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FESTIVIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS


Viernes después de la octava del Corpus, FIESTA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Por Fray Eusebio de Lugo

Documento PDF  En la Fiesta del Sagrado Corazón

Esta devoción nace al mismo tiempo que la Iglesia, del costado traspasado de Nuestro Señor en la Cruz. Siempre hubo almas enamoradas de ese Corazón, y que le honraron con ferventísimo culto, aunque nunca de manera pública, y menos aún, litúrgico. Como le dijo el Apóstol san Juan a santa Gertrudis, una de las mayores difusoras de esta devoción en el S. XIII, “estaba reservado a unos tiempos en que se resfriaría la caridad del mayor número el descubrirse esas íntimas palpitaciones de ese corazón divino, y reanimar con ellas un mundo senescente”

                               

Ese tiempo llegó en el S. XVII, en que Dios mismo pedirá a Sus vicarios tanto espiritual como temporal la institución de un culto no sólo público y litúrgico, sino también político y jurídico.

Desde 1673, Venía Nuestro Señor apareciéndose a una santa religiosa de la Visitación de Paray le Monial, Francia, llamada Margarita María de Alacoque, preparándola para la misión pública que por fin le revelará un 17 de Junio de 1689, tal y como lo refleja ella misma en su correspondencia de la misma fecha:

   “Jesús desea pues entrar con pompa y magnificencia en las casas de los príncipes y de los reyes, para ser allí tan honrado cuanto fue ultrajado, despreciado y humillado en Su Pasión, y recibir allí tanto placer de ver a los grandes de la tierra humillados delante suyo,, cuanto amargura sintió al verse humillado a sus pies. He aquí las palabras que sobre esto me dirigió:

   “Haz saber al Hijo Primogénito de Mi Sagrado Corazón que, así como su nacimiento temporal fue conseguido por la devoción a los méritos de mi santa Infancia, asimismo obtendrá su nacimiento de gracia y de Gloria eterna por la consagración que hará de sí mismo a mi Corazón adorable, que quiere triunfar del suyo, y por medio suyo, del de los grandes de la tierra. Quiere reinar en su palacio, ser pintado sobre sus estandartes y grabado en su escudo de armas, para volverlas victoriosas sobre todos sus enemigos, abatiendo a sus pies esas cabezas orgullosas y soberbias, para hacerlo victorioso de todos los enemigos de la santa Iglesia.”

   Y prosigue explicando santa Margarita María, “El Padre Eterno, queriendo reparar las amarguras y angustias que el adorable Corazón de Su divino Hijo resintió en casa de los príncipes de esta tierra, así como en las humillaciones y ultrajes de Su Pasión, quiere establecer su dominio sobre la corte de nuestro gran monarca, del cual desea servirse para la ejecución de ese designio, que desea ver cumplido del siguiente modo: Se deberá hacer un edificio en que se hallará el cuadro de este divino Corazón para recibir allí la consagración y el homenaje del Rey y de toda su Corte. Queriendo este Corazón hacerse Protector y Defensor de su sacra persona contra todos sus enemigos tanto visibles como invisibles, y asegurar su salvación por ese medio, lo ha escogido como su fiel amigo para hacer autorizar la Misa en Su honor por parte de la Santa Sede Apostólica, así como obtener todos los demás privilegios que deben acompañar esta devoción a ese Corazón Sagrado, por cuyo medio quiere hacerle partícipe de los tesoros de gracias de santificación y salvación, derramando abundantemente sus bendiciones sobre todas sus empresas que Él hará redundar en Gloria Suya, dando éxito a sus armas, para hacerlo triunfar de la malicia de sus enemigos. Feliz será si toma gusto por esta devoción que le valdrá un reino eterno de honor y de gloria en este Sagrado Corazón de Nuestro Señor JesuCristo, que tomará a pecho el elevarlo y hacerlo grande en el cielo ante Dios Padre Suyo, en la misma medida en que ese gran monarca se tomará a pecho reparar ante los hombres los oprobios y aniquilamientos que este Sagrado Corazón ha tenido que soportar de ellos, rindiéndole y procurándole los honores, el amor y la gloria que está en derecho de esperar de ellos.”

