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EXCELENTE RESUMEN DEL GEOCENTRISMO


[Aunque mucho del siguiente post ya ha sido estudiado en algunas entradas de este blog, traigo este artículo tomado del siguiente blog. La razón es porque es un excelente resumen que sin duda convencerá a cualquiera que se tome la molestia de leerlo. Tiene por otra parte el mérito, del que carecen otros estudios, de ser fácilmente comprensible en sus aspectos técnicos, para un profano en ciencias físicas; por lo menos en la mayor parte del artículo. Yo lo he descubierto porque en él se cita una entrada de este blog.
Para mí el Geocentrismo consta en la Revelación bíblica. Así lo entendió la Sagrada Congregación del Índice en tiempos de Galileo. La Congregación del Santo Oficio, por su parte declaró, con la supervisión del papa, que la negación del Geocentrismo constituye “por lo menos un grave error contra la Fe”. Pero lo más importante es que el Geocentrismo se adecúa perfectamente al dogma cristiano de la Encarnación del Verbo de Dios, y a la Realeza universal de Nuestro Señor Jesucristo. En otras palabras, ayuda extraordinariamente a la Fe personal de un católico. Y lo contrario también es cierto: las teorías actuales del paradigma científico son un verdadero reto, y casi un escándalo, a la cosmovisión Cristiana y más específicamente católica.
En nuestros días en que las fábulas de los extraterrestres y la multitud de mundos habitados son proclamadas hasta por oficiales del Vaticano, e incluso el mismo “papa” no ha tenido empacho en hablar de extraterrestres a quienes el “bautizaría” si se diera el caso, e incluso ha incursionado en las teorías científicas del Big Bang (como también lo ha hecho imprudentemente en otras teorías como el cambio clinático, ambientalismo, etc..) , el conocimiento de las bases científicas del Geocentrismo es casi una obligación para el católico ilustrado.
No tiene nada de particular que el científico  ateo, Stephen Hawking, muy celebrado en nuestros días por sus publicaciones que han llegado al conocimiento general y divulgativo,  afirmase que “la única razón para que  él no crea en que la tierra está inmóvil y por consiguiente está situada en el baricentro del Universo, es LA MODESTIA”. Cosa que casa perfectamente con el ateismo y el libertinaje moral, que se haya a gusto pensando en que la Tierra y mucho más el hombre, es un brizna perdida en la inmensidad del Universo.

Esta es la única es razón, en mi opinión, de que la doctrina geocéntrica, repugne al hombre actual, tan reacio a aceptar las verdades religiosas, particularmente el dominio del Creador sobre su creación y el destino trascendente del ser humano en la tierra, puesta  ésta por Dios en una posición favorecida (el centro del universo), y Ia consiguiente verdad dogmática de la prueba que nos conducirá a la “salvación/condenación” del alma después de la muerte. El falso paradigma actual nos libera de la seriedad de Ia vida humna y sus graves elecciones  en el dominio moral, que no tendrían sentido si aceptamos con ”modestia” nuestra insignificancia como un polvillo en la inmensidad del Universo. Los científicos actuales , al servicio de “instancias superiores” imponen esta cosmovisión atea y no-trascendente a las masas, ayudados por organismos internacionales o de gran proyección en nuestro mundo, como la NASA, prestos a seguir las directrices de los amos del mundo. Todos en guerra contra Dios y por supuesto el dogma católico.

Como dijo un reputado científico, Edwin Hubble,   Una posición favorecida de la tierra es algo intolerable. Para un materialista ateo, añado yo.
Éste es el artículo:

Geocentrismo – La Tierra, el Centro del Universo. La tierra no se mueve

Geocentrismo  – La Tierra, el Centro del Universo 

La tierra no se mueve

Por Samuel Jaque Barrios

 

Actualmente en nuestra sociedad la teoría Heliocéntrica se considera como una verdad absoluta, a esto me refiero al decir, que el Sol es el centro del sistema solar, donde la tierra es uno más de los “planetas” que giran a su alrededor.

 

Por siglos hemos sido enseñados con un concepto, que la Astronomía nos ha inculcado tan profundamente que negar tal enseñanza se considera una locura y una ignorancia del máximo nivel, debido a que la sociedad ha sido formada de esta manera.

 

Según La Real Academia Española, Geocentrismo es definido como:

“Teoría astronómica sostenida fundamentalmente por Ptolomeo, astrónomo y matemático griego del siglo II, que consideraba la Tierra como centro del universo.”

Y Heliocentrismo es definido como:

Teoría astronómica sostenida fundamentalmente por N. Copérnico, astrónomo polaco de fines del siglo XV, que consideraba el Sol como centro del universo.” 

Según Wikipedia, la enciclopedia libre, Geocentrismo se define como:
“La teoría geocéntrica es una antigua teoría que coloca a la Tierra en el centro del universo, y los astros, incluido el Sol, girando alrededor de la Tierra (geo: Tierra; centrismo: agrupado o de centro)” 


Y Heliocentrismo es definido como:“El Heliocentrismo (del griegoἥλιος-helios «Sol» y κέντρον-kentron «centro») es un modelo astronómico según el cual la Tierra y los planetas se mueven alrededor de un Sol relativamente estacionario y que está en el centro del Sistema solar.”

Según la historia. La Astronomía antigua aceptaba una concepción del universo, enunciada en el siglo IV a.C, por el filósofo griego Eristóteles, quien postulaba que la tierra es el centro del universo, todos los astros; el Sol, la Luna, los planetas y las estrellas, giraban en torno a ella. A esto se le llamó Geocentrismo.

En el siglo primero, el astrónomo Ptolomeo, mejoró la teoría de Aristóteles, detallando con más precisión la senda de los planetas, que no poseían en absoluto un movimiento al azar, sino que mediante complejos movimientos circulares denominados epiciclos, Ptolomeo pudo explicar sus rutas preestablecidas y sus cambios de velocidad, en otras palabras, el esquema de Ptolomeo predecía con exactitud, el comportamiento futuro de los planetas. Pero en el siglo XIV d.C, surgió una teoría matemática llamada Heliocentrismo postulada por Nicolás Copérnico, y que considera también la idea del siglo III de Aristarco de Samos que no fue aceptada en su momento, Copérnico decía que el Sol y no la Tierra, era el centro del universo. A Copérnico le desconcertaba la compleja mecánica celeste de Ptolomeo, pero halló una explicación elegante cuando quitó la Tierra del centro del sistema solar, y la reemplazó por el Sol como sistema central, a esto también agregó que la tierra rotaba, que cumplía un ciclo de rotación en torno a su eje cada 24 horas, él sostuvo que el cielo no se movía, sino que eramos nosotros, el viaje de la estrellas a través del cielo nocturno, era una mera ilusión creada por la rotación de la tierra. Una vez muerte Copernico (año 1543), siguió con este postulado, J. Kepler, nacido en el año 1571, quien mejoró el esquema de Copérnico con la hipótesis de que el giro de los planetas no viajaban en círculos perfectos, sino en elipses alrededor del Sol. A finales del siglo XVII, el Astrónomo italiano Galileo Galilei, reafirmó la teoría de Copérnico. 

Actualmente ningún experimento ha demostrado la teoría Heliocéntrica. Pero de manera apresurada ha sido acogida como una verdad en nuestra sociedad.

Hace unos pocos años, dos ex-ingenieros de satélites geostacionarios, Ruyong Wang y Ronald Hatch, se cansaron de encubrir mitos como el copernicano o el de la relatividad, y ahora, trabajando en la universidad, se han empeñado en mostrar que la velocidad de la luz no es constante, lo cual invalida la relatividad.

Dr. Wang, por ejemplo, reta a los físicos relativistas:

“… Por favor, no intenten hacer la constancia de la velocidad de la luz indefinible. Dennos una clara definición y nosotros la desprobaremos”. (Dr. Wang, 2005 “First-Order Fiber-Interferometric experiments for crucial Test of Light-Speed constancy”)

Para desprobar cualquier definición de constancia de C, ellos utilizan experimentos imaginarios de Global Positioning System (GPS). Hay que tener en cuenta que para un GPS es imprescindible tener en cuenta el “Efecto Sagnac”. Wang y Hatch demuestran que el efecto Sagnac (en honor al físico francés Georges Sagnac) es aplicable no solo a los sistemas rotantes, sino también a los sistemas de traslación lineal, lo cual refuta el segundo postulado de la relatividad, y muestra que la constancia de C es solo válida en sistemas ECI, es decir, en la tierra fija.

Por otra parte, Jet Propulsión Lab (JPL), es un centro de alta tecnología dependiente de la NASA, que ha desarrollado el complicado software del GPS para navegación  y usos militares, cuya licencia pertenece a la empresa Nav Com Technology (Navcomtexh.com). El asunto es que Wang y Hatch, buenos conocedores de los entresijos del GPS, decidieron confrontar algunos resultados suyos -obtenidos para un marco ECI- con los del software de Jet Propulsión Lab, teniendo en cuenta que Jat propulsión Lab se dedica a rastrear las señales de las sondas enviadas del espacio profundo, y comúnmente presenta sus datos en un marco “baricéntrico del sistema solar” –aunque su software permite el uso de los dos marcos “Earth fixed” (Tierra fija), y “Sun fixed” (Sol fijo),  Wang y Hatch encontraron que sus medidas y los rangos teóricos computados en los dos marcos distintos concuerdan con extraordinaria precisión, lo cual indica que la corrección de Georges Sagnac la han realizados igualmente en cada marco, es decir, están tratando la velocidad de la luz como constante respecto del marco fijo y no con respecto a los observadores, ello es una traición a la relatividad. En definitiva, Jet Propulsión Lab utiliza un marco ECI, geocéntrico fijo, para el seguimiento de cuerpos en las proximidades de la tierra (al igual que lo hace la NASA, GPS, NOAA.) en él hace todos los cálculos, correcciones, etc. Por otra parte, para el seguimiento de sondas en el espacio profundo, Jet Propulsión Lab asegura que utiliza un marco “baricéntrico del sistema solar”, sin embargo, toda la computación, así como las correcciones, etc. la realizan en un marco ECI, geocéntrico fijo; sólo posteriormente realizan las consiguientes transformaciones no relativistas al marco “baricéntrico del sistema solar”, pero como dicen  Wang y Hatch, el uso de este marco es superfluo, así uno puede decir sin temor a equivocarse que, el sistema geocéntrico fijo ECI, es el único utilizado en la navegación celeste.

