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¿SE SALVAN POCOS O MUCHOS?


[Es republicación del post de  2 de junio de 2011, por ser hoy 26 de noviembre de 2015 la festividad de San Leonardo de Porto Mauricio.]

Pequeño número de los que se salvan”. Esto es lo que responde San Leonardo de Porto-Maurizio, en el sermón que acoge este blog. Este sermón además de lograr la conversión de  los libertinos que lo escucharon, ha sido reproducido innumerables veces en libros y escritos, y ahora en internet con muchísimo fruto.

La pregunta que encabeza este post fue clásica en teología y aun en la conversación del pueblo. En la Iglesia antigua se creía como cosa revelada que eran muy pocos los que alcanzaban la salvación, se decía esto incluso de los miembros de la Iglesia. Esta era la opinión de casi todos los Santos Padres. Se llegó a considerar que la opinión contraria era una herejía o una casi herejía. Sin pretender dar una respuesta a la pregunta, me ha parecido interesante dar una opinión, o sentencia, muy autorizada, tal como se defiende en un famoso sermón de un gran santo,  que además era un gran taumaturgo.

Así que traigo en esta entrada, el célebre sermón (resumido) del santo. Es muy conocido y hasta discutido. No por ser santo hay que dar un crédito absoluto a lo que dice. Pero sus razonamientos y las autoridades que cita deben tenerse en cuenta, así como la autoridad con que Dios lo respaldó a través de sus muchos y resonantes milagros.

Está tomado  de internet   (sin que se diga de dónde se hace la traducción) aunque he  reformado enteramente y rehecho el texto para hacer su lectura más clara y fluída.La traducción en que me baso es a su vez traducción de otra traducción, probablemente en inglés, del original sermón italiano del santo  del siglo XVIII. Espero y confio, que por lo menos en cuanto a la sustancia,  esta entrada no se aparte demasiado del original sermón de San Leonardo.

Nunca he encontrado una traducción castellana de este sermón. Creo que debe de ser de las pocas en internet. Por eso la sumo a este blog, con la esperanza de que pueda satisfacer la curiosidad de muchos y, loque es más importante, hacer fruto espiritual.  Aporto además una reseña biográfica del santo, que a continuación expongo:
“San Leonardo de Porto-Mauricio, nacido en 1676 (+1751), ingresa en la Orden Franciscana en 1697 y al año siguiente hace la profesión religiosa. Durante algún tiempo regenta la Cátedra de Filosofía, pero, tiene que abandonarla por falta de salud. Para recuperarla lo envían a Nápoles, y luego a Porto-Mauricio. Pero lo que no logran el cambio de aires ni la medicina, se lo consigue la Santísima Virgen. Después de cinco años de penosa enfermedad con continuos vómitos de sangre, sanó milagrosamente al prometer a la Santísima Virgen consagrar su vida a la conversión de los pecadores, ministerio que cumplió infatigablemente durante casi medio siglo. Fruto de su espíritu apostólico son sus numerosos sermones, cartas de dirección y opúsculos de piedad, entre los cuales, uno de los más importantes es El tesoro escondido de la Santa Misa.

En sus misiones Dios le ayudaba con numerosos milagros consiguiendo un éxito arrollador: en San Germán, las campanas tocan por si solas anunciando su llegada; el granizo asola las cosechas de un pueblo que se niega a recibirle…

Raros, rarísimos son los reacios a su llamamiento, aun en circunstancias en que la prudencia humana prevé imposible la victoria, como sucede en Gaeta y Liorna donde un escandaloso baile de máscaras acaba en procesión penitencial.”

Existe un  pequeño libro del P.Royo Marín, con el siguiente título –¿Se salvan todos?, 1995, BAC- que lleva a conclusiones distintas y aun contrarias (a mí no me merece mucho crédito, puesto que a sus razones se les puede objetar aquello de que “lo que prueba demasiado no prueba nada“. Este es el caso de la razón que da de “la Misericordia infinita de Dios· Si esta razón fuera válida para la demostración de su tesis laxista, se salvarían todos, al ser infinita la Misericordia de Dios. Pero la verdad es que el atributo de la Misericordia infinita de Dios, está íntimamente en conexión con la Justicia divina y la Santidad divina, no menos infinitas. Por eso ha sido común en la Tradición de la Iglesia, la tesis justamente opuesta, como en el sermón del santo se demuestra). La Misericordia divina es el atributo de Dios más celebrado en la actualidad con el que se tranquilizan personas de vida mala y aun tranqiliza a los deudos ante muertes desastradas. Incluso alienta a ello una famosa- y dudosa-devoción que si en en la actualidad está propuesta y celebrada por las más altas instancias de la Iglesia, no pareció conveniente su difusión al papa Pío XII, que puso en el índice de libros prohibidos, al libro en que se sustenta.

 La gran revelación de nuestros días que habla de los muchos que van al infierno

Me refiero a la revelación de Fátima. Lucía narra en su tercera memoria  lo siguiente de la pequeña Jacinta de Fátima que al parecer gozó de confidencias de NªSª. La pequeña vivió de antemano, de una manera mística la guerra- la segunda mundial– que iba a venir 10 años más tarde, tal como había sido profetizada en Fátima. Lucía lo narra así:

“Un día fui a su casa para estar un poco de tiempo con ella.La encontré sentada en la cama y con aspecto pensativo.

¿Jacinta qué estás pensando?

En la guerra que ha de venir. ¡Va a morir tanta gente¡ ¡Y casi toda va a ir al infierno¡.Van a ser arrasadas muchas casas y morirán muchos sacerdotes¡…Tú cuando veas esa luz que aquella Señora dijo que vendría..( “As memorias da Irmá Lucia”, 2007, p.127)

Los tres pastorcitos de Fátima fueron los elegidos para la más grande-quizás- revelación privada-no oficial- pero pública al ser dirigida a toda la humanidad. La revelación de Fátima fue sellada con el más grande milagro de la historia de la Cristiandad, como lo fue la “danza del Sol“. Fue visto por casi 100.000 personas presentes en la “Cova de Iría“. De ella se hizo eco hasta la prensa masónica de la época como el periódico “O Seculo” que apeló al prodigio solar “Signo grande en el Cielo“, en extraña coincidencia con la terminología del “Apocalipsis” en el capítulo 12.

La visión del infierno y la petición de NªSª pidiendo oraciones y sacrificios por las muchas almas que van camino del infierno, había impresionado vivamente a la pequeña Jacinta de una manera particular.

He aquí lo que se narra en la segunda parte del Secreto de Fátima, sobre esta visión:

Ella abrió sus manos una vez más, como lo había hecho los dos meses anteriores.
 El reflejo parecía penetrar la tierra y vimos, como un mar de fuego. Sumergidos en este fuego, los demonios y las almas de los condenados  como si fuesen brasas transparentes y bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas, que de ellas mismas salían juntamente con nubes de humo, cayendo para todos los lados, semejantemente al caer de las centellas en los grandes (incendios) sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor (debió ser al encontrarme con esta vista que dí ese ¡Ay¡ que dicen haberme oído). Los demonios se distinguían por formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos , mas transparentes como negros carbones en brasa . Esta vista fue un momento, gracias a nuestra Madre del Cielo, que antes nos tenía prevenido de llevarnos para el cielo (en la primera aparición) si así no fuese creo que tendríamos que morir de susto y pena.
 Asustados y como para pedir socorro, levantamos la vista para NªSª que nos dijo:
 Visteis el infierno, para donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas , Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón. Si hicieren lo que Yo dijere, se salvarán muchas almas y tendrán paz.

Además NªSª les había dicho anteriormente, el día 19 de Agosto de 1917, tal como se refiere en la cuarta memoria (“As memorias da Irmá Lucia“2007, p.179):

“Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que muchas almas van al infierno por no haber quien se sacrifique y pida por ellas“.

A continuacuón, después de este preámbulo, dejo la voz a San Leonardo de Porto-Maurizio, en su célebre sermón, que  a tantas almas ha conmovido desde que fuera pronunciado y reproducido en  libros y ahora en  internet, en su expresión castellana:

EL PEQUEÑO NÚMERO DE LOS QUE SE SALVAN
Por San Leonardo de Puerto Mauricio

San Leonardo de Puerto Mauricio fue un fraile franciscano muy santo que vivió en el monasterio de San Buenaventura en Roma. Fue uno de los más grandes misioneros en la historia de la Iglesia. Solía predicar a miles de personas en las plazas de cada ciudad y pueblo donde las iglesias no podían albergar a sus oyentes. Tan brillante y santa era su elocuencia que una vez cuando predicó una misión de dos semanas en Roma, el Papa y el Colegio de los Cardenales fueron a oirle. La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, la adoración del Santísimo Sacramento y la veneración del Sagrado Corazón de Jesús eran sus temas preferidos de predicación. Fue en  no pequeña medida responsable de la definición de la Inmaculada Concepción hecha poco más de cien años después de su muerte. También nos dejó las alabanzas divinas que se dicen al final de la bendición con el Santísimo Sacramento. Pero el trabajo más famoso de San Leonardo fue su devoción a las Estaciones de la Cruz o Via Crucis. Tuvo una muerte santa a sus setenta y cinco años (1751), después de veinticuatro años de predicación sin interrupciones.

Uno de los sermones más famosos de San Leonardo de Puerto Mauricio fue el titulado “El pequeño número de los que se salvan. Con él pretendió, sobretodo,  la conversión de los grandes pecadores. Este sermón, al igual que sus otros escritos,  fue sometido a examen canónico durante el proceso de  su canonización. En él se examinan los diferentes estados de vida de los cristianos, y  se concluye en él con su tesis del escaso número de los que se salvan, en relación con la totalidad de los hombres.
El lector debe  meditar sobre este notable texto y aprovechar la solidez de su argumentación, que le ha merecido la aprobación de la Iglesia. Aquí está el vibrante y conmovedor sermón de este gran misionero:

SERMÓN DE SAN LEONARDO

Descargar aquí el célebre sermón, en documento  PDF

Introducción:

Gracias a Dios, el número de los discípulos del Redentor no es tan pequeño como para que la maldad de los escribas y fariseos sea capaz de triunfar sobre Él. Aunque se esforzaron por calumniar su inocencia y engañar a la gente con sus sofismas traicioneros para desacreditar  la doctrina y el carácter de Nuestro Señor, buscando manchas, incluso en el sol,  con todo, muchos  lo reconocieron como el verdadero Mesías, y, sin miedo de castigos o  amenazas, abiertamente se unieron a su causa. Pero, ¿todos los que siguíeron a Cristo, lo siguieron hasta la gloria? Ah, aquí es donde yo solamente venero el misterio profundo y adoro en silencio los abismos de los decretos divinos, en lugar de decidir sobre esta cuestión  tan profunda.  El tema que estoy tratando hoy es muy grave, ha hecho que incluso  tiemblen grandes columnas de la Iglesia. Ha llenado de terror a los más grandes santos y ha poblado de anacoretas los desiertos. El objetivo de esta disertacción es decidir si el número de cristianos (Nota: en la acepción de la época, católicos) que se salvan es mayor o menor que el número de cristianos que son condenados, y espero que esto pueda producir en vosotros un temor saludable acerca de los juicios de Dios.

