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EL CARDENAL MÜLLER NIEGA LA TRANSUBSTANCIACIÓN


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Oops: ¡El ex “Guardián de la Ortodoxia” él mismo es un Hereje!

Las herejías del “cardenal” Müller

Parte 1: Su negación de la transubstanciación

Una y otra vez, los medios seculares y Novus Ordo han retratado al cardenal Gerhard Ludwig Müller (1947) como teólogo católico conservador, especialmente ahora en su recién terminado mandato de cinco años como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe , es decir, como el principal “guardián de la ortodoxia” del Vaticano.

Lo que muchas personas no se dan cuenta y algunos parecen ignorar deliberadamente es el hecho de que hay pruebas copiosas para demostrar que el teólogo alemán de 69 años de edad él mismo es de hecho un hereje.

No, esto no es una exageración. En este post y los que siguen en esta serie vamos a demostrar sin lugar a dudas que Gerhard Muller puede ser un montón de cosas, pero miembro de la Iglesia Católica Romana no es una de ellas.

A pesar de que hemos mencionado las herejías de Muller en este sitio web, antes, de vez en cuando, una serie de posts dedicada a ello en el blog, sobre este mismo tema se justifica por el hecho de que la idea de Muller de ser un teólogo católico ortodoxo “sin compromisos” sigue gozando de una popularidad generalizada, bastante injusta. Esta idea errónea se debe principalmente al hecho de que él insiste, total y correctamente, en que el adulterio nunca es permisible y que aquellos que públicamente se sabe que persisten en este pecado no pueden ser admitidos a los sacramentos.

Esto por sí solo, sin embargo, no hace un católico. No basta con adherirse a un dogma o incluso a la mayoría. Uno debe adherirse a todos ellos sin excepción. Quien cuestiona o niega obstinadamente un solo dogma no es católico en absoluto, independientemente de las otras ideas ortodoxas que pueda tener:

La práctica de la Iglesia ha sido siempre la misma, como lo demuestra la enseñanza unánime de los Padres, que decían que estaba fuera de la comunión católica y era ajeno a la Iglesia, cualquiera que se apartase de cualquier punto de la doctrina propuesta por su magisterio. Epifanio, Agustín, Teodoro redactaron una larga lista de las herejías de sus tiempos. San Agustín señala que pueden surgir otras herejías y que si alguien da su asentimiento a una sola de ellas está por el mismo hecho separado de la unidad católica. “Nadie que simplemente no cree en todas las verdades contrarias a ellas   (herejías) no puede, por esa razón, considerarse católico o llamarse a sí mismo tal. Porque puede haber o puede surgir otras herejías, que no se establecen en esta obra nuestra, y si alguien se aferra a una sola de ellas, no es católico “(S. Augustinus, De Haeresibus , n. 88).

(Papa León XIII, Encíclica Satis Cognitum , 9)

Antecedentes Académicos de Müller

Müller fue alumno del infame “Cardenal” Karl Lehmann (1936), el “obispo” de Mainz, Alemania. Lehmann mismo fue alumno del modernista Fr. Karl Rahner (1904-1984) , que en la época del Concilio Vaticano II era uno de esos famosos teólogos, sacerdotes de traje y corbata, como su colega, el P. Joseph Ratzinger, como muestra la imagen de abajo.

Müller escribió su tesis doctoral en 1977 y en 1985 las llamadas Habilitationsschrift (una disertación adicional que se le requirió para enseñar en una universidad alemana) bajo el “cardenal” Lehmann. El hecho de que su tesis doctoral se centre en la teología ecuménico-sacramental del luterano Bonhoeffer ( fuente ) dice mucho sobre qué tipo de “teología” estaba instalada en la mente mulleriana. En 1986, se convirtió en profesor de teología dogmática y de la historia del dogma, en la Universidad de Munich, posición en la que permaneció hasta 2002, cuando el “Papa” Juan Pablo II lo nombró “obispo” de Ratisbona.

Muller es autor de numerosos libros, el más famoso con 900 páginas, el manual de teología dogmática, Katholische Dogmatik , que actualmente está en su 10 ª edición (publicada por primera vez en 1995). Es un admirador de Joseph Ratzinger, quien le encargó la compilación, edición y publicación de sus  Obras completas , cuyo primer volumen se publicó en 2008 (toda la colección abarca 16 volúmenes). El 2 de julio de 2012, el mismo P. Ratzinger, ya  “Papa” Benedicto XVI, nombró a Muller Prefecto de la “Congregación para la Destrucción de la Fe”. Ejerció este cargo hasta el 1 de julio de este año, cuando Francisco declinó renovar su contrato por otros cinco años.

Por lo tanto, es hora de echar un vistazo a la teología presentada por el señor Müller, quien, considerando su carrera académica, no hay excusas en el mundo que lo absuelvan del cargo de herejía, ya sea en su elemento material (contrario al dogma en el intelecto) o su elemento formal (pertinacia en la voluntad).

El primer capítulo de esta serie sobre las herejías de “Cardenal” Muller se centrará en la negación del conocido dogma católico de la Transubstanciación.

El dogma católico de la transubstanciación

Antes de examinar los escritos de Muller sobre el tema, revisemos brevemente la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la Presencia Real de Cristo en la Sagrada Eucaristía, que se realiza a través del misterio de la Transubstanciación en la consagración, durante el Santo Sacrificio de la Misa. La enseñanza dogmática más clara y definitiva sobre esto viene del Concilio de Trento, Sesión 13, promulgada por el Papa Julio III en 1551:


D-874 Primeramente enseña el santo Concilio, y abierta y sencillamente confiesa, que en el augusto sacramento de la Eucaristía, después de la consagración del pan y del vino, se contiene verdadera, real y sustancialmente[Can. 1] nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y hombre, bajo la apariencia de aquellas cosas sensibles. Porque no son cosas que repugnen entre sí que el mismo Salvador nuestro esté siempre sentado a la diestra de Dios Padre, según su. modo natural de existir, y que en muchos otros lugares esté para nosotros sacramentalmente presente en su sustancia, por aquel modo de existencia, que si bien apenas podemos expresarla con palabras, por el pensamiento, ilustrado por la fe, podemos alcanzar ser posible a Dios y debemos constantísimamente creerlo. En efecto, así todos nuestros antepasados, cuantos fueron en la verdadera Iglesia de Cristo que disertaron acerca de este santísimo sacramento, muy abiertamente profesaron que nuestro Redentor instituyó este tan admirable sacramento en la última Cea, cuando, después de la bendición del pan y del vino, con expresas y claras palabras atestiguó que daba a sus Apóstoles su propio cuerpo y su propia sangre. Estas palabras, conmemoradas por los santos Evangelistas [Mt. 26, 26 ss; Mc. 14,22 ss; Lc. 22, 19 s] y repetidas luego por San Pablo [1 Cor. 11, 23 ss], como quiera que ostentan aquella propia y clarísima significación, según la cual han sido entendidas por los Padres, es infamia verdaderamente indignísima que algunos hombres pendencieros y perversos las desvíen a tropos ficticios e imaginarios, por los que se niega la verdad de la carne y sangre de Cristo, contra el universal sentir de la Iglesia, que, como columna y sostén de la verdad [1 Tim. 3, 15], detestó por satánicas estas invenciones excogitadas por hombres impíos, a la par que reconocía siempre con gratitud y recuerdo este excelentísimo beneficio de Cristo.