¿Y por qué esto es así? Pues porque el marco ECI, o sea, el geocentrismo, es el único en el que el GPS y el efecto Georges Sagnac son controlables, pues la luz no tiene una velocidad constante a menos que se mida en un sistema en reposo absoluto, como la tierra lo es. (http://creacinseisdas.blogspot.com)
En realidad, todos los experimentos que se han venido haciendo desde 1870 para determinar el movimiento de la tierra por Airy, Michelson-Morley, Sagnac, Michelson-Gale, Miller, … han dado como resultado que la tierra se encuentra en reposo absoluto (respecto del baricentro del universo). (http://creacinseisdas.blogspot.com/2011/07/el-arte-de-negar-lo-evidente.html)

Actualmente existen libros modernos que exponen a la luz esta gran verdad geocéntrica, uno de ellos es “The Earth Is Not Moving” (By Marshall Hall), y también como es el caso del reciente libro publicado el 2013, por científicos españoles. El profesor de Matemáticas de la Universidad del País Vasco, Juan Carlos Gorostizaga y el doctor en la misma materia por la Universidad de Murcia, Milenko Bernadic (croata que reside en España desde 1989), han publicado el libro “Sin Embargo No Se Mueve”, en el que defienden el geocentrismo.

CienciaPlus.Com nos informa sobre estos científicos y su libro:

“Según explica en su blog (http://creacinseisdas.blogspot.com) el geocentrismo, considerar la Tierra el centro del Universo, se trata de una “visión cosmológica olvidada” o, más bien, “apartada injustamente del saber”.

   Así, los autores de este libro defienden que la Tierra no se mueve, es decir, no órbita alrededor del Sol, sino que es la estrella la que lo hace alrededor del planeta. Además, tampoco rota sobre sí misma, sino que es el firmamento como un todo el que lo hace. “La Tierra no es un planeta (planeta significa en griego errante)  pues está situada en el preciso baricentro del universo, y por el efecto giroscópico está preservada de todo movimiento debido a torques externos”, señala el profesor de la Universidad del País Vasco.

   Gorostizaga ha indicado que el modelo planetario correcto es el que defendió el astrónomo danés Tycho Brahe en el siglo XIV, aunque con ligeras modificaciones (Modelo Tychonico Modificado o Geocentralidad, del astrónomo Gerardus D. Bouw), y que fue también el que adoptaron los jesuitas para enseñar en las universidades de toda Europa”

El sistema del Universo que presenta Tycho es una transición entre la teoría geocéntrica  de Ptolomeo y la teoría heliocéntrica de Copérnico. En la teoría de Tycho, el Sol y la Luna giran alrededor de la Tierra inmóvil, mientras que Marte,  Mercurio, Venus, Júpiter y Saturno girarían alrededor del Sol. (Wikipedia/ Tycho Brahe).

En el blog de los anteriormente mencionados científicos españoles, encontraremos bastante material y pruebas contudentes que derrumban gloriosamente el Heliocentrismo copernicano.

Muchos científicos están levantando la voz y sacando a la luz esta gran verdad geocéntrica. Lo que la Nasa y los así llamados científicos, nos han ocultado durante siglos.

Experimentos fallidos para probar el heliocentrismo resultan a favor del geocentrismo, prueban que la Tierra está inmóvil. 


Retrocediendo un poco en el tiempo, el físico inglés James Bradley venía desde hacía años intentando descubrir el paralaje, y en 1728 creyó haberlo detectado en una estrella[7]. Pero un estudio más preciso reveló que lo que Bradley acababa de descubrir no era el paralaje, sino un fenómeno distinto llamado aberración estelar. Algo que el heliocentrismo utilizó, y aún hoy utiliza, erróneamente como una prueba del movimiento terrestre. Desde su perspectiva, la aberración estelar sería similar al de un hombre con un paraguas abierto ante la lluvia que cae con una velocidad ‘c’, imaginémosla vertical al suelo (Figura 6), si ahora el hombre se desplaza con velocidad v, entonces el paraguas, que inicialmente lo tenía en dirección de la vertical, deberá ser inclinado un ángulo α para no mojarse. Este ángulo depende de -v+c (suma de los dos vectores velocidad). En concreto, es fácil comprobar que: α = arc tan v/c.

En la explicación del heliocentrista Bradley para la aberración estelar, la lluvia es la luz de cierta estrella (con velocidad c) y elmovimiento es el de la Tierra por el éter (v=30 km/s). Para observar una determinada estrella, el telescopio debía moverse un ángulo α = arc tan v/c. Como la velocidad (el vector v) es distinta a lo largo de la presunta orbita de la tierra en torno al sol, el ángulo α también varía a lo largo del año (Figura 7). En consecuencia la estrella describiría una pequeña elipse entorno a él (Figura 7). El error de este argumento está en que las estrellas tienen movimientos propios, algo desconocido en tiempos de Bradley, lamentablemente hoy se conoce este hecho y sin embargo nunca se menciona cuando se habla de la aberración estelar. Para el geocentrismo sólo hay desplazamientos estelares, la tierra está en reposo absoluto, y estos desplazamientos serían los responsables de la aberración estelar (Figura 8). En el símil de la lluvia, estaría un hombre en reposo con un paraguas pero con viento de frente, obviamente se debería también inclinar el paraguas un ángulo α.

En 1871, el astrónomo George Airy se dispuso a probar si la hipótesis de Bradley era correcta. Y puesto que Arago/Fresnel/Fizeau ya habían demostrado que la velocidad de la luz era inferior en el aire o en el agua, utilizó ingeniosamente un telescopio con agua en su interior (Figura 9). La luz procedente de una estrella (supongamos que está en el cenit) llega, a través del aire, con una aberración de un ángulo α al telescopio, entonces al atravesar el agua (Figura 9b), que es un medio más refringente que el aire, se desviará un ángulo δ adicional, por lo que habrá que inclinar un poco más el telescopio -un total de β- para enfocar la estrella. Teniendo en cuenta la ley de refracción de Fresnel, n = sin β/sin δ, para ángulos pequeños: n = β/δ. Es fácil deducir que la desviación adicional de Airy debería ser: β – α = (n2[al cuadrado]- 1) v/c . El resultado del experimento de Airy fue desconcertante para los heliocentristas , pues resultó que no había ninguna desviación adicional de la luz de la estrella, en otras palabras, β – α =0. Y como (n2[al cuadrado]- 1) no puede ser nulo, ¡debería ser nula v!. Este fue el primero de un ramillete de experimentos cuyo resultado será siempre v=0, un resultado que no admitirán nunca los heliocentristas.

El éter lumínico.

Los astrónomos de la antigüedad adoptaron esta palabra con el significado de “el lugar por donde se mueven las esferas (orbitas) de las estrellas, el sol y los planetas”. Una confirmación de la existencia del éter fue aportada en el terreno de la teoría electromagnética. En 1864, Maxwell publicó los resultados de sus investigaciones sobre las vibraciones eléctricas, mostrando que ciertas vibraciones producían ondas electromagnéticas que podían viajar por el espacio a una velocidad de 300.000 km/s, que curiosamente coincidía con la velocidad de la luz tal como había sido medida por los astrónomos. Entonces Maxwell dedujo que la luz no era más que un tipo de ondas electromagnéticas, lo cual fue posteriormente confirmado en el laboratorio por Hertz. A partir de entonces se tomó al éter como “la sustancia sobre la que las ondas electromagnéticas realizaban las vibraciones”. El éter rellenaba todo el espacio fuera de la tierra, incluso penetraba el aire, agua y los otros materiales, pues se observa que la luz viaja a través de ellos. El siguiente paso fue un intento de detectarlo. ¿Está fijo el éter o es arrastrado por la tierra?. Existía una tercera posibilidad que horrorizaba a los heliocentristas: un éter rotando con el firmamento entero y una tierra fija; en este caso el éter se detectaría como “un viento dependiente de la latitud sobre la esfera terrestre”. Suponiendo que la Tierra diese una vuelta cada año alrededor del sol, su velocidad a través del éter debería ser detectada como mínimo como v= 30 km/s, y también si la Tierra rotase sobre su eje norte-sur la velocidad del “viento de éter” sería de 0,46 km/s. En 1880, el físico Albert Michelson ideó un ingenioso aparato (Figura 16) con el objetivo de detectar el presunto movimiento de la Tierra a través del éter. Se emite luz coherente desde un foco, parte de ella se desvía hacia un espejo (trazo azul), y parte sigue hasta el otro espejo (trazo verde) situado a igual distancia. Los haces de luz procedentes de ambos espejos convergen en el detector, pero las distancias recorridas no son las mismas (el espejo de la derecha se mueve con la totalidad de la Tierra, ¿v = 30 km/s ?, y acorta la distancia a ser recorrida), por tanto, al no estar sincronizados producirán franjas de interferencia. Evidentemente, para medir variaciones tan pequeñas, los espejos deberían estar situados a distancias invariables, algo casi imposible de lograr pues una levísima vibración del suelo perturba estas distancias. Sin embargo, al hacer rotar un cierto ángulo α toda la plataforma se podría contrarrestar los retardos por errores instrumentales o por perturbaciones externas. No se trataba, entonces, tanto de detectar franjas de interferencia como de observar el desplazamiento de estas franjas al hacer girar el aparato. Si la tierra se movía respecto al éter, el aparato estaba ciertamente capacitado para detectarlo con sólo medir con precisión la anchura del desplazamiento de estas franjas.. En 1881, Michelson realizó el experimento, y rotó una y otra vez el aparato, pero no encontró el desplazamiento que esperaba. Todo apuntaba a que v=0.

