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LA “HEREJÍA” CONCLAVISTA


¡Aquí acaba el conclavismo!

Leo en el “Boletín” de católicos “comme il faut”  “Cátedra de la Verdad, Luz de las naciones y Trono de la piedad” lo siguiente que las ovejas  errantes sedevacantistas, apreciamos de todo corazón prometiendo abrir los ojos y enmendarnos, golpeando nuestros pechos diciendo “Erravi sicut ovis quae periit”

Dicho respecto del abandono, según el Boletín, del Papa palmariano, que ” cuelga los hábitos y se va de ” eso” (léanse las famosas  cuatro letras) Noticia no del todo cierta y hasta calumniosa.

No tiene la menor importancia eclesial ese abandono. Sólo la de ver en lo que terminan los cismas o minicismas habitualmente. En el esperpento. Lo deberían considerar los sedevacantistas.

Pues si eso se dice del Sedevacacantismo en general, derrochando agudeza y precisión teológica eso sí, como es el caso en la noticia comentada por el Boletín, ¿Qué será lo que con razón pueda decirse del ” Sedevacantismo conclavista”? A mí me recuerda los términos usados por la Santidad de Sixto IV, en la Constitución Apostólica en forma de bula “Licet Ea”  condenando a Pedro de Osma, que se atrevió a decir “Ecclesia Urbis Romae errare potest” (¡¿Qué diría Sixto IV hoy día Señor?¡)

“… y las otras (proposiciones) que Nos dejamos en silencio a causa de su enormidad (que aquéllos que las conocen las olviden, y que aquéllos que no las conocen no sean puestos al corriente por nuestra presente), Nos, las declaramos falsas, contrarias a la santa fe católica, erróneas, escandalosas, totalmente extrañas a la verdad de la fe, contrarias a los decretos de los santos Padres y a las constituciones apostólicas, y conteniendo una herejía manifiesta”

Alguno podría pensar que tan enigmática condenación dicha en términos tan dramáticos, en realidad iba contra el Sedevacantismo. (A quienes  el redactor del Boletín por confesión propia no daría ¡Ni AGUA!). Pero no se piense en un Sedevacantismo civilizado, si es que ambas cosas se compadecen, sino  en el  “colector de todas las herejías”, como diría San Pío X, el “no va más de la heteredoxia”, la hez y escoria de la humanidad por su enormidad- “quien lo conoce olvídelo y quien no lo conoce no sea puesto al corriente”- es decir el SEDEVACANTISMO CONCLAVISTA.

Los que profesan tal enormidad tienen la desvergüenza de ampararse en el Evangelio, en los dogmas más sagrados, en los cánones, en los doctores y en la Constitución Divina de la Iglesia que Cristo fundó UNA Y SANTA. Alegaciones que cualquiera puede ver que son “falsas, contrarias a la fe católica, erróneas, escandalosas y totalmente extrañas a la verdad de la Fe, a los decretos de los Santos Padres y a las constituciones apostólicas y que contienen herejía manifiesta”. Un elenco de estas alegaciones,  puede verse en el post de este blog  La acefalia perenne que como es de general conocimiento ha sido ” refutado” con precisión, valentía y gran profundidad teológica, por expertos sedevacantistas  anticonclavistas.

“Un espécimen notorio de esta peste teológica que invade al Sedevacantismo (ya de por sí apestado), es Mons. Squetino, que según informa, en comentario, Simón del Temple, ha tenido la audacia de dirigirse, ya hace cuatro años, a obispos “católicos” en estos términos (Párrafo icho en modo irónico):

