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[Es republicación]

[Mensaje de Sandro A. Aureliano]

Saludos cordiales.

He estado siguiendo los comentarios que atañen al post “SAN PEDRO SIGUE VIVIENDO Y PRESIDIENDO LA SEDE”, y a priori me inclino a sentir en conformidad con el comentarista “g”.

Sabemos que en la Alta Edad Media hubo varias variantes de los títulos Papales, como “Vicario de Pedro” (Vicarivs Petri), “Vicario del Príncipe de los Apóstoles” (Vicarivs Principis Apostolorum) o “Vicario de Sede Apostólica “(Vicarivs Soles Apostolica), entre otras variantes utilizadas para indicar que fueron ellos sucesores de San Pedro.

Tanto el título “Vicario de Pedro” (referente a la sucesión solo) y “Vicario de Cristo” se utilizó, se puede ver por el hecho de que a finales del siglo VIII, el juramento de fidelidad de San Bonifacio al Papa Gregorio II utiliza la primera, mientras que unas pocas décadas más tarde, el Papa Juan VIII (872-82) utiliza el segundo. El nombramiento del “Vicario de Cristo” por los papas fue de uso regular a partir del siglo XIII, debido a las reformas empleadas por el Papa Inocencio III.

El Concilio de Florencia en el “Decreto para los Griegos” (1439), in litteris unionis, designa al Papa como el “verdadero Vicario de Cristo,” el lenguaje repetido por el Concilio Vaticano I (1870), en la constitución apostólica dogmática “Pastor Aeternus”.

Pues bien:

¿Qué significa ser “Vicario”?

Vicario, ria. (Del lat. vicarĭus). adj. Que tiene las veces, poder y facultades de otra persona o la sustituye. U.t.c.S || vicario de Jesucristo. m. Uno de los títulos del Sumo Pontífice, como quien tiene las veces de Cristo en la Tierra. (Diccionario de la Real Academia Española)

De aquí se puede deducir que que “Vicario” es aquel que recibe, no que tiene como si fuera suyo, el poder y las faculdades de otro para ejercer en su nombre; como lo recibió San Pedro de Cristo.

Vea lo que dice el antiguo manual:

“Y no son los Pontifices Romanos Vicarios de San Pedro, sino Vicarios de IesuChristo bien nuestro. Lo primero, porque no administran, ni goviernan, ni tienen la jurisdicción de San Pedro, como própria de San Pedro, sino la de IesuChristo Señor nuestro; porque San Pedro, si el Señor no le huviera dado la jurisdicción, y encomendadosela graciosa, y libremente, no podia tener en la Iglesia alguma jurisdicción; y así como en él fue la jurisdicción, la Vicaria, la Dignidad, y la representación, toda de IesuChristo bien nuestro, y no suya; así aquella misma jurisdicción, que goviernan, y administran sus gloriosos sucessores, no es de San Pedro, sino del Salvador de las Almas IesuChristo bien nuestro: y si se dize la Cátedra de San Pedro, y la jurisdicción de San Pedro, y las llaves de San Pedro, es por la aplicación, y por la Excelencia de la representación, por ser el primer Pontifice, y el único, em quien se fundó el Pontificado, y no por propriedad, y domínio, porque esta Iglesia, estas llaves, esta jurisdicción, este poder, esta representación, esta Dignidad, toda es en la propriedad, y en el domínio de IesuChristo bien nuestro, que la compró con su sangre. Y su pasión dolorosa, y la encomendó a San Pedro; pero no son Vicarios de San Pedro, sino de IesuChristo nuestro Señor.” (Palafox y Mendoza, Juan, “Excelencias De San Pedro, Principe De Los Apóstoles, Vicario Universal De Jesuchristo Nuestro Bien”. Madrid 1659. p. 478).

El Romano Pontifice por institución Divina hace las veces de Cristo en su Iglesia visible; por eso es “Vicario de Cristo”, así pues no se puede llamar al Papa “Vicario del Padre Eterno”, porque no hace él las veces del Padre Eterno, ni tampoco “Vicario de Pedro” porque no hace el Papa las veces de Pedro, sino de Cristo.

6 thoughts on “EL PAPA, ¿VICARIO DE PEDRO O DE CRISTO?

  1. Aprecio mucho las intervenciones tanto de G como de Sandro A. Aureliano, porque nos ayudan a discernir en qué sentido se toma una expresión no unívoca, en este caso, el carácter vicarial del Papa.

