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LA VOLUNTAD DE DIOS EN LOS CÓNCLAVES


La VOLUNTAD DE DIOS EN EL CÓNCLAVE CATÓLICO, NO EN  «OTRO»

http://remnantnewspaper.com/web/index.php/remnant-television/item/2933-papal-elections-gods-will-vs-human-error

  • ¿Quién tenga la paciencia de escuchar esa nota en Inglés por Matt Editor de “The Remnant ” tenga cuidado de darse cuenta del error básico de aquellos que confunden los “malos Papas”con los “falsos papas”. Todo está , como él bien dice en la Voluntad de Dios. Ahora bien,  él dice que nada puede garantizar que Dios quiso el Vaticano 2. Justamente porque el problema real es que Dios conociendo las intenciones de los hombres no quiere un Papa con la Fe desviada del V2 que iba a apartar a millones de almas y corromper al  mundo. Aquí se manifiesta con certeza  la voluntad positiva de Dios, no la  permisiva: dar el poder directamente al Papa en su elección; el poder que no viene de la Iglesia ni de los cardenales.
  • La verdadera pregunta es, entonces, ¿quién puede creer que Dios ha dado el poder a los “papas conciliares? Estos, desde Juan  23 a Bergoglio están demoliendo la Iglesia y contra de la voluntad de Dios nunca serían la Papas enviados por Dios.

Arai Daniele

Desde la muerte de Pío XII, se hicieron más espesas las tinieblas espirituales en las que actualmente vivimos, pero que pocos se dan cuenta de ellas, porque la mayoría cada vez más están inmersos en ellas. Para comprender este tiempo, dado que nos referimos a la Iglesia de Dios, sólo nos puede valer el comprobar cuando se desapareció el cumplimiento de su Santa Voluntad, que en Ella se manifiesta de manera especial

Así que vamos a ver paso a paso cómo esto puede haber ocurrido con explicaciones reconocibles, hoy como ayer, en la misma vida de su Santa Iglesia. Porque algo devastador sucedió después de la muerte de Pío XII, que sería “más claro en 1960”, como se dijo en el “Tercer Secreto”, sobre la muerte del papado con su séquito.

El papa Pacelli murió en octubre de 1958, dejando a la iglesia, según él mismo confesó a la vista del nivel de gran parte  de su clero, al borde del diluvio. El filósofo panteísta y bergsoniano  Jean Guitton, que asistió al Vaticano como amigo de G. B. Montini  afirmó  que Pío XII conocía bien la situación y decía que al  final él  sería el “último Papa,” el último anillo de una cadena bimilenaria. Esto, a pesar de que la iglesia a finales de los años  50 parecía floreciente. 

  Consideremos, por ejemplo, que en  el país de las estadísticas, en USA,  en 1959 había 39,505,475 católicos, 3.481.498 más que  en 1958, y 12.787.132 más que en 1949. Esto significa un aumento de casi el 50% en diez años. Son cifras  de la Enc. Britannica (1960), en fuerte contraste con las que da monseñor George Kelly en  La Batalla por la Iglesia americana, Doubleday, Nueva York, 1981: “Después del Concilio cerca de 10 millones de católicos (30%) dejaron de ir a la misa dominical; aproximadamente 2 millones menos de matriculados en las escuelas católicas; hubo medio millón menos de bautismos,  y 50. 000 conversiones menos. “. Siguen  las estadísticas de la pérdida de la fe entre los fieles: en cuanto a  los religiosos, 50.000 monjas abandonaron los conventos entre 1966-1976; 10.000 sacerdotes abandonaron su ministerio  y la entrada en los seminarios se redujo de 50.000 a 17.000. En cuanto a la fe de estos es mejor no hablar.

Pío XII debía saber que estaba avanzando  una crisis sin precedentes en la Fe  “en el mismo seno  y en el interior de la Iglesia”, como ya lo había visto  San Pío X a principios de siglo. De hecho, una corriente revolucionaria liberal había penetrado a través del cuerpo de la Iglesia Católica que quería abrirla al mundo; El modernismo se caracteriza por la sensación de libertad de la conciencia al emanciparse de los mandamientos; por la igualdad de  las creencias, abandonando la exclusividad de la religión católica para la salvación; y por la fraternidad, no por  un padre común, sino  basada en la bondad natural y en la igualdad de la dignidad de los hombres. Sería el bautismo del iluminismo dominante. Pero para ello era necesario rebajar el Magisterio de los Papas con una “nueva teología” que diese toda la autoridad a las fuentes patrísticas estudiadas  por los eruditos  exégetas y por los lingüistas modernos.