Así, pues, nuestro Salvador, cuando estaba para salir de este mundo al Padre, instituyó este sacramento en el que vino como a derramar las riquezas de su divino amor hacia los hombres, componiendo un memorial de sus maravillas [Ps. 110, 4], y mandó que al recibirlo, hiciéramos memoria de El [1 Cor. 11, 24] y anunciáramos su muerte hasta que El mismo venga a juzgar al mundo [1 Cor. 11, 25]. Ahora bien, quiso que este sacramento se tomara como espiritual alimento de las almas [Mt. 26, 26] por el que se alimenten y fortalezcan [Can. 5] los que viven de la vida de Aquel que dijo: El que me come a mí, también él vivirá por mí [Ioh. 6, 58], y como antídoto por el que seamos liberados de las culpas cotidianas y preservados de los pecados mortales. Quiso también que fuera prenda de nuestra futura gloria y perpetua felicidad, y juntamente símbolo de aquel solo cuerpo, del que es El mismo la cabeza [1 Cor. 11, 3; Eph. 5, 23] y con el que quiso que nosotros estuviéramos, como miembros, unidos por la más estrechaconexión de la fe, la esperanza y la caridad, a fin de que todos dijéramos una misma cosa y no hubiera entre nosotros escisiones [cf. 1 Cor. 1, 10].

Tiene, cierto, la santísima Eucaristía de común con los demás sacramentos «ser símbolo de una cosa sagrada y forma visible de la gracia invisible» (1); mas se halla en ella algo de excelente y singular, a saber: que los demás sacramentos entonces tienen por vez primera virtud de santificar, cuando se hace uso de ellos; pero en la Eucaristía, antes de todo uso, está el autor mismo de la santidad [Can. 4]. Todavía, en efecto, no habían los Apóstoles recibido la Eucaristía de mano del Señor [Mt. 26, 26; Mc. 14, 22], cuando El, sin embargo, afirmó ser verdaderamente su cuerpo lo que les  ofrecía; y esta fué siempre la fe de la Iglesia de Dios: que inmediatamente después de la consagración está el verdadero cuerpo de Nuestro Señor y su verdadera sangre juntamente con su alma y divinidad bajo la apariencia del pan y del vino; ciertamente el cuerpo, bajo la apariencia del pan, y la sangre, bajo la apariencia del vino en virtud de las palabras; pero el cuerpo mismo bajo la apariencia del vino y la sangre bajo a apariencia del pan y el alma bajoambas, en virtud de aquella natural conexión y concomitancia por la que se unen entre sí las partes de Cristo Señor que resucitó de entre los muertos para no morir más [Rom. 6, 5]; la divinidad, en fin, a causa de aquella su maravillosa unión hipostática con el alma y con el cuerpo [Can. 1 y 3]. Por lo cual es de toda verdad que lo mismo se contiene bajo una de las dos especies que bajo ambas especies. Porque Cristo, todo e íntegro, está bajo la especie del pan y bajo cualquier parte de la misma especie, y todo igualmente está bajo la especie de vino y bajo las partes de ella [Can. 3].

Cristo Redentor nuestro dijo ser verdaderamente su cuerpo lo que ofrecía bajo la apariencia de pan [Mt. 26, 26 ss; Mc. 14, 22 ss; Lc. 22, 19 s;1 Cor. 11, 24 ss]; de ahí que la Iglesia de Dios tuvo siempre la persuasión y ahora nuevamente lo declara en este santo Concilio, que por la consagración del pan y del vino se realiza la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo Señor nuestro, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. La cual conversión, propia y convenientemente, fué llamado transustanciación por la santa Iglesia Católica

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Can. 1. Si alguno negare que en el santísimo sacramento de la Eucaristía se contiene verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por ende, Cristo entero; sino que dijere que sólo está en él como en señal y figura o por su eficacia, sea anatema (cf. 874 y 876].

Can. 2. Si alguno dijere que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía permanece la sustancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y negare aquella maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo y de toda la sustancia del vino en la sangre, permaneciendo sólo las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia Católica aptísimamente llama transustanciación, sea anatema [cf.

(Concilio de Trento, Decreto sobre la Santísima Eucaristía, Denz. 874-877, 833-884).

Obsérvese que aunque la noción de transubstanciación es algo compleja, la Santa Madre Iglesia no lo enseña de una manera confusa u oscura, sino con gran claridad para permitir al creyente comprender este misterio tanto como sea humanamente posible. Cualquiera puede deducir de esto que cuando la la Iglesia enseña que la consagración tiene lugar en la Misa, la sustancia del pan y del vino deja de ser y se convierte en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, permaneciendo las meras apariencias de pan y vino. El Catecismo del Concilio de Trento, editado por San Carlos Borromeo y publicado por el Papa San Pío V, lo explica en su sección sobre el Sacramento de la Eucaristía .

La idea de Müller de la presencia real

La clara y magnífica enseñanza católica sobre la transubstanciación está fresca en nuestras mentes. Examinaremos ahora la doctrina que enseña el Sr. Muller, que sólo puede describirse como  basura insufrible y confusa.

Nuestras fuentes para la doctrina Mullerita serán tres libros escritos por él en los que explica con cierto detalle lo que él cree sobre la Presencia Real de Cristo en la Sagrada Eucaristía. Son los siguientes:  Mit der Kirche denken [“Pensando con la Iglesia”], 2ª ed. (Wurzburg: Johann Wilhelm Naumann, 2002); Die Messe: Quelle christlichen Lebens [“La Misa: Fuente de Vida Cristiana”] (Augsburgo: Sankt Ulrich Verlag, 2002); Katholische Dogmatik [“Teología Dogmática Católica”], 8ª ed. (Freiburg: Herder, 2010). Como ninguno de estos libros ha sido traducido al inglés, nosotros ofrecemos  nuestra propia traducción de los pasajes que citaremos. [El autor de este post en este blog traduce al español las traducciones al inglés]

La primera cita que vamos a examinar está tomada del libro de Muller Pensando con la Iglesia . Damos primero el alemán original, seguido inmediatamente de una traducción inglesa fiel. Si cree ? que en ella algo parece grotesco, el problema no está en la traducción, sino en la teología de Müller.

