ALL POSTS

GRAVE ERROR TEOLÓGICO DE MONSEÑOR OCÁRIZ


[Es republicacion de un artículo de 2012]
En este mismo blog se han escrito sendos posts intentando refutar el artículo  de Mons. Fernando Ocáriz Braña, Vicario -general del Opus Dei, publicado en el Osservatore Romano, titulado “Sobre la adhesión al Concilio Vaticano II”.

Como se sabe Mons.Ocáriz es uno de los peritos de la Santa Sede en las discusiones teológicas con la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Los posts de este blog que se hicieron eco -en un intento de refutación- del artículo en cuestión pueden verse aquí y aquí,  aportando una óptica de la cuestión totalmente diferente a la expuesta por Mons.Ocáriz.

En la línea  de la refutación a lo escrito por Mons.Ocáriz pero desde una posición distinta a los dos post de este mismo blog, está el artículo que traemos a continuación. Como siempre sobra la observación de que el blog como tal – y yo mismo, su autor- no se alinea con ninguna de los artículos reproducidos, sino sólo los aporta para que le lector forme su propia opinión.

Añadimos al artículo las fotografías con que se ilustra la traducción inglesa del artículo, originalmente en portugués, tal como aparecen en Tradition in Action

Artículo tomado de Bonum Certamen y traducido del portugués por Amor de la Verdad

“GRAVE LAPSO TEOLÓGICO DE MONS.OCÁRIZ” (título original)

Refutación del artículo del Vicario General del Opus Dei en el Osservatore Romano

28/12/2011

Por Arnaldo Xavier da Silveira


1.En el Osservatore Romano del 02 del pasado diciembre Mons,. Fernando Ocáriz Braña, Vicario General del Opus Dei, un experto de la Santa Sede en las discusiones teológicas con la Sociedad de San Pío X, ha publicado un artículo titulado  “Sobre la adhesión al Concilio Vaticano II” . El artículo expresa  plenamente la posición ahora dominante en ciertos círculos, que aceptan el Concilio Vaticano II, incluso en los pasajes citados como contrarios a la tradición, invocando para ello una  infalibilidad del Magisterio ordinario, o la obligación de un asentimiento “interno “regulado por la virtud de la obediencia”.

El  asentimiento interno según Mons. Ocáriz

2.El ilustre prelado escribe: “El Concilio Vaticano II no definió ningún dogma, en el que se propusiera  por un acto definitivo, alguna doctrina. Sin embargo, el hecho de que un acto del Magisterio de la Iglesia no esté comprometido por el carisma de la infalibilidad no significa que se pueda considerar ‘falible” como si transmitiera  una “doctrina provisional” o ” meras opiniones autorizadas”.

Mons.Ocáriz  defiende  que el Concilio V2 requiere el asentimiento de la Fe

Cada expresión del magisterio auténtico tiene que ser recibido como lo que realmente es: una lección enseñada por los pastores, que gozando de la sucesión apostólica, hablan con el “carisma de la verdad ‘(…),’ con la autoridad de Cristo” (… ), ” con la luz del Espíritu Santo.” Este carisma, esta  autoridad y  luz,  ciertamente asistió al  Concilio Vaticano II, y  negarlo a  todo el episcopado, cum Petro et sub Petro, reunido para enseñar a la Iglesia universal, sería negar algo que pertenece a la esencia misma de la Iglesia (…)”.

3.Poco después, Monseñor. Ocáriz añade: “Las declaraciones del Concilio Vaticano II  que recuerdan  verdades de  fe, por supuesto, requieren adhesión de  fe teologal, no porque las haya  enseñado este Concilio, sino porque han sido ya enseñadas  por la Iglesia mediante un juicio  solemne o por el Magisterio ordinario y universal. (…) Las otras enseñanzas doctrinales del Concilio a los fieles requieren un grado de adhesión llamado ‘asentimiento religioso de la voluntad y la inteligencia.’ Es un  asentimiento “religioso” y por lo tanto no  basado en motivos puramente racionales.Tal adhesión  no debe considerarse un acto de fe, sino de  obediencia, no meramente disciplinar, sino  arraigada en la fe en la ayuda divina al Magisterio y, por tanto, ‘ con la lógica y bajo el impulso de la obediencia de la fe ‘(…) . Las palabras de Cristo: ‘Quien a vosotros oye, a mí me oye(…)’ se aplican en este caso a los sucesores de los apóstoles.”

