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PATROCINIO DE SAN JOSÉ


MEMORIA DE SAN JOSÉ EN EL TIEMPO PASCUAL


En su Año Cristiano Dom Gueranguer OSB esboza una breve pero significativa historia del culto hacia San José que presenta como una devoción reservada para estos últimos tiempos ya que, a pesar de estar fundado en el Evangelio, no se extendió con carácter universal, en Oriente y Occidente hasta el siglo XV (cfr. Prospero GUERANGER, El Año Litúrgico, III, Burgos: Ediciones Aldecoa, 1956, 257-262).

A partir del siglo XIII, en que comenzó a hacerse sentir el enfriamiento del mundo, (cfr. la expresión «Frigescente mundo» en la Colecta de la conmemoración de los Estigmas de san Francisco: «Señor Jesucristo, que para encender nuestros corazones con el fuego de tu amor al enfriarse/entibiarse el mundo…) en cada época ha aparecido una nueva fuente de gracias.

Así ocurrió con la fiesta en honor del Santísimo Sacramento, cuyo desarrollo posterior engrandeció de manera notable el culto eucarístico con la Procesión solemne, las Exposiciones, las Bendiciones, las Cuarenta Horas. A ella siguió la devoción al santo Nombre de Jesús, cuyo principal impulsor fue san Bernardino de Sena y la del Vía Crucis.

Los siglos posteriores vieron renacer la comunión frecuente y la aparición del culto al Sagrado Corazón de Jesús produjo tantos frutos en las almas. Y los ejemplos podrían multiplicarse, como el incremento de la piedad mariana a raíz de la declaración de los dogmas de la Inmaculada y la Asunción o de las apariciones de Fátima y Lourdes. Dom Guéranguer pone en relación la particular veneración hacia san José con el desarrollo de la piedad hacia la Virgen Santísima del cual sería consecuencia dada la íntima unión de ambos en el misterio de la Encarnación.

Pero la devoción al Esposo de María no es solamente un justo tributo que rendimos a sus prerrogativas; es también para nosotros la fuente de un nuevo socorro tan extenso como poderoso.

La Iglesia nos invita a recurrir con una confianza absoluta a san José porque ningún hombre ha tenido con el Hijo de Dios sobre la tierra una intimidad mayor. Y Jesús que le fue sumiso quiere glorificar a aquel de quien quiso depender, y a quien confió su niñez y el honor de su Madre. Al igual que el faraón de Egipto decía a sus pueblos hambrientos, Jesús nos dice: «Id a José; haced lo que él os dijere» (Gen 41, 55). «¡Qué bien se aplican estas palabras también al patriarca homónimo de Nazaret, que tuvo como súbdito a Aquel que lleva todo el universo en su mano, y alimentó con el trabajo de sus manos al mismo Jesucristo! Por eso su poder es tan grande como su gloria en el cielo. Dios jamás le negará un pedido que sea para gloria de su Hijo y para nuestra salud eterna» (Mons. STRABINGER, La Sagrada Bibliain loc. cit.).

En la revelación de este nuevo refugio preparado para los últimos tiempos han tenido parte almas privilegiadas como santa Teresa de Jesús que consignó por escrito su devoción hacia el santo Patriarca:

«Tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendeme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad, como de otras mayores de honra y pérdida de alma, este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo, hasta ahora, haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma: que a otros santos parece les dio el señor gracias para socorrer una necesidad; a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra, que como tenía nombre de padre siendo ayo, le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide. Esto han visto otras algunas personas, a quien yo decía se encomendase a él, también por experiencia; y aun hay muchas que le son devotas de nuevo experimentando esta verdad» (Vida, VI)

Para responder a numerosos deseos y a la devoción del pueblo cristiano, el 10 de diciembre de 1847, Pío IX extendió a la Iglesia universal la fiesta del Patrocinio de S. José que había sido otorgada a la Orden de los Carmelitas y a algunas Iglesias particulares. En efecto, los carmelitas descalzos de la congregación de España, siguiendo fielmente el espíritu de Santa Teresa de Jesús, pidieron a Roma celebrar esta  fiesta del Patrocinio de San José. El 6 de abril de 1682 Inocencio XI concedió que en la Dominica tercera después de la Pascua de Resurrección pudiesen celebrar esta festividad. En el siglo XVIII la Congregación de Ritos pasó la fiesta del domingo al miércoles (día que la liturgia romana ordinariamente dedica al santo) de la segunda semana de Pascua. Más tarde, Pío X elevó esta fiesta al rango de las mayores solemnidades, dotándola de una Octava con una gran riqueza hagiográfica en los textos propios para el oficio de Maitines.