   Nos hallamos en presencia de un acontecimiento cuyo desenlace determinaría la suerte de los siglos futuros…

   Nuestros antepasados habrían aprehendido enseguida la extrema gravedad de lo que ahí nos estábamos jugando, pero nuestros pobres contemporáneos son en su mayoría perfectamente incapaces de comprender el auténtico significado de lo que ahí se estaba pidiendo. Sin ánimo de ser exhaustivo, y en gracia a la brevedad, sus causas y consecuencias son las siguientes:

  1. En primer lugar, Fijémonos en que quien está hablando es JesuCristo Verdadero Dios y verdadero Hombre, Rey del Universo tanto por ser Dios, como por su Unión hipostática, como por derecho de conquista, a través de Su Cruz y Pasión, y que por lo tanto, con todo derecho reclama que se le paguen los honores y Amor debidos.

      2,) En segundo lugar, está hablando al que Él mismo llama Primogénito de Mi Sagrado Corazón. Y ello porque es para el Nuevo Testamento el equivalente de lo que el Rey David para el Antiguo, lo mismo que Francia ha sido engendrada como Nación cristiana antes que ninguna otra, para representar a la Tribu de Judá. En Pentecostés, Nuestro Señor instituyó en su Iglesia dos tipos de autoridad, la autoridad sacerdotal, en el Papa y los obispos, y la autoridad política, que se reservó manifestar más tarde, cuando las sociedades sobre las que se ejercería estuvieran ya bien encaminadas por las sendas del Evangelio. En el año 496, por fin, Nuestro Señor instituyó al Rey Clodoveo, descendiente de David, como Rey de Francia, a través de la consagración que el obispo san Remigio le confirió ungiéndolo con un aceite venido del Cielo, y traído por el mismo Espíritu Santo en forma de paloma resplandeciente.

   A imitación de esa institución cuyo modelo había sentado el mismo Rey de Reyes, fueron naciendo el resto de poderes soberanos cristianos a través de los cuales Nuestro Señor reinaba efectivamente, prácticamente, sobre las naciones. Todas estas cosas no son piadosas leyendas, sino hechos atestiguados por toda la nación francesa, siempre reconocidos por los Papas, y que surtían efectos de derecho público, como era ser reconocido por todas las naciones como aquél a quién se reconocía el sitio primero en el orden temporal.

   Y ese Rey primero en el orden socio-político era en ese tiempo nada menos que Luis XIV, que había llegado a conferir a la monarquía francesa un esplendor y una completitud que no volverían a ser superados. Llamado Dieudonné, don de Dios, porque cuando el Reino, amenazado por infinitos males, y cuando ya desesperaba de tener un heredero, fue engendrado siguiendo las indicaciones de san José, que pidió oraciones a la santa Infancia de Nuestro Señor, como condición para recibir ese gran don del Cielo que es un Rey Legítimo.

                                           

3.)El Rey de Francia, más que ningún otro, era el lugar-teniente de Nuestro Señor en esta tierra, destinado a defender militar y socio-políticamente a la Iglesia de Dios, de quién recibía su poder para gobernar. En la medida en que ese mismo Rey reconociera que su poder venía del Mismo Cristo, a través del Papa, nuestro Señor lo llenaría de triunfos, de bendiciones, y se serviría de él a favor de Su Iglesia. Los Reyes, y especialmente el de Francia, formaban aquél poder del que habla san Pablo, el que refrena al mal, e impedía la llegada del Anticristo. Porque además de su poder de jurisdicción, por el que tenían derecho a ser obedecidos, por medio de la Unción-coronación-entronización, se les concedía también toda una serie de poderes sobrenaturales, que tenían un aspecto auténticamente exorcístico de la influencia del príncipe de este mundo en el orden socio-político.

  1. Esos poderes de derecho divino, Imperio y Sacerdocio, sobre los que reposaba todo el orden de la Cristiandad, se hallaban en ese tiempo en gravísimo peligro, tanto por doctrinas heréticas como el protestantismo, el jansenismo o el galicanismo, como por doctrinas políticas igualmente heréticas que tendían a negar la Realeza de Cristo en sus vicarios temporales y espirituales, a la que deseaban sustituir la reprobada teoría de una imposible soberanía popular o nacional.
  2. Nuestro Señor venía precisamente para renovar el Pacto socio-político contractado con cada uno de los Reyes y sus naciones, y aniquilar por su Corazón todas las asechanzas de los enemigos de la Iglesia, por medio del Rey de Francia, si éste aceptaba ese medio providencial que le venía ofrecido por el mismo Dios.

