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LOS GODOS DEL EMPERADOR VALENTE


[Es republicación de una entrada publicada hace dos años. Sin estar de acuerdo con gran parte de lo que dice Reverte, la verdad es que hoy estamos ya ante una invasión  que amenaza con fagotizarnos. Hubo quien previó la deriva de nuestros días hace mucho tiempo y hoy la sufrimos. Ante estado de cosas la Iglesia con su falso papa no hace más que agravar las cosas poniéndose claramente a favor de la inmigración indiscriminada llegando a urgir recientemente por boca de un cardenal la locura de la creación de “corredores humanitarios” para los refugiados que sólo en una ínfima proporción lo son de verdad.]

[El siguiente artículo del académico español Pérez-Reverte es como una voz que clama en el desierto. Yo me distanciao del desenvuelto y ameno escritor sobre todo en puntos que afectan a mis convicciones firmemente católicas. Pero hay que reconocer que en un pueblo de ilotas como es el español actual, las ideas que vierte el escritor debieran ser un aldabonazo en las conciencias. No se puede ser tan ” buenista” como es el español medio. Si estamos condenados al suicidio de nuestra cultura, nuestra secular religión, nuestro sustrato racial, permanente desde el neolítico (con modificaciones evidentes pero que han sido asimiladas después de  las muchas invasiones), la civilización que fue “luz de Trento” y “martillo de la herejía”, la nación que dio a luz a las naciones hispánicas, que hizo cristianos a pueblos indígenas de la América precolombina,.. Como digo si hemos de asistir a este suicidio colectivo, por lo menos que sea conscientemente. Poseemos uno de los servicios de salud mejores del mundo, gratuito, eficaz, y que acoge a cualquier extranjero… La educación es universal y gratuita, nuestro patrimonio artístico es el mejor del mundo por lo menos en cantidad, y quizás yendo detrás del italiano.. Uno se pregunta cuánto durará todo esto. El África subtropical convive ya con nosotros, gracias a desembarcos diarios de pateras que si peligran en su travesía nos prestamos a salvarlas ( y así debe ser)   Y traen con ellas sus costumbres tribales, sus plagas, sus atavismos. Si acaso la guardia civil melillense se propasa en la represión del asalto a las vallas, se multiplican las manifestaciones contra nuestros guardias tildándolos de asesinos. En fin es un espectáculo inquietante el de una nación de la que el vate cantaría de nuevo “Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados de la carrera de la edad cansados por quien caduca ya su valentía. Salime al campo: vi …” . Yo con este post no intento remediar nada. Porque todo lo veo irremediable. Como aquél anciano chino que avisaba en el lecho de muerte “hijos míos Dios os libre de vivir tiempos interesantes”. Son muy interesantes nuestros tiempos. Apenas pasa un día sin que seamos sorprendidos por noticias que se resumen en una palabra “Decadencia”.

Estamos viviendo el final de una apostasía en la Iglesia que sin duda acabará en ruinas físicas en el mismo lugar que aún se conservan las ruinas del Imperio. El concepto de patria  ha terminado pie ser ridículo. Los emigrantes tienen derechos sociales muy superiores a los de los nativos. Ahora se oyen voces que reclaman viviendas para los refugiados en un país cuyos jóvenes en un 40% no tienen trabajo ni perspectivas de tener vivienda y formar un hogar.
Del artículo del académico solo apostillaría una cosa. El habla de los pueblos godos que traspasaron las fronteras del Imperio y cree que son metáfora de los pueblos musulmanes que nos invaden. Grave error. El musulmán no es asimilable como tampoco se convierte. En un país como España que sufrió sucesivas invasiones musulmanas, la lección debería haber sido aprendida. Ayer como hoy fueron los cristianos los que acogieron a los árabes y les dieron las llaves de sus ciudades. Quizás los cristianos de antaño estaban muy tocados de la herejía arriana y padecían “el pecadillos de la Spagna” (la negación de la Trinidad de Dios). Esto propició conversiones masivas al mahometismo. Pero hoy la situación no difiere mucho. España es una nación en gran parte herética. Y nuestros obispos son émulos del traidor Opas y del conde Don Julián. De hecho nuestra nación está sembrada de mezquitas construidas con el dinero Saudí. Hay barrios enteros en algunas ciudades de españoles conversos al mahometismo. Pérez-Reverte  cree que nacerá en Europa una civilización simbiótica. Pero no es así. Quizás nuestros descendientes vean la Sharia triunfante en nuestras tierras. Todo esto si no viene antes el “día del Señor” aniquilando al Anticristo con el aliento de su boca
Éste es el artículo que aportó subrayando algunas líneas de particular interés.]

