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MEDITACIÓN DE LA PASIÓN ANTE LA SÍNDONE


MEDITACIÓN DE LA PASIÓN ANTE LA SÍNDONE

LA PASIÓN DE CRISTO SEGÚN LA SÁBANA SANTA DE TURÍN

Traducido de Contre-Reforme Catholique

Hermano Bruno de Jesús

Extracto de CRC Pascua de 1997

LLAGAS DE CRISTO

“PILATO TOMÓ A JESÚS Y MANDÓ AZOTARLE. “(JN 19, 1)

Nadie habría imaginado la flagelación del Señor en toda su ignominia, tal como la vemos representada en la síndone. Quizás la brevedad de los evangelistas se explica por el horror que sentían ante el recuerdo de las torturas infligidas a Jesús (Mc 15, 15, Mt 27, 26, Jn 19, 1). Según el relato evangélico, el ajusticiado fue desnudado y atado a una columna. Por eso hablamos de la tradicional “columna de la flagelación“. Pero si Jesús hubiera sido levantado por los brazos a la parte superior de la columna, el pecho, por lo menos, habría estado protegido de los golpes. Pero en la síndone vemos que los golpes llueven sobre los hombros, la espalda, los riñones, muslos, pantorrillas, y también fueron dados desde la parte frontal: por eso vemos las marcas en el pecho y las piernas delanteras.

El flagrum , un mango con dos o tres tiras pequeñas de cuero terminadas en trozos de plomo, se blandía por un verdugo que giraba alrededor de la víctima, o por dos verdugos, uno de los cuales golpeaba por la parte de atrás. Jesús había perdido mucha sangre, que por alguna razón Lucas es el único que menciona, “con una precisión de médico insuperable“, escribe el Dr. Barbet, tal vez porque se lo había pedido Juan, el discípulo amado, que no había llegado a dormirse en la noche pasada en el huerto de los Olivos:

“En su angustia, oraba más intensamente: y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta el suelo” (Lc 22, 44)

Barbet reconoce los síntomas de hematidrosis, fenómeno clínico poco frecuente pero bien conocido por los médicos, causado por un choque moral profundo, en concreto como el que vemos que aquejó a nuestro Señor inmerso en la agonía de Getsemaní, cuando Él previó con detalle, el sufrimiento que le esperaba, y cuando viéndose a Sí mismo en la presencia de su Padre, pensó especialmente en la masa terrible de nuestros pecados, cargándolos sobre Sí para expiarlos. La agonía interna del combate mortal hace que se dé este síntoma fisiológico de una hemorragia subcutánea: la sangre se mezcla con el sudor y con ella forma bolas pequeñas que aparecen por entre los poros de la piel y, literalmente, resbalan por todo el cuerpo, “hasta el suelo”, como dice San Lucas.

Y así afectada por las millones de pequeñas hemorragias intradérmicas, la piel se vuelve más frágil y sensible a los golpes que vendrían más tarde. Veteada de sangre, desgarrada por los trozos de plomo de los látigos, comienza a separarse del cuerpo colgando en jirones. Mientras que los azotes de las tiras de cuero dejan marcas lívidas, reflejo de las contusiones y hematomas bajo la piel, tal como se observan con emoción a través de los rayos ultravioleta. Son imposible de contar y se observan en todo el cuerpo.

La flagelación causó la hemorragia más grave sufrida por Jesús, y fue causa a su vez de las restantes, primero cuando los soldados le retiraron el manto de burla que echaron sobre sus hombros después de la flagelación, para darle otra vez su ropa, y después cuando finalmente ‘le despojaron de nuevo de sus vestiduras al pie de la cruz. ¡Cada vez se producían flujos de sangre!