Vamos a ver qué enemigos eran éstos, y por qué Nuestro Señor escoge precisamente el 17 de Junio de 1689 para su proposición. Cronológicamente:

Primer enemigo, el galicanismo.

-Simbólicamente, 7 años antes, el 19 de Marzo 1682, día de san José Patrón de la Iglesia, una irregular reunión del clero de Francia había proclamado 4 artículos que serían los principales de aquella corriente herética conocida como galicanismo, la cual, nacida en los cismáticos concilios de Constanza y Basilea en el S. XV, encontraría su triunfo póstumo en las actas del falso concilio Vaticano II. Son éstos:

1. El Papa no tiene sino una autoridad meramente espiritual, no puede ni juzgar a los reyes, ni deponerlos.

Lo que equivalía a subvertir toda la estructura jerárquica de la Iglesia, y a retirar a la autoridad política su carácter eclesial, y devolverla a un estado de naturaleza imposible de mantener. En su Bula Unam Sanctam, el Papa Bonifacio ya había definido que el Papa instituye a los Reyes, puede corregirlos, e incluso deponerlos, si son incorregibles.

2. El Concilio Ecuménico es superior al Papa, lo que equivale a subvertir el orden eclesiástico, puesto que es el Concilio el que depende enteramente del Papa, sin que nadie pueda juzgarle ni forzarle la mano; significaba introducir el gobierno democrático en la Iglesia.

3. Las libertades de la Iglesia galicana son inviolables, lo que equivale a erigir una Iglesia cismática, como su vecina la anglicana.

4. El Papa sólo es infalible una vez obtenido el consentimiento de toda la Iglesia, lo que equivale a introducir el gobierno democrático hasta en los juicios y la enseñanza dogmática de la Iglesia.

   Habían engañado al Rey para obtener su aprobación, aunque el Papa Inocencio XI se había apresurado a condenarla. Nuestro Señor quería triunfar del Corazón del Rey, hacerle anular esa declaración, restaurar el Orden, e impedir que ese veneno se expandiera, causando revolución no sólo en la Iglesia, sino también en el Estado.

   Una Consagración como la pedida por Nuestro Señor hubiera supuesto para ellos una derrota mortal, puesto que hubiera significado el reconocimiento de todos los derechos de la Monarquía Pontificia sobre toda la Iglesia, también sobre los Reyes en cuanto ministros de la Iglesia, que de ella reciben su poder, y por ella pueden perderlo.

Segundo enemigo: El protestantismo:

   Que si fue una calamidad apocalíptica para toda la Cristiandad, mucho más en Francia, donde el erasmismo de los Reyes dejó crecer esa mala hierba, cuando sus más precisos deberes les imponían una represión implacable de esos enemigos de la Humanidad. Enrique IV había conseguido pacificar la guerra civil, concediéndoles a los protestantes tales privilegios y seguridades que los convertía casi en un Estado dentro del Estado. Luis XIV había tenido el valor de rescindir el Edicto de Nantes, pero siempre se veía tentado en concederles una cierta tolerancia, que amenazaba la supervivencia del Reino entero, ya que los protestantes se habían convertido en subversivos políticos contra la Monarquía católica, siempre en inteligencia con las potencias protestantes.

   Evidentemente, la Consagración pedida no les convenía en absoluto, pues acabaría en la conversión de la práctica totalidad de ellos.

Tercer enemigo: La Compañía de Jesús:

   Resultará sorprendente (y doloroso) a más de uno el verla en este epígrafe, pero pasen y vean:

La Compañía fue un Instituto bueno y santo, fundado por un gran santo, como así lo han reconocido los Papas y todo el pueblo cristiano. Sin embargo, tanto por ciertos defectos de su constitución, como por su peculiar historia, llegó a desarrollar tales taras que los mismos Papas se vieron obligados a suprimirla.

                                 

-Primero, por permitir ingresar en su seno a los marranos, falsos conversos del judaísmo, que se incrustaron y montaron en su seno unas verdaderas estructuras paralelas de poder, con estructura y modos enteramente mafiosos.

