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EL DIVINO HONORIO, PAPA


[Cada vez se lee con más frecuencia en blogs conciliares y lefebvrianos, afirmar como un hecho indiscutible la herejía y posterior condena del papa Honorio I. Es una idea que arranca sobre todo de los primeros protestantes y que últimamente han puesto en circulación, con éxito, la secta lefebvrista. Ahora bien, el Concilio Vaticano, en la Constitución Pastor Aeternus se pronunció terminantemente sobre el infundio que negando la infalibilidad de los pontífices romanos, atribuīa  herejía a algunos papas, declarando que

“esta Sede de San Pedro siempre permanece libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos, Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferida a Pedro y sus sucesores en esta cátedra..”

De ello habló enérgicamente S.S. Pío IX en su breve de 12 de marzo de 1870, enalteciendo los trabajos clarificadores  de Dom Próspeto Guėranger, que está en los comentarios de este mismo post, y reproduciremos por separado.
Les dejo el magnífico estudio siguiente que reivindica la figura siguiente de  Honorio I, que no hace más que confirmar el texto de San Roberto Belarmino en sus Controversias, T.II, libro IV “De potestate spirituali Romani Pontíficis” Cap. XI, titulado Honorius Papa I, que puede consultarse en un Widget al pie del blog, y también puede leerse en inglés en la traducción de “De Romano Pontífice” que comercializa Amazón.]

[Es republicación del post de mayo de 2013]

Honorio_I__papa1

 Divino  Honorio Papa 

[Este es el epíteto usado por  San Máximo el Confesorcontemporáneo de Honorio I papa. Honorio fue el papa más calumniado- y también de quien más se ha escrito por historiadores católicos y los del bando herético y cismático a quien se unen por lo visto los modernos y controvertidos escritores católicos- incluso aceptando las actas falsificadas-demostrado– de un Concilio Ecuménico. A los falsarios griegos, se unieron los historiadores protestantes de Magdeburg y después los galicanos con el granBosuet que se rindió ignominiosamente  al rey galicano. A ellos siguieron los jansenistas.

Pero la verdad resplandece hoy día gracias a extensos estudios que se  resumen en  el Anexo A de este mismo post, que reproducimos por mor de la cultura teológica del lector (recordamos vivamente su lectura aunque es un poco larga).

Sin embargo el lugar común ha quedado hasta ahora como cosa demostrada. Es evidente el cuño de los que lo propalan barriendo “pro domo sua“. Pero la calumnia herética permanece hasta nuestros días.

He aquí la cita que trae un comentarista basándose en San Roberto Belarmino que ¡habría admitido como probable! la herejía de Honorio:

Me remito a San Roberto Belarmino que dice: “Si bien es probable que Honorio no haya sido hereje y que el Papa Adriano II, inducido a error por los documentos falsificados del VI Concilio, se haya equivocado al declarar hereje a Honorio, esto no quita que Adriano, con el Sínodo Romano y el VIII…..”.

De lo que se concluye que para San Roberto Belarmino no sólo acepta el posible error (porque no lo niega, sino que sólo dice “ es probable”, luego no es seguro)  de Honorio, sino que para mantener su opinión de que lo más probable es que ‘Honorio no haya sido hereje’, opina que Adriano II pudo ser ‘inducido a error’ o que ‘se haya equivocado al declarar hereje a Honorio’.

Conclusión: San Roberto Belarmino acepta la posibilidad de equivocarse no sólo de un Papa, sino de dos.

Pues es una lástima que no venga acompañada la cita de una referencia exacta  al lugar donde dice eso, porque contradice la cita muy famosa de San Roberto Belarmino:

Un papa que se manifieste hereje por ese mismo hecho- per se- deja de ser papa.así como por ese mismo hecho deja de ser cristiano y miembro de la  Iglesia… Esta es la enseñanza de todos los padres antiguos que enseñaban que los herejes pierden toda jurisdicción. ..Este principio es de lo más cierto, como Cayetano lo dice. El que no es cristiano no puede ser cabeza de la Iglesia. (De romano pontifice, liber II, cap. 30)

Sin embargo el Santo doctor escribió lo siguiente sobre el Concilio que declaró hereje al papa Honorio:

San Roberto Belarmino : “Si pues los Griegos corrompieron el III, IV, V y VII sínodo, ¿es extraordinario que hayan corrompido igualmente el VI?” (De romano pontifice, libro IV, cap. 11).

Sigue el artículo transcrito ]

HONORIO I

Ciertos escritores pretenden que el papa Honorio I (625 – 638) habría sido anatematizado por el VI concilio ecuménico (680 – 681) por haber seguido a los herejes monotelitas.

Que este papa había sido monotelita es una desinformación forjada en todas sus piezas por los monotelitas mismos, con el fin de prevalerse de la autoridad de un papa para dar más crédito a su herejía. Los monotelitas fueron convictos de calumnia por San Máximo el confesor (contemporáneo de Honorio), por el antiguo secretario del papa difunto y por el papa Juan IV (segundo sucesor de Honorio). Algunos decenios después, los Griegos falsificaron las actas del VI concilio ecuménico, agregando subrepticiamente a Honorio en la lista de los herejes monotelitas anatematizados. Pero dos siglos más tarde, eI concilio ecuménico VI, realizado en Constantinopla (¡!) condena a aquéllos que “esparcían rumores injuriosos contra la Santa Sede” y ordena: “Que nadie redacte ni componga escritos y discursos contra el muy santo papa de la antigua Roma, bajo pretexto de PRETENDIDAS faltas que habría cometido”. Además, todos los clérigos de Oriente y de Occidente firmaron unaprofesión de fe, según la cual jamás ningún papa había cesado de servir a la santa doctrina.

El asunto de Honorio parecía cerrado; ¡pues he aquí que seis siglos más tarde, reaparece! Los centurarios de Magdeburgo (historiadores protestantes) exhumaron la vieja fábula de Honorio. Pronto fueron secundados por los galicanos, evidentemente al acecho de todo lo que permitiera abrir una brecha en al infalibilidad de Roma, con la cual estaban en guerra por servilismo respecto al rey de Francia.

Bien entendido, los apologistas católicos no permanecieron sin voz, bien al contrario. El brillante teólogo e historiador Pighius defendió a los papas contra sus calumniadores en su Hierarchiae ecclesiasticae assertio (Colonia 1538). Durante un coloquio entre sabios alemanes en Ratisbona en 1541, Pighius fue violentamente atacado por uno de sus cofrades, que blandía triunfalmente el caso de Honorio e intima a Pighius la orden de retractarse, a falta de lo cual no podría ganar su salvación. Pighius no se deja desconcertar: fija un plazo de tres días. Durante ese plazo, cada uno de los adversarios debía aportar documentos para probar su tesis. Pasado el plazo prescripto, Pighius presenta a sus colegas un voluminoso expediente atiborrado de documentos que justificaban a Honorio. El adversario de Pighius, llegó con las manos vacías.

Después el sabio cardenal Baronius (de quién León XIII admiraba la“increíble erudición” en su breve Saepenumero considerantes), sin olvidar al doctor de la Iglesia San Roberto Belarmino (cuyo tratado De romano pontífice figura en la bibliografía científica de los Padres de Vaticano I mencionados más adelante) demostraron la impostura de los pseudo científicos protestantes.

La controversia se transforma en verdadera batalla periodística en el momento de la convocatoria del concilio Vaticano, que debía definir la infalibilidad. La Iglesia zanja a favor de la inocencia, recomendando la lectura de ciertos historiadores favorables a Honorio, e incluyendo en el Index ciertos libros escritos por pseudo historiadores opuestos a Honorio.

¿Asunto terminado? ¡Para nada! Escritores actuales, deseosos de defender cueste lo que cueste la legitimidad de los pontificados deRoncalli, Montini, Luciani y Wojtyla, se sirven constantemente de lacausa de Honorio para afirmar que un papa puede caer en la herejía y aún así permanecer papa. Vehiculizan una calumnia atroz, forjada por herejes antiguos, luego relanzada por herejes modernos, contra aquél a quién San Máximo llamaba “el divino Honorio”.

El caso de Honorio ha hecho correr más tinta que todos los pontificados de los otros papas reunidos. También nosotros le hemos consagrado un estudio científico particularmente frondoso basado sobre:

1. Las fuentes: textos de los concilios, de los papas, de los contemporáneos;

2. La literatura científica: tres tesis universitarias especializadas sobre Honorio, más numerosas obras históricas sobre esta causa (ver nuestro condensado en Anexo A).