Pero volvamos al cónclave de finales de octubre de 1958 para la la elección del sucesor papal. Sabemos que los principales vigilantes para preservar  la Fe, que entonces eran el cardenal Alfredo Ottaviani y el cardenal Domenico Tardini, coincidían en que se tenía que elegir un papa de transición, evitando de esta manera que se eligiese al demasiado joven cardenal Siri, que para  Pío XII sería el más razonable y firme en la doctrina en medio de un buen  un número de mediocres de doctrina incierta.

Pues bien, en este clima de incertidumbre los dos cardenales más influyentes citados decidieron apoyar a un candidato que aunque caía dentro de esa mediocre mayoría, parecía el más dócil por su bonhomía optimista, para establecer acuerdos con él, como consta en las memorias de  Ottaviani, “Il carabiniere  della fede “, cosa confiada a mi amigo el periodista Emilio Cavaterra. Estos son  casi todos los datos conocidos, así como la condición de que fueran mantenidos en sus cargos. Así pues consta  el cardenal Ottaviani utilizó su autoridad para hacer confluir los votos de los miembros de la “Curia” y el del cardenal  Masella, en Roncalli.

Sucedió así como las tendencias reformistas que iban avanzando, según las previsiones y denuncias de los papas hasta Pío XI, habían obtenido su representante “papal” con  objeto de “desmitificarlas,  como si fuesen  problemas de otros tiempos,  como ” profecías de desgracias” ante un futuro brillante! Así, esta corriente que se había mantenido casi clandestina  bajo la figura autoritaria de Pío XII, estaba madura para salir a  la luz del día. Sólo era una cuestión de aprovechar el momento oportuno de la elevación del  “papa bueno”, abierto, finalmente,  al mundo moderno..

El momento adecuado llegó con el cónclave que eligió al cardenal Roncalli, que tomó el nombre del  antipapa Juan XXIII, el célebre Baldassarre Cossa – Giovanni XXIII, que había convocado el concilio de Constanza, que lo había depuesto. El 28 de octubre de 1958, los principales electores de Juan XXIII eran  como hemos visto anteriormente, los cardenales Ottaviani y Tardini. Por cierto, además de aquél ñacuerdo consta, y no sé si está en el libro, pero me fue dicho respondiendo a mi pregunta a Cavaterra sobre el dossier de  Roncalli que se lo mostraron.Se trataba de lo que  se sabía  de sus precedentes modernistas en la enseñanza de la historia de la Iglesia en los seminario de Bérgamo y Roma. A la vista del expediente, Roncalli no dudó, y escribió acerca de él: ¡No soy modernista! Esto fue suficiente para que los dos cardenales, más crédulos que vigilantes si dieron  por satisfechos. Ahora alguien dirá, entonces ese dossier está  en el ex Santo Oficio! No, Juan XXIII lo retiró, junto con el de su amigo Montini. Este hecho se dio a conocer públicamente por sus mismas  palabras alardendo del poder de un Papa, incluso para suprimir dossieres la .

Todo esto y más cosas, serán narradas aquí en el fin de tener idea del carácter embustero  de Angelo Roncalli, Juan 23. “El proceso relativo a Roncalli, presente en los archivos del Vaticano, fue removido por él mismo. Un crimen perfecto,  si no fuese que Roncalli un fanfarrón que se enorgullecía de sus bravuconadas, incluso en el ámbito de las cuestiones más graves “. De hecho, él lo admitió públicamente. (Ver Nichitaroncali, p. 41). Si alguien lo pusiese en duda, que  demuestre que el conocido proceso completo todavía está  en los archivos del Vaticano. En cualquier caso, nadie niega que Roncalli hizo tanto el  juramento antimodernista como después el papal para enseguida obrar contra ellos, es decir, ser el iniciador de un proceso de cambio profundo en la Iglesia, precisamente en el sentido que ya había prometido bajo juramento no hacer ante el severo juicio de Dios. Fue así como el  conocido y renombrado exegeta, Mons. Spadafora  para calificar este vendaval en la Fe, citó la declaración de otro filósofo, amigo de  Montini, Jacques Maritain: “El modernismo en el tiempo de Pío X, en comparación con la fiebre neomodernista moderna, no fue un  modesta resfriado” ( ‘ Le Paysan de la Garonne ‘). Esto se debe a los engaños de Juan XXIII..

