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LOS CAMBIOS EN LA VIGILIA PASCUAL


[En este artículo se dice que los cambios de la Vigilia Pascual fueron implementados sin la aprobación del papa Pío XII. En realidad bajo él, el  16 de niviembre de 1955, se promulgó un decreto que ordenaba los cambios litúrgicos de la Vigilia Pascual así como otros cambios litúrgicos y leyes del ayuno en la Semana Santa,  como puede verse en Decreto General sobre la Reforma de Semana Santa]

Un lector pregunta: “¿Por qué la misa de la Vigilia Pascual en el rito tradicional 

De: Rob

Misa de la Vigilia de Pascua
Tradicionalmente, la Misa de la Vigilia Pascual  
comenzaba al mediodía del Sábado Santo 
Originalmente, la Vigilia duraba 24 horas 
desde la medianoche del Viernes Santo, 
pero los católicos se volvieron perezosos. 
En 1956 los revolucionarios introdujeron un rito protestante 
que no fue aprobado oficialmente por el Papa Pío XII. 
Sorprendentemente, en algunos sitios los que se llaman a sí mismos tradicionales 
usan la forma de un  “Medio Novus Ordo”  de 1956 

Estimados padres de TRADITIO: Tuve el privilegio este año, de haber podido asistir a los totalmente tradicionales del Sábado Santo y de la misa de Vigilia Pascual que los acompaña al mediodía. No eran los ritos restringidos y protestantizados introducidos en 1956 por el arquitecto jefe del Novus Ordo, Hannibal Bugnini, sino los tradicionales, celebrados universalmente antes de 1956 en la primera etapa del rito introducido abruptamente  (inválido) Novus Ordo. , que alcanzó su culminación en 1969. Nadie ha podido explicarme claramente por qué la Misa de la Vigilia Pascual comienza al mediodía del Sábado Santo. Sé que esto no tiene nada que ver con las misas de “víspera”  del falso Novus Ordo , también conocido como “Misas Golf”, celebradas, desde el Concilio Vaticano II, en el judaico sábado con el fin de que los “fieles” de la Nueva Iglesia  pudiesen jugar al golf en el Día del Señor, el domingo.

Respuesta de los padres de Traditio

Hace dos milenios los católicos pasaban 24 horas haciendo la vigilia desde la medianoche del Viernes Santo a la medianoche del Sábado Santo. La prueba de esta práctica está documentada  en las más antiguas relaciones..  A medida que pasaron los años, los católicos se volvieron cada vez más perezosos (tenemos declaraciones de papas que confirman este hecho que a su vez se confirma en nuestros propios tiempos) por lo que a medida que pasaban los siglos, la vigilia de 24 horas se hizo cada vez más corta: menos salmos, menos oraciones, homilías más cortas. Finalmente  el rito que duraba 24 horas se normalizó en una duración de 12 horas, que es el rito que tenemos hoy, y que termina con la Misa de la Vigilia Pascual en el mediodía del Sábado Santo. Esta Misa tiene varias diferencias con respecto a una Misa común, lo que indica su antigüedad. La Misa esencialmente termina después de la Comunión y sigue un rezo abreviado de Vísperas. Este es el rito tradicional que se ha usado durante un milenio.


En 1956, Hannibal Bugnini, el arquitecto principal del Nuevo Orden (inválido) (o,  en este caso, del inicio del Nuevo Orden), hizo una versión, corrompida,  de la liturgia del Sábado Santo de antes de la medianoche. Pero esto fue un fraude, por dos razones: porque no volvió a poner las 24 horas originales de salmos, oraciones, sermones, etc., y porque su nuevo rito estaba corrompido en una forma protestantizada.  
El Papa Pío XII nunca aprobó oficialmente los ritos protestantizados de Bugnini de 1956. Fueron publicados directamente por el Comité de “Reforma” de Bugnini sin la aprobación del Papa. Pero, como muchas de las “reformas” protestantes del AntiConcilio Vaticano II, los revolucionarios tenían el poder suficiente para ver que de todos modos se llevaban a la práctica. Sin embargo, varios países, como Gran Bretaña, se negaron a implementar los cambios, del mismo modo que los sacerdotes católicos totalmente tradicionales de todo el mundo se siguen negando hasta el día de hoy.