El experimento fallido de Micheslon-Morley (1887).

Michelson no se quedó satisfecho con ese resultado de 1881, y decidió repetirlo en 1887, esta vez junto a Edward Morley. Para ello mejoraron el interferómetro, incrementando considerablemente la distancia a recorrer por la luz, y colocando la plataforma sobre una balsa de mercurio para minimizar las perturbaciones exteriores. Está vez el interferómetro era mucho más preciso, con ello esperaban ver un desplazamiento de 0.40 de franja, frente al máximo de 0.1 del caso anterior. Pero el resultado del experimento volvió a ser tan negativo como el anterior. Incluso repitieron el experimento un sin número de veces, a diversas altitudes, orientaciones del instrumento, hora del día o estación del año. No encontraron el desplazamiento de bandas esperado. Definitivamente el experimento falló en su objetivo de detectar el movimiento terrestre y pasó a llamarse “el experimento fallido” de Michelson y Morley. Las conclusiones fueron:

«El experimento sobre el movimiento relativo de la tierra y el éter ha sido completado, y el resultado es manifiestamente negativo. La desviación esperada de las franjas debería haber sido de 0.40 de franja –el máximo desplazamiento observado fue de 0.02 y la media menor a 0.01, y no en el lugar correcto- Como el desplazamiento es proporcional a los cuadrados de las velocidades relativas, se sigue que si el éter se desliza (parcialmente) al paso de la tierra, la velocidad relativa es menor que un sexto de la velocidad de la tierra.»

El experimento fue repetido por D. Miller en numerosas ocasiones durante 1904- 1921, posteriormente por Pr. Picard de Bruselas y por muchos otros. Nunca se llegó a detectar rastro de la presunta velocidad de la Tierra… Sin embargo sí se detectaba una leve velocidad correspondiente a la del “viento de éter”, que dependía de la latitud. Paradójicamente un experimento científico diseñado y financiado específicamente para confirmar la hipótesis de Copérnico, Galileo, Kepler y Newton había fallado clamorosamente. Lo lógico hubiera sido reconocer la velocidad nula de la Tierra, pero desde hacía tiempo los heliocentristas ya no se guiaban por la lógica. Entonces quedó el camino expedito para que llegara Albert Einstein, recopilara un grupo de ideas disparatadas: el espacio curvado tomado de Riemann, el concepto de espacio-tiempo tomado de Minkowski, y la doctrina de que los objetos se contraen en proporción a la velocidad a la que se trasladan, tomada de Fitzgerald. A las cuales añadió unos postulados, no menos disparatados, la no existencia del éter y la constancia universal de la velocidad de la luz. Como resultado de todo ello, el heliocentrismo consiguió una teoría que les evitaba tener que hacer un giro anti-copernicano y retroceder al geocentrismo.

El experimento de Sagnac y el de Michelson-Gale.

Antes de que Einstein publicara su teoría general de la Relatividad, Sagnac, con su experimento de 1918, ya había demostrado que tales postulados eran falsos. El interferómetro de Sagnac estaba enfocado en detectar la rotación terrestre contra el éter. La luz que sale de una lámpara pasa a través de un espejo semi-transparente, se divide, y los dos rayos pasan –en direcciones opuestas- por otros 3 espejos, para finalmente converger nuevamente en el semi-transparente, y finalmente la luz no coherente ser recogida en la pantalla de interferencias. Todo el conjunto está situado en una plataforma que rota a 2 revoluciones por segundo sh (sentido horario), para cambiar después a 2 rps sch (sentido contra-horario). Se trata de observar si hay desplazamiento de las franjas de interferencia. Básicamente, la diferencia con el experimento de Michelson-Morley es que en el de éstos los rayos recorrían en uno y otro sentido un diámetro de la plataforma fija, para detectar la velocidad lineal de la tierra (o la del viento de éter). Ahora en el de Sagnac los rayos que convergen en la placa recorren un circuito (circular), y pretende detectar la velocidad angular ω de la tierra (o del firmamento en torno a la tierra). Pues uno de los rayos estará girando a favor de ω y tardará menos tiempo en alcanzar la placa. Si se emite luz con la plataforma en reposo no se detecta desplazamiento de las franjas, tal como en el experimento de Michelson-Morley. Pero cuando Sagnac realiza su experimento con la plataforma rotando a velocidad ω, encuentra que el rayo que viaja hacia los espejos que se ‘alejan’ tarda más en llegar que el rayo que viaja hacia los espejos que se ‘acercan’. No aprecia en los resultados, sin embargo, una velocidad de giro para la tierra, por lo que cataloga a su propio experimento como “nulo” al igual que el de Michelson-Morley. Aunque Sagnac no fue consciente de ello, acababa de encontrar un resultado que contradecía a la teoría de la Relatividad, un rayo de luz viaja a más velocidad que otro rayo, medidos ambos en un mismo sistema.

Michelson, como devoto heliocentrista, no daba crédito al resultado del experimento de Sagnac. Así que en 1925 decidió hacer por su cuenta este mismo experimento pero con un aparato muchísimo más sofisticado y preciso. Como nuevo colaborador tuvo a Henry G. Gale, pues Morley había fallecido en 1923. Para eliminar la distorsión que podía producir el aire, Morley y Gale ensamblaron un interferómetro como el de Sagnac pero el circuito para viajar la luz era una tubería llena de agua de una milla de longitud. Ellos, al contrario de Sagnac, no utilizaron una plataforma giratoria, pues consideraron que la rotación sería la propia de la tierra (la del éter rotante, en realidad). Y efectivamente, en su experimento hallaron que la luz atravesando el circuito en sch se retardaba. El desplazamiento de las franjas que observaron fue más bien pequeño, una media de 0.26 franjas, que equivalía al 2% de la velocidad ω de rotación terrestre. Ahora aparecían pruebas evidentes de que la luz sí viajaba a través de un éter luminífero. Michelson no supo dar una respuesta convincente a los datos de su propio experimento. Pero ya no cabía ninguna duda, la tierra no se mueve, tampoco rota. Sí lo hace el éter, cuyo leve viento superficial era lo que detectaban los interferómetros. Posteriores experimentos por parte de Trouton y Noble, Thorndyke y Kennedy, Theodore de Coudres y varios otros no hicieron más que confirmar que la tierra se halla inmóvil en el espacio.

Unos principios básicos sobre el modelo geocéntrico.

 

Este modelo geocéntrico es más simple que el heliocéntrico de la ciencia actual, y concuerda con los resultados de todos los experimentos y observaciones astrofísicas que se han venido realizando en los últimos tiempos. Por esta razón, hay bastantes científicos católicos que lo asumen como el verdadero modelo cosmológico, oponiéndose a los que suponen una tierra en movimiento basada en la teoría de la relatividad de Einstein, una teoría que ha sido refutada hace bastante tiempo ( Herbert Dingle, 1972).

En este modelo la tierra se encuentra fija en el baricentro del universo sin movimientos de rotación ni traslación. Es el firmamento como un todo el que rota en torno al eje NS terrestre una vuelta/día en sentido contra-horario llevando consigo al sol y al resto de estrellas fijas, galaxias, etc. La luna está orbitando la Tierra, y también lo hace el sol que es empujado –con todos los planetas del plano eclíptico- en sentido horario, es decir, oponiéndose lentamente al movimiento rotante diurno, siendo ello la causa por la que el sol se retarde casi 1º al día (el día solar dura 24 horas, mientras que el día sideral dura 23 horas 56 minutos). Además el sol tiene otro movimiento que lo hace girar una vuelta anual en torno a un eje transversal al eje NS terrestre con el plano eclíptico siempre con una inclinación de 23,4º respecto al ecuador terrestre, y que es la causa de que tengamos estaciones. El movimiento resultante del sol es la bien conocida trayectoria helicoidal a lo largo de una superficie cilíndrica seis meses ascendiendo y otros seis descendiendo. Las distancias a las que se encuentra el sol varían entre 142,7 y 151,8 millones de km debido a la forma del helicoide, lo cual es equivalente a la trayectoria ‘elíptica’ del heliocentrismo. Una persona ubicada en una latitud terrestre λ sólo ve una parte de este helicoide. Si esa persona toma una foto del cielo cada 5 ó 7 días, siempre en el mismo lugar y a la misma hora, obtiene evidentemente un analema solar. Lo cual es una muestra bien perceptible de que este modelo geocéntrico es mucho más simple y obvio que el heliocéntrico. La razón para que el lóbulo vernal del ‘8’ se vea mayor es porque la primavera-verano tiene mayor duración en el hemisferio norte tiene mayor altura que el inferior.

