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TREMENDA ACUSACIÓN A FRANCISCO


[Este post cobra actualidad en España en estos desgraciados días en los que se estå consumando un golpe de estado que los obispos catalanes respaldan y la Conferencia episcopal española por medio de la increíble nota de su Comisión permanente, objetivamente ha ayudado, sentando una doctrina opuesta a la doctrina social de la Iglesia,  apelando al diálogo con los golpistas. Es inevitable pensar en “la mano de Francisco que es alargada”. Así lo dicen muchos y parece corroborarse  por el hecho de que algún cardenal haya colaborado en esa nota que objetivamente contradice sus ideas recientemente predicadas. Igualmente algunos obispos están saliendo de la madriguera y “contestando” la doctrina de esa nota, incluso alguno de la comisión permanente.

Definitivamente “la mano de Francisco es alargada “ y él siguiente artículo, publicado ya hace un año, lo confirma: En él se denuncian las constantes intromisiones del  “papa” en otros Estados, con olvido de los deberes evengélicos]

[Ésta es una recopilación- sólo de lo más más conocido y escandalizante- de los hechos y “enseñanzas” del generalmente conocido como “papa” Francisco. Es obvio que este largo artículo podría alargarse casi sin término, pero para que se den cuenta de la apostasía, heteredoxia, injerencias continuas -siempre para mal- en ámbitos diversos, que van desde gobiernos, elecciones políticas, ciencias sociales y del medio ambiente, migraciones,  y sobretodo en la conciencia universal del bien y del mal- no está mal este “breve” resumen. Yo creo que Francisco es el mayor peligro público habido en la historia de la Humanidad. [Edito: o como dijo recientemente un obispo copto, es un “Tragedia para la humanidad”]

Pero si nos referimos a su su nefasta influencia en lo que debiera ser  su mayor cuidado,  si fuera un legítimo Pontífice, es decir la “salus animarum” o salvación de las almas, lo anterior palidece en la insignificancia.

Llama la atención que los autores, en un flagrante olvido de la teología católica y disposiciones doctrinales de la Iglesia, debido a su mente distorsionada por el “Reconocer y Resistir”, puedan seguir nombrándolo papa y Vicario de Cristo. El lector debería hacer un esfuerzo de imaginación y pensar en lo que dirían los verdaderos papas y santos doctores como Santo Tomas, San Roberto Belarmino y San Alfonso, en caso de leer este artículo.

Entre los comentarios del original hay uno, de un lector habitual de este blog, que desde el sentido común y la simplicidad de un alma recta, da en el clavo y que dice:

RuyDiaz
Hoy 16:11

Muy buen escrito de Ferrara, Vennari y Matt. Mi pregunta es, si en su escrito se demuestra que este tipo llamado Bergoglio NO es papa, entonces por que insisten en llamarlo “su Santidad”, y en reconcerlo como “papa” ? ¿Por que no aceptan el sedevacantismo ?]

Una intromisión selectiva en la política, siempre políticamente correcto: Acusamos al papa Francisco

Christopher A. Ferrara/Michael J. Matt/John Vennari* (Remitido).- Santidad: En la noche de su elección, al hablar desde el balcón de la Basílica de San Pedro, usted declaró: “el deber del cónclave es dar un obispo a Roma”. Si bien el público frente a usted provenía de todo el mundo, como miembros de la Iglesia universal, usted sólo dio las gracias porque “la comunidad diocesana de Roma tiene su obispo”. También expresó su deseo de que “este camino de Iglesia, que hoy comenzamos” resulte “fructífero para la evangelización de esta ciudad tan bella.” Pidió a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro que oren, no por el Papa, sino “por su obispo” y usted dijo que al día siguiente iría “a rezar a la Virgen para que custodie a toda Roma.”

Sus comentarios extraños en aquella ocasión histórica comenzaron con la banal exclamación “¡Hermanos y hermanas, buenas noches!” y terminaron con una intención igualmente banal: “Buenas noches y buen descanso”. Ni una vez, durante su primer discurso, se refirió a sí mismo como Papa ni se refirió a la dignidad suprema del oficio para el cual había sido elegido: el del Vicario de Cristo, cuyo mandato divino es enseñar, gobernar y santificar la Iglesia universal y liderar su misión, la de hacer discípulos a todas las naciones.

Casi desde el momento de su elección comenzó una especial campaña interminable de relaciones públicas cuya temática fue su singular humildad frente a los demás Papas, un simple “Obispo de Roma” en contraste con las supuestas pretensiones monárquicas de sus predecesores y sus elaboradas vestimentas y zapatos rojos que usted rechazó. Usted dio indicaciones tempranas sobre una descentralización radical de la autoridad papal en favor de una “Iglesia sinodal” tomando el ejemplo de la visión ortodoxa del “significado de la colegialidad episcopal y su experiencia de sinodalidad”. Los exultantes medios de comunicación aclamaron inmediatamente “la revolución de Francisco”.

Sin embargo esta ostentosa demostración de humildad ha sido acompañada por un abuso de poder del oficio papal, sin precedentes en la historia de la Iglesia. Durante los últimos tres años y medio usted ha promovido incesantemente sus propias opiniones y deseos, sin el más mínimo respecto o consideración por la enseñanza de sus predecesores, las tradiciones milenarias de la Iglesia, o los enormes escándalos que usted ha causado. En incontables ocasiones, usted ha conmocionado y confundido a los fieles y ha alegrado a los enemigos de la Iglesia con afirmaciones heterodoxas incluso sin sentido, mientras apilaba insulto tras insulto sobre los católicos practicantes, a quienes ridiculiza continuamente como fariseos actuales y “rigoristas.” Su comportamiento personal se ha rebajado frecuentemente en actos y payasadas para quedar bien con el público.

Usted ha ignorado consistentemente la beneficiosa advertencia de su predecesor inmediato, quien renunció bajo circunstancias misteriosas ocho años después de haber pedido a los obispos reunidos con él al comienzo de su pontificado “rogad por mí, para que, por miedo no huya ante los lobos”. Para citar a su predecesor en su primera homilía como Papa:

El Papa no es un monarca absoluto cuya voluntad sea ley, sino el custodio de la tradición auténtica y, con ello, el primer garante de la obediencia. Él no puede hacer lo que quiera, y por eso puede también oponerse a quienes quieren hacer lo que se les ocurre. Su ley no es la arbitrariedad, sino la obediencia de la fe.

