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¿QUIÉN ES UD. PARA DECLARAR HERÉTICO A NADIE?


[Publico de nuevo y añado las citas,  extraídas del post de este blog “Tradicionalistas culpables”,  del magisterio y de la Tradición sobre el Derecho y el deber de denunciar la herejía a cualquier católico:

Alejandro VII, papa, condenó la proposición siguiente:
“Quamvis evidenter tibi constet Petrum haereticum esse, si probare non possis, non teneris denuntiare” (D.S. 2025). “Aunque te conste como algo evidente que Pedro es hereje, si no lo puedes probar, no estás obligado a denunciarlo”

San Columbano reprendió al papa San Bonifacio, por ciertas informaciones que llegaron a sus oídos; y así le dice:
“Si tuvieras una falta, si estuvieses desviado de la fe (…); vuestros súbditos podrían, con pleno derecho, oponerse y romper la comunión contigo; y si fuera verdad y no es algo inventado por una total invención: vuestros hijos vendrían a ser la Cabeza y tú la cola” (Dt. 28,44)

Sabto Tomás escribió lo siguiente:

(S.T. 2-2, 33, 4 ad 2): “Cuando hay peligro para la Fe, los prelados deben ser reprendidos por los súbditos, incluso públicamente”

 

 

 

Una cuestión de autoridad:
“¿Quién es Ud. para decir que alguien es hereje?”

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Continuamente salta la pregunta  cuando se habla de temas relacionados con el  sedevacantismo, sobre todo en boca de los de “reconocer-y-resistir”, como son los partidarios de la Fraternidad de San Pío X o de la Fraternidad de San Pedro: Cuando el contrincante carece de argumentos, surge la objeción de que los sedevacantistas no tienen ninguna autoridad para decir lo que dicen – por ejemplo, para determinar quién es un hereje, o decir si una conclusión teológica particular de hecho es la  correcta – como si se requiriese un acto de autoridad para discernir si un hombre es católico o hereje, o como si la enseñanza católica se llevará a cabo sólo en teoría, pero nunca se permitiese  aplicarla  en la práctica a una situación concreta.

Esta táctica no es nueva, y el gran antimodernista P. Félix Sardá y Salvany refutó hace más de 100 años en su monumental obra  El liberalismo es pecado [Enlace del libro original en español] (1886). Este libro fue respaldado y alabado por la Sagrada Congregación del Vaticano del Santo Oficio bajo el Papa León XIII. El libro expone las ideas y tácticas de los modernistas, llamados entonces  liberales, y no podemos recomendarlo lo suficiente. De hecho, se puede decir que este libro destruye por completo muchas ideas fundamentales del falso Concilio  Vaticano II (1962-65) y la nueva religión que engendró  (que llamamos la religión Novus Ordo). 

Es lamentable, y tal vez revelador, que hoy escuchemos  los argumentos que entonces utilizaban  los modernistas, repetidos ahora por los que se consideran a sí mismos  católicos tradicionales.

A continuación el capítulo 38 de El liberalismo es pecado , en el  que se refiere específicamente a la objeción de que un laico no puede descubrir la herejía por su cuenta, y / o no se puede acusar a otro de ser hereje. ¡Nada mas lejos de la verdad! [Ponemos el capítulo entero y no solamente un extracto, como hace el post original. Naturalmente es el texto castellano original]

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XXXVIII.- SI ES O NO ES INDISPENSABLE ACUDIR CADA VEZ AL FALLO CONCRETO DE LA IGLESIA Y DE SUS PASTORES PARA SABER SI UN ESCRITO O PERSONA DEBEN REPUDIARSE Y COMBATIRSE COMO LIBERALES.

Todo lo que acabáis de exponer, dirá alguien al llegar aquí, topa, en la práctica, con una dificultad gravísima. Habéis hablado de personas y de escritos liberales, y nos habéis recomendado con gran ahínco huyésemos, como de la peste, de ellos y hasta de su más lejano resabio. ¿Quién, empero, se atreverá, por si solo, a calificar a tal persona o escrito de liberal, no mediando antes fallo decisivo de la Iglesia docente, que así lo declare?” 

