ALL POSTS

QUIÉNES PUEDEN SER ELECTORES PAPALES EN LAS ACTUALES CIRCUNSTANCIAS


[Es repubicación del post de 30 de octubre de 2014]

DICTAMEN SOBRE UNA ELECCIÓN PAPAL EN LAS PRESENTES CIRCUNSTANCIAS

 Sede Vacante (1)
Por Tomás Tello Corraliza
Al haber desaparecido -según la sentencia común de los sedevacantistas- el Colegio Cardenalicio, al que, por ley eclesiástica, incumbe, en exclusiva, el deber y el derecho de la elección papal, se debe determinar quienes son los electores natos, en estas circunstancias y en qué condiciones debe llevarse a cabo.
En este caso de laguna legal, se impone como necesaria la suplencia o integración jurídica. En efecto, la extinción de la vacancia es una exigencia ineludible de derecho divino. “VACANTE SEDE APOSTOLICA -dice San Pío X en su Constitución- ILLUD GRAVISSIMUM SANCTISSIMUMQUE EST,… SUMMUM DOMINICI GREGIS PASTOREM ET CAPUT… ELIGERE…”. Item. Pío XII, en su Constitución “VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS”, lo califica como un GRAVISIMO DEBER, encomendado, por disposición divina a la Iglesia: “PERGRAVI NEGOTIO ECCLESIAE DIVINITUS COMMISSO”.
Para hallar la solución al problema del llamado Cisma de Occidente, los dictámenes tuvieron que ser emitidos, según el leal, saber y entender de Teólogos y Canonistas. Hoy tenemos la ventaja de disponer de un cauce legal obligatorio, que no deja lugar a soluciones arbitrarias; y, por tanto, las coincidencias de criterios, en los diversos dictámenes, que se ofrezcan, tienen que ser necesariamente, más numerosas y exactas. Lo esencial tiene que saltar a la vista, sin dejar lugar a divagaciones impertinentes.
“Existen lagunas jurídicas, no sólo cuando no hay ninguna norma dada para el caso, sino también cuando las normas existentes no son aplicables…” (Cf. COMENTARIOS AL DERECHO CANONICO, BAC, T.I, comentarios al Canon 20, por el P. Cabreros Anta).
El Dr. Homero Johas -en el segundo caso de existencia de una ley no aplicable- distingue, en el problema concreto que nos ocupa, estas cuatro modalidades, que obligan a recurrir a la Suplencia, a saber: a) por inexistencia de electores designados por ley humana; b) por dudas de facto; c) por divisiones o cismas entre los electores; d) por negligencia de los electores en aplicar la ley. (Cf. Roma, nº 125, 1992, pp. 37-57).
Así, pues, en todo dictamen respecto de la suplencia jurídica se debe seguir la ley “NORMA SUMENDA EST”, que, en el Canon 20, ofrece cuatro criterios, según los cuales debe extraerse la norma para el caso: 1) “a legibus latis in similibus”; 2) “a generalibus iuris principiis com aequitate canonica servatis”; 3) “a stylo et praxi Curiae Romanae”; 4) “a communi constantique sententia doctorum”.
Sobre la valoración jurídica de la operación de integración o suplencia jurídica, se expresa así el P. Cabreros Anta, en sus comentarios al Canon 20. “Estos cuatro criterios son auténticos, porque están preceptuados por el mismo legislador supremo. La Norma deducida de ellos es legítima, porque se ha seguido el procedimiento señalado por el legislador…
No es menester emplear los medios supletorios por el orden que los enumera el Canon 20, aunque es un orden preferente. Basta el recurso a un SOLO medio supletorio, que no será contrario a los otros, si se emplea rectamente.
Mi dictamen lo haré empleando todos los medios supletorios prescritos y siguiendo el orden preferente.
El estudio se divide en dos partes, en dos cuestiones distintas, con respuestas independientes. Primera: ¿QUIÉNES SON, EN ESTAS CIRCUNSTANCIAS, LOS ELECTORES NATOS DEL SUMO PONTÍFICE. Segunda: ¿QUÉ PROCEDIMIENTO DEBE SEGUIRSE?

*****************

Trato de la primera cuestión, siguiendo, como he dicho, el orden marcado en el citado Canon.
1) Según este primer criterio, la suplencia debe deducirse de la Analogía legal. “La operación analógica completa la operación legislativa, haciendo lo que se presupone que hubiera hecho el mismo legislador, pero que no hizo”. (P. C. Anta) Y continúa: “La analogía legal, o establecida entre normas semejantes, no es, muchas veces difícil de hallar, pero siempre requiere un cuidadoso estudio que parangone rectamente la materia, las personas, el fin o razón especial de las leyes y todas las circunstancias”.
Se debe, pues, buscar la norma aplicable en este caso peculiarísimo, que no pudo ser previsto; y esto se hará con tanta mayor garantía de acierto, cuantos más sean los interpretes, peritos en Derecho, que lo realicen.
La Analogía legal puede buscarse no sólo en las leyes actuales similares vigentes, sino también en las leyes antiguas dadas para el mismo caso. “Ni explicita, ni implícitamente, -dice el P. Cabreros Anta- se consideran insertas en el Código aquellas leyes antiguas que actualmente tiene aplicación SOLO COMO INTEGRADORAS DEL NUEVO DERECHO EN EL CASO DE DEFICIENCIA LEGAL (Can. 20). Por lo mismo que hay deficiencia legal, el Código no contiene, sea explícita, sea implícitamente, ninguna ley antigua en concreto; únicamente señala varios criterios auténticos para hallar o crear la norma aplicable, que materialmente puede coincidir con la ley antigua”.
Nada más afín a la materia que el título IV, Cap. I, Art. II, del Libro II, del C.D.C., en que se trata de la provisión de los Oficios y de la elección, ya que con respecto a la elección papal está en la misma relación que la de género a especie.
En el Canon 109, se establece un principio de derecho divino: “los que son admitidos en la Jerarquía eclesiástica no lo son POR CONSENTIMIENTO O LLAMAMIENTO DEL PUEBLO O DE LA POTESTAD SECULAR”.
Comentario del P. Arturo Alonso Lobo al presente Canon, en la citada obra de la BAC “… el pueblo y la autoridad civil son incompetentes para conferir una potestad que, al menos, por razón del fin, es siempre sobrenatural”. Y sigue: “Es cierto que en determinadas épocas de la historia eclesiástica aparecen el pueblo y la autoridad civil interviniendo en la elección de las personas que habían de ser adscritas a la jerarquía, pero esto sólo se admitía a título informativo. Por otra parte, la buena voluntad y la absoluta obediencia que entonces prestaban los fieles a la autoridad eclesiástica aconsejaba como PRUDENTE (subrayado mío) admitir aquella injerencia, que, además, contribuía a la ulterior estimación pública de todos los elegidos para el gobierno espiritual de la comunidad”.
Canon 166.- “Si laici contra canonicam libertatem electioni ecclesiasticae quoquo modo esse immiscuerit, electio ipso jure invalida est”. O sea, la intromisión de los laicos en una elección eclesiástica, contra la libertad canónica, “ipso jure” invalida la elección.
Comentario del P. Lobo: “Pudiera la mayoría autorizar la presencia física de extraños en el acto de votación, pero con tal de que no emitan sufragio alguno (Can. 165) y de que no resten plena libertad a los capitulares (can. 166). La intromisión de los seglares o autoridades civiles que coarte EFICAZMENTE la libertad de la mayor parte de los electores (v.g., por la fuerza, dolo, fraude, soborno, poniéndo el veto o la exclusiva), harían nula la elección por disposición del mismo derecho; el simple ruego, consejo o influencia en favor de un candidato, sin influjo positivo en la elección, no producen ese efecto invalidante”.
Impedir la libertad de los electores o inmiscuirse ilegítimamente en una elección eclesiástica constituye un delito, penalizado en el Canon 2390.
Esto, en lo que atañe a las elecciones eclesiásticas “in genere”. Recorramos, ahora, la historia eclesiástica, considerando las modalidades que se dieron, en el transcurso de los siglos, en la elección papal, así como las sucesivas leyes que promulgaron los sumos Pontífices sobre la misma.
El recorrido, por fortuna está ya hecho y maravillosamente resumido en el DICTIONNAIRE DE LA THEOLOGIE CATHOLIQUE de Vacant. (Cf. art. “ELECTION DES PAPES”, col 2281-2318) así como Art. CONCLAVE.
Condenso el resumen histórico del D. TH. C. El modo de la elección papal no está fijado por el DERECHO DIVINO. (Es la opinión comunísima -añado yo- en contra de la opinión de Dom Grea, que considera como electores natos, por derecho divino, al clero de Roma). Su regulación es de Derecho Eclesiástico. Cristo dejó a su Iglesia y, en especial, al Pastor Supremo, el cuidado de regular este punto esencial de la discíplina eclesiástica y de INTRODUCIR todas las modificaciones que las vicisitudes de los tiempos exigiesen.
Primitivamente, la elección papal -así como las de los demás obispos- se realizó sin ley alguna positiva, de una manera espontánea, que se convirtió en costumbre, por el clero y el pueblo.
En concreto, los obispos eran elegidos conjuntamente por el pueblo, por el clero y los obispos de la provincia, bajo la presidencia del Metropolitano. Así, se hacía también en la Diócesis de Roma. No obstante, EL PUEBLO NO TENIA UN DERECHO ABSOLUTO AL SUFRAGIO.
Es cierto que podía expresar sus deseos y preferencias; pero no, necesariamente, era elevado al apiscopado, sino después de haber obtenido la aquiescencia de los obispos de la provincia y del Metropolitano. Desde muy tempranamente comenzó a correr el axioma: DOCENDUS EST POPULUS NON SEQUENDUS.
El Concilio de Nicea dejó bien claro este aspecto del derecho absoluto del clero en la elección de los obispos: “Si quis praeter sententiam Metropolitani fuerit factus episcopus, hunc magna Synodus definit episcopum esse non oportere“. (Can. 6) Prescribe que sin el consentimiento del Metropolitano la elección episcopal sería nula.
No obstante, se aconsejaba consultar al pueblo… La Iglesia consideraba como motivo legítimo para ello el fin de hacer más fácil el afecto del pueblo el ejercicio de la obediencia.
La elección del obispo de Roma no era una excepción a esta costumbre. El pueblo romano proponía algunos nombres. El clero y sus dignatarios examinaban esta primera lista, a la que añadían o suprimían, según su juicio. Por último, LOS OBISPOS DE LAS PROVINCIAS ROMANA, o Suburbicarios, se reunían y se pronunciaban, en última instancia sobre los candidatos presentados por el pueblo y el clero romanos.
Entre el clero, ejercía cada vez, mayor influencia y exclusivismo, los titulares de las Iglesias y basilicas de Roma, o sea, los CARDINATI.
A medida que el número de fieles fue creciendo, se vio el gran inconveniente de la participación de los mismos, bajo ningún título, en tales elecciones.