Una intromisión selectiva en la política, siempre políticamente correcto

El papa y Raúl Castro.

El papa y Raúl Castro.

Durante su puesto como “Obispo de Roma” usted ha mostrado escaso respeto por las limitaciones de la autoridad papal y su competencia. Se ha entrometido en asuntos políticos tales como las políticas inmigratorias, la ley penal, el medioambiente, la restauración de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba (ignorando la lucha de los católicos bajo la dictadura de Castro) e incluso oponiéndose al movimiento independentista de Escocia. Sin embargo, se niega a oponerse a los gobiernos secularistas cuando desafían la ley divina y natural con medidas tales como la legalización de las “uniones homosexuales”, una cuestión de derecho divino y natural en la cual un Papa puede y debe intervenir.

De hecho, sus numerosas acusaciones a los males sociales—todos ellos políticamente seguros—contradicen sus propias acciones, las cuales comprometen a la Iglesia como testigo contra los diversos errores de la modernidad:

Contrario a la enseñanza inmutable de la Iglesia basada en la Revelación, usted demanda la abolición total global de la pena de muerte, sin importar la gravedad del crimen, e incluso la abolición de las sentencias de muerte, y sin embargo usted jamás ha hecho un llamamiento a la abolición del aborto legalizado, el que ha sido condenado constantemente por la Iglesia como asesinato masivo de inocentes.

Usted declara que un simple fiel peca gravemente si no recicla los desechos de su hogar o no apaga las luces innecesarias, y al mismo tiempo usted gasta millones de dólares en eventos masivos vulgares centrados en su persona, en países a los que viaja con grandes comitivas en aeronaves alquiladas que despiden vastas cantidades de dióxido de carbono en la atmósfera.

Usted demanda fronteras abiertas en Europa para los “refugiados” musulmanes, que son predominantemente hombres en edad militar, mientras que usted vive tras los muros de la ciudad del Vaticano que excluye estrictamente a los no residentes—muros construidos por León IV para prevenir el segundo saqueo musulmán de Roma.

Usted habla incesantemente de los pobres y las “periferias” de la sociedad pero se alía con la jerarquía rica y corrupta de Alemania y con celebridades y potentados del globalismo que están a favor del aborto, la anticoncepción y la homosexualidad.

Usted desprecia las ambiciones de ganancia de las corporaciones y “la economía que mata” mientras honra en sus audiencias privadas y recibe generosas donaciones de los tecnócratas y líderes de corporaciones más importantes del mundo, permitiéndole incluso a Porsche alquilar la Capilla Sixtina para un “concierto magnífico…organizado exclusivamente para los participantes” que pagaron 6.000 dólares cada uno por un tour de Roma—la primera vez que un Papa permite que este espacio sagrado se utilice para un evento corporativo.

Usted demanda el fin de la “desigualdad” mientras abraza dictadores comunistas y socialistas que viven lujosamente mientras las masas sufren bajo sus yugos.

Usted condena a un candidato para la presidencia norteamericana como “no cristiano” porque busca prevenir la inmigración ilegal, pero no dice nada contra los dictadores ateos a los que usted abraza, que han cometido asesinatos masivos, persiguieron a la Iglesia y encarcelaron cristianos en estados policiales.

Al promover su opinión personal sobre la política y las políticas públicas como si fueran doctrina católica, usted no ha dudado en abusar incluso de la dignidad de una encíclica papal, usándola para respaldar declaraciones científicas debatibles e incluso demostrablemente fraudulentas respecto al “cambio climático”, “el ciclo de carbono”, “la contaminación de dióxido de carbono” y la “acidificación de los océanos”. El mismo documento demanda también que los fieles respondan a una supuesta “crisis ecológica” apoyando programas medioambientales seculares tales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, que usted ha elogiado, si bien llaman a un “acceso universal a la salud sexual y reproductiva”, refiriéndose a la anticoncepción y el aborto.

Un indiferentismo rampante

El papa recibe a un líder protestante.

El papa recibe a un líder protestante.

Si bien difícilmente sea un pionero respecto a las novedades post-conciliares destructivas como el “ecumenismo” y el “diálogo inter-religioso”, usted ha promovido en un grado no visto ni siquiera en los peores años de la crisis post-conciliar un indiferentismo religioso específico que prácticamente deja de lado la misión de la Iglesia como arca de salvación.

Respecto a los protestantes, usted declara que todos ellos son miembros de la misma “Iglesia de Cristo” como católicos, sin importar sus creencias, y que las diferencias doctrinales entre católicos y protestantes son, comparativamente, asuntos triviales a ser acordados entre teólogos.

Siguiendo esa opinión, usted ha desalentado la conversión de los protestantes, incluyendo el “obispo” Tony Palmer, quien pertenecía a una secta anglicana que pretende ordenar mujeres. Tal como comentó Palmer, cuando habló de “volver a casa a la Iglesia Católica” usted le dio una respuesta espantosa: “Nadie vuelve a casa. Ustedes viajan hacia nosotros y nosotros hacia ustedes, y nos encontraremos en el medio.” ¿En el medio de qué? Al poco tiempo, Palmer murió en un accidente de motocicleta. Sin embargo, por su insistencia, el hombre cuya conversión usted impidió deliberadamente fue enterrado como obispo católico—una burla, contraria a la enseñanza inmutable de su predecesor que sostiene que “las ordenaciones realizadas con el rito anglicano son nulas e inválidas”. [León XIII, Apostolicae curae (1896), DZ 3315]

Respecto a las demás religiones en general, usted ha adoptado como programa virtual el mismo error condenado por el papa Pío XI tan solo 34 años antes del Vaticano II: “la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio.” Usted ha ignorado completamente la advertencia de Pío XI que dice que “cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios”. Al respecto, usted ha sugerido incluso que hasta los ateos pueden salvarse meramente haciendo el bien, provocando de esta manera el aplauso de los medios de comunicación masiva.

Pareciera que en su visión, la tesis herética de Rahner sobre el “cristiano anónimo” que abraza virtualmente a toda la humanidad suponiendo la salvación universal ha reemplazado definitivamente la enseñanza de Nuestro Señor al contrario: “Quien creyere y fuere bautizado, será salvo; más, quien no creyere, será condenado (Mc 16 16)”.

Un absurdo lavado de la imagen del islam

El Gran Mufti de Turquía muestra al papa una sura del Corán.

El Gran Mufti de Turquía muestra al papa una sura del Corán.