Los godos del emperador Valente

imagePor Arturo Pérez-Reverte

En el año 376 después de Cristo, en la frontera del Danubio se presentó una masa enorme de hombres, mujeres y niños. Eran refugiados godos que buscaban asilo, presionados por el avance de las hordas de Atila. Por diversas razones -entre otras, que Roma ya no era lo que había sido- se les permitió penetrar en territorio del imperio, pese a que, a diferencia de oleadas de pueblos inmigrantes anteriores, éstos no habían sido exterminados, esclavizados o sometidos, como se acostumbraba entonces. En los meses siguientes, aquellos refugiados comprobaron que el imperio romano no era el paraíso, que sus gobernantes eran débiles y corruptos, que no había riqueza y comida para todos, y que la injusticia y la codicia se cebaban en ellos. Así que dos años después de cruzar el Danubio, en Adrianópolis, esos mismos godos mataron al emperador Valente y destrozaron su ejército. Y noventa y ocho años después, sus nietos destronaron a Rómulo Augústulo, último emperador, y liquidaron lo que quedaba del imperio romano.
Y es que todo ha ocurrido ya. Otra cosa es que lo hayamos olvidado. Que gobernantes irresponsables nos borren los recursos para comprender. Desde que hay memoria, unos pueblos invadieron a otros por hambre, por ambición, por presión de quienes los invadían o maltrataban a ellos. Y todos, hasta hace poco, se defendieron y sostuvieron igual: acuchillando invasores, tomando a sus mujeres, esclavizando a sus hijos. Así se mantuvieron hasta que la Historia acabó con ellos, dando paso a otros imperios que a su vez, llegado el ocaso, sufrieron la misma suerte. El problema que hoy afronta lo que llamamos Europa, u Occidente (el imperio heredero de una civilización compleja, que hunde sus raíces en la Biblia y el Talmud y emparenta con el Corán, que florece en la Iglesia medieval y el Renacimiento, que establece los derechos y libertades del hombre con la Ilustración y la Revolución Francesa), es que todo eso -Homero, Dante, Cervantes, Shakespeare, Newton, Voltaire- tiene fecha de caducidad y se encuentra en liquidación por derribo. Incapaz de sostenerse. De defenderse. Ya sólo tiene dinero. Y el dinero mantiene a salvo un rato, nada más.