LA LEGISLACIÓN SOBRE LA ELECCIÓN PAPAL

I.- San Símaco promulgó el primer Decreto sobre la elección papal, que se resume en tres artículos (año 449). En el tres se prescribe que el elegido será el que obtenga la mayoría simple de los votos de TODO EL CLERO.
Se trata del primer ensayo de reglamentación y del primer paso hacia el sufragio restringido. La Iglesia, a lo largo de su historia, especialmente, durante la Edad Media, tuvo que transigir y tolerar el PLACET imperial y otras intromisiones ilegítimas, para evitar mayores males, pero no sin protestar por tales usurpaciones de los derechos de la misma.
II.- Hildebrando trabajó denodadamente para que las elecciones papales no fueran obra del sufragio universal, sino del sufragio restringido de un cuerpo electoral, puramente eclesiástico y del que quedaría definitivamente excluido el elemento laico.
Fruto de estos esfuerzos fue la ley de la elección papal, promulgada por Nicolás II (13 de abril 1059), en la Bula IN NOMINE DOMINI.
Punto principal. En adelante la elección del Sumo Pontífice sería incumbencia de los CARDENALES-OBISPOS. En cuanto a los otros miembros del CLERO, se les podría -de acuerdo con la antigua tradición- rogarles que se adhirieran a la elección; pero sería como una formalidad accesoria. El papel principal lo desempeñaban los CARDENALES-OBISPOS.
En otro lugar de la Bula se permite que, en el caso de que no pudiera llevarse a cabo la elección en Roma, los CARDENALES-OBISPOS se deben reunir en otro cualquier lugar, que creyeran más conveniente, aunque fuera muy reducido el número de clérigos y fieles piadosos que les siguiesen.
III.- Constitución de Alejandro III.
Según las prescripciones de Nicolás II, sólo los CARDENALES-OBISPOS debian tomar parte en la elección pontificia de una manera activa. Pero, poco a poco, los Cardenales-Presbíteros y los Cardenales-Diáconos se creyeron con el derecho a emitir, también su voto.
Este uso usurpado y tolerado daría lugar al cisma de Pier Leoni (Anacleto II), votado por los Cardenales presbíteros y diáconos. Sin embargo, la Bula de Nicolás II era taxativa: los Cardenales presbíteros y diáconos sólo tenían voz consultiva, pero no deliberativa.
Treinta años más tarde, se dio otro caso análogo. Era, pues, urgente poner remedio a ese riesgo de cisma, adaptando la legislación a la costumbre subrepticiamente introducida, en vez de romper definitivamente con ella. Ese fue el objetivo de la Constitución de Alejandro III en el III Concilio de Letrán, LICET DE VITANDA, (1179) a la distancia de un siglo largo de la Bula de Nicolás II.
Se establece como Cuerpo electoral a los Cardenales de los tres órdenes. Se exige, por primera vez, la mayoría cualificada de las 2/3, en lugar de la mayoría simple. Además, al poder ser los Cardenales originarios de las diversas naciones católicas, se formaba un Colegio representativo de la Iglesia Universal, cuyo carácter, así como el del Papado, es el de ser internacional y universal.
Hasta aquí, el resumen esquemático del DICT. TH. CATH. Con la ficción jurídica de otorgar el título de una Iglesia romana a los Cardenales-Presbíteros de otras diócesis, al mismos tiempo que se resolvía el problema y se internacionalizaba el Colegio electoral, se respetaba el derecho consuetudinario del clero romano a dicha elección, al menos como simple reminiscencia, por ser odiosa toda mutación del derecho consuetudinario.

CONCLUSIONES que, a mi juicio, se deducen del primer criterio prescrito en el canon 20 para extraer una norma supletoria, en lo que respecta a esta primera cuestión.
A).- Los fieles laicos carecen, en absoluto, del derecho de sufragio, en cualquier elección eclesiástica -salvo excepción o privilegio concedido, que debe constar fehacientemente- “a fortiori” en una elección papal. Unicamente, cabría pensar en semejante posibilidad en el caso hipotético de que todo el clero se negara obstinadamente a cumplir ese gravísimo deber.
Esto no significa que no se pueda recurrir a ellos -y más en estas circunstancias- recabando sus consejos, dictámenes, asesoramiento e informes fidedignos sobre cualidades de posibles candidatos. es más, siguiendo el ejemplo de la Iglesia -que toleró y transigió para evitar mayores males- se podría considerar conveniente el sufragio de determinados fieles laicos cualificados, que fueran testigos de excepción de la limpieza del procedimeinto de la elección. Lo que no puede pretender el laico es exigirlo como un derecho. Sería una intromisión ilegítima, en contra de la libertad canónica de la elección, que invalidaría IPSO JURE la misma, según el canon 166.
B).- Parece ser que los Electores natos, a quienes incumbe directamente y en primer lugar el gravísimo deber de extinguir la Vacancia, en estas circunstancias, son los OBISPOS.
En efecto, en el recorrido histórico de las elecciones papales, podremos aislar una constante, que nos dará la clave para concretar cuáles son los miembros, o qué categoría de miembros de la Iglesia, son electores natos de los oficios eclesiásticos, por derecho divino. Se podrá observar que los que jamás faltan son los representantes del estamento episcopal. Es una invariante. En cambio esta invariante actuó sola, por ley eclesiástica, con exclusión de los demás estamentos, durante más de un siglo.
Por lo que, al haber desaparecido los electores designados por la ley eclesiástica, se deduce de lo dicho, que los electores natos por derecho divino, son los OBISPOS. Así pienso, salvo meliore.
C).- No tiene sentido, sin más precisión, decir que el clero romano es imprescindible para realizar tal elección y, mucho menos, proclamar, como lo hace Dom Grea (cf. L´Eglise et sa divine Constitution, p. 176), que es el único que tiene la exclusiva del derecho de elección papal y esto, nada menos, que por derecho divino.

2.- Veamos qué Norma supletoria se puede deducir del Segundo Criterio que marca la ley, esto es, de los Principio Generales del Derecho.

Indudablemente que el principio de los principios generales del Derecho Canónico es el DERECHO DIVINO, ya natural, ya positivo, proclamado explícitamente en la misma ley (cf. Canon 6, 6º).
Por derecho divino, únicamente a los OBISPOS -no al clero inferior- como sucesores de los Apóstoles, se les dijo también: “… quaecumque alligaveritis super terram, erunt ligata at incaelo; et quaecumque solveritis super terram, erunt soluta et in caelo” (San Mateo XVIII, 18) Afirmar que solo fue privilegio de los Apóstoles sería caer en el error condenado de Abelardo. (cf. Denz. 379).
En cuanto a la potestad episcopal, se debe tener presente que los Obispos son miembros principales y primarios del Cuerpo Místico (D. S. 3804) Ellos gobiernan en la Iglesia, en su porción asignada, no como Vicarios del Papa, sino “ut Vicarii el legati Christi regunt” (cf. Benect XIV, Brev. ROMANA ECCLESIA, 5 oct. 1572, y en M. C. ya citado). (Cf. etiam “SATIS COGNITUM” en D. S. 3307-3310).
De ahí deduzco -salvo meliore- que los electores natos, por derecho divino son los obispos fieles, sean muchos o pocos, con los que se cuente en la actualidad. A ellos les incumbe directamente el derecho pleno y el deber gravísimo de extinguir la ya demasiado larga vacancia, en las actuales circunstancias.
Esto no quiere decir que los mismos no puedan solicitar, e invitar que se les agreguen sacerdotes e, incluso diáconos, dado el pequeño número de los obispos ortodoxos conocidos existentes.