Históricamente, la Iglesia ha visto un significado espiritual en la práctica de comenzar la Misa de la Vigilia Pascual al mediodía del Sábado Santo. Durante la Cuaresma, la Pasión y la Semana Santa, tanto en los ritos tradicionales occidentales como orientales, hay una inversión simbólica del tiempo como consecuencia de la Caída de Adán, con la restauración de la normalidad que viene sólo con la victoria del Señor en la mañana de Pascua . Esta inversión también ocurre en las Horas del Oficio Divino durante la Cuaresma. El Miércoles de Ceniza y durante el resto de la Cuaresma, con la excepción de los domingos, las Vísperas no se cantan a la hora habitual de la tarde, sino que se cantan antes de la hora del almuerzo, incluso los días festivos. Esta práctica estaba asociada con el ayuno, que, por supuesto,  Bugnini y los revolucionarios odiaban, porque era tradicional y necesaria según la Biblia. 
La práctica de Cuaresma también representa una inversión simbólica del tiempo, con la restauración de la “normalidad” que viene con la victoria del Señor en el domingo de Pascua.

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11 replies »

  1. Los que reconocen a Pio XII como verdadero papa deben aceptar su reforma litúrgica de 1956. En efecto la LEX ORANDI – sobre todo en el caso de la Semana Santa – es del dominio de la infalibilidad pontifical.

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  2. La infalibilidad pontifical es un dogma no desde Pio IX pero desde la declaración de Jesús: « Ait autem Dominus: Simon, Simon, ecce Satanas expetivit vos ut cribraret sicut triticum: ego autem rogavi pro te ut non deficiat fides tua: et tu aliquando conversus, confirma fratres tuos. (Luc 22, 31-32) LEX ORANDI es obligatoriamente incluido en esta infalibilidad ya que está totalmente basada en las Escrituras y la Tradición que todo papa debe conservar en su integridad perfecta.

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  3. Desde Pío IX está precisado cual es el alcance de la infalibilidad, que no cubre otra cosa que no sea la enseñanza de la doctrina (si es solo para definir o en casos mas amplios es otra discusión)

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  4. Las reformas litúrgicas aprobadas e instituidas por orden de Su Santidad el Papa Pio XII ocurrieron entre los años 1951 y 1958. La comisión designada para la realización de los trabajos y estudios contaba, como ya sabemos todos, con dos modernistas muy conocidos, Bugnini y Bea, y que tras la muerte de este Romano Pontifice, juntamente con Pablo VI, implementaron con éxito sus propias concepciones acerca de las reformas litúrgicas, haciendo parecer – a los incautos – que sus reformas eran tan sólo la continuidad de las reformas iniciadas por el Papa Pío XII, y con un reconocimiento implícito de éste, cómo quizo hacer parecer el pseudo Papa Pablo VI, Montini, intentando dar un carácter de ortodoxia a los cambios aburdos que vendría a realizar.

    Considerando estas cosas, algunos neogalicanos, de entre los cuales se distinguen algunos pocos sedevacantistas – intelectualmente deshonestos y soberbios – muy críticos de la fsspx por considerar que ésta aunque reconozca a los pseudopapas del postconciliábulo Vaticano II como legítimos – lo que no lo son, absolutamente – los desobedescan y elijan según sus propios gustos lo que es o no ortodoxo en la doctrina enseñada por ellos, actúan de forma semejante a estes últimos – o de forma aún más grave considerando que el Papa Pío XII fue de hecho un Papa legítimo – y bajo los más diversos y absurdos pretextos se sienten justificados en rechazar completamente las reformas de este Romano Pontifice, o parte de ellas, particularmente su reforma de la Semana Santa, creyendo que estas fueron el preludio de las catastróficas reformas subsiguientes, incurriendo, con eso, en el gravísimo pecado de desobediencia, herejía y cisma.

    Nosotros, los católicos, estamos obligados a someterse al Romano Pontifice no sólo en cuestión de doctrina, sino también en la liturgia debido a la correlación que hay entre las dos cosas, por supuesto – lex orandi lex credendi. Esto nos enseña el Magisterio y todos sedevacantistas medianos ya lo saben, o por lo menos ya lo deberían saberlo…

    “El soberano Pontífice, por su parte, goza del derecho de reconocer y establecer cualquier práctica que toque la adoración de Dios, para presentar y aprobar nuevos ritos, así como para modificar los que juzga exigir modificación” (Mediador Dei, Papa Pío XII, 11/20/1947, Canon 1257)

    Bastarían dos sanciones emanadas de los decretos del Concílio de Trento para, per se, poner fin a cualquier discusión en esta cuestión:

    “Si alguien dice que las ceremonias, las vestimentas y las señales exteriores, que la Iglesia Católica usa en la celebración de misas, son incentivos a la impiedad, y no al servicio de la piedad: sea anatema.

