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INVALIDEZ DEL NUEVO ORDINAL CONCILIAR


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[Hemos visto este sintético artículo que resume lo que ha venido tratándose en el blog extensamente, y reflejado en los posts bajo la categoría “Ritos Conciliares”,  que pueden obtenerse pulsando la pestaña correspondiente en la parte superior.

La conclusión evidente y que no admite dudas o vacilaciones es que el ritual aprobado por el falso papa Pablo VI (lo sería sólo por la aprobación del ritual, aunque esto hubiera sido imposible en un verdadero papa. Hay que decir que esa aprobación no lo constituye en falso papa  sino que demuestra y corrobora que lo fue desde su falsa elección que no cumplió el requisito canónico de persona no herética), contradiciendo también la verdad teológica siempre profesada en la Iglesia; digo que el ritual aprobado el día 18-6-68 y que entró en vigor el 12-4 -69, es absolutamente inválido. Luego los actos sacerdotales de personas ordenadas por ese ritual son inválidos (No misa, no sacerdotes, no confesiones…) y los sacerdotes ordenados por obispos consagrados por ese ritual no son sacerdotes, por doble motivo, en absoluto sino presbíteros instalados, como los anglicanos o luteranos, para presidir la Asamblea o  “Cena del Señor”. Muchos me preguntan sobre esos extremos en mensajes recibidos. La respuesta que ahora les doy, y que lamento no haber podido darles antes,  es que cometen un grave pecado asistiendo a las Misas de esos sacerdotes por muy misas en latín o “tridentinas” que sean. Tanto más que se trata casi siempre de la misa indultada de 1962, y promulgada por el usurpador (como ha quedado demostrado en el blog) Roncalli/ Juan XXIII. Añadiré para responder a otras preguntas que tampoco se puede asistir a cualquier misa ofrecida “junto con” (una Cum) el impostor Francisco por ser algo ilícito. ( Lo mismo  se podría haber dicho de las misas   “una Cum” con cualquier papa conciliar desde Roncalli incluído). Uno puede ” asistir” desde su casa unido espiritualmente a cualquier misa válida y lícita que se tenga en esa hora en algún lugar (siguiendo con un misal pre/conciliar, lo que ha sido una antigua devoción a la que se llamaba “Misa Seca”) o al sacrificio eterno del Calvario o al que  Nuestro Señor ofrece continuamente en el cielo. Los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia pueden recibirse con mucho fruto espiritual (el llamado ex-opere operantis)  “deseándolos” vivamente. Otras devociones como el Rosario (a poder ser 15 misterios de rodillas) o el Oficio Divino (en el blog en la pestaña superior con su traducciòn) son muy recomendadas.

El siguiente artículo está tomado del blog  Sursum Corda. Me he permitido  corregir algunas erratas tipográficas, alguna de las cuales cambian enteramente el supuesto sentido de la sentencia gramatical.]

Invalidez del nuevo rito de ordenación sacerdotal

Republicamos aquí el sintético y muy interesante artículo del Prof. Gustavo Corbi, que fue tomado del sitio de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia.

I. Breve RECORDATORIO de Teología SACRAMENTAL

1. MATERIA-FORMA

Los sacramentos de la Nueva Ley constan esencialmente de cosas sensibles como materia y de PALABRAS COMO FORMA. (sentencia de fide, indirectamente definida) (cfr. Royo Marín: Teología Moral, II, p. 19)

2. Requisitos por parte del MINISTRO para la VALIDEZ de un SACRAMENTO

1. Debida potestad. 2. Intención. 3. Atención externa. 4. Aplicación de la DEBIDA FORMA a la debida materia: “Es una de las MÁS ESENCIALES CONDICIONES para la VALIDEZ, de suerte que, si se MODIFICA o falsea substancialmente la FORMA o la MATERIA, el sacramento es NULO o INVÁLIDO” (ib., p. 56).

3. DEFECTOS

Ergo, en la administración de un sacramento puede haber defectos de forma; de intención; de materia. Así, por ej., en las ordenaciones anglicanas, había “defectus formae et intentionis”.

4. SACRAMENTO INVÁLIDO

“El sacramento es NULO si no se ponen la materia y forma esenciales en la unidad del signo sacramental. CUALQUIER CAMBIO ESENCIAL HACE INVÁLIDO EL SACRAMENTO” (“Quaecumque mutatio essentialis, sacramentum invalidum reddit”) DAFFARA, OP; “De Sacramentiis”, Merietti, 1944, p. 108.

5. “REORDENACIÓN”

– A los convertidos de la herejía se los “reordena” porque no se había cumplido la FORMA del sacramento, i.e., la “ordenación” había sido INVÁLIDA. Ergo stricto sensu, no es “reordenación”, sino simpliciter ordenación, (cfr. DAFFARA, o.c., p. l08).