Nota bene: leyendo los documentos acumulados en Anexo A, el lector tendrá solamente un resumen de la defensa. Como decía ya Anastasio el bibliotecario: “Si queremos acumular todo lo que podemos recoger para la defensa de Honorio, el papel nos faltará antes que el discurso”Anastasio el bibliotecario (800-879) vivió en Roma donde trabajaba para los papas. Era su archivero y su traductor. Célebre por su conocimiento del griego, tradujo las actas de los concilios. Compara las actas originales de los concilios conservadas en Roma con las copias hechas por los Griegos en Constantinopla y descubre que los Griegos eran falsarios. Nuestra conclusión será la de Anastasio el bibliotecario: Honorio ha sido “acusado calumniosamente” por falsarios.

ANEXO A: HONORIO I: UN PAPA “BRILLANTE POR SU DOCTRINA”, QUE “HIZO ERUDITO AL CLERO”

•1: La ortodoxia de Honorio probada por los testimonios de sus contemporáneos y por sus propios escritos
• 2: Primeras supercherías (640-649) contra Honorio, desenmascaradas por los contemporáneos del papa difunto
• 3: La falsificación de las actas del VI concilio ecuménico (680-681)
• 4 Estafas de los Griegos contra Honorio definitivamente condenadas por la Iglesia.
• 5: Las obras históricas que tratan a Honorio de Hereje son prohibidas por la Iglesia.
• 6: Conclusión de nuestro anexo A

1. LA ORTODOXIA DE HONORIO PROBADA POR LOS TESTIMONIOS DE SUS CONTEMPORÁNEOS Y POR SUS PROPIOS ESCRITOS

La biografía oficial de Honorio, insertada en el Liber pontificalis, alaba a este papa por sus numerosas buenas obras, y notablemente por haber hecho erudito al clero (“Multa bona fecit. Hic erudivit clerum”, in: Liber pontificalis, edición anotada por Louis Duchesne y los alumnos de la Escuela de Roma, París 1955, 1. J, p. 323). Jonas de Bobbio, que había visto al papa en Roma, hizo de él un retrato muy ventajoso:Venerable, sagaz, de buen consejo, dulce, humilde. “BRILLANTE POR SU DOCTRINA (doctrina clarens)” (BobbioVie de saint Bertulfe, cap. 6). Este elogio concuerda bien con el epitafio de Honorio: su nombre es grande en honor, es sagaz, grande en mérito, de una potencia divina en canto sagrado, “PODEROSO POR SU DOCTRINA (doctrina potens)” (in: Liber pontificalis, nota explicativa 19).

Tuvo un santo celo por la doctrina, puesto que reprocha a los obispos españoles su tibieza en materia de fe. El obispo de Zaragoza Braulio,hablando en nombre de los obispos reunidos en el VI concilio de Toledo (638), intenta justificarse, después concluye con un cumplido: “Las dos partes del universo, a saber el Oriente y el Occidente, advertidas por tu voz, comprendieron que la ayuda residía en tu divina presidencia y que era necesario unirse para demoler la perfidia de los malvados” (Braulio de Zaragoza: Epistolario, 129, in: Georg Kreuzer: Die Honoriusfrage im Mittelalter und in der Neuzeit (colección “Papste und Papsttum”, t. VIII), tesis de doctorado, Stuttgart 1975, p. 19). Según el universitario especialista Kreuzer, Braulio hizo allí una alusión a lalucha valiente de Honorio contra el monotelismo.

La herejía “monotelita” pretende que Nuestro Señor no tendría más que “una voluntad”, mientras que en verdad, tiene dos: la divina y la humana. Pero en la época de Honorio, la iglesia no tenía todavía zanjada esta cuestión, y los teólogos disputaban a este respecto. Además, los teólogos disputaban todavía sobre una segunda cuestión:
¿Cristo tiene una o dos voluntades humanas? Luego, tres opiniones:

a) Cristo tiene una voluntad divina más una voluntad humana buena
(=teológicamente correcto);
b) Cristo tiene solamente una voluntad (=herejía monotelita);
c) Cristo tiene una voluntad humana buena (espíritu) más una voluntad humana viciosa (carne) (= herejía).

Situación enredada, de donde el peligro de quid pro quo – ¡lo que ocurre efectivamente! Pues el obispo de Constantinopla Sergiointerroga al papa Honorio I sobre la opinión c). El papa dijo que la opinión c) era falsa y adhirió a la opinión a). (Además, ordenó a todos abstenerse de disputar sobre la cuestión). Ahora bien, ¡los monotelitas pretendieron enseguida que el papa habría aprobado la opinión b)! ¡De donde la fábula de “Honorio monotelita”!

En lugar de atacar la herejía por medio del anatema y excomunión, Honorio ordenó simplemente a los teólogos abstenerse de disputar sobre la cuestión. En su carta Scripta fraternitatis (634) dirigida al obispo Sergio de Constantinopla, el papa Honorio I demanda guardar silencio, evitar las disputas vanas, caras a los sofistas: “Que Jesucristo sea el mismo que opera las cosas divinas y las cosas humanas, las Escrituras lo muestran claramente. Pero saber si, a causa de las obras de la divinidad y de la humanidad, se debe decir o entender una operación o dos, es lo que no nos debe importar, y lo dejamos a los gramáticos, que tienen costumbre de vender a los niños las palabras que ellos han inventado. (…NSJC tiene dos naturalezas). Nosotros debemos rechazar esas palabras nuevas que escandalizan a las Iglesias, de miedo que los simples, chocados de los términos de dos operaciones, nos crean nestorianos, o que nos crean eutiquianos, si no reconocemos en Jesucristo más que una sola operación. Para no avivar el fuego de las disputas apenas adormecidas, confesamos con simplicidad que el mismo Jesucristo opera en la naturaleza divina y en la naturaleza humana. Es mejor dejar gritar contra nosotros a los vanos espulgadores de las naturalezas, los ampulosos filósofos con voz de ranas, que dejar en ayunas al pobre pueblo. Nos exhortamos, en consecuencia, a evitar la expresión nueva de una o de dos operaciones, y de predicar con nosotros, en la fe ortodoxa y en la unidad católica, un solo Jesucristo operando en las dos naturalezas y lo que es de la divinidad y lo que es de la humanidad” (in: Rohrbacher, t. IV, p. 390).

El papa imponía entonces el silencio sobre la cuestión de las voluntades de Cristo. Esta actitud, guiada por la preocupación de evitar vanas disputas, no es en el fondo mala en sí misma. Siglos después, los franciscanos y los dominicos disputaban entre ellos por saber si las gotas de sangre perdidas por Jesús durante su camino de cruz permanecían, sí o no, en unión hipostática con Nuestro Señor. El papa reinante no zanja la cuestión, pero prohíbe a los teólogos librarse a este género de especulaciones ociosas (Pío II: Bula Ineffabilis, agosto 1 de 1464). Igualmente, el V concilio de Letrán (II sesión, enero 14 de 1516) impone el silencio, prohibiendo a cualquiera pretender determinar la fecha del fin del mundo.

Se propone ahora la cuestión: ¿Honorio  había caído en la herejía? La respuesta es no.

¿Cuál era la cuestión en los debates teológicos?

Desde el pecado original, los hombres tienen dos voluntades humanas contradictorias, la del espíritu y la de la carne.

Nuestro Señor, que ha tomado nuestra naturaleza salvo el pecado, ha tomado solamente la voluntad humana no viciada por el pecado original (ha tomado la del espíritu mas no la de la carne). Además, siendo Dios, Nuestro Señor tiene igualmente una voluntad divina. Tiene luego dos voluntades, una humana, otra divina.

Los monotelitas sostenían equivocadamente que Nuestro Señor no tenía más que una sola voluntad (negación de las dos voluntades divina y humana).

El obispo de Constantinopla, Sergio, escribió a Honorio, informando que algunos afirmaban que había en Nuestro Señor dos voluntades contrarias. Enseñando largamente y en detalle que Cristo tomó una (y no dos) voluntad humana, Honorio afirma brevemente (solamente de pasada, pues el objeto de la demanda de Sergio era las dos voluntades humanas opuestas) que Cristo tiene también una voluntad divina.

Así pues, la enseñanza del papa Honorio I era irreprochable: creía y enseñaba que Cristo no tenía dos voluntades humanas contrarias, sino una sola, y que había, además, una voluntad divina.

2. PRIMERAS SUPERCHERÍAS (640-649) CONTRA HONORIO, DESENMASCARADAS POR LOS CONTEMPORÁNEOS DEL PAPA DIFUNTO

Honorio respondió entonces que en Nuestro Señor no había dos voluntades humanas opuestas (espíritu y carne). ¡Por un QUID PRO QUO, algunas personas pretendieron entonces que el papa habría negado la existencia de dos voluntades humana y divina!

