Y nótese que esas dos notas, impecabilidad e infalibilidad permanente, es lo que hace que muchos católicos actuales recaigan en la Papalatria y conviertan al sucesor de Pedro en una especie de “dios”.

    Y al respecto dice nuestro bloguero, el señor Moimunan:

    “Por lo tanto creo que he contestado a su pregunta sobre la “infalibilidad e indefectibilidad” de los papas (Dei filius, Pastor Aeternus, muchas sentencias de padres, Doctores-en especial San Roberto Belarmino. En las pestañas relativas a Infalibilidad Pontificia e Infalibilidad, están gran parte de los posts que tratan de ello)
    En este blog, hay innúmeros testimonios de lo que es obligado creer por definiciones ex-cathedra, respecto de la infalibilidad de la Iglesia. Pero nosotros también creemos que esta infalibilidad alcanza al magisterio ordinario de los papas. Esta es una proposición que creemos está demostrada en los posts de este blog.”

    En realidad no ha demostrado nada, porque el único sitio del Magisterio donde hay algo que remotamente se parezca es en Dei Filius. Es lo que parece querer decir el señor Moimunan cuando afirma que es infalible el magisterio “ordinario y universal de los papas junto con los obispos, que según lo definido en Dei filius es una enseñanza dogmática”. Pero resulta que lo que dice el Dei Filius es que:
    “Por tanto, deben ser creídas con fe divina y católica todas aquellas cosas que están contenidas en la Palabra de Dios, escrita o transmitida, y que son propuestas por la Iglesia para ser creídas como materia divinamente revelada, sea por juicio solemne, sea por su magisterio ordinario y universal”.

    ¿Cuál es el magisterio ordinario y universal? Para empezar significa no universal en el espacio, es decir “el Papa reunido con los obispos” reunidos ahora, sino que significa lo que la iglesia ha creído siempre y en todas partes. Es decir, se refiere a lo que llamamos Tradición. Ahora bien, el valor de la Tradición no da infalibilidad a la reunión del Papa con los obispos, sino que da infalibilidad a la Iglesia, lo cual es distinto. Porque en caso contrario el Vaticano II seria infalible, lo cual es evidentemente falso.
    Y por cierto, que la declaración ex catedra tuviera que ser del Papa y los obispos reunidos en vez del papa solo, fue una propuesta (“democratizadora” o “colegialista”) rechazada en la sesiones del vaticano I.

    QUINTO
    (EL PAPA SI PUEDE RECAER EN LA HEREJÍA)

    Y la prueba es la herejía declarada del papa Honorio I expresamente declarada por tres concilios, sus correspondientes Papas y siglos de tradición eclesial en que esto fue una verdad incuestionada y autoevidente.
    Contra este argumento irrebatible, se ha tratado a pesar de todo de argumentar que esa condena es un error e incluso una manipulación histórica y que Honorio no cometió realmente herejía. Es una argumentación que ningún historiador serio admite. Pero como hipótesis de trabajo imaginemos que Honorio no cometió herejía: ¿Demuestra eso que, en general, un papa no puede caer en herejía? No, demuestra lo contrario, demuestra que si puede caer en herejía.

    ¿Por qué aunque Honorio realmente no cometiera herejía, caso demuestra que un papa si puede cometer herejía? Pues porque tres concilios lo declararon hereje, y aunque no cometiera herejía, resulta que LA IGLESIA CREE QUE UN PAPA PUEDE COMETER HEREJÍA PUESTO QUE HA CONDENADO A UN PAPA, PRECISAMENTE POR HEREJÍA, Y ESO AL MARGEN DE QUE LA CONDENA SEA JUSTA O NO. La condena quizás no sea justa pero el delito si existe.
    Por tanto que afirma la Iglesia con el caso de Honorio: afirma que un papa si puede cometer herejía.

    De paso considérese otra cosa: si Honorio no cometió herejía entonces tres concilios (el papa reunido con los obispos) se equivocaron. Con lo que no parece un hecho muy coherente con la defensa de la infalibilidad del Papa o el papa y los obispos, a toda costa.

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    • Honorable Sr. Echeverría:

      Le comunico estos modestos pensamientos, por si pudieran servir:

      Primero:
      El mismo Pedro aceptó humildemente la corrección fraterna de su coapóstol Pablo, por lo que algo de culpa, incluso involuntaria, estaría reconociendo, razón por la que los comentarios de buena parte de los Padres tampoco lo exculpan totalmente.

      Segundo
      Me parece que exagera la gravedad actual de la acción del Apóstol, como si hubiera sucedido más tarde:
      Conviene tener en cuenta que en esa época, el deslinde entre judaísmo y cristianismo aún estaba en curso, y que los mismos Apóstoles, cuando estaban en Jerusalén, seguían subiendo al Templo para la oración, seguían celebrando las fiestas y ritos hebraicos, sin negar por ello la salvación por la Gracia, puesto que las instituciones del antiguo Israel aún no se habían transformado en dadoras de muerte, y profesión de fe en la no-venida del Mesías.
      La separación definitiva y cancelación del antiguo orden ceremonial no se consumará hasta el año 70, con la caída de Jerusalén y la desaparición del Templo.
      Después de esa fecha, cuando los rabinos reformularon lo que quedó del judaísmo en clave radicalmente anticristiana, esos ritos se convirtieron en explícitas profesiones de fe antimesiánica, por lo que un pastor eclesiástico, como el obispo de Segovia Arias Dávila, que celebraba las festividades judaicas en su palacio, hubiera significado su apostasía.
      Pero en esos tempranos tiempos, no.

      Precisamente por la interpretación que en el futuro iban a tener, habló san Pablo, mucho más que por la gravedad actual del hecho. Y es precisamente por esa razón que el incidente fue recogido en el Nuevo Testamento, para perpetua confusión de judaizantes, como Benedicto XVI, que fraterniza con los judíos, cuando éstos se muestran más anticrísticos que nunca.
      Como ve, no era la misma situación la de la Sinagoga a punto de romper su cordón umbilical, poco después del año 57, que la de la Sinagoga de Satanás en el S. XV, o XXI.

      Tercero
      No sé por qué se empeña en afirmar que la definida en el Concilio es la ÚNICA, cuando los mismos teólogos que cita admiten que el Papa es infalible, por ejemplo, en las canonizaciones, en sus leyes generales, en su aprobación específica de los libros litúrgicos, etc…
      Es verdad que la infalibilidad tiene sus condiciones: Que el Papa se refiera a alguna realidad bajo el aspecto de su relación con la fe y la moral. Si además lo hace para zanjar una cuestión, imponer su autoridad suprema, normalmente bajo máxima obligación y consiguiente pena, tendrá una intervención magisterial según el modo extraordinario, pero sin que agote las posibilidades que tiene a la hora de ejercitar la infalibilidad que va con el cargo.
      Las citas que ud. aduce prueban que antes, durante, y no digamos después, se ha malentendido lo que el Concilio ha hecho, en parte sin culpa, y en parte, como estrategia para ganar por detrás lo que la definición había hecho perder por delante a los adversarios del Papado.
      El card. Guidi se equivoca, la infalibilidad es la facultad de enseñar siempre sin error, sí que es contínua siempre que enseñe el Romano Pontífice.
      Lo mismo que la potestad de jurisdicción, que se ejerce contínuamente siempre que el Papa ejercita alguna de sus actos, y no es menos real, por no llevar consigo la impresión de un carácter.
      Estoy de acuerdo, Giuseppe Sarto o Eugenio Pacelli no hacen infalible al Papa, sino el Espíritu Santo, y en concreto, Pedro viviente en sus sucesores.

      Cuarto
      Nadie pretende que el papa es impecable, ellos menos que nadie.
      Si por infalibilidad permanente entiende que no puede caer en error hable de lo que hable, estoy totalmente de acuerdo.
      Es verdad que hay una diferencia entre magisterio del Papa sólo, al que Dei Filius sólo se refiere de modo oblicuo (como raíz y causa de la infalibilidad del MOU, es decir, del Papa con los obispos).
      Ahora bien, la Tradición es el fruto de ese Magisterio en todos los modos posibles, extraordinario u ordinario, Papa solo o asociándose los obispos.
      La Tradición no confiere infalibilidad a nadie, es ella la que es fruto de esa misma infalibilidad que la constituye y garantiza.