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“HE AQUÍ TU REY. “(Jn 19, 14)

Jesús fue coronado por una especie de casquete de espinas. Este hecho es único entre todos los testimonios de crucifixiones en la antigüedad, y es el eco del diálogo tenido entre Pilatos y Jesús cuando Él afirmó claramente su realeza mesiánica. Los soldados responsables de la flagelación se lo habían oído al decir: “Tú mismo dices que soy rey. “(Jn 18, 37) y dan testimonio de ello de esta manera cruel.

No les fue difícil obtener “un manojo de ramas de los arbustos que abundaban en los suburbios de Jerusalén“, escribe Barbet, “que son flexibles y de largas espinas, mucho más agudas y duras que las de las acacias. Tejieron una especie de placa base que aplicaron a su cabeza doblando los bordes y endureciendo todo ello con una banda de juncos trenzados. Quedó toda la cabeza atrapada en el casco desde la frente hasta el cogote, penetrando las espinas en el cuero cabelludo que sangraba profusamente. Largos chorros de sangre le corrían por la frente, cuyas huellas quedaron en la Sábana Santa interrumpidas por las bandas de juncos. […]

Una “banda de junco” se encuentra actualmente en Notre-Dame de París y se la conoce como la “Corona de Espinas“. Recibe de este estudio una prueba muy segura de su autenticidad. De hecho, es notable que esta reliquia no tenga espinas. Si se tratara de una falsificación realizada en la Edad Media, el falsificador sin duda la habría hecho de espinas.

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“LLEVANDO LA CRUZ. “(Jn 19, 17)

Por encima de las heridas de la flagelación, se observan los trazos de la abrasión causada por una carga sobre los omoplatos: vestigio de haber llevado la Cruz que nadie habría imaginado que fuera así. Jesús no lleva la cruz entera, como los artistas por lo general lo representan. Los lugares de ejecución tenían ya de antemano plantado el palo vertical de la Cruz llamado stipes Crucis, y el madero horizontal, llamado patibulus, se cargaba sobre los hombros de los condenados. Carga aplastante. Jesús halla en el amor que nos tiene y en la voluntad de salvarnos la energía necesaria para tomar la carga sobre sus hombros ya heridos por una flagelación que podía haberlo matado.

Desde la fortaleza Antonia a la cima del Monte Calvario, había un camino de seiscientos metros. Jesús lo recorrió descalzo. El terreno era irregular, salpicado de cantos rodados, muy duros. En 1978, científicos estadounidenses encontraron en la síndone, restos habidos en aquel cortejo doloroso del camino hacia el Calvario, al hallar barro incrustado entre las fibras de las rodillas y en las de la punta de la nariz, como se podría esperar. Jesús pone trabajosamente un pie delante del otro y cae varias veces, sobre las rodillas que son ya una pura llaga. Al final, Jesús se derrumba con todo su cuerpo, completamente agotado, y sin poder proteger su rostro del contacto brutal con el suelo. […]

Cristo camino del calvario, 1560. Tiziano.óleo sobre lienzo. 98 cm x 116 cmMuseo del Prado.

“CUANDO LE HUBIERON CRUCIFICADO. “(Jn 19, 18)

Cuando llegaron a la cima del Monte Calvario, Jesús fue crucificado. ¿Cómo imaginar una escena así? Mediante el estudio detenido de las “Cinco Llagas“, “perforadas”, como dice el Salmo 22, según la Septuaginta griega, en las manos y pies de Jesús, y en su Corazón. En la Sábana Santa, vemos sólo cuatro, porque la de la muñeca derecha está tapada por la muñeca izquierda.