   Una prueba definitiva del geocentrismo

 

Un Retro-proyector sobre la superficie de la Luna

Los experimentos LLR prueban el geocentrismo

Por si todavía los experimentos de M-M, Michelson-Gale, Sagnac, Trouton-Noble, Thorndyke-Kennedy etc. no probaron fehacientemente que la Tierra se encuentra en reposo absoluto, ahora resulta que un experimento realizado por los técnicos del proyecto Apollo, el Lunar Laser Ranging Experiment, lo ha hecho más-allá-de-toda-duda, y sin embargo parece que se ha silenciado.

Los experimentos LLR consisten en enviar múltiples pulsos laser desde la Tierra hacia un preciso punto de la superficie lunar donde ha sido colocado un retro-reflector que refleja cada pulso haz laser de vuelta hacia la Tierra. El objetivo inicial era medir la forma exacta de la trayectoria lunar promediando los datos de las distancias obtenidas en distintos tiempos.

Así está reflejado en la web de APOLLO:

. . . el tiempo que tarda el pulso de luz viaje a la luna y de regreso [de la tierra]. . . en cualquier lugar de 2,34 a 2,71 segundos, dependiendo de lo lejos que la luna está en el tiempo (la distancia Tierra-Luna varía de 351.000 kilometros de 406,000 kilometros ). Podemos medir el tiempo del viaje redondo a la precisión pocos picosegundos-, o unos pocos una billonésima de segundo.

Retro-reflectores para el experimento LLR fueron ensamblados durante las misiones tripuladas Apollo 11, 14 y 15; otro fue también colocado por medio del vehículo espacial no-tripulado soviético Lunakhod 2. En total hay cuatro colocados en la Luna (hay 5 pero uno no funciona). Cada uno consiste en una serie de cubos (corner cubes) reflectores concentrados, que forman un tipo especial de espejo con la propiedad de reflejar un haz de luz entrante, y llegar a devolverlo en la misma dirección. Puede leerse más sobre reflectores lunares en la web oficial:

Las pulsaciones del haz de laser se observan desde telescopios terrestres, y darían a los científicos la oportunidad de medir con precisión la distancia Tierra-Luna y así estudiar la forma de la órbita lunar. Se utiliza un haz laser porque esta luz puede enfocarse a grandísimas distancias con poca dispersión. Aún así, cuando llega a la superficie lunar el haz se ha dispersado hasta formar un círculo de unos 7 km de diámetro, y al retornar a la superficie terrestre alcanza hasta los 20 km de diámetro. Obviamente, la señal que llega a la Tierra es extremadamente débil, y para registrarla se necesitan largas exposiciones. Promediando la señal para un cierto tiempo, la distancia a la Luna podía medirse con una precisión de 3 cm; hay que tener en cuenta que la distancia media a la Luna es de unos 385.000 kilómetros.

De acuerdo al Heliocentrismo se tiene lo siguiente:

* Velocidad orbital de la Tierra alrededor del sol: 29,78 km/s

* Velocidad de rotación de la Tierra: 0,46 km/s (en el ecuador) – 0 km/s (en los polos).

A la hora de emitir el haz laser desde el telescopio terrestre, no tiene gran importancia la velocidad de rotación de la Tierra, puesto que para dirigir correctamente el rayo hacia el reflector sólo hay que tener en cuenta la velocidad relativa entre la superficie terrestre y la lunar. Sin embargo, esta velocidad rotacional debe ser tenida en cuenta para ubicar con precisión el telescopio receptor que captará la luz laser que retorna a la tierra, pues si por ejemplo el receptor terrestre estuviera en el ecuador, éste debería estar situado entre 2,34×0,46 (1,07 km) y 2,71×0,46 (1,25 km) del punto en que se emitió el haz laser, dependiendo del lugar que se encuentre la Luna (la luz tendrá entre 2,34 y 2,71 segundos de viaje). Si el experimento se realizase en el polo norte, no habría este inconveniente.

Pero la velocidad lineal tiene una desventaja superior, de acuerdo al heliocentrismo en esos 2,34-2,71 segundos la tierra se habrá desplazado una distancia entre 69,69 y 80,71 km en su trayectoria alrededor del sol. Por tanto, para el heliocentrismo el receptor debería colocarse, teniendo en cuenta la extensión de 20 km del haz laser, a una distancia entre 49,69 km y 60,71 km (a los que quizás habría que añadir los 1,07-1,25 km anteriores). Pero aún hay algo más, pues según los datos astrofísicos recientes el sol (con todo el conjunto de planetas) se está desplazando a una velocidad de 370 km/s hacia un punto de la constelación Leo. Por lo que habría que desplazar el receptor en unos 938 km más.

Prueba definitiva. La Tierra no se mueve, no rota.

 Y ahora viene el punto primordial, los experimentos LLR comenzaron a hacerse desde 1969, y se siguieron haciendo durante bastantes años, lo que no está registrado en los libros es cuándo los científicos encargados de estos LLR observaron por primera vez –con un lógico asombro- que ¡el lugar receptor y el emisor coincidían!. Es decir, el mismo telescopio terrestre que lanza hacia la luna los pulsos laser los recibe sin ningún problema. No hay ningún desplazamiento.

Conclusiones:

– La Tierra está estacionaria relativa al sol (la velocidad de traslación es v=0), por tanto es el sol el que orbita alrededor de la Tierra.

– La Tierra está estacionaria relativa a la luna, por tanto la luna orbita alrededor de la Tierra.

– La Tierra no rota en torno al eje norte-sur terrestre (la velocidad de rotación es nula), sino que las estrellas y todo el firmamento rotan en torno de ese eje.

 

Se ha hecho creer a la gente que el modelo heliocéntrico ha sido probado científicamente, lo cual es absolutamente falso. En la pantalla del televisor hemos visto tantas veces a la tierra rotando (mientras suena la melodía del telediario), y se ha dibujado en tantos libros el sistema con la tierra orbitando el sol… que cualquiera queda estupefacto al conocer que no hay ni una sola prueba experimental soportando la hipótesis del movimiento terrestre, pero es que además los experimentos diseñados expresamente para demostrar tal movimiento han fracasado estrepitosamente, una y otra vez, desde el año 1881 hasta el presente. 


Desafíos para heliocentristas


Desde 2004 se vienen manteniendo dos retos, uno por parte del Catholic Apologetics International, de R. Sungenis que concede 1.000 dólares a quien presente una prueba del modelo heliocéntrico que no pueda ser explicada mejor por el modelo Tychonico modificado; y otro por R.G. Elmendorf , de The Biblical Astronomer, que concede 10.000 dólares a quien aporte tal imposible prueba. En estos más de 10 años se han presentado muchas supuestas pruebas –todas ellas inválidas-, hasta el punto que se ha tenido que escribir un libro de 230 páginas con la explicación de las cuestiones más repetidas. 
(Puede leerse en: http://www.alcazar.net/challenges.pdf)

También se ofrece 50.000 dolares por Gregory Groebner desde el 2008, a quién presente un modelo viable  NO GEOCENTRISTA, del sistema solar capaz de dar cuenta adecuadamente de cada una de sus propiedades, utilizando para ello no más de tres variables. Y algunos detalles más. Desafío titulado “The Cosmic Chanllenge”.   
(Para leer el desafío, ingresar aquí: http://www.ceshe-usa.org/Documents/CosmicChallenge.pdf )

Observación de la trayectoria de las estrellas

Si podemos apreciar en estas imágenes, las cuales nos muestran la trayectoria de las estrellas, donde apreciaremos muy bien cómo ellas uniformemente muestran una trayectoria circular, todas perfectamente forman un circulo, y esto, en tan solo una noche:


Foto 1

Foto 2  

 Foto 3

 Foto 4

 Foto 5

 Foto 6

 Foto 7

 Foto 8

 

 

Geocentrismo

La tierra no se está moviendo

La tierra es el centro del universo
La tierra no está rotando-girando
La nasa no dice la verdad
Nasa: el arte de negar la evidencia
¿Cómo sabemos que la tierra no se mueve?
Los dejo con la presentación del libro “sin embargo no se mueve”.

Parte 1

Parte 1

Película (2014) sobre este tema



 
Los más interesante, es que nunca cambian de lugar al pasar los meses, es decir, el supuesto movimiento de traslación, está ausente en estas fotografías, si hacemos un experimento, y tomamos una fotografía a las estrellas en Enero, y luego una en Julio, notaremos que las estrellas siguen estando en el mismo lugar en las dos ocasiones, sin embargo, si la Tierra se trasladase, esto no sería así, debido a que la posición de la Tierra respecto a las estrellas no sería la misma a comienzos de año y a mitad de este mismo.

Otro caso interesante es que, la forma artesanal de los marineros o personal de mar, de barcos o naves marinas, para orientarse respecto a los puntos cardinales, es observando las estrellas, sea con las cruz del sur o la estrella del norte, que siempre está visible en el cielo despejado de cada noche, no hay variación de su posición, este fenómeno nos acusa la no traslación de la tierra, ya que la si la Tierra se trasladase, la posición de las estrellas, constelaciones como la cruz del sur, cambiarían por consecuencia, la posición de las estrellas en el cielo nocturno en Enero sería una, y en Julio poseería una distinta, en una referencia de una onda sinosoidal, estaría en los 180° de posición (o semiciclo), es es respecto a una vuelta al Sol.

Así mismo podemos este fenómeno con la estrella del norte, que siempre está en la misma posición, esta se encuentra muy cercana al eje norte-sur, por lo cual su trayectoria es imperceptible a nuestros ojos, en pocas palabras, esta estrella por decirlo de alguna manera simple, está casi en eje de rotación, al mirar las estrellas, como vemos en las fotografías, vemos que todas giran en entorno a ella. Al estar casi en el eje de rotación, está aparentemente inmóvil (foto 1 y 5), y esto es cada noche del año, en cada mes o estación. Podemos hacer la prueba fotografiando las estrellas en diferentes fechas del años, como lo muestra las fotografías, y no encontraremos variación aparente de su posición.
Si la Tierra se trasladase, este fenómeno no tendría los mismos resultados.