      Quinto
      Recaer significa volver a caer cuando ya se había caído previamente, cosa que jamás ha ocurrido.
      Su argumento honoriano es de lo más rebatible, aunque no ahora, y desde luego, nunca fue ni incuestionado ni autoevidente.
      Ni Honorio enseñó nunca la herejía, ni la Iglesia declaró jamás que tal cosa pudiese ser posible.

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  4. Amigo sofronio:
    El valor del caso de Honorio como prueba de que un papa puede cometer herejía no depende de que la condena sea injusta o no. A mi y a tres concilios no nos cabe duda de su justicia, pero incluso si fuera injusta (aparte que cuestionaría el valor magisterial de tres concilios) seguiría siendo prueba de que un Papa puede cometer herejía, puesto que justa o injustamente, se usa esa condena contra un papa. Es decir, tres concilios han considerado posible que un papa cometiera herejía. Y los que lo niegan deberían tomar nota de lo que supone su negativa

    En cuanto a Pedro y Galatas (2:14), la pregunta sería:¿actuar en contra de la verdad del Evangelio, es un acto herético o no? O sea, más concretamente: ¿Es o no herejía negar la verdad del Evangelio?

    Y tenga en cuenta que no estoy haciendo juego de palabras o demagogias, pues literalmente las Escrituras dicen que Pedro esta cuestionando con sus actos (la) “veritatem evangelii”.

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  5. ¿Se deben creer por Fe las prerrogativas papales?:

    La creencia en la indefectibilidad e infalibilidad es de Fe en dos sentidos:
    En primer lugar, porque creemos que el Papa no puede creer el error como persona privada, porque el Espíritu Santo robustece su fe personal, y la inmuniza contra el error. Esta es una asistencia permanente que dura mientras esa persona asume el cargo de Vicario de Cristo, y sólo cesa con la cesación de la persona en ese cargo, por deficiente en otros aspectos(morales, por ejemplo) que pueda ser el Papa.No es algo merecido por la persona, sino recibido para el correcto desempeño del cargo, y por ende, es independiente de la voluntad del recipiente, no estando sujeto a su arbitrio el gozar o no de ese don.
    Creemos además que el Papa, ahora sí como persona pública, viene impedido de enseñar el error a la Iglesia, siempre que se trate de aspectos relacionados con fe o moral. Esa asistencia es contínua, de modo que no cesa ni un instante, ya que lo mismo que en la indefectibilidad, no está al arbitrio del recipiente el gozar de ese don o no, se le impone por el hecho mismo de haber aceptado el Pontificado. Aunque quisiera enseñar un error, no podría, porque se lo impediría el Espíritu Santo, lo mismo que obligaba a los Doctores de la Ley antigua a decir la verdad cuando se sentaban en la Cátedra de Moisés, incluso cuando en el resto de su vida, pudieran ser unos pozos de inmundicia capaces de condenar a muerte a su Salvador.

    Y todo esto, lo creemos no por razón y opinión humana, basados en un cierto cálculo de probabilidades, sino fundados en la promesa divina en su sentido obvio, asumido y proclamado como tal por toda la Iglesia, hasta que el hedor de la herejía empezó a afectar hasta a los mejores doctores católicos, que empezaron a tener miedo de afirmar con sencillez la verdad entera, y empezaron a buscar excepciones, con el fin de prepararse una puerta de salida, o un burladero, en caso de verse en aprietos para defender su posición.

    Pero hay un segundo sentido, más estricto y más obligatorio, en que estimamos ser de Fe esas verdades.
    Como alguna vez he dicho, la Iglesia propone siempre infaliblemente, es decir, sin error, las verdades de Fe, pero no siempre las impone con la misma fuerza de obligación.

    Sixto IV era tan infalible como Pío IX al propugnar la creencia en la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, pero mientras él no imponía más que una obligación moderada, que todavía no vetaba sostener la posición contraria, aunque la debilitaba y desautorizaba, la decisión ex cathedra de Pío IX no dejaba escapatoria alguna.
    Sostener la contradictoria en el S. XV no lo hacía a uno hereje, aunque sí sostenedor de un error en la fe, mientras que en el S. XIX, lo convertía en hereje palmario.

    Lo mismo en este caso, mientras no se puso seriamente en duda la creencia universal y en pacífica posesión sobre la inmunización del error en Pedro y sus sucesores, no tuvo necesidad la Santa Sede de particulares declaraciones, bastando con las numerosas profesiones de los mismos Papas y del resto del orbe cristiano.

    Pero cuando algunos cismáticos, partidarios de sustituir Roma por Constantinopla, quisieron debilitar a la primera acusándola de herejía, los mismos Papas y el común sentir de los pueblos reaccionaron, por ejemplo el Papa san León IX, que llama no ya hereje, sino directamente locos, a los que se atrevieran a sostener que la oración y promesa de Nuestro Señor podía resultar falsa o impotente, aunque sea en un sólo punto.

    A partir de ahí, todo el segundo milenio ha sido el escenario de una batalla verdaderamente apocalíptica en torno a este tema, puesto que tanto partidarios como, sobre todo, detractores de esa prerrogativa soberana de los Papas sabían que en ella se jugaban el ser o no ser de la Divina Constitución de la Iglesia.

    Los detractores sabían perfectamente que Roma acabaría actuando de la misma manera en que lo había hecho con otras cuestiones: Dejando que los teólogos discutieran el asunto, aclararan los términos del problema, cincelaran la mejor expresión posible, fueran estableciendo un cierto consenso generalizado en torno a esa expresión, y sólo al final, como coronación de ese trabajo de siglos, proceder a una definición solemne ex cathedra que no sólo proclamara la verdad sin error, cosa que siempre había hecho, sino imponiéndola bajo la pena máxima, la de ser considerado hereje formal, para no dejar ningún resquicio a los enemigos de la Sede Romana, es decir, a los favorecedores del reino del Maligno.

    Visto que esa decisión soberana era inevitable, y que llegaría más pronto o más tarde, lo que procedía, en favor de los intereses de esos enemigos, era procurar retrasarla lo más posible.

    Sabían perfectamente que si se enfrentaban directamente a la Sede Romana, como hicieron los cátaros a partir del S. XII, no sólo serían vencidos por la palabra de un santo Domingo de Guzmán, de un san Bernardo, o de un Inocencio III, sino que volverían a conocer la espada de otro Simón de Montfort, y las hogueras de otro san Pedro Mártir.

    Por ello, los descendientes biológicos e ideológicos de esos rebeldes fracasados procuraron tomar otro camino menos expuesto, el de la subversión doctrinal y económica, desde el seno de las mismas instituciones eclesiásticas.

    Desde el S. XIV, ciertos docentes universitarios (como Guillermo de Ockham, o Marsilio de Padua) empezaron a excogitar todo tipo de objeciones contra la verdad hasta entonces tenida en pacífica posesión. hasta pretender que los Papas eran infalibles únicamente por el consenso de la Iglesia, teóricamente en los obispos, pero prácticamente, en manos de la Universidad de París.
    No repetiré aquí todas las tretas indignas que utilizaron durante los concilios cismáticos y heréticos de Constanza y Basilea para reducir al Papa a la condición de “cabeza ministerial”, un monarca constitucional y parlamentario sometido a los deseos y caprichos de su parlamento-concilio, que estaba obligado a convocar cada 10 años, sin cuyo asenso no podía tomar ninguna decisión soberana, (también en asuntos doctrinales) y que podía ser depuesto por esa misma asamblea oligárquica, única verdaderamente infalible, y que supuestamente, delegaba en el papa, como si fuera su Speaker, la facultad de hablar en nombre de la Iglesia, lo mismo que la actual Reina de Inglaterra en la Cámara de los Lores, interesante ejercicio de ventriloquia, como aseveró algún sagaz comentarista…

    Esto representaba nada menos que la total subversión revolucionaria no sólo de la divina constitución de la monarquía legítima pontificia, fundamento de la Iglesia toda, sino también de toda autoridad legítima temporal, como no dejaron de advertir los mismos franceses.

