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LA “HUMANAE VITAE” ES EL PROBLEMA NO LA SOLUCIÓN


Humanae Vitae : El problema, no la solución

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El Papa Pablo VI está en la mente de muchos católicos en estos días, y por buenas razones.

Por un lado, su “canonización” (conciliar) tendrá lugar en octubre; por otro, hay informes de Roma que indican que el régimen  bergolgiano está tramando “reinterpretar” la Humanae Vitae, un texto que es considerado por casi todos  el “logro supremo” del pontificado de Montini.

Incluso ciertos medios de comunicación auto-llamados “tradicionalistas” hacen sonar las alarmas sobre las desastrosas consecuencias que tendría  jugar con la  Humanae Vitae; y hablan del texto como si fuera el equivalente a una Escritura Sagrada.

Sin embargo, como demostraremos aquí, el texto debe ser condenado por que Humanae Vitae no ha hecho en la práctica nada más que contribuir a aumentar los mismos problemas que supuestamente trató de prevenir:

[Ha sobrevenido] la infidelidad matrimonial y una disminución general de los estándares morales … el olvido de la reverencia debida a la mujer y, por no tener en cuenta su equilibrio físico y emocional, el que se la reduzca a ser un mero instrumento para la satisfacción de los deseos del hombre, considerándola no como compañera a quien se debe tratar con cuidado y afecto … el que se dé poder a las autoridades públicas las cuales , importándales poco los preceptos de la ley moral, favorecerán, e incluso impondrán, los métodos anticonceptivos que consideren más efectivos. (cf Humanae Vitae – 17)

Teniendo esto en cuenta, vamos a hacer  un examen oportuno y algo extenso (aunque sea incluso limitado) de la Humanae Vitae; éste revelará no solo las graves deficiencias del documento, sino también en quė grado su autor carecía de una auténtica convicción católica; revelándose como un personaje débil, vacilante y lastimoso.

Desde el principio del documento, se sugiere el error fundamental sobre el cual se basa todo él:

La transmisión de la vida humana es un rol muy serio en el cual las personas casadas colaboran libre y responsablemente con Dios Creador.

Incorrecto. La transmisión de la vida humana (junto con la educación de los niños) es el fin primario del matrimonio; no simplemente un rol más serio entre otros.

Solo algunas frases más adelante, Pablo VI dice:

  • El cumplimiento de este deber [la transmisión de la vida humana] siempre ha planteado problemas a la conciencia de las personas casadas, pero el curso reciente de la sociedad humana y los cambios concomitantes han provocado nuevas preguntas. La Iglesia no puede ignorar estas preguntas, ya que se refieren a asuntos íntimamente relacionados con la vida y la felicidad de los seres humanos.

Primero, observe que el vacilante Pablo VI ahora identifica correctamente la transmisión de la vida humana no solo como un rol, sino como un “deber”.

Los defensores de Montini a menudo afirman ante tales cosas que era un hombre santo, pero simplemente blando, tímido y poco asertivo.

(NB: No estamos discutiendo meramente los rasgos de la personalidad de Montini; más bien, estamos considerando el grado en que Pablo VI confirmó, o no, su deber principal de salvaguardar el depósito sagrado de la doctrina cristiana.)

Ya en nuestro examen de la Humanar Vitae , dijimos que es difícil negar que Pablo VI esté muy lejos de ser un modelo de virtud heroica.

Más todavía , también se debe tomar nota de la sugerencia de que la Iglesia está motivada para abordar las llamadas “nuevas cuestiones” para que las personas puedan tener vidas felices.

¿No debería haber sido el motivo la gloria de Dios y la salvación de las almas?

De hecho, si hubiera sido así, no estaríamos haciendo este artículo

A medida que avanzamos en nuestro examen, veremos que el enfoque de Pablo VI, al igual que el del mismo Concilio Vaticano II, casi por completo considera los fines naturales del hombre más que sus fines sobrenaturales.

Sin embargo, yo diría que centrarse en lo último es lo que proporciona la perspectiva necesaria para evaluar los méritos y las deficiencias del documento  a la luz de la verdad.

A falta de este punto de vista, nadie se sorprenderá al descubrir que Pablo VI en Humanae Vitae (una vez más, como el Concilio) no podría haber cantado mejor las alabanzas del hombre moderno, su super-glorificación, como algo  que le  lleva a imaginar falsamente que la sociedad humana en el el tiempo que escribió el documente era completamente especial.

