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LA DEVOCIÓN EUCARÍSTICA EN RATZINGER


[Texto extraído de un post de este blog]

Ratzinger siempre ha estado obsesionado con hacer el catolicismo aceptable para el “hombre moderno“. Por esta razón, en sus primeros años como profesor modernista, se burló de la idea de hacer visitas al Santísimo Sacramento. Él dice en su obra titulada “Sacramentale Begründung der Christlichen Existenz (1966):

La devoción eucarística, tal como se observa en la visita silenciosa de los devotos en la iglesia no debe ser pensada como una conversación con Dios. Esto asumiría que Dios está presente a nivel local y en un espacio determinado. La justificación de esto  demuestra una falta de comprensión de los misterios cristológicos y del concepto mismo de Dios. Esto repugna al pensamiento maduro del hombre que comprende bien la omnipresencia de Dios. Ir a la iglesia  para poder  visitar  a Dios  presente  es un acto sin sentido que el hombre moderno rechaza con razón. “

Papa_Benedicto_y_Jes_s_Eucarist_a

El anterior párrafo que aparece también en las últimas ediciones de las obras completas se contradice completamente con el actuar de Ratzinger en algunas ocasiones dando la bendición con el Santísimo. ¿Creería también entonces lo que dejó escrito de que Dios no está presente a nivel local y en un espacio determinado  y  que poder visitar a Dios presente es un acto sin sentido que el hombre moderno rechaza con razón. ”  ]

2 replies »

  1. Me preguntarón unos protestantes cómo los católicos creemos en la presencia real del Señor en el pan y el vino consagrados. Por la Gracia de Dios mismo, les respondí. Les expliqué también cómo el Señor nos enseñó el poder de la fe. Puesto que creo con toda el alma en la presencia real de Cristo en el pan y el vino consagrados, demuestro sin más que ellos se confunden, ya que no creen. Justo en estos términos lo expliqué y entonces sucedió algo muy interesante: no supieron qué responder.

    Aunque Ratzinger haya escandalizado a no pocos con su modernismo y muchos ignoremos si acaso ha habido un solo papa válido tras Pio XII, pienso que esta cita del viejo profesor debe leerse de otro modo. Si nos observamos detenidamente… acaso a todos pensemos de modo similar.

    Todo católico acepta que sin intención de consagrar tampoco hay consagración válida, luego la consagración, por lo que al hombre respecta, necesariamente implica un acto de fe pura. Dios está en el pan consagrado, lo sabemos por la fe, ahora bien según las Escrituras (San Pablo) Dios es “todo en todo” (doctrina de la apocatástasis) o sea es el todo indivisible en la hostia, en un árbol o en una galaxia. No es esto panteísmo, no viene a decir que todo sea Dios sino Dios es todo o sea que el ser de Dios abarca toda la creación y todo ser, no meramente que todo subyace a Él. ¿Entonces por qué consagramos el pan y decimos que en él está Dios? Pues bien, esto se hace por nosotros y para mayor gloria de Dios.

    Demasiado bien sé por la razón que no necesito ir al tabernáculo para visitar a Dios sin embargo voy al tabernáculo y realmente Lo visito allí solemnemente. El verdadero tabernáculo es nuestro propio corazón, no el de carne sino el órgano espiritual de sentir, y la verdadera imagen de Dios somos nosotros mismos. Consideremos también que, a pesar de que seamos imagen viva de Dios, sería absurdo pretender que mirándonos en un espejo pudiéramos ver a Dios ya que el espejo de la divinidad no es sino el alma. Entonces, ¿por qué instituyó Cristo la Eucaristía? Precisamente porque los ojos no se ven a sí mismos, tampoco los ojos del alma. El Señor, como un padre, dice a la criatura: “ya que te confundes tanto al buscarme y quieres verme, mira el pan santo, porque decreto que allí estoy Yo para que puedas verme”. Sea como sea, es inexpresable. Sin palabras sabemos que, aunque ofrezcamos a Dios los santos dones, el rito es para nosotros. Todo es “para mayor gloria de Dios” , decimos, pero Dios mismo se gloria en regalarse a Sí Mismo a nosotros. Lo sabemos sin palabras, del mismo modo que los protestantes lo ignoran con tanta palabrería.