He aquí un escrúpulo, o mejor, una tontería, que han puesto muy en boga, de algunos años acá, los liberales y los resabiados de Liberalismo. Teoría nueva en la Iglesia de Dios, y que hemos vista con asombro prohijaba por quienes nunca hubiéramos imaginado pudiesen caer en tales aberraciones. Teoría, además, tan cómoda para el diablo y sus secuaces, que en cuanto un buen católico les ataca o desenmascara, al punto se les ve acudir a ella y refugiarse en sus trincheras, preguntando con aires de magistral autoridad: “¿Y quién sois vos para calificarme a mi o a mi periódico de liberales? ¿Quién os ha hecho maestro en Israel para declarar quién es buen católico y quién no? ¿Es a vos a quien se ha de pedir patente de Catolicismo?” Esta última frase, sobre todo, ha hecho fortuna, como se dice, y no hay católico resabiado de liberal que no la saque, como último recurso, en los casos graves y apurados. Veamos, pues, qué hay sobre eso y si es sana teología la que exponen los católico-liberales sobre el particular. Planteemos antes limpia y escueta la cuestión. Es la siguiente:

Para calificar a una persona o un escrito de liberales, ¿debe aguardarse siempre el fallo concreto de la Iglesia docente sobre tal persona o escrito? 

Respondemos resueltamente que de ninguna manera. De ser cierta esta paradoja liberal, fuera ella indudablemente el medio más eficaz para que en la práctica quedasen sin efecto las condenaciones todas de la Iglesia, en lo referente así a escritos como a personas.

La Iglesia es la única que posee el supremo magisterio doctrinal de derecho y de hecho, juris et facti, siendo su suprema autoridad, personificada en el Papa, la única que 

definitivamente y sin apelación puede calificar doctrinas en abstracto, y declarar que tales doctrinas las contiene o enseña en concreto el libro de tal o cual persona, Infalibilidad no por ficción legal, como la que se atribuye a todos los tribunales supremos de la tierra, sino real y efectiva, como emanada de la continua asistencia del Espíritu Santo, y garantiza por la promesa solemne del Salvador. Infalibilidad que se ejerce sobre el dogma y sobre el hecho dogmático, y que tiene por tanto toda la extensión necesaria para dejar perfectamente resuelta, en última instancia, cualquier cuestión. 

Ahora bien. Esto se refiere al fallo último y decisivo, al fallo solemne y autorizado, al fallo irreformable e inapelable, al fallo que hemos llamado en última instancia. Mas no excluye para luz y guía de los fieles otros fallos menos autorizados, pero sí también muy respetables, que no se pueden despreciar y que pueden hasta obligar en conciencia al fiel cristiano. Son los siguientes, y suplicamos al lector se fije bien en su gradación: 

1.° El de los Obispos en sus diócesis. Cada Obispo es juez en su diócesis para el examen de las doctrinas y calificación de ellas, y declaración de cuáles libros las contienen y cuáles no. Su fallo no es infalible, pero es respetabilísimo y obliga en conciencia, cuando no se halla en evidente contradicción con otra doctrina previamente definida, o cuando no le desautoriza otro fallo superior. 

2.º El de los Párrocos en sus feligresías. Este magisterio está subordinado al anterior, pero goza en su más reducida esfera de análogas atribuciones. El Párroco es pastor, y puede y debe, en calidad de tal, discernir los pastos saludables de los venenosos. No es infalible su declaración, pero debe tenerse por digna de respeto, según las condiciones dichas en el párrafo anterior. 

3.º El de los directores de conciencias. Apoyados en sus luces y conocimientos, pueden y deben los confesores decir a sus dirigidos lo que les parezca, acerca tal doctrina o libro sobre que se les pregunta; apreciar según las reglas de moral y filosofía si la lectura o compañía puede ser peligrosa o nociva para su confesado, y hasta pueden con verdadera autoridad intimarle se aparte de ellas. Tiene, pues, también un cierto fallo sobre doctrinas y personas el confesor. 