En cuanto a las “nuevas cuestiones”, como veremos momentáneamente, éstas ya se habían resuelto mucho antes de que Pablo VI nombrara,  para debatirlas, la Comisión Pontificia para el Control de la Natalidad.

Continúa:

Los cambios que han tenido lugar son de considerable importancia y de naturaleza variada. En primer lugar, está el rápido aumento de la población que ha hecho temer que la población mundial crezca más rápido que los recursos disponibles, con la consecuencia de que muchas familias y países en desarrollo se tengan que enfrentar a mayores dificultades.

Un católico fiel (mucho más un papa) debería descartar con firmeza el mito de la superpoblación, por la simple razón de que acusa a Dios de no proporcionar los recursos necesarios para que la humanidad lleve a cabo el mandato de crecer  y multiplicarse. .

Y, sin embargo, Pablo VI dice:

Esto puede inducir fácilmente a las autoridades públicas a tener la tentación de tomar medidas aún más duras para evitar este peligro.

Al referirse a la superpoblación como “este peligro“, Pablo VI legitimó el mito:

También está el hecho de que no solo las condiciones de trabajo y de vivienda, sino también las mayores demandas, tanto en el campo económico como en el educativo, plantean una situación de vida en la que  es difícil frecuentemente tener una familia numerosa.

Nótese la referencia a “estos días”, lo que implica claramente que en nuestros días, es excepcionalmente difícil tener familias numerosas (una falsedad), y además, que los signos de los tiempos exigen un reexamen de la doctrina cristiana.

También es digno de mención una nueva comprensión de la dignidad de la mujer y su lugar en la sociedad, del valor del amor conyugal en el matrimonio y la relación de los actos conyugales con este amor.

Disparates. La Iglesia (Pablo VI está hablando por ella) no llegó en absoluto  a ningún “nuevo entendimiento” sobre estos asuntos. Más bien, es más exacto decir que la sociedad en general había llegado recientemente a un malentendido sobre la verdadera dignidad de la mujer.

“Pero el desarrollo más notable de todos”, afirma Paul VI, es que el hombre “se esfuerza por extender el control … sobre las leyes que regulan la transmisión de la vida“.

Esto no es un “desarrollo”, que fuese necesario avalar, más bien, es un claro acto de rebelión contra Dios que pedīa una firme reprimenda del Papa.

Continúa:

Este nuevo estado de cosas da lugar a nuevas cuestiones. De acuerdo con las condiciones de la vida de hoy y teniendo en cuenta la relevancia del amor conyugal para la armonía y la fidelidad mutua del esposo y la esposa, ¿no sería correcto revisar las normas morales vigentes hasta ahora, especialmente cuando se considera que éstas no pueden observarse, más que con una gran dificultad, e incluso a veces sólo con un esfuerzo heroico?

Una vez más, encontramos a Pablo VI legitimando argumentos inválidos que no merecen nada más que un firme rechazo; a saber, la afirmación de que la Ley Divina es excepcionalmente difícil de seguir en nuestros días. (Recuerde la razón: no haber visto la situación actual desde una perspectiva sobrenatural).

En estos párrafos iniciales del texto, Pablo VI plantea varias preguntas sobre “acciones que hacen que los procesos naturales sean infecundos”. Escribe como si la Iglesia aún no hubiera abordado adecuadamente estos asuntos.

En realidad, la Iglesia ya había hablado muy claramente sobre este tema. El hecho de que se inventaran nuevos métodos farmacológicos para eludir la concepción no modificó de ninguna manera las “preguntas” inmediatas; mucho menos las respuestas.

Una pregunta adicional es si, debido a que las personas están más conscientes hoy de sus responsabilidades, no habría llegado el momento de que la transmisión de la vida debiera ser regulada por su inteligencia y voluntad en lugar de por medio de los ritmos específicos de sus propios cuerpos.

Dejando de lado para la presente discusión la cuestión de regular los nacimientos a través de “los ritmos específicos de sus propios cuerpos”, la premisa sobre la cual se basa la “pregunta adicional” es evidentemente falsa.

La gente en la década de 1960 no era más consciente de sus responsabilidades que las generaciones anteriores; de hecho, puede establecerse sólidamente lo contrario.

Pablo VI, sin embargo, al carecer de la virtud heroica para reconocer, y mucho menos proclamar, esta verdad, confirió credibilidad a esa falsa afirmación y, por lo tanto, dio aire en mayor medida a las llamas de una controversia que de hecho no tenía ninguna base para proponerse.

Continúa:

Este tipo de preguntas requiere de la autoridad docente de la Iglesia una reflexión nueva y más profunda sobre los principios de la enseñanza moral sobre el matrimonio, una enseñanza que se basa en la ley natural iluminada y enriquecida por la Revelación divina.