4.- Cerca del final, mons. Ocáriz dice: “En cualquier caso, queda un espacio de legítima libertad teológica para explicar de una manera u otra, la no contradicción con la Tradición de algunas formulaciones existentes en los textos conciliares, y por lo tanto para explicar el significado de algunas expresiones  del mismo “.

Los caminos de Dios no son los nuestros

5.Jesucristo podría, por supuesto, haber dado a San Pedro y a sus sucesores el carisma de la infalibilidad absoluta. Esta  podría, en teoría, cubrir cualquier pronunciamiento doctrinal de los papas y concilios, además de las resoluciones canónicas, litúrgicas etc…. E incluso podría cubrir las decisiones pastorales y administrativas. El problema no es si la asistencia del Espíritu Santo  con un alcance absoluto y general, sería en principio posible. Por supuesto que sí.

En realidad, sin embargo, Nuestro Señor no quiso dar a San Pedro, al Colegio de los

Nuestro señor no dotó al Papa ni a los cardenales u  obispos de una  infalibilidad absoluta

Obispos con el Papa, a la Iglesia en fin, la asistencia en términos tan absolutos. Los caminos de Dios no siempre son los nuestros. La barca de Pedro está sujeto a tempestades. En resumen, la teología tradicional  dice que consta en la revelación  que la asistencia del Espíritu Santo de Dios no fue prometida, y por lo tanto no fue asegurada, sin restricciones en todos los casos y circunstancias.

6.Esta asistencia garantizada por nuestro Señor cubre sin restricciones las definiciones extraordinarias, tanto  papales como conciliares. Sin embargo, las monumentales obras teológicas, sobre todo las de  la edad de plata de la escolástica, ponen de manifiesto que puede haber errores e incluso herejías, en los pronunciamientos papales y conciliares no garantizados por la infalibilidad.

La doctrina es más matizada de lo que quieres Mons. Ocáriz

7.- El documento sostiene, como absoluto e incondicional, el principio de que incluso las enseñanzas no infalibles del Magisterio papal o conciliar necesariamente requieren el asentimiento interno de los fieles. Ahora bien, los grandes autores  neoescolásticos  establecen salvedades importantes a esta teoría, demostrando que no se puede tomar de modo tan simplista, como una norma que no admite excepciones.

8.- En efecto. – Diekamp declara que la obligación de adherirse a la enseñanza infalible del Papa  “puede comenzar a cesar” en el caso rarísimo de que un experto, después de un examen diligentísimo, “llegue a la convicción de que el error se introdujo en la declaración” ( Th.Dogm. Man., I, 72). – Pesch admite  tal asentimiento “hasta que se aclare que hubo un error positivo en el decreto de la Curia Romana  o del Papa” (Pr Dogma, I, 314 / 315).. – Merkelbach  enseña que la doctrina propuesta de forma no infalible,  accidentalmente y en circunstancias excepcionales, puede admitir la suspensión del asentimiento interno (S. Th Mor, I, 601..). – Hurter dice que ante  declaraciones no  infalibles, puede ser legítimo “el miedo al error, el asentimiento condicional, o la suspensión del juicio” (Th Dogma, I. 492).. – Cartechini sostiene que el asentimiento interno a  las decisiones no infalibles se puede negar si los fieles “tienen la evidencia de que algo ordenado es ilegal,  pudiendo en esta hipótesis suspender el asentimiento (…) sin miedo y sin pecado ” (Dall’Op al Dom, 153-154).. – Dom Paul Nau explicó que el asentimiento puede ser suspendido o negado si hay “una oposición entre un preciso texto de encíclica  y otros testimonios de la tradición” (Une source doct., 84).