Tres años después del deceso de Honorio, su secretario, conociendo el abuso que algunos monotelitas comenzaban a hacer en Oriente de la correspondencia de su antiguo maestro, escribió al emperador Constantino: “Cuando hablamos de una sola voluntad en el señor, no teníamos en vista su doble naturaleza, sino solamente su humanidad. Habiendo sostenido Sergio, en efecto, que había en Jesucristo dos voluntades contrarias’ nosotros dijimos que no se podía reconocer en Él esas dos voluntades, a saber la de la carne y la del espíritu, como nosotros mismos las tenemos desde el pecado” (in: Mons. SégurEl soberano pontífice in: Oeuvres complètes, París 1874, t. III, p. 269).

El papa Juan IV, segundo sucesor de Honorio, atestigua la misma cosa en una epístola tanto más destacable como que la había dictado al mismo padre que había sido secretario de Honorio. Juan IV se lamentaba igualmente de un quid pro quo. “Mi predecesor susodicho decía pues, en su enseñanza sobre el misterio de la encarnación de Cristo, que no ha existido en él, como en nosotros pecadores, dos voluntades contrarias, del espíritu y de la carne. Lo que algunos han trastornado en su propia concepción, y han pensado que él habría enseñado una sola voluntad de su divinidad y de su humanidad, lo que es totalmente contrario a la verdad” (Juan IV: carta Dominus qui dixit al emperadorConstantino III, primavera de 641).

Un santo canonizado, el abad Máximo el confesor, defendió vigorosamente la memoria del papa contra la tentativa de recuperación de los monotelitas. “Se debe reír, o por mejor decir, se debe llorar a la vista de estos desgraciados (obispos Sergio y Pirro) que osan citar pretendidas decisiones favorables al impío Ekthesis (libelo monotelita de Sergio, aprobado por el emperador en 638), intentar ubicar en sus filas al gran Honorio, y adornarse a los ojos del mundo con la autoridad de un hombre eminente en la causa de la religión. (…) ¿Quién pues ha podido inspirar tanta audacia a estos FALSARIOS? ¡Qué hombre piadoso y ortodoxo, qué obispo, qué Iglesia no los ha conjurado a abandonar la herejía! ¡Pero sobre todo qué no ha hecho el divino Honorio!” (in: Ségur, p. 269).

Este célebre santo (que sería más tarde martirizado por los monotelitas) analiza los escritos de Honorio y llega a la conclusión de que el papa había reconocido en Cristo dos voluntades, la voluntad divina y la voluntad humana no corrompida. Añade que la
tentativa de recuperación fraudulenta del nombre de Honorio para la causa monotelita, hecha por los herejes griegos, había provocado la indignación del clero de Roma. “El excelente abad Anastasio, al regreso de Roma, nos ha referido que había hablado a los padres más considerados de todas las grandes iglesias de la cuestión de la carta escrita por ellos a Sergio y que les había preguntado: “¿Cómo debía comprenderse la expresión: una voluntad en Cristo, contenida en esta carta?”. Anastasio encuentra que esta cuestión les afligía y que estaban prestos a defender a Honorio. Anastasio habla también al abad Juan Simponio, que había, por orden de Honorio, redactado esta carta en latín. La opinión de este cura fue: “Quod nullo modo mentionem in ea per numerum fecerit unios omnimodae voluntatis”, es decir que en su carta Honorio no había sostenido jamás que no se debía contar más que una sola voluntad en Cristo, y esta opinión le había sido atribuida por aquéllos que habían traducido la carta al griego. No se debía negar en Cristo la voluntad humana en general, sino solamente la existencia dela voluntad corrompida por el pecado”. (San Máximo: Tomus dirigido al padre Marinos, 640/641, in: Charles Joseph Hefele: Histoire des conciles d’après les documents originaux, París 1909, 1. III. P.382).

Georg Kreuzer (Die Honoriusfrage im Mittelalter und in der Neuzeit(Papste und Papsttum, t. VIII, tesis de doctorado, Stuttgart 1975) ha editado un texto griego de la letra de Honorio. ¡Precisa que este texto tiene no menos de !cuarenta variantes con referencia a otras versiones griegas de este mismo texto!

Contraste impactante entre el original latino diotelita y traducción griega monotelita: ¡la palabra latina “discrete” (= de manera distinta) es traducida por el término griego que significa exactamente lo contrario: αδταιρετωζ (=sin distinción)! Honorio escribió: Cristo “ha operado lo que es humano por la carne asumida de manera inefable y única y completada por la divinidad de manera distinta”. El falsificador griego traduce: Cristo “ha operado lo que es humano por la carne asumida de manera inefable y única y completada por la divinidad sin distinción” (original latino, copia griega infiel y traducción francesa de estos dos textos en Heinrich DenzingerSymboles et définitions de la foi catholique, París 1996, p. 176). ¿Quién es más creíble: el secretario del papa que ha escrito el original en latín en Roma, o los copistas de Constantinopla que han traducido mal la carta al griego?

San Máximo puso por escrito un diálogo que tuvo en 645 en Cartago con el monotelita Pirro, que había sucedido al obispo de Constantinopla Sergio, pero que había sido depuesto por el crimen de herejía y exiliado en África. Tras el diálogo con San Máximo, Pirroabjura de sus errores, pero recae más tarde, lo que le valió un anatema por parte del papa. Este diálogo es muy instructivo, porque muestra cómo los monotelitas maniobraron fraudulentamente para ampararse en la autoridad de Honorio, que estaría, (decían) de su parte.

-Pirro: qué tienes tu que contestar sobre Honorio, pues ha enseñado claramente a mi predecesor que no había más que una sola voluntad en Cristo.

-Máximo: ¿A quién se debe preguntar el sentido de las proposiciones de Honorio, al que ha redactado la carta o bien a los de Constantinopla, que refieren los hechos desnaturalizándolos según los deseos de sus corazones?

-Pirro: Evidentemente a el que la ha redactado.
-Máximo: Ése vive todavía y ha ilustrado a Occidente con sus virtudes y también con sus definiciones en materia de fe, conformes a la piedad (el antiguo secretario de Honorio había sido elegido papa bajo el nombre de Teodoro I (642 – 649) al momento (645) en que Máximo escribía su diálogo con Pirro). Ahora bien, he aquí lo que escribía al difunto emperador Constantino: “Nos hemos afirmado que hay una sola voluntad en el Señor, no la de la divinidad y de la humanidad, sino únicamente la de la humanidad; pues habiéndonos escrito Sergio que algunos afirmaban dos voluntades opuestas en Cristo, nos hemos respondido que Cristo no tenía dos voluntades opuestas, carne y espíritu, sino una sola voluntad que caracteriza naturalmente su humanidad. La prueba es que él ha hecho mención de miembros y de carne, cosas que no es lícito de referir a la divinidad. ¿Pero por qué Honorio no ha hablado de la divinidad? Porque se ha limitado a responder a la demanda de Sergio y además Nos nos atenemos a la costumbre de la Escritura, que habla tanto de la divinidad sola, como de la humanidad sola. En el mismo sentido de evitar la división de la persona de Cristo, Honorio evita hablar de una o de dos operaciones, pero afirma que Cristo actúa de muchas maneras” (San Máximo: Diálogo con Pirro).

Juan IV (640 – 642) tuvo un sínodo romano en 640: ¡condena del monotelismo, pero silencio sobre Honorio!

Poco tiempo después del deceso de Honorio, las Iglesias de África y las Iglesias de Oriente afirmaron la infalibilidad pontificia en dos cartas al papa San Teodoro I, tercer sucesor de Honorio (in: Dom Prosper Guéranger: La monarchie pontificale, París y Le Mans 1869, p. 172 – 175). ¡Entonces Honorio no podía haber errado!

Por petición de los obispos africanos, San Teodoro I publica una carta sinodal, demandando a Pablo (obispo de Constantinopla, sucesor de Pirro que había sido depuesto una segunda vez) abandonar la doctrina monotelita. Pablo respondió que no reconocía más que una sola voluntad (monotelismo) y tuvo el atrevimiento de invocar la autoridad de Honorio a favor de su herejía. San Teodoro I evidentemente no da ningún crédito a esta nueva tentativa de enrolamiento del papa difunto en la causa del monotelismo. Anatematiza a Pablo – ¡pero no a Honorio! Este hecho es referido por el papa Martín I (649 – 653) durante el concilio  Laterano (in: Jean Dominique Mansi: Sacrorum conciliorum nova et amplissima Collectio,Florencia 1764 – 1765, reedición París 1901, reedición Graz 1960, t. X, p. 878) y por el autor de la Vita Theodori (in: Liber pontificalis).