Asumiendo el rol de exégeta del Corán para liberar de culpa el culto de Mohammed y su ininterrumpida conexión histórica con la conquista y la persecución brutal de cristianos, usted declara: “Frente a episodios de fundamentalismo violento que nos inquietan, el afecto hacia los verdaderos creyentes del islam debe llevarnos a evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia”. [Evangelii gaudium, 253]

Usted ignora la historia de la guerra islámica contra el cristianismo, que continúa hasta el día de hoy, así como los códigos legales bárbaros del tiempo actual y la persecución de cristianos en las repúblicas islámicas, incluyendo Afganistán, Irán, Malasia, Maldivas, Mauritania, Nigeria, Pakistán, Qatar, Arabia Saudita, Somalia, Sudán, Emiratos Árabes y Yemen. Estos son regímenes de opresión intrínseca a la ley de la sharía, que los musulmanes consideran una orden de Alá para el mundo entero y que ellos intentan establecer donde sea que obtienen un porcentaje de población significativo. Sin embargo, para usted, ¡las repúblicas musulmanas carecen de una comprensión “auténtica” del Corán!

Usted incluso intenta minimizar el terrorismo islámico en Oriente Medio, África y el corazón mismo de Europa, osando proponer una equivalencia moral entre los fanáticos musulmanes que libran la yihad—como lo han hecho desde el surgimiento del islam—y el “fundamentalismo” imaginario de católicos practicantes que usted nunca deja de condenar e insultar públicamente. Durante una de sus palabrerías en conferencia de prensa durante un vuelo, en las que frecuentemente avergüenza a la Iglesia y socava la doctrina católica, usted pronunció esta infame opinión, típica de su absurda insistencia con que la religión fundada por el Dios encarnado y el violento culto perenne fundado por el degenerado Mohammed se encuentran en igualdad moral:

No me gusta hablar de violencia islámica, porque todos los días cuando leo los diarios, veo violencia, aquí en Italia, alguien que mata a la novia, otro que mata a la suegra. Y estos son católicos bautizados, son católicos violentos. Si yo hablo de violencia islámica, debo hablar de violencia católica…creo que en casi todas las religiones hay un pequeño grupo fundamentalista Nosotros lo tenemos. Cuando el fundamentalismo llega a matar, también se puede matar con la lengua -esto lo dice el apóstol Santiago- y también con el cuchillo. Creo que no es justo identificar al islam con la violencia.

Es de no creer que un Romano Pontífice declare que unos actos de violencia aleatorios cometidos por católicos, y sus meras palabras, sean un equivalente moral de la campaña mundial de actos terroristas del islamismo radical, el asesinato masivo, la tortura, la esclavitud y la violación en nombre de Alá. Parece que usted es más rápido para defender el culto ridículo y asesino de Mohammed contra sus oponentes que a la verdadera Iglesia contra sus innumerables acusadores falsos. Quedó lejos de su pensamiento la visión inmutable de la Iglesia sobre el islam, expresada por el papa Pío XI en su Acto de Consagración del género humano al Sagrado Corazón: “Sé Rey de los que aún siguen envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo. A todos dígnate atraerlos a la luz de tu Reino”.

Un “sueño” reformador, protegido por un puño de acero

Kiko Argüello y el Papa Francisco

Kiko Argüello y el Papa Francisco

En definitiva, usted parece estar afectado por una manía reformadora que no conoce límites a su “sueño” de cómo debiera ser la Iglesia. Como declara en su manifiesto papal sin precedentes, Evangelii gaudium (nn. 27, 49):

Sueño con una “opción misionera” capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación…Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: “¡Dadles vosotros de comer!” (Mc 6,37)

Por increíble que parezca, usted profesa que las “estructuras” y “reglas” inmemoriales de la santa Iglesia católica infligían un hambre cruel y muerte espiritual antes de que usted llegara de Buenos Aires, y que ahora usted desea cambiar literalmente todo en la Iglesia para hacerla más misericordiosa. ¿Cómo debieran ver esto los fieles, sino como una terrorífica megalomanía? Usted declara incluso que en su opinión la evangelización no debe estar limitada por miedo a la autopreservación de la Iglesia—¡como si de alguna manera ambas cosas estuvieran contrapuestas!

Su diáfano sueño de reformar todo está acompañado por un puño de acero que aplasta cualquier intento de restaurar la viña devastada durante medio siglo de reformas “imprudentes”. Según lo revelado en su manifiesto (Evangelii gaudium, 94), usted está lleno de desprecio por los católicos tradicionalistas, a quienes acusa precipitadamente de “ensimismados Prometeo neopelagianos” que se “sienten superiores a los demás porque ellos observan ciertas reglas o se mantienen intransigentemente fieles a un estilo particular de catolicismo del pasado”.

Usted ridiculiza incluso una “supuesta solidez doctrina o disciplina” porque, en su opinión, “lleva en cambio a un elitismo narcisista y autoritario, en el que en lugar de evangelizar, se analiza y clasifica a los demás”.  Pero es usted quien clasifica constantemente y analiza a otros con una interminable sarta de términos peyorativos, caricaturas, insultos y condenaciones de los católicos practicantes a quienes considera insuficientemente receptivos al “Dios de las sorpresas” que usted presentó durante el Sínodo.

De ahí su brutal destrucción de los pujantes Frailes Franciscanos de la Inmaculada, por su “tendencia definitivamente tradicionalista”. Esto fue seguido por su decreto que establece que cualquier intento por erigir un nuevo instituto diocesano para la vida consagrada (por ejemplo, para recibir a los desplazados miembros de los Frailes) será nulo e inválido faltando previa “consulta” con la Santa Sede (es decir, un permiso de facto que puede ser y será retenido indefinidamente). Usted reduce así la inmutable autonomía de los obispos en sus propias diócesis mientras predica una nueva etapa de “colegialidad” y “sinodalidad”.

Al apuntar contra los conventos de clausura, avanzó con medidas decretadas para forzar la entrega de su autoridad local a federaciones gobernadas por burócratas eclesiales, romper la rutina del claustro para “formarse” en el exterior, el mandato de intrusión del laicado dentro del convento para la adoración eucarística, la increíble descalificación de las mayorías electorales del convento en caso de ser “ancianos”, y el requisito universal de nueve años de “formación” antes de tomar los votos decisivos, cosa que ciertamente sofocará las nuevas vocaciones y asegurará la extinción de muchos de los claustros restantes.