Jesús nimmt die Mahlgaben de Brot und Wein en seine Hände. Er bringt sie so in die unmittelbare Einheit mit seiner leiblichen Präsenz. Sein Stiftungswort macht sie zu Zeichen, in denen er selber in seiner ganzen geschichtlichen und leiblichen Gegenwart als Sohn des Vaters kommunizierbar wird. Jesús spricht una guarida Vater das Dankgebet, die Eucharistia . En el fondo de la página Hingabe des ewigen und des Mensch gewordenen Sohnes nimmt er Brot y Wein in seinen Gehorsam y seine Liebe zum Vater hinein. Er reicht nun den Jüngern Brot und Wein. En el diesem Darreichungsgestus se encuentra en el fondo de un árbol Se encuentra en un árbol y se encuentra en un campo de hierba. Er läßt die Jünger gleichzeitig aber auch teilnehmen an seinem Hingabeakt an den Vater für uns. Wer darum diese Gaben von Brot y Wein genießt, kommuniziert real y der Menschheit Jesu und seinen van Ganzen Schicksal, nämlich y seinem Leib und seinem Blut. Er tritt darin en el Wirklichkeit de Neuen Bundes, dh die liebende Gemeinschaft mit Gott ein, die in der Offenbarung der Liebeseinheit von Vater und Sohn kommunizierbar geworden ist. Brot und Wein sind hier selbstverständlich nicht Vertertungssymbole, sondern Realsymbole, weil sie am Wirklichkeitsgehalt der menchlichen und leibhaftigen Selbsthingabe Jesu teilhaben und eben aufgrund des Stiftungswortes diese Wirklichkeit gegenwärtig machen.

[Traducción en inglés, en español]

Jesús lleva los dones del pan y del vino en sus manos. De esta manera los une directamente con su presencia corporal. Sus palabras de institución las convierten en signos en los que él mismo se hace comunicable en toda su presencia histórica y corporal como Hijo del Padre. Jesús ora al Padre la oración de acción de gracias, la EucaristiaEn este abandono agradecido del Hijo eterno y encarnado, toma el pan y el vino como su obediencia y su amor al Padre. Después da el pan y el vino a los discípulos. En este gesto de ofrenda se manifiesta su amor entregado  por nosotros, así como su disposición a hacer de la ofrenda de su vida un signo del amor de Dios por los hombres, porque [el amor] se afirma en la historia. Al mismo tiempo, sin embargo, permite que los discípulos participen en su acto de abandono al Padre por nosotros. Quienquiera que consume estos dones de pan y vino, participa de una manera real de la humanidad de Jesús y de todo su destino, es decir, de su cuerpo y sangre. Él entra así en la realidad de la Nueva Alianza, es decir, en la comunión amorosa con Dios, que se ha convertido en comunicable en la revelación de la unidad del amor del Padre y del Hijo. Por lo tanto el pan y el vino no son, por supuesto, lsímbolos representativos  [ Vertretungssymbole ] sino  un “símbolo real” [Realsymbole ], debido a que comparten la “realidad de contenido” [Wirklichkeitsgehalt ] del ser humano y la corporal donación de Jesús y, a causa de la Palabras de institución, hacen presente esta realidad.

(Gerhard Ludwig Müller, Mit der Kirche denken , página 47)

¡¿Lo captas?!  En caso de que no, no te preocupes porque hay más, mucho más.

Pasemos ahora al libro de Muller sobre la Misa:

Nun ergeben sich an dem Begriff “Leib und Blut” Mißverständnisse, wenn man meinte, Fleisch und Blut stünden hier für die physischen und biologischen Bestandteile des historischen Menschen Jesus. Es ist auch nicht einfach der verklärte Leib des auferstandenen Herrn gemeint, wenn man hier unter Leib einfach die materielle Dimension am Menschsein meint….

In Wirklichkeit bedeuten Leib und Blut Christi nicht die materiellen Bestandteile des Menschen Jesus während seiner Lebenszeit oder in der verklärten Leiblichkeit. Leib und Blut bedeuten hier vielmehr Gegenwart Christi im Zeichen des Mediums von Brot und Wein, die im Hier und Jetzt sinnengebundener menschlicher Wahrnehmung kommunizierbar wird. So wie die Jünger vor Ostern mit Jesus wahrnehmbar zusammen waren, indem sie seine Worte hörten und ihn in seiner sinnlichen Gestalt auf eine menschengemäße Weise wahrnahmen, so haben wir jetzt Gemeinschaft mit Jesus Christus, vermittelt durch das Essen und Trinken des Brotes und des Weines.

[Traducción en inglés:]

El término “cuerpo y sangre” sería mal entendido si uno supusiera que la carne y la sangre significan los componentes físicos y biológicos del hombre histórico Jesús. Tampoco es simplemente el cuerpo transfigurado del Señor resucitado si por “cuerpo” se entiende la dimensión material de ser humano ….

En realidad, “cuerpo y sangre de Cristo” no significan los componentes materiales del hombre Jesús durante su vida o en su corporeidad transfigurada. Más bien, el cuerpo y la sangre significan aquí la presencia de Cristo en el signo mediador del pan y del vino, que se hace comunicable en el aquí y ahora de la percepción humana ligada a los sentidos. Así como antes de Pascua los discípulos estaban perceptiblemente junto con Jesús al oír sus palabras y percibirlo en su figura sensorial de acuerdo con la naturaleza humana, ahora tenemos comunión con Jesucristo, comunicado a través del comer y beber el pan y el vino.

(Gerhard Ludwig Müller, La Misa: Fuente de Vida Cristiana , pp. 139-140)

Es bueno saber que el señor Muller come y bebe “pan y vino” en la “misa”, para que nadie lo confunda con un católico.

Aunque Muller habla efectivamente de una “conversión de sustancia” (Wesensverwandlung ) en la misma página de la que acabamos de citar, nadie tarda en descubrir que su idea de la conversión de la sustancia no es en absoluto el dogma católico de la Transubstanciación . Por el contrario, intenta una reinterpretación fenomenológica de la noción de sustancia:

Das natürliche Wesen dieser Gaben besteht nicht in dem, was naturwissenschaftlich als letzter Baustein ausfindig gemacht werden kann. Das Wesen dieser Gaben kann man nur in ihrem Bezug zum Menschen verdeutlichen. Die Wesensbestimmung muß also anthropologisch ansetzen. Das natürliche Wesen dieser Gaben als Frucht der Erde und der menschlichen Arbeit, als die Einheit eines Natur- und Kulturproduktes besteht darin, Nahrung und Stärkung des Menschen und die Gemeinschaft der Menschen im Zeichen des gemeinsamen Mahles zu verdeutlichen. Natürlicherweise sind diese Gaben auch ein Hinweis darauf, daß unser Leben und die Erhaltung unseres Daseins von Gott abhängt, dem wir uns deshalb zu Dank verpflichtet fühlen. Dieses natürliche Wesen von Brot und Wein wird von Gott verwandelt in diesem Sinn, daß das Wesen von Brot und Wein nun darin besteht, die Heilsgemeinschaft mit Gott anzuzeigen und zu realisieren, die in Menschwerdung, Kreuz und Auferstehung des Sohnes Gottes und in der Sendung des Heiligen Geistes gegeben ist.