    “Si alguno dijere que los ritos recibidos y aprobados de la Iglesia Católica, en uso en la administración solemne de los sacramentos, pueden ser despreciados o omitidos sin pecado, al placer de los ministros, […] sea anatema. (Cánones sobre la Misa. Denziger)

    La Santa Iglesia no puede proponer nada pernicioso a los fieles, ni en materia de fe ni tampoco en disciplina litúrgica – jamás propuso ni propondrá – éste siempre fue el sentir comum entre los Santos Padres y doctores de la Iglesia:

    Papa Pío VI

    “Como si la Iglesia, que es gobernada por el Espíritu de Dios, pudiera establecer una disciplina no sólo inútil y más onerosa de lo que la libertad cristiana puede tolerar, sino que sea por encima peligrosa, nociva, propia a inducir a la superstición o al materialismo “- proposición que él condenó como ‘falsa, temeraria, escandalosa, perniciosa, ofensiva a los oídos pios, etc.'” (Auctorem Fidei)

    Papa Gregorio XVI

    “La Iglesia, que es la columna y el sostenimiento de la verdad y que manifiestamente recibe sin cesar del Espíritu Santo la enseñanza de toda la verdad, ¿podría ordenar, conceder, permitir algo que resultara en detrimento de la salvación de las almas y en desprecio y el perjuicio de un sacramento instituido por Cristo? ” (Quo Graviora)

    Papa León XIII

    “Sin embargo, no es al albedrío de los particulares, fácilmente engañados por las apariencias de bien, que la cuestión debe ser resuelta: pero es a la Iglesia que corresponde emitir un juicio, y todos deben acudir a ella, so pena de incurrir en la censura emanada por Nuestro predecesor Pío VI. Él declaró la proposición 78 del Sínodo de Pistoia injuriosa para la Iglesia y el Espíritu de Dios que la gobierna, mientras somete a discusión la disciplina establecida y aprobada por la Iglesia, como si la Iglesia pudiera establecer una disciplina inútil o demasiado onerosa para la libertad cristiana ” (Testem Benevolentiæ)

    Papa Pío XII

    “Como, en verdad, ningún católico fiel puede rechazar las fórmulas de la doctrina cristiana compuestas y decretadas con gran ventaja en la época más reciente de la Iglesia, inspirada y dirigida por el Espíritu Santo, para volver a las antiguas fórmulas de los primeros concilios, o repudiar las leyes vigentes para volver a las prescripciones de las antiguas fuentes del derecho canónico; así, cuando se trata de la sagrada liturgia, no estaría animado de celo recto e inteligente aquel que quisiera volver a los antiguos ritos y usos, rechazando las recientes normas introducidas por disposición de la divina Providencia y por cambio de circunstancias.” (Mediator Dei, 1947)

    Papa León XIII

    “(…) Por ciertos índices que se observan, no es difícil constatar que, entre los católicos, ciertamente en razón de la infirmeza del tiempo, existen los que, poco contentos con su situación de súbditos que en la Iglesia, creen poder tener alguna parte en su gobierno o por lo menos imaginan que les es permitido examinar y juzgar a su manera los actos de la autoridad. Si esto prevaleciera, sería un gran daño en la Iglesia de Dios, en la cual, por la voluntad manifiesta de su divino Fundador, se distingue en su personal a los que se enseñan y los que enseñan, el rebaño y los pastores, entre los cuales un, es el jefe y el pastor supremo de todos. Sólo a los pastores se les dio poder de enseñar, de juzgar, de corregir, a los fieles fue impuesto el deber de seguir las enseñanzas, de someterse con docilidad al juicio y de dejarse gobernar, corregir, conducir a la salvación.
    Así es absolutamente necesario que los simples fieles se sometan de espíritu y de corazón a sus propios pastores, y ellos con ellos al Jefe y Pastor supremo; es en esta subordinación y dependencia que gira el orden y la vida de la Iglesia; es en ella que se funda la condición indispensable del bien hacer y todo llevar a buen puerto. Al contrario, si ocurre que los simples fieles se atribuyen autoridad, si ellos la pretenden como jueces y señores; si los subordinados, en el gobierno de la Iglesia universal, prefieren o intentan hacer prevalecer una directriz distinta de aquella trazada por la autoridad suprema, es una subversión del orden; se lleva de esa forma la confusión a muchos espíritus, y se sale del camino.Y no es necesario, para faltar a un deber tan santo, hacer acto de oposición manifiesta, sea a los obispos, sea al jefe de la iglesia, es bastante que tal oposición se haga por medios indirectos, tan más peligrosos cuanto más ocurre la preocupación de esconder por sus apariencias contrarias. De esta forma, se falta a ese deber sagrado desde que, al mismo tiempo que se manifiesta celo por el poder y las prerrogativas del Supremo Pontífice, no se respetan los obispos que a él están unidos, no se tiene en cuenta suficiente su autoridad, y se interpretan lamentablemente sus actos y sus intenciones sin esperar el juicio de la Sede Apostólica.
    De la misma forma, es prueba de una sumisión poco sincera, establecer una como qué oposición entre un Pontífice y otro. Aquellos que, entre dos direcciones diversas, repudian el presente para sostener al pasado, no dan prueba de obediencia a la autoridad que tiene el derecho y el deber de guiarlos: y bajo cierto aspecto se asemejan a los que, condenados, quisieran apelar al Concilio futuro o a un Papa mejor informado. De este aspecto, lo que es es necesario fijar que en el gobierno de la Iglesia, salvo los deberes esenciales impuestos a todos los Pontífices por su cargo apostólico, cada uno de ellos puede adoptar la actitud que juzgue la mejor según los tiempos y otras circunstancias. De esto es él el único juez; considerando que para ello no sólo tiene luces especiales, sino también el conocimiento de condiciones y necesidades de toda la catolicidad a la que conviene que condescenda su previsión apostólica. Es él quien cuida del bien y todos los demás que son sometidos a esta orden deben secundar la acción de un director supremo y servir al fin que él quiere alcanzar. Como la Iglesia es una y uno su jefe, así es uno el gobierno al que todos deben conformarse. ” (Papa León XIII – Carta Epístola Tuya al Cardenal Guibert, 17 de junio de 1885)

