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IDENTIKIT DEL ANTICRISTO


[El término identikit designa en el ámbito policial de las lenguas modernas, un retrato, reconstruído a partir de testimonios, indicios o testigos, de los sospechosos de crímenes o delitos.

El siguiente es un artículo póstumo de un meritorio escritor sedevacantista brasileño afincado últimamente en Fátima, Arai Daniele. Es notable su perspicacia de la situación global del mundo y de la Iglesia en particular. Fue un gran debelador del pontificado de Roncalli/Juan XXIII. Sobre este asunto tenemos en el blog algunos artículos suyos, particularmente el magistral artículo titulado Quién era Nikita Roncalli. Sin embargo él era contrario a lo defendido en el blog sobre la suplantación de Lucía de Fátima así como al probable nuestro Tercer Secreto. Para él, incomprensiblemente, el Tercer Secreto publicado por el Vaticano en 2000, era el auténtico. Hay algunos comentarios suyos sobre ambos temas.

Ahora añadimos el siguiente artículo suyo, que puede servir de homenaje,  transcurridos ya varios meses de su fallecimiento]

“IDENTIKIT” DEL ANTICRISTO EN EL VATICANO

Arai Daniele
La decadencia del mundo contemporáneo es general y profunda, alcanza a todos los campos y a todos los niveles: de la familia al estado, de la justicia a la política. Donde no hay guerras inicuas hay violencia y corrupción sin freno. Todo esto,convive con la inmoralidad y con el delito. Nunca la autoridad fue tan necesaria; nunca ha sido tan ausente. Nunca hubo controles tan potentes, jamás tal desgobierno. En el plano de los hechos la tentación moderna de sustituir el orden natural por un nuevo orden ha terminado en un descalabro: ya no se puede  recurrir a poderes humanos para contener desórdenes nacionales y masacres internacionales. Negado el origen divino del orden y de la autoridad en las conciencias, la sociedad humana ya no es libre, sino que se degrada cada vez más.
– Cuando no hay Dios, todo está permitido –
Como la degradación descrita tiene origen espiritual y se ha incrementado de modo exponencial en las épocas de las revoluciones y especialmente, en nuestra época a partir de los años sesenta en la Iglesia, nos tica ahora reafirmar su naturaleza, como el extremo castigo anunciado; castigo que se manifiesta en la falta de una autoridad que sea guía para el bien de las conciencias y freno para su desvío del mal; siendo esto lo que define la Autoridad universal Católica. Pero se trata de una situación mucho peor que una simple ausencia; se trata de la adulteración de su presencia.
¿Cuál es la relación causa-efecto entre la fe en Dios y el desorden social?
El bien del ser humano y de su sociedad está conectado con su razón de ser: con su principio y fin. ¿Cómo podríamos conocer nuestro bien permanente , desconociendo nuestro fin último? ¿Y cómo podría el bien de la sociedad humana ser ajeno al fin último de sus miembros? Los hombres pueden distinguir un bien de un mal inmediato, pero no pueden conocer por sí mismos el propio bien permanente ligado al fin de la vida humana. He aquí por qué necesitamos el Logos, Principio de todo conocimiento, para discernir nuestro fin último y acoger el bien y apartar el mal para que la sociedad humana se gobierne en la certeza de lo que es lo justo.
Al ignorar pues la existencia de la Verdad absoluta, el Principio de todo bien, el hombre se priva de lo esencial para la distinción entre el bien y el mal, y hace que se engañe al detectar el mal que, como una infección en la vida humana, se extiende causando crisis de conciencia, morales y mentales, que degeneran en un desorden universal de desenlace letal para la sociedad. 
Todo esto es dicho para recordar que las conciencias deben ser formadas en la Verdad. Esta es la misión de la Iglesia, transmitir la revelación recibida. Lo contrario es la ilusión de la conciencia autónoma.
Sí,  porque la verdad y los principios se pierden sobre todo, en las conciencias, divho con más precisión, en la rebelión de las conciencias, que juzgan que pueden alcanzar la verdad y distinguir la raíz misma del bien y del mal por sí mismas. Así pues, 