4.° El de los simples teólogos consultados por el fiel seglar. Peritis  in arte credendum, dice la filosofía: “se ha de creer a cada cual en lo que pertenece a su profesión o carrera.” No se entiende que goce en ella el tal de verdadera infalibilidad, pero sí que tiene una cierta especial competencia para resolver los asuntos con ellas relacionados Ahora bien. Al teólogo graduado le da la Iglesia un cierto derecho oficial para explicar a los fieles la ciencia sagrada y sus aplicaciones. En uso de este derecho escriben de teología los autores, y califican y fallan según su leal saber y entender. Es, pues, cierto que gozan de una cierta autoridad científica para fallar en asuntos de doctrina, y para declarar qué libros la contienen o qué personas la profesan. Así simples teólogos censuran y califican, por mandato del Prelado, los libros que se dan a la imprenta, y garantizan con su firma su ortodoxia. No son infalibles, pero le sirven al fiel de norma primera en lo casero y usual de cada día, y deben éstos atenerse a su fallo hasta que lo anule otro superior. o contradicción con otra doctrina previamente definida, o cuando no le desautoriza otro fallo superior.

5ºEl de la simple razón humana debidamente ilustrada. 

Sí, señor; hasta eso es lugar teológico; como se dice en teología; es decir, hasta eso es criterio científico en materia de religión. La fe domina a la razón; ésta debe estarle en todo subordinada. Pero es falso que la razón nada pueda por sí sola, es falso que la luz inferior encendida por Dios en el entendimiento humano no alumbre nada, aunque no alumbre tanto como la luz superior. Se le permite, pues, y aun se le manda al fiel discurrir sobre lo que cree, y sacar de ello consecuencias, y hacer aplicaciones, y deducir paralelismos y analogía. Así puede el simple fiel desconfiar ya a primera vista de una doctrina nueva que se le presente, según sea mayor o menor el desacuerdo en que la vea con otra definida. Y puede, si este desacuerdo es evidente combatirla como mala, y llamar malo al libro que la sostenga. Lo que no puede es definirla ex cathedra; pero tenerla para sí como perversa, Y como tal señalarla a los otros para su gobierno, y dar la voz de alarma y disparar los primeros tiros, eso puede hacerlo el fiel seglar; eso lo ha hecho siempre y se lo ha aplaudido siempre la iglesia. Lo cual no es hacerse pastor del rebaño, ni siquiera humilde zagal de él: es simplemente servirle de perro para avisar con sus ladridos. Oportet adlatrare canes, recordó a propósito de esto muy oportunamente un gran Obispo español, digno de los mejores siglos de nuestra historia. 

¿Por ventura no lo entienden así los más celosos Prelados, cuando, en repetidas ocasiones, exhortan a sus fieles a abstenerse de los malos periódicos o de los malos libros sin indicarles cuáles sean éstos, persuadidos como están de que les bastará su natural criterio ilustrado por la fe para distinguirlos, aplicando las doctrinas ya conocidas sobre la materia? Y el mismo Índice ¿contiene acaso los títulos de todos los libros prohibidos? ¿No figuran al frente de él, con el carácter de Reglas generales del Índice, ciertos principios a los que debe atenerse un buen católico para considerar como malos muchos impresos que el Índice no designa, pero que, sobre las reglas dadas, quiere que juzgue y falle por sí propio cada uno de los lectores? 