…In der Wesensverwandlung geht es also darum, daß Brot und Wein aus natürlichen Medien der Kommunikation zum neuen Weg einer übernatürlichen Kommunikation werden zwischen Gott und der Menschheit, mit dem Ziel der Vermittlung des Heils, das in Jesus Christus sich real-geschichtlich ereignet hat. Christus ist also real gegenwärtig in einem objektiven Sinn, weil Gott allein den absoluten Horizont setzt, vor dem die Weltwirklichkeit und die Geschichte und die Weise seiner Selbstvermittlung betrachtet werden kann.

[Traducción en inglés:]

La sustancia natural de estos dones [del pan y del vino] no consiste en lo que puede ser examinado por las ciencias naturales como el último elemento constitutivo. La sustancia de estos dones sólo puede explicarse en su relación con el hombre. Así, la determinación de la sustancia debe entenderse  antropológicamente. La sustancia natural de estos dones como fruto de la tierra y del trabajo humano, como la integridad de un producto de la naturaleza y la cultura, consiste en mostrar claramente el alimento y el refrigerio del hombre y de la comunidad humana bajo los auspicios de la comida común. Por supuesto, estos regalos también son una indicación de que nuestra vida y la preservación de nuestro ser depende de Dios, por lo que sentimos que le debemos nuestra gratitud. Estas substancias naturales del pan y del vino son convertidas por Dios en el sentido de que la sustancia del pan y del vino consiste en señalar y llevar a cabo la comunión salvadora con Dios que se da en la Encarnación, la Cruz y la Resurrección Del Hijo de Dios y el envío del Espíritu Santo.

… En otras palabras, la conversión de la sustancia significa que el pan y el vino pasan de ser vehículos naturales de comunicación a ser una nueva forma de comunicación sobrenatural entre Dios y el hombre, con el objetivo de transmitir la salvación de manera histórica. Cristo, pues, está realmente presente en un sentido objetivo, porque sólo Dios es quien fija el horizonte absoluto ante el cual se puede contemplar la realidad del mundo y de la historia y la manera de su autocomunicación.

(Gerhard Ludwig Müller, La Misa: Fuente de Vida Cristiana , pp. 140-141)

¿Le da vueltas la cabeza después de toda esta algarabía pseudo-académica?

Una cosa es clara: cualquier cosa que Müller realmente afirme sobre la Presencia Real de Cristo, definitivamente no es  el dogma católico de la Transubstanciación.

Filosofía falsa detrás de la herejía de Müller

Como parece aquí evidente, Muller tiene una idea completamente diferente (y falsa) de lo que es la noción filosófica de sustancia. Por esta sola razón él puede hablar todo lo que quiere acerca de una “conversión de sustancia” – él siempre significará algo más que la simple Transubstanciación. Sin embargo, el dogma católico al que se ve obligado a adherirse bajo pena de herejía y de condenación eterna no es una idea de conversión de sustancia, o de algún tipo de Presencia Real, sino específicamente la Transubstanciación . Y por esta razón, podemos y debemos decir que Muller es un verdadero hereje .

En otro lugar del mismo libro, el herético «cardenal» afirma: «La uniformidad de esta confesión [de la fe en la transubstanciación] no depende de la distinción aristotélica de la sustancia y de los accidentes» ( The Mass , 196). Sin embargo, lo contrario es verdad, como el Papa Pío VI dejó en claro en su documento Auctorem Fidei de 1794  , una bula en el que condenó una serie de errores que se habían presentado en el sínodo diocesano de Pistoia, Italia – prototipo del Vaticano II, por cierto – Sínodo que tuvo lugar ocho años antes:

La doctrina del sínodo, en aquella parte en la que, al comenzar a explicar la doctrina de la fe en el rito de la consagración, y despreciando las cuestiones escolásticas sobre la manera en que Cristo está en la Eucaristía, exhorta  a los sacerdotes a abstenerse de enseñar siendo así que es su deber; declara la doctrina en estas dos proposiciones solamente: 1) después de la consagración, Cristo está presente realmente y substancialmente bajo la especie; 2) cesa toda la sustancia del pan y del vino, quedando sólo las apariencias; (La doctrina) omite completamente hacer mención de la transubstanciación , o la conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo, y de toda la sustancia del vino en la sangre, que el Concilio de Trento definió como un artículo de fe , Y que está contenido en la profesión solemne de la fe; Ya que por una omisión indiscreta y sospechosa de este tipo se quita tanto un artículo referente a la fe como la palabra consagrada por la Iglesia para proteger su profesión , como si se tratara de una cuestión meramente escolástica, Peligroso desprecio a la exposición de la verdad católica sobre el dogma de la Transubstanciación, lo cual es favorable a los herejes.

(Papa Pío VI, Bull Auctorem Fidei , 29, Denz., 1529 , y subrayado.)

Nótese que la definición que el Soberano Pontífice ataca aquí no contiene de hecho nada positivamente erróneo. Fue condenado por el hecho de que  omitió sospechosamente lo que es esencial para la integridad del dogma, es decir, el propio término “Transubstanciación” y la verdad precisa que expresa.

A mediados del siglo XX, algunos teólogos estaban a favor de reemplazar la Transubstanciación por un concepto diferente, argumentando que la noción aristotélica de la sustancia había sido superada. El Papa Pío XII rechazó firmemente tales intentos:

Algunos incluso dicen que la doctrina de la Transubstanciación, basada en una anticuada noción filosófica de sustancia, debe ser modificada de tal modo que la presencia real de Cristo en la Sagrada Eucaristía se reduzca a una especie de simbolismo, por el cual las especies consagradas serían simplemente signos eficaces de la presencia espiritual de Cristo y de Su íntima unión con los fieles miembros de Su Cuerpo Místico.

(Papa Pío XII, Encíclica Humani Generis , 26)

Estas condenas de los Papas Pío VI y Pío XII son como una daga en el corazón de Ia exposición de Müller de la Presencia Real. Su tesis subyacente -es decir, que se puede expresar adecuadamente el dogma de la Presencia Real sin la terminología aristotélico-escolástica consagrada por la Iglesia para este propósito- queda así expuesta como falsa y peligrosa .

Es importante tener en cuenta que las nociones de sustancia y accidente son una parte intrínseca del dogma . No son simplemente un conveniente modelo explicativo dado temporalmente por la Iglesia para expresar en el pasado una verdad a una audiencia en particular sobre un punto determinado,  y que sería reemplazado por uno más adecuado a nuestros tiempos, cuando pueda surgir esta necesidad . Si así fuera, entonces la Iglesia estaría en continua necesidad de “poner al día” (¡aggiornamento! ) sus enseñanzas de acuerdo a los caprichos y las costumbres del hombre contemporáneo. En lugar de ser «la columna y el fundamento de la verdad» (1 Tim. 3:15), la Iglesia no sería más que una casa “edificada sobre la arena” (Mt 7, 26), una “caña sacudida por el viento” Mt 11, 7), “volteada de un lado para otro, y llevada por todo viento de doctrina” (Ef 4:14).