    Muchos olvidan que Nuestro Señor multiplicó los milagros sobre el camino de santa Juana de Arco precisamente porque la había enviado como la gran restauradora no sólo de la autoridad legítima de derecho divino tal como Él mismo la había instituido en las personas de David y Clodoveo, sino también, en Pedro y sus sucesores.

    Por ello, fueron precisamente los cismáticos y heréticos doctores de la Sorbona de París, inventores de la revolucionaria monarquía constitucional por consenso de una absurda soberanía popular o parlamentaria, los que la acusaron, y no pararon hasta condenarla a la hoguera, precisamente porque entre otras cosas, proclamaba: “Creo que la Iglesia militante no puede ni errar ni desfallecer” refiriéndose exactamente al Papa de Roma, a quién apelaba, como fuente de esa misma indefectibilidad e infalibilidad, y no en el infame conciliábulo de Basilea, como pretendían sus infames jueces.

    Y no se quedaron en la teoría: Inventaron que el Papa Juan XXII había caído en herejía, predicándola en una homilía desde la galería interior del Palacio de los papas en Aviñón. Ya tenemos aquí el caso de un papa hereje como doctor privado.
    (Acusar de herejía a un Papa actuando como tal hubiera sido demasiado osado).

    Uno de los países que más sufrieron las influencias de los doctores galicanos fue precisamente España. (No en vano, se conserva todavía en la catedral de Burgos un juego de capas pluviales maravillosamente bordadas, que sirvieron a los obispos asistentes al Concilio, y así son llamadas, las de Basilea).

    Menos estridentemente que sus homólogos franceses, la influencia de revolucionarios y subversivos conciliaristas como el Tostado o Juan de Segovia impregnó de manera muy intensa y duradera la trama eclesiástica española, precisamente en Salamanca, por lo que no es extraño que los doctores de los dos siglos siguientes, como un Vitoria, Soto, Cano, Suárez, y no digamos un Mariana, se hagan eco de las mismas teorías, saquen todas sus consecuencias, no sólo en el ámbito eclesiológico, sino en el político, hasta llegar a propugnar la soberanía popular o el regicidio, contra la misma advertencia divina, “¡No toquéis a Mis Ungidos!”.

    Afirmar la infalibilidad de la Iglesia representada en el Parlamento-Concilio era la mejor forma de rechazar la infalibilidad de su Cabeza, cuyos poderes le venían no inmediatamente de Cristo, sino de esa Iglesia-Pueblo de Dios-Soberano, que podía moderárselos, e incluso quitárselos, sobre todo por cuestión de Fe.

    Así que era capital negarle su infalibilidad, si querían tener siempre a punto su mejor arma, con que amenazarle con la deposición, con la buena excusa de que habría fallado en la Fe. Y si en la enseñanza del papa no se encontraba nada reprensible, tampoco habría habido ningún problema, ya habrían imitado a los griegos falsificando o inventando piezas enteras apócrifas, atribuyéndoselas al papa de turno, cuyo testimonio no sería admitido, por ser parte, y debiéndose recurrir entonces al arbitraje soberano del Concilio.

    Por si esto fallaba, objetaron que el Papa no podía juzgar en causa propia, y decidir por sí mismo sobre su propia infalibilidad, por lo que era una verdad no-definible.

    Finalmente, deformaron el significado de ese dogma para hacer creer a las potestades temporales que las ponía en peligro.

    Que todavía a finales del S. XV, la creencia en la infalibilidad irrestricta del Papa era común en el pueblo, ya que no entre los doctores, lo demuestra el texto de la condenación de Pedro Martínez de Osma, cuya proposición “Ecclesia romana errare potest” sonaba tan injuriosa e imposible a los oídos de todos, que el Papa no quiso manchar su Bula de condenación con las palabras precisas.

    Los doctores de error y rebelión lucharon hasta el último día antes de la declaración de 1870, con la vana esperanza de que la guerra europea que sus compañeros de mandil preparaban fuera a impedir la definición. Estuvieron a dos dedos de conseguirlo.

    Antes, habían amenazado con cismas masivos de naciones enteras si el Concilio del Vaticano proclamaba esa verdad.

    Así las cosas, y no queriendo la Iglesia apagar el pabilo humeante, ni quebrar la caña cascada, es decir, expulsar definitivamente de su seno a esos hijos rebeldes, pero al fin y al cabo, rescatados con la sangre de Cristo, tomó la resolución de adoptar una definición dogmática “diplomática”, es decir, que no proyectara todo el fulgor de la verdad sobre la indefectibilidad-infalibilidad del Papa, porque tanta luz hubiera sido insoportable a los enfermos ojos de su hijos, sino obligarlos bajo pena máxima de herejía únicamente a lo más preciso y urgente, dejando la definición y estricta obligación del resto de los aspectos de esta cuestión para las siguientes sesiones del Concilio.

    Sin pretender en modo alguno restringir la infalibilidad sólo a las declaraciones ex-cátedra, sólo quiso obligar bajo la máxima pena en los casos en que se cumplieran las condiciones tan aducidas luego por los enemigos de la infalibilidad.

    Tanto en su Magisterio extraordinario, como en su Magisterio ordinario, quiso imponer la máxima pena sólo cuando ella misma había declarado que esas verdades pertenecían al depósito revelado, y debían creerse con Fe Divina y Católica.

    No se quiso zanjar entonces con qué tipo de Fe debían los fieles creer en los restantes aspectos de la infalibilidad, SIN NEGAR NUNCA QUE TAMBIÉN HABÍA QUE CREER EN ELLOS CON FE SOBRENATURAL, y no como creencia simplemente piadosa, o peor aún, con opinión meramente humana.

    (Y es que los teólogos se preguntan todavía si ciertas verdades implícitamente reveladas deben creerse por fe Divina, o por fe divina y católica, por fe simplemente eclesiástica, por respetuoso asenso, etc…).

    Así pues, manteniéndome en los límites que no quisieron traspasar (de momento) los Padres de Vaticano I, tendré por hereje a quien niegue la infalibilidad del Papa cuando en su Magisterio extraordinario u ordinario, declara que alguna verdad pertenece al depósito de la Revelación y como tal debe ser creída.

    Tendré por al menos gravemente errado y escandaloso a quien sostenga que el Papa puede errar en su enseñanza, incluso cuando simplemente recuerda doctrina común, y no hace declaración particularmente solemne o urgente.

    Tendré por hereje al menos material al que pretendiera acusar de herejía a san Pedro, cosa que nadie osó, ni siquiera entre galicanos o jansenistas.

    En cuanto a su indefectibilidad personal, vista la enorme cantidad de testimonios que enseñan que, conforme a la oración Domínica, no caerá nunca, la contradictoria es por lo menos gravemente errónea en la fe.

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  6. Apreciable Fr. Lugo:
    Agradecer tan claro resumen de la situacion, que pinta en unos parrafos, con solo algunas pinceladas, los vastos panoramas de los siglos, con sus intrincados detalles de dimes y diretes incesantes que los pueblan.

    Pero, ademas, ya que Vd. pinto el pasado y delineo el rumbo que se siguio en la batalla, es facil extrapolar las lineas que vienen de los siglos anteriores y dibujar su ruta del futuro.

    Es obvio que tanto por las acciones del mundo (ONU, ‘sociedades civiles’, UE, geopolitica, hollywood, etc.) se ha borrado ya practicamente de la faz del orbe el PESO de la religion, pues, para todo hombre moderno, se asume que es un “asunto privado” ya (sin peso en las decisiones universales) y que la “batalla por la Universalidad” ha sido perdida, pues no hay persona que hoy no crea que no hay “moral universal” ni “verdad universal” en ningun sentido …

    Ademas, veamos que, de los ultimos 5 papas, ha sido cada vez mas evidente que el “barniz de catolicidad” se ha ido cayendo a pasos cada vez mas acelerados. y sus acciones anti-catolicas son cada vez mas descaradas y sin ocultamiento de sus verdaderos fines…

    Asi pues, es dudoso que incluso al finalizar este “papado” quede alguna mascara de “catolicidad” cubriendo la horrenda faz de la satanica sonrisa de triunfo de aquel que ha tramado todo el complot, poniendo en movimiento las fuerzas de las que el “prinicpe de este mundo” tiene a su disposicion.