Estas son las heridas de un crucificado con las manos y pies clavados al igual que un sinnúmero de culpables convictos de la antigüedad, por lo menos hasta que Constantino suprimió las crucifixiones. La verdad nos obliga a decir que no sabríamos nada acerca de la tortura abolida en el siglo IV, sin el trabajo de Barbet en su estudio de la Sábana Santa. […]

De hecho, el emperador Constantino abolió, en honor de Nuestro Señor, este castigo terrible, reservado a delincuentes comunes, esclavos, prisioneros políticos, como fue el caso de Yehohanan ben Hagqôl, que los arqueólogos israelíes descubrieron en el año 1968, en los alrededores de Jerusalén, con el talón perforado por un clavo. Este hombre fue crucificado en el año 70 dC durante la Guerra de los Judíos, cuarenta años después de Jesús, probablemente uno entre los cientos de aquellos desgraciados judíos, sometidos antes de morir a todo tipo de torturas, e inmediatamente crucificados de cara al muro, “a quienes el mismo General Tito compadecíasegún palabras de Flavio Josefo (Guerra Judía 5, 449-451).

Jesús no nos ha dejado sus huesos sino la sábana manchada con su preciosa sangre. Esta magnífica pieza de tela da fe de que después de haber sido ejecutado como un malhechor fue enterrado como un príncipe […]

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“TRASPASARON MIS MANOS Y MIS PIES. »(SAL 22, 17)

Jesús fue despojado de sus vestiduras primero. Atroz tortura: ¿Alguna vez ha sufrido Ud. el levantamiento del vendaje colocado en una gran herida contusa y reseca? ¿Ha pasado por esta prueba que a veces requiere anestesia general? Si es así, ya puede conocer un poco lo que es. Cada hilo de venda se une a la superficie expuesta, y, cuando se levanta, agarra una de las terminaciones nerviosas expuestas en la herida. Estos miles de choques dolorosos se suman y se multiplican, cada uno aumentando la sensibilidad del sistema nervioso. Pero no se trató aquí de una lesión local, sino de toda la superficie del cuerpo, especialmente de la espalda. Los verdugos van con prisa y con rudeza. Tal vez esto fuera lo mejor. Pero ¿cómo, nos preguntamos, el dolor agudo, lacerante, no le produjo un síncope? Como es obvio, desde el principio hasta el final, ¡Él domina y dirige su Pasión! ”

Cubierto de sangre y heridas, Jesús está tendido en el suelo, sus hombros soportan el peso del patíbulo. Las heridas en la espalda, muslos, pantorrillas se profundizan con el polvo y las pequeñas cantidades de grava.

“PON AQUÍ TU DEDO SOBRE MIS MANOS. “(Jn 20, 27)

“Los verdugos toman las medidas. Un martillazo en el madero con una barrena, para facilitar los agujeros de los clavos. Saben que las manos pueden atravesarse fácilmente, pero en cambio los clavos penetran con más dificultad en la madera“. Entonces comienza el horror. Estirando al límite uno de los brazos, el verdugo coge el clavo, un clavo largo y puntiagudo, clavo de la Pasión, de ocho milímetros de diámetro en su cabezal: “Lo clava en la muñeca, en aquél preciso punto que él conoce por experiencia. “[…]

“Con sólo un golpe de su gran martillo el clavo penetra en la madera. Después con algunos pocos martillazos enérgicos se fija sólidamente.” Pero su rostro se contrae y el pulgar, con un movimiento violento e imperioso, se cierra sobre la palma de la mano, como Barbet vio también en un brazo recién amputado, y por lo tanto aún vivo, en la sala de disección el Hospital de Saint Joseph. En realidad, las dos manos, tan bellas y finas, parecen contar con sólo cuatro dedos, admirablemente marcados en la sábana. Los pulgares están escondidos bajo las palmas de las manos. Barbet lo explica así: el nervio medio fue cortado. Aquí yo llego a sentir todo lo que ha pasado: un dolor indecible, rápido, que recorre sus dedos, surge como un rayo de fuego, llega hasta su hombro y por fin estalla en su cerebro. Este es el dolor más insoportable que un hombre puede experimentar: es el que hiere el sistema nervioso. Casi siempre lleva al síncope y da por fin la paz. Pero Jesús no quiso perder la conciencia. Incluso si el nervio había sido cortado enteramente. Pero no, ahora sabemos, que sólo fue parcialmente cortado, el tronco nervioso permanecía en contacto con el clavo, y justamente, cuando el cuerpo era suspendido, se tensaría como la cuerda de una viola. Y vibraría a cada sacudida, con cada movimiento, reviviendo el horrible dolor. “

El otro brazo es estirado por el ayudante, las mismas acciones se repiten y los mismos dolores. Pero esta vez, piénsese en ello, Él sabe lo que le espera. Ahora está ya fijo en el patíbulo pegado estrechamente a los dos omoplatos y a los dos brazos.”

