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EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA ES INFALIBLE


[A continuación el capítulo 7 de la Constitucion Dogmática Deus Ecclesiam aprobada por el Papa Pío IX pero que no llegó a ser sancionada y promulgada por el Concilio Vaticano primero y único de ese nombre, por las circunstancias bélicas conocidas]

El magisterio eclesiástico es infalible.

Capítulo séptimo.
Del magisterio eclesiástico.

A la manera que el mismo Hijo de Dios vino al mundo, a fin de dar testimonio a la verdad, [del mismo modo] quiso y obró, para que en su iglesia el testimonio, el conocimento y la confesión de la verdad nunca desfalleciera. Así, pues, trasmitió aquel perpetuo magisterio de todas las gentes a los apóstoles y a sus sucesores: «He aquí, dice, yo estoy con vosotros hasta la consumación de los siglos»[1], y ya sentado en lo más excelso a la derecha de Dios Padre envió al prometido Espíritu santo, «espíritu de Verdad desde los cielos para que con los mismos se conservara eternamente, aconsejando cada cosa que el mismo les había comunicado, «y enseñándoles toda verdad»[2]. Por lo cual, el Apóstol testimonia que ha sido dado a los pastores y doctores, «para que ya no seamos niños fluctuantes y llevados a la deriva por todo viento de doctrina, al antojo de la humana malicia, de la astucia que conduce engañosamente al error».[3]

Ahora bien, este excelso don, por el cual «la iglesia es columna y firmamento de la verdad»[4], definimos que fue puesto en este oficio [in eo], y que ni cuando todos los fieles crean, ni ellos mismos, fueron dotados de la potestad de enseñar a toda la iglesia, ya que cuando ejercen este oficio pueden caer en el error. Por consiguiente, cualquier cosa que se tenga o se enseñe en materias de fe y de costumbres en todas partes por los obispos que se adhieran a la sede apostólica, han de ser tenidas como indudables, e igualmente que las materias ora de los mismos obispos, con acceso a la confirmación del Romano Pontífice, ora del mismo Romano pontífice cuando habla ex-cathedra definiendo cosas que deben ser sostenidas y enseñadas por todos, han de ser tenidas infaliblemente por verdaderas. [N. Aquí da una espléndida definición de la palabra ex-cathedra con que se significan las definiciones del Pontífice obligando a toda la Iglesia, para lo que no es preciso solemnidad alguna, ni tampoco  la explicitación del hecho.]

Ahora bien, Dios no sólo hizo a la iglesia como maestra fidelísima de la verdad, sino que previéndola y previéndose que la fe fuera recibida por todos, le confió la autoridad sobre los entendimientos. En efecto, a sus discípulos, a los cuales escogió como los primeros anunciadores de su reino para Judea, les dice: «El que, a vosotros os oye, a mí me oye, y el que a vosotros os desecha a mí me desecha».[5] También, a los Apóstoles les encomendó [la tarea de] que enseñaran a todos los pueblos, añadiendo: «El que no creyera se condenará».[6] De ahí, el gran doctor de los gentiles, se gloría en el Señor cuando dice: «pues las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas por Dios para derribar fortalezas, destruyendo consejos, y toda altanería que se levante contra la ciencia de Dios y doblegando todo pensamiento a la obediencia de Cristo».[7]

La Iglesia, a la cual le ha sido confiado por Dios la autoridad sobre los entendimientos, sabe ciertamente en cualquier tiempo, que cualquiera que no le escuchare ora cuando propone cosas verdaderas, ora cuando condena cosas falsas, se separa de la unidad de su cuerpo y debe ser tenido por todos como gentil y publicano.

