[Es republicación]
Por Fray Eusebio de Lugo O.S.H.

APOSTILLAS  A UN SITIO CONCILIAR DEFINIENDO LA INFALIBILIDAD DE LA IGLESIA

Para que se vea el discurrir tanto de los conciliares como de los lefebvrianos y asimilados, todos ellos falibilistas, pongo aquí el resumen de uno de sus sitios, (corazones.org) en que se afirma la existencia de hasta cuatro grados o niveles de infalibilidad, añadiendo ciertas apostillas de mi cosecha:

He aquí la doctrina conciliar del sitio Corazones

¿Como saber el nivel de autoridad de una enseñanza de la Iglesia?
Ver también: Clasificación de documentos pontificios

Los católicos obedecemos al magisterio porque es la auténtica interpretación de la Palabra de Dios encomendada por Jesucristo al Papa y a los obispos en comunión con él. Jesús dijo: “El que a vosotros oye, a Mí me oye” (Lc 10,16). Todas las enseñanzas del magisterio son importantes y dignas de ser recibidas con obediencia.

Es cierto que las enseñanzas de la Iglesia están ordenadas en una jerarquía que nos ayuda a entender mejor el significado de cada una. El Papa y los obispos no ejercen el mismo grado de autoridad en todas las enseñanzas. Pero esto no debe ser pretexto para despreciar ninguna de sus enseñanzas. El Papa Pío XII (Humani generis, 12-14) advierte de este peligro:

Hay algunos que, de propósito y habitualmente, desconocen todo cuanto los Romanos Pontífices han expuesto en las Encíclicas sobre el carácter y la constitución de la Iglesia; y ello, para hacer prevalecer un concepto vago que ellos profesan y dicen haber sacado de los antiguos Padres, especialmente de los griegos. Y, pues los Sumos Pontífices, dicen ellos, no quieren determinar nada en las opiniones disputadas entre los teólogos, se ha de volver a las fuentes primitivas, y con los escritos de los antiguos se han de explicar las constituciones y decretos del Magisterio. Afirmaciones éstas, revestidas tal vez de un estilo elegante, pero que no carecen de falacia. Pues es verdad que los Romanos Pontífices, en general, conceden libertad a los teólogos en las cuestiones disputadas -en distintos sentidos- entre los más acreditados doctores; pero la historia enseña que muchas cuestiones que algún tiempo fueron objeto de libre discusión no pueden ya ser discutidas. Ni puede afirmarse que las enseñanzas de las encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema majestad de su Magisterio. Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: El que a vosotros oye, a Mí me oye (Lc 10:16); y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya -por otras razones- al patrimonio de la doctrina católica. Y si los Sumos Pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos Pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos.

Comentario: El Papa no está aquí restringiendo la infalibilidad, sino que está indicando que el Magisterio, siempre infalible, propone lo que se ha de creer con distintos valores de obligatoriedad, pudiendo dejar libre discusión a los teólogos, hasta tanto no juzgue oportuno intervenir.

“Llamamos “doctrina” a toda verdad enseñada por la Iglesia como necesaria de creer. Toda doctrina cabe en una de las siguientes categorías:

1-Es revelación divina (Ej.: la Presencia Real Eucarística)
2-Es una conclusión teológica de la verdad revelada (Ej.: la canonización de un santo)
3-Es parte de la ley natural (Ej.: la pecaminosidad de los anticonceptivos). Ver También: Humanae Vitae and Infallibility

Doctrinas “de fe”
Las verdades que la Iglesia enseña como “de fe” son aquellas sobre las que se tiene la certeza de que son infalibles (sin posibilidad de error) porque están amparadas por las promesas de Cristo: El que a vosotros oye, a Mí me oye(Lc 10,16). La promesa de Cristo no puede fallar. Estas verdades requieren de los católicos el asentimiento de la fe. Es decir, la virtud sobrenatural de la fe, porque tenemos fe en Cristo y su promesa de enseñar por medio de la Iglesia. Estas verdades obligan a los católicos bajo pena de romper nuestra comunión con la fe verdadera”.