¡Vamos de pie! El verdugo y su ayudante agarran los extremos del madero y enderezan al condenado, primeramente lo ponen sentado, inmediatamente de pie. Y echándolo para atrás, lo adosan al otro madero, el palo vertical, stipite Crucis (el palo de la cruz), plantado con anterioridad en el lugar de ejecución. “Pero esto se hace, ¡ay! estirando las manos clavadas y exacerbando el dolor del nervio mediano. Con gran esfuerzo, a fuerza de brazos, porque el stipite no estaba muy alto, despacio, porque es muy pesado, incrustan con un gesto hábil el patíbulo a la parte superior del stipite. En su cima, algunos clavos fijan el título escrito en tres idiomas.

El cuerpo, pende de los clavos que atraviesan el carpo. No se necesita nada más. El cuerpo no se cae hacia adelante. Pero la regla es fijar también los pies. “[…]

Experimentando con un clavo de ocho pulgadas, de sección cuadrada de ocho milímetros, escribe el Dr. Pierre Mérathemos buscado con la mano el sitio de paso en la protuberancia de la parte posterior del pie para que el martillo no rompiera ningún hueso, de acuerdo a la Escritura (Jn 19, 36).Pero fue en vano.

“Calculando entonces la posición forzada que los verdugos habrían infligido a los pies que querían fijar fuertemente al madero, flexionamos el pie de nuestro sujeto de disección y entonces comprobamos que el clavo entraba con bastante facilidad, de modo que fueran suficientes dos golpes de martillo para que apareciera por detrás en la planta. Lo mismo hicimos en la región del otro pie que fue atravesada de la misma manera. La disección mostró el paso del clavo por entre los huesos cuneiformes segundo y tercero del tarso enfrente del escafoides, un sitio visible en un calco de radio. Los huesos no fueron quebrados, sino solamente un poco raspados por el paso del clavo por el cartílago “. […]

Con el permiso de nuestro amigo, hemos nombrado inmediatamente como “espacio Merat” al espacio anatómico descubierto por él en la escuela de la Sábana Santa. La conclusión de Barbet recibió una impresionante confirmación con esta prueba experimental, sin apelación posible:

” Todas las manchas de sangre coinciden, sin excepción, y con una precisión sorprendente, con la realidad anatómica. Este conjunto convergente, esta, digamos, unanimidad en la veracidad, es una presunción de la verdad equivalente a una certeza. Si hubiera habido una sola excepción, yo podría dudar y no conceder al lienzo la confianza, que ha ido sin embargo aumentando gradualmente a medida que realizaba mis experimentos. Y esta confianza se fortaleció aún más cuando vi que el coágulo en la muñeca, en lugar de evocar una sola colada vertical, demuestra claramente que hubo dos, separadas entre sí por una distancia angular. Evidentemente, esto coincide con lo que sabemos experimentalmente, ¡ay! de la muerte por asfixia que obligó a incorporarse haciendo esfuerzos al Crucificado. Habría que arrancarse los ojos, para no ver en estas fotos sanguinolentas el puro efecto de la realidad. “

Tintoretto, Crucifixion of Christ 1568.jpg

“¡TENGO SED! “(JN 19, 28)

Izado ya en la cruz, Jesús se desplomó, tirando de sus brazos que estiran al límite, los hombros rasgados dolorosamente por la madera, el cuello golpeado por el patíbulo. Con estos movimientos, las púas agudas de la corona de espinas, arrancaron pequeños trozos del cuero cabelludo. Este impedimento le impide recostar su cabeza en la madera, por lo que se inclina hacia adelante, y cada vez que se endereza, brotan lágrimas amargas.

