ALL POSTS

SANTÍSIMO NOMBRE DE JESÚS


image

El nombre de Jesús –dice Baur– es un nombre inventado en el Cielo y traído de allí por el Ángel Gabriel, para comunicárselo a la Virgen en el instante de la Anunciación: Darás a luz un Hijo y le pondrás por nombre Jesús. Ahora bien, los nombres impuestos por el Cielo siempre significan un don gratuito otorgado por Dios. Siendo en Cristo este don de la gracia. La salvación de los hombres, con toda propiedad se le impuso el nombre de Jesús, que quiere decir Salvador.” (Santo Tomás de Aquino).

[Sigue texto de Rufino María Grández OFM Cap.]

Hermanos:

  1. La fiesta del Nombre de Jesús, colocada en el ciclo natalicio, suena a un villancico amoroso que le dijéramos al Niño. Puede evocarnos aquella Navidad tan original que celebró San Francisco con sus hermanos y las gentes sencillas en la montaña, en el pueblo de Greccio. Recordemos el pasaje, tantas veces citado de nuestro hermano franciscano, Fray Tomás de Celano, contemporáneo de los hechos, que cuando escribe, como hombre culto y poeta, es un artista. Evoca aquella predicación coloquial y mística de Francisco en la noche de Navidad: “El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. (…) Cuando le llamaba “niño de Bethleem” o “Jesús”, se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara su paladar la dulzura de estas palabras” (1 Celano, 86).
    Esta dulzura de Francisco la había fomentado de forma entrañable la espiritualidad de la Edad Media, como aparece paladinamente en los escritos de la familia cisterciense. Es bien conocido el himno atribuido a San Bernardo, doctor melifluo, que comienza así.

Jesu dulcis memoria
dans vera cordis gaudia:
sed super mel et omnia
ejus dulcis praesentia.

Unos versos endecasílabos vierten el ritmo del poema con este tono:

Oh Jesús de dulcísima memoria,
que nos das la alegría verdadera:
más dulce que la miel y toda cosa
es para nuestras almas tu presencia.

El devoto himno tiene una melodía gregoriana íntima y suave, muy adecuada para cantar a Jesús, adorándole y gustando de su exquisita y divina dulzura.