Comentario: Primer error, como si sólo las verdades inmediata y evidentemente incluidas en la Revelación fueran de Fe…

“¿Como podemos saber si una enseñanza es “de fe”?
-Es “de fe” si se encuentra en los tres primeros niveles del magisterio:

Primer nivel de magisterio: Una definición infalible del Papa.

“El Romano Pontífice, Cabeza del Colegio Episcopal, goza de esta infalibilidad en virtud de su ministerio cuando, como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos, proclama por un acto definitivo la doctrina en cuestiones de fe y moral…” -Catecismo 891

1) “como Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos”. (Si habla en calidad de persona privada, o si se dirige solo a un grupo y no a la Iglesia universal, no goza de infalibilidad).”

Comentario:Segundo error, y muy grave, el pastor es siempre universal, aunque se dirija directamente sólo a un grupo determinado. Por ejemplo, cuando Pío XII se dirigía a un grupo de enfermeras hablándoles sobre graves cuestiones de obstetricia, se dirigía a todo el mundo enunciando una verdad que por serlo, interesa a todo el mundo.

“2) “proclama por un acto definitivo la doctrina”. (Cuando el Papa claramente expresa que la doctrina es definitiva, no puede cambiar y es infalible) ”

Comentario: Aquí está la otra madre del cordero: ¿Qué quieren decir con eso de “definitivo”? Que el Magisterio puede proponer a los fieles una doctrina como verdadera, es decir, que por esencia y naturaleza no puede cambiar, y luego, puesto que no es definitiva, cambiar de idea, donde dije digo, digo Diego, y olvidarse de lo antes enseñado, como cosa errónea? Eso sería una verdadera monstruosidad intelectual y moral, que arrebataría todo su crédito a una autoridad que pretendiera obligar a los fieles a aceptar una doctrina que puede cambiar mañana. Eso es bueno para el PCUS, no para la Iglesia.

“3) “en cuestiones de fe y moral”

Al ejercicio especial y explícito de infalibilidad Papal se le llama un pronunciamiento ex-cathedra. Cuando el Sumo Pontífice habla desde su silla (cathedra) de autoridad, como cabeza visible de todo los cristianos, sus enseñanzas no dependen del consentimiento de la Iglesia y son irreformables.

Aunque la mayoría de las proclamaciones infalibles del Papa han sido en colegialidad (en consulta con los obispos), esta no es requisito. El Papa puede definir un dogma aun sin los obispos. Concilio Vat. II (Lumen Gentium, 25): “sus definiciones por sí y no por el consentimiento de la Iglesia son irreformables, puesto que han sido proclamadas bajo la asistencia del Espíritu Santo prometida a él en San Pedro, y así no necesitan de ninguna aprobación de otros ni admiten tampoco la apelación a ningún otro tribunal. Porque en esos casos el Romano Pontífice no da una sentencia como persona privada, sino que en calidad de maestro supremo de la Iglesia universal, en quien singularmente reside el carisma de la infalibilidad de la Iglesia misma, expone o defiende la doctrina de la fe católica.”

Segundo nivel: La enseñanza del magisterio episcopal en comunión con el Papa.

Esto ocurre:
1- Cuando los obispos enseñan verdades definitivas de la fe y moral en comunión con el Papa.
2- de manera especial, cuando se reúnen en Concilio.

“La infalibilidad prometida a la Iglesia reside también en el Cuerpo episcopal cuando ejerce el magisterio supremo con el sucesor de Pedro, sobre todo en un concilio ecuménico. Cuando la Iglesia propone por medio de su Magisterio supremo que algo se debe aceptar “como revelado por Dios para ser creído” y como enseñanza de Cristo, “hay que aceptar sus definiciones con la obediencia de la fe”. Esta infalibilidad abarca todo el depósito de la Revelación divina.” -Catecismo 891.”

Comentario: “Como revelado por Dios para ser creído” es decir, para los falibilistas, que sólo cuando el Magisterio declara explícitamente que una verdad pertenece a la Revelación, y como tal debe ser creída, es infalible. Es decir, que más del 99 % del tiempo, no goza de esa infalibilidad.