3).- El tercer Criterio para la suplencia, marcado por la ley es el estilo y praxis de la Curia Romana. Por este criterio, nada se puede concluir, por no haberse dado, al respecto, ninguna directriz por parte de la Curia Romana. Una situación como la presente era un caso impensable.
No obstante, disponemos de un ejemplo, mucho más importante y transcedente que cualquier directriz que hubiera emanado de la Curia , en cuanto tal, por ser un hecho que comprometió la infalibilidad de la Iglesia. Me refiero a la solución adoptada para solucionar el problema planteado por el llamado cisma de Occidente. Este debe ser nuestro Caso-Guía jurídico, según lo proclamé en mi discurso en el Congreso de Bruselas (28-IX-1991; Cuestión Clave).
La resolución de los PP del Concilio de Constanza, para elegir Papa legítimo e indubitable, después de haber depuesto a los dudosos, fue constiruir un Cuerpo Electoral, compuesto por los Cardenales dudosos y una selección, que pudieramos llamar compromisaria, de 30 prelados, seís por cada una de las cinco naciones, en que arbitrariamente se clasificaron los Prelados de la cristiandad europea.
Consideremos el hecho transcedente, en esa encrucijada de perplejidad en la historia de la Iglesia.
Un Concilio Ecuménico -aunque, por necesidad imperfecto, dadas las circunstancias- tenía que ser infalible al interpretar el Derecho divino, para no obrar contra el mismo. De hecho, la Autoridad suprema lo aprobó, por lo que no se puede dudar de que obraron conforme las exigencias del Derecho divino.
Pues, bien; la alternativa escogida “ad cautelam”, no fue una selección del clero romano -qué, según la tesis de Dom Grea, son los electores natos por derecho divino- ni de los canónigos de Letrán, según algunos, ni de simples fieles, según quieren algunos de la actualidad; sino, precisamente, una selección de Prelados, o sea, de miembros con jurisdicción, de los miembros principales y primarios de la Iglesia. Luego, de aquí, se desprende que los Electores natos, por derecho divino, los que deben de decidir acerca de la elección papal, en estas circunstancias, son los OBISPOS, a quienes, también, les fue dicho:”Lo que atareis en la tierra, será atado en el cielo… (Mat. XVIII, 18).

4.- Pasemos al cuarto, y último, de los criterios que prescribe la ley, para deducir una norma de suplencia legal, o sea, “de la común y constante sentencia de los doctores”.
Comentarios al respecto del P. Cabreros Ante, en la obra ya citada. “Aunque la DOCTRINA CANÓNICA no tiene, de por sí, valor jurídico obligatorio, ha sido elevada, por voluntad del legislador, a FUENTE SUPLETORIA. Este medio supletorio no es adecuadamente distinto de los anteriores, sino aplicación de ellos… La misma autoridad de los Doctores o peritos en derecho es también argumento o medio supletorio. La sentencia de los doctores se dice COMUNISIMA, cuando es admitida por casi todos; la doctrina, en este caso, es moralmente cierta. En el Canon 20 se acepta como fuente supletoria la doctrina canónica, aunque no sea comunísima, si es COMÚN Y CONSTANTE, porque, en este puesto, la norma aplicable es ya suficientemente racional y segura.
Los canonistas antiguos llamaban SENTENCIA COMÚN a aquella que era defendida EX PROFESO o en detenido estudio por seis o siete doctores graves, es decir, dotados de gran ciencia y pericia. La doctrina debe ser CONSTANTEMENTE mantenida por sus defensores, de forma que para ellos no ofrezca duda ni dé lugar a cambios de opinión.
La razón por la que el legislador eclesiástico acepta como fuente supletoria la sentencia común y constante de los doctores no es su autoridad jurisdiccional, de que carecen, sino su autoridad científica, que hace presumir verdadera o realmente probable su doctrina. Esta doctrina común y constante hace cierta la INTERPRETACIÓN de la ley, si otra doctrina, con autoridad semejante no la contradice. Y cuando se trata de suplencia, la hace prudente y aceptable, según lo declara el legislador en el canon 20, aun cuando haya otra sentencia contraria de igual autoridad; pero no si la PRESUNCIÓN DE VERDAD o de SERIA PROBABILIDAD, en que se funda la autoridad de los doctores, llega a destruirse con argumentos poderosos.
Felizmente contamos con una serie de doctores, que han dado su veredicto acerca de esta cuestión que, para ellos era puramente hipotéticamente. Veamos. La doctrina de estos doctores ha sido citada, expuesta e interpretada por diversos autores contemporáneos, con vistas a aconsejar la elección papal o disuadirla. Ninguno de ellos es exaustivo en la cita y exposición de todos los autores que han tratado el asunto. Pero, entre todos, he completado la colección.

