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¿JUAN XXII UN PAPA HEREJE?


 

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Verdadera imagen del Papa Juan tal como aparece en la Biografía de Jacques Duesnel

Hay un articulo en el blog “Ediciones Católicas” sobre Juan XXII que intenta demostrar que el controvertido papa francés fue hereje.

En este blog nos hemos posicionado muchas veces contra esta idea. Es más, hemos dicho varias veces que el transfondo de su actualidad es la defensa de la posición “ Reconocer y Resistir” propalada por el lefebvrismo (particularmente la FSSPX y el mismo Mons. Lefebvre) así como importantes grupos falsamente autollamados “tradicionalistas” señaladamente autores relacionados con la revista “The Remnant” y blogs como “Rorate Coeli” y otros. En España el portal “Adelante la Fe” participa de esta posición, habiendo declarado un importante colaborador de este portal, el P. Alonso Galvez : “Papas herejes los ha habido siempre”, amonestando que se les debe reconocimiento como tales papas, aunque sustrayéndose a su obediencia en cuanto se apartaren de la Tradición. Es la posicion “R&R” en estado puro. No dicen expresamente quiénes son los encargados competentes para “cribar” los actos y declaraciones papales para no someterse a ellos, pero se deja entrever que son ellos mismos los encargados de hacerlo, ellos son los nuevos papas : Papas de los “reconocidos” pero no obedecidos  papas.

En blogs “neoconservadores” como Infovaticana también se ha propalado la idea del Papa hereje Juan XXII, (reproduciendo ideas de una vaca sagrada Roberto  de Mattei) quizás para hacer más tragables los “pecadillos” de Francisco, al que nunca han llamado hereje (por lo menos hasta ahora) pese a las evidencias, de las que ellos intentan no hacer caso  (Fortea, Cigüeña etc..). Sus críticas a Francisco, si las hay, no pasan de ser anecdóticas y superficiales, porque “él es mi papa”, como graciosamente dice uno de ellos.

En el blog que nos ocupa, Ediciones Católicas, éste no es el caso. Paladinamente han afirmado que Juan XXII, al igual que Francisco, dejaron de ser papas al caer en la herejía. Extienden la misma descalificación a los anteriores papas conciliares, por la misma razón, es decir por sus herejias.  Por ejemplo, a propósito del reciente documento “Coirrectio filialis” dicen:

Más aún, Bergoglio no ha hecho sino repetir y ampliar las herejías de sus antecesores vaticanos (Ratzinger, Wojtyla, Luciani, Montini y Roncalli). Con lo que en este documento, se les está justificando y exculpando por omisión.

Yo no difiero del razonamiento, perfectamente católico, de considerar papas ilegítimos a herejes (antes o después de su eleccion, bien que en este último caso  esté involucrado el problema de hasta donde llega la infalibilidad pontificia, que dejo a un lado en esta oportunidad). Incluso podría aceptar, si hay evidencias de ello, que algunos papas hayan podido ser herejes ocultos, y por lo tanto haya sido desconocida su ilegitimidad por la Iglesia. El mismo San Alfonso dice:

 Mas si fuera hereje oculto, [ el “papa” ] y  no propusiese a la Iglesia ningún dogma falso, entonces no causaría ningún daño a la Iglesia, pero nosotros tenemos   que presumir  con justicia, como dice el cardenal Belarmino, que Dios no permitirá jamás que ningún Pontífice romano,  ni siquiera como hombre particular, llegue a ser hereje notorio ni siquiera  oculto. 

OEUVRES COMPLÉTES DE SAN ALPHONSE DE LIGUORI, Docteur de l’Église. Oeuvres dogmatiques, t. IX: Traités sur le Pape et le Concile: “Défense du pouvoir supréme du Souverain Pontifice contre Justin Fébronlus” 1881; 

Pues en este caso estamos respecto de Juan XXII.

El autor del artículo afirma

1 que es cosa probada que Juan XXII, fue hereje antes y después de su elección, toda vez que defendió ideas contrarias al Depósito de la Fe, bien que en su tiempo no hubieran sido declaradas dogmáticas.

2 Que las objeciones en contra carecen de fuerza, sobre todo la de quienes afirman que en su tiempo al no haberse declarado en la enseñanza dogmática, la idea contraria  a su “enseñanza” de que las almas separadas inmediatamente después de su purificacion en el Purgatorio, gozan de la visión beatífica.

Ahora bien las ideas expresadas en los dos puntos anteriores son erróneas.