    El desenlace esta a tiro de piedra.

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  7. Estimado Miguel Echeverría:

    Ya dije que respecto a la cuestión de Honorio I prefiero seguir investigando los argumentos de las dos partes; a pesar que siempre mantuve la posición suya, con anterioridad.

    Respecto a su pregunta sobre si actuar con la verdad del Evangelio es un acto herético o no, la respuestas es muy sencilla, a mi parecer, sobre el caso narrado en Gálatas y si se lee abstrayéndose de cualquier idea preconcebida en cualquier sentido:

    Dado que el texto no es exhaustivo, cabe distinguir:

    a):- Si fue una comunicación civil, la cual ni está prohibida por el derecho eclesiástico ni, generalmente, por el divino, a no ser por el peligro de perversión de la fe.

    b) Si fue una comunión en actos cultuales no católicos es totalmente ilícita tanto si se trata de una comunicación activa formal, como materialmente activa.

    c).- Si la comunicación fue por condescendencia con los judíos, porque se abstenía de comer con los cristianos convertidos del gentilismo, y por miedo daba a los judíos un pretexto para obligar a los demás fieles a observar la ley de Moisés.

    Creó que este último fue el caso que se nos narra de Cefas en Gálatas; Porque aunque Cefas rechazara interiormente el cisma y la herejía, participa casi “in sacris” por temor o algún otro motivo, simulando exteriormente una falsa doctrina que internamente no cree, pecado del que no lo acusa San Pablo ( véase el contexto y la referencia al Concilio de Jerusalén), lo cual, a parte de estar expresamente prohibido en el Código de Derecho Canónico de 1917 para los católicos de hoy, es doctrina de siempre, expresada ya en la Epístola segunda de San Juan (Todo el que se extravía y no permanece en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la doctrina, ése tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no lleva esa doctrina, no le recibáis en casa ni le saludéis, pues el que le saluda comunica en sus malas obras..).

    Pues bien, creyendo que su caso es el señalado en ‘C’ y tal vez en ‘A’, o ambos juntos, la gravedad de su imprudencia no es poca, porque estamos obligados por la caridad a evitar lo que pueda escandalizar a los católicos, y la obligación es tanto más grande en cuanto que se trata de algo delicadísimo, tal como es la integridad de la fe, que cada católico debe estimar más que cualquier otra cosa; y si dicha gravedad aumenta en quien tiene obligación de creer y enseñar, es máxima en quien tiene, además, el oficio sumo de confirmar a sus hermanos; ante tal escándalo, reacciona, adecuadamente San Pablo. Sin embargo no usa San Pablo ninguna palabra de la que se pueda suponer que Cefas hubiera caído en herejía, ni incluso material. El texto de la Vulgata dice “sed cum vidissem quod non recte ambularent ad veritatem evangelii..” Es decir, que no caminaba, no se conducía, no andaba, no procedía…..conforme a la verdad del Evangelio; no dice que negara la verdad del Evangelio, sino que sus actos, debido al miedo, no eran ajustados a dicha verdad. De igual forma se expresa la versión griega.

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    • Amigo Sofronio,

      Como digo en mi respuesta a Fray Eusebio, el problema no es tanto los “ritos” en que participaba Pedro, sino su acto de separarse de los hermanos en Cristo por ser gentiles, y su retorno a la comunidad de circuncisos. Como si el perteneciera a la sinagoga y no a la Iglesia. Como si renegara de esta última.

      Ahora bien, como usted dice, como no sabemos muchos detalles de la historia, deberíamos limitarnos a lo que dice Pablo (y el Espíritu santo por su boca): Pablo actuaba contra la verdad del evangelio. Ahora bien, herejía es negar la verdad del Evangelio, luego concluya usted mismo si la acción de Pedro tiene o no carácter herético.

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  8. Estimado en el Señor, Fray Eusebio de Lugo:

    La lectura de sus pensamientos al respecto del tema me ha sugerido las siguientes cuestiones.

    PRIMERO

    A mí lo que me asombra es que siendo el texto de Gal.2:14 tan diamantinamente claro, todo el mundo prefiera hacer recaer todo el peso de la interpretación en Padres y Doctores de la iglesia sin intentar siquiera una interpretación a la letra.

    ¿Qué dice Pablo? Dice que Pedro actuaba contra la verdad del Evangelio y que, al ser su actuación pública y ser el quien era, arrastraba a los demás hermanos por ese camino; un camino que alejaba de la verdad del Evangelio.

    SEGUNDO

    ¿Qué significa sinagoga de Satanás? No evidentemente que tenga unos determinados usos y costumbres, por la demás respetable en si puesto que en el remoto pasado fueron los del Pueblo. No es eso lo que torna Satánica a la sinagoga judía.
    Lo que torna satánica a la sinagoga es la explicita negación del Mesías verdadero, Jesucristo el Señor. Y eso de acuerdo a los que San Juan explica en sus cartas:

    ”Todo espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ese es el del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo“. (I Jn 4:3)

    La sinagoga de Satanás se constituye e inaugura en la Pasión del Señor, cuando todos los miembros de esa oscura cofradía conspiran para que el Inocente fuera ajusticiado. Y ademas esa oscura cofradía toma los usos y costumbres del antiguo Pueblo de Dios precisamente como oposición frontal al Pueblo de la Nueva Alianza, pero esto último es accesorio.

    Pues bien, el daño infringido a la Iglesia en Antioquia por parte de Pedro, no consiste en que retornara a usos y costumbres de sus padres; no consiste en que se lavara las manos o no se las lavara. El mal (que Pablo relata en el versículo anterior Gal. 2: 13) consiste en que deja de relacionarse con los hermanos venidos de la gentilidad y ya solo se relacionaba con circuncisos. Es decir, de un golpe renuncia a la comunidad de los bautizados y retorna a la comunidad de circuncisos. Con ello de nuevo a los ojos de todos (incluido Bernabé, que lo sigue en su simulación), está negando a la Iglesia y cambiándola por la sinagoga. Es decir, con sus actos niega de nuevo a Cristo. De ahí el duro juicio de pablo: sus actos niegan la verdad del Evangelio.

    TERCERO Y CUARTO

    Cuando se discute el tema del magisterio inerrante o no, hay que tener en cuente una cosa: el Papa con inerrancia o sin ella, no tiene doctrina propia. El Papa y con él toda la Iglesia, simplemente es el garante de la Tradición (con mayúscula). Por tanto desde un principio el Santo Padre tiene como una de sus misiones fundamentales pasar a la siguiente generación el deposito integro de la Revelación. En ese marco, el magisterio infalible está reservado a esos momento en que determinado contenido de la Revelación se ha oscurecido o es cuestionado fuertemente por la herejía.

    Fuera de esos momentos fuertes en que hay que afirmar inerrantemente un contenido de la Tradición, el Pape limitarse a enseñar lo que la Iglesia siempre ha enseñado desde el primer momento en que recibió la verdad integra de su Señor.

    En ese magisterio ordinario ¿el Papa no puede equivocarse? Si se puede equivocar. Y se podría hacer una larga lista de errores que empezaría con la enseñanza implícita de Pedro en Antioquía, y continua con una serie de errores Papales que culmina en los últimos cinco Papas. Pero, en esa larga lista de errores papales es extraordinariamente importante el caso de Honorio, negado ferozmente por “Conservadores” y sedevacantista.

    Y ya aburre discutir el caso de Honorio I, porque siempre se esgrime la opinión de teólogos a partir del siglo XVI, que en materia de historia no eran precisamente unos expertos. En fin, en el siguiente punto digo algo más del tema.