Hermanos, por el amor que os tengo, me gustaría ser capaz de daros confianza, con la perspectiva de la felicidad eterna diciéndoos: Es seguro que irás al paraíso, el mayor número de cristianos se salva, por lo que también tú te salvarás. Pero, ¿cómo puedo daros esta dulce garantía si os rebelais contra los decretos de Dios como si fueran vuestros peores enemigos? Veo en Dios un deseo sincero de salvaros, pero encuentro en vosotros una inclinación decidida a  condenarse. Entonces, ¿qué voy a hacer si quiero hablar con claridad? Seré desagradable para vosotros. Pero si  no hablo, voy a ser desagradable para Dios.

Por lo tanto, voy a dividir este tema en dos puntos. En el primero, aunque os llene de terror, voy a dejar que los teólogos y los Padres de la Iglesia decidan sobre esta cuestión   aunque digan que el mayor número de los cristianos adultos se condenan, y, en adoración silenciosa de este terrible misterio, voy a guardar mis sentimientos para mí mismo. En el segundo punto, trataré de defender la bondad de Dios contra los impíos, al demostraros que los que son condenados están condenados por su propia malicia, porque quisieron condenarse. Así que, aquí ,hay dos verdades muy importantes. Si la primera verdad os asusta, no vayais contra  mí, como si yo quisiera hacer más estrecho para vosotros el camino  del cielo, sino que voy a  ser neutral en este asunto, así que id contra los teólogos y los Padres de la Iglesia, quienes grabarán esta verdad en vuestros corazones por la fuerza de la razón. Si  estais atemorizados por esta verdad, dad gracias a Dios por la segunda verdad, que es que  El sólo quiere una cosa: que le den sus corazones totalmente a El. Por último, si me obligais a decir claramente lo que pienso, lo haré para vuestro  consuelo.

La enseñanza de los Padres de la Iglesia:

No es vana curiosidad, sino una precaución saludable proclamar desde lo alto del púlpito ciertas verdades que sirven maravillosamente para contener las indolencias de los libertinos, que  hablan siempre de la misericordia de Dios y de lo fácil que es convertirse, que viven sumidos en toda clase de pecados y se quedan profundamente dormidos yendo camino del infierno. Para su desilusión y para despertarlos de su letargo, hoy vamos a examinar esta gran pregunta: ¿Es el número de cristianos que se salva mayor que el número de cristianos que se condena?

Almas piadosas,  vosotras podeis marcharos; este sermón no es para vosotras. Su único objetivo es contener el orgullo de los libertinos que echan el santo temor de Dios fuera de su corazón y unen sus fuerzas con las del diablo que, según el parecer de  San Eusebio, condena a las almas,  induciéndoles a  una falsa seguridad. Para resolver esta duda, vamos a poner a los Padres de la Iglesia, tanto griegos como latinos, en un lado, y en el otro, los teólogos más sabios y los más  eruditos historiadore. Dejemos la Biblia en el centro para que todos la vean. Ahora bien, no escuchad lo que yo voy a deciros – que ya he dicho que yo no quiero hablar por mí mismo o decidir sobre la cuestión -, sino oid lo que estas grandes mentes quieren deciros, ellos que son faros en la Iglesia de Dios para dar luz a los demás para que no pierdan el camino del cielo. De esta manera, guiados por la triple luz de la fe, la autoridad y la razón, vamos a ser capaces de resolver este grave asunto con certeza.

Notad  que no se trata aquí de la raza humana en su conjunto, ni de todos los católicos sin distinción, sino  sólo de los católicos adultos, que tienen libere albedrío y por tanto son capaces de cooperar en el gran asunto de su salvación. Primero vamos a consultar a los teólogos más conocidos para examinar las cosas con más cuidado y no exagerar en su enseñanza: vamos a escuchar a dos cardenales destacados, Cayetano y Belarmino. Ellos enseñan que el mayor número de adultos cristianos se condenan. Si  tuviera  tiempo para señalar las razones en las que se basan, os convenceríais de ello por vosotros mismos.Pero me limitaré aquí a citar al gran teólogo  Suárez. Después de consultar a todos los teólogos y de hacer un estudio diligente del asunto, escribió, “El parecer  más común que se tiene es que, entre los cristianos (católicos en la acepción del término de la época), hay más almas condenadas que almas predestinadas“.

Añadid la autoridad de los padres griegos y latinos a la de los teólogos, y  encontrarán que casi todos dicen lo mismo. Este es el parecer de San Teodoro, San Basilio, san Efrén y san Juan Crisóstomo. Lo que es más, según Baronio es una opinión común entre los padres griegos que esta verdad fue expresamente revelada a San Simeón Estilita y que éste, después de esta revelación, para asegurar su salvación decidió vivir en lo alto de una columna durante cuarenta años, expuesto a la intemperie, y así llegó a ser un modelo de penitencia y de santidad para todos. Ahora vamos a consultar a los Padres latinos. Oigan a San Gregorio decir claramente: “Muchos alcanzan la fe, pero pocos llegan a alcanzar el reino celestial.” San Anselmo declara: “Son  pocos los que se salvan.San Agustín afirma aún más claramente: “Por lo tanto, pocos se salvan en comparación con aquellos que se condenan”. El más terrible, sin embargo, es San Jerónimo. Al final de su vida, en presencia de sus discípulos, dijo estas terribles palabras: “ De cien mil personas que siempre vivieron mal, apenas  se halla una digna de indulgencia.”

Las palabras de la Sagrada Escritura.

Pero ¿por qué buscar las opiniones de los Padres y teólogos, cuando la Sagrada Escritura resuelve la cuestión con tanta claridad? Buscad en el Antiguo y Nuevo Testamento, y encontrareis una multitud de figuras, símbolos y palabras que señalan claramente esta verdad: muy pocos se salvan. En el tiempo de Noé, la raza humana entera quedó  anegada en el Diluvio, y sólo ocho personas se salvaron en el Arca. San Pedro dice: “Esta arca, es la figura de la Iglesia“, mientras que San Agustín, añade, “y las ocho personas que se salvaron significa que se salvan muy pocos cristianos, porque son muy pocos los que sinceramente renuncian al mundo, ya que los que renuncian al mundo sólo con palabras no pertenecen al misterio que representa esta arca. “La Biblia también nos dice que sólo dos hebreos de dos millones entraron en la Tierra Prometida después de salir de Egipto, y que sólo cuatro escaparon al fuego de Sodoma y de las otras ciudades  incendiadas, y perecieron en ellas. Todo esto significa que el número de los condenados que serán arrojados al fuego como la paja es mucho mayor que la de los salvados que   un día el Padre celestial  reunirá, como trigo precioso, en sus graneros.

No acabaría nunca si  tuviera que señalar todas las figuras, por las que la Sagrada Escritura confirma esta verdad, vamos a contentarnos con escuchar el oráculo viviente de la Sabiduría encarnada. ¿Qué respondió nuestro Señor a aquel hombre curioso del Evangelio que le preguntó: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” ¿Guardó silencio? ¿Respondió con dificultad? ¿Ocultó su pensamiento por temor a asustar a la gente? No. Interrogado por uno solo, se dirige a todos los presentes. Y les dice: “¿Me preguntais si sólo unos pocos se salvan?” He aquí mi respuesta: “Esforzaos por entrar por la puerta angosta, porque muchos, os digo, tratarán de entrar y no podrán.” ¿Quién habla aquí? Es el Hijo de Dios, la Verdad eterna, que en otra ocasión, dice aún  con más claridad: “Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos.” Él no dice que llama a todos y que, de todos los hombres, pocos son los elegidos,  sino que nos dice que muchos son los llamados, lo que significa, como San Gregorio explica que, de entre todos los hombres,  elige a los llamados a la verdadera religión, pero  de ellos  pocos  llegan a salvarse. Hermanos, estas son las palabras de Nuestro Señor Jesucristo. ¿No son claras? Son verdaderas. Diganme ahora si es posible que teniendo  fe en vuestro corazón, no tembleis.

La salvación en los diferentes Estados de la Vida:

Pero, ¡Ah¡ Veo que al hablar de esta manera a todos en general, me salgo de mi propósito. Así que vamos a aplicar esta verdad a varios estados, y  comprendereis que hay que despojarse de la razón, la experiencia y el sentido común de los fieles, y  confesar que la mayoría de católicos se condena. ¿Hay algún estado en el mundo más favorable a la inocencia en el que la salvación parece más fácil y del cual la gente tiene una idea más elevada que la de los sacerdotes, los lugartenientes de Dios? A primera vista, ¿quién no creería que la mayoría de ellos no sólo son buenos sino más  aún perfectos?. Sin embargo, me  horrorizo cuando escucho  declarar a San Jerónimo que aunque el mundo está lleno de sacerdotes, apenas uno de cada cien vive de un manera conforme a su estado,  o cuando oigo a un siervo de Dios que dice que ha conocido por revelación que el número de sacerdotes que caen en el infierno cada día es tan grande que le parece imposible que quede alguno en la tierra, o cuando oigo a San Juan Crisóstomo exclamar con lágrimas en los ojos, “no creo que se salven muchos sacerdotes,  creo por el contrario, que el número de los que se condenan  es mayor”.

Mira aún más alto, y mira a los prelados de la Santa Iglesia, los pastores que tienen a  su cargo las almas. ¿Es el número de los que se salvan entre ellos mayor que el número de los que se condenan? Escuchen a Cantimpré. Les contará un hecho sucedido, y podrán sacar las conclusiones. Hubo un sínodo que se celebró en París, y un gran número de obispos y pastores que tenían a  su cargo las almas, estuvieron presentes. El rey y los príncipes también fueron a añadir lustre a esta asamblea con su presencia. Un famoso predicador fue invitado a predicar. Mientras estaba preparando su sermón, un horrible demonio se le apareció y le dijo: “Deja tus libros. Si quieres hacer un sermón que sea útil a los príncipes y prelados, conténtate  con decirles esto de nuestra parte,” Nosotros los príncipes de las tinieblas les agradecemos, príncipes, prelados y pastores de almas, que, debido a su negligencia, la mayor parte de los fieles se condenen. Además,  diles que les tenemos preparado   una recompensa por este servicio para cuando  estén con nosotros en el infierno” .