Absolutizando indebidamente el concepto de  ayuda divina

9.- Aquí está el grave error, con consecuencias muy graves e incluso gravísimas, en que incide el ilustre y venerando

Pablo Vi firmando Populorum progressio, documento no garantizado por la infalibilidad

Vicario General del Opus Dei. Él entiende que el Magisterio, asistido por el  divino Espíritu Santo, sería omnímodamente y necesariamente inmune a cualquier desviación doctrinal. Ahora bien, así como el Magisterio Ordinario de todos los tiempos, aunque asistido por el Espíritu Santo, no siempre está garantizado por la infalibilidad, así  también  el Magisterio de hoy en día aunque cuenta con la ayuda divina,  sin embargo no está asegurado por  la exención absoluta de error. Por lo tanto, algunas  enseñanzas del Magisterio Ordinario pueden diferir de la Tradición, incluso en casos graves. Es lo que lógicamente fluye de la carta apostólica “Tuas Libenter“, en la que Pío IX  describe las diversas condiciones necesarias para que el magisterio ordinario goce de infalibilidad,  condiciones que el Vaticano I,  no las distingue claramente ya que resume toda esta doctrina  con la expresión “Magisterio Ordinario universal “(esta cuestión requeriría un estudio más profundo que, tengo la intención de desarrollar en el corto plazo).

10.- Las nuevas doctrinas del Concilio Vaticano II que se señalan como divergentes de la tradición – la libertad religiosa, la colegialidad, ecumenismo, etc. – pueden ser una enseñanza diferente ( “si quis aliter docet” – San Pablo, Timoteo, 6, 3), sin que se pueda decir que ha fallado la ayuda del Espíritu Santo y que se ha herido la indefectibilidad de la Iglesia .

Todos los días hasta el fin del mundo”

11.- Así que no podemos decir, sin más, que existe  infalibilidad absoluta en los pronunciamientos papales y conciliares. Sea en nombre de la infalibilidad del magisterio, bien en nombre de la obediencia de los fieles a Pedro, o en nombre de una  aceptación de  supuesta seguridad ante la aceptación de todos los pronunciamientos del Magisterio auténtico no infalible, o en nombre de cualquier otra doctrina teológica o parateológica que  pueda ser excogitada, la verdad es que en la revelación nada garantiza que los pronunciamientos no infalibles sean  infalibles de una forma o de otra. Aquí, de nuevo, la tesis del  eminente mons Ocáriz se alejan del buen camino

12.- Examinemos con lupa esta cuestión. No hay duda, que hay documentos de la Sede Apostólica y de la teología tradicional que dicen, sin distinción, que todas las enseñanzas doctrinales de los papas y los concilios deben ser acogidas por los fieles, aunque no sean infalibles, y por tanto no dotados del  carisma de la infalibilidad. Aquí se incluyen las sutilezas de la hermenéutica en general y en particular en la exégesis de lo sagrado: Así como no podemos tomar de manera  monolítica  el “No matarás” del Decálogo, porque esto implica excepciones, por ejemplo, en caso de defensa propia, así no  se puede tomar como principio absoluto  siempre y en todos los casos, la aceptación sin rechistar de la enseñanza del carisma de la infalibilidad. El interés de los préstamos fue prohibido, después fue admitido, y  se sometió a miles de vicisitudes. La aceptación de los ritos chinos tuvo las mismas vacilaciónes.

La otra cara de la moneda: el Papa hereje y el papa cismático

13.- Esta moneda tiene dos caras. Si, por un lado, la doctrina tradicional admite la posibilidad de error en la enseñanza no infalible del Supremo Magisterio, sin lugar a dudas, por otra parte, en paralelo, también admite, sin ningún tipo connotación sedevacantista, la posibilidad de un Papa hereje y un Papa cismático.

14.- Acerca de un Papa  hereje. – San Roberto Belarmino, San Francisco de Sales,

Suárez, Soto Domingo, Bouix, Coronata y muchos otros entre los más grandes maestros de la escolástica admiten la teoría de que un Papa puede caer en la herejía. – Pietro Ballerini, cuyos estudios fueron importantes para la definición de infalibilidad en el Concilio Vaticano I, veía en la hipótesis de un Papa herético “un peligro inminente para la fe, entre todos el más grave“, ante el cual cualquier fiel debería  “ resistirle en su  cara, refutarlo, y si fuere necesario, interpelarlo e instarlo al arrepentimiento  “,” para que todos pudiesen guardarse de él ” (De Pot. Eccl., 104/105).