Pagamos nuestros pecados. La desaparición de los regímenes comunistas y la guerra que un imbécil presidente norteamericano desencadenó en el Medio Oriente para instalar una democracia a la occidental en lugares donde las palabras Islam y Rais -religión mezclada con liderazgos tribales- hacen difícil la democracia, pusieron a hervir la caldera. Cayeron los centuriones -bárbaros también, como al fin de todos los imperios- que vigilaban nuestro limes. Todos esos centuriones eran unos hijos de puta, pero eran nuestros hijos de puta. Sin ellos, sobre las fronteras caen ahora oleadas de desesperados, vanguardia de los modernos bárbaros -en el sentido histórico de la palabra- que cabalgan detrás. Eso nos sitúa en una coyuntura nueva para nosotros pero vieja para el mundo. Una coyuntura inevitablemente histórica, pues estamos donde estaban los imperios incapaces de controlar las oleadas migratorias, pacíficas primero y agresivas luego. Imperios, civilizaciones, mundos que por su debilidad fueron vencidos, se transformaron o desaparecieron. Y los pocos centuriones que hoy quedan en el Rhin o el Danubio están sentenciados. Los condenan nuestro egoísmo, nuestro buenismo hipócrita, nuestra incultura histórica, nuestra cobarde incompetencia. Tarde o temprano, también por simple ley natural, por elemental supervivencia, esos últimos centuriones acabarán poniéndose de parte de los bárbaros.
A ver si nos enteramos de una vez: estas batallas, esta guerra, no se van a ganar. Ya no se puede. Nuestra propia dinámica social, religiosa, política, lo impide. Y quienes empujan por detrás a los godos lo saben. Quienes antes frenaban a unos y otros en campos de batalla, degollando a poblaciones enteras, ya no pueden hacerlo. Nuestra civilización, afortunadamente, no tolera esas atrocidades. La mala noticia es que nos pasamos de frenada. La sociedad europea exige hoy a sus ejércitos que sean oenegés, no fuerzas militares. Toda actuación vigorosa -y sólo el vigor compite con ciertas dinámicas de la Historia- queda descartada en origen, y ni siquiera Hitler encontraría hoy un Occidente tan resuelto a enfrentarse a él por las armas como lo estuvo en 1939. Cualquier actuación contra los que empujan a los godos es criticada por fuerzas pacifistas que, con tanta legitimidad ideológica como falta de realismo histórico, se oponen a eso. La demagogia sustituye a la realidad y sus consecuencias. Detalle significativo: las operaciones de vigilancia en el Mediterráneo no son para frenar la emigración, sino para ayudar a los emigrantes a alcanzar con seguridad las costas europeas. Todo, en fin, es una enorme, inevitable contradicción. El ciudadano es mejor ahora que hace siglos, y no tolera cierta clase de injusticias o crueldades. La herramienta histórica de pasar a cuchillo, por tanto, queda felizmente descartada. Ya no puede haber matanza de godos. Por fortuna para la humanidad. Por desgracia para el imperio.
Todo eso lleva al núcleo de la cuestión: Europa o como queramos llamar a este cálido ámbito de derechos y libertades, de bienestar económico y social, está roído por dentro y amenazado por fuera. Ni sabe, ni puede, ni quiere, y quizá ni debe defenderse. Vivimos la absurda paradoja de compadecer a los bárbaros, incluso de aplaudirlos, y al mismo tiempo pretender que siga intacta nuestra cómoda forma de vida. Pero las cosas no son tan simples. Los godos seguirán llegando en oleadas, anegando fronteras, caminos y ciudades. Están en su derecho, y tienen justo lo que Europa no tiene: juventud, vigor, decisión y hambre. Cuando esto ocurre hay pocas alternativas, también históricas: si son pocos, los recién llegados se integran en la cultura local y la enriquecen; si son muchos, la transforman o la destruyen. No en un día, por supuesto. Los imperios tardan siglos en desmoronarse.
Eso nos mete en el cogollo del asunto: la instalación de los godos, cuando son demasiados, en el interior del imperio. Los conflictos derivados de su presencia. Los derechos que adquieren o deben adquirir, y que es justo y lógico disfruten. Pero ni en el imperio romano ni en la actual Europa hubo o hay para todos; ni trabajo, ni comida, ni hospitales, ni espacios confortables. Además, incluso para las buenas conciencias, no es igual compadecerse de un refugiado en la frontera, de una madre con su hijo cruzando una alambrada o ahogándose en el mar, que verlos instalados en una chabola junto a la propia casa, el jardín, el campo de golf, trampeando a veces para sobrevivir en una sociedad donde las hadas madrinas tienen rota la varita mágica y arrugado el cucurucho. Donde no todos, y cada vez menos, podemos conseguir lo que ambicionamos. Y claro. Hay barriadas, ciudades que se van convirtiendo en polvorines con mecha retardada. De vez en cuando arderán, porque también eso es históricamente inevitable. Y más en una Europa donde las élites intelectuales desaparecen, sofocadas por la mediocridad, y políticos analfabetos y populistas de todo signo, según sopla, copan el poder. El recurso final será una policía más dura y represora, alentada por quienes tienen cosas que perder. Eso alumbrará nuevos conflictos: desfavorecidos clamando por lo que anhelan, ciudadanos furiosos, represalias y ajustes de cuentas. De aquí a poco tiempo, los grupos xenófobos violentos se habrán multiplicado en toda Europa. Y también los de muchos desesperados que elijan la violencia para salir del hambre, la opresión y la injusticia. También parte de la población romana -no todos eran bárbaros- ayudó a los godos en el saqueo, por congraciarse con ellos o por propia iniciativa. Ninguna pax romana beneficia a todos por igual.