¡Ay de los  que mandan sobre otros! Si tantos son condenados por vuestra culpa, ¿qué va a pasar con vosotros? Si pocos de los que siendo los  primeros en la Iglesia de Dios se salvan,¿ quéva a pasar, pues, con vosotros? Tomemos  otros estados, ambos sexos, todas las condiciones, maridos, esposas, viudas, mujeres jóvenes, hombres jóvenes, soldados, comerciantes, artesanos, pobres y ricos, nobles y plebeyos. ¿Qué podemos decir acerca de todas estas personas que viven tan mal? El siguiente relato de San Vicente Ferrer os mostrará lo que podeis pensar de ello. Relata que un archidiácono en Lyon renunció a su cargo y se retiró a un lugar desierto para hacer penitencia, y que murió al mismo día y hora que San Bernardo. Después de su muerte, se apareció a su obispo y le dijo: “Sepa, Monseñor,  que en el mismo instante  de mi muerte, treinta y tres mil personas también murieron. De esta cifra, Bernardo y yo fuimos al cielo sin demora,  tres  fueron al purgatorio, y todos los demás cayeron en el infierno”. Nuestras crónicas franciscanas relatan un suceso aún más terrible. Uno de nuestros hermanos, bien conocido por su doctrina y santidad, estaba predicando en Alemania. Describió la fealdad del pecado de impureza tan vivamente que una mujer cayó muerta de tristeza ante la mirada de todos. Entonces, volviendo a la vida, dijo, “Cuando me presenté ante el Tribunal de Dios, sesenta mil personas llegaron al mismo tiempo de todas partes del mundo. De este número, tres se salvaron y fueron al purgatorio, y el resto se  condenaron “.

¡Oh abismo de los juicios de Dios! De treinta mil, sólo cinco se salvaron! ¡Y  de sesenta mil, sólo  se salvaron tres y fueron al purgatorio! Vosotros pecadores que me estais escuchando, en qué grupo vais a ser contados? … ¿Qué decís? … ¿Qué pensais? …

Os veo a casi todos  bajar la cabeza, llenos de asombro y horror. Pero vamos a dejar nuestro estupor a un lado, y en lugar centrarnos en lo que sentimos, vamos a tratar de sacar algún provecho de nuestro miedo. ¿No es cierto que hay dos caminos que conducen al cielo que son la inocencia y el arrepentimiento? Ahora bien, si os muestro que muy pocos toman uno u otro de estos dos caminos, como personas racionales  que sois llegareis a la conclusión de que muy pocos se salvan. Y para  probarlo pregunto: ¿en qué edad, empleo o condición no hallareis que el número de los malos no sea cien veces mayor que el de los buenos, de modo  que  se podría decir, “Los buenos son muy escasos y los malvados se cuentan  en  un  gran número “? Se podría decir de nuestro tiempo lo que Salviano, dijo del suyo: es más fácil encontrar una innumerable multitud de pecadores, inmersos en toda clase de iniquidades que  unos pocos hombres inocentes. ¿Cuántos servidores son totalmente honestos y fieles en sus funciones? ¿Cuántos comerciantes son justos y equitativos en su comercio?, ¿Cuántos artesanos justos y veraces, cuántos vendedores desinteresados y sinceros? ¿Cuántos jueces no sentencian en contra de la equidad? ¿Cuántos soldados no pasan por encima de inocentes, ¿cuántos amos no retienen injustamente el salario de quienes les sirven, o no tratan de dominar a sus inferiores? En todas partes, los buenos son raros y los malos muy numerosos. ¿Quién no sabe que hoy en día hay una gran licencia entre los hombres maduros, libertad entre las jóvenes, vanidad en las mujeres, libertinaje en la nobleza, corrupción en la clase media, disolución en el pueblo, descaro en los pobres? De manera que uno podría decir lo que David dijo de su época: “Todos por igual  han ido por mal camino … no hay ni siquiera uno que haga el bien, ni siquiera uno sólo?”.

Vayan a la calle y a la plaza, al palacio y la casa, a la ciudad y al campo, al tribunal y al tribunal de la ley, e incluso al templo de Dios. ¿Dónde se encuentra la virtud? “¡Ay!” grita Salviano, “salvo por un número muy pequeño que huye del mal, qué es la asamblea de los cristianos si no un sumidero de vicios?” Lo que podemos encontrar en todas partes es el egoísmo, la ambición, la gula y el lujo. ¿No está la mayoría de los  hombres manchados por el vicio de la impureza? ¿y no dice  San Juan con razón “El mundo entero – si se puede decir así- se encuentra asentado en la maldad?” Yo no soy el que digo esto, la razón nos obliga a creer que de aquellos que viven tan mal, muy pocos se salvan.

Pero direis: ¿ Es que no puede la penitencia reparar la pérdida de la inocencia? Eso es cierto, lo admito. Pero también sé que la penitencia es muy difícil en la práctica; hemos perdido la costumbre de manera tan completa, y está  tan olvidada de los pecadores, que esto sólo debería ser suficiente para convencerlos de que muy pocos se salvan por este camino. ¡Oh, cuán empinada, estrecha y espinosa, horrible de ver y difícil de escalar  es! Dondequiera que miremos, vemos rastros de sangre y cosas que atraen tristes recuerdos. Muchos  desfallecen a la vista de ella. Muchos abandonan al principio. Otros muchos  caen de cansancio en el medio, y muchos renuncian miserablemente al final. ¡Y cuan pocos son los que perseveran en ella hasta la muerte! San Ambrosio dice que es más fácil encontrar hombres que han mantenido su inocencia que encontrar hombres que han hecho verdadera penitencia.

Si se considera el sacramento de la penitencia¡ hay tantas confesiones inválidas, tantas excusas estudiadas, tantos arrepentimientos engañosos, tantas falsas promesas, tantas resoluciones inútiles, tantas absoluciones inválidas! ¿Puede pensarse que es válida la confesión de alguien que se acusa de pecados de impureza y sigue aferrándose a la ocasión de ellos? ¿O la de  alguien que se acusa de injusticias evidentes, sin la intención de hacer la reparación  debida  por ellas? ¿O la de  alguien que cae de nuevo en las mismas iniquidades después de ir a la confesión? ¡Oh, qué horribles abusos los  de tan gran sacramento! Uno confiesa para evitar la excomunión, otro para tener reputación de penitente. Uno se libera de sus pecados para calmar sus remordimientos, otro los oculta por vergüenza. Uno los acusa imperfectamente por malicia, otro lo hace por costumbre. Uno no tiene la intención de  la verdadera finalidad del sacramento, a otro le falta la contrición necesaria, y al otro  un firme propósito. Pobres confesores, ¡cuántos esfuerzos hacen para atraer al mayor número de penitentes a estas resoluciones y actos, sin que la confesión sea un sacrilegio, la absolución una condena y la penitencia una ilusión¡

¿Dónde se meten ahora, los que creen que el número de los salvados entre los cristianos es mayor que la de los condenados y los que para autorizar su opinión, razonan de esta manera: la mayor parte de los adultos católicos mueren en sus camas, armados con los sacramentos de la la Iglesia, por consiguiente, la mayoría de los católicos adultos se salvan? ¡Ah, qué buen razonamiento! Se debería decir exactamente lo contrario. La mayoría de los adultos católicos se confiesan mal en la muerte, por lo tanto la mayoría de ellos se condenan. Digo esto, porque, para una persona moribunda que no se ha confesado bien cuando se encontraba en buen estado de salud, será aún más difícil hacerlo cuando esté en cama con el corazón pesado, la cabeza inestable, la mente confusa; cuando se deja llevar  por quienes le rodean ,y, sobre todo por los demonios que buscan  por todos los medios  echarlo al infierno. Ahora bien, si se añade a todos estos falsos penitentes,  los otros pecadores que mueren de forma inesperada en el pecado, debido a la ignorancia de los médicos o por culpa de sus familiares, que mueren por envenenamiento o al ser enterrado en los terremotos, o en un accidente cerebrovascular, o en una caída, o en el campo de batalla, en una pelea, en una trampa, alcanzado por un rayo, quemados o ahogados, ¿No os veis obligados a concluir que la mayoría de adultos cristianos se condenan? Ese es el razonamiento de San Juan Crisóstomo. Este santo, dice que la mayoría de los cristianos  caminan al infierno a lo largo de su vida. ¿Por qué, entonces, estais tan sorprendidos de que la mayor parte vaya al infierno? Para llegar a una puerta, debeis tomar el camino que conduce a ella. ¿Qué teneis que responder a esta poderosa razón?

La respuesta, me direis, es que la misericordia de Dios es grande. Sí, para los que le temen, dice el profeta, pero grande es su justicia para los que no le temen, y condena a todos los pecadores obstinados.

Así que me direis: Bueno, entonces, ¿para quién es el paraíso, si no es para los cristianos? Es para los cristianos, por supuesto, pero para aquellos que no deshonran  su carácter de cristianos y que viven como cristianos. Además, si al número de adultos cristianos que mueren en gracia de Dios, se añade el de innumerable niños que mueren después del bautismo y antes de llegar a la edad de la razón, no os sorprendereis de que San Juan Apostol, hablando de los que se salvan, dice, “vi una gran multitud que nadie podía contar”.

Y esto es lo que engaña a los que pretenden que el número de los salvados entre los católicos es mayor que el de los condenados … Si a ese número, se añade el de los adultos que se han  acogido al seguro de la inocencia, o que después de haberse manchado, se han lavado en las lágrimas de la penitencia, es cierto que se salva un gran número, y  esto  explica las palabras de San Juan, “Yo vi una gran multitud“, y estas otras palabras de nuestro Señor,” muchos vendrán de oriente y de occidente, y harán fiesta con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos “, e igualmente explica las otras figuras que suelen citarse a favor de esa opinión. Pero si  hablamos de los cristianos adultos, la experiencia, la razón, la autoridad,  y la Escritura   todas ellas coinciden en afirmar  que la mayoría de las almas se condena. No creas que por esto, el paraíso está vacío, por el contrario, es un reino muy poblado. Y si los condenados son “tan numerosos como la arena en el mar”, los salvados son “tan numerosos como las estrellas del cielo”, es decir, tanto los unos como los otros son innumerables, aunque en proporciones muy diferentes.

Un día San Juan Crisóstomo, predicando en la catedral de Constantinopla, y teniendo en cuenta estas cosas, no podía dejar de temblar de horror y preguntar: “De un gran número de personas, ¿cuántos creeis  que van a salvarse?” Y sin esperar una respuesta, añadió, “entre  miles de personas, no encontraríamos un centenar que se salvasen, e incluso dudo de los cien”. ¡Qué cosa tan horrible! El gran santo cree que de miles  personas, apenas cien se salvarían, y aun peor, no estaba seguro de esa cifra. ¿Qué será de vosotros que me estais escuchando? ¡Dios mío, no puedo pensar en esto sin estremecerme! Hermanos, el problema de la salvación es una cosa muy difícil, pues de acuerdo a las máximas de los teólogos, cuando un fin exige grandes esfuerzos, sólo unos pocos logran alcanzarlo.

Por eso, Santo Tomás, el Doctor Angélico, después de pesar todas las razones a favor y en contra, en su inmensa erudición, finalmente llegó a la conclusión de que el mayor número de católicos adultos se condenan. Él dice, “Debido a que la gracia sobrenatural sobrepasa al estado natural, sobre todo porque  éste ha sido privado de la gracia original, es un pequeño número el que se salva.”