La cuestión de la “inspiración” del Concilio 

La mentira del concilio inspirado habría revelado esta hipocresía en sus mismas “memorias”: “Resumo las grandes gracias hechas a  quien tiene poca estima de sí mismo, pero recibe buenas inspiraciones y las aplica con humildad y confianza (…). Segunda gracia. Se me muestran como simples y de inmediata ejecución algunas ideas poco complicadas,  pero simples y de gran alcance y responsabilidad en los acontecimientos del  futuro cercano “. Observe cómo Roncalli por un lado habla en su diario de humildad, pero por otro lado muestra una inmensa estima por las propias ideas e inspiraciones, decisivas por el alcance que tendrían en el mundo.

Pero antes de exponer el alcance de su pensamiento, finge tener poca “estima de sí mismo”! Continúa: “sin haberlo jamás pensado antes, en la primera conversación con mi secretario de Estado, el 20 de enero de 1959, surgieron las palabras ” Concilio Ecuménico,” Sínodo diocesano “y” recomposición del Código de Derecho canónico  “contrariamente a cualquier suposición mía o a mi imaginación sobre eso. El primero en sorprenderme de esta propuesta mía era yo mismo , y nadie antes de mí lo había señalado.  Y digo que me pareció  muy natural en su desarrollo inmediato y continuo “(1).

El Padre Ricossa de “Sodalitium” resume la historia de esa inspiración (2). “La versión del protagonista, Juan XXIII, por lo tanto es clarA y concorde: 1) La decisión de hacer un concilio ecuménico fue  una” inspiración divina “(21). 2) Tuvo esa inspiración tan sólo cinco días antes de anunciar públicamente el Concilio, es decir, el 20 de enero hablando con el cardenal Tardini. 3) Nunca antes había pensado en el Concilio, por esto quedó sorprendido como él mismo dijo. 4) Nunca nadie antes había hablado con él de eso. Esta versión es conocida por todos y está oficialmente acreditada hasta el punto que Pablo VI el 29 de septiembre de 1963 dice, en elogio de Juan, que el concilio ecuménico había sido convocado  y se inauguró por “disposición divina”(3), y también Juan Pablo II añadirá: “…la convocatoria del Vaticano II, que él intuyó, fue como confesó, una inspiración misteriosa e irresistible del Espíritu Santo” (25.XI.1981) [discurso del 26 de noviembre de 1981 con motivo del centenario del nacimiento de Roncalli] (4). Así pues, se trata de la versión oficial y acreditada. Tiene sólo un fallo y es que es completamente FALSA”.

“Esta versión oficial, que fue acreditada como verdadera por los mismos Papas conciliares, es tan ignominiosamente falsa que debió ser negada incluso por los mismos historiadores  roncallianos como Hebblethwaite o progresistas  serios como el P. Martina SJ, que no estaban dispuestos  a apoyar acríticamente la mitología joanina  construída por los historiógrafos tipo Falconi, Balducci, Zizola y similares “. Continúa el P. Ricossa (5): “La falsedad de las afirmaciones  Roncalli-Montini-Wojtylianas al respecto está establecida, documentada y aceptada por todos los historiadores. Estos hacen equilibrios mortales para no llamar a Roncalli embustero. Avergonzado, Hebblethwaite escribe: “Es evidente que el Papa Juan no podría querer decir que nunca pronunció la palabra” Concilio ” antes del 20 enero del  59: sería simplemente falso. 

La Iglesia conciliar nació y creció en la MENTIRA

Como se he basta  con profundizar simplemente un poco en la verdadera historia de esta falsa iglesia,  que pretende sustituir a la Iglesia de Dios, fundada  hace dos mil años por Jesucristo para nuestra salvación, para entender la gravedad de la adulteración de la voluntad de Dios. Desde el tiempo del nefasto Roncalli hasta el de Bergoglio que ahora ocupa la sede vaticana, algunos grupos y personajes hasta ahora “sedeplenistas” acérrimos , esto es que quieren ver que hay un “papa ” puesto por Voluntad de Dios, comienzan a buscar una salida” legal ” de este degradado “papado conciliar”, remontándose a un posible error radical en el último cónclave.

