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LA PERVERSIÓN DE LA NUEVA MISA


[Publico de nuevo este post por su importancia y porque hay nuevos posts que resultan aclarados con el siguiente artí

culo]

[Este texto es extraordinariamente denso, por lo que no debe ahorrarse el tiempo necesario para su lectura. En pro de la claridad,  me he permitido, bajo mi responsabilidad retocar la traducción donde considero debe ganar en claridad. Igualmente añado entre corchetes algunas palabras que perfilen algún concepto del Dr. Homero Johas, cuyo pensamiento, de gran hondura filosófica y teológica, nos es conocido]

Cita resumen extraída del texto publicado:

La Constitución Apostólica “Missale Romanum” es una per­vertida obra herética de los enemigos de la Iglesia Católica. Su perversión en la Liturgia se suma a la perversión en las doctrinas del Vaticano II. La disimulación y audacia es más grande. Las doctrinas de Lutero ahí están claras. La libertad religiosa de los ateos, de los masones, mató a 600,000 católicos en la Revolución Francesa y ahora se manda a todos los católicos. La certeza de la”gran apostasía” ahí está. La “abominación de la desolación en el lugar Santo” ahí está. La supresión del “Sacrificio perenne” ahí está (Dan. XII, 11).

Ante tan gran perversión es espantoso que “eclesiásticos” que se dicen “católicos” y hasta “tradicionalistas” [FSSPX] quieran validar el poder nulo de jurisdicción de los “papas” del Vaticano II. Algunos aparentan rechazar la “misa nueva”, totalmente nula y herética, mientras validan al “papa” herético totalmente nulo. Tales “tradicionalistas” “no aceptan”el credo católico, sino en los puntos arbitrariamente escogidos por ellos. Tienen “unión”con los herejes. “Simulan piedad, renegando la virtud de la piedad”, dice Inocencio III con San Pablo (2 Tim. II,5).

Montini con los protestantes colaboradores en la confección de la Nueva Misa

Montini con los protestantes colaboradores en la confección de la Nueva Misa

LA PERVERSIÓN DE LA NUEVA MISA

Dr. Homero Johas

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Introducción

Cuando el Sr. G. Montini, llamado Paulo VI, “promulgó” su “Constitución Apostólica”“Missale Romanum”, mudando integralmente el Santo Sacrificio de la Misa [que expresa] el  credo de la Iglesia Católica, en ese momento, no era papa católico, y no poseía ningún poder de jurisdicción dentro de la Iglesia Católica. Esto sucedía porque ya antes había suscrito  las doctrinas de los masones y protestantes sobre libertad e igualdad religiosa, derecho de seguir el error, nuevo pueblo de Dios, nueva iglesia católica, con poder supremo humano, colegiado. Su“evolución de la doctrina”, cambiando la verdad universal [demostró que era un ] agnóstico, [que por lo tanto estaba] fuera de la Iglesia. [Por lo que su elección como “papa” fue inválida] según la Bula de Paulo IV [Cum ex Apostolatus]. [Hay que tener en cuenta que] la doctrina modernista [que él claramente profesaba]  fue condenada por San Pio X en la encíclica “Pascendi”.

Cuando ese “Missale Romanum” vio la luz, dentro de una “nueva iglesia”, apóstata y herética, con otra fe opuesta a la de la Iglesia Católica,  [la expuso como] la coronación del acervo de las herejías de la nueva secta. [Entonces] desapareció el Santo Sacrificio de la Misa – la renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz- según el Dogma perenne del Concilio de Trento; y apareció un disimulado acervo de herejías, originarias de Lutero, masones y ateos. Tal era el fin de esa mudanza: [realizar] “la evolución del dogma”, cosa condenada por el Vaticano I (D.S. 3020:3043). Es conocida la fotografía del Sr. Montini con los ministros protestantes que colaboraron en la obra de la “nueva iglesia” apóstata. Construyeron “fórmulas enteramente nuevas”, dijo el Sr. Montini. [Pero] la Iglesia Católica condena las “doctrinas nuevas” (D.S.3070); venidas del “consenso” de los hombres (D.S.3074) mudando el inmutable Derecho divino (D.S.3114), de modo opuesto a la Tradición y al Magisterio de la Iglesia entonces vigente  (D.S.3116).

Este Magisterio obligó en el II Concilio de Nicea, la observancia de las tradiciones eclesiásticas que trae la fe milenaria de la Iglesia en las oraciones y en los ritos. Esto lo hizo bajo anatema (D.S. 607). Y la “nueva iglesia” con folletos litúrgicos  y libros destruyó la fuente de la Revelación divina.