-Esos marranos llegaron a acumular tal poder, que la Compañía se convirtió en muchos reinos en incontrolable, tanto por el poder real como por el episcopal, dedicándose a todo tipo de tráficos y negocios ilegales, y usurpando hasta la autoridad de los obispos, como pudo comprobar el Beato Palafox.

-Más graves aún eran sus desvíos en los campos filosófico, teológico y político, favoreciendo una visión de las cosas naturalista y casi pelagiana, favoreciendo con ello los progresos de la nueva filosofía moderna, en verdad gnóstica y cabalística, y desarrollando las teorías medievales sobre la soberanía popular y la democracia liberal y representativa, llegando a promover el regicidio, mostrando de ese modo su carácter subversivo de todo orden social y político. Autores como Suárez, Molina o Mariana han hecho más daño a la Cristiandad que ejércitos enteros de turcos.

   Queriendo Nuestro Señor, en gracia a los muchos santos que a pesar de esos defectos existían en la Compañía, determinó convertirla y purgarla encomendándole el “Suavissimum munus”, la misión de propagar la devoción al Sagrado Corazón, como así se lo dijo al Beato Claudio de la Colombière..

Resulta que el confesor del rey era precisamente el jesuita Padre Lachaise. Consta por varias fuentes concordantes que le transmitió efectivamente la divina petición a su penitente, pero muy posiblemente, desaconsejándole obedecer a la orden divina.

Visto lo anterior, se comprende que muchos jesuitas no quisieran ni oír hablar de un acto que condenaría sin remisión tanto sus tesis optimistas y naturalistas en teología, como su democratismo y filosofismo en política.

Cuarto enemigo: El Jansenismo.

   A una desviación de signo optimista y demasiado indulgente no sólo con la debilidad humana, sino sobre todo con verdaderos y propios errores, suele contestar otra desviación de signo contrario. Así Cornelius Janssens, obispo de Ypres, en los Países Bajos españoles, dará una interpretación sumamente rigorista de la obra de san Agustín, concerniente a las relaciones entre naturaleza, libertad y Gracia. Exagerando la potencia de ésta última en detrimento de la libertad y la verdadera naturaleza de las cosas, reeditará un nuevo calvinismo, obsesionado por el tema de la predestinación, la salvación de unos pocos, y una moral desesperante, que mandaba temblar ante Dios-Juez, y no atreverse a comulgar ni siquiera por Pascua, porque nunca se era lo suficientemente puro.

Como sus homólogos puritanos, reducían la autoridad de la Iglesia al mínimo, sustituyéndola por la autoridad de las conciencias iluminadas de los pocos puros, siendo furibundos partidarios de una Antigüedad reinterpretada de modo arqueologista, precisamente para oponerla a la Autoridad de Roma, que asimilaba prudentemente las evoluciones que el Espíritu Santo iba sembrando en la teología, la liturgia, o la vida espiritual. Se vería más tarde cómo los jansenistas del Sínodo de Pistoya fueron los verdaderos padres del Vaticano II.

Si a ello juntamos su enemistad jurada al Derecho Divino de los reyes, constituyendo en los Parlamentos de Francia un verdadero partido subversivo y revolucionario, fácilmente podemos comprender que una intervención directa de Nuestro Señor para instaurar una devoción aparentemente nueva, y en frontal contradicción con sus desviadas doctrinas no podía ser sino una declaración de guerra.

Quinto enemigo: El Imperio Británico.

   La Inglaterra del S. XVII es una ilustración anticipada de todos los grandes conflictos teológicos, filosóficos y políticos que van a agitar nuestro mundo a partir de esa época, hasta producir el anticrístico mundo actual.

Ese Reino Unido que había logrado recuperar una monarquía más o menos tradicional tras la traumática experiencia de. la sacrílega decapitación del Rey Carlos el Mártir y subsiguiente dictadura puritana de los Cromwell, acababa de expulsar a su Rey legítimo, Jaime II Estuardo, por demasiado católico, demasiado conocedor de los derechos y deberes que el derecho divino de los Reyes le imponía, y sobre todo, por oponerse a las oscuras fuerzas gnósticas y oligárquicas que pretendían convertir a la población británica en esclavos a través de un arma temible: La creación de un Banco de Inglaterra que crearía fiat money, moneda fraccionaria y escriptural, no respaldada por bienes tangibles, sino únicamente por la confianza de sus tomadores.