En el dogma de la Transubstanciación, la Iglesia se ha atado irrevocablemente  a la distinción de sustancia / accidente diseñada  por Aristóteles, el antiguo filósofo griego. Esta distinción no fue “inventada” por Aristóteles sino descubierta y formulada correctamente  por él. Es una distinción exigida por la razón y fácilmente verificada por el sentido común. Esta es la razón por la que la Iglesia quiso abrazarla y hacerla parte de sus dogmas, por tanto es imposible expresar adecuadamente el dogma sin usar las nociones de sustancia y accidente. Cualquier intento de reemplazar estas categorías por otras – por ejemplo, tomando prestadas ideas de la filosofía moderna – implica necesariamente una negación del dogma y, por lo tanto, sería herético .

Al evaluar la extraña teología de la Eucaristía de Müller, entonces, no sólo descubrimos su retoques a la transubstanciación, también encontramos que toda su fundamento filosófico está corrompido: “la verdad de la fe de la presencia real de Cristo en la Eucaristía: Los signos presuponen la estructura simbólica de la realidad … “, afirma el teólogo disidente (Teología dogmática católica, p. 697). Con estas palabras, demuestra que basa su “teología” en una ficción y en una ontología defectuosa (filosofía del ser) inspirada en las corrientes filosóficas modernas y posmodernas como la fenomenología, el existencialismo y el idealismo alemán. No es de extrañar, pues, que el resultado sea una declaración engreída que socava el dogma católico.

La inteligente Teología de Teflón de Müller 

Por supuesto, como todos los neomodernistas, Müller es extremadamente inteligente. Uno puede encontrar en sus escritos declaraciones individuales que suenan como si estuviera dando doctrina ortodoxa sobre la Sagrada Eucaristía, y a ellas acudirán sus defensores cuando se le acuse de proponer o coquetear con la herejía. Sin embargo, estas declaraciones aparentemente ortodoxas deben ser entendidas a lo sumo, como un ardid inteligente para escapar de la condena porque nadie que sea verdaderamente ortodoxo mezcla continuamente  declaraciones ortodoxas con ideas ambiguas o errores absolutos por lo que la herejía es probable que esté en todas sus palabras, una y otra vez.

El Papa Pío VI rechazó precisamente tales maniobras en su condena de los errores del Sínodo de Pistoia:

[Nuestros predecesores] conocían la capacidad de los innovadores en el arte del engaño. Para no herir los oídos de los católicos, los innovadores trataron de esconder las sutilezas de sus tortuosas maniobras mediante el uso de palabras aparentemente inofensivas, que les permitirían insinuar el error en las almas de la manera más suave. Una vez comprometida la verdad, podrían, mediante ligeros cambios o adiciones en la fraseología, distorsionar la confesión de la fe que es necesaria para nuestra salvación y conducir a los fieles mediante sutiles errores a su eterna condenación. Esta manera de disimular y mentir es viciosa, independientemente de las circunstancias en que se use. Por muy buenas razones no puede tolerarse jamás en un sínodo cuya gloria principal consiste sobre todo en enseñar la verdad con claridad y excluyendo todo peligro de error.

Por otra parte, si todo esto es pecaminoso, no puede excusarse de la manera en que se ve que se hace, bajo el pretexto erróneo de que las afirmaciones aparentemente chocantes en un lugar se desarrollan más abajo en afirmaciones  ortodoxas en otros lugares… Como si cupiera la posibilidad de afirmar o negar una afirmación , o de abandonar las inclinaciones personales del individuo – tal siempre ha sido el método fraudulento y audaz utilizado por los innovadores para establecer el error. Permite tanto la posibilidad de promover el error como de excusarlo.

Es como si los innovadores pretendieran que siempre tenían la intención de presentar los pasajes alternativos, especialmente a los de fe simple que finalmente llegaron a conocer sólo una parte de las conclusiones de tales discusiones, que se publican en el lenguaje común para el uso de todos. O de nuevo, como si los mismos fieles tuvieran la capacidad de examinar esos documentos para juzgar tales asuntos por sí mismos sin confundirse y evitar todo riesgo de error. Es una técnica muy reprochable para la insinuación de los errores doctrinales y condenada hace mucho tiempo por nuestro predecesor, san Celestino, que la encontró utilizada en los escritos de Nestorius, obispo de Constantinopla, y que la condenó con la mayor gravedad. Una vez que estos textos fueron examinados cuidadosamente, el impostor fue expuesto y confundido, pues se expresó en una plétora de palabras, mezclando cosas verdaderas con otras que eran oscuras; Mezclándose a veces unas con las otras de tal manera quepodía confesar lad cosas que se negaron antes mientras que al mismo tiempo tenía una base para negar esas frases mismas que él confesó .

Exponer tales trampas, es algo que se hace necesario con cierta frecuencia en cada siglo, y no se requiere otro método que el siguiente: Siempre que se expongan enunciados que disimulen alguna sospecha de error o peligro bajo el velo de la ambigüedad, se debe denunciar el significado perverso bajo el cual el error contra la verdad católica está camuflado.

(Papa Pío VI, Bull Auctorem Fidei , introd., Subrayado añadido.)

Lo que Pío VI reprocha aquí es mucho de lo que hace el cardenal Müller: afirma en una frase lo que niega en otra, usando un lenguaje tan oscuro y complejo que le deja al lector incapaz de comprender lo que está proponiendo. Esto le permite demoler el dogma de la Transubstanciación en las mentes de los fieles mientras rechaza a aquellos que se lo reprochan diciendo que no “entienden ” lo que realmente quiso decir.

Es evidente, a partir de las citas presentadas aquí, que la escritura de Müller es una mezcla desesperada de ideas vagas envueltas en una terminología impresionante pero indefinida, con el objetivo aparentemente pretendido de causar tanta confusión en el lector como fuere posible, conservando al mismo tiempo un mínimo de denegabilidad plausible [Yo no dije eso etc.]. Lo que hace Muller podría llamarse Teología de Teflón, [plástico que impide que se graben sobre él pinturas, grafitti u otros objetos] porque ninguna denuncia puede afectarla. Sus palabras e ideas tienen la intención de ser lo suficientemente resbaladizas como para evitar que cualquier censura, especialmente la de herejía, pueda tocarla.

Falsas alternativas a la transubstanciación

Lo vemos muy claramente en lo que ha escrito sobre la Santa Eucaristía y sobre todo de la Presencia Real. Si bien es claro que Müller  no enseña la Transubstanciación como se define en el Concilio de Trento,  lo que en realidad dice es justamente una incógnita. La noción de la Presencia Real que presenta, suena muy parecido al error de “Transignificación”, infame término  promovido por Edward Schillebeeckx y Karl Rahner. Pero esta distorsión de la Presencia Real fue condenada incluso por el Antipapa Pablo VI (véase la encíclica Mysterium Fidei , 11), y por supuesto también Müller niega que se adhiera a este punto de vista. Al mismo tiempo, reconoce que la Transignificación, así como su pariente , la “Transfinalización”, puede desarrollarse dentro del marco de la teoría del simbolismo de la realidad que es lo que defiende (y que tiene su origen en Rahner, véase Teología Dogmática Católica , p 708).