Y es que no hay forma de parar la Historia. «Tiene que haber una solución», claman editorialistas de periódicos, tertulianos y ciudadanos incapaces de comprender, porque ya nadie lo explica en los colegios, que la Historia no se soluciona, sino que se vive; y, como mucho, se lee y estudia para prevenir fenómenos que nunca son nuevos, pues a menudo, en la historia de la Humanidad, lo nuevo es lo olvidado. Y lo que olvidamos es que no siempre hay solución; que a veces las cosas ocurren de forma irremediable, por pura ley natural: nuevos tiempos, nuevos bárbaros. Mucho quedará de lo viejo, mezclado con lo nuevo; pero la Europa que iluminó el mundo está sentenciada a muerte. Quizá con el tiempo y el mestizaje otros imperios sean mejores que éste; pero ni ustedes ni yo estaremos aquí para comprobarlo. Nosotros nos bajamos en la próxima. En ese trayecto sólo hay dos actitudes razonables. Una es el consuelo analgésico de buscar explicación en la ciencia y la cultura; para, si no impedirlo, que es imposible, al menos comprender por qué todo se va al carajo. Como ese romano al que me gusta imaginar sereno en la ventana de su biblioteca mientras los bárbaros saquean Roma. Pues comprender siempre ayuda a asumir. A soportar.
La otra actitud razonable, creo, es adiestrar a los jóvenes pensando en los hijos y nietos de esos jóvenes. Para que afronten con lucidez, valor, humanidad y sentido común el mundo que viene. Para que se adapten a lo inevitable, conservando lo que puedan de cuanto de bueno deje tras de sí el mundo que se extingue. Dándoles herramientas para vivir en un territorio que durante cierto tiempo será caótico, violento y peligroso. Para que peleen por aquello en lo que crean, o para que se resignen a lo inevitable; pero no por estupidez o mansedumbre, sino por lucidez. Por serenidad intelectual. Que sean lo que quieran o puedan: hagámoslos griegos que piensen, troyanos que luchen, romanos conscientes -llegado el caso- de la digna altivez del suicidio. Hagámoslos supervivientes mestizos, dispuestos a encarar sin complejos el mundo nuevo y mejorarlo; pero no los embauquemos con demagogias baratas y cuentos de Walt Disney. Ya es hora de que en los colegios, en los hogares, en la vida, hablemos a nuestros hijos mirándolos a los ojos.

De Los godos del emperador Valente

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6 replies »

  1. La moderna historiografía pone de manifiesto que fueron los judíos quienes entregaron a los invasores musulmanes las llaves de nuestras ciudades. Vid Orlandis Torres.
    No hubo tales conversiones masivas, sí hubo una gran mozarabía y grandes migraciones al norte peninsular dando origen a los diferentes reinos cristianos; el mismo rey don Pelayo era un espatario del rey don Rodrigo, residente en Córdoba, que emigró al norte. Las conversiones fueron lentas y forzadas y aún así en Córdoba califal hubo muchos cristianos, que dieron una floración de santos, como San Eulogio de Córdoba, San Álvaro cordobés o el abad Esperaindeo, el niño Pelayito mártir en tiempos de Abderramán III …Hubo, ciertamente, algún traidor como el conde D. Julian, el obispo Recafredo de Málaga o el famoso D. Oppas.
    La herejía arriana no se gestó en España, vino con los visigodos y afectó a las clases dirigentes, no sólo de España sino de la Septimania y otros reinos visigodos de Francia; el elemento hispanorromano base de la población española nunca fue arriano; por lo demás tampoco hubo herejías significativas en España y, desde luego mucho menos, que en Francia, Alemania e Inglaterra. Sólo existieron pequeños focos de adopcionistas y de libeláticos, estos últimos en Galicia, heterodoxias que fueron condenadas por los propios españoles.

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    • Parte de lo que dice es verdad. Pero no toda la verdad. La herejía arriana vino a España con los godos pero es lógico pensar que tuviera cierto arraigo. Dom Próspero Gueranger dice (puede leerse en el post Islam azote..):
      error que se extiende todo a lo largo de la costa de África, corrompida por el arrianismo, y llega de un salto a España. Más tarde será echado de ella por la fuerza, pues la herejía [arriana] fue vencida allí: sólo estará en ella [ España] durante un tiempo.
      Por otra parte sin negar que muchos mozárabes no se rindieron al Islam, no se puede afirmar, que la numerosa población musulmana de Al Andalus fuera íntegramente de importación. Más bien tuvo que haber una asimilación numerosa de los naturales tanto godos como hispano romanos. Las características raciales de los musulmanes españoles así lo atestigua en oposición a las de los invasores africanos. Todavía puede observarse entre los marroquíes de ascendencia española.
      La frase “el pecadillo de la Spagna” (antitrinitarios) fue común en Italia en referencia a los españoles.
      No se pueden establecer líneas divisorias tan tajantes como Ud, hace. Muchos historiadores atribuyen la facilidad y rapidez de la conquista islámica en España, al sustrato arriano de la población española muy fusionada con los invasores godos. Durante mucho tiempo la religión en la península fue la oficial arriana. Es impensable decir que la población hispano-romana se mantuviera totalmente al margen. No existen muchos ejemplos de mártires católicos a manos de arrianos, que hubiera denotado una franca resistencia de la población hispana, aunque sí existen excepciones como la de San Hermenegildo.
      Lo de las llaves, aunque es un tópico que fueron dadas por la pequeña población judía (en relación al resto), sería difícil negar que muchos hispanos para evitar el pago de impuestos y seducidos por la permitida poligamia y el natural deseo de ascender en la escala social, no se hubieran asimilado al invasor. Muchos historiadores han escrito sobre todo eso.