Las estrellas nos muestran muy claramente, si hacemos juicios en base a estas observaciones, la ausencia de traslación del globo terráqueo.


Recomiendo leer este artículo interesantísimo y me ha perecido muy bueno a modo de complemento, titulado “Un punto de vista favorables al Geocentrismo” (clic al título para ver), donde se entregan direcciones de artículos que por motivos de espacio no he colocado en esta entrada.

A través de los siguientes videos que presentaré, se derrumba la gran farsa del Heliocentrismo. Veamos algunos breves videos que muestran y nos explican esta gran verdad geocéntrica.

 

 


“The principle” (El Principio) es una película documental que nos muestra la realidad del geocentrismo, los descubrimientos recientes de la ciencia moderna, donde participaron científico renombrados y con animaciones de primera linea a nivel Hollywood. Los invito a gusta de esta grandiosa película que sin duda cambiará tu manera de ver el universo.




Para estar concluyendo. 

Algunos textos tanto bíblicos como externos a él, que postulan el geocentrismo.

“Pusiste la tierra sobre sus bases para que nunca se mueva de su lugar” (Salmos 104:5 DHH)

 “Sale el sol, se pone el sol, y afanoso vuelve a su punto de origen  para de allí volver a salir” (Eclesiastés 1:5 NVI)

El día que el Señor les dio a los israelitas la victoria sobre los amorreos, Josué oró al Señor delante de todo el pueblo de Israel y dijo: «Que el sol se detenga sobre Gabaón, y la luna, sobre el valle de Ajalón». Entonces el sol se detuvo y la luna se quedó en su sitio hasta que la nación de Israel terminó de derrotar a sus enemigos. ¿Acaso no está registrado ese suceso en El libro de Jaser? El sol se detuvo en medio del cielo y no se ocultó como en un día normal. Jamás, ni antes ni después, hubo un día como ese, cuando elSeñor contestó semejante oración. ¡Sin duda, ese día el Señor peleó por Israel!” (Josué 10:12-14 NTV)

“Dios extendió el norte (el firmamento) sobre el vacío y colgó la tierra sobre la nada” (Job 26,7).

“¡Haré retroceder diez gradas la sombra del sol en el reloj solar de Acaz!”». Así que la sombra se movió diez gradas hacia atrás en el reloj solar” (Isaías 38:8 NTV)

“Dios la afirmó (a la Tierra) para que no se mueva jamás” (Sal 93,1), (I Cr 16,30).

 

“El Señor afirmó la Tierra, para que no se mueva” (Sal 96,10b).

 

“Nace el sol por un extremo del cielo, y avanza por su circuito1 hasta llegar al otro extremo, sin que nada escape de su calor” (Sal 19,6).

La afirmación inspirada de (Sal 19,6) es de suprema importancia, pues conecta dos hechos científicos asociados al sol: (a) su movimiento circulatorio hasta completar una vuelta, y (b) su calor radiante por allí donde circula. Los exégetas siempre han dicho que habría una gran incongruencia en este pasaje si el Espíritu Santo hablara metafóricamente del primer hecho y literalmente del segundo, pues es un hecho indiscutible que el sol irradia energía a lo largo de su trayectoria.

 

Libro de Enoc

“Vi los vientos del cielo que hacen girar el firmamento, y hacen que el sol y todas la estrellas giren y se pongan” Enoc 18:4

Nuestros ojos no nos engañan, sino que solo vemos lo que realmente es.

DIOS LES GUARDE.

 

10 replies »

  1. siento diferir totalmente con este artículo.

    Una cosa es un artículo lleno de letras hablando de ciencia, otra muy diferente un artículo con calidad científica, con sus fórmulas, gráficas esquemas observaciones fuentes…
    Resulta muy fácil escribir un artículo que hable de ciencia y concluya cualquier cosa, tan sólo basta usar un lenguaje técnico-científico y concluir lo que se quiera, quien no tenga conocimientos ni pueda comprobar empíricamente ni matemáticamente lo relatado se creerá cualquier cosa escrita.

    Que las estrellas se vean igual en toda época del año no prueba la ausencia de movimiento de la tierra respecto del sol. La posición de la tierra respecto de las estrellas es la misma en todo el año, y está definida por el ángulo de inclinacion que tiene la tierra respecto del orbe celeste, el cual no varía por moverse respecto del sol.
    Afirmar que el movimiento de la tierra respecto del sol implica ver las estrellas nocturnas de modo diferente es síntoma de gran desconocimiento de conceptos básicos de geometría.
    La siguiente afirmación es verosímil para quien desconoce conceptos básicos “si la Tierra se trasladase, esto no sería así, debido a que la posición de la Tierra respecto a las estrellas no sería la misma a comienzos de año y a mitad de este mismo.”
    Esa afirmación solo es válida cuando el movimiento respecto del sol sea de dimensiones similares a la distancia de la tierra respecto esas estrellas. Teniendo en cuenta que las estrellas esta casi infinitamente lejos, o dicho de modo mas preciso, están lejísimos… lo único que importa es el ángulo respecto de las mismas. ¿que ángulo?, el ángulo del eje terrestre respecto las estrellas, el cual es prácticamente constante durante siglos.

    El efecto coriolis es prueba concluyente de que la tierra gira sobre sí misma, siendo el eje de esta rotacion quien marca los polos geométricos, no los magnéticos. Sin giro del planeta sobre un eje, no existiría coriolis, un fenómeno que existe solo en sistemas que rotan.
    Todavía estoy esperando una expliación del efecto coriolis con una tierra que no gira.

    Nada tiene que ver las falsas teorías relativistas o la velocidad de la luz con el asunto del movimiento entre la tierra y el sol.

    Existen numerosos fenómenos físicos de gran importancia que siguen siendo negados ofialmente, y desconocidos por casi todos, algunos de ellos son el origen de las anomalías en el péndulo de foucault durante los eclipses, o la propiedad de los astros de aumentar de tamaño con el tiempo, incluido el sol que no cesa en aumentar de tamaño y masa.

    considero el tema del geocentrismo totalmente independiente de asuntos de fé, ver ahí un tema teológico creo que es una pérdida de tiempo y energías.

    Numerosas son las mentiras de la ciencia oficial, pero entre ellas no entra el geocentrismo.

    Grandes misterios sin solucion son, la luna que siempre muestra su misma cara, y cómo el ciclo lunar coincide con el menstrual, amén de su influencia en asuntos agrícolas y biológicos. El geocentrismo no aporta luz alguna sobre ellos.

    El pasaje biblico del sol y luna que se detienen, es uno de los varios testimonios del mismo fenómeno que tenemos de otras fuentes. hecho no reconocido por nadie todavía, pero hay testimonios de que lo mismo ocurrió en américa, un día que no tuvo sol. Tambien creo recordar otras fuentes de otras culturas.
    La explicación ante tal fenómeno sólo podría entenderse con un movimiento de cambio de polos en la rotación terrestre, nunca observado en astros pero sí observado en pequeñas masas giratorias.

    Que se diga en la biblia que la tierra esta fija y los astros giran en torno a ella tan sólo es la natural percepción de quien no es científico, pero no es una verdad revelada que tenga implicaciones de fe .

    Falacia es decir que una teoría es falsa porque nadie haya conseguido demostrarla ante un tribunal que regala millones de dólares… ese truco es usado por muchos en muchas áreas para demostrar teorías sin sentido.
    Yo mismo regalo veinte millones de euros a quien me demuestre que el cielo es azul cuando no hay nubes, tranquilos que como nadie se llevará el premio puedo seguir diciendo que el cielo no es azul.

    La verdad está en cristo, y la vida santa lleva a la verdad.

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    • “Que se diga en la biblia que la tierra esta fija y los astros giran en torno a ella tan sólo es la natural percepción de quien no es científico, pero no es una verdad revelada que ‘tenga implicaciones de fe’ ”

      Le recuerdo que dos congregaciones de la Iglesia afirmaron lo contrario de lo que Ud. dice. Una de ellas, el Tribunal del Santo Oficio, afirma que “teológicamente considerada es al menos un error contra la Fe”. La Sagrada Congregación del Índice, la califica de “ falsa y del todo contraria a la Sagrada Escritura”.
      El echar abajo estas sentencias requiere algo más de lo que ud. hace en un simple comentario. Tiene ud. foros especializados en los que puede hacerlo.
      Por otra parte ud. se equivoca de sitio para exponer sus doctrinas científicas, en comentarios que ud. sabe nadie podrá contestarle. Así que no es procedente que las escriba en los comentarios de este blog (por lo que no se le admiten)
      En el sitio de Sungenis puede ud. puede discutir las tesis del libro “The Church was right, Galileo was wrong” (que puede adquirir para refutarlo). También puede acceder a algunos sitios y aceptar los retos a quienes prueben la movilidad de la tierra.
      Las líneas últimas de su comentario “Falacia etc..” parecen totalmente injustificadas como cualquiera puede apreciarlo.
      Por último le ruego que no siga exponiendo aquí sus ideas científicas en un foro que tiene otras pretensiones.