Pero vengamos a una consideración más general. ¿De qué serviría la regla de fe y costumbres, si a cada caso particular no pudiese hacer inmediata aplicación de ella el 

simple fiel, sino que debiese andar de continuo consultando al Papa o al Pastor diocesano? Así como la regla general de costumbres es ley, y sin embargo tiene cada uno dentro de sí una conciencia (dictamen practicum) en virtud de la cual hace las aplicaciones concretas de dicha regla general, sin perjuicio de ser corregido, si en eso se extravía; así en la regla general de lo que se ha le creer, que es la autoridad infalible de la Iglesia, consiente ésta, y ha de consentir, que haga cada cual con su particular criterio las aplicaciones concretas, sin perjuicio de corregirle, y obligarle a retractación si en eso yerra. Es frustrar la superior regla de fe, es hacerla absurda e imposible exigir su concreta e inmediata aplicación por la autoridad primera, a cada caso de cada hora y de cada minuto.Hay aquí un cierto jansenismo feroz y satánico, como el que había en los discípulos del malhadado Obispo de Iprés al exigir para la recepción de los Santos Sacramentos disposiciones tales, que los hacían moralmente imposible para los hombres, a cuyo provecho están destinados. El rigorismo ordenancista que aquí se invoca es tan absurdo como el rigorismo ascético que se predicaba en Port-Royal, y sería aun de peores y más desastrosos resultados. Y si no, obsérvese un fenómeno. Los más rigoristas en eso son los más empedernidos sectarios de la escuela liberal. 

¿Cómo se explica esa aparente contradicción? Explícase muy claramente, recordando que nada convendría tanto al Liberalismo, como esa legal mordaza puesta a la boca y a la pluma de sus más resueltos adversarios. Sería a la verdad gran triunfo para él lograr que, so pretexto de que nadie puede hablar con voz autoritativa en la Iglesia, más que el Papa y los Obispos, enmudeciesen de repente los De Maistre, los Valdegamas, los Veuillot, los Villoslada, los Aparisi, los Tejado, los Orti y Lara, los Nocedal, de que siempre, por la divina misericordia, ha habido y habrá gloriosos ejemplares en la sociedad cristiana. Eso quisiera él, y que fuese la Iglesia misma quien le hiciese ese servicio de desarmar a su más ilustres campeones.felix-sarda-y-salvany--le-liberalisme-est-un-peche-

De Novus Ordo Watch

10 replies »

  1. El sedevacantismo no es un dogma y los sedevacantistas no pueden saber con certeza y fe religiosa que la sede esté vacante, pues el Señor puede hacer papas de las piedras… de hecho ya una vez hizo un papa de una piedra.

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    • San Miguel,
      Claro que no es un dogma. Los hechos contingentes de este tipo nunca lo son. Pero es una conclusión cierta que se deriva de la doctrina católica, dogmática y no dogmática. Por ejemplo es doctrina enseñada en el Concilio Vaticano que la fe de los sucesores de Pedro es indeficiente. Además que un hereje deja de ser papa es doctrina de los doctores y de toda la tradición, como lo dice San Roberto Belarmino. Paulo IV declaró en Cum ex Apostolatus que la elección papal de un hereje es inválida. El saber que alguien es hereje es fácil y a veces completamente cierto.
      que una piedra pueda ser papa es además de ridículo falso. Se precisa ser hombre, bautizado, no demente, ni niño sin uso de razón. Que san Prdro fue llamado piedra es verdad poque sobre ella se construiría la Iglesia.

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  2. Esta muy claro, que si yo veo a alguien clavandole un cuchillo a una persona en la calle, lo mas probable es que se trate de un asesino, y muy improbable que se trate de un médico operando de urgencia. Sobre todo si va acompañado de una escena general que indica lo primero.
    ¿Si digo que esa persona es un asesino, lo estoy juzgando? No, describo lo que veo. Lo estaría juzagando si lo metiese en la cárcel o lo castigase, cosa a la que tendría derecho, y sería mi obligación, si yo fuese la autoridad.
    Nada me impide decir que lo que veo es un asesino. Ya dice San Pablo que tenemos que examinar todo, lo que yo interpreto como formarse una opinión de todo en base a la realidad.
    De la misma forma si yo leo y veo lo que dice y hace Bergoglio, puedo decir que son herejías y que se trata de un hereje. Será la autoridad la que tenga que venir a retirarlo de su usurpación de la silla de Pedro.