    Para los católicos de hoy hay una cosa clara: los últimos cinco papas han enseñado toda clase de herejías. ¿Cómo se explica eso desde la fe católica? Solo hay dos explicaciones: o la sedevacantista o la de que un papa si puede convertirse en hereje. Y al menos, en la duda, hay que mantener las dos explicaciones como posibles.

    QUINTO

    Al decir que el papa “recae” en la herejía, quiero decir que anteriormente el papa (este u otro ha caído en la herejía), o sea que como le ocurre a Pedro en Antioquia, enseña (de palabra o de obra) contra la verdad del evangelio (Gal 2:14).

    Y sobre Honorio me copio a mí mismo lo que ya he dicho en otro sitio en este foro (Mi falta de tiempo me impide hacer algo mejor):

    La cuestión de Honorio I y de si los datos de su condenan corresponden a un error o manipulación histórica, es más bien un debate de teólogos que de historiadores. Los teólogos, por ejemplo del Vaticano I, mantuvieron un debate feroz entorno al tema, pero los historiadores tiene muy claro los hechos ocurridos y que muy resumidamente son:

    a) Existe una carta de Honorio a Sergio en la que el Papa muestra una actitud “condescendiente” con la herejía monotelita.

    b) Consiguientemente Honorio fue condenado como hereje junto con el monotelismo y todos sus defensores en el Sexto Concilio Ecuménico celebrado entre los años 680 y 681 en Constantinopla, condena que fue nuevamente confirmada en los dos siguientes concilios ecuménicos celebrados en Nicea y Constantinopla.

    Y al respecto el gran historiador de los primeros siglos del Papado, John Chapman, dice en “Pope Honorius I.” (The Catholic Encyclopedia. Vol. 7. New York: Robert Appleton Company, 1910. 29):

    “Así pues, en adelante el papa Honorio fue incluido en la lista de herejes anatematizados por el Sínodo Trullano y por el séptimo y octavo concilios ecuménicos sin ningún comentario especial; además en el juramento que se tomaba todos los nuevos papas desde el siglo octavo al onceavo se empleaban las siguientes palabras: “Junto con Honorio, que dio pábulo a sus malvadas afirmaciones” (Liber diurnus, ii, 9).

    Está claro que ningún católico debe defender al papa Honorio. Fue un hereje, no intencionadamente, pero sí de hecho; y ha de considerársele como condenado en el sentido en el que fueron condenados Orígenes y Teodoro de Mopsuestia, que murieron en la comunión católica, sin haberse resistido nunca a la Iglesia. Pero no fue condenado como monotelita como tampoco lo fue Sergio. Además sería muy duro considerarlo como “hereje privado” porque es conocido que tenía excelentes intenciones.
    […]
    La condena del papa Honorio fue conservada en las lecturas del Breviario, en el 28 de junio (S. León II) hasta el siglo dieciocho. Las dificultades comenzaron a sentirse cuando después del Gran Cisma de Occidente, la infalibilidad papal comenzó a ponerse en duda. El protestantismo y el galicanismo atacaron vigorosamente al infortunado papa. Y en tiempos del Vaticano I Honorio figuraba en todos los panfletos y discursos sobre temas eclesiásticos.”

    En el artículo correspondiente de la Enciclopedia Católica, se puede ver la extensa bibliografía aportada Chapman, y también puede ser recomendable leer el más asequible estudio de Maururice Pinay “Un papa excomulgado” (se puede descargar desde Statveritas en pdf).

    EN RESUMEN: La excomunión del Papa Honorio es un hecho histórico. Y si la excomunión fuera injusta (cosa altísimamente improbable), entonces ocurriría que tres concilios ecuménicos y los papas que los avalaban se habrían equivocado.

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    • Honorable Sr. Echeverría:

      PRIMERO
      Le recuerdo que la Iglesia obliga a interpretar la Escritura según el sentido comúnmente admitido por los Padres, y no según nuestra libre comprensión. Empezando por que no se entiende Verdad del Evangelio como un asunto doctrinal, que aún no se había planteado, sino de sinceridad evangélica, que no admite ambigüedades ni disimulos.

      SEGUNDO
      Los cristianos de origen y costumbres hebraicas no pertenecían en modo alguno a la sinagoga de satanás, ni eran herejes u otra cualquier cosa de éstas. No negaban al Mesías, y los mismos Apóstoles les reconocían el derecho de seguir viviendo more judaico, aunque ello significara separarse materialmente, que no espiritualmente, de sus hermanos provenientes de la gentilidad, al modo en que hoy, la misma Santa Sede concede el derecho de celebrar y vivir exclusivamente según las costumbres griegas a ciertas comunidades de Italia, prohibiéndoles incluso celebrar en rito latino, o introducir cualquier costumbre latina, sin que ello signifique que se separan de sus hermanos latinos para adherirse al cisma griego.

      El problema está en que si un Papa hubiera dejado de celebrar en rito latino, para hacerlo exclusivamente en rito griego, ¿No se sentirían heridos los cristianos latinos, y tendrían la impresión de que se desautoriza el rito principal de la Iglesia?

      Alguno podría acusar al mismo Papa de albergar prejuicios doctrinales contra el rito de su propia Iglesia, aun cuando no fuera ésa la intención del Papa.

      De verdad que me sigue asombrando que ud. no tema la cólera de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, tan invocada en las Bulas pontificias, y que sin duda, estarán muy enojados de verse acusado, el primero, de herejía, cuando tantos Papas siempre lo aclamaron indefectible en la Fe, e infalible en la enseñanza, y el segundo, de haber creído que su coapóstol y amadísimo hermano pudiera caer, aunque sólo sea una vez, en error contra la Fe.

      TERCERO Y CUARTO
      No hay Magisterio inerrante, sino infalible.
      Diría ud. con más exactitud que el usar del modo solemne o extraordinario a la hora de cumplir sus deberes magisteriales por parte del Papa solo, o de éste con sus hermanos obispos, en Concilio, está reservado a esos momentos en que la Revelación parece haberse oscurecido, no en sí misma, sino en un número considerable de los fieles.

      Pero fuera de esos momentos, no sólo se limita el Papa a enseñar lo ya formulado y enseñado, sino también a fomentar el desarrollo de lo aún implícito en la Revelación, y ello, también infaliblemente, es decir, sin que pueda introducir error en fe o moral, aunque sin usar el modo extraordinario ni solemne.

      Los errores que ud. cree poder aducir ya fueron refutados uno por uno, autoritativamente, por el Concilio Vaticano I, como paso previo a la definición.

      Si un Papa mata a su mayordomo, ¿Estará cayendo en error implícito contra el quinto mandamiento?

      Si un Papa cometiera un sacrilegio, por ejmplo, dando la comunión en la mano, ¿estaría enseñando implícitamente la no-presencia de Nuestro Señor, o la igualdad de sacerdotes y simples fieles en cuanto al poder de Orden?

      Fíjese en el proceder del Santo Oficio de la Inquisición, en España como en Roma:
      Antes de declarar a alguno hereje, procedía primero a una cuidadosa investigación del encausado, denunciado por algunos indicios de delito.

      Una vez que había acumulado varios indicios claros y coincidentes, sin que el mismo encausado se enterara, empezaba el proceso propiamente dicho.

      Para la herejía, se exigía entresacar proposiciones CONCRETAS de los dichos o escritos del encausado, éstas se pasaban a los calificadores (ajenos al tribunal), que lo más frecuentemente, no atribuían nota de herejía sino a las más graves y palmarias.

      Sólo una vez valorada la gravedad del delito, oído el encausado, se le acusaba propiamente de herejía.

      En caso de no haber escritos ni dichos, sino sólo hechos, por ejemplo, en la España del Descubrimiento, un marrano que se delataba al seguir observando un rito inconfundiblemente judaico, después de haber sido advertido de su inconveniencia, se exigían varios hechos delictivos coincidentes simplemente para iniciar el proceso, y muchas más pruebas hasta llegar a un veredicto de culpabilidad.