15.- Acerca del Papa cismático. – Es indiscutible que la edad de plata de la escolástica y neoescolástica dejó en claro que, en períodos de crisis religiosa profunda, es en principio posible que un Papa, sin perder su puesto de inmediato, se separara de la Iglesia, incidiendo en el entretanto en el  cisma. Esto es lo que sucede si el Sumo Pontífice “subvirtiera todas las ceremonias eclesiásticas“, “desobedeciera  la ley de Cristo”, “ordenara lo que es contrario al derecho natural o divino“, no “tuviera en cuenta lo que fue ordenado, por los concilios universales o por  la Santa Sede,  especialmente en relación al culto divino “, “no observara  el rito universal del culto eclesiástico “, ” o dejara de observar con pertinacia lo que se estableció para el orden común de la Iglesia ” , lo que  finalmente, pudiera permitir  a los fieles e incluso obligar en conciencia  “a resistirle a la cara” . Tanto es así,  que en estos casos el Card. Cayetano dice, sin ninguna  connotación sedevacantista, que “ni la Iglesia estaría en él, ni tampoco él en la Iglesia” (II – II, q. 39, a. 1, n. VI).


16.- Someto  respetuosamente estas razones al reverendo vicario general del Opus Dei y, en la medida que la Iglesia lo prescribe, a  la Sede de Pedro, columna y baluarte de la verdad, objeto de todo mi amor y devoción desde la época en que como congregante mariano aprendí a venerar la sagrada doctrina de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. También las someto  a los teólogos tradicionales de nuestros días. Por las brillantes razones que muchos de estos vienen proclamando, y por las mías propias, considero que no hay nada en la teología dogmática que nos obligue  moralmente a asentir a las nuevas doctrinas del Concilio Vaticano II  [énfasis del traductor] que, incluso en palabras de mons. Ocáriz, “fueron y son todavía objeto de controversia acerca de su continuidad con el Magisterio precedente, o en su compatibilidad con la Tradición” .

4 replies »

  1. Me temo que tanto uno como otro coinciden en sus errores, y por las mismas razones. Está visto que esta cuestión sobre la posibilidad de que el Papa pueda errar cuando enseña a toda la Iglesia sobre la Fe y las costumbres es una de las más importantes y controvertidas de los últimos siglos, por la multitud de implicaciones que conlleva.

    Reservándome para un estudio más largo, como promete el mismo autor, me limitaré a unos breves comentarios:

    Recordar en primer lugar que si bien las verdades de Fe son en sí mismas inmutables, su comprensión por parte de los cristianos puede pasar por visicitudes bastante variadas. Por ejemplo, el culto a las imágenes nos viene de los tiempos apostólicos, y sin embargo, llegado a cierta época, por influencia judaica, esa necesidad del culto de las imágenes fué olvidada u oscurecida en el alma de muchos cristianos. Sin llegar a negarla, muchos se vieron contaminados por las posiciones heréticas de los iconoclastas, y sostuvieron que las imágenes eran adecuadas para la instrucción de los iletrados, pero que no debían ser veneradas. Llegaron incluso a crear imágenes voluntariamente feas o repulsivas para evitar que se les diera culto y veneración. Y aunque luego la Iglesia venció, restableciendo plenamente la veneración a las imágenes, quedaron miasmas de la antigua herejía que previnieron ciertas mentes contra ellas hasta el día de hoy.

    Otras veces ocurre que verdades de Fe creídas desde el principio van apagándose en la conciencia cristiana cuando los teólogos no consiguen encontrar fórmulas para explicarlas adecuadamente. Es el caso de la Inmaculada Concepción, que fue una verdad absolutamente clara en el Oriente del primer milenio, como lo atestigüan los textos litúrgicos, pero que luego se fué olvidando, por no conseguir explicar su relación con la Redención universal. Lo mismo le pasó a santo Tomás, que empezó sosteniéndola, más tarde dudando, para, al final de su vida, volver a aceptarla.

    Con la infalibilidad pontificia ha pasado algo parecido: Todos los cristianos del primer milenio sostuvieron en pacífica posesión que los sucesores de Pedro eran inmunes al error, sin necesidad de precisar más.
    Pero cuando los teólogos se vieron obligados a precisar las formas y condiciones del Magisterio y su infalibilidad, empezaron los problemas, y esta importante verdad empezó a oscurecerse en numerosos espíritus. Los mismos defensores de la infalibilidad se vieron afectados por las objeciones de sus enemigos, y poco a poco, fueron aceptando, aunque a regañadientes, la posibilidad de que el papa pudiese enseñar el error a toda la Iglesia. Esos son los teólogos de la segunda escolástica cuyos argumentos repiten sin cesar los partidarios de la falibilidad del papa.