6 .”ECCLESIA SUPPLET”

El canon 209 es bien explícito y limitativo: en determinados casos (el canon indica dos, que en realidad son tres), “la Iglesia suple… LA JURISDICCIÓN”, i.e., el poder de Jurisdicción. Pero nunca puede “suplir” el poder de ORDEN. Si alguien “bautiza” usando como “forma”: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo”, el bautismo es INVÁLIDO. Ningún poder en la tierra ni la Iglesia puede hacer “válido” lo que PER SE, i.e., DE SUYO, es inválido.

II. LA DEFINICIÓN INFALIBLE DE PÍO XII

1. Documento DEFINITIVO E INFALIBLE

La Constitutio Apostólica “Sacramentum Ordinis” [vease en este blog] (30-11-47) de Pío XII debe ser considerada como un documento DEFINITIVO e INFALIBLE sobre la materia y forma de las ordenaciones (episcopal; sacerdotal; diaconal). (cfr. SIEBEL: “Katechismus des Oratoriums”, p. 339).

2. Palabras ESENCIALES de la FORMA

“‘Por nuestra misma SUPREMA AUTORIDAD APOSTÓLICA DECRETAMOS Y CONSTITUIMOS lo siguiente: (…) En la ordenación presbiteral la materia es (…). La FORMA consta de las palabras del “Prefacio”, de les cuales son ESENCIALES y por lo tanto, REQUERIDAS PARA LA VALIDEZ, las siguientes:(…) PARA QUE… (= UT)” (“Sacramentum Ordinis”, n° 5. D. 2301; D.S. 3860).

III. LA INVALIDEZ   DE LOS NUEVOS RITOS (obispo; sacerdote; diácono)

1. YA DEFINIDO:

Incluso suponiendo que Pablo VI haya sido papa, NO TENÍA DERECHO a modificar una materia ya definida definitiva e infaliblemente por Pío XII.

2. EL PRIMERO;

Éste fue el primer “rito reformado” por la secta conciliar: el 18-6-68 en vigor desde el 12-4-69. La “ecumanía” exigía antes que nada suprimir en adelante los sacerdotes y poner sólo “pastores”.

3.SIMULTANEO con el N.O.M.

El nuevo “rito” fue inmediatamente contemporáneo con el N.O.M. [Novus Ordo Misae]: creaba los “pastores” para la “synaxis” o Cena protestante…

4. SUPRESIÓN DEL “UT”

En la forma del rito sólo se toco UNA PALABRA: se suprimió el “UT”=PARA QUE. Se destruyó así la relación causal entre la nueva infusión del Espíritu Santo y la obtención del oficio de sacerdote.

5. SUPRESIÓN DEL SACRIFICIO

En todo el nuevo rito no hay ninguna mención explícita del SACRIFICIO PROPICIATORIO.

6. “SIGNIFICATIO EX ADIUNCTIS” (=Significación por el contexto)

Es decir: además de la supresión del “ut” causal, toda la SIGNIFICATIO EX ADIUNCTIS [el resto del rito fuera de las palabras esenviales] está dando un sentido distinto a la palabra “sacerdote”: ya no es un “sacrificador” del sacrificio de la Nueva Alianza; no es mas que un “pastoreador” del pueblo de Dios.

7. ORDENACIONES ANGLICANAS

.En razón de su similitud, la argumentación sobre la invalidez del rito “montiniano” se basa en la usada por la DEFINICIÓN INFALIBLE de LEÓN XIII sobre la invalidez de las ordenaciones anglicanas (“Apostolicae Curae”.1896). [Vease en el blog] (D. 1963-1966).

Ergo,si el “rito montiniano” es válido, también lo es el rito anglicano de 1662. Pero si la “Apostolicae  Curae” tiene razón, el nuevo rito es INVÁLIDO.

8. ARGUMENTO DE AUTORIDAD

Los teólogos católicos -de la Iglesia Católica con sedevacancia- que han estudiado el nuevo rito sostienen UNANIMITER su invalidez: Daly; Siebel; Egregyi; Zins, etc.

Conclusión

Por un defecto ESENCIAL de FORMA y de INTENCIÓN, similar al de las “ordenaciones anglicanas”. Los “SACERDOTES ordenados” desde el 4- 12 -69 con el nuevo “rito montiniano” no son  “sacerdotes”

 

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8 replies »

  1. Soy católico de posición sedevacantista, y considero excelente la información que puede encontrarse en este blog, en concreto la parte que trata sobre la infalibilidad. Sin embargo, no concuerdo con el análisis que suele hacerse en relación con la validez de las órdenes conciliares.

    Se suele argumentar que las razones esgrimidas por León XIII en la Bula “Apostolicae curae”, donde el Papa se pronuncia sobre la invalidez de las órdenes anglicanas, son aplicables al rito de consagración episcopal de Montini-Pablo VI. Es decir, las órdenes conciliares serían inválidas teniendo en cuenta lo definido infaliblemente por León XIII.

