ALL POSTS

ODA A LA ÚLTIMA SANTA MISA, MISTERIO DE AMOR


[Afortunadanente, no fue la “última “ Santa Misa en todo el mundo, la que celebró el P. Maurice Avril, anciano sacerdote francés, en 2012. Todavia se celebra, incluso diariamente aunque con incidencias, como sucede en nuestro Oratorio. Hay misas en las catacumbas de San Pío V. Su belleza, su profunda teología católica resuena en nuestros altares, como lo hace en el Credo católico : Credo in Unum Deum.

El articulo está pleno de lirismo y nos recuerda la profecia de Daniel referida a nuestros días: Cesará el Sacrificio Perpetuo y esto será la abominación de la desolación en el lugar Santo.

Nosotros comprobamos que nuestro mundo es cada vez más abominable, las perversiones campan libremente y los castigos se multiplican como últimos avisos de la Misericordia Divina.

Unos pocos que quizás iremos muriendo, aunque en nuestro pecho albergamos el deseo de poder cantar pronto el Nunc Dimitis, cada dia proclamamos el “Gloria a Dios”, en nuestra Misa doméstica, y somos conscientes de la naturaleza apocalíptica de nuestros días, y el trabajo glorioso que Dios nos encomienda, que si pudiera ser posible causaría envidia a los bienaventurados.]

 

Esta noche como cada domingo, la Santa Misa se desarrollaba en las Catacumbas de San Pío V. Pero esta vez, era más solemne, luces más brillantes, flores más abundantes y un gran rio de velas coronando el Altar, nubes de incienso impregnando las bóvedas, mientras que los ecos de himnos y cánticos vibraban hasta el fondo de las galerías.

Era la última Misa, inclusive la última de las Misas en todo el universo; ofrecida por los últimos fieles, que además eran los últimos sobrevivientes de la Tradición que habían podido reagruparse, todos inválidos a medias, pero siempre igual de intrépidos, obstinadamente unidos a su último Misal.

El sacerdote, el pobre sacerdote, y aún el último de los sacerdotes de todo el universo, avanzaba en su silla de ruedas.

Sin edad, sin nombre, era hermoso, era sacerdote.

Sin pasado, sin fuerza, era hermoso, era tan hermoso… simplemente era un sacerdote.

El “Introibo ad altare Dei” era un murmullo,

El “Ad Deum qui laetifîcat juventutem meam”, entre los fieles también era un murmullo.

Pero lo que se murmuraba era tan grandioso…Nuestro Dios Eterno es un Dios de juventud eterna, también para el último de los sacerdotes. Nuestro Dios de juventud es un Dios de alegría también para los últimos fieles, y esta alegría resonaba orgullosamente en las bóvedas y galerías, incluso en esta Misa que era también la última.

La gran pregunta: ¿Cómo habíamos podido llegar a esto, sólo un último sacerdote y unos cuantos fieles?

Y por lo tanto, desde la agresión satánica contra la Santa Misa, aquello que estaba en toda su verdad era “la abominación de la desolación “, el Dios de los ejércitos había suscitado a una legión de combatientes, decididos, generosos, esclarecidos, unidos. La victoria no dejaba dudas.

Esto era sin tener en cuenta por desgracia los engaños, las trampas, las celadas del maligno, no menos que la debilidad, la malicia, la ambición de los humanos.

Las compuertas de los arreglos se abrieron ampliamente y numerosos, muy numerosos, vergonzosamente numerosos, estos primero, luego aquéllos, luego los otros y aún más, se iban, ¿Es esto posible? ¡Debo soñar!

El pobre celebrante había llegado al sermón: Era un murmullo, que penetraba intensamente en  los corazones están abiertos.

“La Luz ya no está entre vosotros más que por un poco de tiempo; caminad, mientras tengáis la Luz, para que las tinieblas no os sorprendan; porque aquél que camina en las tinieblas no sabe a dónde va” (San Juan 12, 35)

Mis queridos hermanos:

Incorporados a Cristo, Luz, vosotros tenéis la Luz brillante. Animados por el Espíritu Santo, vosotros tenéis la fuerza para no dejaros sorprender.

Continuad caminando en la Luz hasta el fin, vosotros permaneceréis hijos de la Luz.

Hay que saber reconocer, que el problema fue entonces muy claro y en consecuencia muy simple.

Ese famoso concilio (Vaticano II), desde la primera sesión lo anulaba un vicio de procedimiento. Anulado, ya no había más que hablar.

En ese concilio, los textos preparados fueron reemplazados por una carta masónica, que lo invalidó. Así pues, ya no hay más que hablar, todavía mucho menos tenerlo en cuenta.

Ese concilio enseñó tantos errores condenados por los Papas anteriores! [véase en este blog 202 herejías del Concilio Vaticano IIEs un concilio de errores. Ahora bien la Verdad es íntegra, ese concilio es el error íntegro, y la cloaca colectora de todos los errores.

Desde el comienzo, el concilio se debió haber denunciado abierta y fuertemente: rechazarlo, condenarlo, combatirlo; tanto el concilio como sus aplicaciones y su espíritu. Nunca jamás hablar de él. ¡Qué podría ser más falso, más peligroso, más ridículo que hacer su autopsia, desgajarlo, corregirlo, utilizar todo tipo de anteojos, de microscopios, de otros instrumentos ópticos para concluir que se pueden ver sus tinieblas a la Luz de la Tradición y sus errores bajo el aspecto de la verdad! Rápido, la camisa de fuerza.

