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MONS. CASTRO MAYER : LA IGLESIA DEL HERÉTICO VATICANO II NO ES LA IGLESIA DE JESUCRISTO


Monseñor Castro Mayer: “. La Iglesia, que formal y completamente se adhiere al Vaticano II no es, ni puede ser, la Iglesia de Jesucristo.”

 

 Recorrido atormentado de la hipótesis tabú sobre el Papa hereje
EDITORIAL DEL VIERNES
de Arai Daniele
Con mucho gusto puedo informar de la publicación del libro “TEORÍA TEOLÓGICA  DE UN PAPA HEREJE” (Edizioni Solfanelli, 2016) del académico brasileño Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira, que es una traducción italiana de la 1ª parte de un trabajo, supervisado por Su Exc. Mons. Antonio de Castro Mayer. 
Este estudio ocupa un lugar importante en la historia de la Iglesia de nuestro tiempo por la importancia de la materia en su momento (1970), no sólo por su posición aislada y contracorriente, sino  sobre todo, por la parte esencial desempeñada por el preclaro obispo de Campos de ilustre memoria, Antonio de Castro Mayer.
Por la filial amistad que me unió al ilustre prelado, así como por la amistad con el autor, he podido añadir información importante sobre el tema. Fue publicada en parte en su momento por el quincenal “sí sí no no”, el 30 de Junio de 1983.
En realidad,  esta obra fue escrita por el mismo Mons Castro Mayer a  “cuatro manos”. Arnaldo había ido a la oficina episcopal de Campos, donde redactó el manuscrito, supervisado por el Arzobispo que después quiso poner por escrito que su propiedad era del dr. Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira, miembro de la PTF.
A continuación traigo lo publicado en SI SI, NO NO que afecta no sólo al trabajo – enviado en 1970 a todos los obispos de Brasil -, sino a lo enviado en 1974, junto con otros  dos trabajos,  a Pablo VI,  que nunca respondió a las graves cuestiones de fe contenidas en ellos. 
En enero de 1974 su Exc. Mons. Antonio de Castro Mayer, entonces obispo de Campos (Brasil), envió a Pablo VI, la carta que sigue y que ahora damos a conocer. 
Hubo tres estudios adjuntos  como el publicado en el quincenal ( SI SI NO NO) , sobre la libertad religiosa.
“Es una documentación de constatable actualidad y de gran interés, para el propósito de comprender mejor un pontificado, cuyas desastrosas consecuencias  todavía afectan amargamente a la Iglesia.  Basta con leer unas pocas líneas para comprender que los escritos de Mons. De Castro Mayer no tienen nada en común con las arengas emotivas o con las protestas habituales: Monseñor Casto es un sucesor de los Apóstoles, consciente de su responsabilidad que se dirige al sucesor de Pedro para ofrecer serias objeciones basadas en argumentos incontestables. Se nota que la devoción al Santo Padre casi le hace temblar, pero no le impidió exponer con serena firmeza su voto particular acerca de los actos papales que socavaban las mismas raíces de la fe católica, apostólica, romana.
La carta del Excmo Castro Mayer nunca tuvo otra respuesta que la  transmitida el  22 de marzo de 1974, por el Nuncio Apostólico Carmine Rocco:  “Las cartas de 25 de enero dirigidas al Eminentísimo Cardenal Baggio y a SS Pablo VI, junto con. los estudios realizados por su excelencia, fueron entregadas a los destinatarios. “.
 Sobre el contenido de los estudios hubo un silencio impenetrable: de este modo tan simple la Autoridad caída,  creía que se podía resolver un problema tan quemante. Ni la gravedad de las objeciones doctrinales ni la ansiedad de un obispo obligado a disentir del Papa para permanecer fiel a Cristo, a la Iglesia, a las almas, pudo hacer que  Pablo VI rasgara la máscara tras la cual le gustaba ocultar su verdadero rostro.