    La razón principal que León XIII adujo para invalidar las órdenes anglicanas, fue que estos herejes modificaron la forma del sacramento, introduciendo ótra que no significaba adecuadamente la gracia sacramental del orden. Sin embargo, hay que notar que León XIII se está refiriendo a la liturgia que usaban los anglicanos en los primeros tiempos de su ruptura con Roma, y no a los ritos que más tarde ellos reformaron para tratar de solucionar los problemas de validez. Sobre estos últimos ritos, León XIII no se pronuncia, dando a entender que existe la posibilidad de que sean válidos. Estos ritos son los que guardan similitud con los ritos del Vaticano II, y sobre los cuales León XIII sugiere que pueden ser válidos. Esto es lo que dice la Bula “Apostolicae curae”:

    “25. Ahora bien, las palabras que hasta época reciente era comúnmente tenidas por los Anglicanos como la forma apropiada para constituir la ordenación sacerdotal, a saber: “Recibe el Espíritu Santo”, ciertamente no expresan en lo más mínimo la sagrada Orden del Sacerdocio (sacerdotium) o su gracia y poder, que es principalmente el poder “de consagrar y de ofrecer el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor (Concilio de Trento, Sess. XXIII, de Sacr. Ord., Canon 1) en ese sacrificio que no es “mera commoración del sacrificio ofrecido en la Cruz” ( Ibid, Sess XXIII., de Sacrif. Missae, Canon 3).

    26. Esta forma había sido, de hecho, aumentada con las palabras “para el oficio y trabajo de sacerdote, etc.”; pero esto más bien muestra que los Anglicanos mismos percibían que la primera forma era defectuosa e inadecuada. Mas esta añadidura, si acaso hubiera podido dar a la forma su debida significación, fue introducida demasiado tarde, pasado ya un siglo desde la adopción del Ordinal Eduardiano, cuando, consiguientemente, extinguida la jerarquía, no había potestad alguna de ordenar.”

    Es decir, las órdenes anglicanas son inválidas principalmente por los ritos usados al principio, que consiguieron extinguir totalmente la jerarquía, y con ella, el poder de transmitir la gracia sacramental. Pero no son inválidas por los ritos reformados que los anglicanos usaron después. Sobre éstos León XIII da a entender que pueden ser válidos. Éstos últimos son los ritos que guardan parecido con los ritos conciliares de Montini.

    La Enciclopedia Católica argumenta de esta forma al referirse a las órdenes anglicanas. Esto es lo que dice:

    “Durante el cisma de Enrique VIII (1534-47) en los tres primeros años de su sucesor Eduardo VI, todas las órdenes se confirieron según el Ritual romano y con la debida intención, ya que aún se conservaba fielmente la doctrina de la Iglesia católica; consiguientemente todas aquellas ordenaciones fueron consideradas como válidas.

    Por el contrario, en el año 1550 entró en vigor el Book of Common Prayer (Libro de oración pública) de Eduardo VI. En éste, el Ritual romano era sustituido por el Ordinal Eduardino, que tanto en la ordenación de los sacerdotes como en la consagración de los obispos omitía la especificación de la potestad conferida. Se cometía por lo tanto un error sustancial de forma.

    (…) Conforme al ordinal eduardino y consiguientemente con los dos defectos sustanciales indicados fueron conferidas en la Iglesia Anglicana todas las órdenes tanto sacerdotales como episcopales hasta el año 1662. En esta fecha los dirigentes de la Iglesia Anglicana, conscientes de la indeterminación de la fórmula de consagración, trataron de corregirla, añadiendo la expresión del oficio respectivo de sacerdote o de obispo. Pero esta corrección, dado que confiriese a la fórmula la significación conveniente, vino demasiado tarde cuando, transcurrido un siglo largo en el uso de la fórmula inválida, se había ya extinguido ciertamente la jerarquía y con ella la potestad de ordenar.”

    (Enciclopedia Católica; voz “Ordenación Anglicana: Origen de la invalidez”. Fuente: http://ec.aciprensa.com/wiki/Ordenaci%C3%B3n_Anglicana:_Origen_de_la_invalidez)

    Continúa la Enciclopedia Católica:

    “El clero anglicano es pues creación de este ritual de ordenación y la validez de sus órdenes depende principalmente de su suficiencia -es decir, de la suficiencia en su forma más antigua, pues si faltara, la sucesión Apostólica habría faltado mucho antes de 1662 [año en que reformaron el rito], y no podría resucitarse por las añadiduras hechas. Fue sobre la consideración del carácter del rito eduardino que la Santa Sede basó su decreto definitivo de 1896 [la Bula “Apostolicae curae” de León XIII].”

    (Enciclopedia Católica; voz “Órdenes anglicanas”. Fuente: http://ec.aciprensa.com/wiki/%C3%93rdenes_anglicanas)

    La Bula “Apostolicae curae” de León XIII se aplica a los ritos anglicanos anteriores a la reforma de 1662. Por tanto, no puede utilizarse esta Bula para invalidar definitivamente las órdenes del Vaticano II. Los ritos conciliares guardan parecido con los anglicanos utilizados a partir de 1662, no con los anteriores. La Bula de León XIII no condena específicamente estos ritos reformados, sino que sólo es aplicable a los ritos anteriores.