Si buscamos una etiqueta exacta que califique  la versión Mullerita de la Presencia Real, tal vez el término “Transcomunicación” la  describa adecuadamente, ya que parece estar diciendo que en la Eucaristía Dios escoge pan y vino para comunicar Su Presencia . Pero cualquiera que sea el término más preciso para el concepto Mullerita, ciertamente no es la Transubstanciación, que es el dogma católico.

Desafortunadamente para el hereje alemán, el Primer Concilio Vaticano descartó cualquier tipo de “reinterpretación” o “comprensión más profunda” del dogma una vez definido:

Y, en efecto, la doctrina de la fe que Dios ha revelado, no ha sido propuesta como un hallazgo filosófico que deba ser perfeccionado por los ingenios humanos, sino entregada a la Esposa de Cristo como un depósito divino, para ser fielmente guardada e infaliblemente declarada. De ahí que también hay que mantener perpetuamente aquel sentido de los sagrados dogmas que una vez declaró la santa madre Iglesia y jamás hay que apartarse de ese sentido so pretexto y nombre de una más alta inteligencia [Can. 3]. «Crezca, pues, y mucho y poderosamente aumente en quilates, la inteligencia, del dogma, la ciencia y la sabiduría de todos y de cada uno, ora de cada hombre particular, ora de toda la Iglesia universal, de las edades y de los siglos; pero solamente en su propio género, es decir, en el mismo dogma, en el mismo sentido, y en la misma sentencia» 

(Vaticano I, Constitución dogmática Dei Filius , capítulo 4, Denz., 1800)

Además, el Papa San Pío X condenó la siguiente proposición como un error modernista: “Los dogmas que la Iglesia profesa como revelados no son verdades caídas del cielo, sino que son una especie de interpretación de los hechos religiosos, que la mente humana ha conseguido por un laborioso esfuerzo  “(condenado en el Decreto  Lamentabili Sane , 22, Denz., 2022).

Las ideas falsas tienen consecuencias

Como Müller no cree en el dogma de la Transubstanciación tal como se definió una vez , Müller tampoco ve ningún sentido en el preguntarse en qué momento preciso durante la Misa el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo:

Zu klären bleibt noch eine in der Theologiegeschichte entstandene Frage nach dem genauen Zeitpunkt dieser heiligen Wandlung von Brot und Wein zu realen Zeichen der Heilskommunikation mit Gott in Jesus Christus. Ist es die Herabrufung des Heiligen Geistes, die in der ostkirchlichen Liturgie meist nach den Einsetzungsberichten geschieht, oder ist es die Rezitation der Einsetzungsworte Jesu selber, die die Wandlung bewirken? Man wird die Frage weder in diesem noch in jenem Sinne beantworten müssen, weil die Frage theologisch keinen richtigen Sinn ergibt. Die Wandlung, die zum Grundbestand des katholischen Glaubens in der Ost- und Westkirche gehört, geschieht durch die Einbeziehung der Opfergaben in den Dialog von Vater, Sohn und Geist. Dies ist der Inhalt der drei Gebetsabschnitte, die auf die Präfation folgen, wo der Vater angesprochen wird in der Vermittlung des Sohnes und des Heiligen Geistes. Indem die Gaben von Brot und Wein in dieses Geschehen der dreifaltigen Liebe, die sich in der Heilsgeschichte zu unseren Gunsten verwirklicht hat, einbezogen werden, werden sie für uns zu Leib und Blut Jesu Christi.

[Traducción en inglés:]

Queda aún por aclarar una cuestión que ha surgido en la historia de la teología sobre el momento exacto en que se produce esta sagrada conversión del pan y el vino en signos reales de la comunicación salvífica con Dios en Jesucristo. ¿Es la invocacion alEspíritu Santo que en la liturgia de las iglesias orientales se realiza sobre todo después de la narración de la institución, o es la recitación de las palabras de la institución de Jesús mismo que efectúa la conversión? No será necesario responder a la pregunta porque la pregunta realmente no tiene sentido teológicamente. La conversión, que es parte de los fundamentos de la fe católica en la Iglesia Oriental y Occidental, ocurre a través de la incorporación de los dones del sacrificio en el diálogo de Padre, Hijo y Espíritu. Éste es el contenido de las tres partes de la oración que sigue al Prefacio, en las cuales nos dirigimos al Padre en la comunicación del Hijo y del Espíritu Santo. Al incluir los dones del pan y el vino en esta acción de amor trino, que en la historia de la salvación se actualizó para nuestro beneficio, se convierten para nosotros en Cuerpo y Sangre de Cristo.

(Gerhard Ludwig Müller, La Misa: Fuente de Vida Cristiana , pp. 141-142)

Los católicos reales quieren saber exactamente cuando el pan y el vino cesa de existir y el Dios encarnado se hace presente en el altar porque quieren adorarle a él y no al pan y al vino, lo que constituiría un pecado mortal de idolatría. El hecho de que Müller piense que esta cuestión no sólo no es importante, sino que en realidad no es sensato hacerla es otra prueba incuestionable de su repudio al dogma católico de la Transubstanciación. También demuestra su gran orgullo, ya que en el pasado la Iglesia se ha esforzado por responder a esta misma pregunta , una pregunta que según él no tiene sentido, ni siquiera hacerla 

La verdad es, por supuesto, que la Transubstanciación ocurre tan pronto como el sacerdote ha terminado de pronunciar las palabras de la consagración sobre el pan y el vino, respectivamente: “… inmediatamente después de la consagración el verdadero Cuerpo de nuestro Señor y Su verdadera Sangre junto con Su Alma y Divinidad existen bajo la especie de pan y vino … “(Concilio de Trento, Sesión 13, Decreto sobre la Santísima Eucaristía,  Denz .

Una texto final de prueba

Para aquellos que siguen siendo escépticos acerca de nuestra afirmación de que Müller es un hereje y que están sosteniendo la esperanza de que tal vez todavía hay alguna manera legítima para que se pueda decir que el supuesto cardenal cree en el dogma de la transubstanciación tal como se define, ofrecemos un texto final que prueba que sus escritos ponen el último clavo en el ataúd:

In der Eucharistie ißt der Glaubende nicht physische El mejor de los Leibes Jesu auf, sondern er kommuniziert in den Zeichen des konsekrierten Brotes y Weines y Menschheit Jesu, seiner Sendung y seinen Schicksal in Kreuz und Auferstehung.

[Traducción en inglés en español:]

En la Eucaristía el creyente no consume los elementos físicos del cuerpo de Jesús, sino que en los signos del pan y vino consagrados se comunica con la humanidad de Jesús, su misión y su destino en la Cruz y la Resurrección.