Los autores contemporáneos que citan a los doctores, son los siguientes:
Abbé V.M. ZINS, en SUB TUUM PRAESIDIUM, Nº 4, jul. 1986, pp. 34-38.
DALY J. BRITON´S C L. Letter nº 7, Nov. 1990. pp. 114-119.
JOHAS H. en ROMA, nº 125, pp. 38-39 y 44.
MOCK K.J. “IN DEFENSE OF FUTURE PAPAL ELECTION”, conferencia pronunciada por el autor, en el congreso habido en SPOKANE, a finales de Junio de 1993.
La suma total de doctores que se citan son los siguientes, por orden cronológico: Cayetano, Vitoria, San Roberto Belarmino, Juan de Santo Tomás, Dom Grea, L. Billot y Ch Journet. Siete en total.
1.- CAYETANO (1469-1534) Trata la cuestión en “DE COMPARATIONE AUCTORITATIS PAPAE ET CONCILII” y en “APOLOGIA DE COMPARATA AUCTORITATE PAPE ET CONCILII”.
“Papatus, secluso Papa, non est in ecclesia nisi in potentia ministerialiter electiva, quia scilicetpotest, sede vacante, Papam eligere per Cardinales, vel PER SE IPSAM”.
El sintagma PER SE IPSAM, que se refiere a un procedimiento extraordinarioo de elección papal, es el que hay que explicar, según la mente del mismo Cayetano.
“En el caso en que no fueran aplicables las normas, la tarea de suplir las mismas recaería sobre la Iglesia por DEVOLUCIÓN”. (Apol. cap. XIII).
El poder de elegir Papa, reside en el mismo Papa, de manera eminente, regular y principal. Eminentemente, por encontrarse en él el poder pleno, que abarca el de los inferiores.
Regularmente, por un derecho ordinario, a diferencia de la Iglesia, que no podría determinar por sí misma, un nuevo modo de elección, SALVO EN EL CASO EN QUE OBLIGARA LA NECESIDAD.
Principalmente, a diferencia de la Iglesia, en la que este poder reside sólo secundariamente. No obstante, en algún caso excepcional, por ej., si el Papa, no hubiera previsto nada al respecto, o se ignorara quienes son los verdaderos Cardenales, o cuál es el verdadero Papa, COMO SUCEDIÓ EN LA ÉPOCA DEL GRAN CISMA, el poder de elección se REVOLVERÍA A LA IGLESIA UNIVERSAL: (Ap. Cap. XIII). Item. “En ausencia del clero de Roma, le correspondería a la Iglesia Universal (La elección Papal, se entiende) de la que el Papa debe ser su obispo”.
La expresión “recae sobre la Iglesia por DEVOLUCIÓN, no se toma en sentido canónico estricto, según explica el mismo Cayetano, sino en el sentido contrario de la transmisión de un superior al inferior inmediato.
2.- Francisco de Vitoria (1483-1546). Vitoria sólo es citado por el Dr. Homero Johas; los demás autores lo ignoran. Es una lastima, porque Vitoria, en su exposición, es rectilineo, más claro y completo y más convincente en sus razonamientos. Por eso, las citas de Vitoria las haré directamente del mismo.
Vitoria expone su tesis, en su obra “RELECCIONES TEOLOGICAS” (cf. T. II, de la Edición crítica de sus obras, por el Maestro Fr. Luis G. Alonso Getino, Madrid, 1934).
La cuestión la trata en la RELECCION SEGUNDA “De potestate Ecclesiae” (pp. 151-168).
Después de probar que Pedro debe tener perpetuos sucesores, en el punto 18.- formula la siguiente proposición (la quinta): ” Mortuo Petro, ECCLESIA habet potestatem subrogandi, et instituendi alium in loco illius, etiam si Petrus nihil de hoc prius constituisset”.
“… constituta a Christo potestate (spirituali) non videtur quod Ecclesia sit pejoris conditionis ad eligendum sibi principem, quam civilis Respublica, quae quocumque casu, deficiente Principe, potest sibi alium constituere. Item, ut dictum est, haec potestas oportebat ut perseveraret in Ecclesia, sed defuncto Petro, et nihil de succesore providente, nec, statuente, ut contingere poterar, no restabat aliud medium, nisi per electionem Ecclesiae. Ergo…”
O sea, “… creada por Cristo esta potestad (espiritual), no parece justo que la Iglesia sea de peor condición que la sociedad civil, y si esta, en todo caso, al faltar el príncipe, puede nombrar uno, también la Iglesia podrá elegirlo… si nada se hubiera previsto, como pudiera suceder, no queda otro medio que la elección hecha por la Iglesia.
Lo prueba imaginando una posibilidad, la de la desaparición total del Cuerpo electoral.”Quia nunc etiam, si aut bellum, aut pestilentia, aut alia calamitas, aut casus absumeret Cardinales, non est DUBITANDUM quia Ecclesia posset providere sibi de Summo Pontifice: alias vacaret perpetuo illa Sedes, quae tamen perpetuo debet durare. Item illapotestas est communis, et SPECTAT AD TOTAM ECCLESIAM; ergo a tota Ecclesia debeprovideri, et NON AB ALIQUA PARTICULARI ECCLESIA, vel certo ordine, aut generehominum: immo negligentibus Cardinalibus, aut perniciose dissidentibus, ECCLESIAPOSSET SIBI PROVIDERE”.
Si por cualquiera de las causas citadas, desapareciere el Colegio Cardenalicio-elector, elector, por ley humana, en exclusiva, “… No se puede dudar de que la IGLESIA pudiera proveerse de Sumo Pontífice; de lo contrario, quedaría perpetuamente vacante la Sede cuya duración es perpetua. Además, aquella potestad es común y pertenece a TODA LA IGLESIA; luego TODA LA IGLESIA debe proveer en este asunto, y NO CUALQUIER IGLESIA PARTICULAR, NI CIERTA CLASE DE PERSONAS. Es más, si los Cardenales fueran negligentes y estuvieran culpablemente divididos, LA IGLESIA PODRÁ ELEGIR UN PAPA.
Pero veamos, en el punto 19, lo que entiende Vitoria, en este caso por TOTA ECCLESIA:
En este punto, se pregunta Vitoria “SED AB OMNIBUS CHRISTIANIS? Respuesta: “ELECTIO SUMMI PONTIFICIS IN TALI CASU SPECTARET AD SOLUM CLERUM, ET NULLO MODO AD POPULUM”.
Y da esta razón: non “Quia administratio rerum spiritualium nullo modo spectat ad laicos…; sed institutio Summi Pontificies maxime apectat ad gubernationem et administrationem rerum spiritualium, ergo nullo modo spectat ad laicos. Item electio Presbyterorum, aut Episcoporum [non] spectat ad plebem… Ergo multo minus electio Summi Pontificies Sacerdotis… Item: Quia talis electio esset prorsus impossibilis, cum esset impossibile ut totus populus conveniret adeligendum, nec postquam convenissent, posset contingere, ut major pars unum et eumdem optaret”.
Como vemos excluye de tal elección, en las circunstancias extraordinarias supuestas, a los LAICOS, los miembros secundarios de la Iglesia, dando varias razones para dicha exclusión.
Pero, avanzando rectilíneo, con lógica contundencia, establece la séptima proposición, en el punto 20. Después de rechazar el SUFRAGIO UNIVERSAL en la Iglesia, restringe aun más el derecho de elección en el clero. PROPOSICIÓN: “Imo non videtur etiam talis electio spectare ad totum clerum. Da la razón: “Quia licet ad omnes Clericos spectet administratio spiritualium, tamen non omnia spectant ad omnes, sed citra Episcopos omnes habent certa et limitata ministeria, extra quae non extendit se eorum officium, ut Diaconi ministrant Presbyteris, Presbyteri autemministrant Sacramenta; et eadem ratione vix convenire posset Clerus totius orbis ad talemelectionem”.
Excluye, pues, al clero inferior al episcopado. ¿Quienes son, por tanto, los Electores natos, por derecho divino? Esto lo dilucida Vitoria en el punto 21.
Octava Proposición. “In quocumque casu vacaret Sedes Apostolica, MANENDO IN SOLO JURE DIVINO, electio spectaret ad omnes Episcopos Christianitatis.
Prueba.- PARTE “Quia pisi sunt Pastores Gregis, et Curatores et Tutores, et tota administratioecclesiástica citra Summum Pontificem spectat ad eos, et omnia possunt per se, quae inferiores omnes possunt. Dico ergo, quod quomodocumque, sive instituto, sive casu omnes Episcopi Christiani convenirent, in tali casu Episcopi possent eligere Unum Summum Pontificem tantae authoritatis, sicut fuit Beatus Petrus, ETIAM RECLAMANTIBUS OMNIBUS, VEL MAJORI LAICORUM, AUT ETIAM CLERICORUM”.
No obstante, reconoce que es muy conveniente que exista una ley eclesiástica que establezca un Cuerpo electoral indubitable para evitar ocasiones de cisma, si el Colegio electoral fuera demasiado amplio, abarcando a todos los obispos del mundo. Ve, en ello, una imposibilidad moral, -y más en la antiguedad- de convocarlos y reunirlos a todos; y para ello, se le concedió a Pedro y sucesores la plena potestad.
Previene la objeción de la elección por el Clero Romano, en los primeros siglos. historia”…Nam (ut exhabetur) aliquando vel Clerus Romanus, vel populus Summum Sacerdotem eligebant. A esto responde Vitoria dicendo que “si Clerus aut populus Romanus aliquando hoc ius habuit, ut eligeret Summum Pontificem, hoc fuit certe, vel lege de hoc lata, vel consuetudine recepta, et non JURE DIVINO. Nam etiam eligente Romano Clero, si EPISCOPI CHRISTIANI ratam habebant electionem, hoc satis esse potuit, ut illa forma electionis per aliquam aetatem servaretur”.
Esto es: “Si algún tiempo eligieron Papa el pueblo y el clero romano fue con toda seguridad, o porque había una ley sobre ello, o por ser una costumbre admitida; pero NO POR DERECHO DIVINO. Si elegía el pueblo romano y los Obispos Católicos ratificaban la elección, esto puede ser suficiente para que esta manera de elección se practicara durante algún tiempo”.
Punto 24.- Undecima Propositio. “Ratio eligendi Summum Pontificem, quae nunc servatur in Ecclesia, NON EST DE JURE DIVINO.
“Haec nota est ex praecedentibus, quia exclusa humana lege, spectat ad Episcopos. Item: non invenitur in toto jure divino. Item: Petri successores potuerunt eam mutare, ut dictum est. Item, non semper hoc modo fuit facta. Et ultimo, quia ordo Cardinalium, qui nunc sunt electores, non est de jure divino.
O sea, no es de DERECHO DIVINO, 1) porque si se presciende de la ley humana, la elección pertenece a los obispos; 2) no se encuentra nada acerca de esta forma de lección en todo el derecho divino; 3)porque los sucesores de Pedro pudieron cambiarla y, de hecho, la cambiaron; 4) porque los Cardenales, que actualmente son los electores, no lo son de derecho divino.
La exposición clarividente de Vitoria corrobora, de manera convicente, que los Electores Natos, por derecho divino, “seclusa lege papali” sobre la materia, son los obispos católicos.
3.- San Roberto Belarmino (1542-1621).
San Berlamino trata la cuestión en CONTROVERSIAE DE CLERICIS, Lib. I, cap. X, Proposición 8.
Lo cita Homero Johas “ad sensum”, juntamente con Billot. La cita textual que trae J. Daly es la siguiente: “El Concilio general sería competente, pero, en la práctica, tendría que acomodarse al actual procedimiento de elección por el clero de Roma y por los obispos cercanos a Roma, o sufragáneos del obispo de Roma”.
Belarmino admite los del Concilio General, dado el precedente del de Constanza, pero, al mismo tiempo, vacila y es incoherente, ya que supone como exictentes los Cardenales Suburbicarios, que, precisamente, en la Hipótesis y en la situación presente, se dan como desaparecidos.
4.- Juan de Santo Tomás (1589-1644).-
La obra pertinente del mismo, que se cita es: “CURSUS THEOLOGICUS in SUMMAM THEOLOGIAE D. THOMAE” (II-II, q. 7, a. 7, disp. 2ª I, Nº 9).
Lo trae el ab. Zins, citado por Journet.
“Si el poder de elegir Papa pertenece, por la naturaleza de las cosas y, por tanto, por DERECHO DIVINO, a la Iglesia en su conjunto con su jefe, el modo concreto de la elección -dice Juan de Santo Tomás- no está señalado en la Escritura; es simple DERECHO ECLESIÁSTICO el que determina qué personas, en la Iglesia, pueden proceder válidamente a la elección”.
Juan de Santo Tomás hace notar que la Iglesia tiene pleno derecho no sobre el Papa ciertamente elegido, sino sobre la elección misma, para tomar todas las medidas necesarias para llevarla a cabo…” “Eso fue lo que hizo, en tiempos del Concilio de Constanza -como lo subraya el mismo Juan de Santo Tomás”.
5.- Dom Grea, citado por Zins y J. Daly.
Este doctor se opone tajantemente a todos los otros. si “L´election du Souverain Pontife appartientEXCLUSIVEMENT à l´Eglise Romaine, qu´aucun pouvoir, QU´AUCUNE ASSEMBLEE, qu´AUCUN CONCILE, MEME OECUMENIQUE, ne pourrait se substituer à elle”. (cf. L´EGLISE ET SA DIVINE CONSTITUTION, PAG. 176).
Esta opinión la rebate el mismo Diácono Zins (1.c. p. 35), por lo que no me voy a detener a impugnar este grave eror de Dom Gréa.
6.- Cardenal Louis Billot.
Lo citan todos los autores, excepto Zins, y, por cierto, que tanto Daly, como Mock, lo hacen por extenso.
Resumiré la doctrina del Cardenal Billot sobre la cuestión. Después de asentar como indiscutible que la elección papal, en circunstancias normales se rige por una ley papal, que no puede ser modificada ni cambiada por ninguna otra autoridad en la Iglesia, pasa a considerar la hipótesis de una circunstancia extraordinaria, en que fuera imposible hacer una elección papal de acuerdo con la ley.
Billot concluye que, en caso extraordinario, en que fuera necesario proceder a la elección de un Pontífice, en la imposibilidad de cumplir las disposiciones de la ley papal (según piensan algunos se dio en la época del Gran Cisma, cuando fue elegido Martin V), se debe admitir sin dificultad que el poder de elegir pasaría a un CONCILIO GENERAL; pues, la misma Ley Natural exige que, en tales casos, el poder atribuido al Superior pase al poder inmediatamente inferior por vía de devolución, por tratarse de algo indispensablemente necesario para la supervivencia de la sociedad y para evitar las tribulaciones de la necesidad extrema.
En caso de duda sobre la existencia de verdaderos cardenales, como sucedió en tiempos del Gran Cisma, se puede afirmar que el poder de elegir Papa reside en la IGLESIA DE DIOS: En ese caso, parece ser que el poder desciende a la IGLESIA UNIVERSAL, al no existir electores designados por el Papa. (Cita a Cayetano).
7.- Mons. Charles Journet.-
Este teólogo es citado por Zins y Mock. Este último puntualiza que la obra de Journet goza de gran autoridad, por estar garantizada por la Bendición Apostólica del Papa Pío XII.
Pues, bien; este doctor, apoyandose en la doctrina de los grandes teólogos Cayetano y Juan de Santo Tomás, admite que, en un caso extraordinario, el poder de elegir Papa pasa a la Iglesia por devolución.
Journet se limita, casi, a exponer la doctrina de los dos grandes Maestros, que admiten íntegramente. Lo que sí indica es cuándo y por qué se suscitó esta cuestión. “La cuestión del poder para elegir Papa -dice- se sucitó en los siglos XVI y XVII, a causa de las disputas sobre la Autoridad respectiva del Papa y del Concilio”.