El primer punto es falso: Juan XXII nunca defendió en su magisterio papal ni como hombre privado antes y después de su elección al Sumo Pontificado, lo que algunos enconados enemigos suyos le atribuyeron. Las citas de estos han de someterse al tamiz de la critica, y no aceptarlas sin más como hace el autor del artículo.

El segundo punto es también erróneo. No siempre la negacion de las verdades del Depósito de la Fe, sobre todo si están implícitas en él, constituye una herejía, bien que sí sería un error contra la Fe.

Juan XXII nunca defendió los errores que se le atribuyen

Lo anterior fue defendido por la innegable autoridad de San Roberto  Belarmino en su “De Romano Pontifice” – título ficticio- en la segunda parte en el capítulo XIV – Sobre los restantes papas a quienes se atribuyen errores contra la Fe-¡ (Él niega que hubieran existido errores contra la Fe, cuanto más herejías)

El libro puede adquirirse en su magnífica traducción inglesa, en Amazon. A propósito, San Roberto no habla en este caso de herejías, sino de “errores contra le Fe”, cosa que el autor del artículo contradice basándose, como veremos, en débiles argumentos.

Aporto a continuacion un extracto del capítulo del libro “Misterio de Iniquidad“, hasta la fecha no refutado por NADIE, y que reproduzco en el post de este blog Rehabilitacion de Juan XXII

“El papa Juan XXII (1316-1334) habría enseñado una herejía sobre la visión beatífica durante años y se habría retractado sólo en su lecho de muerte. Se reprocha a Juan XXII haber predicado que las almas de los justos, separadas de sus cuerpos, no verán la esencia y las personas divinas más que después de la resurrección general; y que en la espera, no gozarán más que de la vista de la humanidad santa del Salvador.

En verdad, este papa creía exactamente lo opuesto de la opinión que se le reprochaba. He aquí su profesión de fe: “Nos, declaramos como sigue, el pensamiento que ES y que ERA el nuestro. (…) Nos, creemos que las almas purificadas separadas de los cuerpos son reunidas en el cielo (…) y que, siguiendo la ley común, ellas ven a Dios y a la esencia divina cara a cara” (Juan XXII: bula Ne super his de diciembre 3 de1334, redactada poco antes de su muerte). La expresión “que es y que era” prueba que él creyó esto durante toda su vida.

Este papa fue un defensor intrépido de la fe, pues refuta sin descanso a los herejes de diversos países, sin temor de hacerse de los peores enemigos. Entre ellos figuraba el monarca bávaro Luis IV, que había puesto en Roma un antipapa. El monarca fue excomulgado por Juan XXII. Los cismáticos de Baviera se vengaron entonces de forma innoble: atribuyeron al papa propósitos que él jamás había tenido y difundieron por todas partes que se habría desviado de la fe. Esto llevó al rey de Francia, Felipe VI de Valois a ordenar una investigación. Los teólogos de La Sorbona, mandados por el rey, examinaron este asunto con le más grande cuidado. Concluyeron en la inocencia de Juan XXII.

Para comprender bien el origen de las calumnias proferidas contra Juan XXII, es conveniente conocer mejor a sus enemigos: los “fraticelli” y su protector Luis de Baviera.

Los Fraticelli eran frailes franciscanos herejes y cismáticos. En 1294, los franciscanos se habían escindido en dos órdenes: los “conventuales” que admitían la propiedad común, a saber los ingresos y los bienes inmobiliarios y los “fraticelli” (o “ermitaños pobres” o “espirituales”) que la recusaban.