Ahora bien, hay dos cosas particulares de la infalibilidad que han de distinguirse, la primera la cual se atribuye a la Iglesia por la asistencia del divino Espíritu y la otra por el carisma de la inspiración, tota eo spectat, así la iglesia según el consejo del Apóstol es la que custodia el buen depósito[8], una doctrina de fe y de costumbres que es transmitida divinamente, preservada de toda novedad profana[9] y corrupción, y que en cualquier ocasión muy oportuna declara cosas fructíferas, y también las defiende contra las oposiciones de las falsos nombres de ciencia. Consiguientemente, aunque el magisterio eclesiástico propiamente y principalmente se desarrolle en la misma palabra escrita y transmitida de Dios; sin embargo, es necesario que también se extienda a todas las [demás] cosas, sobre las cuales, se exceptúa la sentencia que no podrá ser ejercida aquella custodia en el depósito divino. Pero, esta custodia ampliamente se extiende al supremo oficio de enseñar a la iglesia, tan ampliamente se extiende este don divino, que no permite que falle cuando enseña. Por esta razón, debe ser condenada la opinión de aquellos, que afirmen que no debe de asentirse de entendimiento a [algunas] definiciones de la iglesia, porque lo que determina acerca de [algunas] materias no se contienen por sí mismas en el depósito de la revelación o la sentencia que ciertamente obliga por autoridad, sin embargo, declaran que no es doctrina revelada divinamente.

Notas de pie de página:
1. Matth. XXVIII, 20.
2. Cf. Ioan. XIV, 16, 17; XXVI, 16, 13.
3. Eph. IV. 14.
4. 1 Timoth. III, 15.
5. Luc. X, 16.
6. Marc. XVI, 16.
7. II Cor. X, 4-5.
8. II Tim. I, 13.
9. Cf. I Tim. VI, 20.

CÁNONES SOBRE EL CAPÍTULO VII

CANON 1: Si alguno dijere, que la iglesia de Cristo puede apartarse de la verdadera fe ya sea creyendo, ya sea enseñando, o que ciertamente en las demás materias, las cuales se contengan por sí mismas en la palabra de Dios, [no]está en ellas inmune del error; sea excomulgado.
CANON 2: Si alguno dijere, que es lícito enseñar o sentir sobre alguna opinión proscrita por la iglesia, contra la que la iglesia haya decretado; sea excomulgado.
O bien: Si alguno dijere, que la iglesia puede fallar, cuando censura opiniones pravas o proscribe las herejías sin alguna señalada nota inferior; sea excomulgado.

ORIGINAL LATINO: MANSI, Sacrorum conciliorum Nova et Amplissima collectio, tomo LIII, pp. 312-313 (caput VII) y p. 316 (canones)

Citas bíblicas:
https://archive.org/details/SagradaBibliaMonsStraubinger.BibliaCompletaPDF

De Deus Ecclesiam

 

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4 replies »

  1. No extraña que el Concilio Vaticano haya sido forzosamente suspendido por ingerencia de la masonería.

    Tampoco extraña que por “diversas razones” nunca se haya reanudado para tratar estos importantísimos asuntos. Mientras tanto, un falso sentido restricto de la infalibilidad iba avanzando. La infiltración masónica también, hasta llegar a la cúspide y falsear una nueva religión.

    Ni que, propiamente, jamás se haya reanudado, porque esta es una prueba adicional de la engañifa miserable que constituyó la proclamación del “VII”.

    La observación que se realiza antes de los Cánones explicita y rechaza la miserable opinión de los “reconocedores y resistidores”, que eligen entre el supuesto magisterio de un supuesto papa, para ver dónde está lo que conviene y dónde lo que no conviene.

    Por esto, Moimunan, ruego a Dios que prontamente se realice un verdadero Concilio integrado por Padres legítimos de la Santa Iglesia Católica in desertum y sin comunión con Babilonia la Grande. Este Concilio, en ausencia de Pontífice legítimo, tendría la potestad extraordinaria de o bien elegir un Pontífice por sí mismo, o bien designar un Cónclave que así lo haga. Con el propósito de tratar y continuar la temática del Concilio Vaticano, y de realizar los Cánones sobre la Infalibilidad y otros temas que hubieren quedado pendientes, pero además es urgente la necesidad de realizar los Cánones para la condena de las falsas doctrinas conciliares, el modernismo en todas sus vertientes, y efectuar las excomuniones que correspondan. Sin duda que el Concilio no tendrá validez a menos que sea promulgado por un Pontífice legítimo, por lo cual el primer punto es esta designación.