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  2. Yo no creo como Ratzinger haber superado la fe en la Presencia Real y Verdadera de Nuestro Señor, en la Eucaristía, muy por el contrario, constato que después de las enseñanzas de estos personajes, los católicos “dan cada vez menos importancia a la Eucaristía” palabras de nuestra Señora, y desacralizan tanto como pueden el Santo Sacrificio del Altar, conviniendo todos que es una mera cena, incluso una fiesta, en que Nuestro Señor Jesucristo, solo está presente espiritualmente por la “fe de los fieles”y ya no se menciona más que sea el Sacrificio Incruento de Nuestro Señor en la Cruz.

    Muy por el Contrario creo que no hemos entendido y apreciado en su medida el Santísimo Sacramento del Altar.

    Si, puedo hablar con Dios en todas partes, y mi alma debería ser su Tabernáculo, pero el está real y verdaderamente presente con Su Cuerpo, Su Alma y su Divinidad en el Santísimo Sacramento no solo para nosotros, el objetivo mayor es El Sacrificio Perpetuo, que se ofrece en cada Misa y si se queda en el Tabernáculo del templo es para que estas le rindan la adoración que Él se merece y para otorgar sus dones a sus miserables creaturas

    Pero sobre todo, porque nosotros no tenemos nada digno que ofrecer al Altísimo sino la Victima Pura Santa e Inmaculada por medio del Sacerdote, quien en virtud de su consagración lo hace “Por Cristo, con Él y en Él”, no por sus propias fuerzas, ni por su propia voluntad, ni menos por su dignidad, sino porque Él lo mandó así, y porque Él así lo quiere, y su propia dignidad sacerdotal la adquiere porque lo hace, Por, Él, con Él y en Él.

    Y como el sacerdote ofrece el Sacrificio Incruento para pagar la deuda contraída por sus propios pecados y los pecados del mundo, debemos reconocer que es primerísimamente Para Gloria de Dios, el restablecimiento del orden, el Sumo bien afrentado por la desobediencia de su creatura, requiere una digna reparación al mal que ha hecho, y solo Nuestro Señor Jesucristo al ofrecerse Crucificado para pagar por nuestros pecados, es capaz de restablecer ese orden y hacer que todos los pecados del mundo no inclinen el platillo de la balanza de tal manera que la misericordia de Dios quede impedida y recibamos el justo castigo, y así todo el bien alcanzado por nuestro Redentor, que se renueva en cada Misa, es primero para Gloria de Dios y por su infinita misericordia para bien de nuestras almas y también para la conservación del mundo tanto animado como inanimado.

    Nuestro Señor Jesucristo si se queda por amor a nosotros, pero por nuestra extrema necesidad, no por merecimientos alguno, ni para afirmar nuestra grandeza, como luego dicen los modernistas, que exaltan a la creatura por tanto como ha recibido de su Creador, y en vez de enseñarles su extrema bajeza la exaltan y no enseñan ni reconocen que Dios se da a “Si Mismo” porque nos ama y conoce la inefable miseria de nosotros sus creaturas. que sin Él nos lo dice: “nada podemos hacer”.

    Leyendo la Institución de la Eucaristía, de Sor María de Jesús Agreda, vemos la magnificencia de este sacramento y como Nuestra Santísima Madre se humillo ante su Hijo al Recibir la Eucaristía sintiéndose Ella, la Purísima Indigna de recibirle, su adoración y las reparaciones que hizo todo el resto de su vida por la arrogancia e indignidad con que le recibirían sus creaturas.

    En los Cielos y en la Tierra sea por siempre alabado
    El Corazón amoroso de Jesús Sacramentado

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