Deducciones de este cuarto Criterio, o sea, el doctrinal. los Doctores citados -excepto Dom Gréa- convienen en que una circunstancia extraordinaria de desaparición del Colegio Electoral, designado por la ley eclesiástica, el poder y el derecho de elección papal, pasaría, por DEVOLUCIÓN, a la IGLESIA UNIVERSAL, a un CONCILIO GENERAL O ECUMENICO.
Ahora bien, prescindiendo de las clarividentes explicaciones de Vitoria, ¿quiénes son los miembros natos de un Concilio General o ecuménico? -Los obispos.
¿Qué sentido a lo de la IGLESIA UNIVERSAL por devolución? La palabra Iglesia, sin más aditamiento, puede tomarse en dos sentidos: a) el de la Iglesia total (discente y docente, jerarquía y fieles, clérigos y laicos); b) en el sentido restringido de Iglesia jerárquica, o la Autoridad. Así decimos: “La Iglesia enseña, la Iglesia prescribe… sin que sea necesario el consenso previo de la Iglesia Discente para conservar toda su fuerza y vigor. (cf. DS 3074).
Pero, a mayor abundamiento, el mismo Cayetano, que acuñó la expresión, se encargó de explicarla -y los demás doctores así lo admiten- como pase o trasferencia de una competencia poder de la Autoridad a la inmediatamente inferior. Y es indudable que el grado jerárquico inmediatamente inferior al Papado es el Episcopado. Luego, al Cuerpo Episcopal Sedevacantista, es al que corresponde el deber y el derecho, en exclusiva, a la elección papal, en las presentes circunstancias. Es -relativamente- Soberano para decidir sobre este gravísimo asunto.
Esta es la conclusión que se desprende, como Norma Supletoria, de la Doctrina de los Doctores citados, que trataron la cuestión, astros de 1ª y 2ª magnitud en el firmamento de la Teología Católica.
En cambio, Dom Gréa, no consta, siquiera, en la Bibliografía de autores señeros, que trae Salaverri al principio de su TRACTATUS DE ECCLESIA CHRISTI.
Sorprendente y armónica convergencia en el resultado de los cuatro criterios, señalados por la ley (el legal, el jurídico, el de la praxis y el de la doctrina) de la misma NORMA SUPLETORIA: LOS ELECTORES NATOS, por derecho divino, PARA ORGAINZAR UNA ELECCION PAPAL, en las presentes circunstancias, SON LOS OBISPOS FIELES.
Sobre la segunda cuestión, o sea, ¿QUE PROCEDIMIENTO DEBE SEGUIRSE? es muy poco lo que se me ocurre, ya que el Colegio episcopal, además de Elector Nato, es Soberano, para proyectar el procedimiento concreto de la elección.
Creo que observando lo esencial, como es, por ej. la manera de la elección, a) por el medio ordinario del escrutinio, o de Aclamación unánime, o por compromiso, elde la obtención de los 2/3 de votos más UNO, y poco más, el Colegio Episcopal goza de amplias facultades en lo secundario.
Pío VI, en circunstancias aciagas, tomó sus precauciones, para el caso previsto como posible, con el fin de evitar el peligro de cisma o titubeos en el cumplimiento del gravísimo deber -que es lo esencial- de proveer a la Iglesia de su Cabeza Visible. Y (ATTENTIS PECULIARIBUS PRAESENTIBUS ECCLESIAE CIRCUNSTANTIIS) dispensó de ciertos requisitos de la ley, en unbreve del 11 de febrero de 1779. Cuando fue hecho prisionero de Napoleón, llegó incluso a dar AMPLIAS FACULTADES a los Cardenales, para decidir sobre la LEY MISMA DEL CONCLAVE, así como de otras ceremonias, costumbres y formalidades, que no son esenciales al acto electoral. Lo mismo hizo su sucesor Pío VII.
Pío IX, como consecuencia de la invasión de los Estados Pontificios; estableció, asimismo, una legislación particular, como alternativa para el caso en que no se pudieran observar las NORMAS ORDINARIAS.
León XIII, en su Constitución PRAEDECESSORIS NOSTRI, renovó la Bula CONSULTURI de Pío IX.
En esto, pues, no debemos ser mas papistas que los Papas. Del contenido de los documentos citados se deduce que cuando estos previeron alguna circunstancia perturbadora, dieron AMPLIAS FACULTADES, para llevar a cabo las modificaciones, una vez guardado lo esencial, que el Colegio Electoral determinara.

Tomado de Fundación San Vicente Ferrer

37 replies »

  1. ¿Le interesará a alguien del “establishment vaticano” ésta farragosidad jurídica?,dadas las circunstancias que instauraron como papa a Bergoglio.

    Me gusta

  2. En el año de 1966 fue publicado el libro de Piero Imberciadori: ““Papa Francesco I – Storia di un papa che non è mai esistito”. Además de tratar de un papa ficticio que casualmente se llama Francisco, es muy sintomático el capítulo “discorso di papa Francesco ai cardinali della curia romana”. Vale la pena leerlo. Para quién no lo tenga a mano lo puede retirar aquí: http://bit.ly/1EKyoDt

    Me gusta

  3. Todo este análisis del respetable Profesor Tello Corraliza está muy bien y muy interesante, pero tiene un fallo muy grave: Que siempre habla de los obispos, pero nunca precisa si se los toma en cuanto al poder de Orden, o en cuanto al poder de jurisdicción.

    Y es que si no, se le cae toda la tesis. Porque aparece claro tanto por la historia, como por el Derecho, que si ausentes o impedidos los cardenales de ejercer su función, son los obispos los designados, pero sólo los que gozan de jurisdicción ordinaria, como se vió, por ejemplo, en la solución del Gran Cisma de Occidente.

    Y como resulta que los obispos actualmente existentes no poseen ninguno la jurisdicción ordinaria en acto, no tienen más derecho que los presbíteros o que los fieles laicos.

    Volvemos así al punto de partida: No hay en la actualidad nadie con derecho de voto y deignación del Romano Pontífice.

    Por esta razón, la devolución de la que habla el Prof. Tello no va hacia abajo, hacia los niveles inferiores en la escala jerárquica, sino hacia arriba.

    Y quién hay más arriba? El mismo Apóstol San Pedro, que aunque ordinariamente vive, juzga, gobierna y enseña a través de sus sucesores, puede también hacerlo directamente, como en efecto está profetizado, y designar por su propia autoridad soberana un sucesor.

    Me gusta

  4. Atento a que éste es un caso inédito en la vida de la Iglesia Católica, y teniendo en cuenta que siempre debe estar por delante y por encima de todo el bien de ella, y que la legislación vigente está hecha siempre para su bien y nada más que para su bien; ¿no corresponderá que en esta encrucijada excepcional -ante la falta de obispos con poder de jurisdicción- les quepa nomás a los pocos obispos que todavía le son fieles, el derecho y la obligación de cumplir con la alta misión de procurarle un nuevo pontífice?
    ¿Y de no ser así, no significaría entonces esto que su propia legislación la estaría dejando a la Iglesia Católica desguarnecida, entrampada en un callejón sin salida y sin remedio alguno?

    Me gusta

  5. Al mensaje anterior deseo agregar que, obviamente, ante el vacío legal que existe sobre esta cuestión y la indefensión en que se encuentra la Iglesia Católica, seguramente la última palabra le corresponde a esos mismos obispos, quienes legislarán y sentarán jurisprudencia como más convenga para su bien y a sus intereses (de la Iglesia, se entiende).

    Me gusta

  6. Estimado Fr. Eusebio de Lugo:

    1. ¿Qué quiere decir con “puede también hacerlo directamente”?

    2. ¿Cabe decir —“según sus palabras: ordinariamente vive, juzga, gobierna y enseña a través de sus sucesores”—, que los papas viven, juzgan, gobiernan y enseñan in persona Petri?

    Me gusta

  7. Estimado G.

    Con su permiso, empezaré con la segunda pregunta:

    Estaba citando las palabras del Papa san León Magno, que en una de sus homilías, expresaba la experiencia común de todos los Papas, que sabían, por haberlo experimentado prácticamente en su vida y gobierno, que ellos eran. además de Vicarios de Cristo, también Vicarios de Pedro, es decir, que la autoridad de Pedro no había acabado con su muerte martirial, sino que él seguía siendo el patrón de la barca, y en muchas ocasiones, notaban de manera verdaderamente poderosa e inequívoca su presencia permanente, que los iluminaba, confortaba, animaba, y a veces, reprendía.

    Así que en este sentido, sí, se puede decir que los Papas actúan también, “in persona Petri”, aunque no, claro está, de la misma manera tan fuerte en que lo hace todo sacerdote, sobre todo, cuando consagra el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo en la Misa.