Después de tantas torturas, para el cuerpo agotado, la quietud es casi un descanso. Sus rasgos resaltan, con el rostro pálido manchado de sangre, ya cuajada en todas partes. ¡Ahora Él tiene sed! Él exclama la frase, pero no se queja, lo dice para que “se cumpliera la Escritura“, como observa san Juan (Jn 19, 28).” Mi boca está seca como una teja y mi lengua pegada al paladar. » (Sal 22, 16)

Su boca está ligeramente abierta y el labio inferior ¡ya ha comenzado a caer! Un poco de saliva fluye por su barba, mezclada con la sangre que cae de su nariz. Su garganta seca y ardiente, ¡ni siquiera puede tragar la poca saliva que le queda! No hay nada que comer ni beber desde… ¿cuánto tiempo? Y además está la pérdida de tanta sangre…

Entonces, ¡se apoderan de sus miembros los calambres! Poco a poco, una tetania generalizada contrae cada músculo de su cuerpo, diagnosticada por el ojo experto del médico: la cabeza está inclinada hacia adelante, como se ve en la silueta de la cara, debido a que los músculos respiratorios se contraen por la tetania con lo que Jesús muere por fin. Los ríos de sangre, a lo largo de los brazos, dibujan, marcando los contornos de las contracturas de los músculos de los brazos y antebrazos. Las mismas piernas se ven distorsionadas por las mismas proyecciones monstruosas y rígidas. Los músculos del estómago se vuelven rígidos en oleadas de frigidez, seguidamente, los músculos intercostales y el cuello y los músculos respiratorios.

En el pectoral mayor, que tiene los músculos respiratorios más poderosos, estos son forzados a contraerse, se expanden y crecen en las clavículas y en los brazos. Toda la caja torácica está muy distendida y aumenta por la inspiración forzada, la boca del estómago es presionada por la elevación y la hiperinflación del tórax hacia delante y hacia fuera. Cualquier masa abdominal es empujada hacia abajo por el diafragma: se puede ver en la síndone, sobre sus manos juntas, el abultamiento del vientre.

Estos son los síntomas inequívocos de tetanización y de asfixia: “El aire al respirar chifla, pero apenas se oye. Intenta respirar profundamente, con algo de inspiración, pero no puede respirar. Tiene falta de aire. Es como un ataque total de asma enfisematosa. Su pálida tez un poco enrojecida va desde el azul al púrpura. Es la asfixia. Sus pulmones están llenos de aire que ya no puede vaciar. Su frente está cubierta de sudor, los ojos desorbitados y laminados. Un dolor terrible martillea su cabeza ¡Va a morir! “

¡Pero no, ni la sed, ni el sangrado, ni la asfixia, ni el dolor podrán con este cuerpo atlético de un Dios Salvador! Aunque El muere con estos síntomas, Él muere realmente porque así lo quiere, Él tiene poder, como lo había dicho, para “dar la vida y retomarla de nuevo.” Precisamente a esta muerte voluntaria es a lo que se había referido poco antes el centurión, que observando algo apartado, con una atención respetuosa, dijo:” Este hombre es verdaderamente el Hijo de Dios. »(Mt 27, 54)

En realidad, ¿qué han visto, él y su escuadra, con María, la Madre de Jesús, que está de pie, y Juan y las santas mujeres? Veamos la escena como si estuviéramos allí: poco a poco, con un esfuerzo sobrehumano, se levanta sobre la punta de los pies, endereza el cuello y las rodillas se extienden poco a poco, y por el cuerpo hay tirones de la espalda, aliviando la presión sobre los brazos, pero a costa de un terrible sufrimiento al tocar el nervio mediano en su levantamiento sobre las puntas de los pies. Con ello se evita la tetania, los músculos se relajan, por lo menos los del pecho, los pulmones se vacían del aire viciado que los llena, y la cara un poco hinchada, toda ensangrentada y deformada recupera su palidez habitual. Por encima de todo, ha recuperado el aliento. ¿Para qué? Para hablar. Para articular unas pocas palabras con una voz moribunda:” Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen “(Lc 23, 34)