Antonio Socci ya había planteado esta cuestión, casi una certeza para él que otros, como el Rv. Paul Kramer la habían aceptado sin vacilar, porque Bergoglio es incluso un hereje comprobado.

Como ya he escrito en otro lugar, estuve con Kramer en una de sus visitas a Portugal, para demostrarle, con sus propios documentos (que había grabado en un iPhone) que las herejías que se imputan Bergoglio ya estaban en el Vaticano 2. No le fue posible negarlo, pero no sé si ha cambiado de opinión. El engaño está muy extendido, incluso entre los tradicionalistas porque serpentea un odio sin sentido en contra aquellos que se atreven a desafiar a los cónclaves desde el tiempo del apóstata Juan 23. Sin embargo, hoy como ayer, las razones de la legítima contestación sobre la base del derecho de la Iglesia son las mismas: son las desviaciones del “candidato papal” en la intención de cambiar la iglesia de acuerdo con las necesidades de los tiempos modernistas.

¿Los cardenales electores no lo sabían? Tal vez. Pero desde el momento en que el “elegido” asumió el poder papal, el sospechoso clérigo todo lo obró de acuerdo a sus principios desviados e introdujo  a sus cómplices, sospechosos de “actividades modernistas”, hechos que demuestran la desviación herética del electo, lo que hace su elección nula . Como se sabe, la condena de la herejía por la Iglesia, no se limita a la evidencia de documentos escritos, sino también de los hechos,  gestos y su complicidad con los herejes y las herejías que ya habian sido públicamente condenados..

Para nuestros lectores que sólo recientemente se han convertido a la Fe católica, estos hechos tan funestos y aparentemente inverosímiles deben ser leídos en el espíritu de la misma Revelación sobre el fin de los tiempos de las naciones cristianas. “Entonces aparecerán falsos pastores y falsos Cristos y engañarán a muchos” (Mt 24).

Los convertidos en esta última hora de la historia cristiana han recibido de nuestro Señor una gracia tan extraordinaria, que la deben cultivar con todas sus fuerzas buscando la santidad personal. No basta procurar la santidad de otros, sino responder a la llamada que han recibido, imitando a Cristo, nuestro Maestro y adorable Salvador.

Dios reveló Su Voluntad que se manifiesta a través de la Iglesia. Sus clérigos pueden mentir y degenerarse, pero está la Palabra, porque la voluntad de Dios no cambia. En el cónclave católico el poder del Papa electo viene directamente de Dios, no de los cardenales  o de la Iglesia. Es un hecho invisible hasta que el obrar de ese “Papa electo” no exprese quién es él en el cumplimiento de la Voluntad de Dios en la Iglesia. Si trae “otro evangelio” (Gálatas 1: 8), los fieles deben reaccionar porque, como ya está escrito y codificada por la Iglesia, ests cónclaves son nulos y condenables. En caso contrario equivaldría a atribuir  blasfemamente la culpa a Dios, que se cree que los han autorizado directamente en el cónclave, dándoles  el Poder de Su Voluntad! Una infame mentira! Y el combate en el testimonio de la Verdad es querida por nuestro Señor, toca a su Sagrado Corazón y al Inmaculado Corazón de María.

Este es el llamamiento de Fátima en defensa de la religión que convierte y sin la cual no somos nada. Que la Divina Misericordia se apiade  de  esta generación sin pastores, pero también del resto que mantiene la llama de la fe.

Notas: 

19 – JUAN XXIII. “Il Giornale dell’anima“, Edizioni di Storia e Letteratura. V. Ed. Roma 1967. pp. 359-360. texto parcialmente reproducido por Hebblethwaite, pp. 446-447. Con estas palabras termina el diario de Juan XXIII. [Pruebas del autor].

20 – P. Francesco Ricossa, Iil  papa del Concilio” (capítulo 12), Sodalitium n. 34, 1993, p.12.

21 – Véase Giornale dell’anima, op. cit., p. 359, nota 1, en donde Loris Capovilla repite las mismas palabras de Juan XXIII.

 

22 – Enseñanzas de Paolo VI, Poliglotta Tipografía Vaticana, vol. I, 1963, p. 168. Citado por LORIS CAPOVILLA en: AA.VV., come si è Giunti al Vaticano II, Massimo, Milán, 1988, p. 38. 

De Pro Roma Mariana

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