El concilio  Laterano habido en Roma en 649, reunió 105 obispos en su mayoría italianos, pero también Griegos (¡!) Allí fue mencionado el nombre de Honorio. Durante el concilio, en efecto, el papa Martín Ihizo leer una carta del obispo monotelita Pablo de Constantinopla al papa San Teodoro I. En esta carta, Pablo pretendía apoyarse sobre Sergio de Constantinopla y Honorio de Roma. En efecto, Pablo escribía: “Pero todos los piadosos doctores y predicadores han retenido en su espíritu de esta manera una (herejía monotelita: una sola voluntad en Cristo)De esto, (…) tenemos testimonios: con este hecho están de acuerdo Sergio y Honorio de pía memoria, que decoran la Sede sacerdotal suprema, uno de la nueva Roma (= Constantinopla), el otro la de la antigua Roma; así pues tenemos esto (= la doctrina monotelita) de ellos” (in Mansi: Sacrorum conciliorum nova et amplissima Collectio, T. X, col. 1026). Esta carta señalaba claramente a Honorio como monotelita. Ahora bien, ¿qué hizo el concilio? ¡Anatematizó a Pablo y Sergio, pero no a Honorio, lo que indica que los Padres de Letrán tenían por absolutamente infundada la ecuación “Honorio = monotelita”!¡Durante la 5ª sesión (31 de octubre de 649, canon 18), se anatematiza a los jefes de la secta monotelita: Teodoro de Farán, Ciro de Alejandría, Sergio de Constantinopla y sus sucesores Pirro y Pablo – ¡pero en absoluto Honorio I!

¡Nadie soñaba con condenar a este papa de santa memoria, todo lo contrario! Durante este mismo concilio de Letrán, el obispo Estebande Dor hizo un testimonio de la más alta importancia, San Sofronio(obispo fallecido en 638, adversario principal del monotelita Sergio) mientras vivía el papa, había sido puesto al corriente de la carta de Honorio que exigía a Sergio guardar silencio. Como Sergio continuaba soltando sus herejías, San Sofronio dijo entonces a Esteban que fuera de Jerusalén a Roma para informar al papa. “Marcha desde la salida del sol hasta el anochecer, hasta que arribes a la Sede apostólica, donde se encuentra el fundamento de la doctrina ortodoxa, y no ceses de develar a los hombres santos que se encuentran allá abajo las maquinaciones de los herejes, hasta que la nueva herejía sea completamente aniquilada” (in:Gerhard Schneemann: Studien über die Honorius-Frage, Friburgo 1864, p. 20). Este testimonio constituye una prueba formal de la ortodoxia de Honorio y del clero romano.¡El sínodo reunido en Roma por el papa santo Agatón no condena a Honorio! San Agatón tuvo aún la prudencia de redactar expresamente dos cartas para suprimir toda posibilidad de acusación contra el papa difunto. “Se cree con razón que el papa Agatón ha hecho esta declaración para quitar toda sospecha de error de parte de Honorio” (San AlfonsoDissertation sur l’autorité du pape, artículo 1, §3, in: Oeuvres complètes, 1887, reeditado en Bélgica en 1975, t. IX, p. 330). Sabiendo que se iba a realizar un concilio ecuménico en Constantinopla, y que los monotelitas de esta ciudad habían intentado ya en dos oportunidades servirse del nombre de Honorio (cf. supra), el papa estableció una suerte de “certificado de ortodoxia” para todos lo papas que habían reinado hasta él. La autenticidad de estas dos cartas no es discutida por NINGÚN historiador, mientras que muchos historiadores sostienen que las actas del VI concilio ecuménico de Constantinopla están interpoladas. En la duda, es necesario atenerse a estas dos cartas de Agatón, cuya autenticidad fue verificada y certificada ¡POR LOS MISMOS PARTICIPANTES DEL CONCILIO!

La autenticidad de la carta de Agatón al emperador fue certificada durante la 4ª sesión; su contenido fue aprobado por os obispos durante la 18ª sesión: esta carta fue “escrita por Dios (…) y por Agatón Pedro ha hablado”. Es entonces esta carta la que debe servir como guía.
El papa exhorta al emperador a guardar la fe “definida por los santos y apostólicos predecesores y los cinco concilios ecuménicos”. Esta fe, nosotros la “recibimos por la tradición de los apóstoles y de los pontífices apostólicos”, es decir por los papas. En seguida, Agatón expone la sana doctrina (refutación del monotelismo) y agrega: “He aquí la profesión verdadera e inmaculada de la religión cristiana, que no es inventada por la malicia humana, sino que el Espíritu Santo enseña por la boca de los pontífices romanos” (¡uno de ellos Honorio!). Agatón, sabiendo que Teodoro y Macario (y antes que ellos Pirro y Pablo) habían invocado el nombre de Honorio a favor de la causa monotelita, tomó la delantera y declara inocente por anticipación al papa Honorio:

Bajo la presidencia de San Pedro, esta iglesia apostólica que es la suya jamás se ha alejado de la vía de verdad, para entrar en cualquier partido de error. Desde siempre, la Iglesia católica de Cristo toda entera y los sínodos universales han abrazado fielmente su autoridad y la han seguido en todas las cosas, como siendo la del príncipe de todos los apóstoles. Todos los Padres venerables se han conformado a esta doctrina apostólica (…). Es esta la doctrina que han venerado los santos doctores ortodoxos, y que los herejes han perseguido con sus acusaciones y rechazado con todo su odio (…). Por la gracia de Dios Todopoderoso, no se podrá jamás demostrar que esta Iglesia haya desviado del sendero de la tradición apostólica, ni que haya sucumbido, corrompiéndose, ante las novedades heréticas, sino que gracias al príncipe de los apóstoles, ella permanece inmaculada, según la divina promesa del Señor… (sigue la cita de Luc XXII, 32)”. Cristo “prometió que la fe de Pedro no desfallecería en absoluto; lo exhorta a confirmar a sus hermanos, LO QUE LOS PONTÍFICES APOSTÓLICOS, MIS PREDECESORES, HICIERON SIEMPRE INTRÉPIDAMENTE”. Mis predecesores “no descuidaron JAMÁS exhortar a los herejes, y de advertirlos con súplicas que abandonasen los errores dogmáticos de la herejía, o, al menos, que se callaran”, y no creasen así un cisma enseñando una voluntad y una operación de NSJC. Agatón hizo allí una alusión clara a Honorio, que había demandado a Sergio que se callara. Después prosigue: “Desgraciado de mí si descuidara predicar la verdad que éstos (mis predecesores, ENTRE LOS CUALES HONORIO) predicaron sinceramente. Desgraciado de mí, si yo sepultara la verdad por mi silencio” (Agatón: carta Consideranti mihi al emperador, 27 de marzo de 680, in: Mansi, t. XI, col. 234 ss.). Como se ve, no se puede reprochar a Honorio el haber guardado silencio, pues Agatón dice que todos sus predecesores sin excepción predicaron la verdad y reprendieron a los herejes. ¿Se vio jamás mejor certificado de buena conducta? Advertencia: este certificado de buena conducta fue puesto por las nubes por los Padres del concilio: ¡“Por Agatón Pedro ha hablado”! En consecuencia,

1.3 LA FALSIFICACIÓN DE LAS ACTAS DEL VI CONCILIO ECUMÉNICO (680-681)

Sin embargo, consultando ciertas obras históricas, se lee que Honorio habría sido anatematizado por el VI concilio ecuménico. ¿Cómo explicar esta contradicción entre los elogios del papa Agatón y las actas del concilio? Es que las actas del concilio fueron falsificadas por los Griegos.

Los Griegos falsificaron a menudo las actas de los concilios. “Agregar o quitar a las actas de los concilios son empresas ordinarias para los Griegos”, decía Anastasio el
bibliotecario (in: Ségur, p. 271). Anastasio el bibliotecario (800-879) vivió en Roma. Era archivero de los papas y traductor célebre por su conocimiento del griego.

San Roberto Belarmino escribió: “Si pues los Griegos corrompieron el III, IV, V y VII sínodo, ¿es extraordinario que hayan corrompido igualmente el VI?” (De romano pontifice, libro IV, cap. 11).

Los Griegos eran mal vistos por Roma a causa de sus fraudes múltiples. Los papas se quejaban bastante a menudo. El papa San Nicolás I da una autorización basada sobre un documento que había recibido de Grecia, pero precisa: “visto que este documento no sea falsificado según la costumbre de los Griegos (non falsata more Graecorum)” (carta al emperador Michel). El papa San León I el Grande (carta Puritatem fidei, marzo 10 de454) se lamenta, porque algunos habían falsificado su carta a Flaviano. Después de haber cambiado algunos verbos y sílabas, los falsificadores sostenían que el papa León habría caído en la herejía de Nestorio. Una desventura similar habría de llegarle al papa Honorio. ¡Pues desde las primeras sesiones del VI concilio, se descubrió la presencia de falsarios entre los participantes!