El 1 de mayo de 1955, Pío XII en presencia de miles de obreros representantes de la Asociación Cristiana de Trabajadores, anunció la institución de la fiesta litúrgica de San José artesano con la idea expresa de que este día recibiera así «su consagración cristiana» para que «lejos de ser fomento de discordias, de odios y de violencias» se convirtiera en «una invitación constante a la sociedad moderna a completar lo que aún falta a la paz social. Fiesta cristiana por tanto, es decir, día de júbilo para el triunfo concreto y progresivo de los ideales cristianos de la gran familia del trabajo» (Pío XII, Discurso, in:http://w2.vatican.va/content/pius-xii/it/speeches/1955/documents/hf_p-xii_spe_19550501_san-giuseppe.html)

Nótese, que, queriendo consagrar la dignidad del trabajo, «Pío XII instituyó la fiesta de San José Obrero pero no la de Cristo obrero. No se podía en realidad comparar el título de la fatiga laboral al título de la realeza teándrica consagrado por Pío XI con la festividad de Cristo Rey» (Romano AMERIO, Iota Unum, 31.5. En nota añade: «Ya en 1960 fue instituida en los suburbios de Roma la parroquia del Divino Jesús obrero. Pero la Iglesia no ha festejado jamás a los Santos más que por títulos religiosos (confesores, doctores, mártires, etc.), y el decreto de Pío XII para San José constituyó una novedad»).

La fiesta del 1 de mayo venía a suprimir la del miércoles de la segunda semana de Pascua, mientras que la fiesta tradicional del 19 de marzo habría de señalar desde 1961, la fecha definitiva del Patrocinio de San José sobre la Iglesia universal.

Ángel David Martín Rubio

2 replies »

  1. ¿ Por qué San José es los más grandes de todos los santos? Santa Gertrude nos dice que cuando su nombre es pronunciado al Paraíso todos los santos inclinan la cabeza en signo de respeto luego contemplan su gloria incomparable. La respuesta es fácil dar: porque San José puso el mismo acto de fe que su Esposa María bienaventurada. Eva no había creído que una concepción podía ser realizada por la potencia creadora de Dios. María creyó en la palabra del Arcángel Gabriel Y EL VERBO SE HISO CARNE en Ella. Cuando el Arcángel le anuncia a José que su Esposa concibió por la intervención del Espíritu Santo, cree lo que Adam no había considerado posible. Pone así el mismo acto de fe que la Bienaventurada María, virgen para la eternidad como su virginal Esposo. Es en título muy justo que la Virgen María le dice a Jesús en el momento del recubrimiento en el templo de Jerusalén: ” Tu padre y yo te buscábamos en el dolor … ” Jesús no la contradice sino le recuerda su naturaleza doble divina y humana. José realmente es padre de Jesús-hombre por la intervención del Espíritu Santo.

    Por su acto de fe, San José repite la plaza de Adam en el plan de Dios. La Liturgia santa lo proclama en Laudes de San José: Coelitum, Joseph, decus atque nostrae spes vitae, columenque mundi. Es por San José que la realeza sobre el mundo, perdida por Adam, ha sido restablecida

    En Mateo 22, 42-46, Jesús prueba que no es el hijo de rey David. Pero leemos en Luc 1, 30-33 : Et ait angelus ei: Ne timeas, Maria: invenisti enim gratiam apud Deum. Ecce concipies in utero, et paries filium, et vocabis nomen ejus Jesum: hic erit magnus, et Filius Altissimi vocabitur, et DABIT ILLI DOMINUS DEUS SEDEM DAVID PATRIS EJUS : et regnabit in domo Jacob in æternum, et regni ejus non erit finis. No puede tener contradicción en los textos de la Revelación. Es pues José, hijo de David, quien es el padre de Jesús. Pero no por el modo carnal escogido por Eva y Adam pero por la intervención del Espíritu Santo.

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  2. El cambio de fecha, al 1-5, fue un gran error, más afín al proyecto del nuevo orden iluminati. La diferencia sería que en tiempos del Señor, la pertenencia a la casa divina, la daba el padre, en este caso, por ser el Hijo de Dios, el padre legal , es san José.
    En la actualidad la secta, dice que la pertenencia a esa raza, la recibe de la madre, otros tiempos y otros mitos y fabulas judaicas. Igualmente en Nuestro Señor Jesucristo, no hay conflictos de linajes porque tanto la Virgen María santísima, y su esposo san José, ambos eran de simiente divina, de la Casa de David. Lo lógico era que san José, inscribiera al niño Dios. Y Nuestro Señor es el único, que su Padre es Dios. Han modificado justamente ese versiculo , de la sagrada Escritura, como tantos otros, cuando se refieren a la Virgen María o san José , como los padres o sus padres en unidad, por el gran desprecio, de la secta, a su divinidad, y a la segunda persona, de la santisima trinidad.

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