Lumen Gentium 25: “Aunque cada uno de los prelados por sí no posea la prerrogativa de la infalibilidad, sin embargo, si todos ellos, aun estando dispersos por el mundo, pero manteniendo el vínculo de comunión entre sí y con el Sucesor de Pedro, convienen en un mismo parecer como maestros auténticos que exponen como definitiva una doctrina en las cosas de fe y de costumbres, en ese caso enuncian infaliblemente la doctrina de Cristo.”

Una definición solemne no requiere una fórmula especial. Se sabe que es una enseñanza infalible porque el mismo documento del magisterio claramente hace saber que la enseñanza es definitiva. Un ejemplo es el Concilio de Trento (DS 1520) que “estrictamente prohíbe que se crea o predique o enseñe diferente de lo que se ha establecido y explicado en el presente decreto”. Por lo tanto es un decreto infalible.

Los concilios han usado la fórmula: “Si alguien dice…. Sea anatema”. (“Si quis dixerit. . . anathema sit.”). Pero esa fórmula por si sola no es determinante de infalibilidad ya que también se ha utilizado en materia disciplinaria.

Para saber si la Iglesia tiene la intención de enseñar infaliblemente en este segundo nivel, se debe observar el lenguaje y la intención. Si hace ver que es una verdad definitiva, entonces es infalible.

Comentario: “Definitiva” Como ven, hay que hacer auténtico encaje de bolillos para saber no ya si cada documento pertenece a uno u otro tipo de magisterio, sino que dentro de cada uno de esos documentos, también hay que pasar cada frase al escáner, a ver cómo se expresa el autor, para apreciar con el definitómetro si es o no definitivo, si es o no infalible.

Tercer nivel: El magisterio ordinario del Papa, cuando este expresamente ejerce un juicio definitivo en materia de fe o moral que era antes debatida.

En ese caso lo que el Papa enseña está amparado por las promesas de Cristo en Lc. 10:16. Estos juicios definitivos pueden darse en una encíclica u otro tipo de documento pontificio.

Cuarto Nivel – pronunciamientos que no son infalibles. No requieren el asentimiento de la fe pero sí una sumisión religiosa de la voluntad y del entendimiento (Cf. Canon 752 de la nueva Ley Canónica).

Comentario: Es decir, que lo que enseña el Papa o los obispos la mayor parte del tiempo, en homilías, discursos, breves, bulas encíclicas, etc…no sería infalible, podría perfectamente contener todo tipo de errores, total, como NO es definitivo, nos podemos echar luego para atrás, que no pasa nada…

“Esta religiosa sumisión de la voluntad y del entendimiento, de modo particular se debe al magisterio auténtico del Romano Pontífice, aun cuando no hable ex cathedra; de tal manera que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se adhiera al parecer expresado por él según la mente y voluntad que haya manifestado él mismo y que se descubre principalmente, ya sea por la índole del documento, ya sea por la insistencia con que repite una misma doctrina, ya sea también por las fórmulas empleadas.” -Lumen Gentium, 25; Cf: Canon 752

La enseñanzas que no son definitivas no entran en la virtud de la fe. Más bien se trata de materia que Lumen Gentium 25 y la ley canónica llaman “sumisión religiosa de la voluntad y el entendimiento”.

¿Que requiere esta sumisión?
Prohíbe que se contradigan estas enseñanzas públicamente.

También requiere asentimiento de la mente, aunque no requiere el asentimiento de la fe.

¿Como podemos dar asentimiento mental sin certeza absoluta? Lo hacemos por confianza en la fuente. Lo cierto es que todos damos asentimiento a diario en cuestiones seculares sobre las que no podemos tener absoluta certeza. Por ejemplo, cuando tomamos un vuelo, confiamos nuestra vida en el piloto sin la certeza de que sea buen piloto. Cuando vamos a un restaurante, confiamos que no nos van a envenenar…. Nuestra creencia de que no nos engañan en esos casos toma en cuenta que hay una pequeña probabilidad de error pero arriesgamos nuestra vida por confianza en la empresa. No podríamos vivir sin este tipo de asentimiento. En la corte [de justicia]se trata de encontrar la verdad y probarla más allá de dudas razonables. No se exige ni se puede pedir más.