desde su conciencia,  el ser humano puede seguir direcciones opuestas: la dirección del Orden revelado, o la de una libertad desvinculada del Bien. Pero el libre albedrío humano, tiene un vínculo crucial con la misma conciencia, ya que no hay quien ignore que a la propia libertad no siempre corresponde un conocimiento proporcional.
Esto significa la libertad de hacer aquéllo de lo que no se conocen las últimas consecuencias. 
Por eso, el hombre, creado libre, necesitó desde el principio tener una norma indudable grabada en la conciencia. Ésta, al mismo tiempo que indica su fin trascendente, está vinculada a  su libertad para hacer el bien. Esto se describe en el libro de Génesis (2, 15-17)
– El Señor Dios colocó al hombre en un paraíso de delicias, para que lo cultivase y guardase. 
Y le dio este precepto: Come de todos los árboles del paraíso, pero no comas del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal; porque el día que comieres de él, ciertamente morirás. Los elementos de la formación de las conciencias están ahí. Su motor es la felicidad, dada para ser cultivada y guardada según la Palabra divina. Este es el alimento de la vida espiritual ante  cuyo bien el hombre es libre para todo menos para juzgar [definir por sí mismo] de lo que es el mal. Este sería un juicio contrario a la vida, de auto-demolición de su fin y por tanto de muerte.
También los elementos para el desvío de las conciencias están todos allí; son 
los mismos descritos pero modificados. La felicidad asume el asprvto del placer concupiscente de la carne, del poseer y del dominar, como dioses. La libertad se aplica al comercio y a la creatividad en el mal, en la ilusión de la autonomía de la Palabra divina; de la imposible conciliación de los contrarios. Esto lleva a la conciencia al devastador engaño de equiparar el mal con el bien y a cosechar, por el abuso culpable de la libertad, los frutos del mal. He aquí cómo las conciencias siguiendo falsas direcciones, condicionan la historia de la humanidad.
Entonces volvemos a la cuestión arriba indicada, de la necesidad para hacer el bien en los individuos y en las sociedades,  de quienes los guíen para alcanzar el bien trascendente del hombre, y los aleje del mal, frenando la atracción al mal. Por eso, 
la falta de esa guía y de ese freno, que san Pablo escribiendo su segunda carta a los tesalonicenses, dio el nombre de «obstáculo» (katejon), es el peor mal. De hecho, quitado de en medio el obstáculo que frena el mal, éste será sustituído por quien se hace dios: el anticristo, que opera la «abominación de la desolación». En tiempos cristianos se entendió que este tracendental  «obstáculo»  al mal de las sociedades era el representante de Jesucristo; el Papa. ¡El Vicario de Cristo era el único hombre investido del poder de constituirse en  barrera al mal operado por el Anticristo!
El orden humano está ligado directamente a la Palabra del Creador. 
Sólo en el Verbo divino todo encuentra su razón de ser, su orden y su bien. Es el orden del Ser, en el que se reconoce que el ser humano con su conciencia proviene del Ser divino como todo efecto de una causa; del Principio que reveló su nombre como origen y fin de todo ser y por lo tanto de todo conocimiento, diciendo: Yo soy Aquel que es (Éx 3, 14). Pero en esta situación va a insertarse la rebelión a la dependencia natural al Verbo creador; la conciencia que, en su afán de poder crear con el pensamiento, quiere la libertad de auto-crear su razón de ser. Y aquí se inserta la «revelación» del espíritu del mal cuyo susurro insinúa que sólo haciendo el mal, el hombre se emancipa.
Es el engaño de la libertad que pretende juzgar del bien y del mal, libre de todo vínculo divino; 
sin la «humillación» de una dependencia; es el término revolucionario de la «libertad de conciencia». No más la libertad de las conciencias, dada por Dios al hombre creado a su imagen y semejanza, sino una libertad de conciencia autónoma e individual, que va a ser ejercida para imponer sus verdades, como lo han hecho los líderes de atroces ideologías.
Es necesario fijar bien este punto crucial porque de él irradian todos los impulsos humanos hacia el dominio del mundo material, de la ciencia y de la existencia según la religión del hombre que se hace dios, oponiéndose al Dios ‘tirano’ que se hizo hombre. 