    Es regla de derecho que toda autoridad de jurisdicción viene extinguida en un determinado sujeto con la muerte de éste. Por ello, si San Pío V, por ejemplo, por un gran milagro de la Providencia, resucitara de su tumba en Santa María Maggiore, para predicar otra vez al pueblo de Roma, no recuperaría con la vida la autoridad pontificia que una vez tuvo, desde el momento en que aceptó canónicamente el Pontificado, hasta su muerte en olor de santidad.

    Sin embargo, con el Santo Apóstol Pedro, esto no sucede. Murió, pero a pesar de ello, sigue reteniendo su autoridad de Piedra y Cabeza soberana de la Iglesia, aunque ordinariamente, la ejerce a través de sus sucesores, los Papas, que, como si dijéramos, tienen la Iglesia “in commendam”, mientras que el titular permanente, es el mismo San Pedro.

    Habiendo por un tiempo desaparecido cualquier titular de una jurisdicción ordinaria, episcopal o no, esa facultad se devuelve, como bien dice el Prof. Tello, no al nivel más bajo de la escala jerárquica, porque como hemos visto, los laicos son totalmente inhábiles para votar en las elecciones eclesiásticas, sino hacia arriba, es decir, hacia el detentador último y permanente de la autoridad pontificia, San Pedro en persona.

    Y está repetidamente profetizado que eso es efectivamente lo que ocurrirá, en el momento que Dios decida, como dos santas romanas, Anna María Taigi, y Elizabeth Canori-Mora, vieron y profetizaron, con el conocimiento y plena aprobación de los Papas de su época, que bien sabían ellos que esta particularidad, los Papas como Vicarius Petri, aunque más o menos olvidada en los últimos siglos, también forma parte de la Divina Constitución de la Iglesia.

    Me gusta

  8. Tres observaciones con respecto al comentario de Fr. Eusebio de Lugo:

    1. Es redundante precisar que habla de los obispos en cuanto al poder de jurisdicción, ya que el poder de orden no entra en calculo, por así decirlo, según la definición.

    2. Hay que tener en cuenta que Vitoria admite que se puede dar el salto de los que tienen poder de jurisdicción romana (Clerus Romanus recte Cardinales) a los que no tienen poder de jurisdicción romana (Tota Ecclesia recte Clerus etiam non Romanus), siendo tal salto fundamentado según el poder de jurisdicción extraordinaria, o sea, sinodal, que lo tiene cualquier obispo.

    3. Es cierto que los obispos actualmente existentes no poseen ninguno la jurisdicción ordinaria en acto, pero tienen la extraordinaria en potencia, la sinodal.

    (ahora veo su respuesta; antes de leerla, pego estas observaciones)

    Me gusta

  9. El Profesor Tello Corraliza no dice que, a falta de las autoridades naturales para la elección de un pontífice, tal derecho pasa en devolución al nivel “más bajo” de la escala jerárquica, lo que podría interpretarse como alusión a los laicos, sino al nivel “inmediato inferior”, esto es, el Episcopado.

    Me gusta

  10. Estimado Fr. Eusebio de Lugo:

    Respecto a “in persona Petri”, en principio, quedo satisfecho con su aclaración; y digo “quedo satisfecho” porque matiza, siendo evidentemente que eso, como dicen los escolásticos, se da moraliter y así hay que entender la experiencia común de todos los papas; y digo “en principio” porque la respuesta a la segunda pregunta se vincula con lo que escribe en los últimos tres párrafos, como respuesta a la primera pregunta, a saber, porque quedan abiertos algunos detalles:

    a) no conozco las profecías textualmente;
    b) intuyo dificultades técnicas a éste adverbio “directamente”;
    c) atenta al principio non multiplicada sunt miracula sine necessitate;
    d) el articulo firmado por Tomás Tello Corraliza es bastante convincente, aún más si se profundiza en sus fuentes.

    Si Usted quiere alguna aclaración de mi parte, estoy a su disposición.

    Fraternales saludos en Cristo y María.

    Me gusta

  11. Estimado Juan José:

    Efectivamente, releyendo cuidadosamente el desarrollo del Prof Corraliza, se ve claramente que está hablando del Episcopado en cuanto tiene autoridad de jurisdicción ordinaria.

    El problema empieza cuando pretende aplicar su conclusión, esto es, que faltando los cardenales, deben ser los prelados jurisdiccionales inmediatamente inferiores los que deben proceder a la elección, y afirma que un presunto cuerpo de obispos sedevacantistas sería ahora el encargado de esa tarea. Para eso, habría que probar que esos obispos gozan de jurisdicción pura, cosa que él no hace.

    Y si no pueden probar que efectivamente tienen esa jurisdicción, incluso más bien lo descartan expresamente, mal podrán legislar y menos aún sentar jurisprudencia.

    No gozando de ningún poder de jurisdicción pura, no se ve cómo puedan tener el de votar a alguien para Sumo Pontífice, ni el de recibir canónicamente la aceptación del elegido.

    Me gusta

  12. Apreciado g:

    1. Tiene razón, aparece diáfanamente a través de la investigación del Prof. Corraliza que está hablando de prelados con jurisdicción pura ordinaria.

    2. Lo que dice Vitoria, me parece, es que el poder que ejerce el clero romano, en primer lugar los cardenales, puede pasar al clero no romano, a toda la Iglesia, es decir, sus miembros principales, los obispos residenciales.

    3 ¿Tendría Ud la bondad de explicarnos cómo y por quién se confiere esa jurisdicción pura (no sacramental) extraordinaria, que ud. llama sinodal, y que tendría cualquier obispo, supongo, por el mero hecho de haber recibido la consagración episcopal.

    Yo estaba en la idea de que la jurisdicción pura ni se supone ni se suple. O se posee demostrablemente, conferida por quién tiene el poder de otorgarla, o no se tiene en absoluto.

    Pero tal vez esté yo en un error, por lo que le agradecería infinito que nos ampliara este punto.
    Si efectivamente los obispos realmente católicos que nos quedan gozan de una verdadera jurisdicción suplida bastante para poder votar y aceptar canónicamente la aceptación de un electo, la demostración del Prof Corraliza tendría pleno sentido.

    a) En cuanto a los textos originales, sería un tema interesante, aunque tangencial, puesto que mi convicción no se basa en estas revelaciones privadas. De momento le pongo este enlace, y espero que el honorable webmaster tendrá a bien ofrecer más precisiones en cuanto a las fuentes de estas profecías.
    b) Dificultades técnicas… Es muy posible, para eso estamos aquí ud y yo, para examinarlas según se presenten, y procurar resolverlas según nuestro leal saber y entender…
    c) Creo que ni siquiera se trata de un milagro. El que San Pedro haga visible por un momento su presencia perpetua para designar a un candidato al Papado, y recibir su aceptación, y de ese modo, facilitar su aceptación universal, no entra dentro de esa categoría, aunque sí sea un hecho poco frecuente, tan infrecuente como la elección por inspiración o cuasi inspiración, que sin embargo viene recogida como plenamente legítima por el derecho.
    d) Estoy de acuerdo, el artículo del Prof Corraliza sería probativo, si se llega a demostrar que efectivamente los obispos remanentes gozan de una verdadera jurisdicción pura suplida, de un modo u otro.

    En Cristo y María, le agradezco su atención, y quedo esperando la preciosa luz que pueda aportarnos sobre este capital asunto.

    Me gusta

  13. Me remito a lo expresado en los mensajes de la 1:51 y de las 4:14 hs. En síntesis, creo que una situación excepcional e inédita como la que vivimos, exige, para el bien de la propia Iglesia Católica y en función de su eterno poder de supervivencia, soluciones del mismo tenor, es decir legislación y jurisprudencia ad hoc por parte de los pocos que quedan. Y si vamos al caso, así es como se ha ido conformando de a poco y sobre la marcha la legislación actualmente vigente, con la cual ha ido superando, a través de los siglos, todas las vicisitudes que han surgido a su paso y por la que ha debido atravesar.

    Me gusta

  14. Me remito a lo expresado en los mensajes de la 1:51 y de las 4:14 hs.
    En síntesis, creo que una situación excepcional e inédita como la que vivimos, exige, para el bien de la propia Iglesia Católica y en función de su eterno poder de supervivencia, soluciones del mismo tenor, es decir legislación y jurisprudencia ad hoc por parte de los pocos que quedan. Y si vamos al caso, así es como se ha ido conformando de a poco y sobre la marcha la legislación actualmente vigente, con la cual ha ido superando, a través de los siglos, todas las vicisitudes que han surgido a su paso y por la que ha debido atravesar.
    Obviamente, todo ello dependerá del poder de reacción y de la capacidad para interesarse en el tema por parte de los Sres. obispos, que hasta ahora dejan mucho que desear en ese sentido, pero eso es harina de otro costal.

    Me gusta

  15. Estimado Fr. Eusebio de Lugo:

    He leído las profecías. No las comento. Solo destaco lo que se dice con claridad: no se refieren a los últimos tiempos, o sea, a lo que se le revelo al s. ap. Juan que pasará entonces. Esto es interesante porque fijan cronológicamente, como ANTES de “la época de la predicación de Anticristo”, también lo anunciado en La Salette y en Fátima. Me imagino que la mayoría de las profecías de índole apocalíptico cuadran mejor así entre ellas que con el Apocalipsis.
    Desde luego, yo tengo reservas en tomar las profecías, mejor dicho sus interpretaciones inmediatas, como premisas para silogismos.