Nuestro asentimiento a las enseñanzas del magisterio del cuarto nivel no es de fe, no contiene la certeza absoluta de los primeros tres niveles, pero si es un asentimiento confiado en la guía del Espíritu Santo sobre la Iglesia. Las posibilidades de error en este tipo de asentimiento son aun mucho menores que en el caso del avión o el restaurante. Además, si erramos por ser asentir a alguna enseñanza de la Iglesia que no es de fe, cuando estemos ante el Juez Divino, este nos felicitará. Pero si erramos por romper con la Iglesia pensando que sabemos más que ella, caemos en serio riesgo de ser acusados por lo menos de orgullosos.

Comentario: Esto es de una monstruosidad absolutamente asqueante: O sea, que no nos garantizan que ese magisterio está libre de error, pero nos vemos obligados a aceptarlo no sólo externamente, sino también internamente, de modo que si creyéramos un error, incluso a sabiendas, y a despecho de la obligación moral que todos tenemos de luchar incondicionalmente a favor de la verdad y contra el error, Dios mismo nos felicitaría por tomar el partido del error.¿!!!?
Ahí tienen la raíz de los acrimoniosos comentarios que nos dedican desde las webs neocónicas de todo pelaje: Su lema es “Prefiero equivocarme con el “papa”, aunque eso suponga destrozar la Iglesia y herir a Dios en Su Gloria, que no sufre el más mínimo error, antes que reconocer que un Papa verdadero que enseña el error es una quimera de imposible existencia.
La inversión es luciferina: El error es “humilde”, mientras que mantener la verdad es “soberbia”.

Algunos objetan que por obedecer a las autoridades de la Iglesia se cometieron injusticias en el pasado. Respuesta: Hay que distinguir entre las enseñanzas del magisterio y la autoridad temporal de la Iglesia en cuestiones de gobierno o de juicios sobre personas ejercida en el pasado, que no es el ámbito del magisterio.

Comentario: Ahora, a confundir la velocidad con el tocino, mezclando una llave con otra, y el carisma de la verdad con la facultad jurídica de imponer uno u otro precepto…

Con frecuencia el Papa enseña con la ayuda de las Congregaciones de la Curia Romana. Las declaraciones publicadas por estas Congregaciones no pretenden enseñar doctrinas nuevas sino reafirmar o sintetizar la doctrina de la fe católica definida o enseñada en anteriores documentos del Magisterio de la Iglesia, indicando su recta interpretación frente a los errores y ambigüedades doctrinales actuales. Un documento doctrinal de una Congregación de la Curia es formalmente promulgado cuando es expresamente aprobado por el Sumo Pontífice y por lo tanto tiene naturaleza magisterial universal porque lleva la autoridad del mismo Papa.

Ya ven, tendríamos que entregarnos a interminables discusiones rabínicas sobre cada frase de cada documento del “papa” o del “concilio” para saber si es definitivo o no, si el autor ha querido usar de su infalibilidad o no, si cumple las famosas presuntas condiciones o no, para por fin decidir si nuestra adhesión es de fe, de entendimiento o voluntad, prudencial hasta que convenga otra cosa, diplomática, respetuosamente disidente, es decir, que volvemos a toda la panoplia de argumentos y falseamientos galicanos y jansenistas, utilizados para no someterse jamás a una decisión de la Iglesia, y reservarse siempre una o varias escapatorias.

Habrá tantas opiniones como católicos, y una declaración solemnísima de un papa o de un concilio (como la que piden algunos ingenuos a Benedicto XVI sobre Vaticano II) no arreglará la cuestión, porque se le volverá a aplicar el mismo escáner y definitómetro, demostrando muy sesudamente que el Magisterio extraordinario por antonomasia, el del Concilio Ecuménico, es simple magisterio auténtico y falible, que es exactamente lo que han hecho y siguen haciendo con el Concilio.