Los fraticelli se entusiasmaban con los sueños apocalípticos de Olivi y de Casale, salidos de las herejías de Joaquín de Fiore.Según Joaquín de Fiore, retomado por los fraticelli, la era de la Iglesia estaba terminada. Con el fin de la Iglesia comenzaba la era del Espíritu Santo. La Iglesia era la gran prostituta, librada a los placeres de la carne, el orgullo, y la avaricia: los fraticelli, representaban la nueva Iglesia, casta, humilde y, sobre todo, absolutamente pobre. Juan XXII los reprendió severamente: “El primer error que sale de su laboratorio colmado de tinieblas inventa dos Iglesias, la una carnal, agobiada por las riquezas, desbordando de riquezas y manchada de fechorías, sobre la cual reinan, dicen ellos, el pontífice romano y los prelados inferiores; la otra espiritual, pura por su frugalidad, ornada de virtudes, ceñida por la pobreza, en la cual ellos se encuentran solos con sus pares, y  la cual presiden ellos mismos por el mérito de una vida espiritual, si vamos a dar crédito a sus mentiras” (Constitución Gloriosam Ecclesiam, enero 23 de 1318).
Identificando su regla y su interpretación con el Evangelio mismo, los fraticelli rehusaron reunificar su orden con los conventuales (exigida por Clemente V y por Juan XXII). Cuando Juan XXII demanda algunos cambios a su regla monástica, le declaran enemigo del Evangelio y privado de toda autoridad. El papa condena muchas proposiciones absurdas de los fraticelli (constitución Gloriosam Ecclesiam, enero 23 de1318), lo que le valió un odio tenaz de su parte. Por su bula Cum inter nonnullos del 12 de noviembre de 1323, el papa condena especialmente como herética la opinión según la cual Cristo y los apóstoles no habrían poseído nada, sea individualmente, sea en común. Buen número de franciscanos se rebelaron abiertamente. Se refugiaron en la corte de Luis de Baviera, que estaba en lucha con la Santa Sede. Desde allí inundaron Europa de panfletos contra quién ellos llamaban desdeñosamente “Juan de Cahors”, porque lo consideraban como caído del soberano pontificado en razón de su (supuesta) “herejía”.

El monarca Luis IV de Baviera (1287- 1347) quiso estar por encima del papado, ser una suerte de superior del papa. Su loca pretensión correspondía bastante bien a una tesis enunciada por un filósofo de la época, pero tachada de herética por Juan XXII. El maestro parisino Marsilio de Padua fue, en efecto, condenado por el papa (constitución Licet iuxta doctrinam, octubre 23 de 1327) por haber sostenido muchas herejías, entre las cuales ésta: “corresponde al emperador corregir al papa y castigarlo, instituirlo y destituirlo”.

Durante la elección del emperador del santo imperio romano germánico en 1314, los príncipes electores no pudieron ponerse de acuerdo. Unos designaron al austríaco Federico el Hermoso, otros a Luis el Bávaro. Luis gana la batalla de Mühldorf (septiembre 28 de 1322) y encarcela a Federico el Hermoso. Mas el papa rehúsa la corona imperial a Luis el Bávaro, pues quería guardar neutralidadentre los dos rivales: El papa se reserva la gerencia de los territorios italianos del Imperio, conforme a la decretal Pastoralis cura de Clemente V, que decía: No siendo posible el recurso al poder secular, el gobierno, la administración y  la jurisdicción suprema del Imperio, corresponden al soberano pontífice, a quién Dios, en la persona de San Pedro, ha entregado el derecho de comandar todo a la vez en el cielo y en la tierra”.

A pesar de esto, Luis no duda en ejercer su (pretendida) soberanía imperial en Italia y, como añadidura, recibe a los fraticelli herejes. Fue excomulgado el 23 de marzo de 1324. Replica, haciéndose redactar por los fraticelli, la apelación de Sachsenhausen (22 de mayo de 1324), que declaraba a Juan XXII hereje y caído del soberano pontificado. El papa a su vez decreta el 11 de julio de 1324, que Luis había perdido todo derecho a la corona.

Luis emprende entonces una expedición militar en Italia (1327-1330). Encuentra apoyo entre los herejes italianos y pudo tomar Roma. Se hizo coronar en la ciudad eterna el 17 de enero de 1328, por cuatro romanos (en violación flagrante del derecho:
¡sólo el papa podía coronar a un emperador!). el 18 de abril de 1328, declara la caída [en herejía]] de Juan XXII y el 12 de mayo, impone el antipapa Pietro Rainallucci, que toma  el nombre de “Nicolás V” (1328-1330), El antipapa era originario de Corvara, villa situada en la región de L’Aquila, la patria del jefe de los fraticelli, Pedro de Morrone.
El papa legítimo residía en Avignon. El “cónclave” de los cismáticos tuvo lugar en Roma. El candidato designado por Luis de Baviera era uno de sus cortesanos. “Este antipapa agregaba la herejía al cisma, sosteniendo que Jesucristo y sus discípulos nada habían poseído como propio, ni en común, ni en particular” (Mons. Paul Guérin: Los concilios generales y particulares, Bar-le-Duc 1872, t. III, p. 5). Igualmente, había una concepción exagerada de la pobreza monástica.