      Así que si quiere acusar a la Roca Pedro de herejía, o a sus legítimos sucesores, siga el procedimiento: Individúe la proposición herética, o los delitos haeresim sapientes, califíquelos con justicia, y oiga los infinitos testigos de descargo y abono, coincidentes en Oriente y Occidente.

      En otro post procuraré repetir lo que otros infinitamente mejores que yo afirmaron hace tiempo, siendo recompensados por breve de varios papas de la época, en referencia a Honorio y otros Papas.

      Yo diría que la única explicación es la sedevacantista. La suposición de que un Papa legítimo puede perder el Pontificado por herejía y en ese estado, seguir esparciendo la herejía como lo han hecho los pontifices conciliares carece de todo fundamento, puesto que desde la aceptación canónica, todo sujeto apto viene inmunizado contra el error en fe o moral.

      QUINTO
      No abusemos del lenguaje: El magisterio ordinario o extraordinario se ejerce POR LA PALABRA oral o escrita, no por otros actos u omisiones. Éstos últimos pueden manifestar o no el estado personal del Papa, pero en ningún caso son magisterio, seamos serios.
      Cuando se habla de infalibilidad, se refiere a esa palabra, y no a otras cosas. Y que yo sepa, jamás enseñó san Pedro, ni cualquier otro de sus sucesores, Honorio incluido, por palabra escrita o hablada, ningún error en fe o moral.

      Los historiadores, lo mismo que los encuestadores del Santo Tribunal, ya hicieron su trabajo, totalmente exculpatorio de Honorio.
      En cuanto a los teólogos, como los calificadores del mismo tribunal, han demostrado hasta la saciedad que las cartas de Honorio son perfectamente ortodoxas, según el testimonio de Oriente y Occidente.

      En cuanto a la acusación de negligencia, o de connivencia con los herejes, no se sostiene, en palabras del campeón de la ortodoxia san Máximo.
      Honorio siempre fue extremadamente vigilante para no dejarse enredar en las tretas de los griegos embrollones y falsarios, puesto que conocía muy bien sus mañas, y que eran capaces de falsificar cualquier expresión, sobre todo nueva, por muy ortodoxa que ésta fuera.

      Nunca fue condenado como hereje, y los mismos falsificadores de las actas conciliares, (como siglos más tarde sus continuadores de Constanza), no se atrevieron a acusarlo propiamente de herejía(cosa que sabían todos ser falsa, además de imposible), sino de negligencia (apariencia orquestada por ellos mismos desde el principio).
      Dígase lo mismo de las siguientes asambleas.

      Por cada historiador que cite, normalmente a sueldo de los enemigos del Pontificado, e insertos en una batalla que dura ya desde hace más de mil años, podemos aducir diez infinitamente más fiables y católicos.

      Sabrá que un Concilio no es tal sino por la aprobación específica otorgada por el Pontífice Romano, y éstos siempre protestaron de la inocencia de Honorio, lo mismo que siempre se negaron a suscribir cosas como la primacía de Constantinopla.

      Ese juramento con inclusión de Honorio es otra falsificación, si es que no ha salido de la fértil imaginación de algún galicano.

      Ningún católico debe defender a Honorio, dice,por eso se le representa junto a santa Inés en el mosaico de su basílica, con aureola, por eso lo defienden los santos como Sofronio o Máximo, los Papas como S Agatón, los concilios como en Letrán o Vaticano, los doctores como Belarmino, los historiadores como Baronio, etc…

      Pues si Honorio fue hereje, ¿Cómo habremos de calificar a los contradictores de tantos padres, concilios, Papas, que afirman no sólo que la Iglesia Romana puede errar, proposición condenada ex cathedra en la persona y escritos de Martínez de Osma, sino más aún, que aquél mismo por quién el Señor rogó para que su fe no desfalleciera, y fuera Roca indefectible, cayó en el error, y encima, lo enseñó a la Iglesia?

      Ya que tanto le gustan los textos, ¿Puede enseñarnos un sólo texto de algún Padre o Doctor católico, no digamos de algún Papa o Concilio, ex cathedra, como a Ud. le gusta, que haya enseñado que el firmísimo Pedro haya enseñado la herejía?

      En cuanto al Breviario Romano, en cuyas lecciones dícese haberse insertado una mención de la condenación de Honorio, que habría sido retirada en el S. XVIII, da la casualidad de que he tenido la idea de ir a comprobar en dos breviarios anteriores a ese siglo, uno de 1688, y otro de 1669, y ninguno trae mención alguna de tal hecho.
      He comprobado en uno original de la edición de 1571, y tampoco. En 1575, edición escurialense, tampoco.
      Comprobé al final en uno, manuscrito, del S. XV, y tampoco.
      Tendrá que revisar sus fuentes…
      Tampoco sería la primera vez que los galicanos falsificaban las ediciones del Breviario Romano, como cuenta con detalle Dom Guéranger en sus Instituciones litúrgicas, cuando no los deformaban totalmente, y expurgaban de ellos todo lo que podía redundar en alabanza de la Sede Apostólica.

      Por último, nos trae una recomendación de Stat Veritas, FSSPX donde los haya, y sostenedor de las mismas tesis galicanas que ella.

      EN RESUMEN
      La excomunión de Honorio es una fábula histórica de la que la Iglesia siempre se ha defendido, y que los Padres de Vaticano I desecharon definitivamente.
      Una vez más, tema el juicio de Dios, ante quién más pronto que tarde tendrá que comparecer, y recuerde que el Apóstol san Pedro es el claviger coelestis, ante quién se presentará, y que no estará nada contento con Ud.

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  9. (Estimado Sr. Echeverria:
    Dos acotaciones…
    a) “recaer el peso interpretativo sobre doctores…” Sera que nos parece mas prudente creer a gentes que se sabe tienen una idea mas cercana a la Verdad que la propia?… O sugiere Vd. que nos vayamos por la via de la “libre interpretacion”?
    b) “contra la Verdad del Evangelio”… Y tampoco Vd, ira a afirmar que todo lo enunciado en el evangelio ha de ser forzoso bajo pena de declaracion heretica… Que tal por ejemplo lo que JNS le “aconsejo” al joven rico?… porque no le “mando”, sino que simplemente se lo “sugirio”… si lo sigue o no lo sigue, no es asunto de herejia…)

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  10. Estimado Derechos de Dios:

    Otras dos acotaciones:

    1) El problema con los doctores es que son opiniones privadas en general, y que solo adquieren valor de autoridad cuando hay un conceso muy general entre ellos, porque en caso contrario, el que recae en la “libre interpretación” es que asume la opinión que más le complace entre las distintas de los doctores, al margen de su fundamento.
    En el caso de Galatas 2: 11 y ss. Las opiniones de padres y doctores son muy divergentes y sobre todo suelen caer del lado subjetivo (hablar, por ejemplo, de las buenas intenciones de pedro, etc.). Y curiosamente nadie quiere analizar las palabras que se vierten en Gal. 2:14, sobre que las acciones de Cefas iban contra “la verdad del evangelio”, cuando son tan aclaratorias.

    2) Las Escrituras contienen en si toda la revelación y son inerrantes… Y con esto le quiero decir que se ande con cuidado con lo que dice porque la maldad intrinseca de la herejia consiste en que convence a los malos, y en que hace que los buenos disparaten precisamente por el rechazo radical de esa herejia que precisamente le lleva a la herejia contraria. Y no es raro encontrar catolicos decentes que precisamente por el rechazo del “solo escritura” se van al otro polo de “nada de escritura”, que tal pareceria al final que la Escritura es luterana.

    La escritura le repito es inerrante y contiene la Verdad entera, y si uno la interpreta desde la enseñanza y los limites que impone la Iglesia, entonces es del todo saluble referirse a ella como fuente de la Verdad.

    Concretamente en Gal. 2:14, se contata:

    a) Un relato y una afirmación objetiva sobre hechos realmente sucedidos.

    b) Una valoración de Pablo que es el autor humano de ese texto inspirado, en el que critica la actitud de Pedro como de algo que coincidiria casi con la definición de herejia.

    c) Que la Iglesia enseña que, fuera del Señor y Su santisima Madre, nadie es impecable en esta vida.