    Apuntar además que éstos tienen disculpas porque los herejes procuraron probar a través de la falsificación de la historia que se habían dado casos de papas herejes e incluso de papas que habían intentado enseñar el error a la Iglesia, siendo incluso condenados como herejes por sus sucesores. Los sostenedores actuales de esas fábulas ya no tienen esa disculpa, porque ya hace mucho tiempo que buenos historiadores han demostrado la falsedad de esas calumnias.

    Los Papas pueden enseñar de varios modos, pero siempre son infalibles.
    Se distinguen dos modos principales:

    El Magisterio extraordinario o solemne, cuando el Papa quiere expresar o definir de manera más precisa y obligar a los fieles de modo más estricto a guardar una determinada verdad de Fe.
    El magisterio ordinario, de todos los días, por medio de Enciclicas, Bulas, y otros documentos dirigidos a la Iglesia.
    Si ese Magisterio es compartido con el resto de los obispos dispersos por el mundo, se le llama Magisterio Ordinario y Universal.
    Desgraciadamente, ciertos teólogos, imitando los retruécanos de galicanos y jansenistas, intentaron distinguir entre un Magisterio Ordinario Infalible, y otro, de menor entidad, falible, que llamaron Magisterio meramente auténtico.

    Esto fue posible porque los mismos eclesiásticos fueron perdiendo el sentido sobrenatural, que nos indica que es el Espíritu Santo el que impide que el Papa pueda enseñar el error, así como el sentido de la autoridad, que sabe que es Dios quien gobierna, a pesar de la fragilidad de las autoridades que Él asiste.

    Los teólogos se dividieron entre aquellos que negaban la infalibilidad del Magisterio ordinario universal, para restringirlo solamente a las definiciones solemnes, aquellos que siguieron afirmando que el Papa era siempre infalible en su enseñanza, mientras que otros tomaron una vía media.

    Así vemos que Mons. Ocáriz admite que tanto el Magisterio extraordinario como el ordinario son infalibles, pero admite un tercero que no es ni carne ni pescado: No sería de suyo infalible, pero tampoco sería falible: Aquí tenemos nuestro magisterio meramente auténtico. De lo más curiosa es la afirmación de que los tres tipos de Magisterio pueden coincidir en los textos de un mismo Concilio, por lo que tendríamos que hacer encaje de bolillos para saber cuál es cada uno.

    Mantiene esa contradicción por unos motivos bien concretos:

    Tiene que afirmar que el Concilio no ha podido equivocarse, si quiere seguir forzando la adhesión de los fieles, pero al mismo tiempo, debe dejar una puerta abierta a que pueda reconocerse algún error en el Concilio, sin que pueda decirse que la autoridad infalible ha errado.

    Puede así reclamar obediencia al Concilio y a los Papas conciliares, sin cerrarse ninguna salida…

    El Señor da Silveira no parece haber entendido la postura media, diplomática, adoptada por Mons. Ocáriz, sino que lo coloca en el grupo de los sostenedores de lo que él llama infalibilidad “absoluta” del Papa. Por lo dicho más arriba, comete un grave error teológico, aunque opuesto al que él achaca a Mons. Ocáriz.

    Los dos saben que con la tesis tradicional, que ellos llaman absoluta, los errores presentes en el magisterio conciliar y posconciliar llevarían a negar la legitimidad tanto del Concilio como de las presuntas autoridades conciliares, y eso es lo que quieren evitar a toda costa, como dice Silveira, “sin ningún tipo de connotación sedevacantista”, eso es lo que les obsesiona.

    y como se han dado cuenta de que los católicos se tragan cada vez menos aquello de que el magisterio conciliar no tiene ninguna discontinuidad (en cristiano:error o herejía), van aceptando la presencia de esas discontinuidades, pero precisando que no afectarían la infalibilidad, y por lo tanto legitimidad, de los prebostes conciliares, porque pertenecerían a ese famoso magisterio meramente auténtico no infalible…

    Eso arregla a Roma, que no pone en peligro ni su pretensión de seguir siendo la Iglesia de Cristo, y no una falsificación usurpadora de la verdadera Iglesia de Cristo, y también arreglaría a la FSSPX, que podría volver al seno de la Iglesia conciliar, sin reconocer que lleva enseñando una doctrina gravemente errónea sobre la infalibilidad de la Iglesia desde hace decenios, mientras persigue a los que perseveran en creer y enseñar la verdad siempre creída, así como en sacar las consecuencias prácticas que se imponen.