    Hay autores tradicionalistas que defienden la validez del rito de consagración de 1968, basándose en el contexto general que proporcionan las oraciones de dicho rito. Esto es lo que dice uno de ellos:

    “Por lo que hace al Sacramento del Orden, cumple estudiar sobremanera el rito de la Consagración episcopal publicado en 1968, pues en la ordenación presbiteral y diaconal no hay duda sobre la validez, habiéndose conservado substancialmente las fórmulas tradicionales, al menos por lo que toca a la substancia del Sacramento. Ello es que en cuanto al episcopado recibido según dicho ritual, ha habido no pocas controversias, llegando algunos a negar con toda seguridad la validez del Sacramento.

    (…) Fue error de Pablo VI el haber desterrado la Oración de Consagración que se encontraba en el Pontificale Romanum y que, a poco que hubiera estudiado el asunto, hubiera visto que se encuentra ya en los más antiguos testigos de la Liturgia romana, señaladamente en los Sacramentarios Gelasiano y Gregoriano, para dar preferencia a la que se encontraba en la llamada Tradición Apostólica de Hipólito, de la que no se sabe si alguna vez estuvo de hecho en uso en Roma. Y lo que les ha llevado a error a quienes niegan la validez del nuevo rito ha sido la inexactitud que contiene la Constitución Apostólica Pontificalis Romani Recognitio de Pablo VI, que afirma que las palabras sustanciales para conferir el episcopado son las siguientes:

    Et nunc effunde super hunc electum eam virtutem, quae a te est, Spiritum principalem, quem dedisti dilecto Filio tuo Iesu Christo, quem ipse donavit sanctis Apostolis, qui constituerunt Ecclesiam per singula loca ut sanctuarium tuum, in gloriam et laudem indeficientem nominis tui.

    Que en la traducción oficial castellana reza así:

    ‘Infunde ahora sobre este tu elegido la fuerza que de ti procede: el Espíritu de gobierno que diste a tu amado Hijo Jesucristo, y él, a su vez, comunicó a los santos Apóstoles, quienes establecieron la Iglesia como santuario tuyo en cada lugar para gloria y alabanza incesante de tu nombre.’

    No voy a hacer un detallado estudio de esta fórmula, reconociendo que, si se administrara el episcopado pronunciando sólo esas palabras, la validez me parecería, cuando menos, dudosa, pues no se refiere con toda exactitud ni claridad a la colación de ese Orden. Pero como el Señor Jesucristo no puede permitir que la Iglesia de Dios quede sin Obispos, si miramos las palabras que siguen en la Oración de Consagración a la fórmula aludida, encontraremos lo siguiente:

    Da, cordium cognitor Pater, huic servo tuo, quem elegisti ad Episcopatum, ut pascat gregem sanctum tuum, et summum sacerdotium tibi exhibeat sine reprehensione, serviens tibi nocte et die, ut incessanter vultum tuum propitium reddat et offerat dona sanctae Ecclesiae tuae; da ut virtute Spiritus summi sacerdotii habeat potestatem dimittendi peccata secundum mandatum suum; ut distribuat munera secundum praeceptum tuum et solvat omne vinculum secundum potestatem quam dedisti Apostolis.

    Que en castellano reza así:

    ‘Padre santo, tú que conoces los corazones, concede a este servidor tuyo, a quien elegiste para el episcopado, que sea un buen pastor de tu santa grey y ejercite ante ti el sumo sacerdocio sirviéndote sin tacha día y noche; que atraiga tu favor sobre tu pueblo y ofrezca los dones de tu santa Iglesia; que por la fuerza del Espíritu, que recibe como sumo sacerdote y según tu mandato, tenga el poder de perdonar pecados; que distribuya los ministerios y los oficios según tu voluntad, y desate todo vínculo conforme al poder que diste a los Apóstoles.’

    Quien no vea en esa fórmula una oración absolutamente clara y válida para conferir el episcopado, es que no tiene idea alguna de Teología sacramental, pues con toda claridad se especifica la colación del sumo sacerdocio que el elegido recibe por la fuerza del Espíritu Santo y por el mandato de Dios Padre, y el poder de desatar todo vínculo conforme al poder dado a los Apóstoles. Se objetará que esto se hace en forma de deprecación y no imperativa, y respondo diciendo que, en ese caso, también sería inválida la ordenación presbiteral, cuya forma substancial es también deprecativa.

    Se objetará también que Pablo VI señala como forma substancial las palabras anteriores y no éstas, respondo diciendo que en el Rito publicado por él y tal como de hecho se practica se ve bien claro que es toda la Oración de Consagración la que consagra al Obispo, que toda ella se recita en la misma posición por parte del Obispo consagrante y con la intención de consagrar un Obispo, como queda claro por la postura que adopta el elegido, que está arrodillado durante toda la oración y con el libro de los Evangelios impuesto sobre sus espaldas también durante toda ella. Si las palabras que Pablo VI señala fueran insuficientes para conferir el episcopado, las que siguen y forman parte de la Oración son tan claras que sólo la ignorancia o la mala fe pueden llevar a dudar y mucho menos a negar la validez. Esto es tan verdad que Tanquerey, autor el más seguro que se pueda encontrar, al tratar en una de sus obras sobre el Sacramento del Orden, y en particular del Episcopado, trae como ejemplo de oración válida para consagrar un Obispo unas palabras tomadas de las Constituciones Apostólicas que copian casi a la letra las que acabo de señalar. Y por ello y por todo lo dicho afirmo, sin sombra alguna de duda, que la Oración de Consagración de Obispos que se contiene en el ritual publicado por Pablo VI en 1968 es a todas luces válida para conferir el Episcopado.”