En este punto coinciden todas las rebeliones personales y revoluciones sociales, toda religión humana y fraternidad masónica, todo saber y arte nacidos del naturalismo, racionalismo y existencialismo filosófico; y esto lleva finalmente a un nuevo «cristianismo» retocado para alentar la unidad  religiosa en un nuevo orden mundial.
Con esto se puede trazar el «identikit» del Anticristo; como  promotor de la libertad de conciencia. Si lo hace desde la Sede suprema del apostólico Pontífice, constituido por Jesucristo justamente para vincularnos al Logos, a la Palabra divina, estamos ante la mayor abominación, sólo posible como resultado del mayor engaño. Y hoy, aún en el mundo no se ve la gravedad de esa extrema impostura, que hace que la guía espiritual de los pueblos, que siguen y oyen quien tiene el poder de las llaves – el Papa – se desvincule de la Palabra divina para ejercer la libertad de conciencia que lleva a la libertad de Religión.
Era la meta de toda revolución masónica y liberal, introducida sorpresivamente en la Iglesia por Roncalli, Juan 23. Un momento tremendo para toda la historia humana, de la  cual  sólo dos fueron los momentos culminantes de ese rechazo rebelde a la Palabra divina, cosa que debe hacer reconocer su inmensa gravedad: el de la transgresión original de Adán y Eva, que causó la caída del ser humano, para cuya redención tuvo que venir la Encarnación y la Pasión del Verbo de Dios. Sin embargo, 
gran parte del Pueblo elegido en vez de acoger esa Redención,  rechazó el recibirla. La segunda negación histórica, que precedió al tercer momento abisal, el más grave, pues la Iglesia y el Papa existen para esa obra de Redención de Jesucristo, fue que en su Nombre se declarase  el derecho a obrar la rebelión del Anticristo.
Se puede ilustrar en abundancia la gravedad del rechazo ecuménico a “una sola fe, un solo bautismo, una sola Iglesia católica y apostólica”, que coinciden con las palabras de Nuestra Señora de Fátima recordándonos la unicidad [necesidad] de nuestra Religión [pata salvarnos], pero que sin embargo, con la gran apostasía ha resultdo en la pérdida de la fe. 
De ahí se sigue que la falsa religión conciliar con sus falsos papas, de Juan 23 a Bergoglio, ha llegado a ser natural para las multitudes que aman este mundo de verdades relativas, perseguidor de la unicidad que define la verdadera Iglesia [la única necesaria para la salvación]. “La última persecución revestirá el aspecto de una seducción.” (Père Emmanuel). Parecerá una conquista de la libertad, la igualdad y la fraternidad.
Así es cómo el Papa Pío VII para ajustar los tiempos de la revolución napoleónica, predijo la  peor consecuencia de la Revolución Francesa: “So capa de proteger por igual  todos los cultos, esconde la persecución más peligrosa, la más astuta que es posible imaginar, contra la Iglesia de Jesucristo y, desgraciadamente, la mejor combinación para lanzar sobre ella la confusión e incluso su destrucción, si fuera posible, haciendo que las fuerzas y astucias del infierno prevalezcan  contra ella.
[Los perseguidores] previeron que con la apertura de la Iglesia al liberalismo, dando libre curso al error, se persiguiese al único antagonista que se les opone: la Verdad. Esto es lo que hizo la declaración de libertad religiosa aprobada por el Vaticano 2 y cuyo avance ya se encuentra en “Pacem in Terris” de Juan 23. Así es cómo hemos identificado a los peores perseguidores internos de la Iglesia de Dios. Habiendo sido ella instituida por Nuestro Señor Jesucristo para la reparación y redención de la fatal libertad de conciencia de los primeros padres respecto de la Palabra divina, estos perseguidores proclaman que esta libertad es un derecho humano!

De Pro. Roma. Mariana

1 reply »

  1. Según enseña la Iglesia Católica Remanente, solo los católicos verdaderos tenemos derecho de libertad religiosa. Así, pues, buscamos un mundo católico que prohiba el resto de religiones falsas. Significa “Estado Confesional y Católico”.

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