Desde el comienzo de la primera sesión, los legados pontificios declararon que desde hacía 46 años, el monotelismo era enseñado por los obispos de Constantinopla Sergio, Pablo, Pirro y Pedro, así como por Ciro patriarca de Alejandría y Teodoro obispo de Farán (¡ninguna mención de Honorio!). A pesar de los esfuerzos de la Sede apostólica, ellos permanecían aferrados al error con pertinacia.

El patriarca de Antioquía Macario replica que los monotelitas tenían su doctrina de los concilios, de los Padres de la Iglesia “y además también de Honorio, que fue papa de la antigua Roma” (in: Mansi, t. XI, col. 213). El concilio examina entonces las piezas producidas por Macario. Se lee un pasaje del concilio de Éfeso, que contenía una cita de San Cirilo de Alejandría. Esta cita no era monotelita (como lo pretendía Macario), sino diotelita. Durante la 3ª sesión, se leyeron las actas del V concilio ecuménico: una carta del obispo de Constantinopla Menas, que contenía la fórmula “una voluntas”, pareció sospechosa a los legados. ¡Se compara el texto producido por Macario con los originales de los archivos imperiales, y se comprueba entonces que Macario había añadido la carta de Menas en las actas del V concilio! Durante la 7ª sesión, se descubrió que Macario había fabricado igualmente otra falsificación, a saber una carta del papaVigilio que definía (él decía) “una operación” de Cristo. En la 9ª sesión, se compara las citas patrísticas producidas por Macario con los ejemplares auténticos guardados por el patriarcado y se prueba que Macario había falsificado los escritos de los Padres. El obispo de Antioquía se obstina y se aferra a sus (pretendidas) autoridades (concilios, Padres, Honorio). Fue entonces anatematizado y depuesto por crimen de falsificación de escritos.

En la 11ª sesión, se leyó un escrito anterior de Macario, según el cual Honorio habría ya sido condenado en razón de su monotelismo. Esto era una mentira tan evidente que no fue tomado en serio por nadie.

Hay todo el derecho de creer que el conjunto de las actas del VI concilio haya sido alterada por un falsificador. He aquí algunas pruebas.
• LA CARTA DE AGATÓN. En su carta al emperador, leída en la 4ª sesión, el papa San Agatón había condenado por sus nombres a siete herejes monotelitas (in: Mansi, t. XI, col. 274-275). Durante la 13ª sesión, los Padres del concilio escribieron (¡pretendidamente!) al papa Agatón: “Nos hemos excluido del rebaño del Señor a aquellos que han errado en la fe, o, para hablar con David, los hemos muerto con anatemas, según la sentencia pronunciada anteriormente en tus santas cartas contra Teodoro de Farán, Sergio, Honorio, Ciro, Pablo, Pirro y Pedro” (in: Mansi, t. XI, col. 683). ¡Los Padres del concilio (o mejor: el copista que falsifica la declaración de los Padres) son aquí tomados en flagrante delito de mentira: han reemplazado el nombre de uno de los condenados por el de Honorio! Comparemos las dos listas:

LISTA AUTÉNTICA , leída en la 4ª sesión (autor: el papa San Agatón): “1. Teodosio el hereje de Alejandría, 2. Ciro de Alejandría, 3. Teodoro obispo de Farán, 4. Sergio de Constantinopla, 5. Pirro (patriarca de Constantinopla), 6. Pablo también, su sucesor, 7. Pedro, su sucesor”.

FALSA LISTA DE LA PRETENDIDA 13ª SESIÓN (autor: copista falsificador): “1. Honorio, 2. Ciro, Teodoro, obispo de Farán, 4. Sergio, 5. Pirro, 6. Pablo, 7. Pedro”.

¡El nombre del hereje Teodosio de Alejandría es borrado y reemplazado por el de Honorio! ¡Esto constituye una prueba indubitable de que las actas del concilio fueron falsificadas!

• LA ACTITUD DEL EMPERADOR. En la carta imperial que confirma el concilio, el emperador retoma el anatema que castigaba a los herejes monotelitas siguientes: “Designamos como tales (herejes) a Teodoro antiguo obispo de Farán, Sergio antiguo obispo de esta villa imperial (Constantinopla) protegida por Dios. Con ellos era de la misma opinión y de la misma impiedad Honorio, antiguamente papa de la antigua Roma, que era hereje como ellos, estaba de acuerdo con ellos y afirmaba la herejía; y Ciro obispo de Alejandría, y similarmente Pirro, Pedro y Pablo…” (in: Mansi, 1. XI, col 710-711).

Ahora bien, muy curiosamente, este mismo emperador, en dos cartas dirigidas al papa León II para informarle de los resultados del concilio,no hizo NINGUNA mención de la condenación de Honorio, como lo señala un historiador perspicaz“Otra prueba de que las actas han sido falsificadas y que el texto original no llevaba en absoluto la condenación ni el nombre de Honorio, es que el emperador no dudaba de eso. Se hubiera cuidado mucho de mantenerlo en secreto; por eso escribió a San León II, sucesor de San Agatón, y al concilio romano según las verdaderas actas de las sesiones, en las cuales siempre había participado. Igualmente, no hay una sola palabra sobre Honorio en estas dos cartas”(Édouard Dumont: “Pruebas de la falsificación de las actas del VI concilio contra Honorio” in Annales de Philosophie chrétienne, París 1853, p.417). Si verdaderamente el concilio hubiera anatematizado a un papa, el emperador no hubiera dejado de señalar un acontecimiento tan sensacional a León II.
188
Pero no hizo nada. Su silencio prueba que no hubo condenación de
Honorio.

Hay gato encerrado. Intrigados por la reflexión de Édouard Dumont, investigamos estas dos cartas del emperador a León II. ¡Sorpresa!

Extracto de la primera carta: La ley antigua es salida del Monte Sión; la cumbre de la perfección (doctrinal) se encuentra sobre el Monte Apostólico en Roma” (in Mansi, t. XI, col. 715). ¡En términos muy poéticos, el emperador hace allí un magnífico cumplido al papado!

“Gloria a Dios, que ha hecho cosas gloriosas y ha conservado la fe íntegra entre nosotros. De ninguna manera podría llegar – y Dios ha predicho que esto no ocurriría jamás – que las puertas del infierno (es decir los embustes de la herejía) puedan prevalecer contra esta piedra sobre la cual ha fundado la Iglesia” (in: Mansi, t. XI, col. 718). El emperador manifiesta así en forma que no puede ser más explícita que jamás una herejía podrá prevalecer contra un papa.

Extracto de la segunda carta, dirigida al sínodo romano: “Estamos impresionados de admiración por la relación de Agatón que es la voz misma de Pedro” (in: Mansi, t. XI, col. 722). Ahora bien, Agatón, es necesario recordarlo, había afirmado no menos de cuatro veces en su carta al emperador que ningún papa había fallado.

¡Qué contraste notable! Por una parte, el emperador alaba al papado
(“cumbre de la perfección doctrinal”, “piedra” inaccesible a la herejía);
¿por la otra habría anatematizado a un papa “hereje” tanto como los monotelitas, “de acuerdo con ellos” y que habría” afirmado la herejía”?
¿No es una buena prueba suplementaria de que las actas del concilio fueron adulteradas?

La biografía de Agatón es una fuente de informaciones independiente de las actas (falsificadas) del concilio. Según esta biografía, los Padres, los legados y el emperador quitaron de los dípticos de la iglesia de Santa Sofía en Constantinopla los nombres de “Ciro, Sergio, Pirro, Pablo y Pedro”, en razón de su herejía (Liber pontificalis, vida de Agatón, t. 1, p.
354). Se habrá advertido: ¡ninguna mención de Honorio!

• UNA CARTA FICTICIA DE HONORIO. ¡Durante la 13ª sesión, se leyeron dos cartas de Honorio a Sergio, lo que es una impostura! Pues Honorio había escrito solamente una carta, no dos. Da fe de esto el testimonio del secretario del papa difunto, que habla de UNA respuesta a Sergio. La segunda carta es redactada por “Sericus”, mientras que el secretario de Honorio se llamaba “Juan”. Resumen de una tesis de doctorado especializado: “El testimonio de los escritores contemporáneos nos permite pues mirar a la segunda carta como enteramente imaginada y a la primera como falsificada” (PadreBenjamin Marcellin Constant: Étude 3 N del T: En ellos se inscribían los nombres de personas beneméritas ya de la jerarquía eclesiástica y civil, ya de de mártires y de fieles difuntos que debían tenerse presentes en la misa (historique sur les lettres d’Honorius (tesis de doctorado defendida en Lyon), París 1877, p. 57). La primera carta (Scripta fraternitatis, 634), ha sido mal traducida al griego (cf. supra nuestra muestra latín-griego- francés); la segunda carta (Scripta dilectissimi, 634) es inauténtica (Cf. también el artículo de C. Silva Tarouca en Gregorianum, nº 12, 1931, p.44-46).
• EL EXTRAÑO SILENCIO DE LOS LEGADOS Y DEL PAPA AGATÓN. Honorio fue (supuestamente) acusado en la 12ª sesión, y luego anatematizado a partir de la 13ª sesión. “hasta la 12ª sesión del VI concilio ecuménico, los legados pontificios habían tomado la palabra frecuentemente. (…) Su comportamiento parece entonces muy extraño después de la 12ª sesión. Cuando fueron leídas las dos cartas de Honorio, no se les oyó una sola palabra para defenderlo. (…) Aceptaron en silencio la condena de Honorio I y confirmaron sin contradicción el anatema pronunciado en su contra” (Kreuzer, p. 97-100).