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      • El foro tiene otras pretensiones, sin embargo se empeña en hacer dogma de fe una particular teoría “científica” en base a una particular “exégesis bíblica” pretendiendo además que eso afecta a la la “Realeza universal de Nuestro Señor Jesucristo”. Supongo que nacer en un pesebre, en una gruta, de un pueblo perdido, de una provincia periférica del Imperio Romano también socava Su Realeza desde un punto de vista materialista.. Lo cierto es que la teoría heliocéntrica entró en el Indice y salió del Indice (además de que desde el punto de vista científico también está perimida) y ningún Papa ha definido nada sobre este tema ya que evidentemente no tiene nada que ver con “confirmar a sus hermanos en la fe”, así que esta discusión no hace mas que distraer de lo importante, que es la apostasía. De hecho esta discusión le hace el juego al enemigo ya que distrae, genera disensos entre los “hermanos”, y hace que se cuelen “pseudocientíficos” con argumentos mil veces rebatidos por la ciencia (que tampoco es una confabulación masónica) con lo cual se desvaloriza la lucha en el ámbito de lo religioso ya que todo se queda metido en una bolsa donde se juntan la verdad y lo friki-conspiranoico de forma que ya no hay quien pueda distinguir qué es verdad y qué es mentira.

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      • A Jorge Rodriguez: :
        ¿Dios tiene poder para hacer que la Tierra sea en centro del Universo, que no sea algo “errante” como el resto de los planetas, sino que sea firme, inmóvil y no rote sobre sí misma?.
        ¿Convenía a la Majestad del futuro (pero siempre presente en la Mente divina) del Verbo Encarnado que el lugar donde posara sus pies fuera el Centro del Universo creado desde donde imperara eternamente como Verbo Encarnado y Glorificado, y que su Reino se hubiera establecido por conquista vertiendo Su Sangre Redentora?
        Entonces…si tiene poder y convenía hacerlo…lo hizo. Y así está confirmado en la Escritura. El Geocentrismo favorece el Cristocentrismo, y todo ha sido creado por El como Verbo Increado y para El como Verbo Encarnado. Sería un disparate -imposible de pensarlo en la Mente Divina- que el trono del Rey sea un errante y vagabundo planeta y no el Centro Inmovil desde donde impera Jesucristo a la Creación entera..

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      • Estimado Simón, no podemos usar el argumento de que Dios podía y además le convenía que la Tierra fuese el centro del universo ¿Que sabemos nosotros lo que le conviene a Dios? Yo pienso que es lo que nos conviene o, mas bien, nos gustaría a nosotros.

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  2. La santa y prudente defensa de la Iglesia contra el engaño del Heliocentrismo

    Benedicto XIV autor del Índice de 1758

    Se ha dicho que la defensa realizada por la Iglesia contra el Heliocentrismo ha sido la acción más justa, más sabia y más prudente que se haya realizado en la Historia para frenar los embates de uno de los principales engaños de Satanás y de sus secuaces. Ciertamente el Santo Oficio tuvo la necesidad de condenar a Galileo por herejía y por enseñar doctrinas erróneas, y la condena fue justa y absolutamente coherente con su misión santa de guardar la integridad del legado de la fe Católica. Ahí comenzó una guerra abierta contra la Iglesia en la que sus enemigos no han escatimado en utilizar las armas más viles.

    Como ya hemos contado más de una vez, Galileo tuvo que enfrentarse al tribunal del Santo Oficio en dos ocasiones. La primera en 1616, cuando había publicado un libro analizando las manchas solares, entonces el Santo oficio condenó las dos siguientes afirmaciones suyas: 1. El sol es el centro del cosmos (del mundo) y permanece completamente inmóvil. 2. La tierra no es el centro del cosmos, no está inmóvil, sino que se mueve en su conjunto alrededor del sol, y también gira.

    A pesar de todo, en 1632, Galileo publicó fraudulentamente Dialogo sobre los dos Sistemas de Mundo, en el que defendía el sistema de Copérnico y ridiculizaba el sistema geocéntrico tradicional. Eso le supondría en 1633 el segundo proceso. La sentencia completa que Galileo recibió del Santo Oficio puede leerse en: http://www.euskalnet.net/jcgorost/sentencia.pdf
    Tres décadas después que el papa Urbano VIII y su Santa Congregación del Índice condenaran al heliocentrismo de Galileo como “formalmente herético” y “erróneo en la fe”, el Papa Alejandro VII extendió la condena a todos las obras de Copérnico, Kepler y Galileo, asi como a «todos los libros que afirmaran el movimiento de la Tierra y la estabilidad del sol…». Esto lo hacía Alejandro VII en 1664 mediante un nuevo Índice, y una bula asociada Speculatores Domus Israel, un documento de transcendental importancia en la lucha de la Iglesia contra la herejía del heliocentrismo, donde el Papa, como Vigilante de la Casa de Israel, exponía a los fieles la creación de un más completo y perfeccionado Índice de libros prohibidos que el anterior procedente del Concilio de Trento. Por una parte ahora para cada libro se añadirá el decreto por el que fue prohibido “para que así pueda conocerse toda la historia de cada caso concreto”. Además los libros se ordenarán en el Índice por orden de la gravedad por la que fueron condenados “pues así las personas que lean libros listados en las primeras páginas incurrirán en sanciones más severas”. Es notable que los libros de Copérnico, Kepler y Galileo aparecen listados en páginas más bien primeras. La bula termina conminando a cada uno de los patriarcas, arzobispos, obispos y Ordinarios, vicarios y oficiales, inquisidores, superiores de cada orden religiosa, congregación, sociedad o instituto actual o del futuro «a hacer todo lo que esté en su poder para que este Índice quede lo más ampliamente extendido y observado».[1]
    En 1742 el Papa Benedicto XIV fue empujado a relajar levemente la prohibición de los libros de Galileo, se trataría de que por motivos de estudio se pudiesen publicar extraordinariamente las obras de Galileo siempre que el movimiento terrestre apareciera específicamente tomado en ellas como hipótesis –no como tesis-, es decir, como un mero recurso matemático para facilitar los cálculos astronómicos, nunca como un hecho real y siempre incluyendo en estas obras la abjuración de Galileo. En muchos libros, enciclopedias, etc. (ver por ejemplo Wikipedia) se ha extendido la mentira que «Benedicto XIV mandó eliminar del Índice de libros prohibidos el De Revolutionibus de Copérnico, así como el Dialogo de Galileo Galilei, etc. con lo que daba por definitivamente probada la teoría heliocéntrica del sistema solar». Nada más falso, pues el De Revolutionibus de Copérnico, el Dialogo de Galileo y el Epitome de Kepler continuaron apareciendo en el Índice. La única diferencia es que hasta entonces el Índice contemplaba dos categorías de prohibiciones para los escritos de Copérnico: las específicas y las generales. Hay que tener en cuenta que Copérnico ya había manifestado que el tratamiento del movimiento de la Tierra lo hacía en su en su De Revolutionibus como hipótesis, sólo en base a facilitar los cálculos astronómicos. En 1754, Agostino Riccini, Secretario de la Congregación del Índice, solicitó a Benedicto XIV que la prohibición de los libros sobre el sistema heliocéntrico, como los de Copérnico, fuese relajada de tal manera que estos se pudieran publicar siempre que «contuvieran las correcciones apropiadas», por ejemplo haciendo notar que el movimiento de la Tierra es utilizado como hipótesis, no como tesis. Benedicto XIV accedió, y entonces la Congregación del Índice eliminó la prohibición general relativa a «todos los libros enseñando el movimiento de la Tierra y la inmovilidad del sol». Y así fue publicado un nuevo Índice en 1758, en el que seguían apareciendo las obras de Copérnico, Kepler y Galileo, debido a que estas obras seguían estando incorrectas en su forma presente. Algunas historiadores de la ciencia actuales han interpretado incorrectamente el hecho de la eliminación de la frase «todos los libros enseñando el movimiento de la Tierra…», como significando que a partir de 1758 quedaba ya permitido escribir cualquier libro afirmando el heliocentrismo. Esto no es así, pues para eso el libro que considerase la Tierra en movimiento debería tener claramente afirmado que el tratamiento del movimiento de la Tierra se hacía como hipótesis y no como tesis.