Un incansable deseo de acomodar la inmoralidad sexual dentro de la Iglesia

Pero nada supera la arrogancia y audacia con la que ha buscado imponer sobre la Iglesia universal la misma práctica maligna que usted autorizó como arzobispo de Buenos Aires: la administración sacrílega del sagrado sacramento a personas viviendo en adulterio y “segundas nupcias” o que conviven sin ni siquiera haberse casado por civil.

Casi desde el momento de su elección usted ha promovido la “propuesta Kasper”—rechazada repetidamente por el Vaticano en la época de Juan Pablo II. El cardenal Walter Kasper, un archi-liberal incluso para la jerarquía liberal alemana, hacía tiempo había insistido para la admisión de los divorciados “vueltos a casar” a la sagrada comunión en “ciertos casos” según el falso “camino penitencial” que los habilitaría para recibir el sacramento mientras continúan con las relaciones sexuales adúlteras. Kasper pertenecía al “grupo de San Galo” que hizo lobby para su elección, y luego usted premió su persistencia en el error con ayuda de la prensa que lo presentó felizmente como “el teólogo del Papa”.

Usted comenzó a preparar el camino para su destructiva innovación recurriendo a lo que solo podría llamarse un lanzamiento desenfrenado de eslóganes demagógicos. Tal como declara su manifiesto (Evangelii gaudium, 47) en noviembre de 2013: “La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores”.

Este desvergonzado recurso a la emoción, parodia la digna recepción del sagrado sacramento en estado de gracia como “un premio para los perfectos” mientras insinúa sediciosamente que la Iglesia negó el alimento eucarístico a “los débiles” durante demasiado tiempo. De ahí su acusación igualmente demagógica que los ministros de la Iglesia han actuado cruelmente como “controladores de la gracia y no como facilitadores” rechazando la sagrada comunión a “los débiles” en oposición a “los perfectos”, y que usted debe remediar esta injusticia con “valentía”.

Por supuesto que la sagrada comunión no es “alimento” o “medicina” para obviar el pecado mortal. Al contrario, se sabe que recibirla en ese estado es profanación que mata el alma y provoca la condenación: “De modo que quien comiere el pan o bebiere el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Pero pruébese cada uno a sí mismo, y así coma del pan y beba del cáliz; porque el que come y bebe, no haciendo distinción del Cuerpo (del Señor), come y bebe su propia condenación. (1 Cor. 11 27-29)”.

Como sabe todo niño bien catequizado, la confesión es la medicina por la cual el pecado mortal es remediado, mientras que la Eucaristía (asistida por el recurso regular a la confesión) es el alimento espiritual para mantener e incrementar el estado de gracia que procede de la absolución, para que nadie caiga nuevamente en pecado mortal sino que crezca en comunión con Dios. Pero parece que el mismo concepto de pecado mortal está ausente en sus documentos formales, discursos, afirmaciones y pronunciamientos.

Sin dejar lugar a dudas sobre su plan, unos meses después, en el “consistorio extraordinario de la familia”, planeó los eventos de tal manera que sólo el cardenal Kasper fue el único orador oficial. Durante su discurso de dos horas del 20 de febrero de 2014—el que usted deseó se mantuviera en secreto pero fue filtrado a la prensa italiana como un “secreto” y documento “exclusivo”—Kasper presentó la demente propuesta de admitir a ciertos adúlteros públicos a la sagrada comunión mientras aludía directamente a su eslogan: “Los sacramentos no son un premio para quien se comporta bien y para una élite, excluyendo a aquellos que más los necesitan [EG 47].” Desde entonces, usted no ha titubeado en su determinación de institucionalizar en la Iglesia el grave abuso de la Eucaristía que había permitido en Buenos Aires.

Al respecto, parece que usted tiene poco respeto por el matrimonio sacramental como hecho objetivo en oposición a lo que la gente siente subjetivamente sobre el estatus de las relaciones inmorales que la Iglesia jamás puede reconocer como matrimonio. En comentarios que por sí solos desacreditarán su extraño pontificado hasta el fin de los tiempos, usted declara que “la gran mayoría de matrimonios católicos son nulos” mientras que algunas personas que conviven sin haberse casado pueden tener un “matrimonio verdadero” debido a su “fidelidad”. ¿Acaso estos comentarios reflejan la situación de su hermana divorciada “vuelta a casar” y de su sobrino que convive?

Esta opinión, que un reconocido canonista llamó “absurda”, provocó una protesta por parte de los fieles del mundo entero. En un esfuerzo por minimizar el escándalo, la “transcripción oficial” del Vaticano cambió sus palabras “la gran mayoría de nuestros matrimonios sacramentales” por “una parte de nuestros matrimonios sacramentales” pero dejó intacta su aprobación de la cohabitación inmoral como “matrimonio verdadero”.

Tampoco parece usted preocupado con el sacrilegio involucrado en la recepción del Cuerpo, Sangre y Divinidad de Jesucristo en la sagrada Eucaristía por parte de los adúlteros públicos y los que conviven. Tal como le dijo a la mujer argentina a la que dio “permiso” telefónico para comulgar mientras vive en adulterio con un hombre divorciado: “un poco de pan y vino no hacen daño.” Usted jamás ha negado los dichos de esta mujer, y son consistentes con su rechazo a arrodillarse durante la consagración o frente a la exposición del Santísimo Sacramento mientras que no tiene dificultad para arrodillarse a besar los pies de los musulmanes durante su grotesca parodia del mandato tradicional del Jueves Santo, que usted abandonó. También se alinean con sus comentarios a la mujer luterana en la iglesia luterana a la que asistió un domingo, que el dogma de la transubstanciación es una mera “interpretación”, que la “vida es más grande que las explicaciones e interpretaciones” y que ella debería “hablar con el Señor” para saber si debiera recibir la comunión en la Iglesia católica—cosa que luego hizo gracias a su evidente apoyo.

El Papa Francisco tomando mate

El Papa Francisco tomando mate

Su precipitada y secreta “reforma” del proceso de nulidades está alineada con su escasa consideración del matrimonio sacramental, dado que la impuso sobre la Iglesia sin consultar a ninguno de los dicasterios competentes del Vaticano. Su motu proprio Mitis Iudex Dominus Iesus establece el marco para una verdadera fábrica de nulidades a nivel mundial, con una “vía rápida” y una nueva base nebulosa de procedimientos para la nulidad acelerada. Tal como explicó luego el jefe de esta reforma tramada de forma clandestina, su intención expresa es promover entre los obispos “una ‘conversión’, un cambio de mentalidad que los convenza y sostenga en el seguimiento de Cristo, presente en su hermano, el Obispo de Roma, del número restringido de unos pocos miles de anulaciones al inconmensurable [número] de desafortunados que podría tener una declaración de nulidad”.