    ————————-

    El autor de ese escrito, desgraciadamente, no es sedevacantista. Sin embargo, creo que el análisis que hace es acertado.

    Aunque no sea un argumento científicamente válido, mi experiencia personal me dice que los obispos del Vaticano II son verdaderos obispos. Yo recibí el sacramento de la confirmación de manos de un obispo consagrado por medio del nuevo rito. Puedo decir sin dudar que experimenté sensiblemente la gracia de este sacramento: a partir de entonces perdí cierta vergüenza que tenía al hablar públicamente de la fe, y recibí fuerza y luces para defenderla en la medida de mis pocas capacidades.

    Creo que es un error exponer el tema de la invalidez de las órdenes conciliares. A todos aquellos que han recibido los sacramentos de la Iglesia del Vaticano II, este tema puede llevarles a pensar que su vida de fe y de oración ha sido una farsa, y que han vivido engañados sin conocer verdaderamente a Dios.

    Personalmente este enfoque de las órdenes hizo que yo tardara en abrazar el sedevacantismo. Y seguramente esto les ocurre a muchos otros. Es una pena que este tema de la invalidez de las órdenes -que considero equivocado-, distancie a los buenos católicos de conocer la verdad de lo que está ocurriendo en la Iglesia. Verdad que sólo se halla plenamente en el sedevacantismo.

    Lamento no estar de acuerdo en este punto con este blog, al cual le debo mucho por haberme ayudado enormemente a encontrar la verdad.

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    • Montini llegó a decir que la consagración episcopal usaba la misma fórmula que la consagración de los patriarcas. Pero los patriarcas no son consagrados obispos como mintió Montini, sino se requiere que hayan sido obispos antes. Esto demuestra que mintió y logró diciendo que la consagración episcopal había sido usada en la Iglesia, introducir una consagración falsa-.
      Lea todo el estudio de Rore Sanctifica que deja claro que la consagración episcopal es inválida. Sobre la de los sacerdotes hay que decir que por lo memos es dudosa. Pero los sacramentos con la más mínima duda es obligatorio rechazarlos.
      Su experiencia personal no vale nada pues puede haber recibido gracia sólo por el deseo.
      Es absurdo que ud. se ponga a demostrar la falsedad de su posición en un comentario pues hay muchos posts que la confirman y Ud. puede refutarlos dentro de ellos.
      Por otra parte de un papa como Montini que era falso papa desde su elección anticanónica por sus herejías precedentes, no intente Ud. decir que ha promulgado ritos válidos y lícitos.
      Su error está en el prejuicio de decir que “Dios no permitirá que su iglesia …” La institución romana no es la iglesia de Dios sino la ramera del Apocalipsis. Y los que la aceptan van a la perdición.
      Hay cuatro cosas inseparables:
      La elección falsa de los papas conciliares.
      El concilio herético que han promulgado y refrendado.
      Las herejías demostradas de los papas conciliares.
      Los ritos inválidos que han promulgado, como no podía ser menos, de Antipapas heréticos.
      Todo junto hace que la falsa iglesia no sea la iglesia fundada por Cristo. Los que reciben los sacramentos de ella o de sus falsos ministros no reciben más que la marca del Anticristo.
      Es duro todo esto pero es verdad y está avalado por muchas profecías. La última el secreto de Fátima que habla de la Apostasía de la iglesia conciliar.
      Su posición es inestable : Sedevacantista y al mismo tiempo cree en los ritos promulgados por Antipapas.
      Además su razonamiento respecto de el “ex adjunctis” sólo funcionaria en fórmulas dudosas.Pero la forma esencial de la consagración episcopal es claramente inválida.
      Ese fue el argumento de León XIII.
      Por último hay numerosos teólogos sedevacantistas que demuestran sin la menor duda la invalidez de los ritos conciliares. Concédales Ud. por lo menos la duda. Pero un sacramento dudoso no puede recibirse.
      Yo doy por cerrada esta discusión y en adelante no se permitirá a nadie poner en duda la invalidez de los ritos conciliares. Infalibilidad, sede vacante, ritos inválidos, herejías del concilio y de los Antipapas conciliares,Misa nueva ilícita, dudosa y casi cierto inválida… Todo ello constituye la Apostasía en la iglesia conciliar. El que niegue una sóla cosa de ellas, las debe negar todas. Y el que acepte la validez de una sola cosa de ellas debe aceptarlas todas.

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  2. Sr. Moimunan,

    Yo no doy legitimidad a los falsos papas ni a los ritos aprobados por ellos. El solo hecho de que esos ritos hayan sido aprobados por personas que no representan a la Iglesia, obliga a rechazarlos.