    Me gusta

  2. Los sedevacantistas han caido en una vieja herejía denominada DONATISMO. ¿Queríais ser pre-conciliares, so berzas?. Pues ya lo sois, con vuestro padre DONATO DE CARTAGO.
    Para vosotros el Espíritu Santo se fue de vacaciones y a ahora la Iglesia está animada por electricidad en contra de la promesa mesiánica. Pero que burros sois…

    Me gusta

  3. Estimado José:
    Reconozco que yo también, a veces, he llamado burro o berzotas a alguien que dice algo que yo interpreto es una estupidez. Por eso espero que ambos nos corrijamos de este defecto, porque también, a veces, he comprobado que lo que parecía una estupidez, de hecho no lo era.

    La Iglesia Católica disfruta de la asistencia del Espíritu Santo. Pero la Conferencia episcopal española (y no sé sobre otras conferencias episcopales) aprobó lo siguiente para ser rezado en las Misas del Novus Ordo:

    Hoy, tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra,
    y en la comunión del pan único y partido,
    celebra el memorial del Señor resucitado,
    mientras espera el domingo sin ocaso
    en el que la humanidad entera entrará en tu descanso.
    (Prefacio domingo XVI tiempo ordinario)

    ¿Cree usted esto con fe divina y católica?

    Una vez se haya dado a sí mismo una respuesta, medite por favor en las consecuencias, también en las referentes a su salvación eterna.

    Si usted no cree que la humanidad entera entrará en el descanso de Dios (vida eterna) entonces deberá concluir que los miembros de la Conferencia episcopal española no forman parte de la Iglesia Católica, ya que ésta disfruta de la asistencia del Espíritu Santo, y Este no permitiría que todo el pueblo español rece una falsedad.

    Pues similares argumentos conducen a muchos a concluir que o Bergoglio usurpa la Sede de Pedro o hemos de aceptar (con asentimiento interno) que es una obra de misericordia permitir que un adúltero comulgue, cuando es evidente para todo católico, que de hecho “come y bebe su propia condenación (eterna)”. Naturalmente que para los que creen que la “humanidad entera entrará en tu descanso” las palabras de Nuestro Señor no tienen fuerza. Pero Ël mismo se definió como la Verdad y “todo el que es de la verdad escucha mi voz”. Yo no quiero oír la melosa voz de la mentira que fluye constantemente de la boca de Bergoglio, prefiero oír la que sale de la boca de los verdaderos Vicarios de Cristo, aquellos que han tenido la asistencia del Espíritu Santo. Me va en ello la salvación eterna.

    Lino

    Me gusta

  4. El señor da Silveira descontextualiza de mala fe la obra de Pietro Ballerini al usarle como objeción al sedevacantismo, porque es de saber que Ballerini escribió sus libros De potestáte ecclesiástica Summórum Pontíficum et Concilórum generálium y De vi ac ratióne primátus Romanórum pontíficum en respuesta al teólogo alemán Johann Nikolaus von Hontheim alias Justino Febronio, quien pretendía negar el primado jurisdiccional del Papa y someterlo a los Concilios, con el argumento de que la institución que había hecho Jesucristo de la Iglesia no era monárquica. Febronio creía que reduciendo al Papa a un Primus inter pares y con la consiguiente creación de iglesias nacionales (como sucede con los cismáticos-heréticos “ortodoxos” y con la herética Comunión Anglicana), se obtendría la reunificación del catolicismo romano con los protestantes.

    Puede afirmarse con razón que la proclamación dogmática de la Infalibilidad Pontificia ex cáthedra fue también la condena al galicanismo de los obispos alemanes, que de una manera u otra acogieron la herejía febroniana; y que el Vaticano II al adjuntar la colegialidad episcopal en la suprema y plena potestad del Papa sobre toda la Iglesia sea la venganza del grupo del Rin (donde Ratzinger y Küng fueron estrellas).

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s