¡Así, “el obispo de Roma” demanda de sus hermanos obispos un vasto incremento en el número de nulidades! Un distinguido periodista católico reportó luego la aparición de un dossier de siete páginas en el que oficiales de la curia “‘desacreditaron’ jurídicamente el motu proprio del Papa… acusan al Santo Padre de desechar un dogma importante, y aseveran que ha introducido el ‘divorcio católico’ de facto.” Estos oficiales condenaron lo que el reportero llama “un ‘Führerprinzip’ eclesial, ordenando de arriba hacia abajo, por decreto y sin ninguna consulta o control.” Los mismos oficiales temen que “el motu proprio provoque una avalancha de nulidades y que de ahora en más, las parejas puedan abandonar sus matrimonies católicos sin problemas.” Se sienten “‘fuera de sí’ y obligados a ‘alzar la voz’”.

Pero usted no es más que consistente en la persecución de sus objetivos. Al comienzo de su pontificado, durante una de las conferencias de prensa en un vuelo en la que reveló por primera vez sus planes, usted dijo: “los ortodoxos siguen lo que ellos llaman la teología de la economía y dan una segunda posibilidad [de matrimonio], lo permiten. Creo que este problema debe estudiarse.” Para usted, la falta de una “segunda oportunidad de matrimonio” en la Iglesia católica es un problema a ser estudiado. Claramente, usted ha pasado los últimos tres años y medio planeando imponer en la Iglesia algo que se aproxima a la práctica ortodoxa.

Un distinguido canonista, consultor de la Signatura Apostólica ha advertido que como resultado de su descuida falta de consideración de la realidad del matrimonio sacramental:

“Se está desarrollando una crisis (en el sentido griego de la palabra) en la Iglesia, sobre el matrimonio, y es una crisis que, considero, alcanzará un punto crítico sobre la disciplina y ley matrimoniales…. Creo que la crisis del matrimonio que él [Francisco] está provocando culminará en si la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio, que todos dicen honrar, será protegida concreta y efectivamente en la ley de la Iglesia, o si las categorías canónicas sobre la doctrina del matrimonio se distorsionarán (o simplemente dejarán de considerarse) para abandonar esencialmente el matrimonio y la vida matrimonial en el reino de la opinión personal y la consciencia individual”.

Amoris Laetitia: El verdadero motivo para la farsa del sínodo

Dicha crisis alcanzo su punto más álgido luego de la conclusión de su desastroso “Sínodo de la Familia”. Si bien usted manipuló el evento de principio a fin para conseguir el resultado que deseaba—la sagrada comunión para los adúlteros públicos en “ciertos casos”—no alcanzó sus expectativas gracias a la oposición de los padres sinodales conservadores que usted mismo denunció demagógicamente por sus “corazones cerrados, que a menudo se esconden incluso detrás de las enseñanzas de la Iglesia o detrás de las buenas intenciones para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas”.

En un abuso brutal de la retórica, usted equiparó a sus oponentes episcopales ortodoxos con los fariseos que practicaban el divorcio con subsiguientes matrimonios según la dispensa mosaica. Estos eran los mismos obispos que defendieron la enseñanza de Jesús contra los fariseos—¡y sus propios planes! Ciertamente, usted parece intentar revivir la aceptación farisaica del divorcio por medio de una “práctica neo-mosaica”. Un periodista católico de renombre, conocido por su enfoque moderado sobre los asuntos de la Iglesia, criticó su comportamiento reprensible: “Que un Papa critique a quienes permanecen fieles a la tradición y los caracterice como inmisericordes alineándolos con los fariseos duros de corazón contra el misericordioso Jesús, es extraño”.

Al final, el “viaje sinodal” que usted elogió fue revelado nada más y nada menos que como una farsa para ocultar las conclusiones predeterminadas de su patética “Exhortación Apostólica”, Amoris Laetitia. En ella, principalmente en el capítulo ocho, sus escritores fantasma utilizan una ambigüedad astuta para abrir la puerta de la sagrada comunión de par en par para los adúlteros públicos, reduciendo la ley natural que prohíbe el adulterio a una mera “regla general” para la cual pueden haber excepciones en caso de personas con “una gran dificultad para comprender los valores inherentes a la norma o puede estar en condiciones concretas que no le permiten obrar de manera diferente… (¶¶ 2, 301, 304)”. Amoris es un intento transparente de contrabandear una forma mitigada de ética casuística en asuntos de moralidad sexual, como si así el error pudiera ser confinado.

Su evidente obsesión por legitimar la sagrada comunión para los adúlteros públicos lo ha llevado a desafiar la enseñanza moral inmutable y la disciplina sacramental de la Iglesia intrínsecamente relacionada con ella, afirmada por sus dos predecesores inmediatos. Dicha disciplina está basada en la enseñanza de Nuestro Señor sobre la indisolubilidad del matrimonio así como también la enseñanza de san Pablo sobre el castigo divino por la recepción indigna de la sagrada comunión. Para citar a Juan Pablo II al respecto:

“La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio.

La reconciliación en el sacramento de la penitencia —que les abriría el camino al sacramento eucarístico— puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación, «asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos”. [Familiaris consortio, n. 84]

Usted ha ignorado las súplicas de sacerdotes, teólogos y filósofos de la moral de todo el mundo, asociaciones católicas y periodistas, e incluso de algunos valientes prelados en medio de una jerarquía silenciosa, de retractarse o “clarificar” las ambigüedades tendenciosas y los errores de Amoris, en particular los del capítulo ocho.

Un error moral grave aprobado ahora explícitamente

Y ahora, habiendo sobrepasado el uso retorcido de las ambigüedades, autorizó explícitamente tras bambalinas lo que en público consintió ambiguamente. La conspiración salió a la luz al filtrarse su carta “confidencial” a los obispos de la región pastoral de Buenos Aires—lugar donde, como arzobispo, ya había autorizado el sacrilegio masivo en las villas.