(Gerhard Ludwig Müller,  Teología Dogmática Católica , página 710)

Para el Sr. Sr. Muller es un golpe que lo que dice aquí es diametralmente opuesto a la enseñanza del Catecismo del Concilio de Trento (también conocido simplemente como el Catecismo romano ):

… En este Sacramento están contenidos no sólo el verdadero cuerpo de Cristo y todos los constituyentes de un verdadero cuerpo, como huesos y tendones , sino también Cristo entero y total. Hay que señalar que la palabra de Cristo designa al Dios Hombre es decir, a una Persona en la cual están unidas las naturalezas divina y humana; que la Sagrada Eucaristía, por tanto, contiene ambos y todo lo que está incluido en la idea de ambos, la Divinidad y la humanidad completa y entera, que consiste en el alma, con todas las partes del cuerpo y la sangre , todo lo cual debe creerse que está en este Sacramento.

(Catecismo del Concilio de Trento, “El Sacramento de la Eucaristía” , subrayado añadido).

Además, la tesis de Muller es contraria a la enseñanza del Papa Clemente VI: “El cuerpo de Cristo después de las palabras de consagración es numéricamente igual al cuerpo nacido de la Virgen e inmolado en la Cruz” (Carta Apostólica Super Quibusdam , n. 42; Denzinger-Hünermann 1083 [ latín aquí ]).

¿No es una verdadera vergüenza decir que los Papas, santos, doctores y teólogos del pasado, no iluminados por el increíble genio de Müller, sólo pensaran en la Presencia Real en términos físicos tan tercos, sin darse cuenta de que consumir el Sagrado Cuerpo y la Sangre de Cristo significa “comunicarse en los signos ” de la “humanidad, misión y destino” de Cristo ?!

Para añadir ofensa la herida, el “cardenal” modernista termina declarando con altivez que la fe católica en la Presencia Real no es el resultado de una “sumisión positivista a la autoridad de Cristo” (¡ Teología Dogmática Católica , p.710)! Pero eso es exactamente lo que decimos al orar en el Acto de Fe : “Creo en éstas y todas las verdades que la Santa Iglesia Católica enseña, porque las has revelado …” Para los católicos, el asunto es muy sencillo: Tu palabra es verdad “(Jn 17, 17).

Señoras y señores, la conclusión es ineludible: Muller niega obstinadamente el dogma de la Transubstanciación.

Comentario final

En una reciente entrevista con el italiano Il Foglio , el “cardenal” Müller lamentó la “descristianización” de Occidente que, según él, “supera con creces la mera secularización”. El pobre individuo no parece entender que es precisamente el tipo de teología que él produce la que es en gran medida responsable de la gran caída de la fe que hemos presenciado en las últimas cinco décadas.

Esta teología es conocida como la Nueva Teología (Teología Nueva) o teología de resourcement . Algunos de sus līneas fueron condenadas por el Papa Pío XII  en los años cuarenta y cincuenta, y algunos de sus defensores, como Marie-Dominique Chenu e Yves Congar, fueron silenciados. En la Nouvelle Théologie , las doctrinas hermosas, edificantes y claramente definidas del catolicismo son reemplazadas por un galimatías  pseudo-académico, nebuloso que usa muchas palabras para decir muy poco. Esto se justifica bajo el pretexto de “volver a las fuentes” de la teología y extraer cosas de ellas cada vez más profundas. Un sello distintivo de esta peligrosa y falsa teología es su desprecio por la escolástica , entre cuyos frutos más ejemplares se encuentra el mismo dogma de la Transubstanciación.

La  Nouvelle Théologie se  convirtió en la teología oficial del Vaticano II. Sus defensores que habían sido censurados bajo los papas Pío XI y Pío XII fueron rehabilitados por el Antipapa Juan XXIII y fueron nombrados para servir como asesores expertos teológicos (periti ) de varios obispos en el Concilio [Vaticano II] ¿Es de extrañar que la apostasía generalizada haya sido el resultado?

Algunos objetarán seguramente que  simplemente tal vez carezcamos  de la destreza intelectual para captar la “verdadera” teología católica. Pero esto es pura tontería. La Iglesia católica ha producido una teología genuina y altamente sofisticada durante dos milenios, y aunque ciertamente hay muchos conceptos difíciles de entender  y comprender, especialmente cuando se trata de los puntos más precisos de esta ciencia sagrada, la gloria de la teología católica genuina radica en su  claridad, su concisión  y su estructura sistemática .

Por ejemplo, podemos ver que el Concilio de Trento enseña el dogma católico de manera muy clara,  sucinta y de tal manera que, una vez que el lector se ha familiarizado con algunos conceptos básicos, puede entender fácilmente lo que se le está enseñando. ¿Debemos creer que Trento no presentó la “verdadera” teología católica?

Del mismo modo, no encontramos nada más que claridad, concisión y una presentación muy organizada de la verdadera teología católica en los manuales teológicos que estaban en uso antes del Vaticano II. Si consultamos, por ejemplo, el famoso Sacrae Theologiae Summa de los jesuitas españoles publicado a mediados de los años cincuenta, encontramos una presentación extremadamente lúcida y académica del dogma de la transubstanciación. En tan sólo diez páginas, la verdad de la Transubstanciación se presenta de manera deductiva y sistemática. En primer lugar se declara la tesis, luego se definen sus términos. A continuación se identifica a los adversarios de la doctrina y sus errores. Después se presenta la doctrina de la Iglesia a través de los  pronunciamientos magisteriales, la cual va seguida por la prueba de la Sagrada Escritura y de la Sagrada Tradición. Entonces se da el razonamiento teológico y se responden las objeciones. Una excursus sobre algunas explicaciones falsas de la  Transubstanciación concluye el tratamiento del dogma. (Véase pp. 292-301 en Sacrae Theologiae Summa , vol. IVA , traducido por el P. Kenneth Baker [Saddle River, NJ: Keep the Faith, 2015]). ¿No es ésta también la teología católica “real”?

El catolicismo no es el gnosticismo, en el que sólo unos pocos pocos de la élite especialmente ungidos puede conocer y comprender la doctrina de Jesucristo. La enseñanza De la Iglesia es accesible a todos: “Tú eres la luz del mundo. Una ciudad situada sobre una montaña no puede ser ocultada. Tampoco encienden una vela y la ponen debajo de un celemín, sino sobre un candelero,, para que brille a todos los que están en la casa “(Mt 5, 14-15).

Por el contrario, lo que presenta la Neo-Modernista Nouvelle Théologie es oscuro, vago  y desordenado; Y de ésta teología  el “cardenal” Muller es un ejemplo perfecto. Lea diez páginas de Müller sobre la Presencia Real y acabará sin tener una idea clara de lo que el hombre está diciendo. Una vez que usted piensa que finalmente ha entendido un punto, lo encuentra relativizado, negado o contradicho en otro lugar. Este fenómeno se vuelve aún más interesante cuando se considera que dos de las tres fuentes que hemos utilizado en este post para exponer la enseñanza de Muller son libros escritos por él para una audiencia popular, no para sus pares académicos o estudiantes universitarios.