En esto, Pablo VI muestra una vez más su falta de convicción católica, ya que ahora sí admite que todo el asunto se refiere a los principios de la enseñanza moral, la ley natural y la Revelación divina.

Pero si esto era así, ¿habría sido realmente necesario reunir una comisión de “expertos”-que  incluía cinco mujeres sin credenciales médicas- para que el Magisterio descubriera cómo aplicar su autoridad a la proliferación de anticonceptivos orales?

Por supuesto que no.

El Papa Pío XI no había dejado espacio para el debate unas tres décadas antes en Casti Connubii:

Dado que, por lo tanto, ciertas personas, manifiestamente apartadas de la tradición cristiana transmitidas desde el principio sin interrupción, han decidido recientemente que se debe predicar otra doctrina sobre este método de actuación, la Iglesia católica, a quien Dios mismo ha confiado la enseñanza y la defensa de la integridad y la pureza de la moral, a la vista de esta ruina de la moral, eleva su voz  para preservar la castidad del contrato de matrimonio inmune a este pecado básico, y en señal de su misión divina por medio  de nuestra boca proclama una y otra vez : Cualquier uso del acto matrimonial, fuera del ejercicio para el cual está diseñado,  que lo privase de su poder natural de procrear y dar vida, infringe la ley de Dios y de la naturaleza, y aquellos que han cometido tal acto están manchados con la culpa del pecado grave. ( Casti Connubii – 56)

Pablo VI pasó a decir:

Al llevar a cabo este mandato [para interpretar la ley moral natural], la Iglesia siempre ha hecho públicos documentos apropiados sobre la naturaleza del matrimonio, el uso correcto de los derechos conyugales y los deberes de los cónyuges. Estos documentos han sido más copiosos en los últimos tiempos.

La nota al pie de esta frase ¡incluso cita a Casti Connubii (entre otros textos magisteriales)! En otras palabras, él es muy consciente de la enseñanza citada anteriormente, y aún así encuentra que la causa para reexaminar las preguntas está claramente legitimada.

Continúa: hablando de las opiniones expresadas por los miembros de la Comisión, Pablo VI escribe:

Han surgido ciertas opiniones y criterios para dar soluciones  a esta cuestión que  habían estaban en desacuerdo con la doctrina moral sobre el matrimonio constantemente enseñada por el magisterio, de la Iglesia.

En esto, se puede imaginar que incluso Pablo VI había llegado a reconocer que el asunto no estaba sujeto a debate, sino que era infaliblemente enseñado incluso antes de la formación de la Comisión en virtud del Magisterio Ordinario Universal.

¿Pero realmente lo reconoció así ?

Tenga en cuenta que Pablo VI,  fue quien firmó en cada uno de los documentos conciliares; textos que presumían no solo cuestionar, sino contradecir lo que constantemente había sido enseñado por el magisterio de la Iglesia.

El punto es éste: Pablo VI, como todo papa que vino tras él,  obviamente no aceptó el hecho de que tales enseñanzas eran  infalibles y, que por lo tanto, no habrían podido debatirse. ¿Por qué las debatió? En pocas palabras, porque era un modernista disimulado  (lo que es precisamente el mérito que tiene para su  “canonización” conciliar).

Varios párrafos más adelante surge de nuevo el error fundamental señalado anteriormente; pero esta vez aparece un poco más claro:

Y dado que en el intento de justificar los métodos artificiales de control de natalidad muchos apelan a las demandas del amor conyugal o de la paternidad responsable, estas dos realidades importantes de la vida conyugal deben ser definidas y analizadas con precisión.

(NB: De acuerdo con el Concilio, especialmente Gaudium et Spes, que citará especīficamente más tarde,  Pablo VI pone en duda los fines del matrimonio al establecer en él, en primer lugar el amor matrimonial y después la paternidad.)

Luego nos dice todo lo que necesitamos saber ( aparte de su adscripción al Novus Ordo ) sobre por qué lo “canonizan” cuando dice:

Esto es lo que queremos hacer, con especial referencia a lo que el Concilio Vaticano II enseñó con la más alta autoridad en su Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy.

Amigos, nada fue enseñado por el Concilio, en particular en Gaudium et Spes, con la “máxima autoridad” ejercida por la Iglesia en nombre de Cristo. Y, sin embargo, Pablo VI -como todos los papas que lo siguieron-  habla de este concilio bastardo, que [según decían ellos] no tenía intención de definir ni vincular, [N. palabras de él mismo y de los actuales conciliares que le citan  a él mismo, para quitarle la nota de la infalibilidad] ¡como si fuera la más alta de todas las autoridades ! En verdad, fue un  “Nuevo Pentecostés” – el nacimiento de una nueva iglesia.