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  2. Evitaré abusar del espacio que se me concede. Expresaré hechos y datos, evitando los juicios, en la medida de lo posible. Por mi parte tan amigos, siga usted con sus ideas si así le parece. Sucintamente añadiré y con esto cierro mi intervención:
    La invasión musulmana es del año 711, pues bien, en el siglo XII Alfonso el Batallador en una incursión por la España musulmana se llevó a su reino de Aragón a más de 10000 mozárabes, estamos hablando de una fecha muy posterior, más de trescientos años después de la invasión árabe y todavía existían cantidades enormes de cristianos, como lo prueba el hecho anterior y otro hecho: la existencia de foco de Bobastro de Ibn Hafsun, doscientos años después del inicio de la invasión. Claro que hubo quien se pasó al vencedor, pero eso no nos autoriza a hablar de conversiones masivas, sí hubo una islamización lenta; de hecho la palabra mozárabe, con la que se designan a los cristianos en territorio árabe, significa el que está arabizado. En los primeros momentos fueron minorías de la aristocracia visigoda los que se convirtieron al islam como fue el caso de Egilona viuda de don Rodrigo que casó con Abd al-Aziz ibn Musa, hijo de Musa uno de los caudillos invasores. Con el tiempo hubo mezcla racial, incluso se conocen los orígenes hispanos de muchos árabes ilustres, como Ibn Hazm, autor del Collar de la Paloma. La mezcla no sólo fue racial sino cultural, eran muchos los árabes que hablaban el romance, pero estamos hablando de 700 años de convivencia, no fue una conversión inmediata.
    Los hebreos no eran una minoría como creen algunos, citaré a uno de los mejores especialistas de la España visigoda, D. José Orlandis: “El dato indudable es que durante la época visigoda los judíos constituían un elemento de considerable entidad- incluso desde el punto de vista numérico- de la población” (sic). Pero lo importante no era sólo su número sino su peso económico, la opulencia de esta comunidad era muy grande como lo pone de manifiesto las medidas fiscales del rey Egica en 694.
    “El pecadillo de la Spagna” (antitrinitarios) fue común en Italia en referencia a los españoles”. No se escribe la Historia con dichos que corren por Italia, sino con datos. Los textos de los Concilios Toledanos están para ser consultados y los escritos de San Isidoro de Sevilla, con las Etimologías, que son un mapamundi de la cultura de la época, y los escritos de San Leandro y de San Braulio y de San Julián arzobispo de Toledo, en ninguno de ellos, de época visigoda en la que el arrianismo fue religión oficial, se trasluce nada antitrinitario.
    San Hermenegildo, hijo de Leovigildo, fue corregente junto con su padre y estableció un reino en Sevilla, originariamente fue arriano, pero tras su matrimonio con Ingunda, princesa cristiana cambió de religión y alcanzó el martirio.
    Aquella España no tenía nada que ver con la actual podrida por la Constitución de 1978 y por el modernismo religioso. La carga genética de los españoles será la misma, pero como Sansón hemos perdido la fuerza que residía en el pelo, como símbolo de la consagración a Dios.

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    • Pero hombre nadie niega lo que dice, Sólo decimos que el arrianismo arraigó en parte y quizás la mayor de los católicos. Quizás fue por ello permitida y facilitada la invasión musulmana. Ahora bien, hubo también hubo una gran resistencia entre los mozárabes. ¿ Ud. Puede probar que TODOS los católicos o la mayor parte engrosaron las filas mozárabes? Los musulman antes españoles tenían rasgos raciales españoles. Si Ud limita absolutamente el arrianismo a los godos será un caso único en la historia de una clase dominante que además se fusionó con los hispano romanos que no impusieran de alguna manera su Religión. El mismo Dan Hermenegildo estaba casado con una princesa católica. Ud. al parecer afirma cosas pero no las prueba y las razones que da son insuficientes.