Entonces, quítense las vendas de esos ojos que  ciega  el amor propio, que les impide creer una verdad tan obvia dándoles ideas muy falsas sobre la justicia de Dios, “Padre Justo, el mundo no te ha conocido “, dijo Nuestro Señor Jesucristo. Él no dice “Padre Todopoderoso, bondadoso y misericordioso.” Dice “Padre Justo”, por lo que podemos entender que, de todos los atributos de Dios, ninguno debe tenerse más presente que su justicia, porque los hombres se niegan a creer lo que tienen miedo de sufrir. Por lo tanto, quitaos las vendas que cubren sus ojos y decid entre lágrimas: ¡Ay! Un gran número de católicos, un gran  número de  las personas que viven ahora, incluso los de  que están en esta asamblea, se condenará! ¿Qué tema podría ser más merecedor de  lágrimas?

El rey Jerjes, de pie sobre una colina, mirando a su ejército de cien mil soldados en batalla, y considerando que de todos ellos no habría un solo hombre vivo en cien años, no pudo contener las lágrimas. ¿No tenemos más razón  para  llorar con el pensamiento de que, de tantos católicos, la mayoría se condenará? ¿Acaso este pensamiento no debería hacer que nuestros ojos derramen  ríos de lágrimas, o al menos produczcan en nuestro corazón el  mismo sentimiento de compasión que sintió un hermano agustíno, Ven. Marcello de Santo Domingo? Un día, mientras estaba meditando sobre las penas  eternas, el Señor le mostró cuántas almas iban al infierno en aquel momento y le hizo ver un camino muy amplio en el que veintidós mil reprobados iban corriendo hacia el abismo, que tropezando entre sí . El siervo de Dios se quedó estupefacto ante la vista y exclamó: “¡Oh, cuán gran número! ¡Cuán gran número! Y aún hay más en camino. ¡Jesús! ¡Jesús! ¡Qué locura!” Déjenme repetir con Jeremías: “¿Quién va a dar agua a mi cabeza, y una fuente de lágrimas a mis ojos? Lloro día y noche por los muertos de la hija de mi pueblo “.

¡Pobres almas! ¿Cómo se puede correr tan de prisa hacia el infierno? Por piedad deténganse y escuchadme un momento! O entendeis lo que significa salvarse y condenarse por toda la eternidad, o no. Si lo entendeis  y, a pesar de eso, no decidís cambiar de vida hoy mismo, hacer una buena confesión y pisotear al mundo, en una palabra,  hacer todo  los esfuerzos para ser contados entre el número pequeño de los que se salvan; yo digo que no teneis  fe. Tendríais más excusa, si no lo entendierais, porque si no, es que sois dementes. Ser salvados para toda la eternidad, o ser condenados por toda la eternidad, y  no hacer sus máximos esfuerzos para evitar una cosa, y asegurarse  la otra, es algo inconcebible.

La Bondad de Dios:

Tal vez no creeis en la terrible verdad que os acabo de mostrar. Pero son la mayoría de los teólogos altamente considerados  y los Padres más ilustres, los que han hablado a través de mí. Entonces, ¿cómo  podeis resistir a estas  razones  que cuentan con el apoyo de tantos personajes  y las palabras de la Escritura? Si  aún no os decidís, a pesar de esto, y si vuestras mentes se inclinan a la opinión contraria, ¿estas autoridades no bastan para haceros temblar? Ah, esto muestra que no os importa mucho vuestra salvación! En esta importante cuestión, un hombre sensato es convencido con más fuerza ante la menor duda del riesgo  que corre, por la evidencia de la ruina total a que se expone  el alma. Uno de nuestros hermanos, Giles de Asis, tenía la costumbre de decir que si un solo hombre fuera  a condenarse,  haría todo lo posible para asegurarse de que no fuera él ese hombre.

Entonces, ¿qué debemos hacer, nosotros los que sabemos que la mayor parte de los hombres va a ser condenada, incluso la mayor parte de todos los católicos? ¿Qué debemos hacer? Tomar la resolución de pertenecer al escaso número de los que se salvan. Alguno dirá: Si Cristo iba a condenarme, ¿por qué me ha creado? Silencio, lengua precipitada! Dios no creó a nadie para condenarlo, pero el que  se condena,  se condena porque  quiere. Por lo tanto,   respeta la bondad de mi Dios y  absuelvela de toda culpa. Esto será el tema del segundo punto.

Antes de continuar, vamos a colocar a un lado todos los libros y todas las herejías de Lutero y Calvino, y en el otro lado los libros y las herejías de los pelagianos y semipelagianos, y vamos a quemarlos. Algunos destruyen la gracia, otros la libertad, y todos están llenos de errores, así que los echamos en el fuego. Todos los condenados tienen puesto en su frente el oráculo del profeta Oseas, “Tu condena viene de ti”, de modo que puedan entender que todo el que está condenado, está condenado por su propia malicia y porque ha querido condenarse.

Primero vamos a poner estas dos verdades innegables como fundamento: “Dios quiere que todos los hombres se salven” y “Todos necesitan de la gracia de Dios“. Ahora bien, si se demuestra que Dios quiere salvar a todos los hombres, y que para ello le da a todos ellos su gracia y todos los demás medios necesarios para obtener este fin sublime, estaremos obligados a aceptar que quien se condena debe imputarlo a su propia malicia, y que si la mayoría de los cristianos se condenan, es porque quieren. “Tu condenación viene de ti, la ayuda de la gracia viene sólo en mí.”

Dios quiere que todos los hombres se salven:

En un centenar de lugares en las Sagradas Escrituras, Dios nos dice que es realmente su deseo el salvar a todos los hombres. “Es acaso mi voluntad que el pecador muera, y no que se convierta de sus caminos? … Vivo yo, dice  el Señor. Yo no deseo la muerte del pecador. Si se convierte vivira”. Cuando alguien quiere algo mucho, dice que se está muriendo con el deseo de ello, es una hipérbole. Pero Dios ha querido y aún quiere nuestra salvación, tanto, que murió de deseo, y sufrió la muerte para darnos vida. Esta voluntad de salvar a los hombres , no es una voluntad superficial y aparente en Dios, es un voluntad real, efectiva, y benéfica, porque Él nos da todos los medios más adecuados  para salvarnos. No nos los da  para que no lo consigamos, nos los da con una voluntad sincera, con la intención de que podamos obtener su efecto. Y si no lo obtenemos, se muestra afligido y ofendido por ello. Incluso manda  a los  que van a la condenación a hacer su voluntad, a fin de salvarse; les exhorta a cumplirla, les obliga, y si no la obedecen, pecan. Por lo tanto, pueden hacerla y así salvarse.

Es más, porque Dios ve que ni siquiera podemos hacer uso de su gracia, sin su ayuda, El nos da otras ayudas, y si a veces son ineficaces, es nuestra culpa, porque con estas mismas ayudas, se puede abusar de ellas y ser condenados con ellas, mas otro con ellas puede hacer el bien y ser salvo; incluso podríamos salvarnos con las ayudas de menor fuerza. Sí, puede suceder que uno abuse de una mayor gracia y se condene, mientras que otro coopera con una gracia menor y se salva.

San Agustín exclama: “Por tanto, si alguien se aparta de la justicia, este es llevado por su libre voluntad, arrastrado por su concupiscencia, y engañado por su propia deseo”. Pero para aquellos que no entienden teología, esto es lo que les tengo que decir : Dios es tan bueno que cuando ve a un pecador corriendo a su ruina, corre detrás de él, le llama, le suplica y lo acompaña hasta las puertas del infierno, ¿qué no hará para convertirlo? Le envía buenas inspiraciones y pensamientos santos, y en caso de que no saque provecho de ellos, El se enoja y se indigna, El lo persigue. ¿El le golpeara? No. Él golpea el aire y lo perdona. Pero  si el pecador no se convierte todavía. Dios le envía una enfermedad mortal. Sin duda, es todo para su bien. Pero, hermanos, si Dios lo cura,  y el pecador se obstina en el mal,  Dios en su misericordia, busca otro camino. Él le concede un año más, y cuando este año pasa le concede otro.

Pero si el pecador todavía quiere arrojarse al infierno a pesar de todo esto, ¿qué hace Dios? ¿ le abandona? No. Él lo toma de la mano, y mientras que él tiene un pie en el infierno y el otro fuera, El le habla y le implora que no abuse de sus gracias. Ahora les pregunto, si ese hombre se condena ¿no es cierto que se condena en contra de la voluntad de Dios y porque quiere condenarse? Ahora venid  y preguntadme: Si Dios iba a condenarme, ¿por qué me ha creado?

Pecador ingrato, aprende hoy de que si te condenas, no es Dios quien tiene la culpa, sino eres tu y tu propia voluntad. Para que te convenzas tú mismo, baja hasta las profundidades del abismo, y os traeré una de esas miserables almas condenadas ardiendo en el infierno, para que estas te expliquen esta verdad. Aquí está uno ahora: “Dime, ¿quién eres?” “Soy un pobre idólatra, nacido en una tierra desconocida, nunca oí hablar del cielo o del infierno, ni de lo que estoy sufriendo ahora”. “¡Pobre miserable! Vete, no eres al que estoy buscando”. Otro viene; ahí está. “¿Quién eres?” “Soy un cismático de los extremos de Tartaria, siempre he vivido en un estado incivilizado, casi sin saber que hay un Dios.” “Tú no eres al que quiero, regresa al infierno”.

“Mi condena proviene de mí”. Dicen todos los precitos

Aquí está otro. ¿Y tú quién eres? “” Soy un pobre hereje del Norte. Nací bajo el Polo y nunca vi ni la luz del sol ni la luz de la fe “. “No eres al que yo estoy buscando, regresa al infierno.” Hermanos, mi corazón se rompe al ver a estos desgraciados que ni siquiera sabían de la verdadera fe entre los condenados. Aun así, sabemos que la sentencia de condena fue pronunciada contra ellos y se les dijo, “tu condena proviene de ti.” Fueron condenados porque querían serlo. ¡Recibieron tantas ayudas de Dios para ser salvados! No sabemos cuántas, pero ellos  lo saben bien, y ahora gritan “¡Oh Señor, tú eres justo … y tus juicios son equitativos”.

Hermanos,  debeis saber que la creencia más antigua es la de la Ley de Dios, que todos llevamos escrita en nuestros corazones, que se puede aprender sin maestro, y que basta con tener la luz de la razón para conocer todos los preceptos de esta ley. Por eso, incluso los bárbaros se esconden  al momento de cometer el pecado, porque saben que están haciendo mal, y que son condenados por no haber observado la ley natural escrita en sus corazones, porque si la hubíeran observado, Dios habría hecho un milagro en lugar de dejarlos  condenarses, él les hubiera enviado a alguien para que les enseñe y les hubiera dado otras ayudas, de las que se hicieron indignos por no vivir en conformidad con las inspiraciones de su propia conciencia, que nunca dejó de advertirles del bien que deben hacer y el mal que deben evitar. Así que es su conciencia, la que los acusa en el Tribunal de Dios, y les dice constantemente en el infierno, “Tu condena proviene de ti.” Ellos se ven obligados a confesar que son merecedores de su destino. Ahora bien, si estos infieles no tienen excusa, ¿habra alguna  excusa para un católico que tenia tantos sacramentos, tantos sermones, tantas ayudas a su disposición? ¿Cómo te atreves a decir: “Si Dios iba a condenarme, ¿por qué me ha creado?” ¿Cómo te atreves a hablar de esta manera, cuando Dios le da tantas ayudas para salvarte?