  1. Cuando hablamos del Nombre de Jesús, no nos referimos tan solo a la contemplación de Jesús niño. El hijo de María, que adulto salió a predicar por caminos y aldeas de Galilea, tiene un nombre propio, que es Jesús, y que en la intimidad, en esa relación que establecemos con él, se llama también, seguramente que con preferencia a otros nombres, JESÚS. La fiesta del Santísimo Nombre de Jesús podría ser una celebración votiva de Jesucristo en cualquier otro tiempo del año.
    Volvemos otra vez al caso de Francisco, aunque no hablamos para franciscanos, sino para cualquier hermano o cualquier hermana en Cristo que quiera gustar de la santa humanidad paladeando su Nombre de Jesús, melodía de salvados. El biógrafo Tomás de Celano ante el cuerpo yacente, llagado, de Francisco, reflexiona sobre lo que ha sido aquella vida: “De la abundancia del corazón hablaba su boca, y la fuente de amor iluminado que llenaba todas sus entrañas, bullendo saltaba fuera. ¡Qué intimidades las suyas con Jesús! Jesús en el corazón, Jesús en los labios, Jesús en los oídos, Jesús en los ojos, Jesús en las manos, Jesús presente siempre en todos sus miembros. ¡Oh, cuántas veces, estando a la mesa, olvidaba la comida corporal al oír el nombre de Jesús, al mencionarlo o al pensar en él! Y como se lee de un santo: Viendo, no veía; oyendo, no oía” (1Celano, 115). El santo de quien esto se lee es san Bernardo.
    Así, pues, aunque la memoria del Nombre de Jesús la celebremos en este ciclo de Navidad, arrobados por el encanto del Niño, bien podemos verla con referencia a toda la vida de Jesús, el Señor, a toda su figura y persona.
    San Pablo, recogiendo un himno cristiano, proclama: “al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es SEÑOR para gloria de Dios Padre” (Flp 2,10-11). Pasaje grandioso, porque el nombre histórico de Jesús se une con el nombre cultual de Yahweh. Aquel que en la vida fue llamado Jesús es adorado y honrado al par de Yahweh, como Señor, como él único Señor.
  2. Vayamos a los Evangelios a informarnos sobre Jesús, Jesús de Nazaret, Jesús hijo de José. ¿Cómo le llamaban a este singular Rabino o Profeta, cómo se dirigían a él sus discípulos antes y después de la muerte, en los dos tiempos que comprende la única vida de Jesús? Aquel de quien hablamos tuvo un nombre biográfico, registrado en el censo (un nombre y apellido), y un nombre cultual, o varios nombres para el culto.
    En la primera vez que aparece Jesús en los Evangelios, su nombre ya está sacralizado. En efecto, el primer Evangelio, el san Mateo, comienza con la genealogía de esta criatura que va a entrar en el mundo: “…y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo” (Mt 1,16). Antes de comenzar a narrar algún episodio concreto de él, ya sabemos el sobrenombre que pasa a ser nombre propio: Cristo. Bien pronto la comunidad cristiana juntando dos en uno hizo un nombre propio nuevo, que no había existido y que es exclusivo de él: Jesucristo.
    Históricamente este que será Predicador, Profeta, Taumaturgo… fue anotado en el censo con un nombre judío, que según transmiten lo mismo Mateo que Lucas, venía del cielo; por su ángel que lo dictó de parte: se llamará Jesús. Dios, pues, le ha puesto el nombre a su Hijo amado.
    Y tuvo su apellido, como lo tenían los demás ciudadanos, tomado de la procedencia paterna: Jeshua ben Joseph, o “bar Joseph” en arameo. Otra forma de apellidar a las personas era adscribirles el nombre geográfico de origen, por ejemplo, el profeta Elías: Elías el Tesbita.
    El apellido corriente de Jesús es el de Nazareno. Los relatos de la crucifixión y de la resurrección son particularmente expresivos. Fue crucificado como Jesús Nazareno: ese es el nombre; y como Rey de los Judíos: esa es la causa. El Padre lo recibió como Jesús, Jesús Salvador; y, nacido de sus brazos, nos lo va a entregar como Jesús. Y, al decir Jesús, unimos crucifixión, muerte y resurrección; en este nombre queda fusionada vida terrestre y vida pascual: todo cuanto Jesús ha vivido y es y eternamente será. Este santo Nombre que sana a los enfermos de cuerpo y alma, es el manantial de toda la teología, y el ápice de la espiritualidad. Es el Nombre asumido en la Trinidad. Este Nombre, que es toda su humanidad y divinidad, es sacramento de salvación. Jesús es mi Dios, mi Salvador.

  3. Volvamos a los relatos evangélicos. Los evangelistas, como narradores, llaman a su protagonista Jesús; san Lucas, desde determinado momento, desde el episodio de viuda de Naím, también llama a Jesús “el Señor”. “Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: « No llores. »” (Lc 7,13). ¡Qué nombre éste más noble, más enjundioso, lleno de un sabor celestial!
    Si los evangelistas como narradores le llaman Jesús, ninguno de los doce le llamará coloquialmente así, como se habla de igual a igual. Le llamarán “Señor”, le llamarán “Maestro”, le llamarán Rabbí…
    Pero hay un caso en que un hombre le llamó al Nazareno simplemente ¡Jesús! Fue en la cruz, alguien que estaba en el mismo suplicio, y con una suavidad divina, con ojos suplicantes, le dijo: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino” (Lc 23,42). Aquella palabra corriente, Jesús, empezaba a ser palabra divina.

  4. Poniendo a Jesús ante nuestros ojos, ¿qué nos dice a nosotros – a mí concretamente – el Nombre de Jesús?
    Nos dice toda su humanidad. Cuando Carlos de Foucauld, el Hermano Carlos, piensa que puede haber unos “Hermanitos de Jesús”, el nombre de Jesús le trae todo el misterio de Nazaret: silencio, presencia oculta, trabajo; y todo ello transido de cercanía y ternura. El Nombre de Jesús es, en consecuencia, todo el Evangelio de Jesús entre los hombres.
    Y nos dice simultáneamente toda su divinidad. Al nombre de Jesús le asignamos los atributos: santísimo y dulcísimo. Santísimo, esto es, la omnipotencia de Dios reside en él. Dulcísimo, que equivale a: la salvación de Dios, toda ella, está en este Nombre.
    Esta espiritualidad es evangélica por los cuatro costados.
    Hermanos, ¡alabado sea el Nombre de Jesús! Amén.