En el Liber pontificalis se encuentran las biografías oficiales de los papas. Ahora bien, en la biografía de Agatón no se hace ninguna mención de la condena de Honorio. Erich Caspar (Geschichte des Papsttums, Tubinga 1930-1933, t. 1, p. 609) intenta explicar la ausencia de la condena de Honorio I en la Vita Agathonis pretendiendo que los legados pontificios habrían cesado, a partir de marzo/abril de 681, de enviar reportes a Roma en razón del “mal aspecto” tomado por el concilio. Pero esta hipótesis es desmentida por el contenido de la Vita misma, que habla todavía de asuntos que pueden haber tenido lugar solamente después del 26 de abril (momento de la 15ª sesión) (ver Duchesne: Liber pontificalis, t. I. p. 356, nota explicativa 13).

Reflexionemos un poco: si Agatón hubiera realmente recibido una noticia tan sensacional – inaudita en la historia de la Iglesia y en contradicción flagrante con la carta que acababa de escribir para certificar la ortodoxia de los papas – ciertamente hubiera reaccionado. Pero en la Vita Agathonis no figura ninguna mención de la condena de Honorio, lo que indica que ella es puramente ficticia. Igualmente, los legados, si realmente se hubiera intentado anatematizar a Honorio, seguramente hubieran hecho sus comentarios. Su mutismo repentino y anormal indica que un copista inserta el anatema contra Honorio, pero se olvida de inventar igualmente algunos discursos de los legados, que habrían vuelto plausible la cosa. “Pero suponed que el nombre de Honorio no haya sido en absoluto mezclado en todo esto, el silencio de los legados se concibe muy fácilmente. Evidentemente no hubieran tenido nada que decir en este caso” (Dumont: “El VI concilio y el papa Honorio”, in: Annales de philosophie chrétienne, París 1853, p. 58).

• CARTAS FALSAS DE LEÓN II. Agatón falleció el 10 de enero de 681. fue reemplazado recién hacia fin de año por León II (681-683). El obispo de Constantinopla, Teodoro, fabrica entonces dos cartas ficticias del papa León II, que habría (supuestamente) confirmado el anatema contra Honorio (numerosas pruebas de la falsificación en Dumont, p. 418-419 y 190 en Caesar Baronius: Annales Ecclesiastici, Anvers 1600 (muchas reediciones), anno 683). Teodoro acredita así entre los Griegos la fábula del anatema contra Honorio. Esta fábula llega a los oídos de Roma. Dos siglos después, Roma venga solemnemente la memoria ultrajada de Honorio.

1.4 FRAUDES DE LOS GRIEGOS CONTRA HONORIO DEFINITIVAMENTE CONDENADOS POR LA IGLESIA

EL CONCILIO DE ROMA: Durante el concilio de Roma del año 869, el papa Adrián II hizo una alocución y declara: Leemos que el Pontífice romano ha juzgado a los prelados de todas las Iglesias; pero no leemos que él haya sido juzgado por ninguno de ellos”“ (citado por León XIII: encíclica Satis cognitum, junio 29 de 1896). Y sin embargo, los griegos afirmaban que Honorio había sido juzgado. ¿Cómo explicar esta divergencia entre la afirmación del papa Adriano II y la de los Griegos?

Es Anastasio el bibliotecario quién va a dar la respuesta. Escribía al papa Juan VIII que las actas del VII concilio ecuménico guardadas por los griegos estaban adulteradas, porque contenían notablemente elementos apócrifos del VI concilio. “Debe destacarse que en ese concilio se encuentran muchos cánones y decisiones de los apóstoles y del VI concilio, cuya interpretación entre nosotros no es ni conocida, ni recibida” (Anastasio: Prefacio de su traducción del VII concilio, in: Dumont, p. 434). Así pues, los Orientales creían en la condena de Honorio, sobre la fe de actas falsificadas, mientras que los Occidentales, en posesión de las actas auténticas, tenían a Honorio en gran honor.

Esta divergencia entre Oriente y Occidente en la causa de Honorio es corroborada por la omisión (Griegos) o la mención (Romanos) de Honorio en los dípticos después del VI concilio. En Constantinopla, el nombre de Honorio era borrado de los dípticos bajo Justiniano II. Justiniano II fue asesinado por el usurpador Bardano, discípulo del monotelita Macario. El monotelita Bardano hizo restablecer a Sergio y Honorio en los dípticos. Pero al cabo de dos años, fue derrocado a su vez por el nuevo emperador Anastasio II, que elimina de nuevo a Sergio y Honorio de los dípticos (testimonio de un contemporáneo griego, el diácono Agatón de Constantinopla: Epílogo, 714, in: Dumont, p. 420), En Roma, por el contrario, el nombre de Honorio no fue jamás borrado de los dípticos (testimonio de Anastasio el bibliotecario, que vivía en Roma en el siglo IX, in Baronius, anno 681).

Esta cuestión de los dípticos tiene su importancia. Pues ser mencionado en los dípticos es una prueba de ortodoxia. “Yo prometo no recitar durante los santos misterios los nombres de aquéllos que se han separado de la comunión de la Iglesia católica” (San Hormisdas: Libellus fidei, agosto 11 de 515). Dado que Honorio continuaba figurando en los dípticos en Roma, esto indica que jamás fue suprimido de la comunión de la Iglesia católica. Dicho de otra manera: jamás la iglesia de Roma ratificó la (pretendida) condena de Honorio, inventada por el falsario griego Teodoro, y retomada por el cismático griego Focio. 157

EL VII CONCILIO ECUMÉNICO: Durante la 7ª sesión del VIII concilio ecuménico (Constantinopla IV), el papa Adriano II constata que los griegos, pero no los papas, decían que Honorio era anatema. Adriano II dijo que juzgar a un papa era una cosa totalmente contraria al derecho canónico. “Es ésa una presunción intolerable que no se puede atender. ¿Quién de entre vosotros, yo lo pregunto, ha oído jamás cosa parecida, o quién jamás ha encontrado en alguna parte mención de una tan temeraria enormidad? Nos hemos leído que el pontífice romano se ha pronunciado sobre los jefes de todas las Iglesias, Nos no hemos leído que sobre él nadie se haya pronunciado. Porque bien que se haya dicho anatema a Honorio, después de su muerte, por los Orientales, falta saber que había sido acusado de herejía, por cuya causa solamente es lícito a los inferiores resistir a la impulsión de los superiores, y rechazar sus malvados sentimientos. Pero aún entonces no hubiera sido permitido a quienquiera ese celo de los patriarcas y de otros obispos de emitir ninguna sentencia a su respecto, si previamente el pontífice de la misma primera Sede no había intervenido precedentemente por la autoridad de su consentimiento” (in: Mansi, t. XVI, col. 126). Adriano II dijo bien Honorio acusado por los orientales, pero estableció igualmente que no se encuentra ninguna aprobación pontificia de parecido acto. Esto confirma que los ejemplares de las actas del VI concilio en poder de los Griegos han sido alteradas por falsificadores. “Los manuscritos hechos en Roma son mucho más verídicos que los fabricados por los Griegos, porque entre nosotros, no se practica ni los artificios ni las imposturas” (San Gregorio el Grande: Carta 6 a Narsem).

Adriano II con el fin de mostrar que nadie tiene el derecho de anatematizar a un papa, evoca enseguida el caso del papa Símaco que había sido acusado (calumniosamente) de muchos crímenes. “El rey de Italia Teodorico, queriendo atacar al papa Símaco hasta obtener su condenación en justicia” convoca a numerosos clérigos de su reino y les dice que muchos crímenes horribles habían sido cometidos por Símaco. Les ordena reunirse en sínodo y “constatar esto por un juicio”. Los prelados se reunieron por deferencia hacia el rey. Pero sabían que el “primado” del papa no permitía que fuera “sometido al juicio de sus inferiores”. ¿Qué hacer? ¿Juzgar a un papa en violación del derecho, o bien incurrir en la cólera del rey rehusando erigirse en juez? “Al fin, estos prelados verdaderamente venerables, cuando vieron que no podían, sin autorización pontificia, alzar la mano contra la cabeza (el papa) – y cualesquiera que fueran los actos del papa Símaco denunciados – reservaron todo al juicio de Dios” (in: Mansi, t. XVI, col. 126).