Así nacía el sistema bancario capitalista usurero moderno, que daría al Imperio de esas fuerzas demoníacas el dominio del mundo bajo el disfraz de la Union Flag.

Una vez expulsado el principal obstáculo a ese proyecto, instalaron al principal enemigo de Luis XIV, Guillermo de Orange, como un rey constitucional, es decir, sin poder real con que poder oponerse a la gran empresa de esclavización de las Islas Británicas al servicio del proyecto mundialista de edificación de una Nueva Atlántida luciferiana.

             

Precisamente entonces se aparece Nuestro Señor prometiéndole al rey Luis la victoria de sus armas si accede a su orden, y cumplía su deber de Rey Cristianísimo venciendo a los luciferianos británicos, y restableciendo tanto la religión como al rey legítimos en la Isla de los santos.

Si hubiera hecho esto, nunca habríamos visto edificarse el Nuevo Orden Mundial que amenaza acabar con todos nosotros.

Pero como no lo hizo, la pérfida Albión se convirtió en el demonio que los azotaría desde entonces, provocaría el nacimiento, primero, de una corriente de anglomanía que promovería el maldito liberalismo de Locke y de la masonería por todo el mundo, luego haría estallar la Revolución Francesa, seguiría fomentando el nacionalismo anticristiano, crearía desde su inicio todas las falsas ideologías modernas, entre ellas el nazismo y el comunismo, con el designio final de llegar a una unión de contrarios que prepararía el mundo a la venida del Mesías de los judíos, Anticristo para nosotros.

Sexto enemigo: Pedro I de Rusia.

   El gran Imperio Ruso, heredero de Constantinopla, y cuya capital era llamada la Tercera Roma, se encontraba en aquél preciso instante sentado entre dos sillas:

Por una parte, pretendía conservar la herencia cristiana, monástica y guerrera que los había hecho grandes, pero que desgraciadamente, venía mezclada con una desgraciada situación de cisma, en que los rusos fueron arrastrados por la obstinación de Bizancio, en buena parte, sin culpa suya. Precisamente por ese poderoso atenuante, Nuestro Señor continuó durante siglos dándoles numerosos santos de todas clases, y multiplicando los milagros a través de sus reliquias o sus iconos. Como advirtió M. De Maistre más tarde, los rusos se encontraban divididos en su propia alma respecto del Pontificado: Por una parte, su riquísima liturgia seguía celebrando a los santos Papas de la Antigua Roma, y celebrando su Primacía, no menos que su infalibilidad, al tiempo que sus jerarcas se negaban en la práctica a obedecerles.

Por otra, sin embargo, los rusos empezaban a conocer al Occidente, y a asimilar con mucha prudencia y a su propio estilo lo que juzgaban aprovechable.

Es así cómo, en el campo religioso, la Academia de Kiev, bajo su fundador, el famoso Metropolita Pedro Moghila, se realizará un interesantísimo intento de reconciliación de la sana ortodoxia rusa, con la expresión católica post-tridentina, reflejada por ejemplo en la Confesión de Fe del mismo Pedro Moghila, asumida tanto por los unos como por los otros.

Que la Providencia Divina trabajaba en las almas de sus hijos rusos, y los preparaba a su reconciliación con la Primera Roma, lo evidencia que uno de los más conocidos entre los santos rusos, el obispo san Dimitri de Rostov, autor de unas popularísimas vidas de santos, y modelo de prelados, instituyera la Devoción al Sagrado Corazón precisamente en el año 1689, al mismo tiempo que las revelaciones de Paray.

                                                       

Mientras, el Zar Pedro, que había empezado a reinar en 1682, aunque mediatizado por la Regente Sofía, empieza a gobernar propiamente precisamente en 1689, aunque entrega rápidamente la gestión del Imperio a su madre, para recorrer Europa con sus amigos extranjeros, que había conocido en sus frecuentes escapadas al prohibido “Barrio de los extranjeros” residentes en Moscú. Éstos extranjeros, mayoritariamente holandeses y alemanes, y por ende, protestantes, inducirán en el joven y deficientemente formado Pedro un desprecio y verdadero odio hacia la Rusia tradicional, y un deseo tan vehemente como desordenado de reformarla según los modelos occidentales.