    Pero cuestión distinta es que esos ritos ilegítimos no puedan transmitir la gracia. León XIII y sus predecesores examinaron ritos ilegítimos confeccionados por herejes, porque existía la posibilidad de que pudieran ser válidos.

    (Si considera este comentario poco conveniente, no es necesario que lo publique).

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  3. Algo legítimo es lo que es conforme a la ley.
    Algo válido es lo que vale legalmente.
    Los Sacramentos para que sean válidos y legítimos deben estar sujetos o conformes a la Ley, pero como los Sacramentos fueron dados a la Iglesia por el Legislador divino, Jesucristo, para transmitir la Gracia, y depositados en la Iglesia para que los hombres pudieran salvarse, son de Derecho Divino y a tal punto que la legitimidad y la validez están sujetas invariablemente a tres condiciones: materia, forma e intención dentro de un Ritual establecido con Autoridad divina, lo cual sólo puede hacerlo la Iglesia Católica.
    Por tanto, en “ritos ilegítimos -es decir que no están sujetos a la Ley- confeccionados por herejes” de ninguna manera puede “existir la posibilidad de que puedan ser válidos”, porque los ritos no tienen origen en la voluntad humana sino en la Autoridad de la Iglesia que los promulga, al punto que sin tener la misma intención que tiene la Iglesia, dejan de ser válidos.
    Cambiando el Ritual Católico de cualquier Sacramento -aprobado, legítimo y válido- por incompetencia: es decir por herejes y apóstatas- nada cambia, es algo nuevo y distinto, por tanto no pueden producir lo que no significan.
    El caso del Bautismo por un hereje o judío y en caso de extrema necesidad, produce la Gracia porque la Iglesia suple habiéndolo realizado con la misma intención que lo hace la Iglesia, con la misma forma y materia. Dígase lo mismo del caso del Matrimonio, en el que los ministros del Sacramento son los cónyuges, y aún no habiendo sacerdote, hay matrimonio válido y legítimo, no obstante en preciso la regularización del mismo por un sacerdote católico, cuando lo haya, pues es el testigo calificado por la Iglesia.
    En los otros Sacramentos, cambiada la forma o la materia,por “autoridad” incompetente, se destruye la intención de la Iglesia que tuvo al promulgar los ritos adecuados para que los Sacramentos produzcan la Gracia inherente a ellos.
    La Ramera no tiene autoridad para cambiar nada, Sólo crea cosas nuevas, rituales nuevos, como “cisternas rotas que no pueden contener el agua viva que salta hasta la vida eterna”. Nadie da lo que no posee. Sus “canales” no llevan la Gracia porque no son conformes a la Ley Divina, y por tanto son inválidos.
    En última instancia, no comprendo la posibilidad de otorgarle poder a la Ramera. O es la Iglesia de Cristo o es un engendro humano incapaz de llegar a la eternidad. No es la Iglesia de Cristo, luego….

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  4. JUan VP:

    Se equivoca en sostener que León XIII sólo se refiere a los ritos eduardianos, y no a los pretendidamente corregidos con posterioridad.

    Aparece con evidencia por las expresiones que usa, dejando ver que incluso con las precisiones referentes a los oficios de presbítero u obispo, esos ritos eran nulos porque los dichos términos habían sido vaciados de su significación católica.

    Esto es lo que ya había motivado decisiones anteriores sobre el mismo asunto y el mismo Leon XIII lo recuerda, quejándose de que se le obligue a reexaminar una cuestión ya decidida mucho antes de sus tiempos.

    También se equivoca al afirmar que las formas del diaconado son indudables y no han sufrido alteraciones. El hecho cierto es que los ex adjunctis sí han sufrido notabilísimas alteraciones, que se reflejan en el sentido de la fórmula esencial.

    Y la fórmula del sacerdocio de segundo orden ha sido modificada, eliminando la consecución ut, es decir, la expresión de que el Espíritu Santo se da para conferir el sacerdocio.

    En cuanto a la fórmula que supuestamente expresaría adecuadamente el episcopado, y sería por tanto de uso válido, le recomendaría que revisara su teología sacramental, porque esa fórmula podría ser aceptada por un anglicano, y de hecho, como lo que precede, está tomada del rito sirio de entronización del Patriarca, y se refiere al poder de jurisdicción, no de Orden.

    En cuanto al espíritu del que habla, es dudosamente el Espíritu Santo, sino el espíritu del Sacerdocio. No ayuda a hacer válido lo que es inválido por la fórmula señalada por Pablo VI.

    En el próximo futuro tendrá ocasión de comprobar como los usurpadores subversivos conciliares han invalidado de propósito deliberado no sólo el Sacerdocio y la Santa Misa, sino otros sacramentos, como la Extrema Unción, y en ciertos casos hasta el Bautismo.

    No se fíe de sus experiencias personales, y quédese en la objetividad del orden sacramental impuesto por Cristo Señor Nuestro para siempre.