El “cónclave” viola todas las reglas más elementales del derecho. “El pueblo de Roma se reunirá delante de San Pedro, hombres y mujeres, todos aquellos que lo quisieran“. Ese era el sacro colegio que entraba en cónclave. El sedicente emperador Luis apareció sobre el estrado que estaba en lo alto de las gradas de la iglesia. (… ). Llama a un cierto monje y levantándose de su silla, le hizo sentar bajo el palio. Era un franciscano cismático, Pedro de Corvara, de  los Abruzos, que sostenía que los religiosos mendicantes no podían  tener ni aun la propiedad de la sopa que comían y que sostener lo contrario era una herejía. Y era por esto que “Luis de Baviera lo hizo sentar a su costado” para crearlo antipapa (P. René François Rohrbacher: Historia universal de la Iglesia católica, 1842-1849, t. VIII. p. 483). Pues Pedro de Corvara y Luis de Baviera tenían la misma concepción falsa de la pobreza evangélica. Se propuso al pretendido sacro colegio, compuesto de hombres, mujeres y niños (¡!), la cuestión ritual “¿Queréis por papa al hermano Pedro de Corvara?”. Las pobres gentes tuvieron tanto temor del emperador y de sus soldados, que accedieron. Juan XXII renueva la excomunión del emperador: Este último preparaba su revancha. Esperando ésta, recibe en su corte a los filósofos tristemente célebres por sus herejías: Marsilio de Padua, Ockham, Cesena y Bonagratia.

Marsilio de Padua (1290-1343 (?)) fue rector de la universidad de París en 1312. En 1324 publica su libro Defensor pacis, lo que le valió en 1326, una cita para comparecer ante el inquisidor del arzobispado de París. Marsilio prefiere huir a Baviera. Muchas proposiciones extraídas del Defensor pacis fueron calificadas de heréticas por Juan XXII. Marsilio había sostenido que el emperador estaba por encima del papa; la separación de la Iglesia y del Estado estaba contenida en germen en su libro. Luis de Baviera lo nombra su director espiritual. (“vicarius in spiritualibus”). Se piensa que fue Marsilio quién empuja a Luis a hacerse coronar en Roma sin el consentimiento del papa.

Guillermo Ockham (1285-1347) es considerado como uno de los más importantes filósofos (herejes) de la Edad Media. Este franciscano inglés quebranta la filosofía medieval e influye en la doctrina de Lutero. Su enseñanza naturalista lo lleva a poner en duda la transubstanciación: Fue convocado a Aviñón, donde residía el papa. Desde 1324 hasta 1328, Ockham residió en un convento de Aviñón, mientras la Inquisición examinaba sus escritos. Trabó conocimiento con los fraticelli Cesena y Bonagratia, y adopta sus ideas.

Miguel de Cesena (muerto en 1342) era el antiguo superior general de los fraticelli. Había sido convocado a Aviñón en razón de su herejía.

Bonagratia de Bérgamo (1265-1340) había sido convocado también ante el tribunal aviñonés.

En la noche del 26 al 27 de mayo de 1328, los tres compadres huyeron y se reunieron con Luis de Baveria en Pisa. Después lo acompañaron a Baviera y allí permanecieron hasta sus muertes. Los tres excomulgados, cismáticos y herejes, llevaron una guerra de pluma pérfida contra la Santa Sede, despotricaron contra la autoridad del papa, las riquezas de la Iglesia oficial, etc. etc

En el tiempo de Juan XXII, la cuestión de la naturaleza de la “visión beatífica no había sido zanjada todavía por la Iglesia. Los teólogos tenían libertad para discutir sobre esa cuestión. Una corriente mayoritaria sostenía que las almas de los difuntos en el cielo veían la esencia de Dios, mientras que una minoría de teólogos pensaba que verían la esencia de Dios solamente después del juicio final, y que debían contentarse, en la espera, con la vista de la humanidad de Nuestro Señor.

En esta disputa entre teólogos, Juan XXII pensaba muy bien que la opinión mayoritaria era correcta (como lo atestiguan su bula citada arriba y el testimonio de su sucesor Benedicto XII citado abajo), pero aun así quiso examinar los argumentos contrarios.Reunió a este efecto testimonios variados de los Padres de la Iglesia e invitó a los doctores a discutir los pro y los contra.

Entonces sus enemigos aprovecharon la ocasión propicia para deformar sus intenciones. “En ese momento, (en 1331), por malevolencia, los Bávaros que habían seguramente seguido el cisma (de Luis IV de Baviera) y los pseudo hermanos menores condenados por herejía (los fraticelli), de los cuales los conductores eran Miguel de Cesena, Guillermo de Ockham y Bonagratia (…), atacaron con calumnias la reputación pontificia, afirmando que Juan habría pronunciado una definición (ex cathedra) de que las almas no veían la esencia divina antes del juicio final. Es por eso que, poco tiempo después movidos por un celo perverso, comenzaron a formular demandas de convocatoria a un concilio ecuménico contra él en tanto que hereje” (Odoric Raynald: Annales ecclesiastici ab anno MCXVIII ubi desinit cardinales Baroniuis, anotado y editado por Jean Dominique Mansi, Lucae 1750, anno 1331, nº 44).