    Como sucede muchas veces en las verdades e instituciones católicas, no hay oposición, de tal manera que no se da aquí el famoso “Aut, aut” una cosa o la otra, Vicario de Cristo o Vicario de Pedro, lo uno excluyendo necesariamente lo otro, sino “et, et” , una cosa y la otra, eso sí, tomando el término Vicario en dos acepciones diferentes y complementarias.

    Nuestro amigo Sandro nos da la definición siguiente de Vicario: “Vicario, ria. (Del lat. vicarĭus). adj. Que tiene las veces, poder y facultades de otra persona o la sustituye. U.t.c.S”

    Si la aplicamos a la locución Vicario de Cristo, salta a los ojos que sólo puede ser aplicada de forma análoga e incompleta, porque el Papa no sustituye a Cristo, no tiene las mismas facultades y poderes de Cristo, sino que le es inferior, le debe cuentas, y nunca puede ser definido como sucesor de Cristo.

    Ahora bien, si aplicamos la definición a la locución Vicario de Pedro, vemos que cuadra mucho mejor, puesto que efectivamente, hace las veces en todo, tiene las mismas facultades y poderes que el Apóstol ejerció aquí en la tierra, y a todos los efectos, se puede decir que lo sustituye y es su sucesor verdadero y propio.

    Una y otra acepción no son contradictorias, porque no se aplican al mismo objeto. En el primer caso, a Cristo, en el segundo, a Pedro.

    Por esa razón todo católico tiene obligación de confesar ambas vicarías, cada una según su sentido propio, sin confundir una con otra, ni dividirlas tampoco, “inconfuse et indivise”, según la fórmula de Calcedonia.

    Dicho esto, nos queda sacar alguna conclusión:

    En primer lugar, lo afirmado más arriba acerca del Papa como Vicario de Pedro implica que un Papa en acto no es inferior en potestad al mismo San Pedro, contra lo que algunos subversivos, como los jansenistas, pretendían, y contra lo cuál reaccionaron los teólogos reseñados por nuestro amigo G. Por ello, nunca el Apóstol intervino para rectificar o reformar los actos de un Papa en acto, por desafortunados que fueran. En el caso que veíamos de la vida de san Pedro Crisólogo, San Pedro se aparece al Papa del momento, y le aconseja que no consagre al elegido por los de Rávena, sino al humilde Pedro el diácono, si el Papa no hubiera hecho caso, y hubiese seguido con su primera intención, ni siquiera San Pedro hubiera tenido el poder para reformar el acto del Papa, y obligarlo a consagrar al futuro san Pedro Crisólogo.

    Ahora bien, ¿Qué sucede cuando no hay Papa? Que los derechos pontificios vuelven a su origen, es decir, a Pedro, hasta que los cardenales seleccionan al Papa que debe heredarlos, y justo después de su aceptación, el elegido recibe de manos de Pedro las llaves, y es desde ese mismo momento sucesor suyo y Vicario de Cristo.

    Con esto quiero decir que San Pedro, ejerciendo los derechos de Papa perpetuo que él tiene por concesión de Cristo, y que en Sede Vacante, reposan totalmente en sus manos, puede, sin violar los derechos que normalmente tendría un Papa en acto, designar e instituir a un Papa, al que entregar los poderes pontificios, las llaves de Pedro.

    En segundo lugar, el mismo San Pedro designó a sus dos primeros sucesores, San Lino y San Cleto, y lo hizo en virtud de su derecho soberano, que siempre permanece vigente.

    Para infirmar nuestra conclusión principal, tendrían que probar que el Apóstol San Pedro perdió los derechos concedidos por Cristo, de manera tan completa que no conserva en la Iglesia y especialmente en la Sede Romana más que una autoridad puramente moral, y en modo alguno jurídica, y creo que eso no se compadecería con el modo que los mismos Papas comprendieron y explicaron su relación con el Apóstol San Pedro.

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  2. Estimado Sandro A. Aureliano:
    Muchas gracias por su comentario que es una gran aportación al debate que se está manteniendo en el blog sobre la conveniencia o no de utilizar para el papa el término de “Vicario de Pedro”.
    Ud. se decanta por uno de los extremos aportados por G, que declara que el Papa es en realidad Vicario de Cristo y no de Pedro, para lo que ha aportado algunos textos de teólogos.
    Yo disiento con Ud. en que los dos términos de la alternativa sean excluyentes, cosa que parece deducirse de su intervención.