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  5. Simón del Temple,

    Dice usted: “Algo válido es lo que vale legalmente.”

    No, en absoluto. “Válido”, “validez”, en referencia a un sacramento, quiere decir que transmite la gracia. La palabra “validez” no hace referencia a la cuestión legal.

    Usted dice también: “En última instancia, no comprendo la posibilidad de otorgarle poder a la Ramera. O es la Iglesia de Cristo o es un engendro humano incapaz de llegar a la eternidad. No es la Iglesia de Cristo, luego…”

    Los cismáticos y herejes orientales no forman parte de la Iglesia Católica, y sin embargo sus ritos transmiten la gracia (este hecho basta para destruir su anterior argumentación).

    Si no hubiera existido la posibilidad de que los ritos anglicanos pudieran transmitir la gracia, la Iglesia no se habría molestado en estudiar la cuestión.

    Hay muchos católicos que no son plenamente conscientes de los males del Vaticano II. Ellos, sin duda alguna, pertenecen a la Iglesia Católica. Para ser un hereje, un apóstata, etc., hace falta tener pleno conocimiento y dar consentimiento al mal que se está abrazando. Le recuerdo que la inmensa mayoría de los católicos sedevacantistas, tardaron años e incluso décadas en darse cuenta de la situación.

    No voy a continuar debatiendo sobre este tema, ya que el propietario del blog ha manifestado que no va a permitir comentarios que afirmen la validez de los nuevos ritos.

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  6. Fray Eusebio,

    En cuanto a la forma del “sacramento” del orden episcopal anglicano, León XIII se está refiriendo a los ritos anteriores a 1662. Los números 25 y 26 de la Bula “Apostolicae curae” son claros al respecto.

    Dicha forma sacramental anglicana es ésta: “Recibe el Espíritu Santo”.

    Esa forma, manifiestamente inválida, difiere notablemente de la forma del rito del Vaticano II, que es ésta:

    “Infunde ahora sobre este tu elegido la fuerza que de ti procede: el Espíritu de gobierno que diste a tu amado Hijo Jesucristo, y él, a su vez, comunicó a los santos Apóstoles, quienes establecieron la Iglesia como santuario tuyo en cada lugar para gloria y alabanza incesante de tu nombre.”

    Aunque no de manera precisa, en esas palabras pueden verse contenidos los dos elementos necesarios para la validez de la forma: el poder de orden episcopal, y la gracia del Espíritu Santo. Éstos son los dos elementos que Pío XII, en la Constitución “Sacramentum Ordinis”, definió como necesarios para la validez de la forma sacramental.

    El poder de orden episcopal se ve significado en la palabra “de gobierno” (principalem), y en la referencia que se hace a los Apóstoles:

    “…que diste a tu amado Hijo Jesucristo, y él, a su vez, comunicó a los santos Apóstoles, quienes establecieron la Iglesia como santuario tuyo en cada lugar… “.

    Los Apóstoles eran obispos; de ahí que la transmisión de la gracia episcopal en la Iglesia se denomine “sucesión apostólica”. Es decir, el vocablo “Apóstol” es sinónimo de obispo. Y las palabras “…establecieron la Iglesia como santuario tuyo en cada lugar” denotan el poder de gobierno de los obispos en las diócesis.

    La gracia del Espíritu Santo se ve significada en la palabra “Espíritu” (“Spiritum”), cuya inicial está escrita en mayúscula. El hecho de que se diga en la forma que este “Espíritu” proviene del Padre y del Hijo, indica que se trata del Espíritu Santo.

    Para que una forma sacramental ambigua pueda ser considerada válida en función de las oraciones del contexto (“significatio ex adjunctis”), es necesario que los elementos requeridos para la validez estén presentes en dicha forma. Esto no ocurre en la forma sacramental anglicana, pero sí se da en la forma conciliar. Es por ello que ambos casos no pueden ser tratados de manera equivalente.

    La indeterminación o ambigüedad de la forma conciliar se ve corregida tanto por la oración que le sigue, como por el hecho de que en la Iglesia del Vaticano II no ha desaparecido completamente la noción verdadera del concepto de obispo (aún se siguen enseñando en los seminarios, aunque en muchos casos de forma no completamente adecuada, las nociones de “sacrificio”, “poder sacerdotal”, etc.). Estos dos últimos aspectos, ausentes en los anglicanos, garantizarían la intención necesaria del consagrante para poder conferir la gracia del sacramento.

    Sobre el efecto correctivo realizado por la oración que sigue a la forma, copio de nuevo parte de la cita que he puesto en el primer comentario. Al principio aparece la oración, y le sigue el comentario del autor:

    ” ‘Padre santo, tú que conoces los corazones, concede a este servidor tuyo, a quien elegiste para el episcopado, que sea un buen pastor de tu santa grey y ejercite ante ti el sumo sacerdocio sirviéndote sin tacha día y noche; que atraiga tu favor sobre tu pueblo y ofrezca los dones de tu santa Iglesia; que por la fuerza del Espíritu, que recibe como sumo sacerdote y según tu mandato, tenga el poder de perdonar pecados; que distribuya los ministerios y los oficios según tu voluntad, y desate todo vínculo conforme al poder que diste a los Apóstoles.’