En dicha carta usted elogia el documento de los obispos sobre los “Criterios Básicos para la Aplicación del Capítulo Ocho de Amoris Laetitia”—como si fuera un deber “aplicar” el documento para producir un cambio en la disciplina sacramental de dos mil años de Iglesia. Usted escribe: “es muy bueno y explícita cabalmente el sentido del capítulo VIII de “Amoris laetitia”. No hay otras interpretaciones.” ¿Es una coincidencia que este documento provenga de la misma archidiócesis donde, hace tiempo como arzobispo, usted había autorizado la admisión de los adúlteros públicos y los que conviven a la sagrada comunión?

Lo que antes sólo se sugería, ahora se tornó explícito, y quienes insistían con que Amoris no cambia nada han quedado como tontos. El documento que usted ahora elogia como única interpretación correcta de Amoris, socava radicalmente la doctrina y la práctica de la Iglesia que sus predecesores defendieron. En primer lugar, reduce a una “opción” el mandato moral para los divorciados “vueltos a casar” de “vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos.” Según los obispos de Buenos Aires—con su aprobación—es sencillamente “posible plantear que hacen el esfuerzo de vivir en continencia. Amoris Laetitia no ignora las dificultades de esta opción.”

Tal como la Congregación para la Doctrina de la Fe declaró de manera definitiva hace tan solo 18 años, durante el reinado del mismo Papa que usted canonizó: “si el matrimonio precedente de unos fieles divorciados y vueltos a casar era válido, en ninguna circunstancia su nueva unión puede considerarse conformé al derecho; por tanto, por motivos intrínsecos, es imposible que reciban los sacramentos. La conciencia de cada uno está vinculada, sin excepción, a esta norma.” Esta es la enseñanza inmutable de la Iglesia católica desde hace dos mil años.

Más aún, ningún sacerdote parroquial o incluso obispo tiene el poder de honrar en el “foro interno” la afirmación de una persona viviendo en adulterio que dice que según su “consciencia” su matrimonio sacramental era en realidad inválido, porque como advirtió la CDF, “el matrimonio tiene esencialmente un carácter público-eclesial y está regido por el principio fundamental nemo iudex in propria causa («nadie es juez en causa propia»). Por eso, si unos fíeles divorciados y vueltos a casar consideran que es inválido su matrimonio anterior, están obligados a dirigirse al tribunal eclesiástico competente, que deberá examinar objetivamente el problema y aplicar todas las posibilidades jurídicas disponibles”.

Habiendo reducido a una opción una norma moral que no aceptaba excepciones, enraizada en la revelación divina, los obispos de Buenos Aires, citando a Amoris como única autoridad en 2000 años de enseñanzas en la Iglesia, luego declaran: “En otras circunstancias más complejas, y cuando no se pudo obtener una declaración de nulidad, la opción mencionada puede no ser de hecho factible.” Una norma moral universal queda relegada a la categoría de una mera guía a ser ignorada si el sacerdote local la considera “no factible” bajo ciertas “circunstancias complejas” indefinidas. ¿Cuáles son exactamente estas “circunstancias complejas” y qué tiene que ver la “complejidad” con las normas morales que no contemplan excepciones y están fundadas en la revelación?

Finalmente, los obispos llegan a la espantosa conclusión que usted había planeado imponer sobre la Iglesia desde el comienzo del “viaje sinodal”:

No obstante, igualmente es posible un camino de discernimiento. Si se llega a reconocer que, en un caso concreto, hay limitaciones que atenúan la responsabilidad y la culpabilidad (cf. 301-302), particularmente cuando una persona considere que caería en una ulterior falta dañando a los hijos de la nueva unión, Amoris Laetítía abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía (cf. notas 336 y 351). Estos a su vez disponen a la persona a seguir madurando y creciendo con la fuerza de la gracia.

Con su elogio y aprobación, los obispos de Buenos Aires declaran por primera vez en la historia de la Iglesia que una indefinida clase de personas viviendo en adulterio pueden ser absueltas y recibir la comunión si bien permanecen en ese estado. Las consecuencias son catastróficas.

Por favor, oren por el Santo Padre.

*Christopher A. Ferrara es columnista jefe de “The Remnant”; Michael J. Matt es editor de “The Remnant” y John Vennari es editor de “Catholic Family News”.

 De Alerta Digital

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10 replies »

  1. Rudy, estos señores de Remnant, a pesar de todo lo que denuncian de bergoglio y lo siguen llamando “papa”, “santo padre” y “santidad” es porque le tienen puesta una vela a Dios y otra al diablo.
    Lo mismo que Caponetto, Galat, la F$$PX, la falsa resistencia de Williamson y cia. denzinger bergoglio y muchos otros.

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    • Estimada María:

      Corríjame si me equivoco. Creo que en un segundo vídeo (aquél en contestación a la Conferencia Episcopal colombiana), el Sr. Galat menciona, al final de él, la “Cum ex apostolatus” para concluir la invalidez de la elección del Sr. Bergoglio como Papa. Parece pues que el Sr. Galat es muy meritorio, pues no resulta fácil llegar a esa conclusión tan prontamente. Mucho les está costando a los firmantes de la “corrección filial”, por ejemplo. Y a los de la FSSPX, Caponetto, etc., como usted, sabiamente, dice.

      El Cardenal (?) Burke (esperanza de muchos) dice que la FSSPX debe unirse a la Iglesia que preside Bergoglio ya que son cismáticos. Y de hecho, como aceptan a Bergoglio como papa pero no le obedecen, son cismáticos (¡de una secta!: la conciliar). Pero Burke debe saber que Muller (=Bergoglio) exige a la FSSPX, para su vuelta a la comunión con la Iglesia Bergogliana, que acepte “la profesión de fe de Juan Pablo II”. ¿Qué profesión de fe es esta? Es simplemente el Credo (que alguien me corrija si no es así) con la siguiente modificación en sus versiones vernáculas (véase la página vaticana):

      en vez de “consubstancial” dice “de la misma naturaleza”. Esto es la herejía semiarriana (de nuevo, si algún teólogo me lee, que me ilustre al respecto).

      Concluyo que la ¡única! diferencia entre la profesión de fe de la Iglesia de siempre y la de Juan Pablo II es la aceptación de que o pueden existir al menos dos dioses o que Jesucristo no es Dios. Y aunque en la versión latina de la “la profesión de fe de Juan Pablo II” pone “consubstantialem Patri” (ver página vaticana) que traducen en las versiones vernáculas “de la misma naturaleza del Padre” es necesario concluir que este es el sentido que le da Juan Pablo II, en la mejor tradición modernista denunciada por SAN pío X en la Pascendi (decir una cosa en una página y la contraria en la siguiente).