Solo unos pocos párrafos más adelante , el error fundamental se pone de manifiesto:

Como consecuencia, el esposo y la esposa, a través de ese obsequio recíproco de ellos mismos, que es específico y exclusivo únicamente de ellos, desarrollan esa unión de dos personas en la que se perfeccionan mutuamente, cooperando con Dios en la generación y la crianza de nuevas vidas.

Debido esta visión desordenada de los fines del matrimonio: primero el obsequio mutuo, la unión entre ellos, para perfeccionarse el uno alotro; y en segundo lugar la generación de nuevas vidas , lo que es lo básico del texto, no es sorprendente que el resto del documento esté plagado de argumentos retorcidos ; a pesar de contener slgunas verdades.

Esto, por supuesto, hace que el documento sea condenable como un todo; cosa que no admiten los neoconservadores, e incluso algunos pensadores auto-llamados  tradicionales . (Recuerde la advertencia emitida en la Sagrada Escritura acerca de “un poco de levadura …”)

Más adelante en el texto, Pablo VI exponiendo lo que él llama “paternidad responsable” – escribe una frase cargada de significación, si alguna vez hubo alguna – al decir “aquellos que, por razones serias y con el debido respeto a los preceptos morales, deciden no tener hijos adicionales” por un cierto o indefinido período de tiempo “.

Como se mencionó anteriormente, el debate sobre el NPF (que se puede examinar más de cerca en un post de 2016 del P. Anthony, junto con el enérgico comentario de los lectores) está fuera del alcance del presente artículo. Aun así, me gustaría señalar lo siguiente:

La paternidad responsable, en el sentido con que se usa el término aquí, tiene un aspecto esencial más de suma importancia, que se expone al hablar del orden moral objetivo que fue establecido por Dios, y del cual una recta conciencia es el verdadero intérprete.

Esto es incorrecto; el sagrado Magisterio es el verdadero intérprete del orden moral objetivo, mientras que una “recta conciencia” es aquella que se forma de acuerdo con dicha autoridad docente.

Ahora llegamos a las citas que más se alegan en defensa del legado de Pablo VI en relación con Humanae Vitae:

La Iglesia, sin embargo, al exhortar a los hombres a la observancia de los preceptos de la ley natural, que debe interpretarse  por su constante doctrina, enseña que todos y cada uno de los actos matrimoniales deben mantener necesariamente su relación intrínseca con la procreación de la vida humana.

Esta doctrina particular, que  a menudo fue expuesta por el magisterio de la Iglesia, se basa en la conexión inseparable, establecida por Dios, que el hombre por su propia iniciativa no puede romper, entre el significado unitivo y el significado procreador que son ambos inherentes al acto matrimonial .

Estoy seguro de que sabe lo que vendrá después de esto , pero antes de decirlo una vez más, tenga en cuenta que Pablo VI aún no ha terminado de engañar a los fieles:

La naturaleza fundamental del acto matrimonial, uniendo al esposo y la esposa en la más próxima  intimidad, también los hace capaces de generar una nueva vida, siendo esto resultado de las leyes escritas en la naturaleza real del hombre y de la mujer … si  se conservan cada uno¡a de estas dos cualidades esenciales, la  unitiva y la procreativa …

¡Cuántas veces se han distorsionado los fines del matrimonio citando éste solo texto!

Pues bien , ¿qué nos queda para mostrar todo lo que Humanae Vitae tiene que ofrecer?

Más anticonceptivos, no menos, y una larga lista de problemas que Pablo VI (con la presciencia visionaria de “este santo”, según algunos)  contribuyó a su proliferación.

Vea cómo, al confundir a los fieles con la creencia de que la procreación y educación de los niños da paso a  la “intimidad” y al “significado unitivo” como fines  primarios del matrimonio, esta idea necesariamente alentó a muchos (incluso sin darse cuenta) a aceptar la idea falsa de que después de todo  evitar el embarazo no es tan importante

De hecho, como dice el intrincado razonamiento, si evitar tener hijos no impide el fin supuestamente primario del matrimonio, ¡entonces éste seguramente es un bien en sí mismo!

Y esto, amigos míos, es el logro supremo de Pablo VI que pronto será “canonizado”.

[Los resultados son propios]

De Aka Catholic

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