    Para poder entender en su dimensión la diferencia entre hipótesis y tesis desde la perspectiva cosmológica, debe tenerse en cuenta que en torno a los años 1740-1760 algún astrónomo había creído observar el paralaje estelar de alguna estrella[2], aunque no había una prueba definitiva, este fenómeno astronómico sabemos hoy que puede explicarse desde ambas hipótesis, heliocéntrica y geocéntrica, salvo que quizás desde la heliocéntrica tiene una explicación más simple. Entonces un astrónomo del siglo XIX muy bien podría utilizar la hipótesis heliocéntrica, por ejemplo, al calcular las distancias interestelares por paralaje estelar, aunque supiera fehacientemente que la Tierra está fija, de igual manera que los heliocentristas de nuestros días utilizan la hipótesis geocéntrica, que ellos creen falsa, para los cálculos de astronomía de posición en la navegación terrestre. En definitiva, para una única tesis que describe la realidad pueden utilizarse varias hipótesis distintas, incluso contradictorias, siempre que se usen como recursos matemáticos para hacer cálculos válidos. Y esto es lo que permitía el nuevo Índice de Benedicto XIV.
    Para mediados del siglo XVIII las presiones se hicieron continuas a la Congregación del Índice para que permitiera la libre publicación de cualquier libro defendiendo el heliocentrismo incluso como tesis. Así por ejemplo, es destacable una petición de Pietro Lazzari, profesor de Historia de la Iglesia del Colegio Romano, intentando convencer a la Congregación para que retirara la censura a los libros de Copernico, Foscarini, Zúñiga, Kepler y Galileo, a base de citar todos los astrónomos de aquel tiempo que defendían la tesis del heliocentrismo. Entre ellos cita a Christiaan Huygens y una presunta cita suya, «En nuestros días todos los astrónomos, excepto aquellos que tienen una mentalidad retorcida, … aceptan sin duda el movimiento de la Tierra y su situación entre los otros planetas». Lazzari cita a toda una pléyade de defensores del heliocentrismo, entre ellos al prestigioso científico Isaac Newton, que en el tercer libro de su Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, según asegura Lazzari, demuestra el heliocentrismo. Luego Lazzari añade muchas y variadas, que él mismo cree, pruebas del heliocentrismo, como por ejemplo: el movimiento de las estrellas fijas (el paralaje estelar), la aberración de la luz, la nutación del eje ecuatorial, las leyes de las mareas, los movimientos de los cometas, etc. Hoy sabemos ciertamente que ninguna de esas “pruebas” de Lazzari tienen la más mínima consistencia. Respecto a la “prueba” de Newton, Lazzari alude al centro de gravedad del sistema solar, diciendo que tiene que estar cercana al sol por ser un cuerpo mucho más masivo que el conjunto de todos los planetas. El error de Lazzari, como cualquier físico honrado reconoce hoy, es que para establecer el centro de masa hay que computar la masa total del universo, y este punto puede estar en el centro de la Tierra, como el propio Isaac Newton explica ampliamente en su obra[3]. Quizás Newton que era muy inteligente, y siendo un protestante conocedor y estudioso de la Biblia, se preocupó mucho en no contradecirla en ninguna parte de su magna obra. Pero hay que decir que ninguno de los argumentos de Lazzari, que fueron numerosísimos y poderosísimos –según piensan incluso los heliocentristas actuales- convencieron lo más mínimo a los miembros de la Congregación del Índice. Los mismos libros científicos que ya lo estaban siguieron inmisericordemente prohibidos.

    Las obras de Newton no llegaron nunca a estar en el Índice de libros prohibidos, sin embargo vamos a ver que en las publicaciones latinas merecieron una “Declaración” expresa. Aunque Newton no menciona el movimiento de la Tierra, el tomo III del Principia Mathematica sí era la mejor vía para que sus adeptos quedarán convencidos que el Heliocentrismo es algo así como un ‘hecho’. Como dice el astrofísico Fred Hoyle, durante el siglo XIX estuvo generalizada la falsa creencia que los principios de Newton representaban una prueba del heliocentrismo[4]. Incluso si se hiciera hoy una encuesta entre lo graduados en física, probablemente sería muy mayoritaria la creencia de que la gravitación de Newton representa una prueba formal del heliocentrismo. Newton había publicado ya libros de Matemáticas y de Óptica sin ningún problema por parte de la Inquisición, cuando en 1687 publicó su famosísima obra Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, en tres tomos, tocando en el tercero el tema de la gravitación, pero no fue hasta 1742 que la obra fue publicada en los dominios de la Iglesia de Roma, concretamente en Genova, siendo los encargados de la edición dos frailes menores, o sea, franciscanos (y no jesuitas como aparece en la mayoría de los textos históricos), Thomas Le Seur y François Jacquier. El objetivo de la publicación era poner la prestigiosa obra de Newton al alcance de los filósofos y científicos católicos, la mayoría de ellos jesuitas. Es reseñable en esta obra que en su página primera aparece la siguiente “Declaración” de los dos autores citados:
    «Newton en su tercer libro asume la hipótesis del movimiento de la Tierra. Las proposiciones del autor [Newton] no podrían ser explicadas excepto como mera hipótesis. De aquí que nos hemos vistos obligados a expresar una opinión que no es la nuestra. Pero nosotros profesamos obediencia a los decretos hechos por los Sumos Pontífices contra el movimiento de la Tierra»[5].
    Dice Robert Sungenis[6], que esta Declaración de los editores del Principia Mathematica en latín resume perfectamente lo que pensaban la mayoría de científicos católicos de aquella época sobre la opinión general de Newton, esto es, aunque no estuviera explicitada en la obra, sí inducia a hacer creer que la Tierra tenía un doble movimiento. Por otra parte, se observa que Le Seur y Jacquier no atribuyen los decretos condenatorios del movimiento de la Tierra a teólogos o cardenales de la Iglesia, sino a los Pontífices, en plural, lo cual equivale a reconocer que ellos soportaban la misma verdad que Benedicto XIV. También es de reseñar que esta ‘Declaración’ apareció en todas las versiones posteriores del Principia Mathematica de Newton, en varios países, hasta el año 1833, es decir, once años después del polémico imprimatur del libro de Settele, que en seguida veremos. Por lo tanto, sigue diciendo Sungenis, todo parece indicar que ese imprimatur tuvo poca o nula credibilidad.

    Es muy poco conocido el hecho de que la Revolución Francesa interfirió notablemente en el asunto Galileo, pues todo parece como si entre sus proclamas de “liberté, egalité et fraternité” también se escondiera la de “heliocentré”. En 1798 el ejército napoleónico francés ocupó Roma, abolió el gobierno papal, impuso una República Romana, el papa Pío VI fue deportado a Florencia … además de otras barbaridades. En 1800 fue elegido en Venecia un nuevo Papa, Pío VII, que en 1806 le fue concedido permiso para regresar a Roma con una muy restringida capacidad de gobierno, y poco después, en 1810 tras negarse a cooperar con los planes de la Revolución, el papa fue arrestado y trasladado a Florencia donde se le confinó durante cinco años. Fue entonces cuando Napoleón Bonaparte decidió trasladar todos los documentos del Archivo Vaticano a Francia, considerando como de interés prioritario aquellos relacionados con el proceso de Galileo. Al parecer Napoleón pretendía publicar un libro sobre el asunto Galileo, pero el proyecto no pudo ser concluido. [7]

    Muchos que han escrito sobre la pormenores de la historia del Índice de libros prohibidos han terminado su escrito diciendo que el Índice no fue abolido y la prohibición de los libros sobre heliocentrismo no fue levantada ¡hasta 1822! (remarcando con admiraciones esta tardía fecha). Pero muy pocos son los que se ocupan en pormenorizar todos los detalles de los acontecimientos que finalizaron en esa fecha de infausta memoria.
    Lo que sucedió en el año 1822 fue que bajo engaños, coacciones, mentiras, errores y presiones… el papa Pío VII concedió el Imprimatur a la obra “Elementos de Astronomía” (Vol. II) del canónigo Giussepe Settele, libro que contenía la tesis que la Tierra se mueve, con lo que aparentemente la Iglesia abandonaba el geocentrismo. Entre los errores científicos está que desde 1818, con la obra “Fundamenta Astronomiae” de Friedrich W. Bessel, se creía que el paralaje estelar era una prueba irrefutable del heliocentrismo. Otro error, como ya hemos dicho, era que para esa fecha ya se había extendido la falsa creencia que la gravitación de Newton refutaba la posibilidad de la Tierra inmóvil. A ese tomo II de “Elementos de Astronomía” en principio el censor principal Anfossi le rechazó el imprimatur en 1820, pero Settele apeló al papa Pío VII, que se encontraba en Roma sólo desde hacía 7 años –tras haber estado prisionero en Florencia-, en ese tiempo el Vaticano no era más que un feudo político de Napoleón, quien tenía incautados en Francia todos los documentos, especialmente los del caso Galileo y afines. Con estos condicionantes, que son cualquier cosa excepto elementos de libertad, tenía que tomar una decisión Pío VII. Aunque el Papa llevó el asunto a la Congregación del Santo Oficio, que el 16 de Agosto de 1820 volvió a rechazar el imprimatur, lo cual produjo un terremoto de críticas por parte de universidades e intrusos externos, lo cual derivó en discusiones sin fin (con agrias acusaciones de ‘censura eclesial’ por parte de toda la prensa de Francia, Alemania y Holanda). Finalmente, el deseado imprimatur le fue ‘concedido’ a Settele el 11 de Septiembre de 1822 –algunos piensan que la concesión no tiene validez jurídica-, los Cardenales de la Santa Inquisición aprobaron: «No reusar la concesión de una licencia a los Maestros del Sacro Palacio Pontificio para la impresión y publicación de obras tratando el movimiento de la Tierra y la estabilidad del sol, de acuerdo con la opinión general de los astrónomos modernos, en tanto en cuanto no haya otras indicaciones contrarias, sobre la base de los decretos de la Santa Congregación del Índice de 1757 y de este Supremo Santo Oficio de 1820»[8]. En el cual es reseñable primeramente la frase que parece supeditar la aprobación a una opinión general de unos astrónomos del siglo XIX, opinión que ahora sabemos con certeza que es errónea. En segundo lugar, habla del índice de 1757 (sic), en lugar de 1758 –confusión lógica teniendo en cuenta que los Cardenales no disponían de ninguno de los documentos incautados por Napoleón-, y en tercer lugar, en los decretos de 1758 sí había otras “indicaciones contrarias”, en concreto, la prohibición de tratar al heliocentrismo como tesis. Precisamente en este decreto del 11S de 1822 se concede permiso a «las obras tratando el movimiento de la Tierra», pero no se especifica si este tratamiento es como tesis o como hipótesis, más bien se habla de ‘opinión’, o de la manera en que los autores católicos modernos lo tratan, pero como ya se ha dicho anteriormente, el mantenimiento en las obras de Newton hasta 1833 de la declaración contra el ‘heliocentrismo implícito’ de Newton escrita por Le Seur y Jacquier indican que había opiniones contrarias a las de Settele[6].