Y entonces, en un esfuerzo sobrehumano, su cuerpo comienza a caer, y vuelve de nuevo la tetania. En siete ocasiones, se levanta y habla, entre dos episodios de asfixia, a un precio de un dolor indecible, porque todo movimiento tiene su eco en las manos, en donde siente otra vez la irritación del nervio mediano. Estos movimientos sucesivos de desplome y de enderezamiento han dejado una huella visible en el lienzo: se trata de estos flujos de sangre que forman un ángulo agudo de unos pocos grados en la muñeca izquierda. Un lado corresponde al flujo de sangre en la posición flácida de los brazos que forma un ángulo de 65 grados con la vertical y el otro corresponde al flujo de sangre en una posición de elevamiento de los brazos que forman un ángulo de 70 grados con la vertical. Estos levantamientos y relajamientos sucesivos se pueden observar en” la asfixia intermitente de aquellos desgraciados a quienes estrangulan dejándolos volver a vivir, para ser sofocados de nuevo. ”

Añadido a la sed, a los calambres, a la asfixia, a las vibraciones intolerables de ambos nervios medianos, a la infección de las heridas, están las feas moscas verdes y azules girando alrededor de su cuerpo y bruscamente se abaten sobre una u otra herida para bombear el jugo y depositar los huevos. Insisten en hacerlo en la cara, ¡pero es imposible alejarlas!

No hay queja alguna, sino a su Padre en voz doliente,” Elí, Elí, ¿lama sabactani? Padre mío, Padre mío, ¿por qué me has abandonado? “(Mc 15, 34)

Entonces, a sabiendas de que” todo se ha consumado “(Jn 19, 30), gritó de nuevo con un fuerte grito:” Padre, encomiendo mi alma en tus manos. “(Lc 23, 46) Por último,” asintiendo con la cabeza Él entregó el Espíritu. “(Jn 19, 30) […]

Tenía la cabeza mirando hacia adelante, con la barbilla en el esternón, como se ve en la silueta facial de la Síndone, la cabeza claramente depuesta con una inclinación anterior, “la cara relajada, serena, que a pesar de tan afrentosos estigmas, ilumina la dulcísima majestad del Dios, que siempre está ahí.

Jesús murió cuando quiso. Murió milagrosamente, y esto fue lo que arrancó la confesión de fe del centurión:” Sí, verdaderamente este hombre era Hijo de Dios “(Mt 27, 54)

“LA SANGRE Y EL AGUA. “(JN 19, 34)

Última revelación de un sufrimiento que nunca hemos sospechado, y que hay que añadir a posteriori a todos los demás. Los soldados rompen con una maza de hierro las piernas de los ladrones. Ahora cuelgan miserablemente, ya que no pueden elevarse sobre sus pies, y el tétanos y la asfixia completarán en breve su trabajo. ” Pero cuando llegaron a Jesús, dice San Juan, el único testigo de la escena, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, pero un soldado, con la lanza le traspasó el costado y salió sangre y agua.“(Jn 19, 33-34)

Barbet como cirujano experimentado ve el “gesto trágico y preciso“: “El soldado levantó la lanza y al instante la adentró oblicuamente en el lado derecho. “Se ha repetido el experimento en la autopsia del cuerpo diseccionado:” “Juan lo ha visto y yo también, y no podemos mentir: una amplio fluido de sangre líquida de color negro, se derramó sobre el soldado y lentamente cayó babeante sobre su pecho, coagulándose en capas superpuestas. Pero, al mismo tiempo, especialmente visible en los bordes, salió un líquido claro como el agua. Veamos, la herida está por debajo y por fuera del quinto espacio intercostal, la lanzada oblicua la penetra. Esta es la sangre de la aurícula derecha y el agua sale de su pericardio. Pero esto quiere decir, pobre Jesús mío, que tu Corazón estaba comprimido por el líquido, y has sentido, además de los otros dolores, el dolor y angustia de un Corazón cruelmente prensado como por un tornillo de presa. 