    Y a partir de ahí todo lo demás.

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  11. Respetable señor Fray Eusebio de Lugo:

    Como al parecer usted se ha tomado esta discusión como algo personal y como una cuestión de quien es capaz de hacer más citas, creo que la mejor forma de aclararnos es centrándonos en el punto de la herejía de Honorio. Porque si nos aclaramos en ese punto quizás el resto de cuestiones (como si el papa es siempre infalible, y por tanto inerrante) sean mucho más claras.

    El Papa Honorio I, como es de común conocimiento fue condenado por herejía por la Iglesia. La causa fue una carta de respuesta a Sergio Patriarca de Constantinopla, heresiarca y responsable de la propagación de la herejía monotelita. En esa carta Honorio le daba la razón prácticamente en todo y en ella llegaba a decir literalmente:

    “Por ello que también confesamos una sola voluntad en Jesucristo, Nuestro Señor”

    Y esta es justamente la formulación de la herejía monotelita: En Jesucristo hay dos naturalezas, pero una sola voluntad. Herejía que no es sino una forma moderada (aparentemente) de la herejía ya condenada del monofisismo.

    Esa carta con la formula herética, y dando la razón en todos los extremos a la herejía monotelitas, es hasta tal punto autentica que el Denzinger la incluye en el punto 251. El Denzinger también incluye una segunda carta de Honorio, esta vez dirigida al defensor de la ortodoxia católica San Sofronio, que había enviado a un emisario suyo para explicar su posición al santo padre, y en la que vuelve a defender la estrategia de la herejía monotelitas. Esta segunda carta, lleva el número 252 del Denzinger (manejo la edición 31 de 1958)).

    La autenticidad de estas cartas no la pone en duda ningún historiador serio. Ademas de ser incluida en las Actas del Concilio Ecuménico Sexto, Cuarto de Constantinopla. Y al respecto comenta Maurice Pinar, en su monografía sobre Honorio:

    “El Concilio Ecuménico, como era costumbre en esos casos, examinó antes de entrar en el fondo del asunto, si la carta de referencia era auténtica, y si no contenía interpolaciones, habiendo dictaminado el Santo Concilio que el documento era fidedigno. Es por ello que hacemos alusión aquí a tan importante documento, y no lo hicimos en el caso de las cuatro cartas dirigidas por el Papa Liberio a los obispos arrianos que, aunque parecen ser suscriptas en realidad por él, se ha dicho por muchos que fueron interpoladas en parte por los herejes arrianos, asunto éste que ha sido objeto de gran controversia. Nosotros, siguiendo con todo escrúpulo nuestra norma de no presentar en esta obra como pruebas documentos de autenticidad discutida, nos abstuvimos de presentar en su oportunidad las cuatro cartas del Papa Liberio y, en cambio, sí, lo hacemos con las de Honorio, por haberlas considerado el Concilio Ecuménico citado como auténticas”.

    Y sobre el IV Concilio de Constantinopla cuenta este mismo autor:

    “En él se ratificó, después de enconadas discusiones, el dogma de las dos voluntades y las dos operaciones en Cristo; luego se procedió a la condenación de la herejía monotelita y de las principales cabezas de ella, que fueron excomulgadas. El Papa Honorio I fue incluido entre los herejes, condenado y excomulgado. En cambio, humildes frailes como el propio San Sofronio y San Máximo, que desobedecieron las órdenes de dicho Papa y en santa rebelión lucharon contra ellas, encabezando en los momentos más críticos la lucha en defensa de la ortodoxia, fueron con posterioridad canonizados por la Santa Iglesia como santos, aunque, durante su vida, algunos sufrieron terribles condenaciones, excomuniones y hasta violencia física por parte de muy altos dignatarios eclesiásticos que acaudillaban la herejía”.

    Otro autor relata así los acontecimientos del Concilio:

    En la décimo tercera sesión ( 28 de marzo de 681) después de anatematizar a los principales herejes monotelitas mencionados en la citada carta del Papa Agatón, es decir, Sergio de Constantinopla, Ciro de Alejandría, Pirro, Pablo y Pedro de Constantinopla, Teodoro de Farán, el concilio añadió: “Y además de éstos decidimos que también el Papa Honorio, que fue papa de la antigua Roma, sea arrojado de la Santa Iglesia de Dios y sea anatematizado con ellos porque hemos encontrado en su carta a Sergio que seguía la opinión de éste en todas las cosas y confirmó sus malvados dogmas”. Una condena similar del papa Honorio aparece en el decreto dogmático de la sesión final (16 de septiembre de 681) que fue firmada por los legados y por el emperador. Aquí se hace referencia a la famosa carta de Honorio a Sergio de Constantinopla cerca del 634, alrededor de la cual ha surgido (especialmente durante el Concilio Vaticano I) tan extensa y controversial literatura. Tres veces se había invocado en sesiones anteriores del concilio en cuestión por el obstinado monotelita Macario de Antioquía, y se había leído públicamente en la décimo segunda sesión junto con la carta de Sergio a la que daba respuesta. Es esa ocasión se leyó también una segunda carta de Honorio a Sergio, de la que sólo se ha conservado un fragmento.
    [Shahan, Thomas. “Third Council of Constantinople.” The Catholic Encyclopedia. Vol. 4. New York: Robert Appleton Company, 1908]

    El Papa del Concilio fue Agatón, pero el encargado de ratificar las Actas fue León III. En esas actas se decía: “Anathematizari praevidimus et Honorium… eo quod invenimus per scripta quae ab eo facta sunt ad Sergium, quia omnibus eius mentem secutus est et impia dogmata confirmavit”. (Llegamos a la conclusión de anatematizar también a Honorio […] porque encontramos que en los escritos que escribió a Sergio siguió en todo la mente de éste, y confirmó sus impíos dogmas). Y en la confirmación de las Actas decía San León III, añadía como razón de la excomunión de Honorio “que había per¬mitido que fuese manchada esta Sede Apostólica y la Fe inmaculada, con una traición profana” (“hanc apostoli¬cam Sedem profana proditione inmaculatam fidem macu¬lari permisit”).
    Y realmente no hay historiador que cuestione ni la realidad de la carta ni la condena por herejía del concilio (acabo por ejemplo de leer lo que dice Daniel Rops, en su monumental historia, y se limita a relatar los hechos sin siquiera referirse a ninguna polémica sobre la autenticidad de los documentos y hechos relatados).

    La herejía incuestionable de Honorio no es que sea una excepción (podría referirme a otros casos: Liberio, Honorio y Vigilio… o los Papas que el Dante coloca en el Infierno, etc.), el problema es que al ser declarada por un concilio y reafirmada expresamente por dos concilios y la tradición eclesiástica competa (y la listas de referencias a Honorio sería interminable), es algo que todo católico debe aceptar por fe católica; mientras que en los otros casos la discusión se eterniza.

    Las herejías siempre van por parejas. A la herejía que cuestiona el valor Magisterial y la Autoridad del Papa, se opone otra herejía igualmente maligna que convierte al Papa en un casi-dios que nunca se equivoca y todo lo hace bien. A la anarquía protestante le sigue su hermana gemela la papalatria “conservadora”, ambas por supuesto hijas del mismo padre de la mentira.

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  12. Honorable Sr. Echeverría:

    Veo que tiene por costumbre no contestar nunca a las respuestas que se formulan a sus objeciones.

    ¿Qué tal si lee las siguientes obras, y refuta los argumentos allí expuestos, y que reducen a polvo las tesis galicanas de las que se erige ud. en defensor?
    Por cierto, se queja de que le llamen hereje, pero no se corta en calificarnos de tales, con la diferencia de que es una herejía fantasma, jamás condenada, ni formulada, ni designada.