Resumamos: el concilio es el pecado por excelencia contra el Espíritu.

Mis queridos hermanos.

Todo lo demás debía seguirse; por consiguiente, todo lo demás debía denunciarse, rechazarse, condenarse y combatirse.

La Iglesia, ocupada,  vacía de Fe Católica y cargada de errores, no era más la Iglesia de Cristo sino la iglesia del diablo, la secta conciliar apóstata: Verdaderamente nosotros no tenemos nada que ver con ella, es claro.

La Santa Iglesia de Cristo, ella, una, santa, católica, apostólica y romana, estaba eclipsada. Su parte visible está eclipsada, con toda certeza,  está eclipsada.

La Santísima Virgen fue muy precisa: Es Roma, y no la Iglesia la que ha perdido la Fe, y se ha convertido en la sede del anticristo. Por eso nosotros realmente no tenemos nada en común con esta Roma “que ya no está en Roma”, ni con los jefes conciliares de la secta conciliar. Eso es clarísimo.

En cuanto a lo que llaman la “nueva misa”, mis queridos hermanos, por qué tanta agitación, discusiones, tantas obras, estudios, etc… Ella no es, no quiere ser la Misa, punto y es todo.

La Santa Misa, ¡oh maravilla!, es la expresión ritual de la Fe Católica en toda su Integridad. Ella es Cristo en todo su Misterio de Amor, salvarnos para hacernos participar de la vida divina del Hombre-Dios.

Incorporados a Cristo, Él vive en nosotros y nosotros vivimos con Él todas las etapas de su Misterio de Amor. Si nada es tan grande como Jesucristo, nada en Él es tan grande como la Santa Misa, su Misa. La Misa es lo  primero y lo mayor, lo esencial y lo doctrinal. Qué gracia para este período, de haber podido sondear las insondables riquezas de la Santa Misa, decidir llevar la vida en un estado de Misa, adoptar la espiritualidad de la Santa Misa.

Por el contrario, qué ignominia haber tomado en serio este sortilegio sacrílego del “motu propio” [de Ratzinger], igual que esas autorizaciones viscosas de poder celebrarla canonizando a la vez esa misa “bastarda”. ¡Id pronto a purificaros de esta ignominia! 

Y si venimos a este baile de cortesanos que duró dos años entre bambalinas; ni los partidarios del soberano, ni los otros podían tener éxito en el juego escénico de los contrarios. Era un ballet sobre hielo. Pero durante este juego de engaños, ya no se combatía más que con mano blanda. Los pobres fieles, dando tumbos en la noche, perdían todos sus ánimos tradicionalistas. El regio barco de la Tradición se inclinaba mucho hacia la izquierda. ¡El naufragio era fatal! ¡Hey, pronto! Los botes de salvamento al mar. Amén.

Credo in unum Deum

A pesar de las voces moribundas, este último Credo hacía vibrar las catacumbas.

Y la Misa, la última Misa, continuaba. La campanilla sonaba más aguda que nunca. Y el Sacerdote lentamente elevaba tan alto como él podía la Santa Hostia, pura, inmaculada, Dios de Dios, Rey de Reyes, Señor de los Señores. Espontáneamente los piadosos fieles habían entonado el canto lejano de su Primera Comunión:

    “¡He aquí, el Cordero tan Dulce,  
    el Verdadero Pan de Ángeles,  
    del Cielo bajó para nosotros.  
    Adorémosle todos!”

Emoción renovada: Una última vez, aquí están en la Santa Mesa para su última Comunión, quizás la última de las últimas; sus manos se apretaban muy fuerte sobre el pecho.

Entonces el Sacerdote purificaba el último Copón inmensamente vacío, cerraba el último Tabernáculo inmensamente desierto, daba a sus fieles su última Bendición, la de una última Misa.

El humo de las velas saturaba el Altar, ahora sólo, con sus efímeros remolinos.

Todavía una palabra, el Sacerdote quiere despedirse.

Mis muy amados hermanos:

“Mientras vosotros tengáis la Luz, creed en la Luz, para llegar a ser (para permanecer) hijos de la Luz”.

Fue despues de estas Palabras cuando Jesús se ocultó a los ojos de las multitudes del Templo. Él se había ocultado, Él, Jesús, ocultado a sus ojos. Pero Él debía volver. Jesús siempre vuelve, no deja de volver.

    Tened confianza, hasta su regreso.

    Tened confianza, los eclipses son sólo por un tiempo.

    Tened confianza, los intermezzos, al igual, duran sólo un poco.

Re menor primero, Re mayor estallando luego, pronto Él va a volver, 
es por nosotros que Él va a volver, escuchadle:  
“Sí, Yo vengo pronto”  
”Amén, ven Señor Jesús”  
 ”El Trono de Dios y del Cordero estará en la ciudad;  
sus servidores le rendirán Culto”  
Jesús volverá, todo volverá con Jesús, preparaos sin tardanza.

 

Introibo ad altare Dei.

 M.R.P. Maurice AVRIL  
 (Anciano Sacerdote Francés) 
Junio 2012


Visto en Católicos Alerta

1 reply »

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.