    Un Concilio extraordinario de esta importancia debe ser cuidadosamente preparado y proclamado como tal. La Santa Iglesia Católica debe ser una lámpara que se pone sobre la mesa. Creo que este es el error que se ha cometido: se reunieron algunos de buena voluntad para proclamar un Pontífice, que al poco tiempo renunció, o que no se supo más de él, o que en realidad era también falso. Es preciso reanudar lo que el demonio logró dejar en suspenso. No tenemos un detector para saber cuándo cesa y se extingue el período que Dios le concede al demonio para obrar sus maldades antes de ser apresado de nuevo. No tenemos la seguridad de que estos sean los días finales, y no un período de prueba extrema que será seguido de una modesta pero luminosa Restauración. Debemos actuar en Fe, viendo como en sombras, y apegándonos a lo doctrinalmente cierto.

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    • 2Tes2:7-8 “Porque el ministerio de la impiedad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su venida”.

      Dado que lo anterior tiene que suceder, no parece que se deba ahora buscar la elección de un verdadero pontifice desde el desierto por la Iglesia remanente, por el momento no, al menos hasta que haya un confirmación de cielo.

      La solución que Dios va a enviar, será en similitud a cuando Moisés y Aarón fueron enviados al faraón (figura del gobierno mundial, muy alejado y olvidado de su comienzo, porque en el comienzo el faraón aceptó a José(figura de Jesucristo, que preservó el pan en Egipto (figura del mundo) y que el pueblo de Israel, hermanos de José, en un principio gozó de privilegios) , donde el pueblo de Dios (figura de la Iglesia) fue llevado al desierto. Esa similitud se vislumbra en el apocalipsis, en la llegada de los dos testigos y que la iglesia será llevada al desierto dónde será alimentada durante 1260 días. Qué no suceda en el desierto nuevamente aquello de andarse quejando por qué no hay comida o que no hay agua y mucho menos lo de hacer becerros de oro!

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    • Solo quisiera adelantar que el Santo Padre Pío IX tuvo la oportunidad de continuarlo en otro lugar que no sea Roma. Sin embargo, dicha posibilidad fue aparcada, puesto que no solo se trataba de un simple conflicto bélico, como sucedió en un tiempo anterior, en el Concilio de Trento, sino por una gran conspiración obrada desde que comenzó el Concilio Vaticano I.

      Por lo que, se suspendió hasta el día en que pudiera llegar la paz y la libertad a la Iglesia. En la época de s.s Pío XII, la Iglesia contaba con su independencia (Pactos de Letrán) y la paz fue uno de los objetos y fines de aquel pontificado de 2 décadas.
      En aquel, momento Pío XII expresó su intención de reanudar el Vaticano I, para ello, consultó a unas comisiones preparatorias la posibilidad de reanudar tal actividad, sin embargo, recibió una respuesta negativa. El Papa Pío XII, en el año 1958, y con la publicación del Tercer Secreto de Fátima, habría podido tener un motivo capital, para reanudar el Vaticano I, pues se anunciaba el peligro de una apostasía inminente. Y efectivamente,

      Es necesario, recordar y tomar en cuenta, que el Vaticano I fue clausurado no por Pío IX, sino por Juan XXIII, a los tres meses de su elección. Y asimismo, que Pío IX declara como nulo e írrito todo acción que atentare contra lo establecido en Postquam Dei munere. Y si pudiéramos probar, con las observaciones, anotaciones, y sobre todo los capitulos examinados de esa constitución, junto a la reforma en la disciplina eclesiástica, amplia por cierto, sería claro que la invalidez y nulidad de Lumen Gentium sería evidente. Puesto que allí, se contiene la doctrina expuesta sobre la eclesiología, que se une a la Pastor Aeternus, y que ciertamente define la doctrina y condena los errores opuestos…

      E

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