Hasta finales de siglo, Pedro realizará varios viajes a Occidente, para preparar la reforma en sentido prusiano y protestante por el que unos le llamarán “el Grande” y “el Iluminador de la tierra rusa”, mientras otros le llamarán, con cierta razón, “Pedro el Anticristo”

                                                         

Ahora bien, si tenemos en cuenta el trabajo de la Providencia reseñado más arriba, y la coincidencia, no precisamente casual, de las fechas, ¿Qué habría ocurrido si Luis XIV hubiese obedecido el deseo del Cielo en su tiempo y forma?

Habría sucedido que Pedro hubiera sufrido unas influencias harto diferentes de las luteranas, se habría asociado al más ilustre de los reyes de la época, que siempre intentó imitar, si no superar, y habría reunido su Imperio a Roma, arrastrando consigo al resto de las hasta entonces iglesias cismáticas de Oriente.

Como veremos a continuación, habría aniquilado la principal amenaza militar de la época, los turcos, no menos que eliminado la influencia de las potencias protestantes, la primera, Inglaterra, cuya expansión hacia la India se hubiera visto cortada de raíz.

En vez de eso, Rusia se transformó en una grave preocupación para la Santa Sede, entonces nace aquello de que los cosacos abrevarían un día sus caballos en las fuentes de la Plaza de san Pedro, y Pedro va a fundar su nueva capital, no por casualidad llamada San Petersburgo, precisamente como la contrincante de la Primera Roma, y capital central de un Imperio que uniría Oriente con Occidente, Norte y Sur, bajo el Águila Bicéfala.

                                             

No hay más que leer el Testamento de Pedro el Grande para darse cuenta de que su proyecto sigue en marcha, y no se detendrá hasta que se cumpla el pedido de la Virgen en Fátima, de lo que otro día hablaré.

Desde el S. XVIII para acá, la historia geopolítica del mundo ha sido la lucha entre dos tipos de imperio, sistematizados por Halford Mc Kinder: El imperio marino y financiero del entramamado anglo-sajón gobernado desde la City de Londres, y el Imperio terrestre y anti-usurero, pesadilla de la Gran Bretaña, que hizo lo imposible para evitar que se extendiera desde el Atlántico a Vladivostok, incluyendo el crecimiento de la Alemania protestante, dos guerras mundiales, y el advenimiento del terror rojo en la Unión Soviética.

Séptimo enemigo: Los turcos.

La indigna política de Francisco I al aliarse con los turcos contra otros países cristianos ya evidenciaba el avance del secularismo, confiando en el maquiavelismo precisamente aquél que era la encarnación sagrada del principio sobrenatural de la Cristiandad.

Así se explica que cuando las tropas turcas asediaban Viena, en 1683, amenazando lo que quedaba de la Europa cristiana, el Papa convocara una Cruzada a la que se unieron según sus posibilidades todos los Reyes católicos, menos el primero de ellos, al que apodaron entonces, con razón, “El Rey Moro”.

Una consagración como la pedida hubiera implicado la reversión completa de esa política, de modo que tanto Europa como el resto del mundo no hubiera tenido que esperar siglos para verse libre de la opresión islamita, no asistir ahora a su resurrección, de matriz perfectamente británica desde el mismo S. XVIII.

       

Podría añadir bastantes más asuntos, pero esto se alargaría excesivamente.

Sólo dos cosas más: Desde el 17 de Junio 1689, Nuestro Señor concedió 100 años para que los Reyes de Francia cumplieran lo pedido, y evitaran la catástrofe que ya se estaba gestando en sus tiempos, y que algunos ya advertían.

El 17 de Junio de 1789, empezaba realmente la Revolución Francesa, cuando los Diputados del Tercer Estado, llamados por el Rey para participar en los Estados Generales, se rebelaron contra Él, y juraron no separarse hasta engendrar una Constitución que daría al traste con la Divina Constitución de la proto-monarquía francesa.

Una coincidencia más: Nuestro Señor pedía una capilla donde estuviese expuesto el cuadro con su Sagrado Corazón, precisamente en los momentos en que se estaba pensando en la edificación de una Capilla Real digna del Palacio de Versalles.