.Siempre en vista de demostrar que es ilícito acusar y juzgar un papa, Adriano II cita en ejemplo la actitud de Juan, obispo de Antioquía. Este prelado había anatematizado a un obispo, pero había prohibido atacar al papa. Juan no había hesitado en anatematizar al hereje Cirilo, obispo de Alejandría; y sin embargo, este mismo Juan escribió en una carta al papa San Celestino I, aprobada por el concilio de Éfeso (3ª sesión), que era ilícito juzgar a la Sede de Roma, venerable por la antigüedad de su autoridad. “Si se diera licencia a aquéllos que quieren maltratar por injurias a las Sedes más antiguas (majores = “más antiguas” o “más grandes”) y de emitir sentencias (contrariamente a las leyes y cánones) contra ellas, cuando no se tiene ningún poder contra estas Sedes. Los asuntos de la Iglesia irán hasta la confusión extrema” (in: Mansi, t. XVI, col. 126).

El discurso de Adriano II hizo su efecto. Los Padres del concilio redactaron, en efecto, un canon expreso contra ciertos Griegos (entre los cuales Focio, que había atacado a Honorio y pretendido deponer al papa legítimo Nicolás I) que pretendían criticar, aún juzgar a los papas. La Iglesia católica no ha aceptado jamás una talk insolencia. La (pretendida) condena de Honorio fue expresamente criticada por Adriano II y los Padres del VIII concilio:

La palabra de Dios, que Cristo ha dicho a los santos apóstoles y a sus discípulos ( Quien a vosotros recibe, me recibe” (Mateo X, 40) y “quien a vosotros desprecia me desprecia” (Lucas X, 16)), creemos que ha sido dirigida también a todos los que, después de ellos y a su ejemplo, son devenidos soberanos pontífices. (…) Que nadie redacte ni componga escritos y discursos contra el muy santo papa de la antigua Roma, bajo pretexto de PRETENDIDAS faltas que él habría cometido; lo que ha hecho recientemente Focio, y Dióscoro antes que él. Cualquiera que tenga la audacia de injuriar por escrito o sin escrito la Sede del príncipe de los apóstoles, Pedro, será condenado como ellos. (…) Si un concilio universal es reunido y se eleva alguna incertidumbre y controversia respecto a la Santa Iglesia de Roma, es menester que con veneración y debida reverencia se investigue y se reciba solución de la cuestión propuesta, o sacar provecho o aprovechar, pero no dar temeraria sentencia contra los sumos pontífices de la antigua Roma” (VIII concilio ecuménico (867), canon 21).

El papa Adriano II impone a todos los clérigos de Oriente y Occidente la firma de la profesión de fe del papa San Hormisdas, Honorio tuvo también su “certificado de ortodoxia”, pues esta profesión de fe dice que la promesa de Cristo “es verificada en los hechos; pues la religión católica ha sido siempre guardada sin tacha en la Sede apostólica”.

DECISIONES DE VATICANO I FAVORABLES A HONORIO I: Los padres del Vaticano establecieron una lista de buenos libros sobre los “casos históricos” de pretendidas caídas de papas (capítulo 4).

¿Qué piensan los Padres del Vaticano de la (pretendida) condenación de Honorio durante el VI concilio ecuménico? Esto puede deducirse de una alusión discreta, pero firme. En el capítulo 4 de Pastor aeternus, los padres del Vaticano escriben que “esta Sede de Pedro permaneció pura de todo error” y reenvían, en nota, a esto: “cf. la carta del papa San Agatón al emperador aprobada por el VI concilio ecuménico”. En los esquemas preparatorios de Pastor aeternus, extractos de esta carta eran citados; en el esquema definitivo, solamente la referencia en pié de página. Según los Padres del Vaticano, se debe retener del VI concilio ecuménico no una (FICTICIA) condena de Honorio, sino la carta (AUTÉNTICA) del papa reinante, que certificaba que todos los papas eran ortodoxos y lucharon contra las herejías. Además, citan el formulario de Hormisdas- Adriano II (ver supra) y dicen expresamente: “Nuestros predecesores han trabajado infatigablemente en la propagación de la doctrina salutífera de Cristo entre todos los pueblos de la tierra y han velado con cuidado igual para la conservación auténtica y pura, allí donde había sido recibida”.

1.5 LAS OBRAS HISTÓRICAS QUE TRATAN A HONORIO DE HEREJE SON PROHIBIDAS POR LA IGLESIA

Mons. Jacques Bossuet, por servilismo hacia el rey galicano Luis XIV, escribió un panfleto pseudo-científico contra la infalibilidad. Aborda largamente el caso de Honorio en esta Defensio declarationis conventos cleri Gallicani anni 1682 (1730, libro VII, cap. 21-29). Honorio habría aprobado la herejía de Sergio y habría sido condenado en el VI concilio por haber precipitado a la Iglesia en el error. El papa reinante evalúa poner este libro en el Index, pero se abstiene por razones políticas (no indisponer a Luis XIV). En una carta al inquisidor general de España, fechada el 13 de julio de 1748, Benedicto XIV desaprueba este libro y expresa: “Desde el tiempo de Clemente XII, nuestro predecesor de feliz memoria, se analiza proscribir esta obra, y se ha concluido por no hacerlo, no solamente a causa de la reputación del autor, que ha rendido servicios eminentes a la religión bajo tantos otros jefes, sino porque se tenía temor fundado de excitar por esto nuevos trastornos”.

Según otras obras de historiadores protestantes, galicanos y jansenistas, Honorio habría sido hereje. Es interesante notar quefueron puestos en el Index . ¡La Santa Iglesia da así a entender que la teoría “Honorio = hereje” es una tesis ilícita!

1.6 CONCLUSIÓN DE NUESTRO ANEXO A

Decir que Honorio habría sido condenado por crimen de herejía es una aserción científicamente falsa. Decir que habría sido “solamente” anatematizado por su negligencia en combatir la herejía es una aserción igualmente falsa. Según el testimonio de los contemporáneos – ¡que estaban bien ubicados para saberlo! – este papa “poderoso por su doctrina” (epitafio) 1. combatió vigorosamente el monotelismo (testimonio de los obispos españoles), 2. se esfuerza por traer al buen camino al monotelita Sergio (testimonio de San Máximo).

RESUMIDO: Honorio I fue un papa “brillante por su doctrina”, que combatió vigorosamente la herejía monotelita. La Iglesia ha definido dogmáticamente (Vaticano I) que todos los papas sin excepción han sido ortodoxos y ha puesto en el Index los libros pseudo-históricos que pretenden lo contrario.

4. Bibliografía de las obras a favor o en contra de Honorio suministrada por Wilhelm Plannet:

Die Honoriusfrage auf dem Vatikanischen Konzil, tesis de licencia de teología Marburg 1912. Una bibliografía más vasta con un resumen del contenido es dada por Georg Kreuzer: Die Honoriusfrage im Mittelalter und in der Neuzeit (colección “Päpste und Papsttum”, t. VIII), Edmond Richer (galicano):
Opera Omnia, 29 de octubre de 1622 y 4 de abril de 1707; Historia Conciliorum generalium, 17 de marzo de 1681 (breve de Inocencio XI);
Simon Vigor (galicano): Opera omnia (il calumnia Honorius en su Apologia contra Vallam), 17 de julio de 1615, 5 de marzo de 1622 y 23 de noviembre de 1683;
Johann Gerhard (luterano): Opera Omnia (il calumnia Honorius en el libro Confessio catholica) 5 de julio de 1672, 27 de abril de 1716 y 10 de mayo de 1757;
Louis Ellies du Pin jansenista y galicano; en un breve dirigido a Luis VIX, el papa Clemente XI llama a este autor “un hombre de una detestable doctrina y culpable de muchos excesos hacia la Sede
apostólica”): De antiqua ecclesiae disciplina dissertation es historicae, 22 de enero de 1688 (breve de
Inocencio XI); Histoire de l’Église en abrégé, 4 de diciembre de 1719;
Louis Maimbourg (galicano): Traité historique de l’établissement et des prérogatives de l’Eglise de Rome et de ses évesques, 4 de junio de 1685 (breve de Inocencio XI) ;
Peter Le Page Renouf (anti-infalibilista inglés) : The condemnation of pope Honorius, 14 de diciembre de
1868 ;
Janus (pseudónimo de Johann Joseph Ignaz von Döllinger, el maestro de pensamiento de la secta de los
Viejocatólicos): Der Papast und das Concil, 26 de noviembre de 1869;
Gratry: Mgr l’évêque d’Orléans et Mgr L’archevêque de Malines, prohibida en 1870 por el obispo de
Estrasburgo y la casi totalidad del episcopado francés.