“Los enemigos calumniaron al pontífice. Un insigne doctor alemán, Ulrich, los refuta. (…) Demuestra, hacia el fin de su obra (libro IV, último capítulo, manuscrito nº
4005 de la Biblioteca del Vaticano, p. 136), contra los calumniadores del pontífice,escribiendo  que los propósitos criticados por los enemigos, el papa los había tenido en tanto que moderador de un debate escolástico” (Raynald, anno 1331, nº 44).

¿Qué debe entenderse por un “debate escolástico”? Hay que comprenderlo como una “disputatio”, es decir un debate contradictorio en el que los adversarios hacen valer argumentos a favor y en contra de tal o cual punto de la doctrina. Santo Tomás de Aquino, en la Summa theologiae, procede así: enumera sistemáticamente toda una retahíla de argumentos a favor de la tesis errónea, y enseguida la refuta por los argumentos opuestos. Sería deshonesto decir que santo Tomás es hereje, bajo epretexto de que cita también argumentos falsos. Y, sin embargo, es exactamente lo que hicieron los cismáticos bávaros respecto al papa: lo acusaron de herejía, siendo que Juan XXII había simplemente citado, sin adherirse de ninguna manera a algunos textos de los Padres que iban en contra de la opinión predominante. El papa mismo dice haber evocado estas palabras patrísticas “citando y repitiendo, pero de ninguna manera determinando o adhiriendo” (Juan XXII: bula Ne super hisdel 3 de diciembre de 1334).

El  contemporáneo“insigne doctor” en teología Ulrich explica: “ verdaderamente si se comprende piadosamente y santamente el estilo Pontificio, se descubrirá, sopesando cuidadosamente las cosas, que no se trata, propiamente hablando, de un sermón, ni de una definición, ni de una determinación, ni de una predicación, sino más bien de un debate contradictorio (scholastica disputatio) o de una confrontación de opiniones disputadas” (Ulrich, in: Raynald, anno 1333, nº 44).

El papa, prosigue Ulrich, “evita la forma y el modo y la costumbre de la predicación de un sermón; asume la forma y el modo y la costumbre de las disputas escolásticas: citas de autoridades, razonamientos, analogías, argumentos, glosas, silogismos y muchas otras sutilezas verbales, mostrando por eso que él habla no como predicador, sino como disputador” (ibídem).

La intervención de Ulrich calma los espíritus por un tiempo. Pero la cuestión de la visión beatífica no estaba todavía zanjada.

La controversia prosigue con más fuerza dos años más tarde, en 1333. “Deseando ardientemente clausurar ese debate, Juan (XXII) pone ante los ojos de los cardenales sus recopilaciones de los oráculos de las Santas Escrituras y de las sentencias de los Padres de la Iglesia, que podían ser invocados sea por una u otra parte. Fue dada orden a los cardenales, a los superiores y a otros doctores (…) de examinar con cuidado y solicitud la controversia y de aportar de todas partes las palabras pronunciadas por los santos Padres que hubieran localizado. El pontífice reunió todos estos datos en un libro, que transmite a Pedro, arzobispo de Ruan (futuro Clemente VI). En este libro, nada era suyo, sino que todas las palabras eran extraídas de la Santa Escritura y de los Padres” (Raynald, anno 1333, Nº 45).

Los doctores de París estaban divididos entre ellos. Una minoría pensaba que las almas de los difuntos salvados no verían la esencia divina hasta después del juicio final. “Se difundió la calumnia de que el pontífice era el autor y abanderado (jefe) de su opinión (…) Pero el pontífice, a fin de contrarrestar esta calumnia, escribió muchas cartas al rey y a la reina de Francia; se quejaba en ellas de que esta cosa le era atribuida por los malintencionados, que él jamás había estatuído cualquier cosa que fuera, en esta cuestión, sino que había coleccionado las palabras de los padres únicamente para que eso se pusiera al estudio en vista de buscar la verdad. (…) Ruega al rey no silenciar uno u otro partido para que la discusión arrojara la verdad” (Raynald, anno 1333, nº 45).