SS. EXCELENCIAS RMAS.
Sres. Obispos Sedevacantistas
¡Ave María!
Siendo Jesucristo Cabeza de la Iglesia Católica y principio de su vida, no hay nada en ella en que Él no opere y que no dependa de Él; la ha fundado como “verdadera y perfecta sociedad” (Pio IX)“dándole los medios necesarios para su incolumidad y acción”(León XIII) e instituyó un órgano que Él mismo juzgó oportuno elegir y Él mismo creó para ejercer a perpetuidad el gobierno de su Reino sin mancha ni arruga de corrupción: el Papa; para gobernarla, hablarle incesantemente y parecer por esta señal indubitable para que estuviera siempre segura de su guía. Así pues, prometiéndole su asistencia hasta el fin de los tiempos, exigió en medio de ella el signo manifiesto y eficaz de su presencia. Esta maravilla la realizó mediante la institución de un Vicario, por quien el gobierno de la Iglesia se ejerce para siempre en su propio nombre y en su propia virtud; y que al sentir de San Jerónimo, negando su necesidad y dignidad “habrán en la Iglesia tantos cismas como sacerdotes.”
Ahora bien, es imposible siquiera imaginar una “sociedad verdadera y perfecta” no gobernada por un soberano, es así que la Iglesia Católica es “verdadera y perfecta sociedad”, por tanto necesariamente debe ser gobernada por uno solo: el Vicario de Jesucristo; pues no solo está edificada sobre Cristo, sino también sobre San Pedro como FUNDAMENTO VISIBLE de esa misma y única autoridad.
La naturaleza VISIBLE de la Iglesia verdadera se identifica por una VISIBLE unidad de Fe, una VISIBLE unidad de régimen, bajo un VISIBLE primado de jurisdicción: el Papa. Así pues, “Jesucristo no concibió ni instituyó una Iglesia formada de muchas comunidades que se asemejan por ciertos caracteres generales, pero distintas unas de otras y no unidas entre sí por aquellos vínculos que únicamente pueden dar a la Iglesia la individualidad y la unidad de que hacemos profesión en el símbolo de la fe: «Creo en la Iglesia una»…” (León XIII). “Por lo cual se apartan de la verdad divina aquellos que se forjan la Iglesia de tal manera, que no pueda ni tocarse ni verse, siendo solamente un ser neumático, como dicen, en el que muchas comunidades de cristianos, aunque separadas mutuamente en la fe, se junten, sin embargo, por un lazo invisible.”(Pio XII)
El Vicario de Jesucristo ejerce un poder que no está contenido en los poderes esenciales del episcopado, sino que está por encima del episcopado por su naturaleza y por su título, porque este poder es el poder mismo de Jesucristo, Cabeza, Principio y Soberano del episcopado. En consecuencia, el Vicario de Jesucristo tiene toda la autoridad única de Jesucristo sin división ni limitación. No es una Cabeza intermedia o secundaria situada entre Jesucristo y el episcopado, sino que es Jesucristo, Cabeza única hecho visible, hablando y obrando en la Iglesia por el órgano que se ha elegido; siendo la institución PRINCIPAL de la que dimana toda la formación de la Iglesia. Es el primer FUNDAMENTO del edificio y es en la Iglesia FUENTE Y PRINCIPIO, y los obispos reciben de él todo lo que son, porque el episcopado no tiene otra fuente sino a Jesucristo y al Vicario de Jesucristo en la indivisible unidad del mismo principado; y esto como consecuencia y espejo del principio divino de procesión, siendo así que la naturaleza misma del episcopado proviene -ella misma- de esta procesión, y en ellos –esta procesión- crea la dependencia, que no es otra cosa que la misión o jurisdicción dada y aceptada.
No es, por tanto, una disposición arbitraria, sino por la necesidad misma del orden divino de la Iglesia por lo que sólo San Pedro puede crear un obispo y por lo que no hay episcopado legítimo o posible fuera de este único origen; así, bastaría que la Cabeza cesara de derramar este don de vida sobre los miembros para que el episcopado se viera herido de impotencia y de muerte, pues es el Vicario de Jesucristo el único que da legitimidad a la consagración de cualquier obispo al dar la misión o jurisdicción auténtica al consagrarlo, o de negarla.
De lo cual se desprende que los obispos sedevacantistas, sólo tienen el poder de orden y ejercen la jurisdicción extraordinaria sólo de una manera provisional, hasta que la Sede de San Pedro sea ocupada por un Papa verdadero. Y DE NINGUNA MANERA LES ES LÍCITO PERPETUARSE INDEFINIDAMENTE AL AMPARO DE LA NECESIDAD, A TRAVÉS DE LA VIRTUD DE LA EPIQUEYA, SIN PONER LOS MEDIOS ADECUADOS PARA ACABAR CON LA VACANCIA.
In Christo et Maria,
+ Juan José Squetino Schattenhofer

Nuestro comentarista informador a esto añade lo siguiente:,

Sigue en pié la Carta del Obispo Squetino a los Obispos, sin que NINGUNO haya respondido. (Ni refutado, añado)

Pero aunque no de los obispos de las iglesias acéfalas, de las que son pastores, sí ha habido respuestas en la línea del texto del director del Boletín, que como se sabe es antisedevacantista “enragé”:
Helas aquí resumidas:

  • ¡Elegir papa! ¡Otro más! [Creíamos que el último era el papa Miguel, elegido en el cónclave  habido en el living de su casa americana, formado por sus papás y un vecino]
  • La necesidad  de elegir papa es un sonsonete.
  • Quienes insisten son trolls que acusan a los obispos “católicos” de “herejía”
  • Mons. Squetino, al parecer, soñaba desde hace mucho con ser obispo y lo intentó con Mons. Carmona.
  • Terminarán  “desembarrancados” en una “secta conclavista” a ejemplo del affaire de Palmar de Troya, que como se sabe fue electo por obispos palmarianos católicos, exactamente igual que lo son los actuales obispos sedevacantistas.

[Como se ve los ” extremeños” se tocan: El Boletín y los sedevacantistas anticonclavistas.]

Pues visto lo visto, la cuestión está zanjada: ¡Roma locuta! ¡Causa finita!
Para que la última respuesta tenga más efectividad viene acompañada por una fotografía ante la cual cualquiera puede gritar “Mamá que viene un  conclavista” ¡Uy qué miedo!

Pseudo papa Clemente Domínguez “electo” en el Palmar de Troya.

Nuestro lector y comentarista ha osado completar la información de la carta “transcrita” (por los objetores)  de la Fundación San Vicente Ferrer con otro comentario de este tenor:

Al margen de la opinión que yo tenga del Obispo Squetino, creo que lo que hay que ver es la Doctrina expresada en su Carta, que es a lo que ningún Obispo respondió ni rebatió.Si fuera heterodoxa, hubieran refutado públicamente la Carta, así como públicamente fue publicada. Pero si lo escrito en la Carta, no se aparta de la Verdad, no se comprende la razón de cómo los Obispos que se dicen católicos y sedevacantistas no han movido un pelo desde su publicación de hace ya cuatro años.¿A quién le importa la opinión que yo pueda tener o no del Obispo Squetino, cuando la Doctrina que expresa es católica? Acerca de si se puede o no, elegir un Papa,le pregunto yo a usted: ¿El Papa en la Iglesia Católica es NECESARIO, o simplemente es un cargo de honor?

De acuerdo a su respuesta podremos seguir conversando, teniendo por base la Doctrina y las Leyes de la Iglesia.

Pues que se ande con cuidado Simón del Temple, no sea que le caiga una censura similar a la de “Licet ea” por razones que nadie conoce y “el que las conozca las olvide, para que nadie sea puesto al corriente” de la peste conclavista.

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