    Ud. mismo aporta en su escrito una breve relación que dice:
    Sabemos que en la Alta Edad Media hubo varias variantes de los títulos Papales, como “Vicario de Pedro” (Vicarivs Petri), “Vicario del Príncipe de los Apóstoles” (Vicarivs Principis Apostolorum) o “Vicario de Sede Apostólica “(Vicarivs Soles Apostolica), entre otras variantes utilizadas para indicar que fueron ellos sucesores de San Pedro.

    Y añade:

    Tanto el título “Vicario de Pedro” (referente a la sucesión solo) y “Vicario de Cristo” se utilizó, se puede ver por el hecho de que a finales del siglo VIII, el juramento de fidelidad de San Bonifacio al Papa Gregorio II utiliza la primera, mientras que unas pocas décadas más tarde, el Papa Juan VIII (872-82) utiliza el segundo. El nombramiento del “Vicario de Cristo” por los papas fue de uso regular a partir del siglo XIII, debido a las reformas empleadas por el Papa Inocencio III.

    Ello demuestro que el uso del término “Vicario de Pedro” fue utilizado incluso contemporáneamente con el de Vicario de Cristo. No creo que Ud. califique de “tremendo error” el cometido por los papas que utilizaron el término. Aunque se refiriera solamente a la “sucesión” yo no creo que lo hubieran utilizado “impropiamente”. El “sucesor” de un gobernante deja absolutamente sin atribuciones a su predecesor, que pasa a ocupar el cargo meramente honorífico de “emérito”. ¿Pero éste es el caso de San Pedro con respecto a los papas en ejercicio? Veamos:
    San Pedro Crisólogo, doctor de la Iglesia, que había sido elegido obispo de Ravenna, siendo un simple diácono de la comitiva de los ravennenses que querían ver confirmada la elección del candidato, gracias a una intervención en sueños de San Pedro, dada al papa Sixto III, declaró más tarde “el juicio definitivo, tanto en materia doctrinal como disciplinaria, le corresponde al Romano Pontífice, porque “en su persona es siempre el Apóstol Pedro quien sobrevive y preside para ofrecer la Verdad de la Fe a cuantos la busquen”. Como se sabe fue dicho a propósito de su disputa con el heresiarca Eutiques, afecto a la herejía monofisita.
    La cita está totalmente en línea con la mentalidad sobre la “infalibilidad pontificia” de la que hizo gala San León I. En efecto de éste se escribiría:

    San León I el Grande (440 – 461) dejaba entender que San Pedro vivía y enseñaba por la boca de sus sucesores: “El bienaventurado Pedro, conservando siempre esta consistencia de piedra que el recibió, no ha abandonado el gobierno de la Iglesia (…) Si nosotros hacemos alguna cosa buena, si nosotros penetramos con precisión en las cuestiones, (…) es la obra, es el mérito de aquél cuyo poder vive y cuya autoridad manda en su Sede” (In anniversario assumptionis suae, sermón 3). Pedro y sus sucesores estaban asegurados de una rectitud doctrinal inquebrantable: “El Mesías es anunciado como debiendo ser la piedra elegida, angular, fundamental (Isaías XXVIII,16). Es en efecto este propio nombre que Jesús da a Simón, como si le dijera: “Yo soy la piedra inviolable, la piedra angular, que reúne en uno dos cosas; yo soy el fundamento al cual nadie puede substituir; mas tú también, tú eres piedra, pues mi fuerza deviene el principio de tu solidez, de suerte que lo que me era propio y personal de mi poder, te deviene común conmigo por participación. (In anniversario Assunptionis suae, sermón (4).Este papa dice todavía: “En el curso de tantos siglos, ninguna herejía podía manchar a aquéllos que estaban sentados en la cátedra de Pedro, pues es el Espíritu Santo quién les enseña” (Sermón 98). Los Padres del concilio de Calcedonia declararon formalmente sobre San León: “Dios, en su providencia, ha elegido, en la persona del pontífice romano un atleta invencible, impenetrable a cualquier error, el que viene de exponer la verdad con la última evidencia”.