El Concilio Vaticano I dicta anatema a quien muda los dogmas de fe, se aparta del sentido que siempre entendió y entiende la Iglesia, y le da “otro sentido”, bajo pretexto de “mejor entendimiento” (D.S.3043). La “nueva iglesia” comete tal delito contra la fe, bajo pretexto de“progreso” continuo del conocimiento, bajo pretexto de la claridad, del entendimiento. La doctrina de la fe divina, enseña la Iglesia, no es una filo­sofía mejorable por opiniones humanas. Es un depósito de verdades divinas “perpetuamente conservadas”, no mutables con pretexto de“mejor entendimiento”. La “nueva iglesia” contradice, totalmente, esta enseñanza católica. Su “evolución doctrinaria” es totalmente opuesta a los dogmas de la fe divina.
El cambio de la esencia y naturaleza de la Misa, según la doctrina católica, en el sentido de las herejías de Lutero; por el “libre examen” luterano de la Biblia; el cambio del Magisterio del poder divino de la Sede de Pedro por una obra arbitraria humana, es la esencia del delito predicado y puesto en obra por el Sr. Montini.
La Constitución montiniana no oculta su evolucionismo dogmático. Lo exhibe con audacia como si fuera cosa legítima. Cambia el credo, con desenvoltura, como si fuese cosa humana, arbitraria, venida del juicio propio de cada uno. Coloca novedades libres, inter­pretando la Biblia según la voluntad de los ateos, y herejes, falsamente denominados “católicos”. Y rechaza la “coacción exterior” contra los malos: [pero] arbitrariamente quiere la misma “coacción ex­terior” contra los miembros fieles de la Iglesia Católica. Se invierte ahí la verdad y los errores; la luz y las tinieblas; la Iglesia de Cristo y la de Lucifer.


Refiere el Sr. Montini la
 “admirable utilidad” del muevo “Misal Romano” , en cuyas “lecturas bíblicas y oraciones” muchos santos “alimentaron su piedad”. No habla de la verdadera fe universal cosa diversa del medio útil del obrar para un fin:“alimentar” la propia piedad. En vez del Santo Sacrificio de la Misa católica,  prima las “lecturas bíblicas”, con libre-examen, de las sectas lute­ranas. Se retira la norma del creer y se coloca la del hacer, fundada en el Agnosticismo de la Razón Práctica de Kant. La Lógica racional ahí cede el lugar al Pragmatismo agnóstico.
El dogma perenne cede lugar a las opiniones de cada uno interpretando las “lecturas bíblicas”.
Ahora bien, la fe católica no procede de un progreso crítico en los últi­mos cuatro siglos, evolucionando la “verdad” según las opiniones de Lutero, Lamennais y Loisy. La Biblia no es objeto de una libre inteligencia de cada uno.
Daniel profetizó la supresión del “sacrificio perene”, en el tiempo de la abominación en el lugar santo. (Dan. XII,11).

2. El cambio de la fe según los tiempos 

     Por el estudio de la Liturgia en los tiempos antes del Vaticano II, dice el Sr. Montini quedó claro que “las fórmulas del Misal Romano debían ser revisadas y aumentadas”. Tal estudio se­ria manifestación de la voluntad de Dios y del Espíritu Santo. Pio XII había dado el primer paso: “para acomodar el Misal a los nuevos sentimientos del espíritu de este tiempo”.
El estudio de la fe divina, universal, perpetua, no demuestra el “deber” humano de cambiar el credo, de “aumentar el credo”. La obra divina estudiada permanece como
obra divina y no se somete a los juicios y voluntades humanas para cambiar. [Esto significa] que se niega el origen divino de los dogmas de fe católica.


Pio XII condenó el delito de acomodar la fe divina inmutable “a los sentimientos nuevos del espíritu del nuevo tiempo”. He ahí la herejía del “progresismo”, del Agnosticismo, del “evolucionismo de la verdad” conforme a los tiempos. La “nueva iglesia”  se aparta de la “obra divina” y quiere obras humanas libres. Quiere “movimientos religiosos”, con “doctrinas nuevas” libres (D.S.3070), [mostrando así ] un Relativismo dogmático, condenado por Pio XII (D.S. 3883). El “movimiento ecuménico” quiere la “falsa religión” del Ecumenismo predicado por el Vaticano II (Pio XI en “Mortalium animos]

3. La apostasía del Vaticano II

Dice el Sr. Montini que el Vaticano II, ordenó la “renovación general” del Misal, para tornarlo “más claro“, “más fácil”, “más abierto”, con un “nuevo rito de concelebración”, con mayor abundancia de la Biblia.