    Antes de leer Relecciones teológicas del P. Fray Francisco de Vitoria (he localizado los tres volúmenes traducidos en castellano —los links al final—), basándome solamente en la exposición hecha en el articulo de más arriba, no puedo decir lo contrario de lo que Usted mismo dice. Sin embargo, la situación hipotética imaginada por Vitoria puede ser refinada en su adaptación al presente de tal manera que implique, si no sería correcta su solución, nada más que una tremenda sedevacancia perpetua. Es muy posible que hoy el mero sentido común sea perfectamente alterado por muchas causas, objetivas y subjetivas, ya que todo parece apuntar a un inminente desenlace apocalíptico de la historia del mundo. Pero yo creo que la fuerza dramática de la humanidad todavía no está agotada y aún menos la fuerza destinal de la Iglesia. Desde éste punto de vista —digamos muy sereno y muy ingenuo por igual, aunque por culpa de la fe—, hay que mirar a la Iglesia según su perfección histórica, cual perfección histórica y cual sintagma conceptual sintetizan todo lo dogmatizado en el Concilio Vaticano, precisamente en Dei Filius y en Pastor Aeternus. Basta leer éstas dos constituciones para tener la certeza de que la Iglesia visible ya tiene fundada su fuerza petrínica en la fuerza crística de la Iglesia invisible. No es conveniente esperar que lo invisible se haga más visible de lo que ya se ha hecho visible hasta la muerte de Pío XII, tampoco que lo visible se haga más invisible de lo que ya se a hecho invisible desde Roncalli hasta Bergoglio. Por eso rechazo la posibilidad de una intervención directa, o sea histórica, del s. ap. Pedro. Desde el mismo punto de vista he rechazado y resistido a todos los intentos de un buen amigo mio que, casi dos décadas atrás, después de visitar Medjugorje y engordando la filas de la Renovación Carismática Católica, intento, en repetidas ocasiones, convencerme de éste muy peculiar nuevo pentecostés, como sí a través del tiempo algo había fallado en la ya constituida constitución carismática de la Iglesia hace dos mil años. En fin, para no divagar más, insisto que la solución de Vitoria —por fijarnos en éste dominico español—, DEBE ser valida y eficaz, aunque solo formalmente, de hecho, lo que buscamos.

    El punto de partida es distinguir entre poder de jurisdicción ordinaria o común y poder de jurisdicción extraordinaria o especial, a saber, entre el poder que ordinariamente o comúnmente ejerce un obispo en su diócesis y el poder que extraordinariamente o especialmente ejerce un obispo en la Iglesia universal. Pero NO se trata de DOS poderes. He dicho SINODAL. Hubiera debido decir: el poder de jurisdicción ordinaria del obispo X sumado extraordinariamente con el poder de jurisdicción ordinaria del obispo Y sumado extraordinariamente con el poder de jurisdicción ordinaria del obispo Z. ¿En que se funda eso? En un imperativo divino: habendum esse papam.

    Hay personas que, por no tener manos, comen con los pies; es evidente que comer con los pies supone un esfuerzo extraordinario en comparación indistintamente con el esfuerzo ordinario del comer con las manos y con el esfuerzo ordinario del andar con los pies. Eso denota una situación anómala. ¿Cómo surge lo extraordinario de lo ordinario? ¿De un modo ordinario o de un modo extraordinario?

    Hasta aquí eso. Luego algo más consistente.

    vol. 1: https://archive.org/details/releccionesteol01vito
    vol. 2: https://archive.org/details/releccionesteol02vito
    vol. 3: https://archive.org/details/releccionesteol03vitouoft

    Me gusta

  16. Afirma Juan José: “soluciones del mismo tenor, es decir legislación y jurisprudencia ad hoc por parte de los pocos que quedan” —eso lo veo cada día más posible y en perfecto acuerdo con el sentido histórico de la Iglesia.

    Y respecto a los milagros que no muy pocos esperan: Lo más sencillo para Dios es también lo más sencillo para el hombre.

    Me gusta

  17. Estimado G.

    Con retraso observo este comentario suyo, mil disculpas.

    Sin entrar en lo que Ud mismo llama divagaciones, contestaré a sus últimas líneas acerca de la potestad de jurisdicción ordinaria y extraordinaria de los obispos de la siguiente manera:

    El poder de jurisdicción universal que los obispos ejercen de manera extraordinaria, lo reciben única y exclusivamente cuando un Papa en acto hace como si dijéramos una extensión de su poder soberano y propio, para hacer participar de él, excepcionalmente y por pura gracia, a los obispos, como si extendiera el manto de su soberania para cubrir con él a todos los prelados, obispos y no obispos, presentes con él en el acto jurisdiccional de que se trate.

    Ese acto, normalmente, suele ser la aprobación definitiva de las Actas oficiales de un Concilio General.

    Pero también podría entrar en esa categoría la Consagración de Rusia pedida por Nuestra Señora desde Fátima, y que debía ser verificada públicamente por el Papa en unión con todos los obispos del mundo.

    Ahora bien, si no existe papa en acto, los obispos son totalmente incapaces de ejercitar cualquier tipo de jurisdicción universal. Sólo tienen una jurisdicción limitada a las fronteras de su diócesis, o las personas pertenecientes a ella

    Pero es que día de hoy, no existe ningún obispo que goce de esa jurisdicción limitada, con lo cual, mucho menos aún puede tener jurisdicción universal, necesaria para la elección canónica de un Papa.

    Me gusta

  18. Estimado Fr. Eusebio de Lugo:

    Ni un ápice puedo negar de lo que Usted afirma: esa es la realidad pura y dura. Pero hay y deben haber soluciones. Yo estaba hasta el cuello en el tema, pero, al ver que a nadie le interesaba, cerré todos los libros que los tenía abiertos. ¿Y si estos día los abro de nuevo?

    Desde luego, me gustaría tener en Usted un buen interlocutor y oponente.

    Fraternales saludos en Cristo y María.

    Me gusta

  19. Mi muy estimado g:

    Nada me honraría más que tenerlo como interlocutor, y llegado el caso, oponente, si conseguimos enderezar todo ello a la mayor Gloria de Dios y al servicio que la Santa Iglesia Romana espera de nosotros en estos tiempos tan críticos.

    Efusivamente le animo a que reabra esos libros, porque le aseguro que mucha gente estará interesada, si logramos evitar la polémica amarga y estéril, repelente de la mayor parte de nuestros contemporáneos, y procuramos ofrecer a los lectores aspectos de la cuestión que tal vez hayan pasado desapercibidos hasta ahora.

    Me gusta

  20. Escribe el Profesor Tello: “En este caso de laguna legal, se impone como necesaria la suplencia o integración jurídica. En efecto, la extinción de la vacancia es una exigencia ineludible de derecho divino.”
    Quiero recalcar : “EXTINCIÓN” y “DERECHO DIVINO”.
    Entonces es poco lo que se puede alegar y agregar en este momento histórico, no ya de EXTREMA NECESIDAD, sino de NECESIDAD AGÓNICA, y esto por doble razón: Bergoglio con su Sínodo han definitivamente DECAPITADO, o sea, no solo han terminado de destruir material y formalmente el Primado Pontificio, sino también lo que quedaba flotando en las conciencias de los católicos- bombardeados de democracia- que se hallan inmersos en la iglesia oficial que eclipsa la verdadera, también hasta el CONCEPTO de Primacía de Jurisdicción acaban de borrar.
    Quise resaltar al principio del comentario que la EXTINCIÓN de la vacancia, no es algo de poca monta o de poco interés para la salvación eterna, sino que por ser de DERECHO DIVINO, la “urgencia sagrada” -de la que hablan los Papas- no se puede saltar. Que la Iglesia Católica tenga un Papa no es un derecho eclesiástico, sino un DEBER INELUDIBLE, porque es voluntad de Dios que haya una Cabeza en la Iglesia.
    Y acá entran en juego las leyes para mostrarnos cómo -en épocas tranquilas- se debe proceder para extinguir la vacancia para dar cumplimiento al DERECHO DIVINO.
    Al ser los presentes tiempos de NECESIDAD AGÓNICA, pasan a segundo lugar el cumplimiento y el seguimiento de los procesos que marca la Ley para tener un Papa, porque en primer lugar está el DERECHO DIVINO de que lo haya.
    Dios no manda cosas imposibles, y si ha querido que San Pedro tuviera perpetuos sucesores es porque ha previsto en su Providencia que haya perpetuos electores. ¡No puede ser de otra manera!, pues Dios no se engaña ni nos engaña.
    Si en la actualidad existen Obispos verdaderamente válidos pero sin jurisdicción otorgada -por carencia del que debe darla, pero que existiendo la daría, como se ha visto a lo largo de la Historia de la Iglesia- a ellos le compete comenzar los trabajos para una elección -no por desprecio a la Ley sino para cumplir el PRECEPTO DIVINO de dar a la Iglesia su Cabeza Visible- porque la Iglesia no es “luz para ponerla debajo de la mesa” como dice el Evangelio, y frente a la Apostasía institucionalizada en Religión Idolátrica, es preciso -para la salvación de las almas (que es el fin último de la Iglesia, pues “fuera de Ella no hay salvación”) la Iglesia Católica y el Papa sean BIEN VISIBLES con el objetivo de que los hombres SEPAN y VEAN dónde está el “Principio y Fundamento de la Fe”, pues sin la Fe no se puede agradar a Dios. Los verdaderos Sacramentos siguen depositados en la Iglesia Católica y algunos son de NECESIDAD para salvarse.
    ¿A quién recurrirían los convertidos por “los Apóstoles de los Últimos tiempos” como dice Nuestra Señora? ¡Ante quién se presentarán los convertidos por la predicación de los Dos Testigos?…la IGLESIA CATÓLICA CON EL PAPA SON DE NECESIDAD PARA LA VISIBILIDAD DE LA IGLESIA.
    ¿Qué hay que HACER? ¿Dejar que los días sigan corriendo y las almas se sigan perdiendo? ¿Seguir discutiendo quién tiene prioridad canónica?
    Por ENÉSIMA vez: TENEMOS QUE HACER QUE LOS OBISPOS CATÓLICOS-sedevacantistas y válidos- SE REÚNAN EN CUERPO JERÁRQUICO Y DELIBEREN CÓMO SE DEBE HACER LA ELECCIÓN Y QUIENES SON LOS QUE LA HARÁN.
    SEAN CINCO O CINCUENTA, ¡NO INTERESA!