Fuente: Misterio de Iniquidad 1 y 4 en pdf, en la barra lateral de este blog.

2 replies »

  1. La verdad es que me sigue admirando hasta qué punto puede llegar la pertinacia de los enemigos de la verdad y de la infalibilidad de los sucesores de Pedro, que no temen volver a poner una y otra vez sobre el tapete los mismos infundios históricos cien y mil veces refutados ya, entre otras, con ocasión de la celebración del Concilio Vaticano I.

    Por ello, quisiera dejar plasmada aquí la opinión del mismo Papa Pío IX, expresada mediante un Breve en el que felicitaba al santo y sabio Dom Próspero Guéranger, abad de Solesmes y restaurador de la vida monástica benedictina en Francia, por haber refutado tan hábilmente las doctrinas galicanas de un Mons. Maret:

    Breve dado el 12 de Marzo 1870, a Dom Guéranger:

    “Carísimo hijo, salud y bendición apostólica.”

    “Es cosa sumamente deplorable el que se encuentren entre los católicos algunos que, gloriándose de ese nombre, se muestran a la vez completamente imbuidos de principios corrompidos, y que adhieran a ellos con tal obstinación que ya no saben someter con docilidad su inteligencia al juicio de la Santa Sede cuando éste les es contrario, incluso cuando el asentimiento común y las recomendaciones del episcopado vienen a confirmarlo, Y van todavía más lejos, ya que, haciendo depender el progreso y la felicidad de la sociedad humana de esos principios corrompidos, se esfuerzan en inclinar a la mismísima Iglesia hacia sus sentimientos; mirándose como los únicos sabios, no se avergüenzan de dar el nombre de partido ultramontano a toda la familia católica, que piensa muy diferentemente que ellos.

    Esta LOCURA llega a tales extremos, que emprenden hasta el rehacer hasta la misma divina constitución de la Iglesia, y adaptarla a las formas modernas de los gobiernos civiles, con el fin de humillar más fácilmente la autoridad del Jefe Supremo que Cristo le ha dado y del que temen las prerrogativas. Por ello se les ve presentar con suma AUDACIA, como si fueran indudables, o al menos, completamente libres, ciertas doctrinas muchas veces reprobadas, y VOLVER A EXHUMAR por enésima vez los mismos textos insertos en las obras de los antiguos defensores de esas condenadas teorías, controversias históricas, pasajes mutilados, calumnias lanzadas contra los Pontífices Romanos, y todo género de sofismas. Con toda impudencia, vuelven a poner todas estas cosas sobre la mesa sin tener en cuenta de ninguna manera los argumentos con los que ya han sido cien veces refutados.

    http://www.sanctussimplicitus.com/uploads/2/6/0/8/2608597/642176679.jpg?223

    Su objetivo no es otro que agitar los espíritus, y excitar las mentes a favor de su facción; al vulgo ignorante contra el juicio comúnmente profesado. Además del daño que ocasionan sembrando así la controversia entre los fieles y entregando a discusión callejera las cuestiones más delicadas, Nos reducen a deplorar en su conducta una sinrazón tan grande como lo es su audacia. Si creyeran firmemente, como los demás católicos, que el Concilio Ecuménico está gobernado por el Espíritu Santo, y que es únicamente por el soplo de ese divino Espíritu que define y propone lo que ha de ser creído, jamás se les habría ocurrido que cosas, o bien no reveladas, o dañosas para la Iglesia, pudiesen ser allí (en el Concilio) definidas, y no se imaginarían que mediante maniobras humanas podrán parar la fuerza del Espíritu Santo, e impedir la definición de cosas reveladas y útiles a la Iglesia.

    Tampoco se persuadirían de que haya estado alguna vez prohibido el proponer a los Padres (del Concilio), de modo conveniente, y con el fin de hacer surgir más abundantemente la luz a través de una leal discusión, las dificultades que pudiesen oponer contra tal o cual definición. Si sólo les moviera ese motivo, se abstendrían de todas las maquinaciones con las que habitualmente tratan de captar los sufragios en las asambleas populares, y esperarían con tranquilidad y respeto el efecto que produce la luz que proviene de lo Alto.

    He aquí por qué pensamos que habéis prestado un servicio extremadamente útil a la Iglesia emprendiendo la refutación de las principales aserciones que solemos encontrar publicadas bajo dichas influencias, y poniendo al descubierto el espíritu de ODIO, LA VIOLENCIA Y EL ENGAÑO que en ellas dominan; habéis llevado a cabo esta obra con tal solidez, con una brillantez y una abundancia de argumentos tomados de la antigüedad sagrada y de la ciencia eclesiástica tal, que reuniendo muchas cosas en pocas palabras, habéis arrebatado todo prestigio de sabiduría a los que habían envuelto sus pensamientos bajo los velos de discursos DESPROVISTOS DE RAZÓN. Restableciendo la verdad de la Fe, del sano derecho y de la historia, habéis defendido el interés de los fieles, tanto de los instruidos como de los más simples. Os expresamos Nuestra particular gratitud por el homenaje que con este libro Nos habéis tributado, y presagiamos un feliz y muy crecido triunfo para el fruto de vuestras vigilias.

    Como augurio de tal éxito, y prenda de Nuestra paternal benevolencia, os acordamos con vivo afecta nuestra bendición apostólica.

    Dado en Roma, en San Pedro, el 12 de Marzo 1870,
    El año 24 de Nuestro Pontificado.

    Pio IX, Papa.”

    Así habla un Papa, y no como algún que otro Francisco…

    Como ven, ya se veía obligado el Papa a denunciar una y otra vez la audacia, la perfidia, la malicia y la deshonestidad de los que recurrían a cualquier medio ignoble con tal de impedir la definición no de la infalibilidad como tal, sino de la Soberanía del Papa, también en la definición de la doctrina, y en su poder supremo de imponer a los fieles la creencia interna y la profesión externa de las verdades de Fe y moral independientemente del consenso de la Iglesia, (es sese, non ex consensu Ecclesiae) es decir, independientemente de una especie de contra-poder constituido por un Colegio episcopal que sería también él, sujeto habitual del poder supremo y soberano en la Iglesia.

    Ahí estaba la verdadera cuestión, no simplemente el definir la infalibilidad, cosa que sólo se ha hecho parcialmente, y se habría hecho más completamente, abarcando también la infalibilidad del Magisterio del Papa sólo, si los enemigos de la Sede Romana no hubieran conseguido que las fuerzas masónicas desencadenaran la guerra franco-prusiana, y la invasión de los Estados Pontificios por las tropas “italianas”.

    Y el Papa apunta claramente la intención última de esos lobos revestidos con mitra o cappa magna:

    “con el fin de humillar más fácilmente la autoridad del Jefe Supremo que Cristo le ha dado y del que temen las prerrogativas”

    Siempre igual, por lo menos desde el S. XIV, la misma obsesión por escapar del yugo del “dulce Cristo en la tierra”, en palabras de santa Catalina de Siena.

    Cuando vemos a un tal “dígame Jorge” teatralizar obscenamente una pretendida humildad, pregúntense lo que realmente está diciendo. Está humillando la dignidad suma que muchos millones de católicos ignorantes o infieles aún le atribuyen, ayudado por legiones de ilusos “tradis” que creen estar haciendo un gran favor a la Iglesia repitiendo los errores galicanos, con tal de seguir conservando la ilusión de que siguen teniendo un Papa de verdad…

    Eso, por no hablar de algunos sacerdotes, que desde el púlpito, mirándose como los únicos sabios, como dice el Papa, se dedican a insultar con los más groseros epítetos a todos los que procuran demostrarles que sus teorías no son en absoluto materia de libre discusión, más o menos opinables, sino muy condenadas y reprobadas por la voz de la Iglesia:

    “Por ello se les ve presentar con suma AUDACIA, como si fueran indudables, o al menos, completamente libres, ciertas doctrinas muchas veces reprobadas, y VOLVER A EXHUMAR por enésima vez los mismos textos insertos en las obras de los antiguos defensores de esas condenadas teorías, controversias históricas, pasajes mutilados, calumnias lanzadas contra los Pontífices Romanos, y todo género de sofismas. Con toda impudencia, vuelven a poner todas estas cosas sobre la mesa sin tener en cuenta de ninguna manera los argumentos con los que ya han sido cien veces refutados.”

    Ya que parece que nuestra pobre voz sólo parece enfurecerlos más, esperamos que la voz del Vicario de Cristo pueda servirles de espejo en que puedan comprobar su desvarío, y cambiar, por fin, las rutinas mentales inculcadas por ciertos maestros galicanos, y que tan bien les han servido hasta ahora…

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