    ¿Alguien se atreverá a insinuar del formidable atleta de Cristo y doctor de la infalibilidad pontificia, el haber enunciado el error al decir que San Pedro vivía y enseñaba por la boca de sus sucesores? ¿Y que es esto sino tenerlos como vicarios por quienes habla por su boca?
    Si el doctor de la iglesia, nombrado así por el papa Benedicto XIII (¿desconocía este papa su “error” cuando habló de San Pedro “viviendo y presidiendo en la persona de los papas? “Absit a me” el pensar así. San Pedro Crisólogo se refería a Pedro al decir que “el juicio definitivo, tanto en materia doctrinal como disciplinaria, le corresponde al Romano Pontífice, porque “en su persona es siempre el Apóstol Pedro quien sebrevive y preside para ofrecer la Verdad de la Fe a cuantos la busquen</strong>”. ¿Acaso éste es el cometido de un “papa emérito” y despojado ya de su poder y cargo por su sucesor?
    Pero viniendo a la figura de la inmortal figura de San León I, -muy conocido por el relato de que en el año 451 tuvo el enfrentamiento con los hunos de Atila, (Batalla de los Campos Cataláunicos) y su famosa intervención evitando que el Huno marchara sobre Roma- hay que recordarlo también por ser el autor de la Epístola Dogmática a Flaviano”. Como se sabe es uno de los grandes monumentos del Magisterio papal. Ella dirimió la dura batalla que estuvo a punto de perderse sobre la “doble naturaleza de Cristo”. De hecho se perdió en el llamado “sínodo de Éfeso” (al que el papa llamó el “latrocinio de Éfeso”. El emperador Teodosio II con la ayuda del Patriarca de Alejandría, el herético Eutiques, consiguió reunir el Sínodo y logró su aprobación. Provindecialmente gracias a la emperatriz Pulqueria que con su marido el emperador Marciano, sucedieron a Teodosio, promovieron el Concilio de Calcedonia, que fue presidido por el Patriarca de Constantinopla, Anatolio -que sucedió a del patriarca mártir de la “doble naturaleza de CristoFlaviano– de consuno con los legados pontificios de San León, al que acudieron 600 obispos, de los cuales solamente dos, del Imperio de Occidente. Fue uno de los momentos estelares de la Iglesia Católica. Sin ese concilio la Iglesia Católica estaría alineada con la Iglesia Copta y otras orientales, profesando la herejía de Eutiques: Cristo sólo Dios, sin naturaleza humana, sin ser “verdadero Dios y verdaderamente hombre“, y María por consiguiente no sería ya invocada como la Theotocos” la Madre de Dios. Esa es la herejía monofisita.
    Lo anterior viene como introducción al hecho de que fue en ese concilio, cuando se leyera “la Epístola a Flaviano“, lo que motivó que los seiscientos obispos ante el Patriarca Anatolio y los legados de San León I, puestos en pie de consuno profirieron aquella aclamación que ha pasado a estar inmortalizada en la Iglesia Católica: PEDRO HA HABLADO POR BOCA DE LEÓN.

    Yo creo que además de la declaración dogmática de la doble naturaleza de Cristo, fue una proclamación de la idea del Doctor de la Iglesia San Pedro Crisólogo “Pedro sobrevive y preside la Iglesia en la persona del Romano Pontífice”
    Parafreseando a otro papa homónimo, San León II, ¿Alguien será tan loco como para afirmar que la oración del Omnipotente ‘Yo he rogado por ti’ etc…sea ineficaz para que proclames la Verdad indefectiblemente, bien por ti en tu corta existencia, bien por tus sucesores por ‘cuya boca hables y en cuyas personas presidas y sobrevivas’?”.
    ¿A qué sucesor de un gobernante se le ha prometido tal cosa? ¿Es ser un ‘emérito? arrumbado, como lo vemos en nuestros días, lo que conviene al glorioso San Pedro?

    Afirmamos que los papas legítimos son verdaderos Vicarios de Cristo a quienes conviene la promesa hecha a San Pedro acerca de su indefectibilidad e infalibilidad, pero esto lo tienen a título de ‘sucesores’ sentados en la Sede del bienaventurado Pedro, que por ser ya bienaventurado no se interrelaciona con nosotros en el mundo visible, pero que sin embargo sigue gozando primariamente de las promesas de Cristo como Cabeza y Roca, bien que subordinado y como reflejo de la Piedra (‘y la Piedra era Cristo’ verdadera piedra angular sobre la que se sobeedifica el ministerio apostólico) y Cabeza (de su Cuerpo Místico), que transfiere sin perderlas, las promesas hechas a los papas legítimos reinantes. Son estos Vicarios de Cristo, bien que no iguales a Él, como tampoco lo fue San Pedro, pero también lo son de San Pedro, pero tampoco gozando de la igualdad con él, sino en todo beneficiándose de haber sido puestos por la Providencia en el lugar de su Sede, y sobre el sepulcro de su martirio. (No se ha de entender esto como si no pudieran accidentalmente desempeñar su cargo en otro lugar aunque elegidos por la jurisdicción del clero romano, los cardenales)