      Por tanto, como Burke pide a la FSSPX unirse a la Iglesia Bergogliana, les pide de hecho que sean herejes.

      ¿Cómo es que Burke no lo ve? Creo que muchos sacerdotes de menos de 70 años han recibido formación modernista en los seminarios. Por eso la doctrina (la fe) no les importa. Sólo les interesa la moral (a los que todavía creen tener fe). ¿Burke es de estos? Eso parece, pues no reaccionó ante las herejías Ratzingerianas (que junto con Wojtyla y predecesores destrozó el dogma) y sí que reacciona ante la destrucción de la Moral que realiza con precisión científica Bergoglio (y posiblemente sus sucesores al frente de la Secta Conciliar).

      Lino

      PD. Yo soy de la misma naturaleza que mi hermano, pero soy consubstancial a él.

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  2. 1975 – Conjura judeo-masónica contra España

    En su brevísimo discurso-despedida en la plaza de Oriente, el Generalísimo Franco nos advierte de la “conjura judeo-masónica” para la destrucción de la Iglesia Católica y España.

    Etapa Final 2018: Constitución para el Estado Federal.Cuatro Naciones: Cataluña, País Vasco, Galicia y resto.

    De: BOLETÍN de INFORMACIÓN e INTELIGENCIA ESTRATÉGICA Vol. 4 No. 31 2a. quincena Septiembre de 2017

    http://www.catolicosalerta.com.ar/nuevo-orden2017/detras-del-separatismo-catalan.html

    http://argentinatoday.org/2017/10/04/israel-a-favor-de-la-ruptura-de-iraq-y-de-espana/

    NOVUS ORDO SECLORUM, o Nuevo Orden Mundial-RONCALLI, MONTINI, WOJTYLA, RATZINGER…BERGOGLIO.

    https://radiocristiandad.wordpress.com/2017/10/04/osko-en-el-mundo-post-katejon/

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  3. Para Lino:

    Fue una argucia deliberada traducir así el consubstantialis.

    Existiendo en español la palabra consustancial, que es tan llana y clara, poner “de la misma naturaleza”, es un atentado a la Fe. De la misma naturaleza y consustancial No es lo mismo. Y quien no dice lo mismo, no cree lo mismo.

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    • Completamente de acuerdo, Restauración Católica: no dan puntada sin hilo: muchas gracias.

      Quiero añadir algo de lo que me he percatado recientemente. En el “Misal Bíblico” del Padre Luis Ribera, C. M. F., Editorial Regina, Barcelona 21 Septiembre 1966, ya se dice “de la misma naturaleza que el Padre”. Nótese la fecha: 1966. Es muy interesante comparar las traducciones “en España, etc.” y “En México, etc.” que trae el Misal. Por ejemplo:

      En España, etc.: Y por nuestra causa fue crucificado (credo); en la tierra paz a los hombres que ama el Señor (gloria)

      frente a

      En México, etc.: Y fue crucificado por nosotros (credo); en la tierra paz a los hombres de buena voluntad (gloria).

      ¿No les parece que estos ejemplos y la FECHA merecen exhaustiva investigación?

      Lino

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  4. Lo que para nosotros es TAN OBVIO (La Sedevacancia) no lo es para los demás.

    Nos atrevemos a asegurar que es por malicia o mala fe?

    No creo en las malas intenciones de los que no ven como nosotros vemos, el peligro que significa, seguir nombrando Santos y Papas a los que vinieron a cambiarlo todo para destruir la fe, porque no creo tampoco que un catòlico juegue a “sabiendas” con su eternidad.

    Por ello, muy por el contrario de muchos en este foro, no veo como enemigos ni ajenos a la catolicidad, a los que siguen bajo el yugo del que se hace pasar por Papa católico, ya sea porque no escuchan lo que dice, o porque se los explican para que diga lo que no dijo, o a los que luchan por la tradición creyendo verdaderamente que los que están en el poder son “verdaderos” pontífices, aunque les niegan obediencia, veo si el peligro en que estan y lejos de odiarlos oro por ellos, como espero que ellos oren por nosotros.

    Esa es la ùnica posiciòn eficaz a los ojos de Dios que da la vista a los ciegos y salud a los enfermos. El odio intestino, entre los miembros del mismo Cuerpo Místico de Cristo, es UNA HERIDA MÀS QUE INFLIGIMOS A NUESTRO SALVADOR. Quien ya es MUY OFENDIDO,
    ¿¡COMO ES QUE NO LO VEMOS!?
    Si vamos a ser juzgados muy pronto como es que nos atrevemos?
    Recordemos las palabras de Nuestra Señora en Fátima:

    Virgen de Fátima: Oren mucho y hagan sacrificios por los pecadores. Son muchas almas que van al infierno porque no hay quien rece por ellas

    “Quieren ofrecer a Dios el soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviarles como reparación de los pecados con que Él es ofendido y de suplica por la conversión de los pecadores?” (13 de Mayo, 1917)

    “¡Hagan sacrificios por los pecadores y digan muchas veces, y especialmente cuando hagan un sacrificio: «Oh, Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María!»” (13 de Julio de 1917)

    “Han visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo les digo se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra terminará, pero si no dejan de ofender a Dios en el reinado de Pío XI comenzara otra peor”

    La receta para aliviar la ceguera de los que creemos que no ven, nos fue enseñada por Nuestra Señora. No es en base a dardos envenenados y a razgamientos de vestiduras como vamos a acercar a los otros a la Verdad, es mediante el SACRIFICIO, LA ORACIÓN Y LA PENITENCIA.
    .
    Ellos son católicos engañados por falsos pastores, y los otros que tambièn luchan por la tradición engañados o no sobre la aceptación como “papas”, de los mismos sujetos que le hacen la guerra, son nuestros HERMANOS EN CRISTO, también Ellos forman parte del Cuerpo Mìstico de Cristo y nos debemos unos a otros sentimientos de Caridad :

    Romanos 8:26Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; 27y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios.
    Efesios 6: 10 Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en el poder de su fuerza. 11 Revestíos con toda la armadura de Dios para que podáis estar firmes contra las insidias del diablo. 12 Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales. 13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. 14 Estad, pues, firmes, CEÑIDA VUESTRA CINTURA CON LA VERDAD, REVESTIDOS CON LA CORAZA DE LA JUSTICIA, 15 y calzados LOS PIES CON EL APRESTO DEL EVANGELIO DE LA PAZ; 16 en todo, tomando el escudo de la fe con el que podréis apagar todos los dardos encendidos del maligno. 17 Tomad también el YELMO DE LA SALVACION, y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. 18 CON TODA ORACIÒN Y SÙPLICA ORAD EN TODO TIEMPO EN EL ESPÍRITU, y así, VELAD CON TODA PERSEVERANCIA Y SÙPLICA POR TODOS LOS SANTOS; 19 y orad por mí, para que me sea dada palabra al abrir mi boca, a fin de dar a conocer sin temor el misterio del evangelio, 20 por el cual soy embajador en cadenas; que al proclamar lo hable con denuedo, como debo hablar.