Todo lo que hizo  el Vaticano II fue nulo, como enseñó  Paulo IV. Los herejes no tienen poder sobre los fieles. Quien quiere el “derecho de no seguir la verdad”, no tienen derecho al poder dentro de la Iglesia del Dios de la verdad. Tal conciliábulo no tuvo  poder para ordenar algo en la Iglesia Católica.

Los fines comparativos de superioridad son falsos: disimulan y ocultan las herejías; como si fuesen “verdades” mas ele­vadas que las de la Iglesia Católica. No se “renueva” la verdad universal, cambiándola por opiniones individuales opuestas y libres.
“Participación activa de los fieles” en la Misa: he  ahí el sentido luterano de la “concelebración” popular, del “sacerdocio”de todos,  in­dividual y libre, sin [haber recibido] el Sacramento del Orden; todo esto va contra la esencia divina del Santo Sacrificio de la Misa. Los “textos bíblicos” de la Misa, siguirndo el “libre examen” de Lutero, no son la esencia divina de la Misa católica: “renovación incruenta del Sacrificio de la Cruz”, ope­rada “ab ipso solo sacerdote, non prout christi fidelium personam gerit” [ hecha únicamente por el mismo sacerdote, pero no por los fieles de Cristo] (Pio XII Mediator Dei. D.S.3852). La apostasía es ahí clara.

  1. Voluntades humanas

     Dice él: La revisión del Misal viene del progreso de la Ciencia litúrgica durante los últimos cuatro siglos; del estudio de códices antiguos; del descubrimiento de fuentes antiquísimas; del estudio de fórmulas orientales. Viene del deseo de muchos de que así se  ilustrase las mentes y los ánimos de los fieles, dice el “Missale Romanum”.

La fe católica no viene de progreso de estudios humanos, mudando la verdad en error y los errores en verdades. La fe católica no viene de “cuatro siglos”. El credo católico es el mismo en Occidente y en Oriente. La fe católica no viene del “deseo de muchos”; no viene“de las mentes y ánimos de los fieles”. Todo eso es herejía (3074; 3070; 3043).

5. Las Doctrinas humanas

El nuevo rito viene de la “nueva composición” del Misal, con “nue­vas normas”, acerca de la función de los participantes, objetos y lugares, dice el Sr. Montini.
Está clara ahí la obra humana colocada en el lugar de la divina; la doctrina nueva, contra la doctrina de la fe universal, perenne; las “nuevas normas”, de la libertad e igualdad religiosa; la colocación de los “par­ticipantes” humanos como “concelebrantes de un acto humano, popular, de personas entre si. Eso es herejía (D.S. 3070; 3020); no es la Santa Misa católica.
Dice: El Canon inmutable, dio lugar a Oraciones eucarísticas “ahora compuestas por primera vez”, para “mayor claridad” y por “razones pastorales”. La acción sacrificial se torna en “narración” del acto pasado. A  la forma divina del Sacrificio fueron agregadas el mandato de “tomar  y comer”, o “beber”. Y fueron quitadas las palabras “misterio de la fe”, colocadas fuera de las palabras divinas, y a las que per­sonas humanas colocaron como introducción de aclamaciones humanas.

Desapareció ahí la esencia de la Misa- la “acción” sacrificial divina por medio del sacerdote-  y se colocó una mera “narrativa” humana del acto pasado. Se destruyó  la obra divina, la esencia de la Misa. El senti­do es totalmente diverso. La “mayor claridad” es pretexto fraudulento; “razones pastorales” no mudan el credo. La forma divina del Sacrificio fue mudada por agregados y substraídos. Se acrecentó lo que no pertenecía a la forma sacramental  y se retiró lo que pertenecía a la forma sacramental. La doctrina del Concilio de Florencia enseña que con las mudanzas de sentido: “no se realiza el Sacramento” (D.S.1313).
Dice: “El Ordinario de la Misa “fue simplificado”. Se retiraron las “cosas menos útiles”,  tanto porque no  hay ya “rito de la oblación”, como en la fracción del pan y en la comunión”.

He aquí la naturaleza pervertida de esa “simplificación” de la fe, de la obra divina, mudándose el sentido del dogma, como si fuera cosa de mera “utilidad” en el obrar y no verdades en el creer. Lutero quiso alejar el sentido de “oblación” de la Misa y el Vaticano II lo sigue. De ahí se sigue la total mudanza de la fe mudando el Sacrificio en “Cena”; el altar en mesa; la presencia real en lectura; la transubstanciación en algo que no se realiza. Fue destruida totalmente la fe definida en Trento.