Sin embargo, la carta a Mons. Antonio de Castro Mayer había sido hecha con lo ordenado en nombre del Santo Padre, de expresar libremente las razones de su desacuerdo. En realidad Pablo VI (o quien sea) quería sólo constatar hasta dónde podría entonces llegar la resistencia del obispo de Campos. Ya en los años setenta, cuando Monseñor había hecho  un riguroso análisis teológico sobre la posibilidad de un papa herético y sobre el nuevo  Ordo misa, la Secretaría de Estado del Cardenal Jean Villot y el cardenal. Sebastiano Baggio había intervenido personalmente, no para aclarar cuestiones doctrinales sino para impresionar al Obispo discrepante con “recomendaciones que debía imponerse de contenerse y obrar con discreción.”
Ahora bien, en la carta que acompaña a los tres estudios, Mons. A. De Castro Mayer aseguró su “moderación” y expresó su intención de no revelar su voto particular. Eso fue suficiente para el Papa Montini y los montinianos. Todo lo demás: la integridad de la fe, la fidelidad a la Tradición católica, el sufrimiento de todos los que, como Mons.Castro Mayer, se sentían desgarrados entre la obediencia a la Iglesia y la obediencia no debida  pero exigida a una deriva eclesial en ruptura con el camino a la fe y la tradición inmutable de la Iglesia, todo esto era de poco interés a quien se había puesto a sí mismo en lugar de Dios.
Y así jugaron con la simplicidad, la devoción y la confianza de un obispo, que aún no había medido la profundidad del abismo en el que parecía precipitarse la autoridad suprema de la Iglesia. Sólo los años y la evidencia de los hechos le convencieron de  que, en tiempos como estos, el silencio de los que tienen la responsabilidad de las almas es una omisión culpable y la obediencia incondicional es una deplorable complicidad.
Sigue el documento del Obispo A. De Castro Mayer a Pablo VI
Santísimo Padre, con respeto postrado a los pies de Su Santidad, pido disculpas por someter a su consideración los estudios adjuntos a esta carta.
El envío de estos estudios, y en obediencia a las órdenes de Su Santidad, por carta de los eminéntísimos cardenal  Sebastiano Bacci y cardenal Vicente Scherer, de las que este último me ha puesto al corriente de viva voz, durante nuestra reunión en Río de Janeiro en el 24 de septiembre.
En octubre pasado, tuve el honor de dirigirme a Su Santidad para expresarle mi respeto filial a dichas órdenes. En ellas se decía que, en el caso de que ‘en conciencia, yo no estuviera de acuerdo con las acciones del magisterio ordinario de la Iglesia “,” manifestase libremente a la Santa Sede, “mi opinión. Y esto es lo que hago, con todo el respeto que se debe al Augusto Vicario de Jesucristo, por medio de  la entrega a Su Santidad de los tres estudios adjuntos.

Con lo que – como Su Santidad se dignó señalar – esto que hago es un acto de obediencia a su venerable determinación. Las evaluaciones de los hechos las he concebido en la reflexión y oración. No es mi intención hacerlos públicos, porque estoy seguro de que mi reserva será agradable a Su Santidad.
Santo Padre, la obediencia me obliga ahora a comunicar a Su Santidad lo que pienso que tal vez le causará aflicción. Lo hago, sin embargo, con tranquilidad de ánimo, porque estoy en el camino de la sinceridad y de la obediencia en la que cuento permanecer con la gracia de Dios. Pero si tengo la conciencia tranquila, al mismo tiempo, mi corazón está triste.
De hecho, toda mi vida como sacerdote y obispo estuvo marcada por el compromiso de estar dentro de mi campo de acción limitado, por mi devoción sin restricciones y mi obediencia sin reservas, para con los diversos Papas bajo cuya autoridad he servido sucesivamente. En lugar de eso, en la situación actual, la devoción y la obediencia me llevan a llorar ante Su Santidad …
Imploro la compasión de Su Santidad para con la obediencia de este obispo ahora septuagenario que vive en este momento el episodio más dramático de su existencia. Y pido a Su Santidad al menos una partícula de esa comprensión y buena voluntad que Su Santidad ha demostrado muchas veces, no sólo con aquéllos que son cercanos, sino también con desconocidos, e incluso con los enemigos del único rebaño del único Pastor.
A través de los años ha tomado forma en mi mente la creencia de que los actos oficiales de Su Santidad no tienen esa armonía, que con todo mi  “alma quisiera  ver, con los actos de los Papas que le han precedido.