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  3. Gracias España, por muchísimas razones es la madre patria sudamericana. Para bien hay historiadores comprometidos con la verdad sea desde lo cultural como en todos los sectores, realizada en otros tiempos y que aun hoy se ven los frutos. No hay persona de bien que no recuerde un lugar o un santo de España y eso habla muy bien de ustedes. Tal vez sea la razón de lo que leemos y no comprendemos del gran ataque global que se esta haciendo sobre su país. Tambien esta pasando en Francia, no es casualidadd el avance para imponer culturas extrañas, inventadas. . Y supongo que es porque guardan la verdad histórica, algo que ni mediaticamente ni millones de euros podrá modificar. Exportaron cultura, como libro, la sagrada Biblia, el libro de la Vida. y de la libertad, el otro racista engañador y babilónico, no es un libro es un manual de fabulas y cuentos, muy peligrosos, esta en el index y que siga estando para bien de la humanidad. Chercheston, dice al respecto, es un libro espantoso que les hacen leer a los niños y no se refiere ni a la santa Biblia porque además era católico, (ni al Corán) La cruz de Cristo, vence. Así sea. y gracias.

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  4. No estoy de acuerdo en nada de lo expuesto por Pérez Reverte. El análisis que hace muestra un profundo desconocimiento del discurrir de la historia de la humanidad por dos cuestiones que van unidas. La primera es que desconsidera, omite u obvia las causas sobrenaturales de la historia (niega la acción de Dios en los acontecimientos humanos). Imagínense a Pérez Reverte tratando de explicar el Diluvio Universal, la caída de Babilonia en mano de los persas, la esclavitud de los israelitas a manos de los babilonios, la destrucción de Sodoma y Gomorra o la destrucción de Egipto por las plagas. Cada uno de estos acontecimientos fue objeto como nos narra la Biblia de la acción de Dios por diversos motivos, pero para un historiador ateo cada uno de estos acontecimientos tiene un sentido distinto lejos de la verdadera causa. Y la segunda, derivada de la anterior, que como todo historiador moderno de corte liberal-progresista pertenece a lo que Dom Prosper Gueranger llamaba la escuela fatalista, atea, que muestra a la especie humana en un conflicto permanente con el invencible encadenamiento de causas brutales seguidas de sus inevitables efectos que van moldeando la historia de la humanidad. De ahí que para estos historiadores fatalistas, el ser humano es ese animal que tropieza dos veces en la misma piedra o ese famoso lema de “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”. Pero jamás estos historiadores fatalistas verán el A.T. como una narración de la historia del hombre donde cada acontecimiento está regido por la Divina Providencia de Dios que va preparando a la humanidad, y donde se prefigura, para la venida de Aquel que es el Salvador y la Luz del Mundo cuando se cumplan las profecías. Dios es el amo y Señor de la historia y nada, absolutamente nada, puede escapar a su Divina Providencia. De la misma manera, que tras la Venida de Jesucristo la historia del mundo se resume en la historia de la Iglesia en su lucha constante contra el misterio de iniquidad y que culminará con la venida de Jesucristo que pondrá a sus enemigos a sus pies y entregará su Reino a los elegidos. Entonces, como bien nos enseño Jesucristo, no hay que alarmarse, puesto toda estas cosas son necesarias que sucedan.

    El sentido cristiano de la Historia
    http://www.arbil.org/(80)pros.htm

    Los romanos fueron un pueblo de conquistadores y bastante depravados y crueles, y desaparecieron siendo conquistados y derrotados con las mismas armas que ellos sometieron a otros pueblos. Quien a espada mata, a espada muere. Es una ley inexorable de Dios. La antigua Roma babilónica cayó, pero en su lugar nació una nueva Roma guiada por Nuestro Señor y levantada por la sangre de tantos mártires que sería luz del mundo.

    No sabía yo que Pérez Reverte era tan defensor del estilo de vida relajado y pagano de los romanos. Se entiende así la defensa frente a la invasión de inmigrantes musulmanes (nuevas hordas bárbaras) de este Occidente apóstata, anticristiano e inmoral. Si Occidente fuera la antigua Cristiandad, ¿protestaría contra estas ordas de musulmanes o pondría el grito en el cielo contra los países cristianos que defendiesen sus fronteras y los que acusaría de hipócritas fariseos por predicar una cosa y hacer otra? ¿Por qué no pone el grito en el cielo ante el holocausto del aborto o el genocidio cristiano en el mundo? Pérez Reverte, a igual que el típico patricio romano acomodado no se queja contra los musulmanes, sino ante la amenaza que supone perder ese estilo de vida acomodado sustentando por el mismo Misterio de Iniquidad.

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