    Santo Tomás de Aquino

    Cita de San Cirilo de Alejandría retomada por Santo Tomás en su Cadena de oro, en relación a su comentario de Mateo XVI, 18). Apoyándose sobre Luc XXII, 32, el doctor común enseña que la Iglesia no puede errar, porque el papa no puede errar:

    “La Iglesia universal no puede errar pues Aquél que es escuchado en todo a título de su dignidad ha dicho a Pedro, sobre la profesión de fe del cuál es fundada la Iglesia: «Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca jamás»” (Suma teológica, II-II, q. 1, a. 10). “Una vez que las cosas han sido decididas por la autoridad de la Iglesia universal quien rehusara obstinadamente someterse a esta decisión, sería hereje. Esta autoridad de la Iglesia reside principalmente en el soberano Pontífice.”

    Dom Próspero Guéranger (1885)

    “La disciplina eclesiástica es el conjunto de las regulaciones exteriores establecidas por la Iglesia. Esta disciplina puede ser general, cuando sus regulaciones emanan del poder soberano de la Iglesia con la intención de obligar a todos los fieles, o al menos una clase de fieles, salvo las excepciones concedidas o consentidas por el poder que proclama esa disciplina. Ella es particular cuando las regulaciones emanan de una autoridad local que la proclama en su alzada. Es artículo de la doctrina católica que la Iglesia es infalible en las regulaciones de su disciplina general, de suerte que no se permite sostener, sin romper con la ortodoxia, que una reglamentación emanada del poder soberano en la Iglesia, con la intención de obligar a todos los fieles o al menos toda una clase de fieles, podría contener o favorecer el error en la fe o en la moral. De ahí que, independientemente del deber de sumisión en la conducta impuesto por la disciplina general a todos los que ella rige, se debe también reconocer un valor doctrinal en las regulaciones eclesiásticas de esa naturaleza. La práctica de la Iglesia confirma esta conclusión.”

    O sea, la cuestión es muy simple, o se admite que Su Santidad el Papa Pío XII fue de hecho un legítimo Pontífice y se aceptan sus refomas, o se niega que haya sido un Papa legítimo y punto. No hay término medio. Y en eso admiro la coherencia – aunque absurda – del brasileño Homero Johas que, viendo en las reformas de Pio XII algo malo y pernicioso a la fe, dejó de considerarlo un legítimo Soberano Pontifice.

    ROMA LOCUTA CAUSA FINITA

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  5. Una cosa es que un Papa tenga el Derecho de modificar la Liturgia, y otra cosa es decir que es infalible en la prescripción de una liturgia como si fuera lo mismo la liturgia que la definición de un dogma. Por mas que repitan como loritos lex orandi lex credendi, no es la misma cosa. ¿O es que Pio XII cambio algún dogma al cambiar la liturgia? La doctrina era la misma antes del cambio y después. Ya ven que se cambió lex orandi sin cambiar lex credendi ¿entonces?

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  6. Tres Evangelistas, inspirados por el Espíritu Santo, vincularon la transubstanciación del pan y del vino – que es la esencia de la Misa santa – a la Inmolación de Jesús sobre la Cruz. Pio XII por su reforma suprime en los tres lecturas de la Pasión de la Semana Santa este lazo, lo que es un ataque contra el fundamento de la Misa Santa. Esta supresión tiene por objeto transformar la Misa católica, con Presencia Verdadera, en la Misa protestante de simple memorial. Se trata de un ataque contra uno de los principales fundamentos de la fe católica.

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