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  3. https://moimunanblog.wordpress.com/2016/06/14/quien-es-ud-para-declarar-heretico-a-nadie/
    http://es.aleteia.org/2016/06/11/por-que-la-iglesia-ha-excomulgado-a-un-grupo-de-catolicos-italianos/ ,
    Este grupo no es realmente católico, mírese por donde se le mire, pero no es eso lo que me llamó la atención sino la motivación, según aparece en el artículo:

    “Sus elementos principales
    Uno de los aspectos que más ha llamado la atención en las doctrinas de este grupo sectario es su ataque constante al papa Francisco (a quien han llegado a llamar “hombrecillo vestido de blanco” y han tachado de blasfemo y hereje). Algo que no se queda ahí, ni en una simple opinión negativa sobre el actual sucesor de Pedro, sino que va más allá al llamar “Babilonia” a la sede romana.
    Por lo que se sabe, este movimiento aparicionista alienta a sus miembros a apartarse de la celebración de la Misa y de la comunión, además de aislar a los fieles de sus parroquias respectivas y de los sacerdotes.”

    Pero yo leo que:, él mismo se hace llamar solo obispo, se pone en igualdad con jerarcas de otras confesiones, quienes no le reconocen su superioridad, pero él los llama hermanos, él dice que no se debe evangelizar; en cuanto a la misa hay homilías realmente heréticas por parte de presbíteros que ni en otros grupos cristianos se escucharían.
    Bueno, el punto es que sí, ese grupo no es católico, pero se están sentando las directrices o principios sobre los que se va a excomulgar, sobre lo que se usará para callar a quienes estén en contra del modernismo que predica en los púlpitos tantas cosas contrarias a la verdad de la palabra y el magisterio y él que predica en contra de la jerarquía si la va a imponer, sujetando a quienes no sigan todo lo que se diga, porque será entonces más importante la autoridad del párroco que la doctrina misma, la persona vs. la verdad.

    Desde el punto de vista psicológico eso causa su escozor, de hecho lo confieso me pone más cauto respecto de mí, se siente la presión; pero mi razón y mi corazón me dicen que se deben señalar los errores por encima de las personas, que hay que servir a Dios por encima de las personas, sea esta quién sea.

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  4. Estimado moimunan, Usted mismo ha escrito:
    “Claro que no es un dogma. (…) Pero es una conclusión”.

    Una conclusión de nada vale para creer con fe religiosa en el sedevacantismo. La razón puede (y para el creyente debe) servir a la fe, pero no puede substituirla. Si somos honestos hemos de admitir que ignoramos si la sede realmente está vacante, eso es todo.

    Por cierto, no es absurdo en absoluto que una piedra se convierta en papa sino que eso ya ha sucedido. Me ha extrañado mucho que no reconociera Usted la metáfora ni a su autor ni a la persona a la que hace referencia la imagen metafórica. Esfuércese un poquito y lo adivinará con seguridad…

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  5. Felix Sardá y Salvani, da en el clavo, si desde el principio el clero y los fieles se hubieran aplicado en estudiarlo y no hubieran entrado en componendas con los herejes y las herejías, no hubiéramos llegado hasta este punto. El liberalismo erosionó las bases y hoy que todo se cae a pedazos, seguimos discutiendo sobre lo mismo será papa el antipapa?

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  6. Gillermo, pueden excomulgar a todos los católicos y meter a todos los musulmanes y protestantes adentro si quieren, da igual. Mas allá de los errores del grupo ese de italianos, lo cierto es que dan en el clavo en cuanto a lo que es Bergoglio y la Iglesia oficial.

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  7. Texto magistral.

    “NADA CONVENDRÍA TANTO AL LIBERALISMO [MODERNISMO], COMO ESA LEGAL MORDAZA [ANTI-SEDEVACANTISMO] PUESTA A LA BOCA Y A LA PLUMA DE SUS MÁS RESUELTOS ADVERSARIOS.”

    Saudações do Brasil.

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