    NOTAS
    1. http://www.ldolphin.org/geocentricity/Haigh3.pdf
    2. Entre otros, Robert Hooke en 1669 creyó haber detectado paralaje en la estrella Gamma Draconis, sin embargo la tecnología de esa época era impotente para detectarlo. Algo parecido sucedió en 1762 a James Bradley con la misma estrella, aunque en realidad lo detectado era aberración estelar. Finalmente en 1838 se atribuye a Friedrich Bessel haberlo conseguido midiendo el desplazamiento de la estrella 61 Cygni.
    3. Newton afirma lo siguiente: «Que el centro del sistema del mundo está inmóvil, es algo reconocido por todos, sin embargo algunos han acordado que la Tierra, otros que el sol, se encuentra fijo en este centro». (Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, Book 3: The System of the World, Proposition X, Hypothesis I). En el latín original dice: “Centrum systematis mundane quiescere. Hoc ab omnibus consessum est, dum aliqui terram, alii solem in centro systematis quiescere contendant”.
    4. “Nicolaus Copernicus. Un ensayo sobre su vida y obra”. Fred Hoyle. 1976.
    5. Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica, Isacco Newtono, PP. Thomæ Le Seur & Francisci Jacquier, Genevæ, MDCCXXXIX [1739]. Latin Original: “DECLARATIO: «Newtonus in hoc tertio Libro Telluris motæ hypothesim assumit. Autoris Propositiones aliter explicari non poterant, nisi eâdem quoquè factâ hypothesi. Hinc alienam coacti sumus gerere personam. Cæterum latis a summis Pontificibus contra Telluris motum Decretis nos obsequi profitemur».
    6. “Galileo was Wrong, the Church was Wright”. Robert Sungenis & Robert Bennett.
    7. Puede leerse en “Retrying Galileo” por Maurice A.Finocchiaro (capítulo 9). Disponible en internet como ebook.
    8. “E.mi DD. Decreverunt, non esse a praesenti et futuris pro tempore Magistris Sacri Palatii Apostolici recusandam licentiam pro impressione et publicatione operum tractantium de mobilitate terrae et immobilitate solis iuxta communem modernorum astronomorum opinionem, dummodo nihil aliud obstet, ad formam Decretorum Sacrae Congregationis Indicis anni 1757, et huius Supremae anni 1820” (Antonio Favaro, Galileo e l’Inquisizione, pp. 30-31).

    (Tomado del Blog “Creacionismo Especial”)

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  3. La sabiduría de san Roberto Belarmino (Tomado del blog Creacionismo Especial)

    El cardenal S. Belarmino frente al Modernismo de Galileo

    En 1613, en el trascurso de un banquete, un pupilo de Galileo, el joven monje y profesor de Matemáticas de la Universidad de Pisa, Fr. Benedetto Castelli, estuvo envuelto en una discusión con la Duquesa Cristina de Lorraine. La Duquesa, apoyada por un profesor de filosofía, se oponía a la teoría de Copérnico –defendida por Fr. Castelli– porque era contraria a la Sagrada Escritura. Fr Castelli a duras penas pudo contestar a la duquesa y al filósofo, y entonces solicitó ayuda a su maestro, Galileo, quien posteriormente escribió una larga y elaborada carta, la llamada “Carta a Castelli”[1], en la que expresaba su opinión personal sobre las relaciones entre la ciencia y la religión.

    En esta carta, Galileo aparece como el primer modernista [2], por su forma de distorsionar las Sagradas Escrituras para llevarlas a adecuarse a sus propias opiniones, y sus opiniones son siempre las derivadas en sus prácticas en las ciencias físicas. Galileo se ocupa en hacer la distinción entre los sentidos espiritual y físico en la Escritura, manteniendo que el espiritual podría ser cierto y el físico falso o irrelevante sin afectar a la integridad de la inerrancia de la palabra de Dios [3].

    Poco después, otro fraile, el carmelita Paolo Antonio Foscarini, también de la escuela modernista de Galileo, escribió un tratado de 64 páginas defendiendo la compatibilidad del sistema de Copérnico con la Sagrada Escritura. Este libro fue condenado por la Congregación del Índice. El Cardenal san Belarmino escribió una carta a Fr. P. A. Foscarini que es un modelo de sabiduría sobrenatural y prudencia. Aquí la transcribimos entera, para honrar a este Cardenal tan injuriado y mancillado por la progresia y los modernistas actuales:

    He leído atentamente la carta [4] en italiano y el tratado que Su Reverencia me envió, y le agradezco a usted por ambas cosas. Y confieso que ambas están llenas de ingenio e ilustración, y puesto que me pide mi opinión, yo se la daré muy brevemente, pues usted tiene poco tiempo para leer y yo para escribir. Primero, a mi me parece que Su Reverencia y Galileo se complacen con hablar hipotéticamente, y no absolutamente, como yo siempre he creído que Copérnico hablara.

    Decir que asumiendo que la tierra se moviera y el sol permaneciera fijo, todas las apariencias quedan mejor que con excéntricas y epiciclos, es hablar bien; no hay ningún peligro en esto y es ello suficiente para los matemáticos. Pero querer afirmar que el sol realmente está fijo en el centro de los cielos y únicamente revoluciona alrededor de sí (girando a través de su eje) sin viajar de este a oeste, y que la tierra está situada en la tercera esfera y revoluciona con gran velocidad en torno al sol, es una cosa peligrosa, no sólo por irritar a todos los filósofos y teólogos escolásticos, sino también por injuriar nuestra Santa Fe y suponer falsas las Sagradas Escrituras. Su Reverencia ha demostrado muchas formas de explicar la Sagrada Escritura, pero no las ha aplicado en particular, y sin duda usted lo habría encontrado eso más difícil si hubiera intentado explicar cada uno de los pasajes que usted mismo ha citado.

    Segundo, como ya usted sabe, el Concilio (de Trento) prohíbe explicar las Escrituras de forma contraria al común consenso de los Padres de la Iglesia. Y si Su Reverencia leyera no solo a los Padres sino también los comentarios de los escritores modernos al Génesis, Salmos, Eclesiastés y Josué, encontraría que todos concuerdan en explicar literalmente (ad litteram) que el sol está en el firmamento y se mueve lentamente alrededor de la tierra, y que la tierra está lejos de los cielos y permanece inmóvil en el centro del universo. Ahora considérese si la Iglesia podría atreverse a dar a la Escritura un sentido contrario al de los Padres y al de todos los comentadores latinos y griegos. No puede responderse que esto no es una materia de fe desde el punto de vista del sujeto material, pues lo es en la parte de aquellos que han hablado.

    Tercero. Yo digo que si hubiera una verdadera demostración de que el sol está en el centro del universo y la tierra en la tercera esfera, y que el sol no viajara alrededor de la tierra, sino que la tierra circulara el sol, entonces podría ser necesario proceder con gran cuidado al explicar los pasajes de la Escritura que parecen contrarios, y deberíamos más bien decir que no los comprendimos, antes que decir que alguno era falso como se ha demostrado. Pero yo no creo que hay una tal demostración; ninguna me ha sido mostrada.

    No es la misma cosa mostrar que las apariencias son salvadas asumiendo que el sol estuviera en el centro y la tierra en los cielos, como demostrar que el sol está realmente en el centro y la tierra en los cielos. Yo creo que la primera demostración podría existir, pero tengo graves dudas sobre la segunda, y en caso de duda, uno no puede apartarse de las Escrituras como son explicadas por los santos Padres.

    Y añado que las palabras “el sol se levanta y el sol se pone, y se apresura a llegar al lugar de donde surgió, etc.” fueron las de Salomón, quien no sólo hablaba por inspiración divina sino que además era un hombre sabio por encima de los demás y el más erudito en las ciencias humanas y en el conocimiento de todas las cosas creadas, y su sabiduría procedía de Dios. Así que tampoco es probable que hubiera afirmado algo que era contrario a la verdad ya demostrada o posible de ser demostrada. Y si usted me dice que Salomón hablaba únicamente de acuerdo a las apariencias, y es que nos parece que el sol viaja alrededor nuestro cuando realmente es la tierra la que se mueve, así como parece a uno que va en una barca que la playa se aleja de la barca, yo le responderé que quien parte de la playa, a pesar que le parezca a él como si la playa se alejase, él sabe que está en un error y lo corrige, viendo que la barca se mueve y no la playa. Pero con respecto al sol y la tierra, ningún hombre sabio necesita corregir el error, puesto que claramente experimenta que la tierra está quieta y que su ojo no le engaña cuando enjuicia que se mueve el sol, al igual que no le engaña cuando enjuicia que la luna y las estrellas se mueven.

    Y esto es todo por el presente. Saludo a Su Reverencia y pido a Dios que le otorgue felicidad.

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  4. A Jorge Rodriguez:
    Potuit, decuit, ergo fecit. Es el argumento con el que Duns Scoto, el franciscano de la Inmaculada Concepción, esgrimió en contra de los que sostenían la mácula original en María Santísima. CONVENIA que Su Madre fuera Inmaculada, tenía PODER para hacerlo, luego lo HIZO.
    Lo mismo utilizo para con el Geocentrismo. ¿En qué me “conviene” a mí personalmente, o a los que sostenemos el Geocentrismo? Tan sólo leemos LITERALMENTE lo que el Espíritu Santo habló por la boca de los Profetas y Escrituristas inspirados.
    Por otra parte CONVIENE a los Caballeros de Dios buscar Su Gloria y Honor con todos los argumentos racionales y de Fe que tengamos al alcance. En la búsqueda del honor de Jesucristo prefiero excederme, y así lo quiero, más bien por alabanza que por defecto.
    VIVA CRISTO-REY, “ayer, hoy y por los siglos” (Heb. XIII,8)

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