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LA SAGRADA FAMILIA


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Del Breve  Apostólico “Neminem fugit” de León XIII :

Nadie ignora que la prosperidad privada y pública depende principalmente de la constitución de la familia. En efecto, cuanto más profundamente arraigada se halla la virtud en el seno de la familia, cuanto más grande sea la solicitud de los padres por inculcar a sus hijos –por medio de la doctrina y del ejemplo– los preceptos de la religión, tanto mayores frutos nacerán de ahí para el bien común. Por este motivo, es de soberana importancia que la sociedad doméstica no sólo esté constituida santamente, sino que además se halle regida por leyes santas; y que el espíritu de la religión y los principios de la vida cristiana se desarrollen en ella con esmero y constancia. Evidentemente, con este fin, el Dios misericordioso, cuando quiso realizar la obra de la reparación humana, esperada desde hacía siglos, dispuso de tal suerte sus elementos y su orden, que –desde el principio– esta obra presentó al mundo la forma augusta de una familia divinamente constituida, en la cual los hombres todos pudieran contemplar un perfectísimo ejemplo de sociedad doméstica y un modelo de toda virtud y santidad.
Tal fue la familia de Nazaret, en la que se ocultaba –antes de resplandecer ante las naciones con su plena luz– el sol de justicia, Cristo Dios Salvador Nuestro, con la Santísima Virgen y San José, su santísimo esposo, el cual hacía con Jesús el oficio de padre. No podríamos dudar de que la perfección que, para la sociedad y vida doméstica, nacía de la fidelidad recíproca a los deberes de caridad, de la santidad de costumbres y de la práctica de las virtudes, brilló con el más vivo resplandor en esta sagrada Familia que había de constituir el modelo de todas las demás. Igualmente, por una benigna disposición de la Providencia, esta Familia se instituyó de suerte que todos los cristianos, de cualquier condición y país que sean, puedan encontrar en ella fácilmente –con un poco de atención– un motivo o invitación a practicar todas las virtudes. En efecto; los padres de familia tienen en San José, un modelo consumado de vigilancia y previsión paternal. La Santísima Virgen, Madre de Dios, es para todas las madres un modelo admirable de amor, modestia, espíritu de sumisión y fe perfecta. En la persona de Jesús, que “vivía sumiso a ellos” [1], los hijos pueden admirar, venerar e imitar un modelo divino de obediencia.
[EM, 214-215]
[1]. [Lc. 2, 51].

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