    Me gusta

  21. Por qué no se ha podido volver a designar un Papa válido? Esto estaba al alcance de la mano en épocas de Mons. Lefebvre, pero “no pudo ser”, obviamente no por decisiones humanas, tan solamente. Lo que Mons. Lefebvre hizo mal solamente es parte de la explicación.

    Hay una permisión divina en esto, permisión que vio claramente S.S. León XIII.

    Solo lo dejo apuntado: para evitar esto, él instauró el Exorcismo que de hecho se rezó en la Santa Misa, hasta que fue quitado el Exorcismo (y también la Santa Misa).

    Me gusta

  22. jd: Si la sucesión apostólica no quedó interrumpida fue por la intervención del Obispo vietnamita Mons. Thuc, quien tenía plenos poderes de consagrar, aún sin la autorización de Roma, pues le había concedido ese privilegio el mismo Pio XII. El consagró algunos Obispos y estos ,a su vez, a otros. Varios han muerto ya, pero en la actualidad existen unos cuantos.
    Descarto de la lista a los de la FSSPX y a los “sacerdotes” que salidos de ella se hicieron consagrar Obispos. El motivo es porque nunca fue revocada la imposibilidad que los masones accedieran al Orden Sacerdotal, y si hubieran accedido al sacerdocio o al episcopado, son tan inválidos como los dementes, porque NO SON materia apta para recibir el Sacramento del Orden. Y me estoy refiriendo al masón Liènart, quien ANTES de entrar al seminario ya era masón, y alcanzó en la secta masónica el grado 33. Fue quien lo “ordenó” y luego “consagró” a Lefevbre. Por tanto no existe el Orden Sacerdotal en ninguno de ellos. Quedó interrumpida la continuidad del Orden en Liénart, quien NUNCA la poseyó, y por tanto tampoco podía trasmitirla.
    Dicho esto solo hay que “moverse” con los descendientes de Mons. Thuc. Yo no tengo idea si habrá Obispos válidos sedevacantistas -salvo los conocidos- pero serían los “conocidos” quienes DEBERÍAN hacer el llamado a los demás, si es que hay, y de ahí comenzar un plan como Cuerpo Jerárquico. Si serán solamente ellos los electores, no lo sé. Ellos verán. TODOS LOS CATÓLICOS que estamos dispersos, muchos sin Sacramentos y a miles de kms. de algún sacerdote válido, les RECLAMAMOS LA EJECUCIÓN DEL DERECHO DIVINO DE QUE LA IGLESIA CATÓLICA TENGA UN PAPA.

    Me gusta

  23. Los que dirigieron las consagraciones de Monseñor Thuc eran unos incompetentes porque Monseñor Thuc no solo tenia poder para consagrar sino también para dar poder de jurisdicion.
    1. Monseñor Thuc podía ser el único elector para elegir Papa.
    2. Monseñor Thuc podía restablecer la jerarquía a nivel de Obispos diocesanos y luego estos en Concilio Imperfecto elegir a un Papa.
    Monseñor Thuc cuando las consagraciones del Palmar de Troya dio a los 5 obispos consagrados por el TODOS los poderes de un obispo.

    Me gusta

  24. A quien le interese: Hay un blog que se titula “El integrista mexicano”, donde hay una larga lista de Obispos y Sacerdotes. Algunos murieron, otros están vivos. De los que fueron consagrados Obispos y provenían de la FSSPX hay que averiguar si antes de la consagración recibieron la ordenación sacerdotal, caso Morello por ejemplo y de su “consagrante” proveniente también de la FSSPX.
    De todos modos creo que lo que habría que tratar de hacer es comunicarse por carta o personalmente con los que están en la lista y hacerles el reclamo. Si aceptan y se reúnen, Dios iluminará sus mentes para que hagan lo correcto y separen a los que no son, o por lo menos son dudosos…No sé qué más…que cada uno aporte lo que pueda

    Me gusta

  25. jd: Debe usted pensar que hace muchos años que Mons. Thuc hizo las consagraciones que hizo. Yo no hablaría de “incompetencia” pues recién comenzaba la “resistencia” y no era tan fácil hablar sobre la vacancia de la Sede Romana. Me gustaría -pues usted parece tener más datos sobre los poderes de Mons Thuc- que nos dijera de dónde extrajo que podía conferir la jurisdicción a los Obispos que consagrara, pues de ser cierto ésto, sus primeros consagrados por él directamente la tendrían pero no podrían conferirla a los que ellos consagraran después. Lo cual nos deja como al principio: los actuales descendientes en la “línea” Thuc, ejercerían el episcopado con jurisdicción supletoria en vista a ser convalidada por un futuro Papa católico. Por tanto el dato que nos da no agrega nada nuevo a la situación crítica del momento presente. Solo contamos con Obispos válidos a la espera de ser confirmados en su misión por un Papa designado por ellos junto con los electores que ellos decidan. Los Obispos no tienen poder -como tampoco los Cardenales en casos normales- de conferir ningún poder al designado por ellos, Su elección se limita a ser tan solo eso, quien confiere el poder inmediato y universal es Dios sobre el candidato que haya aceptado la carga, por tanto los Obispos con jurisdicción supletoria actuarían como conclavistas lícita y válidamente, pues sino la vacancia actual no podría ser extinguida de ninguna manera, lo cual va contra las Promesas y los Derechos divinos. Obispos con jurisdicción ordinaria concedida por un Papa NO HAY -por lo menos que sepamos, pues si los hubiera no los hemos oído- entonces no queda más que actuar con lo que contamos sin darle más vueltas al asunto.

    Me gusta

  26. Una vez que se consagra un obispo todos los poderes, este seria equiparable a Mons Thuc.
    Esto lo explico Thuc en la carta que escribió cuando las consagraciones del Palmar de Troya. Estos obispos erigieron varias diócesis. La carta es difícil de encontrar pero esta escrita en latin de puño y letra de Mons Thuc.
    Seria como cuando la crisis arriana, que San Atanasio consagraba y restauraba diócesis que habían caído en el arrianismo al catolicismo.
    También Dom Grea en La Iglesia y su Divina Constitución explica el ministerio episcopal en caso de no poder contar con Roma.

    Me gusta

  27. También estos obispos consagrados por Monseñor Thuc podrían ser obispos regionarios que sin tener sede propia acudían a auxiliar a los fieles donde eran requeridos.

    Me gusta

  28. jd: Existe una gran diferencia cualitativa entre el tiempo de la herejía arriana y San Atanasio, con el nuestro, y es que ahora no hay Papa que haga visible la autoridad máxima de la Iglesia. Ya no existe Mons.Thuc, y creo que ninguno de los que él consagró personalmente. Los nuestros son tiempos de Apostasía hecha Religión, es mucho más grave que el arrianismo
    Lo de Dom Grea prometo estudiarlo, no lo tengo presente ahora, pero espero que no sea la “resurrección” del galicanismo, lo que constituiría a los Obispos -en el momento presente- en una especie de episcopalianismo, que en la práctica tacitamente es sostenido por algunos de los actuales que creen que el Papa no es necesario. Este es también un escollo que hay que combatir.
    Creo que lo de los “obispos regionarios” es lo que pudo haber dado pie a la desidia de reunirse en Cuerpo y es lo que se evitaría teniendo un Papa que conceda jurisdicción.

    Me gusta

  29. Lo de Monseñor Thuc es tan ponzoñoso que creo que será imposible elegir un Papa sin caer en el ridículo mayúsculo. Esta todo tan dividido, podrido en el mundo sedevacantista o conclavista que no hay nada que hacer. Thuc cometio tales errores desde que dejo Vietnam que se ha desacreditado totalmente.

    Me gusta

  30. Por todo lo que se a analizado arriba, las personas indicadas para ser electas como Papa son los Obispos y tal vez algun sacerdote despues de su consagración como Obispo.
    Este cónclave imperfecto, lo compondrán los Obispos, Sacerdotes, Religiosos, Religiosas y algunos laicos importantes por ellos señalados de todo el mundo.
    ESTA ES mi humilde opinion. Todos quisiéramos las mejores circunstancias, pero esto es lo más viable para el bien de la Iglesia y las almas.

    Dios y la Santísima Virgen María ilumine las mentes y corazones de los catolicos del mundo y busquemos la UNIDAD CON HUMILDAD Y CARIDAD.

    “VIVA CRISTO REY”

    Me gusta

    • Raul: el Papa es el vicario de Cristo en la Tierra, es decir, alguien que está en el lugar de Cristo. Solo Cristo tiene autoridad para escogerlo y nombrarlo, como hizo con el primer Papa, Pedro I. Le invito, pues, a que abandone sus elucubraciones sobre una posible elección asamblearia de un Papa, pues eso es doctrina luciferina. El Reino de Cristo es un Reino, no una república.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s