Vosotros, que estais sufriendo en el abismo, contéstadme! ¿Hay católicos entre vosotros? “Por cierto que los hay!” ¿Cuántos? Que uno de ellos venga aquí! “Eso es imposible, están demasiado abajo, y para poder hacer que ellos vengan aquí tendriamos que poner todo el infierno de cabeza, sería más fácil detener a uno de los que va a caer en él “. Así pues, me dirijo a vosotros que vivís habitualmente en pecado mortal, en el odio, en el fango del vicio de la impureza, y que os acercais al infierno cada día. Detente, y da la vuelta, es Jesús el que te llama y que, con sus heridas, así como con tantas voces elocuentes, te grita a ti, “Hijo mío, si te condenas, sólo te puedes culpar a tí mismo:” Tu condenación viene de ti. ” Alzad vuestros ojos y ved todas las gracias con las que os he enriquecido para asegurar vuestra salvación eterna. Te podría haber hecho nacer en un bosque en Babaria, que es lo que hice con muchos otros, pero yo te hice nacer en la Iglesia Católica, te puse un padre tan bueno, una madre excelente, que te dio las más puras instrucciones y enseñanzas. Si te condenas a pesar de esto, ¿quién tiene la culpa? Tu propia culpa es, Hijo mio, tu propia culpa: “Tu condenación proviene de ti. ”

“Yo te podía haber echado en el infierno después del primer pecado mortal que cometiste, sin esperar al segundo: lo hice con tantos otros, pero fui paciente contigo, te esperé durante muchos largos años. Todavía estoy esperando de ti hoy  la penitencia. Si te condenas, a pesar de todo eso, ¿de quién es la culpa? Es culpa tuya, Hijo mio, tu propia culpa: “Tu condena proviene de ti.” Tu sabes cuántos han muerto ante tus propios ojos y han sido condenados, esta era una advertencia para ti. Tu sabes cuantos otros he puesto por el buen camino para darte  ejemplo. ¿Recuerdas lo que ese excelente confesor te dijo? yo soy el que hice que lo dijera. ¿No te ordenó cambiar tu vida, para hacer una buena confesión? Yo soy el que le inspiró. Recuerdas aquel sermón que tocó tu corazón? Yo soy el que te llevó allí. Y lo que pasó entre tú y yo en el secreto de tu corazón, … que nunca puedes olvidar.

“Esas inspiraciones interiores, ese conocimiento claro, ese constante remordimiento de conciencia, te atreves a negarlos? Todas estas fueron tantas ayudas de mi gracia, porque quería salvarte. Rehusé dárselas a muchos otros, y te las di a ti porque te amaba tiernamente. Hijo mio, hijo mio, si yo les hubiera hablado con tanta ternura como me dirijo a ti hoy, ¿cuántas otras almas hubieran vuelto al camino correcto! Y tú … Me das la espalda. Escucha lo que te voy a decir, y estas son mis últimas palabras: Tu me has costado mi sangre, si deseas condenarte  a pesar de la sangre que derramé por ti, no me culpes, sólo a ti mismo te puedes acusar, y por toda la eternidad, no olvides que si te condenas, a pesar de mí,  te condenas porque quies condenarte: ‘Tu condena proviene de ti. ”

Oh, mi buen Jesús, las piedras mismas se partirian al oir palabras tan dulces, expresiones tan tiernas. ¿Hay alguien aquí que quiere condenarse, con tantas gracias y ayudas? Si hay alguien,  que me escuche, y que se resista si puede.

Baronio relata que después de la apostasía infame de Juliano el Apóstata, este concibió un odio tan grande contra el Santo Bautismo que día y noche, buscó la manera en la que podría borrar el suyo. A tal fin, se preparo un baño de sangre de cabra y se colocó en el, queriendo que esta sangre impura de la víctima consagrada a Venus pudiera borrar el carácter sagrado del bautismo de su alma. Tal comportamiento te parecerá abominable, pero si el plan de Juliano hubiera podido tener éxito, es cierto  que estaría sufriendo mucho menos en el infierno.

Pecadores, el consejo que os quiero dar, sin duda, parecerá extraño, pero si  lo entendeis bien,  está, por el contrario,   inspirado por la tierna compasión  que tengo por vosotros. Os suplico de rodillas, por la sangre de Cristo y por el Corazón de María, que cambieis vuestras vidas, volved al camino que conduce al cielo, y haced todo lo posible por pertenecer al escaso número de los que se salvan. Si, en lugar de ello, deseais continuar  por el camino que conduce al infierno, al menos, encontrad una manera de borrar vuestro bautismo. ¡Ay de ti si llevas el Santo Nombre de Jesucristo y el carácter sagrado de los cristianos grabado en tu alma al infierno! Tu castigo será aún mayor. Así que lo que yo te aconsejo que hagas es esto: si no deseas convertirte, ve hoy mismo y pídele a tu párroco que borre tu nombre del registro bautismal, de modo que no quede ningún recuerdo de que hayas sido alguna vez un cristiano; implora a tu ángel de la guarda para que  borre de su libro de gracias las inspiraciones y las ayudas que te ha dado por orden de Dios, porque ¡ay de vosotros si  las recuerda! Decid a Nuestro Señor que retire su fe, su bautismo, sus sacramentos.

¿Estás horrorizado al pensar así? Pues bien, échate a los pies de Jesucristo, y dile, con lágrimas en los ojos y el corazón contrito: “Señor, confieso que hasta ahora no he vivido como cristiano. No soy digno de ser contado entre tus elegidos . Reconozco que merezco ser condenado, pero tu misericordia es grande y lleno de confianza en tu gracia, te digo que quiero salvar mi alma, aunque tenga que sacrificar mi fortuna, mi honor, y hasta mi vida, con tal que salvarme. Si he sido infiel, hasta ahora, me arrepiento, deploro, detesto mi infidelidad, te pido humildemente que me perdones por ello. Perdóname, buen Jesús, y también fortaléceme, para que pueda salvarme. No te pido  la riqueza, ni el honor ni la prosperidad, te pido una sola cosa, que salves mi alma. ”

Y tú, oh Jesús! ¿Qué dices? ¡Oh buen Pastor, mira a la oveja descarriada que vuelve a ti; abraza a este pecador arrepentido, bendice sus suspiros y lágrimas, o más bien bendice a estas fieles tuyos que están tan dispuests y que no quieren nada más que su salvación. Hermanos, a los pies de Nuestro Señor, vamos a clamar que queremos salvar nuestra alma, cueste lo que cueste. Pongámonos todos a decirle con los ojos llenos de lágrimas, “Buen Jesús, yo quiero salvar mi alma,” ¡Oh, benditas lágrimas, benditos suspiros!

Conclusión:

Hermanos, hoy quiero despediros  consolados. Así que si me preguntan mi parecer sobre el número de los que se salvan, aquí está: Sean muchos o pocos los que se salven, digo que todo aquel que quiere ser salvo, será salvo, y que nadie puede ser condenado si no quiere serlo. Y si bien es cierto que pocos se salvan, es porque hay pocos que viven bien. Por lo demás, comparen estas dos sentencias: la primera afirma  que están condenados la  mayor parte de  los católicos, la segunda, por el contrario, pretende que se salvan el mayor número de católicos. Imagina a un ángel enviado por Dios para confirmar la primera sentencia, viene a decir que no sólo  la mayoría de los católicos  se condenana, sino  que de esta asamblea, de todos los aquí presentes, uno solo se salvará. Si obedeces los mandamientos de Dios, si detestas la corrupción de este mundo, si abrazas la cruz de Jesucristo en un espíritu de penitencia, serás ese uno que se salve.

Ahora imagínate al mismo ángel que viene a ti confirmando la segunda opinión. Él te dice que no sólo se salvan la mayor parte de los católicos, sino  que de todos los de esta asamblea, uno solo va a ser condenado y todos los demás se salvarán. Si después de esto, continuas con tus usuras, tus venganzas, tus acciones criminales, tus impurezas, entonces serás ese uno que se condene.

¿Cuál es la utilidad de saber si muchos o pocos se salvan? San Pedro nos dice: “Esfuérzate con buenas obras en hacer tu elección segura.” Cuando la hermana de Santo Tomás de Aquino le preguntó qué debia hacer para ir al cielo, éste dijo: “te salvarás si deseas serlo.” Yo les digo lo mismo a ustedes, y aquí está la prueba de mi afirmación. Nadie se condena si no comete pecado mortal, lo cual es de  fe. Y nadie comete un pecado mortal, a menos que quiera: lo cual es una proposición teológica innegable. Por lo tanto, nadie va al infierno a menos que él quiera, y la consecuencia es obvia. ¿Acaso eso no es suficiente para tranquilizaros? Llorad por los pecados del pasado, haced una buena confesión, no pequeis más en el futuro, y todos os salvareis. ¿Por qué te atormentas así? Es cierto que hay que cometer el pecado mortal para ir al infierno, y que para cometer el pecado mortal debes querer hacerlo, y como consecuencia, nadie va al infierno a menos que quiera. Esto no es sólo una opinión, es una verdad innegable y muy  consoladora. Dios os la haga entender, y que Dios os bendiga. Amén.

Consideraciones finales

En las primeras normas sobre el discernimiento de espíritus, San Ignacio pone de manifiesto que es típico del espíritu del mal tranquilizar a los pecadores. Por lo tanto, debemos predicar constantemente y sacarlos de esta falsa seguridad pero dando lugar a la confianza y a la esperanza en el perdón infinito del Señor y de su misericordia, para que la conversión sea fácil con su gracia todopoderosa. Pero también debemos recordar que “Dios no puede ser burlado”, y que alguien que vive habitualmente en el estado de pecado mortal está en el camino de la condenación eterna.

Hay milagros de último minuto, pero a menos que sostengamos que los milagros son algo común, estamos obligados a aceptar que para la mayoría de las personas que viven en el estado de pecado mortal, la condenación final es la posibilidad más probable.

La doctrina de San Leonardo de Puerto Mauricio ha salvado y salvará innumerables almas hasta el final del tiempo. Esto es lo que dice la Iglesia en la oración del Oficio Divino, Lección Sexta, hablando de la elocuencia celestial San Leonardo: Al oírle, hasta los corazónes de hierro y bronce se inclinaban fuerteme a la penitencia, a causa de la sorprendente eficacia de la predicación y el celo ardiente del predicador. Y en la oración litúrgica pedimos al Señor, “danos el poder para doblar el corazón de los pecadores endurecidos por la predicación.“

Este sermón de San Leonardo de Puerto Mauricio se predicó durante el reinado del Papa Benedicto XIV, que tanto amó al gran misionero.

