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PARÁBOLA DEL TITÁNIC


Una analogía náutica del Titanic particularmente útil para explicar la situación actual de la Iglesia

De: Peter, Corresponsal Canadiense de la Red TRADITIO

San Juan Bosco en 1862 tuvo  la “visión de los dos pilares”
en la que la iglesia trata de esquivar la flota enemiga
y regresar al puerto seguro pasando entre los dos pilares:
el pilar más pequeño era el de María, Auxilio  de los Cristianos
Y el pilar más grande e imponente
era Cristo en el Santísimo Sacramento
Lo que la Iglesia sufrió
en el período justamente anterior al Concilio Vaticano I (1870) no
fue nada comparado con lo que ha sufrido
después del Concilio Vaticano II (1962- 1965)

Estimados padres de TRADITIO:
Para explicar la situación actual de la iglesia puede ser útil la analogía náutica del Titanic. En 1964, la Iglesia de la Propiedad comenzó a llenarse de agua por sus bajos. La causa eran los problemas en la sala de calderas. Marineros incompetentes habían dejado que la herrumbre afectara a las máquinas después de la muerte del capitán Sarto, y los  capitanes que vinieron después eran demasiado descuidados. Las chapas de metal se oxidaban, pero la nave continuaba alegremente su navegación, pero nadie quería admitir el problema. El agua empezó a penetrar en la nave por algunos pequeños orificios en 1950, 1956, 1959 (Oficios  del Viernes Santo), y 1960 (calendario litúrgico). El agua penetraba cada vez con mayor rapidez. Los agujeros se hicieron más grandes -mucho más grandes- en 1962, 1965 (adulteración de la fórmula para distribuir la Sagrada Comunión), en 1967 (uso de las lenguas vulgares en el Sagrado Canon, (incurriendo en el anatema del Concilio  dogmático de Trento), en  1968 con los Nuevos Ritos Sacramentales anti-apostólicos), en 1969 (inválido y protestantizado Novus Ordo Missae), continuando la cosa así.

En 1970, el teniente de navío Lefebvre, al darse cuenta del inevitable final a que se iba a llegar, arrió un  bote salvavidas por el costado de la embarcación. El experto navegante De Pauw lo había intentado antes en 1964 e incluso antes, con transmisiones de radio en la mayoría de las grandes ciudades de Norteamérica. Lefebvre amarró su bote al Titanic para advertir al capitán Montini, pero todo fue en vano. En el horizonte, se podían divisar otros barois hundiéndose. El agua ya estaba por la línea de flotación.

El teniente Lefebvre, por caridad, se negó a cortar las amarras con el Titanic. Pero el capitán Montini, enfurecido , cortó las amarras en 1975. Lefebvre movió la cabeza con consternación, pero ordenó a sus hombres que dirigieran el bote salvavidas lejos del barco que se hundía. Después de que Lefebvre muriese, el capitán Fellay  dio la vuelta al rumbo tomado y dirigió el bote salvavidas de vuelta a Caribdis, [el mostruo marino que succionaba los barcos que se le acercaban]! El nuevo capitán del Titanic, capitán Bergoglio, le hace señas. Hace a Fellay promesas grandilocuentes: títulos, emolumentos, calcetines y zapatos de púrpura, y prioratos, y una abultada cuenta corriente libre de taxas. Fellay ha quedado hipnotizado, tanto que ya no puede “discernir” y darse cuenta de que  el Titanic se está hundiendo.

Novela que relata las aventuras del Capitán Bligh por los mares del Sur.

Bergoglio hace el papel del capitán Bligh. Ha ordenado a sus lugartenientes hacer agujeros en la nave para hacerla hundir más rápidamente. Estos agujeros tienen nombres: subjetivismo, modernismo, marxismo, teología de la liberación, sinodalismo. Sus ayudantes agrandan también otros viejos agujeros: Ecumenismo, Libertad Religiosa, Colegialidad, Socialismo, Inculturación. Los otros tripulantes del Titanic no se preocupan por los planes chocantes  de los mandos.. Están demasiado ocupados sodomizándose unos a otros para preocuparse por cualquier otra cosa.

Fellay una y otra vez lanza in extremis las amarras hacia el Titanic hundiéndose, pero el capitán Bergoglio no acepta recuperarlo. Espera que en el Titanic el agua se acerque a la línea de flotación para que, cuando los cables de acero lleguen en los últimos momentos, no le dé tiempo a Fellay para cortarlos: la Neo-SSPX será succionada por el monstruo ( la nave)

Los neoconservadores están divididos. Algunos permanecen a bordo del Titanic volviendo a poner en orden las sillas de la cubierta. Sienten que concentrándose en esta tarea  desvian su atención de la realidad vital, pero esperan que ésta sea sólo una pesadilla pasajera. Otros se han quedado atrás para pulir los valiosos cubiertos y limpiar las ricas bandejas. Otros neoconservadores han arriado los botes salvavidas, pero, por supuesto, se aseguran muy bien de que continúan atados firmemente al barco que se hunde. Ellos confunden el barco [la Barca de la Iglesia] con la Fe que antaño fue su sostén. Celosa y religiosamente están preocupados por la propiedad material. En realidad ellos aman a su dios, Mammon. Si hay que elegir entre la Iglesia de la Fe y la Iglesia de la Propiedad, a toda costa se deciden  por esta última.

Nuestra Señora aparece milagrosamente en un barco que ha flotado desde el Cielo. Ella apela a todos: sólo mi Hijo puede salvar esta nave de la ruina por un milagro. Pero el capitán Bergoglio no puede oírla. La voz de Ella está ahogada por los ruidos que hay en su cabeza: los ruidos de la herejía, la misericordia imaginaria, el enaltecimiento de sí mismo, el tango y la música basura – lo que sea. Fellay oye a Nuestra Señora, pero tapa con dus dedos  los oídos: quiere regresar a toda costa  a la nave para que le den las mejores habitaciones, con sus enormes espejos resplandecientes enmarcados en oro macizo. Se imagina a sí mismo como un príncipe pavoneándose Los espejos reflejan la vanidad de sus chispeantes ojos. Los dos tenientes episcopales de Fellay escuchan a Nuestra Señora, pero no aciertan a decidirse sobre  qué hacer, y el otro teniente fue arrojado al otro lado por sugerir que regresen al rumbo de Lefebvre – para poner proa  al destino eterno.

Un pequeña y valiente grupo se ha puesto a salvo alejándose del Titanic en balsas salvavidas y pequeños botes: son los Independientes, la verdadera Resistencia y otros pequeños grupos. Algunos de ellos sólo tienen chalecos salvavidas para no hundirse: parece que navegan solos, pero están protegidos desde lo alto. Luchan sólo por sobrevivir, pero tienen esperanza porque han mantenido la Fe.

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