Esa capilla empezó a edificarse precisamente en 1689, y si Luis XIV hubiese accedido a los deseos de Dios, hubiera sido un monumental recordatorio del punto culminante de uno de los más gloriosos reinados en Francia. Justo empezaba lo que iba a ser conocido como la guerra de la Liga de Augsburgo, con inicial éxito para Francia, incontestable árbitro de la política europea.

Pero habiendo el rey rechazado cumplir con su obligación, la capilla retrasará diez años la continuación de las obras, y en ese tiempo, el que fuera árbitro de Europa conocería un declinar de su fama, que no se detendría hasta su muerte, y el triunfo de su gran enemigo Guillermo de Orange.

                                     

Ahora, fíjense bien en el motivo central del altar, allí donde tendría que haberse puesto el cuadro con el Sagrado Corazón:

¿Les suena de algo?  Poco tiempo después del rechazo, no tardarían los masones recién unificados en 1717, siete años después de acabar la capilla, en desviar los venerables símbolos del culto cristiano para convertirlos en emblemas de sus perversos y nefandos cultos…

Y como el culto al Sagrado Corazón de Jesús es inseparable del culto al Inmaculado Corazón de María, veremos otro día cómo la petición de consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, confiado a Sor Lucía de Fátima, es la continuación lógica, por los mismos motivos, y con el mismo éxito, hasta ahora, que la consagración pedida en 1689.

Así lo expresó el mismo Señor, por medio de la dicha Sor Lucía:

   Por ejemplo, el 29 de Agosto de 1931, “Haz saber a Mis ministros que si ellos siguen el ejemplo del Rey de Francia en retrasar la ejecución de Mi pedido, también los seguirán en la desgracia. Nunca será tarde para recurrir a Jesús y María.

O este otro: “No quisieron atender mi petición. Como el Rey de Francia, lo harán, pero ya será tarde, (El Rey Luis XVI, ya preso y despojado de su poder real, hizo una Consagración privada, prometiendo realizar íntegramente la voluntad del Sagrado Corazón, si era liberado, lo que impidió su martirio.). Rusia tendrá ya difundidos sus errores por todo el mundo, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia.”

Bandera real con Sagrado Corazón, Quebec.

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1 reply »

  1. La secta farisea y ramera masonica comenzo a establecerse en el siglo X ya que su lengua es el idish, lengua no Biblica. De ahi su escritura un triangulo y un circulo y demas simbolos que los identifican los cainitas se identifican por simbolos secretos. porque el mason o patriarca iluminati es dios en la tierra. Por eso es que nunca dirán como se llama su dios kabalistco y lo ocultan suponiendo que engañarán a muchos.
    Monoteístas sí, somos, Nuestro Señor Nunca dijo otra cosa, pero si tan perfecto hubiese sido el primer tetamento, no hubiese sido necesario otro Testamento que es la alianza nueva y eterna. Como se llama ese ¿dios oculto? diablo. en toda lengua que se nombre es diablo y sus ángeles que lo acompañan, son demonios. Eso lo conocen los de arriba, es el secreto, porque los grados más bajos son sus serviles esclavos de la secta masonica. Y pueden salir si renuncian a esos juramentos, que los llevan al infierno. Ser esclavos de enfermos mentales, homicidas, sodomitas, hechiceros y malignos, debe ser muy triste.Como asi tambien siguen engañando con la salvación universal y es MENTIRA. Nuestro Señor dijo claramente a muchos, nunca a todos.

    El santo Nombre de Dios lo conocemos. San Atanasio sin adulterar, y además en ese nombre del Señor que son cuatro letras, dado a los profetas, estaba predicho como iban a asesinar los DEICIDAS a su Bendito Hijo, nuestro Salvador. Dios lo sabía. Todo lo conoce. Dios vio la cruz donde iban a colgar al salvador. Eso significa tambien el santo Nombre de Dios.Todos los profetas conocían, desde el principio. Menos la ciega sinagoga doctores de la ley fariseos levitas saduceos escribas, que no podían ver. Hasta hoy. Pasados 2000 años, dicen lo mismo y hasta peor.

    Gracias y FElicidades.

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