Como ramillete espiritual, algunas palabras sublimes de Santa Teresa de la Santa Faz para inspirar nuestra oración: “Oh Jesús, déjame decirte que has hecho cosas locas por tu humilde esposa“. Pensemos que ante todo este sufrimiento, sufrimiento terrible, que Jesús a lo largo de su vida, ha planeado, ha querido, ha previsto, movido de su amor por ella, para salvarla, el alma predestinada se llena de la caridad que encendió el corazón de Santa Teresa del Niño Jesús a la edad de trece años, que iba a ser consumida en unos cuantos años.

 

“Un domingo, mirando una foto (¡sic!) de Nuestro Señor en la Cruz, me llamó la atención la sangre que manaba de una de las manos divinas, sentí gran tristeza al pensar que esta sangre cayó al suelo sin que nadie se apresurara a recogerla, y decidí tenerlo en cuenta a los pies de la Cruz queriendo recibir el rocío divino que fluía, como entonces, hasta las almas … El grito de Jesús “Tengo sed” en la Cruz resonaba también continuamente en mi corazón: “Estas palabras encendieron en mí un entusiasmo desconocido y muy luminoso. Quería dar de beber a mi Amado, y me sentí consumido por la sed de las almas. “[…]

Imágenes tomadas de  Radio Cristiandad

1 reply »

  1. LA SÍNDONE, era ese ídolo, que les permitió acusar a los pobres Caballeros de Cristo. Quedaron dos órdenes fundadas en diferentes años, y solamente una, recibió la pena de muerte. Cuando Napoleón, el reyezuelo del imperio, se pierden los documentos que certifican y finalmente fueron encontrados lo que quedó en la historia de la Iglesia como una gran ijusticia, y se seguirá repitiendo por los enemigos de la Iglesia, que aun viendo la documentación certificada, los siguen acusando. Y ¿por qué una orden y no otra?, aun es dificil de determinar porque cuando el mamon esta presente, es claro a quienes siempre beneficia.

    Presentada la edición inédita y exclusiva “Processus Contra Templarios”

    1091 Nace san Bernardo de Claraval.
    1095 Urbano II proclama la I Cruzada.
    1099 Godofredo de Bouillon toma Jerusalén.
    1104 Hugo de Champaña va por primera vez a Tierra Santa.
    1108 Hugo de Champaña va por segunda vez a Tierra Santa.
    1110 Presencia de Hugues de Payns en Tierra Santa.
    1113 San Bernardo se une a Citeaux.
    1114 Tercer viaje de Hugo de Champaña a Tierra Santa.
    1115 Hugo de Champaña ofrece terrenos al Císter.
    1118 Hugues de Payns y ocho caballeros se asocian con el objetivo de proteger a los peregrinos en Tierra Santa. Presentación ante Balduino II.

    1120 La cofradía adopta el nombre de “Pobres Caballeros de Cristo”.

    Clemente V absolvió de herejía a los Templarios, que habían sido denunciados por la Inquisición francesa a instancias de Felipe IV, quien estaba celoso de su poder económico. Los absolvió, como demuestra el documento hallado en el Vaticano por unos historiadores, aunque permitió su disolución y la ejecución de sus dirigentes y seguidores.

    http://www.conocereisdeverdad.org/website/index.php?id=3193

    El Deicidio ha sido el mayor horror de la historia de todos los tiempos, y tambien lo son las injusticias. Gracias A CORUÑA, al sacro Imperio español, y a los Pobres Caballeros de Cristo.

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