Una vez perdido el norte de la verdad, como en el partido comunista, la regla de oro será la siguiente:
Artículo 1: El jefe(cualquiera que sea éste) siempre tiene razón.
Artículo 2; En caso de duda, aplíquese el a.1. (So pena de ser declarado orgulloso rebelde, y encima loco, porque se atreve a creer que aún hay una verdad que no cambia, y que es de obligada defensa)

En definitiva, nos encontramos de hecho en la peor de las distopías imaginadas por grandes iniciados como Orwell o Huxley, en que sólo es verdad definitiva lo que mande el partido, hasta que se eche atrás y lo definitivo sea declarado “superado” por una superior hermenéutica de la reforma en la continuidad (Buen ejemplo de neolengua conciliar que hubiera hecho las delicias de Orwell).

Si las verdades de Fe son aquellas sobre las cuales tenemos la seguridad de que son infalibles, ¿Quién nos proporcionará esa seguridad? ¿ No se dan cuenta de que es el cuento de nunca acabar, y que por mucho que se multipliquen los pronunciamientos, siempre habrá quien declare campanudamente que a su juicio, el papa o concilio no se ha expresado con suficiente claridad o nitidez sobre sus intenciones, o no ha satisfecho con bastante claridad a las supuestas condiciones de marras de 1870, y que por ende, lo tiene por no infalible y no definitivo, y sigue esperando que un papa o concilio futuro, mejor inspirado, cambie lo que el papa o concilio presente habrá declarado con toda solemnidad. Si Vaticano II es magisterio simplemente auténtico, tal como declaró el mismo Pablo VI que lo proclamó “más importante que Nicea”, ¿Que nos podrá impedir realizar la misma operación en el futuro?

Visto que nunca tendremos plena seguridad sobre si unas verdades son infalibles, tampoco creeremos ninguna verdad por Fe divina.

Y como la fe simplemente humana NO salva, pues ya puede el Señor ir llenando el Cielo de paja…

3 thoughts on “EL DEFINITÓMETRO

  1. Los tiempos no cambian la Verdad, que por definición es eterna.

    La cuestión está en saber si esa “Iglesia Contemporánea” todavía es la Iglesia fundada por Cristo, y que no puede desfallecer ni convertirse en otra, por las promesas de su Fundador.

    Pero es de Fe que si esa “iglesia” contradice lo anteriormente enseñado, por mucho que intente excusarse pretendiendo que ha entendido mejor el depósito confiado, y por eso abandona unas explicaciones que ahora considera erróneas, lo único que estará demostrando es que NO es la Iglesia de Cristo, que SIEMPRE enseña la verdad sin mezcla de error, y NUNCA cambia, por mucho que cambien los tiempos.

    El Papa no puede revelarnos nada, porque como sin duda sabe, la Revelación se cerró con la muerte del último Apóstol, san Juan el Evangelista.

    A partir de entonces, lo que hace la Iglesia, principalmente a través del Papa, es proteger esa Revelación incorruptible, e ir desarrollando paulatinamente lo que está implícito en ella.
    No revela nunca nada propiamente nuevo, sólo manifiesta lo ya virtualmente presente en la Revelación, que no puede contradecirse a sí misma, puesto que emana de Dios mismo, en el que evidentemente no cabe contradicción alguna.

    Si un presunto “papa” presumiera contradecir lo anteriormente enseñado, como Benedicto XVI, no hace falta que lo juzgue nadie, según la palabra del Apóstol san Pablo, él mismo se ha juzgado, y desenmascarado, y ha manifestado a todo el mundo no ser verdadero Vicario de la Verdad Encarnada, ni por supuesto, beneficiar de la infalibilidad, que sólo se concede a los titulares legítimos de la Sede que él ocupa fraudulentamente.

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  2. Solo me resta decir.
    ¡Bravo! Fray Eusebio,
    que edificante es escribir y leer lo que es La Verdad.
    Sin adornos ni medias tintas, sin atropeyos ni insultos innecesarios.
    El Si Si, No No, de que nos hablaba nuestro Señor.
    Es tan sencillo, es tan claro, hasta un niño lo puede entender.
    Los que pretenden lo contrario quieren que demos mentalmente 3 saltos mortales hacia atrás y una pirueta de 360 grados sobre nuestro propio eje para alcanzar sus altísimas elucubraciones, con lo cual solo quedamos mareados y con cara de ¿What?

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