Nos no hemos proferido ninguna palabra de nuestra propia cosecha”, escribía Juan XXII al rey, “sino solamente las palabras de la Santa Escritura y de los santos (aquellos cuyos escritos son aceptados por la Iglesia). Muchas personas –los cardenales y otros prelados, próximos o lejos de Nos- han hablado a favor y en contra sobre esta materia en sus discursos. En los discursos, aun los públicos, los prelados y maestros en teología disputan sobre esta cuestión de muchas maneras, a fin de que la verdad pueda ser encontrada más completamente” (Juan XXII: carta Regalem notitiam, diciembre 14 de 1333, dirigida al rey de Francia Felipe VI de Valois, in Raynald, anno1333, nº 46).

Los rumores con los que fue inundada Francia venían de los cismáticos bávaros. En Baviera, los fraticelli aguzaron sus plumas contra el soberano pontífice. Bonagratia publica un comentario mentiroso: como verdadero falsario, hacía creer que Juan XXII pretendía imponer la opinión minoritaria. Ockham y Nicolás de tendencia minoritaria publicaron sermones de Juan XXII totalmente ficticios. Miguel de Cesena recorrió reinos y provincias en vista de organizar un conciliábulo en Alemania contra “Juan de Cahors”, antes papa. El director de orquesta del complot era, bien entendido el sedicente emperador Luis IV de Baviera.

El 28 de diciembre de 1333, Juan XXII reúne un consistorio e informa a la reina de Francia: “Nos ordenamos a los cardenales, prelados, doctores en teología y canonistas presentes en la curia que hagan un estudio con diligencia y nos expongan su sentimiento; y para que puedan hacerlo más rápidamente, hemos hecho una copia de las colecciones de los santos, de las autoridades y de los cánones que pueden ser invocados por una u otra parte” (Juan XXII: carta Quid circa, 1334, in: Raynard, anno 1334,

El papa ordena la lectura de las autoridades que había reunido. Esta lectura dura cinco días (admiremos la erudición del papa, dicho sea de paso).

Un año más tarde, en su bula, declara que siempre había creído la opinión mayoritaria y que había solamente expuesto, a título de hipótesis contestable, la opinión minoritaria: “Nos, creemos que las almas purificadas separadas de los cuerpos (…) ven a Dios en la esencia divina cara a cara (…). Pero si de forma cualquiera sobre esta materia otra cosa hubiera sido dicha por Nos. (…) afirmamos haberla dicho así citando, reportando, pero no determinando, menos aún adhiriendo a ello ‘recitando dicta sacrae scripturae et sanctórum et conferendo, et non determinando, nec etiam tenendo’ ” (Juan XXII: bula Ne super his de diciembre 3 de 1334). Los términos “recitando et conferendo” empleados por el papa, se traducen así: recitare significa “leer en alta voz (una ley, un acta, una carta), producir, citar” (Plauto: Persa 500 y 528; Cicerón: In Verrem actio II, 23): el papa no hace más que citar las opiniones de otro; conferre quiere decir “aportar en conjunto, aportar de todos lados, acopiar” (Cicerón: In Verrem actio IV, 121; César De bello gallico VII, 18, 4 etc.): el papa no hace más que reunir los documentos sobre esta materia. Conferre puede tener el sentido de “poner en conjunto para comparar” (Cicerón: De Oratore I, 197: “comparar nuestras leyes a las de Licurgo y Solón”): el papa hace una disputatio, que consiste en comparar los argumentos antes de pronunciarse.

Los términos empleados por el papa corresponden perfectamente a los términos de un juicio dado por los doctores de París, encargados de examinar la ortodoxia del papa. El rey Felipe VI de Valois había ordenado un examen, que comienza el 19 de diciembre de 1333. Los teólogos de la Sorbona, luego de una investigación minuciosa, dieron su veredicto, que contenía esta frase clave: “nosotros por cierto considerando lo que hemos oído y conocido por la relación de muchos testigos dignos de fe, que todo lo
 que Su Santidad ha dicho en esta materia, lo ha dicho no asegurándolo o aun opinando, sino solamente citando” (in: Constant, t. II, p. 423; Constant traduce por “recitando”).

El papa Benedicto XII, que sucede a Juan XXII, procede con la misma prudencia que su predecesor. Como había sido persuadido de lo bien fundado de la opinión mayoritaria, el nuevo papa continúa no obstante el examen de la cuestión, comenzado bajo su predecesor. El 7 de febrero de 1335, tuvo un consistorio donde convocó a quiénes habían predicado la opinión minoritaria y les ruega exponer sus argumentos. El
17 de marzo, designa una comisión de una veintena de expertos encargados de preparar la definición ex cathedra. Ahora bien, entre los expertos figuraba Gérard Eudes, partidario de la opinión minoritaria. El papa se retira durante cuatro meses al castillo de Pont-de-Sorgues, cerca de Aviñón, estudiando largamente el documento. Finalmente, el 29 de enero de 1336, define ex cathedra que la opinión mayoritaria debía en lo sucesivo ser tenida como un dogma (constitución Benedictus Deus).