Otra obra célebre del mismo autor es El Tesoro escondido de la santa Misa

26 replies »

  1. Yo calculo que se salva un .5 porciento de la población, lo cuál nos pone a pensar si de verdad era un plan “divino”.

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  2. Saludos, soy el autor de la traducción que se encontró y se edito para este post. Unos meses después de subirlo (aunque no sabía de este post ni de otros que habían subido su versión a internet) lo revisé e hice más parecido a su traducción del inglés, pidiendo ayuda en su revisión a amigos y tratando de hacerlo tan parecido como sea posible al inglés por lo menos. HIce la traducción ya que al igual que se dice aquí, no encontré el sermón en español ni la fuente en italiano si quiera (aunque no se italiano), pero es bueno que se propague, además de que ayuda, quizás podamos conseguir pronto una traducción del italiano.

    Respondiendo al comentario de arriba, creo que siempre es diferente. Por ejemplo cuando vino San Vicente Ferrer, el “ángel del apocalipsis”, parece que mucho menos personas se salvaban y se acercaba el juicio, y con el Cura de Ars la mayoría del pueblo de Ars murió en olor de santidad. En los últimos días “si no se acortaran los días nadie se salvaría” Mt 24:22

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  3. Qué Sermón!…. Conmueve todo el corazón y el alma sinceramente y hace pensar muchísimo y fortalece la Fe y la voluntad de llegar al Cielo… Gracias por publicar ésta entrada que tanto provecho hace para el alma.

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  4. Me he quedado helado, yo era de los que piensan que la mayoría de católicos va al Cielo, y eso realmente me creaba una falsa seguridad, como bien dice este sermón, que me hacía perseverar poco en la oración y penitencia. Espero que a partir de este mismo instante empiece una nueva vida con la gracia de Dios ¡yo quiero salvarme!

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  5. En mi opinión, de esa espantosa verdad se desprende otra objeción contra el Anti-Milenarismo: Si no hubiera un Reino Mesiánico de ‘Mil’ años, entonces el plan de Satanás hubiera triunfado. En cambio, con el Reino Mesiánico presente durante ‘Mil’ años, con los justos reinando sobre la Tierra, y Satanás encadenado, y teniendo en cuenta que las familias podrán engendrar hijos, y las abundantísimas gracias… el número de bienaventurados será al final miles de millones de veces superior al de condenados. Por eso esperemos la pronta llegada de ese Reino en la Tierra.

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  6. Estimado JuanC:

    No comento éstas deducciones bien raras al oído y espantosas para el pensamiento. Solo quería pedirle, por favor, que exponga aquí éste milenarismo suyo lleno de placeres carnales…

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  7. Todos los que sostenemos el Milenio como Reino Temporal de Cristo, creemos que habrá comunicación entre Bienaventurados y viadores (o sea: durante todo el período de Laodicea -que significa ¡vaya coincidencia tan admirable!: “juicio de los pueblos”, seguirá existiendo la Iglesia Militante pero en íntimo trato con los Bienaventurados, que irán resucitando según sus méritos, con lo cual los viadores o militantes de ese largo período crecerán admirablemente en las virtudes y en los dones sobrenaturales del Espíritu Santo, al punto que realmente sea el Reino de Cristo, Quien, al igual que Su Madre Nuestra Señora, se aparecerán y esto será causa de la floreciente Iglesia, no obstante en los viadores las consecuencias del pecado original no han desaparecido, lo cual hace decir a Cristo Rey: “Conozco tus obras, que no eres frio ni caliente…pues eres tibio y ni frio ni caliente voy a vomitarte de mi boca…Yo reprendo y castigo a los que amo…Ten pues ardor y conviértete. Mira que estoy a la puerta y llamo…Al vencedor lo haré sentarse Conmigo en mi Trono…”
    Estas palabras solo pueden referirse a la tibieza de los viadores, y los amenaza y reprende para que se conviertan y puedan sentarse en Su Trono, es decir, donde YA ESTA, pues su Reino de Mil años no ha concluido aún. La última purificación será con la suelta de Satanás que irá a hacer un rejunte de los que no han querido convertirse…y ya sabemos cómo termina.
    Dios permitiera que esta esperanza de estar en el Reino de Cristo, viendo Su Triunfo sobre todos Sus enemigos -como desearon todos los Santos- sea la nuestra también.
    ¿Qué mejor deseo para perseverar en la Fe, en la Iglesia Católica aunque en Filadelfia la veamos “débil” y casi vencida, para no dejar que nadie nos quite esta esperanza, porque sabemos que aún “el que pierda la vida la ganará”: o el Martirio o su deseo para “conservar Su Palabra y no negar Su Nombre”!!!
    ¡¡¡VIVA CRISTO-REY!!!

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  8. Estimado Simón Del Temple:

    En éste Reino Temporal del Milenio: ¿no reinará visiblemente Cristo? Si NO reinará así, todo me hule a películas de zombi. Como Usted no da detalles “técnicos”, eso se vuelve mera imaginación, o motivo de inspiración para Hollywood. — Un incordio más: Afirma JuanC que “las familias podrán engendrar hijos” etc., etc. — ¿podrán nacerse hijos de un viador y una resucitada? o ¿solo de familias no mixtas? Mi curiosidad es realmente sincera.

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  9. “g” : Su pregunta no es sincera, sino capciosa, porque ya se tiene la respuesta preparada. Solo le diré que la Iglesia Católica seguirá existiendo en el Milenio. El resto de sus preguntas ya están contestadas a lo largo de todos los comentarios. Tómese el trabajo, lea, medite, rece, pida luz a Dios que “levanta a los humildes y aplasta a los que se engríen en sus corazones”. No noto sinceridad.

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  10. Estimado Simón Del Temple:

    Tengo respuestas y contrarespuestas para cualquier afirmación milenarista. No son mías. Ahora mismo las estoy extrayendo de libros que llevan el nihil obstat. En cuanto a que mis “preguntas ya están contestadas a lo largo de todos los comentarios”: mentira pura y dura —y lo siento muchísimo verme obligado escribir esto, pero lo escribo para quien podría creerlo por no haber seguido todo el hilo del tema. — En realidad, ni siquiera Usted está de acuerdo con la barbaridad teológica que afirma JuanC. — Si habla de sinceridad, por lo menos, póngala Usted en practica y seré yo el primero en quitarme la boina basca, pues también yo, como Castellani, la llevo a diario.

    Fraternales saludos en Cristo y María.

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  11. Tengo entendido que los predestinados pueden salvarse pero también pueden irse al infierno, pero para los condenados (que todavía están vivos) no hay salida, hagan lo que hagan, salvo que un elegido pierda su corona y entonces tenga algun condenado la oportunidad de tomarla. ¿Es esto correcto?

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  12. Raúl. el tema de la predestinación es una cuestión difícil, Baste con decir lo que enseña la Teología al respecto. Se hace una distinción en la Voluntad divina, con la finalidad de dilucidar este tremendo misterio y sabiendo que en Dios todo es El mismo y no hay división en Su Voluntad ni en nada que se refiera a la esencia divina. Se distinguen las Tres Divinas Personas, pero no esencialmente, pues no hay tres dioses, sino Uno en Tres Personas distintas Una distinta de Otra: El Padre no es ninguna de las Otras Personas, el Verbo no es ninguna de las Otras Personas, el Espíritu Santo no es ninguna de las Otras Personas, el Padre es Dios, el Verbo es Dios y el Espíritu Santo es Dios. Cada Una se adjudica una obra propia, así el Padre crea, el Verbo se encarna y redime, el Espíritu Santo santifica, pero el que crea es Dios, el que redime es Dios y el que santifica es Dios. La esencia es una e indivisa, por eso se habla de apropiación de cada obra de las Personas fuera del seno Trinitario, pero siendo inseparables en esencia. Esto es a grandes rasgos lo que la mente humana, basándose en el dato revelado puede dilucidar. La Santísima Trinidad es un Misterio de Fe, y no podríamos llegar a conocerlo si el mismo Dios no nos lo hubiera revelado de tal modo que lo creemos porque es Dios quien se revela, que no puede engañarse ni engañarnos.
    Ahora bien, decíamos que en la Voluntad divina debemos -para entender- poner dos momentos referidos a la creatura racional. De este modo Dios por Su Voluntad Omnipotente crea y decreta la elevación del hombre al orden sobrenatural por la Gracia, es decir un don gratuito que excede la capacidad humana, para amar, poseer a Dios, conocerlo y servirlo. Esta Voluntad se llama, en Teología, “antecedente”, o sea, Dios quiere que todos los seres racionales creados -ángeles y hombres- obtengan la bienaventuranza eterna. Conocemos que libremente los ángeles caídos se opusieron a Dios, y como el conocimiento angélico es intuitivo y no discursivo, conocen todas las consecuencias que se siguen de un acto volitivo libre y advertido. Por eso no pueden ser redimidos por la Sangre de Jesucristo. En cambio no sucede así con el hombre, aunque libremente cayó en el pecado, libremente puede aceptar la Redención…o no.
    Ahora bien, como Dios no creó al hombre para que se condenara eternamente, por la Pasión, Muerte y Resurrección de Su Hijo Encarnado, hace descender las gracias necesarias y suficientes para que cada humano las recoja y se salve libremente.
    Y ya aquí tenemos que hablar de la Voluntad “consecuente” en Dios, es decir, que aunque Dios quiere -con Voluntad antecedente- que fulano se salve, sin embargo como Dios es Omnisciente, sabe perfectamente que fulano no se servirá -libremente- de las gracias para salvarse, por tanto Dios no puede querer sino su condenación.
    Dios no abandona si antes no es abandonado, dice San Agustín, lo cual quiere decir que no es Dios el que condena.
    Consecuencia: como nadie sabe cuanto le falta de vida, no es prudente dilatar la conversión y permanecer en estado de oposición a Dios, que se llama pecado.
    Cada uno de nosotros ha sido pensado y querido desde toda la eternidad, por eso existimos, para tener como fin último la bienaventuranza eterna. Está en el hombre obtener el fin o rechazarlo, y como la muerte fija la voluntad en su último acto para toda la eternidad, el que murió en gracia irá al cielo -aunque tal vez tenga que pasar por el Purgatorio-, pero el que murió en pecado, eternamente será enemigo de Dios libremente aceptado e irá al Infierno por propia voluntad, no la de Dios.
    Esto destruye todo tipo de determinismo.

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  13. Muchas gracias Simón, está clara tu respuesta, pero hago una pregunta. Si Dios sabe perfectamente que fulano no se servirá -libremente- de las gracias para salvarse, ¿cuál es la razón para crearlo? digo, Dios vé antes del tiempo de esa criatura, ¿para qué lo crea para que por su libre albedrío se condene? Yo supongo que esto no tiene respuesta, pero deseo plantear esta incertidumbre.