Desde luego hay un método seguro para llegar a la locura: La idea es aflojar lo que estaba seguro, torcer lo que era recto, hacer oscuro lo que estaba claro, y hacer dudoso lo que era cierto, de modo que al final toda la teología católica se convierte en una  mezcla convulsa de ideas que no significan nada definitivo y están sujetas a constantes cambios o reinterpretaciones. Es por esta razón por la que los teólogos del Novus Ordo pueden pasar de “No cometerás adulterio” (Ex 20, 14) al adulterio como “la respuesta más generosa que se puede dar a Dios, y … lo que Dios Mismo está pidiendo en medio de la complejidad concreta de los límites, aunque todavía no sea totalmente el ideal objetivo “(Antipapa Francisco, Exhortación Apostólica Amoris Laetitia , 303).

En la raíz de esta Nouvelle Théologie está  el error del historicismo. El padre alemán Georg May – sea dicho incidentalmente,  de la diócesis de Mainz, la misma de Müller – explica bien el asunto en un abultado libro nuevo que explora los últimos 300 años de teología católica, modernista y protestante:

Un típico error modernista es la discusión sobre la historicidad de la verdad. Por esto no se entiende el desarrollo (explicativo) del dogma que es guiado por el Espíritu Santo, sino el abandono o redefinición de los dogmas. La fe vinculante (e inmutable) de la Iglesia se transmite como el producto de un período histórico que ha sido superado, y por lo tanto la fe tiene que adaptarse a las condiciones sociales cambiadas. La razón  para modificar lo que se predica es porque ello es el espíritu de la época ( Zeitgeist ). La tesis sobre la historicidad de la verdad proporciona la base aparente para reformular las verdades de la fe cristiana, con el fin de hacerlas “aceptables” a los contemporáneos. Tanto se habla de las circunstancias [históricas] de una definición [dogmática] y de las condiciones cambiadas que hasta que el sentido original de un dogma ya no es reconocible. Un ejemplo de este modo de procedimiento son los ataques constantemente repetidos contra el término sacrosanto de Transubstanciación.

(P. Georg May, 300 Jahre gläubige und ungläubige Teología [Bobingen: Sarto Verlag, 2017], página 913).

En 1950, el Papa Pío XII advirtió que el historicismo “derriba el fundamento y derecho abdoluto de toda la verdad, tanto en el plano de las especulaciones filosóficas como especialmente en el de los dogmas cristianos” ( Encíclica Humani Generis , 7), y hemos visto trágicamente la verdad y la prudencia de esta advertencia verificada ante nuestros ojos.

Es innegable la conexión directa entre la Nouvelle Théologie del Vatican II y la “des-cristianización” de Occidente que Müller ahora lamenta. ¿Por qué sería sorprendente que la sustitución de la enseñanza católica clara por la algarabía pseudo académica modernista conduzca a una pérdida de la fe?

En ninguna parte esto es más evidente que en el nivel litúrgico, en el que en 1969 el tradicional rito romano de la Misa fue reemplazado por la “Nueva Misa” ( Novus Ordo Missae ) de Pablo VI. Así como el antiguo rito romano expresa la verdadera teología católica, así la Nueva Misa expresa la teología neo-modernista. Los frutos producidos por ese cambio – empujados portodo el mundo llamándolos  “renovación” – son conocidos demasiado bien como para abundar sobre ello. “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7, 16), mos dijo nuestro Señor. 

Recuerde siempre esto: los modernistas como Müller, Ratzinger, Kasper, Rahner, etc., consiguieron que las cosas se hicieran a su manera . Durante décadas se han hecho cosas “a su manera” siguiendo al Vaticano II. Afirmaron tener una teología superior en mucho a la teología escolástica “no ilustrada” del pasado; insistieron en que su nueva teología podría llegar al hombre moderno porque habla su lengua. Bueno, tuvieron la oportunidad de demostrarlo, y fracasaron miserablemente.

Basta con mirar los resultados después de 50 años o más de sus ideas puestas en acción.  Llamar al actual campo  “católico” una viña devastada, no le haría justicia: es una tierra tóxica infernal que no tiene ningún parecido con la religión católica, tal como se conocía en todo el mundo hasta la muerte del Papa Pío XII en 1958.

Después de leer a Müller sobre la Presencia Real, ¿qué creyente de inteligencia media tendría la más remota idea de cómo está realmente presente nuestro Santísimo Señor en la Sagrada Eucaristía? Con la versión mullerita en tu mente, ¿cómo te acercarías al Santísimo Sacramento en la iglesia? ¿De qué manera reconocerías la presencia de Cristo? ¿Está Cristo realmente allí? ¿Literal y físicamente? ¿O sólo  como un “tipo de”? ¿Puedes arrodillarte en auténtica adoración delante de  aquéllo que / Quien está realmente presente, o tienes que arrodillarte y adorar de una manera similar a la forma en que te arrodillas y adoras a Cristo ante una estatua o imagen de Él?. Esto obviamente no es Su  presencia, en sentido literal.

El simple hecho de que la lectura de Muller sobre la Presencia Eucarística de nuestro Señor deja al cristiano no iluminado y edificado, sino perplejo, desconcertado y lleno de dudas y vacilaciones ante el Santísimo Sacramento, en un terrible estado de ánimo que se acompaña, en un nivel emocional,  por un sentimiento de náusea.

Lejos de mostrarse como un católico ortodoxo, el “cardenal” Muller se delata propiamente como un verdadero hereje. Desafortunadamente, muchos “conservadores” del Vaticano II no permitirán que esta evidencia afecte su visión de Müller. Todo le es perdonado porque, recuérdelo , se opone al adulterio . Hoy en día esto basta para recibir el título de “católico conservador” en el Novus Ordo y los medios seculares, que han reducido el “catolicismo ortodoxo” a poco más que a la moralidad sexual conservadora. Esto también es apostasía, aunque bajo una máscara diferente: “El que se aparta  y no permanece en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios” (2 Jn 9).

Una de las principales causas de toda esta apostasía es el orgullo, señaló el Papa San Pío X en su encíclica histórica contra el Modernismo:

… El orgullo se asienta en el Modernismo como en su propia casa, encontrando sustento por todas partes en sus doctrinas y acechando en todos sus aspectos. Es el orgullo lo que llena a los modernistas con esa autoconfianza por la que se consideran a sí mismos y se muestran como la regla para todos. Es el orgullo el que los hincha con esa vanagloria que les permite considerarse como los únicos poseedores del conocimiento, y les hace decir, exaltados e inflados con presunción, “No somos como el resto de los hombres”, y por no querer parecerse a otros hombres, les lleva a abrazar y a inventar novedades, incluso del tipo más absurdo.

(Papa San Pío X, Encíclica Pascendi Dominici Gregis , 40)

¡Qué buena descripción hace San Pío X de Gerhard Ludwig Müller y de su falsa teología!

A la luz de todo esto, la reciente comunicado de Müller al obispo lefebvrista Bernard Fellay, quien quiere que la Sociedad de San Pío X se reconcilie completamente con Roma para que puedan ayudar a “luchar contra los modernistas” deja bien en claro la ridícula farsa que es.

La simple verdad es que el antiguo “guardián de la ortodoxia” del Vaticano es un hereje.

Estamos en deuda con el blog de la Tradición alemana y Glauben  por algunas de las investigaciones presentadas aquí.

De Novus Ordo Watch

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