    Quien no vea en esa fórmula una oración absolutamente clara y válida para conferir el episcopado, es que no tiene idea alguna de Teología sacramental, pues con toda claridad se especifica la colación del sumo sacerdocio que el elegido recibe por la fuerza del Espíritu Santo y por el mandato de Dios Padre, y el poder de desatar todo vínculo conforme al poder dado a los Apóstoles. Se objetará que esto se hace en forma de deprecación y no imperativa, y respondo diciendo que, en ese caso, también sería inválida la ordenación presbiteral, cuya forma substancial es también deprecativa.

    Se objetará también que Pablo VI señala como forma substancial las palabras anteriores y no éstas, respondo diciendo que en el Rito publicado por él y tal como de hecho se practica se ve bien claro que es toda la Oración de Consagración la que consagra al Obispo, que toda ella se recita en la misma posición por parte del Obispo consagrante y con la intención de consagrar un Obispo, como queda claro por la postura que adopta el elegido, que está arrodillado durante toda la oración y con el libro de los Evangelios impuesto sobre sus espaldas también durante toda ella. Si las palabras que Pablo VI señala fueran insuficientes para conferir el episcopado, las que siguen y forman parte de la Oración son tan claras que sólo la ignorancia o la mala fe pueden llevar a dudar y mucho menos a negar la validez. Esto es tan verdad que Tanquerey, autor el más seguro que se pueda encontrar, al tratar en una de sus obras sobre el Sacramento del Orden, y en particular del Episcopado, trae como ejemplo de oración válida para consagrar un Obispo unas palabras tomadas de las Constituciones Apostólicas que copian casi a la letra las que acabo de señalar. Y por ello y por todo lo dicho afirmo, sin sombra alguna de duda, que la Oración de Consagración de Obispos que se contiene en el ritual publicado por Pablo VI en 1968 es a todas luces válida para conferir el Episcopado.”

    (Fin de la cita).

    ———————

    No comparto el tono polémico que emplea este autor para referirse a los que niegan la validez de las órdenes conciliares. Sin embargo, creo que toda su argumentación es cierta.

    Este mismo autor refuerza sus razones con una observación que considero excelente. Esto es lo que continúa diciendo sobre la forma del nuevo rito y la significación de las oraciones del contexto:

    “Porque, además, a la hora de juzgar la validez de la nueva Oración de Consagración de Obispos incurren en una contradicción bastante gruesa [quienes niegan la validez del rito]. En efecto, para negar que sea válida se basan únicamente en la insuficiencia del período que Pablo VI señala como substancial, el que he citado más arriba y comienza por las palabras “Et nunc effunde”. Pero si, como ellos afirman, Pablo VI no era verdadero Papa, no le correspondía no sólo introducir una Oración nueva, pero tampoco señalar qué parte de ella es la substancial, porque eso corresponde únicamente a un verdadero Papa. Y aquí está la flagrante contradicción, en que para negar la validez de esa Oración señalan como insuficiente para la colación del episcopado la parte que Pablo VI señaló como substancial, para lo cual reconocen a Pablo VI una autoridad que ellos mismos niegan a priori que tuviera. Dicho de otro modo: si Pablo VI era verdadero Papa concedo que se equivocó al señalar la parte substancial de la Oración, como he dicho más arriba, pero si no lo era es absolutamente indiferente que señalara una parte u otra como substancial porque eso no entraba en sus atribuciones y, por tanto, aceptando que no fuera Papa, es absolutamente necesario estudiar la Oración completa y no sólo la parte que Pablo VI, falso Papa según ellos, señala como substancial. Pero habiendo dicho el mismo Pablo VI en la Constitución Apostólica “Pontificalis Romani Recognitio” que la forma del episcopado es toda la Oración de Consagración, cosa que por fuerza me tienen que conceder si es que Pablo VI no era Papa por no corresponderle determinar su parte substancial, y habiendo demostrado yo que en tal Oración hay al menos un período en que con toda claridad se significa la gracia que se está administrando, tendrán que concluir conmigo que se han equivocado de medio a medio, y que la Oración del nuevo Ritual es indudablemente válida.”

    (Fin de la cita).

    Tanto el hecho de que la forma conciliar difiera notablemente de la forma anglicana condenada por León XIII, como la evidencia de que el contexto del nuevo rito (“significatio ex adjunctis”) precise adecuadamente los elementos necesarios para la validez, confirman que el rito de consagración de obispos de Montini-Pablo VI es válido.

    Cuando termine la vacancia de la Sede de Pedro, estoy convencido de que el nuevo Papa se pronunciará en ese sentido.

    Eso no obsta para que esos ritos deban ser considerados ilegítimos.

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  7. Dado que Moimunan ha dado paso a comentarios que siguen debatiendo sobre la cuestión, he entendido que se me da la posibilidad de argumentar sobre el tema. Por eso he escrito el anterior comentario.

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