No se trata de actos claramente garantizados por el carisma de la infalibilidad. Por lo tanto, no se sacude en nada mi creencia y mi mi fe sin reservas en las definiciones [sobre la infalibilidad] del Vaticano I. Con miedo de abusar del tiempo precioso del Vicario de Cristo, con consideraciones más extensas me limito a presentar a la atención de Su Santidad tres estudios: -1 sobre los  “Adveniens Octogesima”;  -2 respecto a la libertad religiosa; – 3 sobre el Novus   “Ordo”  (de este último el autor es el abogado Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira, cuyos pensamientos respaldo).
Será superfluo añadir que en este momento, como siempre en mi vida, voy a llevarlo a la realización, en toda la medida ordenada por las leyes de la Iglesia, el sagrado deber de obediencia. Y en este espíritu, el corazón ardiente y devoto de este hijo del Papa y de la Santa Iglesia,  espera recibir alguna palabra de Su Santidad en este tema. En forma especial suplico a su Santidad quiera comunicarme: a) si encuentra cualquier error en la doctrina expuesta en los tres estudios anexos; b) si ve que la posición adoptada en estos diversos estudios sobre los documentos del Magisterio Supremo en algo no está de acuerdo con la reverencia que se le debe a ellos como Obispo.
Alegando que Su Santidad quiere a mí y a mi diócesis conceder el valioso beneficio de la Bendición Apostólica,su hijo humilde y obediente de Su Santidad
+ Obispo Antonio de Castro Mayer, de Campos
* * *
Entonces, se jugó con la devoción y la confianza del Obispo hacia la figura del Santo Padre, pues todavía él no había medido la sima abierta en nombre de la autoridad suprema de la Iglesia. Pero en los años siguientes, la evidencia de los hechos contrarios a la fe, lo convencieron de que su responsabilidad requería un fuerte testimonio contra este ataque y que el silencio con la excusa de la obediencia sería de una complicidad lamentable.
Es decir, más tarde, de nuevo en el curso de la creciente fuerza de este valiente prelado, iniciado por la muy grave sospecha de herejía de los que ocuparon la sede de Pedro, a causa de la promoción de la “Novus Ordo” Misae de Pablo 6, estudiada  en “en otro parte  del estudio en cuestión. Fue publicado en el ínterin en francés bajo el título: “LA NOUVELLE MESSE DE PABLO VI: Qu’en penser?” (DPF, Chiré, 1975), en la que la hipótesis de un Papa hereje, sin embargo, estaba puesta en la segunda mitad.
Aquí debo añadir, sin embargo, que si la importancia de la obra estaba en el tiempo con el que planteó el problema crucial de las alteraciones aplicadas a la misa por el Papa Pablo 6, tampoco se ponen de acuerdo con el orden de los materiales y las conclusiones a que se llegó. De hecho, se sigue un orden de ideas que implica errores que se arrastran en asuntos de la Iglesia durante mucho tiempo. También esto de discutirán más adelante, por lo que sólo anticipo que los temas ya están definidos por bulas papales y el Derecho Canónico, y no debe formar parte de las hipótesis que aún no se han discutido. En este sentido, la obra en cuestión, a pesar de su erudición tradicional, puede inducir a errores graves.
Sin embargo lo cierto es que se publicó  en el momento histórico ominoso de la aparición de la “NOM” de Pablo VI,  y fue el primero en levantar el gravísimo problema, de tener en cuenta la herejía en un alto cargo. Intentaron hacerlo con argumentos grandes los teólogos de la Iglesia, pero se olvidaron de las leyes y las definiciones apostólicas sobre él; un viejo problema de orden administrativo, que hace favorecer a sus tesis e hipótesis en los problemas reales de la fe. Resultado de esta disminución religiosa: estamos en vísperas de la guerra mundial más monstruoso, en un mundo ahogado  por mentiras, la inmoralidad y delitos que  resultan de la acción de los más siniestros gobiernos de la historia, pero Roma no se queda atrás, y sigue estando, más de medio siglo después, ocupada por  “compañeros de merienda“, empleados en implementar una anticristiana y globalizada democracia. Ven, Señor Jesús!
Visto en Non Possumus
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