 Dice: “Fueron agregadas “nuevas normas” a las “normas pri­mitivas desaparecidas con el tiempo”: homilía, oración de los fieles; rito de reconciliación con Dios y con los hermanos”.
Nadie puede agregar “nuevas normas” a la sustancia de la fe divina; ellas nunca desaparecerán en la Iglesia: la Misa no es mera instrucción, homilía, “mesa de la palabra”, [convertida] en “mesa” de la narración presidencial. La misa no se realiza por las “oraciones de los fieles” como si fueran concelebrantes activos en la realización de aquello que es el Santo Sacrificio. El Sacramento de la Penitencia no es “reconciliación” por mero acto humano, no sacramental; ni es “reconciliación con los her­manos”, como si fuera lo mismo, con cualquier fe, una opuesta a la otra.

Dice: El Vaticano II ordenó leer la Biblia en la misa para instruir el pueblo; actuando  el proceso continuo del ministerio de la salvación, por las palabras más significativas de la Biblia, de la revelación de Dios, para estimular el hambre de la palabra de Dios; para perfección de la unidad de la Iglesia; para nueva ordenación de la Misa. La Biblia es fuente perenne de la vida espiritual; tiene valor incomparable en la doctrina y formación teológica, fue escrito.
La santa Misa no es lectura de la Biblia. La Biblia no es la úni­ca fuente de la Revelación. Su interpretación no es individual y libre. Su doctrina no es humana y evolutiva. El credo católico no tiene “proceso continuo” de evolución. La unidad de la Iglesia en la fe no es ecuménica, como cualquier fe. El pueblo fiel no es el infiel. El Espíritu Santo no predica iba “doctrina nueva”. La Revelación divina no viene de la mente de los hombres. Las herejías no tienen “valor incomparable” en la Iglesia. La Tradición y el Magisterio de la Sede de Pedro son inmutables y tienen autoridad divina.
He ahí el acervo de las herejías de Lutero ahí insinuadas.
 

Dice: Fueron hechas otras mudanzas considerables “para cor­responder con las cosas nuevas y las nuevas necesidades de los tiempos.” Son antiguos textos de la fe, para“entendimiento mas fácil” en razón de la oportunidad.

Ahí está claro el Agnosticismo, el Relativismo, el Evolucionismo de la verdad según los tiempos. Las “nuevas doctrinas” son las perversiones de la fe por  “textos de antiguos” herejes. Se aleja la fe universal, común a todos, clérigos y legos, inmutable, no libre, divina y no humana.

11. Coacción exterior contra los fieles
El Sr. Montini quiere “nunc cogere et efficere” con las nuevas doctrinas de los ateos y herejes. Rechaza la “coacción exterior” contra los malos, que es herejía (D.S. 2605), y quiere la coacción exterior contra los fieles. Quiere compararse a San Pio V que mantuvo la unidad de fe, pero él quiere  imponer la “evolución de la verdad” con “variaciones y adaptaciones”, según el arbitrio de los herejes. La herejía quiere ocupar el lugar de la fe; Lucifer el lugar de Cristo.
La Constitución Apostólica “Missale Romanum” es una per­vertida obra herética de los enemigos de la Iglesia Católica. Su perversión en la Liturgia se suma a la perversión en las doctrinas del Vaticano II. La disimulación y audacia es más grande. Las doctrinas de Lutero ahí están claras. La libertad religiosa de los ateos, de los masones, mató a 600,000 católicos en la Revolución Francesa y ahora está mandada a todos los católicos. La certeza de la“gran apostasía” ahí está. La “abominación de la desolación en el lugar Santo” ahí está. La supresión del “Sacrificio perenne” ahí está (Dan. XII, 11).

Ante tan gran perversión es espantoso que “eclesiásticos” que se dicen “católicos” y hasta “tradicionalistas” quieran validar el poder nulo de jurisdicción de los “papas” del Vaticano II. Algunos aparentan rechazar la “misa nueva”, totalmente nula y herética, mientras validan al “papa” herético totalmente nulo. Tales “tradicionalistas” “no aceptan”el credo católico, sino en los puntos arbitrariamente escogidos por ellos. Tienen “unión”con los herejes. “Simulan piedad, renegando la virtud de la piedad”, dice Inocencio III con San  Pablo (2 Tim. II,5).
Traducción R.P. Manuel Martínez Hernández.

Fundación San Vicente Ferrer

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