    Asi pues ¿VICARIOS DE CRISTO O DE PEDRO? Las dos cosas y la primera- Vicario de Cristo- a causa de la segunda, ya que a título de sucesores desempeñan su cargo por estar sentados en la Sede del bienaventurado Pedro, y siempre bajo su amorosa protección, que deriva del hecho de las promesas nunca caducadas ni relegadas, sobre su infalible palabra, su presidencia, su influjo, sus ruegos y oraciones. Así lo han reconocido muchos sucesores que han llevado con santo orgullo el título de “Vicarios de Pedro” y así lo ha reconocido la Iglesia, que reunida en uno de los más gloriosos concilios clamó, orgullosa de la progenie de su Jefe y Cabeza visible: HA HABLADO PEDRO POR BOCA DE LEÓN.

    Una aplicación práctica de lo anterior es que con más razón en tiempos de una vacancia prolongada, es de Pedro de quien debemos esperar una intervención suya, milagrosa o no, para resolver esa situación angustiosa. Y yo también digo, que si no hubiera varias profecías de santos canonizados que así lo sugieren, en particular de las Beatas Isabel Canori Mora, y Ana María Taigi, que reciben culto público en sendas iglesias de Roma, en donde se guardan sus cuerpos incorruptos-la segunda mereció el título en su bula de canonización de “caso único en la historia de loos fastos de la santidad” por sus pasmosas profecías y videncias de sucesos lejanos, muchas de las cuales ya se han visto cumplidas; digo que si no hubiera estas profecías, esperaría igualmente la intervención de San Pedro, y no dejaría de suplicársela, a título de Jefe, Cabeza y Roca a quien literalmente se prometió la indefectibilidad de la Iglesia ante la acometida de las puertas del Hades- καὶ πύλαι ᾅδου οὐ κατισχύσουσιν αὐτῆς- Que la Vulgata traduce “et portæ inferí non prævalebunt adversus eam”. En mi opinión es acertada, querido Sr. Mottet, la versión de la Biblia de Jersusalén que traduce “los poderes de la muerte” no prevalecerán contra ella. El Hades es el reino de los muertos o de la muerte. Aquí se significa que la muerte, o sea la desaparición precisamente de la Roca- como lee Fillion- no sucederá nunca, bien sea por una persecución de los hijos de la oscuridad- masones etc..- bien sea por los ataques de la herejía (modernistas, “papas” usurpadores, etc..) Si la Roca- el papado- fuera definitivamente ocupada por “papas” usurpadores, ilegítimos, impostores, heréticos; entonces el poder de la muerte o desaparición en la historia, o si se quiere el poder de la herejía, habría prevalecido sobre la Roca- sobre la que se levanta la Iglesia- y cuya desaparición significaría la desaparición de la Iglesia. Entonces sí que se podría decir que las puertas del Hades, habrían prevalecido sobre la Roca y consiguientemente sobre la Iglesia.