    Acerca de si Honorio fue monotelita:

    http://catholicapedia.net/Documents/cahier-saint-charlemagne/documents/C156_abbe-Constant_Honorius_24p.pdf

    Obra que puede ud. consultar en este mismo sitio:

    https://moimunanblog.files.wordpress.com/2011/04/1misterio-iniquidad011.pdf

    En concreto, el punto 2.4
    2.4.4. para Honorio

    Consulte ud. esta bibliografía, que también sirvió para que los Padres de Vaticano I tomaran su decisión con total tranquilidad de conciencia:
    b) En la causa del papa Honorio: Entre los autores más antiguos: Joseph Biner: Apparatus eruditionis
    ad jurisprudentiam praesertim Ecclesiasticam, Augsburgo y Friburgo 1754, partes III, IV y XL; Orsi
    op. cit. cap. 21 – 28; San Roberto Belarmino: De romano pontifice, libro IV, cap. 11; Thomassin: op.
    Cit., Diss. XX; Alexandre Natalis: Historia Ecclesiastica veteris novique testamenti Constantini
    Roncaglia et Joannis Dominici Mansi notis et animadversionibus castigate et illustrata, Venecia
    1776,t. V, siècle VII, Diss. II ; François Antoine Zaccaria : Anti-Febronio, 1767 [traducción alemana :
    Augsbourg 1768 ; traduction française : L ‘Antifebronius ou la primauté du pape justifiée par le
    raisonnement et par l’histoire, Paris 1859-1860, 4 t.], partie II, livre IV [réfutation du livre de Iustinus
    Febronius : De statu Ecclesiae et legitima potestate romani pontificis…, mis à l’Index le 27 février
    1764, le 3 février 1766, le 24 mai 1771 et le 29 mars 1773] ; parmi les auteurs plus récents ; Civiltà
    cattolica, année 1864, série V, volume XI et XII ; Gerhard Schneemann : Studien über die Honorius-
    Frage, Friburgo 1864 [la Civiltà cattolica et Schneemann refutando el libro de Döllinger (principal
    teólogo de la secta de los “viejo-católicos”) aparecido el año precedente, titulado Die Papstfabeln des
    Miltelalters] ; Joseph Pennacchi : De Honnorii 1. Romani Pontificis causa in Concilio VI. dissertatio.
    Ad Patres Concilii Vaticani, Rome 1870

    Expresan la verdad mucho mejor de lo que puedo alcanzar.

    Aquí puede consultar el Anexo A, referente a Honorio, con toda la bibliografía condenada al Índice por herética.

    http://resistance-catholique.org/mystere-iniquite/Mystere-dIniquite.pdf

    Yo en su lugar, me avergonzaría muy mucho de verme en compañía de todos los enemigos de la Iglesia Romana ya desde el primer milenio, falsificadores como ellos solos, protervos rebeldes a la autoridad de Concilios y Papas, preparadores del cisma “ortodoxo”, o perpetradores del mismo, como Focio, galicanos, jansenistas, modernistas, etc…

    Ud ni siquiera podrá alegar ignorancia invencible o no culpable, cuando se encuentre ante el tribunal divino, y tendrá una larga lista de acusadores, sin que le quepa defensa alguna por las monstruosas herejías cien veces refutadas y condenadas que se empeña en seguir defendiendo pertinazmente, con perfecta conciencia de la condenación de la Iglesia.

    Como sus camaradas calumniadores de los Papas, y del mismo apóstol Pedro, está ud. fuera de la Iglesia visible, por lo que no puede llamarse propiamente católico.

    No juzgo de la situación interna de su alma, pero temo mucho por su eterna salvación, rezaré para que el Espíritu Santo, fortalecedor de la Fe de Pedro y sus sucesores, lo ilumine.

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  13. Señor Fray Eusebio de Lugo,

    Tengo por costumbre no contestar insultos ni bellaquerías emitidas en la confortable distancia de un foro de internet. Otra cosa seria en los viejos tiempos en que todavía un caballero solo insultaba en persona. Pero, qué le vamos hacer vivimos en la era del post-Concilio Vaticano II y de los foros de internet, y todo ha decaído. Habrá que resignarse.

    Vamos a ver, caballero, una cuestión: Dándome una larguísima lista de bibliográfica, primero no me impresiona en absoluto y segundo me aburre usted más que nada. Mire usted, señor, ya solo le falta decirme:

    “Usted está equivocado, y si quiere comprobarlo no tiene sino que leerse la Biblioteca Nacional de España entera”… Hombre, pues porque usted lo diga no me voy a leer la biblioteca nacional entera, y eso que me gustaría.
    Y le explico una cosa que a mí me importa mucho. Yo no pierdo mi tiempo en un foro como este para intercambiar bibliografía; yo empleo mi tiempo aquí para intercambiar argumentos y, en todo caso, cuando el argumento sea factico (por ejemplo, que América se descubrió en 1492), entonces habrá que aportar una o más fuentes para demostrarlo. Pero lo que no es de recibo es que después de haber exprimido mi pobre sesera en aportar argumentos, usted me conteste con bibliografías.

    Resumo y termino: Su última misiva se basa en descalificaciones personales (y no se desde cuando me conoce usted, para hacer valoraciones personales) y bibliografía (o internet grafía, o como se diga). Y eso no, por favor, no me haga perder el tiempo del que estoy tan escaso.

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  14. Miguel Echeverria acusa a Pedro y a Honorio de herejes con toda naturalidad… Dejeme decirle señor que usted no solo es un hereje, sino un no catolico… no lo conozco, pero esa postura me da la impresion de que lo mas probable es que sea de la secta FSSPX.

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  15. Leyendo y apreciando la erudita obra que ahora está disponible en internet, puedo llegar a la conclusión de que no era una opinión unánime que aquel suceso en la carta de Gálatas, se refiera a San Pedro, que era la cabeza de la Iglesia, sino a un discípulo de nombre Cepha.
    En mi opinión, prefiero aceptar dicha idea antes que sostener que el Príncipe de los Apóstoles cometió un error, aunque no sea doctrinal. Personalmente me defino como independiente, en el sentido en que no soy de un grupo en particular, ya que con muchos no hay un acuerdo al 100% en todos los temas… No obstante, considero importante dejar este comentario.

    ***La cita está tomada del libro ‘‘Historia de la Iglesia desde su fundación hasta el pontificado de Pío IX’’ del presbítero D. Emilio Moreno Cebada, Tomo I.

    En la página 58, dice el autor:

    ‘‘…Habiendo llegado a Antioquia uno de los setenta y dos discípulos, llamado Céfas, no tuvo reparo alguno por el pronto en tratar con los gentiles, pero más tarde, temiendo disgustar á los hermanos que de Jerusalen habían llegado, se separó de ellos, manifestando gran repugnancia en comer en su compañía , cuyo proceder fue generalmente imitado por los judíos convertidos. Esto dio origen a una controversia entre Pablo y Céfas (2), al que le decía el primero en presencia de todos: « Si tú, que eres judío, has tenido hasta ahora la suficiente condescendencia para vivir al modo de los gentiles, y no como los judíos, ¿cómo no adviertes que, desmintiendo ahora tu primera conducta, impones a todas las naciones la obligación de seguir el judaísmo?»
    La disputa fue acalorándose más y más, y los judíos convertidos acusaban a San Pablo de parcialidad en favor de los gentiles, permaneciendo de acuerdo con el heresiarca Cerinto indóciles, no obstante la conducta del Príncipe de los Apóstoles y el gran celo de San Pablo. Era necesario concluir con esta controversia, tan perjudicial para el naciente cristianismo.’’

    La nota de pié de página dice:
    2) Muchos escritores confunden a este Céfas con San Pedro; pero esta opinión, que ha sido victoriosamente rebatida, es altamente injuriosa para la cabeza de la Iglesia. San Clemente Alejandrino, que vivió en el siglo II, dice que este Céfas era uno de los setenta y dos discípulos, que se llamaba lo mismo que el Príncipe de los Apóstoles, Céfas. Sin detenernos a citar los diferentes razonamientos de los escritores, sólo diremos que ni por un momento podemos creer que San Pablo pudiese sostener altercado o disputa alguna con el que reconocía como Jefe Supremo de la Iglesia.

    En fin, sólo dejo a todos los interesados el tomo I del libro, pueden descargarlo en la siguiente dirección: https://books.google.com.pe/books?id=d1JGAAAAYAAJ&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

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