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  14. Raúl, Dice la Escritura que “toda la creación canta la gloria de Dios y la obra de sus manos”, parte por misericordia, parte por justicia. Aunque la creación: el universo, los ángeles y los hombres, todo esto ha tenido un principio, sin embargo la “idea” de lo creado es eterna en Dios, y lo es con un fin claro y determinado, que Su Hijo Encarnado fuera el Centro, y que a través de El y solo por El, los ángeles y los hombres, tuviéramos acceso a Dios: “Nadie va al Padre sino por Mí” dice Jesucristo, y para que se sepa que el Padre y El con el Espíritu Santo, el “espíritu de la verdad que enseña todas las cosas”, son Uno, dice “Felipe, quien Me ve, ve al Padre”, porque las divinas Personas, teniendo una sola esencia, son inseparables, donde está Una están las Otras dos., por eso las Tres son un solo y único Dios. Todo lo que Jesucristo ha dicho y obrado lo ha dicho y obrado Dios en la Persona del Hijo, por Quien se hizo visible asumiendo en unión substancial una naturaleza humana completa y ajustándose a las propias leyes naturales -que El mismo había impuesto- se hace Hombre en el seno de una Virgen, en la que estuvo durante nueve meses antes de nacer, por eso -supongo que por la altísima comunicación que habrá tenido con Su Madre- San Dionisio dice que la Virgen María “roza” la divinidad, y que si no fuera por la Revelación la hubiera creído una “diosa”. Desde toda la eternidad existió en la Mente divina el decreto de la Encarnación el Verbo, por Quien y para Quien fue hecha toda la creación. ¡Claro que sabía desde antes de crearlo a Adán que no iba a permanecer fiel ! No obstante, un puro motivo externo librado al libre albedrío humano, no puede cambiar los decretos inmutables de la Voluntad divina, mostrando en la Encarnación pasible de Su Hijo, con Su Pasión dolorosísima y Su Muerte en la Cruz, hasta qué colmo de amor ha amado a los hombres, para que los hombres a través del Verbo Encarnado -Quien ha manifestado que nos “amó hasta el fin”, dice el Evangelio- y que Quien nos creó sin nosotros, no nos salvará sin nosotros, agrega San Agustín, volviéramos libremente al decreto de predestinación eterna feliz. Aquí ya entra a jugar no un previo determinismo en la Voluntad divina, seleccionando algunos para el cielo y otros para el Infierno, sino el libre albedrío humano -manifestado en Adán y en la Virgen, Nuestra Señora, como los dos polos de aceptación a entrar en los decretos divinos a través del Verbo Encarnado, pues es imposible que Dios no le haya revelado a Adán, antes del pecado, que Dios se haría como él, para que conociéndolo y amándolo, luego de servirlo como a su Dios y Rey por un tiempo, gozara por toda la eternidad de la visión beatífica mediante el Verbo Encarnado, por eso después del pecado le promete que el Verbo Encarnado, su Dios y Rey y Señor, lo volvería a atraer libremente -como libremente se había apartado- pero esta vez mediante la Misericordia, a la vuelta de la unión sobrenatural por la Gracia de Cristo, que él podía aceptar o no. Santo Tomás dice que “es mejor ser que no ser”. El hombre “siendo” es decir llegando a la existencia, siempre tiene la posibilidad de ir al cielo, pues para eso hemos sido creados, por eso hasta el final Dios “persigue” al hombre, dándole inspiraciones y gracias para que convierta, como lo hizo con Adán, con Judas, con San Pedro, con San Agustín, con todos los pueblos que no Lo conocían, y lo que debe tener en cuenta para sus consideraciones, Raúl, es que la inmutabilidad es uno de los atributos de la Voluntad divina, tanto en Su Misericordia, como en Su Justicia, como en Sus Promesas, por eso dijo: “Aunque tus pecados fueran rojos como la grana, quedarán blancos como la nieve” y que “no quiere la muerte (eterna) del pecador sino que se arrepienta y viva”. “Deus charitas est”. Dios es fiel a Sus Promesas y quiere que todos lleguen a la salvación, como dice San Pablo, que para eso nos ha creado. El hombre no es como el ángel, nosotros siempre tenemos la posibilidad de no perder la vida eterna o de volver, según aquello de San Pablo “cumplo en mí lo que falta a la Pasión de Jesucristo”, es decir, no que esté incompleta la Redención, sino que cada hombre se la apropie, “se entregó y murió por mí” dice San Pablo y cada uno de nosotros puede decir lo mismo, o sea no hay que poner trabas a la Gracia de Cristo. De parte de Dios sabemos cual es el fin por que nos creó, de parte del hombre está en “meterse” en el plan de Dios o rechazarlo.
    De todas maneras “ahora vemos como en un espejo” dice San Pablo, es decir nos movemos en los Misterios de la Fe. Dios nunca exterminó al género humano y siempre, por Misericordia o por Justicia´, ha querido atraer al hombre hacia Su Corazón. Las calamidades que Dios en Su Providencia permite, sean enfermedades, guerras, etc, es para que el hombre recuerde que el fruto del pecado es la muerte, y que la muerte entró por el libre albedrío humano. Dios puso remedio con la Encarnación pasible de Su Hijo, en El hace nuevas todas las cosas, por eso Jesucristo es “Camino, Verdad y Vida” y no rechaza a nadie que de veras lo busque. Los medios para salvarse están “puestos” y El Verbo Encarnado “ha venido a salvar lo que estaba perdido” por eso “deja las noventa y nueve ovejas en el redil, y se va a buscar a la perdida”. Es la oveja quien se deja cargar sobre los hombros del Pastor.

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  15. Hablando de la predestinación, he leído que el mismo acto de voluntad de inclinarse al bien es por una gracia de Dios, entonces el acto de aceptar una gracia es también por otra gracia. Por tanto, la salvación sólo viene de Dios, y la condenación del hombre, pues el pecado no puede venir de Dios, ahora bien ¿por qué Dios da la gracia para salvarse infaliblemente a tal alma y a la otra la deja en su condena? ¿Y por qué a uno le da más gracia para ser más santo y a otro menos? Por su Voluntad, y para saberla tendríamos que introducirnos en su Mente, y como esto no es posible, este tema de la predestinación sólo se puede cerrar con la conocidad frase de San Agustín: “los juicios de Dios son inescrutables”.

    PD: como queda dicho, ya que el mismo acto de inclinación al bien es por la gracia, todo mérito viene por la gracia, por tanto la afirmación de que: “Dios predestina viendo en su omnisciencia los méritos que haría cada uno” es nula, porque el mismo hecho de hacer méritos es por una predestinación a hacerlos, y esto es algo que decide Dios, porque a unos los ama más que a otros y los quiere más cerca.

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  16. A lo dicho quiero añadir que en ningún momento se niega la libertad humana, es decir, Dios no obliga a una persona a salvarse, sino que inclina su libertad a hacer el bien, que es distinto.

    Esto es como si en un lago de fango hay muchas personas divirtiéndose en él y manchándose, y viene uno de fuera y atrae a varias personas a que salgan y se limpien con hermosas prendas, éstas personas verán entonces la suciedad del fango y la pureza de las vestiduras limpias e irán allá. Ahora bien, las personas que están en el fango siguen ensuciándose según su voluntad y su apetito, por tanto su suciedad es por su culpa, pero ¿por qué aquel hombre sólo escogió para vestir y limpiar a unas determinadas personas? Porque quiso, punto. Pero la suciedad de las otras personas sigue siendo por su culpa y la limpieza de las escogidas sigue siendo por un acto de libertad al descubrir la limpieza y sentir atracción a ella.

    En las Escrituras vemos que Dios hace unos vasos para usos honorables y otros para usos ignominiosos, o también vemos que Dios usa la maldad de unos para el favor de los escogidos.
    Eso sí, Dios quiere realmente salvar a todos pues nos creó a todos a su imagen y semejanza, pero por nuestra culpa quedamos manchados y Él decide a quién limpiar y a quién dejar en su ignominia. Debemos entonces suplicar a Dios que nos limpie y rogar para que limpie a los demás, pues así como usa de los malvados para bien de los escogidos, así usa de los escogidos para que haya malvados que se vuelvan buenos y por tanto los escoja, porque la predestinación se realiza en caminos misteriosos.

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  17. Servidor pensar así es creer que Dios es injusto y no lo es.
    San Leonardo lo dice claramente: Alguno dirá: Si Cristo iba a condenarme, ¿por qué me ha creado? Silencio, lengua precipitada! Dios no creó a nadie para condenarlo, pero el que se condena, se condena porque quiere. Por lo tanto, respeta la bondad de mi Dios y absuélvela de toda culpa. Esto será el tema del segundo punto…

    Todos los condenados tienen puesto en su frente el oráculo del profeta Oseas, “Tu condena viene de ti”, de modo que puedan entender que todo el que está condenado, está condenado por su propia malicia y porque ha querido condenarse.

    Primero vamos a poner estas dos verdades innegables como fundamento: “Dios quiere que todos los hombres se salven” y “Todos necesitan de la gracia de Dios“. Ahora bien, si se demuestra que Dios quiere salvar a todos los hombres, y que para ello le da a todos ellos su gracia y todos los demás medios necesarios para obtener este fin sublime, estaremos obligados a aceptar que quien se condena debe imputarlo a su propia malicia, y que si la mayoría de los cristianos se condenan, es porque quieren. “Tu condenación viene de ti, la ayuda de la gracia viene sólo en mí.”

    Hermanos, hoy quiero despediros consolados. Así que si me preguntan mi parecer sobre el número de los que se salvan, aquí está: Sean muchos o pocos los que se salven, DIGO QUE TODO AQUEL QUE QUIERE SER SALVO, SERÁ SALVO, Y QUE NADIE PUEDE SER CONDENADO SI NO QUIERE SERLO. Y si bien es cierto que pocos se salvan, es porque hay pocos que viven bien.

    …¿Por qué te atormentas así? Es cierto que hay que cometer el pecado mortal para ir al infierno, y que para cometer el pecado mortal debes querer hacerlo, y como consecuencia, nadie va al infierno a menos que quiera. Esto no es sólo una opinión, es una verdad innegable y muy consoladora. Dios os la haga entender, y que Dios os bendiga. Amén.

    Imploremos como nos dice San Leonardo, el perdón y la gracia necesaria para salvarnos:
    Pues bien, échate a los pies de Jesucristo, y dile, con lágrimas en los ojos y el corazón contrito: “Señor, confieso que hasta ahora no he vivido como cristiano. No soy digno de ser contado entre tus elegidos . Reconozco que merezco ser condenado, pero tu misericordia es grande y lleno de confianza en tu gracia, te digo que quiero salvar mi alma, aunque tenga que sacrificar mi fortuna, mi honor, y hasta mi vida, con tal que salvarme. Si he sido infiel, hasta ahora, me arrepiento, deploro, detesto mi infidelidad, te pido humildemente que me perdones por ello. Perdóname, buen Jesús, y también fortaléceme, para que pueda salvarme. No te pido la riqueza, ni el honor ni la prosperidad, te pido una sola cosa, que salves mi alma. ”

    Y tú, oh Jesús! ¿Qué dices? ¡Oh buen Pastor, mira a la oveja descarriada que vuelve a ti; abraza a este pecador arrepentido, bendice sus suspiros y lágrimas, o más bien bendice a estas fieles tuyos que están tan dispuestos y que no quieren nada más que su salvación. Hermanos, a los pies de Nuestro Señor, vamos a clamar que queremos salvar nuestra alma, cueste lo que cueste. Pongámonos todos a decirle con los ojos llenos de lágrimas, “Buen Jesús, yo quiero salvar mi alma,” ¡Oh, benditas lágrimas, benditos suspiros!