En el preámbulo de esta constitución Benedictus Deus, Benedicto XII toma gran cuidado en defender a su predecesor atacado injustamente por los calumniadores bávaros. Sobre la cuestión de la visión beatífica, muchas cosas fueron escritas y dichas, y especialmente “por nuestro predecesor DE FELIZ MEMORIA (felicis recordationis) el papa Juan XXII y por muchos otros en su presencia. (…) Queriendo hacer frente a las palabras y dichos de los MALVADOS (malignantium)” y deseando precisar sus “sus intenciones”.  Aquí cita lo queJuan XXII había preparado su profesión de fe, la bula Ne super his, que Benedicto XII cita en su totalidad. Luego el nuevo papa prosiguió, definiendo ex cathedra la verdad.

Esta verdad definida solemnemente por Benedicto XII, Juan XXII la había creído desde siempre. Tenemos por pruebas no solamente su bula de 1334, sino además ciertos textos escritos anteriormente por el santo papa Juan XXII:  las bulas de canonización de San Luis de Tolosa (1317), de santo Tomás de Hereford (1320) y de santo Tomás de Aquino (1323).Especialmente sobre San Luis de Tolosa, el papa Juan XXII había, en efecto, mostrado a este joven santo entrando en el cielo en su inocencia, para contemplar en éxtasis  y al descubierto la esencia divina: “ad Deum suum contemplandum in gaudio, facie revelata” (bula de canonización, § 18).

Desgraciadamente, las imposturas de Ockham, Bonagratia y Cesena fueron sin embargo exhumadas por los herejes de los siglos posteriores, que embellecieron sus fábulas. Uno de estos “historiadores” posteriores fue el heresiarca genovés Juan Calvino  “Institution de la religión chrestienne, 1536, libro IV, c. 7, § 28). San Roberto Belarmino, después de citar las palabras de Calvino contra Juan XXII, exclama: “Yo digo a Calvino: tú has proferido, en muy pocas palabras, cinco mentiras desvergonzadísimas [impudentissimas]” (De romano pontífice, libro IV, c. 14). En seguida, refuta con mucha soltura al pseudo historiador genovés.

Los herejes de todas las épocas han acusado a muchos otros papas, pero ¿a qué recordar todos sus fraudes? Antes que nosotros, el sabio y santo cardenal Belarmino ha rehabilitado, él solo, una cuarentena de acusados, de los cuales el nº 36 fue el papa Juan XXII.

A notar el texto de la Bula “Ne super hisen la que el Papa declara solemnemente que la doctrina ortodoxa ES Y ERA su fe mantenida incólume en concordancia con la amplia Tradición. 

Resalto el siguiente párrafo del texto anterior que por sí solo demuestra el infundio y calumnia de los que tantos se hacen eco, como el autor del articulo comentado.

En verdad, este papa creía exactamente lo opuesto de la opinión que se le reprochaba. He aquí su profesión de fe: “Nos, declaramos como sigue, el pensamiento que ES y que ERA el nuestro. (…) Nos, creemos que las almas purificadas separadas de los cuerpos son reunidas en el cielo (…) y que, siguiendo la ley común, ellas ven a Dios y a la esencia divina cara a cara” (Juan XXII: bula Ne super his de diciembre 3 de1334, redactada poco antes de su muerte). La expresión “que es y que era” prueba que él creyó esto durante toda su vida.

Pero hay más.

El supuesto error, que hemos visto inexistente, de Juan XXII, no seria de ninguna manera una herejía, sino un mero error contra la fe.

Como hemos visto a esta sentencia se suma el Doctor de la Iglesia San Roberto Belarmino. Se necesitan algo mas que unas pocas líneas para contradecir a San Roberto.
Pero apunto lo siguiente:
Hay verdades del Depósito de la Fe cuya negación no comporta herejía sino que son antes de su elevación a Dogma, meros errores contra la Fe. Esas verdades no habían sido aceptadas totalmente en la Iglesia, como lo fueron otras que sin ser dogmáticas, su negación hubiera involucrado herejía. A estas verdades pertenece el supuesto error de Juan XXII. La prueba es que era una verdad que en aquél tiempo era y había sido libremente discutida con argumentos a favor y en contra por las Universidades Católicas, bajo la mirada vigilante de papas y jerarquías católicas.