    De esta última digresión se deriva el pensamiento siguiente:
    Están muy equivocados los que creen que esta época de virtual desaparición de la Iglesia y de clara desaparición de los papas, en una “Sedes vacantis” prolongada (más de 50 años) cerrará la historia de la Iglesia, dando paso a la “Parusía”, y quizás a un verdadero Milenio (todo lo mitigado que se quiera), porque no creo que siga inmediatamente a nuestros tiempos, ya que esto significaría ni más ni menos la derrota en el kairós histórico, de la Roca y de la Iglesia. Por mucho que siga la “Parusía” que es un tiempo metahistórico, la derrota hubiera sido flagrante. La Palabra del Omnipotente hubiera fallado, lo cual es locura como dijo San León II.
    La única alternativa es que la Roca de nuevo se levantará enhiesta, La Iglesia volverá a ser la Cátedra de la Verdad (León XIII), como faro de las naciones, desaparecerá el “Trono de la Impiedad“, por poco tiempo cual canto del cisne, o por mucho tiempo, antes de la Parusía previa al Milenio o concomitante con el “juicio final” que corone estos últimos tiempos en los que vivimos, pero que serán seguidos de una ´restauración” durante largo o breve tiempo. Será una restauración gloriosa, en que por fin habrá “un único rebaño bajo un solo Pastor”, en que la Iglesia Católica sea la única Religión del mundo. Esto que parece imposible no lo es al Omnipotente. Quizás suceda después de una terrible purificación que bien pudiera llamarse (como lo hace D. Benjamín Martín Sánchez, de quien sigo describiendo brevísimamente su pensamiento) el juicio de las naciones impías, el “juicio de los vivos” que profesamos en el Credo. Al cual no tiene por qué seguir el fin del mundo, como dice el mismo autor, o el “juicio de muertos” del Credo, sino que serán el pleno cumplimiento de las promesas de Cristo. Ésta maravillosa época de paz en la que tendrán cumplimiento muchísimas de las promesas bíblicas aún no cumplidas, no es estrictamente el “Milenio”. No habrá sucedido ninguna resurrección primera, ni tampoco reinará Cristo visiblemente, sí será el Reino del Sagrado Corazón y el “Reinado de María”. Los que vivan entonces serán viatores, y aunque gozando de la felicidad de aquellos tiempos, tendrán la dicha de no estar sometidos al poder de Satanás en lo público y en lo manifiesto, como sucede actualmente. Sólo al final, la serpiente será de nuevo soltada (apoca. 20, 7-8). Al final de esta época “milenaria” (de duración desconocida, breve o larga) habrá guerras crueles provocadas por fuerzas impías que al final serán vencidas y humilladas. Esta época terminará con la Parusía y el Juicio final.

    Palabra de Cristo a Santa Teresa (V. 40, I)

    “Todo el daño que viene al mundo es de no conocer las verdades de la Escritura con clara verdad: ‘No faltará una tilde de ella. ¡Ay hija que pocos me aman de verdad, que si me amasen no les encubriría Yo mis secretos</em

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  3. Estimado Sandro A. Aureliano:

    Le agradezco su intervención que aclara éste pequeño malentendido, sea, por lo menos, porque ya no tengo que hacerlo yo. Pero, desde luego, si alguien quiere más información, ya tengo sobre la mesa unos cuantos libros que tratan más en detalle el asunto: que solo se pregunte.

    Fraternales saludos en Cristo y María.

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  4. Estimado El Arca:

    Lo que yo escribí —como se puede leer y releer—, bien lo escribí y así queda como algo verificable.

    Con detalles: Primera proposición no es mía. Si Usted la rechaza, rechaza una proposición escrita en un libro cuya publicación fue aprobada por las autoridades eclesiásticas competentes. Defenderla, no es asunto mío obligatorio, aunque puedo hacerlo gustosamente. Segunda proposición, se refiere al hecho de asociar entre “Vicarius Petri” —sintagma tomado no en sentido impropio, sino propio, y así entrando en conflicto semántico, lógico y teológico con el otro sintagma, “Vicarius Christi”—, y aquella revelación particular, hecho que yo insisto que constituye un tremendo error —error tremendo que no lo he dicho sobre el uso del sintagma “Vicarius Petri”—. Si Usted desea que yo le argumente eso, o sea, como es que es un error tremendo asociar etc., lo haré de inmediato.

    Fraternales saludos en Cristo y María.

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  5. Estimado EL ARCA y Comentaristas

    Es un honor para mí participar de las intervenciones, con los vanos esfuerzos de mi insignificancia.

    Quiero aprovechar para reiterar una vez más que soy un lector asiduo del blog, y admiro mucho a los trabajos publicados y las edificantes intervenciones de los comentaristas. He aprendido mucho con todos ustedes.

    Yo no soy filósofo o teólogo, ni tengo ningún mandato o jurisdicción para enseñar a cualquiera, no es este mi propósito, ni quiero imponer, ex cathedra, mis opiniones como expresiones máximas de una verdad absoluta, son sino opiniones basadas en mi limitado discernimiento.

    Saludo a todos y los agradezco por las magníficas disputationes llevadas a cabo por el Amor de la Verdad, apelando únicamente para que no se alejen jamás de la caridad, ni tampoco de las justas correcciones.

    Muchas gracias a todos.

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