    Filipenses 2: 2 poned el colmo a mi gozo, siendo de un mismo sentir, teniendo un mismo amor, un mismo espíritu, un mismo pensamiento. 3 No hagáis nada por emulación ni por vanagloria, sino con humilde corazón, considerando los unos a los otros como superiores2257, 4 no mirando cada uno por su propia ventaja, sino por la de los demás. 5 Tened en vuestros corazones los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús; 6 el cual, siendo su naturaleza la de Dios, no miró como botín
    el ser igual a Dios, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y hallándose en la condición de hombre 8 se humilló a sí mismo, hacièndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. 9 Por eso Dios le sobreensalzó y le dio el nombre que es sobre todo nombre, 10 para que toda rodilla en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra se doble en el nombre de Jesús, 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

    Muchos nos razgamos las vestiduras porque no ven lo que nosostros vemos, digo, pero ¿nos damos cuenta el lenguaje que empleamos?, ¿la manera en que nos dirijimos hacia nuestros hermanos?, ¿como nos burlamos de sus caidas y las traiciones de que son vìctimas por parte del clero apóstata? en que parte del cristianismo CABEN ACTITUDES ASÌ, eso no es parte de nuestra naturaleza de ser cristianos, en las lecturas anteriores se nos insta a orar unos por otros con los mismos sentimientos de Cristo,.

    Estamos concientes que pronto, seremos juzgados por el amor, tanto a los hermanos como a los paganos e incluso a NUESTROS ENEMIGOS.

    Que clase de Evangelio seguimos cuando nos alegramos del mal ajeno? acaso eso fuè lo que nos demostrò Nuestro Señor en la Cruz, o nuestra Santísima Madre al pie de la Crus, o es acaso eso lo que nos enseñaron los Santos, eso es parte de nuestra herencia, de nuestro ser Cristianos?

    ¿Quien nos asegura que somos los unicos que entienden como perseverar en la Fe en estos tiempos de Apostasìa?

    Desgraciadamente hay tela de donde cortar para entender aquella posiciòn. Tenemos por ejemplo el vaticinio del Padre Pìo que profetizó segùn cuentan, tanto el pontificado del Pablo VI y de Juan Pablo II, las profecìas de Garabandal dicen que habra 3 Papas más aunque no cuenta al que duró solo 33 días, (? ), Elena Patriarca Leonardi, Sor Elena Aiello estigmatizadas, no hacen alusiòn a ninguna impostura. Nosotros alegamos que si, que hubo fraudulencia en los Cònclaves desde 1958. Pero eso no nos da derecho alguno a volvernos contra los demás. Por si esto no fuera suficiente hay una aserciòn de Santa Catalina de Siena que me ha dejado perpleja y conturbada, la misma que puse hace no mucho aquí. Encima de ello existe una bula llamada “Si Papa”, que junto con lo dicho por la Santa nos deja MUCHO QUE PENSAR y no se vale obviarlo sino estudiarlo.

    Pero en definitiva, estamos en la cuerda floja, y DEBEMOS con TEMOR Y TEMBLOR, suplicar no solo por la salvaciòn de los otros SINO EMPEZAR POR NOSOTROS, pecadores miserables tanto como los demás, la situación actual solo la resuelve Dios, y nosotros estamos OBLIGADOS implorar por ello, no podemos restaurar nosotros todo lo que ellos han demolido, pero si podemos orar SIN DESCANSO, por ello y por la Salvaciòn de las almas incluyendo la de nuestros enemigos.

    Desgraciadamente el Diablo sabe bien como hacer su trabajo, PUES SI NO DIVIDE, no TRIUNFA. y entre las filas de los que pretenden permanecer fieles, ha devastado el ejercito dogmatizando sin tener el poder de las LLaves para hacerlo, y desacreditando a los que luchan por la misma causa, porque no “ven” lo que los otros “decimos ver”, y en estas diatribas perdemos nuestras energìas y nulificamos el ejercito que debería estar formado para la batalla.

    Pero alerta que el Señor nos dice: Mateo 12:25Y conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie.

    Lejos de ello nos alegramos de la desgracia de los que defienden la Fe desde su muy particular modo de enfrentar la situaciòn, en vez de dolernos con ellos y por ellos, EL AUMENTO de la INIQUIDAD a enfriado nuestra caridad.

    Considero absurdo como lo he dicho siempre el contender entre nosotros.

    OREMOS, la Victoria está ganada y desde hace mucho tiempo, PERO ALERTA, nuestras almas están en riezgo, porque hemos permitido que sentimientos muy ajenos a la Caridad se establezcan en nuestros corazones.

    Dios Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, restablezca nuestros corazones en la Verdadera Caridad.

    SAGRADO CORAZON DE JESÚS VENGA A NOSOTROS TU REINO
    Y VENGA POR MARÍA

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  5. Muchas gracias, Adri, por sus palabras que me han hecho mucho bien. Rezo y rezaré si Dios me ayuda por los que no ven lo que pasa. El mismo Señor dijo: “Cuando VEÁIS la abominación de la desolación en el lugar santo”, etc. Yo y otros la hemos visto y otros la verán en su momento: lleva ya ahí desde 1958 y yo sólo la empecé a vislumbrar en 2000 y sólo hacia 2014 empecé a convencerme de que la sede está vacante. Mientras tanto, rezar para que otros vean. Eso es lo que hago cuando hablo con amigos del tema. Es muy difícil aceptar la Sede vacante por muchas razones, como las que usted menciona y creo que es una gracia especial de Dios el llegar a verla.

    Lino

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