Hay un ejemplo muy ilustrativo : La verdad ampliamente aceptada, pero no totalmente, de la Inmaculada Concepción.

Esta verdad como todas las dogmáticas, pertenece al Depósito de la Fe. Ahora bien está implícitamente contenida en él. No fue nunca  universalmente aceptada. Incluso fue agriamente negada. Mas tarde fue declarada verdad dogmática. Hasta entonces su negación no constituía herejia. Ahora después de la declaración dogmática, podemos considerar que su negación antes de la declaración dogmática, fue un error contra la Fe. Es más en la Bula “Sollicitudo omnium eclesiarum  de Alejandro VII  sobre la Inmaculada Concepción, el Papa se expresa así en esa Bula Solemne y Ex Catedra

Nos prohibimos a todos, adhiriéndonos a las Constituciones de Sixto IV, afirmar que los que sostienen la opinión contraria, conviene a saber, que la gloriosa Virgen María fue concebida con el pecado original, incurren en el crimen de herejía o cometen un pecado grave mortal ya que la Iglesia Romana y la Sede Apostólica aun no lo han decidido, como que tampoco Nos etc..

En el mismo caso se encuentra la doctrina que nos ocupa ya que como se ha dicho 

En el tiempo de Juan XXII, la cuestión de la naturaleza de la “visión beatífica no había sido zanjada todavía por la Iglesia. Los teólogos tenían libertad para discutir sobre esa cuestión. Una corriente mayoritaria sostenía que las almas de los difuntos en el cielo veían la esencia de Dios, mientras que una minoría de teólogos pensaba que verían la esencia de Dios solamente después del juicio final, y que debían contentarse, en la espera, con la vista de la humanidad de Nuestro Señor


Resumiendo: 

1 El papa Juan XXII, no profesó  nunca el error de que algunos lo acusan y sus enemigos contemporáneos le acusaron malignamente. Despues multitud de herejes, incluso en nuestros días han desempolvado lo mismo.

2 Contra el autor del artículo hay que decir que ese supuesto error nunca hubiera sido una herejia. Universidades, doctores, muchos contemporaneos hubieran incurrido en herejia sin inmutarse el  papa, obispos y teólogos. Lo cual es absurdo.


Por lo demás, en mi opinion, el autor del articulo y los autores de otros articulos del blog adolecen de una deficiente comprension de la ” Infalibilidad Pontificia” que se extiende, por lo menos al magisterio ordinario y universal y en mi opinion al magisterio ordinario del papa. 

Esto les lleva a alinearse con la herética doctrina o por lo menos gravemente errónea y próxima a la herejía de la negación del bautismo de deseo

 

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3 replies »

  1. Muchas gracias por el articulo, el autor de ataque tendencioso “Ediciones Católicas” contra el Papa Juan XXII lo acusa de hereje cuando incluso sabemos que antes de morir rectificó el error e hizo una profesión publica de la fe católica que utilizó su sucesor para declarar el dogma ósea que según “Ediciones Católicas” también murió en herejía incluso la foto que ustedes tomaron de su pagina corresponde al Papa Benedicto XII y no al Papa Juan XXII. Sus enemigos [los espirituales] lo acusaron falsamente de herejía aprovechando el escandalo.
    El Papa Juan XXII no erró de intención y sus declaraciones excluyen el elemento de “obstinación” necesario a la herejía.

    Gracias a este papa carmelita tenemos la devoción del beneficio sabático del escapulario.
    https://enraizadosencristo.wordpress.com/2017/09/28/correccion-fraterna-a-la-correctio-filialis-de-las-herejias-propagadas-por-bergoglio-el-papa-carmelita-no-fue-un-hereje/

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  2. Eran tiempos muy difíciles en la Iglesia, porque el predecesor fue el Papa Clemente V , y han quedado documentos que se ocultaron o traspapelaron sobre la Orden del Temple, más conocidos, como los caballeros de Cristo. y fueron descubiertos en el año 2000 y publicados por el Vaticano en esos años.La Orden fue disuelta definitivamente, los mas de cien caballeros apresados, torturados, sin abogados, fueron cruelmente asesinados y los bienes que pertecían a esa Orden, pasaron a otra y además Francia por sus guerras necesitaban, dinero para pagarlas. Pergamino de Chinon, es el documento “perdido” donde el Papa Clemente V, los absuelve. de culpa y cargo.

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