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EL HUNDIMIENTO


[ Es republicación del post publicado tal día como hoy hace un año. Los síntomas descritos no han hecho más que agravarse]

[Mons. Blázquez es el presidente de los obispos españoles. El artículo  siguiente describe  la situaciòn del catolicismo español y de la sociedad española immersa en la apostasía ante la indiferencia  del clero  y de los “católicos” españoles. El P. Calvo es un “sacerdote” lúcido que un día, al principio del “pontificado” de Bergoglio, llegó a decir  de él que “está cerca de ser el Anticristo”. Más tarde rebajó la expresión]


Blázquez, tenemos un problema

A. Robles.- No faltan en España quienes insisten en defender por extrañas vías una quimérica o suicida caridad católica que uno no sabe bien en qué sentido interpretar. ¿Cuál debería ser la principal función de una entidad vinculada económica y jurídicamente a la Iglesia? Si se trata de Caritas, la respuesta nos la ofrecen a diario sus responsables y voluntarios: nada de predicar y mucho de dar trigo. El elocuentísimo dato de que Caritas no haya logrado convertir a una sola de las personas de religión musulmana a las que diariamente viste, alimenta y presta asistencia legal, debería servir de aldabonazo contra todos sus responsables, si es que les queda un átomo de dignidad cristiana y de vergüenza torera para admitir los errores propios.

Siento profunda admiración por curas como el padre Jesús Calvo, colaborador de esta casa, cuyas cualidades, entre ellas su inteligencia, los convierten en hombres excepcionales dentro de una institución corrompida y repleta de seres logreros, mediocres y blandos, que no me agradan en absoluto y que acaso estén conduciendo a la Iglesia a su desaparición. Las estadísticas son demoledoras. La Iglesia española ha perdido el pálpito de los jóvenes, el reflejo vital, la cercanía afectiva con el rebaño propio, y cada vez son más las parroquias que se ven abocadas al cierre por falta de feligreses y de vocaciones sacerdotales.

Llamamos la atención sobre la circunstancia de que el peligro más grande para la Iglesia es el de aquellos que se presentan como fieles seguidores suyos, y en calidad de tales se erigen en fiscales y jueces de quienes defendemos una vuelta a las raíces, un compromiso con el próximo antes que con el enemigo de nuestra fe.

Mientras las mezquitas en España están abiertas todo el día, las iglesias permanecen casi siempre cerradas. Algunas abren un par de horas cada siete días, lo justo para pasar el cepillo un par de veces. Salvo honrosas excepciones, los curas ya no ejercen de pastores de su grey más allá de impartir la Eucaristía de forma cansina y engolada. ¿Dónde están esos curas que acudían puntualmente a visitar a los ancianos a sus domicilios, a consolar a los enfermos, a interesarse viva y desinteresadamente por los problemas de su congregación? Los de hoy, salvo excepciones, se han convertido en distantes funcionarios. Cualquier iniciativa preconciliar es lastrada y considerada como desafección. No pueden actuar tan torpemente salvo que el humo de Satanás les haya nublado la vista y distorsionado el olfato.

Rechazo el catolicismo ñoño y de salón que nos quieren presentar como modelo; un catolicismo frío e indiferente, sin dogmas, sin misioneros, sin mártires; un catolicismo que no se indigna ante los ataques estos días contra símbolos católicos en toda España; un catolicismo compatible con todo, diluido en todo, que ha perdido el sabor como la sal que se pudre y que sólo aspira a hacerse perdonar por el progresismo ateo, mendigando el papel de acólito en la tarea de cambiar las estructuras, colaborando en la demolición del edificio, dando de comer al enemigo, ignorando al prójimo y apoyando al PP cuando demostrado queda que el PP es un partido sin moral y sin principios saludables, con algunas saludables excepciones.

Añoro para mi Iglesia a curas que idealicen su ministerio más allá de la comodidad y el ‘aggiornamiento’ que persigue la mayoría. Reclamo sacerdotes españoles de fe, de ilusión y de esperanza, dispuestos a levantar los ánimos tibios convirtiéndolos en hogueras, anhelosos de levantar la moral de los católicos frente a los progres de nuevo cuño. Añoro a sacerdotes como el Padre Calvo, que denuncien alto y claro a la gentuza ‘koletista’ que interpreta el precepto bíblico de poner la otra mejilla como el derecho a rompérnosla literalmente. Incluso los que no coincidan con la proclamación de estos deseos, por lo menos coincidirán en aceptar que la peor etapa de la Iglesia coincide con la imposición de los que sostienen justamente lo contrario.

 

Por todo lo anterior, nuestro homenaje y respeto a los católicos tesoneros y comprometidos antes con España que con la cuenta de resultados de la Conferencia Episcopal. Todo el planteamiento espiritual de estos católicos gira en torno a las fidelidades esenciales, a las lealtades que no mueren, a las que honran. A esas obras que fluyen, con sencillez, alejadas de cualquier boato y unidas siempre al interés de los católicos y al futuro cristiano de nuestra patria.

De Alerta Digital

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