    Sólo una cosa le pido al SEÑOR; esto es lo que más quiero: habitar en la casa del SEÑOR por el resto de mi vida. Salmo 27:4

    Gracias Moimunan por poner este sermón al alcance de todos. Gracias Simón del Temple por contestar las dudas con tanta claridad.

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  18. Gracias Adri y gracias a todos los mencionados, pero es correctisimo los que dice el apostol san Juan, al Señor lo amamos porque nuestro Señor nos amó primero y si bien quien busca encuentra, a veces es nuestro Señor, quien nos busca, porque nos ama a cada una de sus criaturas. Precioso y destaco estas sabias palabras, de San Agustin de Hipona. Quien nos creó sin nosotros, no nos salvará sin nosotros.Amén.

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  19. Adri, En ningún momento dije que Dios crea personas para condenarse, sino que Dios elige a unos para su Gloria ¿por qué sino a ti te ha dado tantas oportunidades para conocer la religión y a otros les ha dejado en tierras lejanas sin ese auxilio espiritual? No puede ser porque Dios sepa quién ganaría más mérito, pues el mérito viene por la gracia, por tanto uno hará más méritos dependiendo de la gracia que Dios le conceda, debe entonces ser porque Dios elige a unos que infaliblemente se han de salvar concediéndoles las gracias necesarias ¿por qué? Porque es su Voluntad, punto.
    Los que se condenan es por su propia culpa, el pecado viene de ellos y no de Dios, y los que se salvan es por la pura Bondad y Misericordia de Dios, pues el bien que han hecho viene de Dios y no de ellos.
    Esto se explica mejor en este libro de la “Predestinación de los Santos y la Gracia”: http://www.traditio-op.org/biblioteca/Garrigou/La%20Predestinaci%C3%B3n%20de%20los%20Santos%20-%20P.%20Reginald%20Garrigou%20Lagrange.pdf

    PD: quizá te confundiste al leer eso de que Dios usa unos vasos para cosas ignominiosas, pero eso no quiere decir que Dios cree a personas pecadoras para condenarse, sino que Dios se vale de las personas así, se vale del mal, para hacer el bien. Pero como digo, el mal sólo proviene de uno mismo y el bien sólo proviene de Dios, y Dios llama unos al bien y de entre esos escoge a unos para el Bien eterno, así lo afirma Jesús en ese “muchos son los llamados, pocos los escogidos”.

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  20. En el video que acabo de subir, vemos como Dios auxilia aún a los que no le conocen si temen al Señor y quieren hacer su voluntad, el mismo lo dice, a mi no me convirtió una monja, un papa o un sacerdote, Dios mismo lo atrajo a la conversión:
    Esto nos lo asevera San Leonardo en su escrito cuando nos dice:

    Hermanos, mi corazón se rompe al ver a estos desgraciados que ni siquiera sabían de la verdadera fe entre los condenados. Aun así, sabemos que la sentencia de condena fue pronunciada contra ellos y se les dijo, “tu condena proviene de ti.” Fueron condenados porque querían serlo. ¡Recibieron tantas ayudas de Dios para ser salvados! No sabemos cuántas, pero ellos lo saben bien, y ahora gritan “¡Oh Señor, tú eres justo … y tus juicios son equitativos”.

    Hermanos, debeis saber que la creencia más antigua es la de la Ley de Dios, que todos llevamos escrita en nuestros corazones, que se puede aprender sin maestro, y que basta con tener la luz de la razón para conocer todos los preceptos de esta ley. Por eso, incluso los bárbaros se esconden al momento de cometer el pecado, porque saben que están haciendo mal, y que son condenados por no haber observado la ley natural escrita en sus corazones, porque si la hubíeran observado, Dios habría hecho un milagro en lugar de dejarlos condenarses, él les hubiera enviado a alguien para que les enseñe y les hubiera dado otras ayudas, de las que se hicieron indignos por no vivir en conformidad con las inspiraciones de su propia conciencia, que nunca dejó de advertirles del bien que deben hacer y el mal que deben evitar. Así que es su conciencia, la que los acusa en el Tribunal de Dios, y les dice constantemente en el infierno, “Tu condena proviene de ti.” Ellos se ven obligados a confesar que son merecedores de su destino.

    Dios quiere que todos los hombres se salven:

    En un centenar de lugares en las Sagradas Escrituras, Dios nos dice que es realmente su deseo el salvar a todos los hombres. “Es acaso mi voluntad que el pecador muera, y no que se convierta de sus caminos? … Vivo yo, dice el Señor. Yo no deseo la muerte del pecador. Si se convierte vivira”. Cuando alguien quiere algo mucho, dice que se está muriendo con el deseo de ello, es una hipérbole. Pero Dios ha querido y aún quiere nuestra salvación, tanto, que murió de deseo, y sufrió la muerte para darnos vida. Esta voluntad de salvar a los hombres , no es una voluntad superficial y aparente en Dios, es un voluntad real, efectiva, y benéfica, porque Él nos da todos los medios más adecuados para salvarnos. No nos los da para que no lo consigamos, nos los da con una voluntad sincera, con la intención de que podamos obtener su efecto.

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  21. Así es, la mayoría de personas se va al infierno, pues fuera de la iglesia católica en donde está la mayoría de la gente, no hay salvación para nadie sin excepción, y la mayoría de los bautizados que dicen ser católicos también se condenan.

    Este es un buen video:

    En cuanto a los elegidos, Dios es omnisciente y omnipresente El ve todo desde el principio hasta el fin del mundo y más aún, como en una vista panorámica. Sabe quién se salva y quien se condena porque lo ve, el tiempo no existe para El. Tenemos libre albedrío pero Él ya sabe nuestra decisión. Inclusive antes de nosotros nacer. Es Dios.

    Este es un gran misterio que no cabe en nuestra cabeza… Tenemos libre albedrío, podemos convertirnos incluso justo antes de morir, etc. Pero Dios sabe todo, no tiene principio ni fin, para Él no hay tiempo… Él ya sabe desde antes de ser concebidos que va pasar después de nuestra muerte. Y hasta ahí me quedo porque no quiero rozar la herejía protestante calvinista, porque percibí en comentarios arriba que alguien la ha rozado. Los que se irán al infierno son los calvinistas que se queden en esa secta.

    Que Dios sea omnisciente no quiebra el libre albedrío….Es claro que Dios no predestina a nadie a cosas malas como el infierno….pero como buen caballero no obliga a nadie a estar con Él…y Él ya sabe quiénes decidirán la vida y el camino a la perdición…a unos por un misterio les facilita los medios, otros tendrán que esforzarse y a otros ya no les permite recibir la gracia porque ya sabe que no la van a aprovechar….les corta el camino…porque por un acto de misericordia los malvados padecerían más en el infierno si Dios no pone limite a sus iniquidades…

    Para mejor información recomiendo este:

    Para finalizar recomiendo este último video:
    También recomiendo este:

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  22. Bueno, es que el tema de la predestinación es tan grande y misterioso, que realmente aquí es bastante imposible tener una idea exacta de ello.
    Quizá la laguna que se queda en lo que he dicho es que el libre albedrío parece más dirigido por Dios que por el alma.
    Pero también la laguna que se queda en lo que dicen muchos de que Dios destina según los méritos del alma que ve en su omnisciencia, es que esos méritos provienen de Dios mismo por su Gracia, por tanto hay una predestinación a la Gracia que Dios elige por su Voluntad y no por los méritos que haría cada uno.
    También se podría decir que Dios da capacidades pero la decisión humana es totalmente libre, sin ningún tipo de intervención divina por inclinación, por lo que Dios daría más capacidades viendo en su omnisciencia quién tomaría mejores decisiones para realizar su Voluntad.

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  23. Por cierto Kedyn, espero que no percibieras ese roce calvinista en mis comentarios, si es así, permite que te diga que lo dicho en aquellos comentarios lo he sacado del libro de Predestinación de los Santos y la Gracia, en donde se expone la predestinación de Santo Tomás de Aquino, quien defiende que Dios elige por su Voluntad misteriosa para nosotros sin tener en cuenta eso de los méritos o decisiones, porque esto último viene determinado por la misma predestinación a la Gracia que haga Dios en cada uno, distinguiendo además varios tipos de Gracia, etc. Es muy complicado y en el libro citado (cuyo link puse más arriba) viene todo explicado.

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  24. Kedyn Ramos:

    Celebro cuando se hacen videos de la Creación, pero no cuando se incluye un video sobre el hijo de perdición segundo. el cual tanto vaticano catolico como protestantes se centran en una figura, unos dícen que es porque el muerto habla en medios y los otros porque el sr. francisco lo resucitara. O sea me resulta extraño que sectores tan opuestos coincidan.

    He solicitado a ambos sectores explicación y no dan respuestas y eso es grave. Como contraparte siempre tienen respuesta para acusarnos a los que no creemos en esa visión, o interpretación.

    Porque si yo afirmo que ese sr. muerto en el año 2005, o resucitado por un anti-papa, desde el 2012 y aun eperan, es el inicuo era y no es, el otro, le estoy diciendo a la gente no adores eso y se salva de la marca , del numero, y de la imagen.

    Por eso san Ireneo nos solicita que si el Espírtu santo, que conoce su Nombre y no lo dijo, ya que si lo hubiese dicho, la bestia podría vivir muchos años , al no darlo nos anuncia que su tiempo será corto, porque la bestia fue debilitada, por Dios por citar un año el 33 de nuestra era, y como escrito esta va a perdición. pero hay condena y castigo para quien tome esa marca, el numero o su imagen. Y ahi hay que agregar tanto mente como corazón obra, frente y manos, y algo tecnologico como un tatuaje o chip de lo cual ni se advierte y es muerte eterna.

    Y digo esto porque ya hay muchísmas personas que estan siendo marcadas con un chip desconociendo que significa en la condena Biblica. JUICIO DE DIOS. Y nosotros estamos no para adivinar quien es el hombre sin ley, II Tesal. II sino para llevar almas al salvador y al Reino de los Cielos a la vida que es Dios.

    Como espero respuestas y explicación detallada si fuera posible leerla en detalle se dejara libre a la gente, para comprender en detalle, el plan Perfecto de salvación. Nunca una interpretación puede contener un error. Y si asi fuera es mejor decir no lo se. O no lo comprendo y se deja abierto a cada persona su elección.

    Gracias y deseo dejar clarisimo que respeto muchisimo a los Benedictinos y especialmente a santa Hildegarde, que conoci gracias al Señor Moinmunan y a Juan C.

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