De Hermosas Palabras

Anuncios

4 replies »

  1. Pero yo me pregunto: ¿no tenía también el hijo de Sirac el nombre de ‘Jesús’? Y parece que tal nombre era bastante usual para los hebreos antes del nacimiento de Cristo, en ese caso ¿estaban esos judíos cometiendo un sacrilegio al poner arrogantemente ese nombre a sus hijos?… o ¿no conocían el auténtico significado de tal sagrado nombre.

    Me gusta

  2. Así como el Evangelio de San Mateo comienza con el Nombre de Jesús, así con el mismo Nombre se cierra la revelación, en el Apocalipsis de San Juan. En el Génesis -primer Libro de la Escritura- se anuncia la promesa de la salvación, después del pecado, por la Descendencia de La que pisó la cabeza de la Serpiente. En el Apocalipsis -último Libro de la Escritura- se anuncia la gloriosa majestad del Salvador que vuelve a los suyos para poseer el Reino, por eso el Vidente San Juan, el que lee y la Esposa dicen “Ven Señor Jesús”! .
    “Cuando veáis todas estas cosas, cobrad ánimo porque se acerca vuestra salvación”, en la Esperanza del advenimiento se agiganta el deseo de la Iglesia: “Ven Señor Jesús”!
    Aún en el Infierno, el Anticristo y el Falso Profeta también tendrán que doblar sus rodillas, rechinándoles los huesos, siempre que en la eternidad alguien diga el Nombre de Jesús en el Cielo!

    Me gusta

  3. La diferencia puede ser Juan C, en esto Ben o Bar es hijo, de Sirac sería uno, dice Jesús pero nunca Cristo, o Mesías, y nuestro Señor es único en cuanto a Hijo de Dios e Hijo de María santísima. ünico redentor y Salvador.
    En esos tiempos la paternidad la daba el padre, y como nuestro Señor era y es único se decía Hijo de san José. padre legal, Queda clarísima la Casa: de David, como la tribu: Judah. Mas lo anunciado por el arcangel san Gabriel a su Madre María, reinara para siempre sobre la casa de Jacob que es Santiago, y de su reino no habrá fin. Amén.
    Baur dice: es un Nombre inventado en el Cielo y no creo que sea correcto porque el Nombre de Dios es tres veces santo y no es un invento.
    Y hay varios tratados del Nombre santo de Dios,y de Nuestro Señor, ya que la Biblia ha sido escrita en diferentes lenguas pero el Nombre de Dios es único:”Yo soy el que es” ha traducido siempre la tradición, el Cristo: Yo soy, le dice el Señor a la mujer samaritana, el Hijo Bendito del Dios Vivo lo reconocen sus discípulos, el Mayor de todos los profetas, san Juan Bautista (nombre dado por el arcangel san Gabriel a sus padres) quien debía anunciar y reconocer al Cristo al Hijo de Dios, al mesías, y se repite lo mismo en el libro de san Juan de Apocalipsis, algunos versículos como: Yo soy el que era y es, y otros Yo soy el que era, es y ha de venir-viniendo. Verbo, Palabra, Sabiduría, Luz, Vid, Pan que baja del Cielo, Cordero que quita los pecados del mundo, León de Judah que ha vencido. Dios salva, Dios con nosotros es.
    Si Jesucristo nuestro Señor, es Hijo de Yahwe, o Jeova como dicen los protestantes y Lutero, diría que no,, porque es una mala traducción de la lengua pura y santa que no se perdió.
    Otros, para no decir el Nombre dicen ha shem, o D-os, y eso no es el Nombre tampoco, ya que los textos y strong del viejo testamento, pasa del Ydish (un hibrido, no semita del siglo X ,no es celestial) que no es la lengua pura que traducen al inglés, latín, griego, o sea a nuestra lengua.
    En estos tiempos, es posible verificar porque el abecedario del Cielo esta disponible ya que evidentemente nuestro Señor ha permitido en los últimos tiempos la posibilidad de que sus hijos por adopción, lleguemos a conocer toda la verdad.
    El poder religioso fallido sea en el fin de la sinagoga, como en el fin de la contra-iglesia, 1958-2015, han actuado igual, y es pretender imponer que ese nombre Bendito no sea predicado, la guerra contra el cordero, que le es imposible ganar y lo que es de hombres va a perdición. Amén, y lo que es de Dios nunca. Lo supieron los sabios de esos tiempos, y lo afirman los sabios de estos tiempos. Bendito sea para siempre tu santo Nombre, y Venga tu Reino. Amén y gracias.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s