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FRANCISCO RECHAZA LA MONARQUÍA PAPAL


[Es republicación]

Con el paso del tiempo algunas acciones de Francisco cobran su real significación. Es el caso del rechazo a vestir la tradicional muceta roja, en su primera aparición ante la multitud reunida en la plaza de San Pedro. Algunos han pretendido quitar cualquier significado  trascendente a su acción, reduciéndola a  una simple preferencia o capricho personal.  En realidad  tuvo un gran significado, como a continuación se explica en el artículo que traigo de TIA , sin dejar ningún resquicio a la duda.

Francisco llevó a cabo una acción con una explícita y simbólica carga de significado. Se trataba de una expresa renuncia al officium tradicional  de los papas: La monarquía papal.  Fuente a la par de su soberanía temporal y espiritual, con la infalibilidad, indefectibilidad y jurisdicción, prerrogativas  de la Roca sobre la que se edifica la Iglesia, y contra la cual (la Roca) no prevalecerían las Puertas del Reino de la muerte- el Hades.

Como dijo el periodista Maximo Franco: La era de los papas-reyes ha terminado. Es una declaración que supera su obvio significado, y apunta a  la médula del Officium, la Soberanía universal de los papas, por voluntad de Cristo.

Es algo que rima con la renuencia de Francisco a llamarse papa y pedir que se le dispense un trato llano sin preminencias exteriores que pudieran hacer que el pueblo le considerase como investido de la función regia, del sacerdocio real, o de Vicario del Rey del Universo, Nuestro Señor Jesucristo.

Francisco fue ordenado sacerdote según los ritos inválidos de Pablo VI en 1969. Nos encontramos que con su venida, el sacerdocio real junto con el officium de  Rey soberano, negado por su propia voluntad, ha terminado. Francisco ha rechazado la Realeza Papal, como colofón de una dinastía de 2000 años de papas-Reyes, conscientes de ser la piedra angular de la monarquía pontifical, que poseían las llaves, dadas por el mismo Cristo. Francisco, mírese como se mire ya no es Rey. Y la renuncia a la “cappa rubea” es  un signo de ello.

Alguno objetará que la monarquía papal terminó con el humillado Pío IX que en  en 1870 en el proceso de la Reunificación italiana perdió sus prerrogativas reales.  Pero a los 59 años de aquel amargo trago para la monarquía papal, los papas, en los Pactos de Letrán,  recuperaron su soberanía y pasaron de nuevo a ser papas-reyes, si bien reducidos al Estado Vaticano. En efecto, un 11 de febrero de 1929 se firmaron los pactos entre le Reino de Italia y la Santa Sede. Desde aquella fecha hasta otro 11 de febrero, 84 años más tarde, en 2013, día en que se hizo pública la decisión de Benedicto XVI, de renunciar al pontificado, reinaron en el Vaticano 7 papas-reyes, bien que 5 de ellos carecieron de legitimidad en el cargo. El primero fue Pío XI  y el último Benedicto. Ahora Francisco, es de ellos pero ya no como ellos. (v.Apoc. 17)

El cardenal Piero Gsparri y Musolini, representando al Papa Pío XI y Victor Manuel III, firman los pasctos de Letrán por los que se devolvió la soberanía a los Papas-Reyes.

El cardenal Piero Gasparri y Musolini, representando al Papa Pío XI y Victor Manuel III respectivamente, firman los pasctos de Letrán por los que se devolvió la soberanía a los Papas-Reyes. (11 de febrero de 1929)

Ahora bien concediendo lo anterior, el que Francisco realizara una acción de cuya importancia, quizás  era consciente, ocurre la pregunta:

¿Fue totalmente consciente de su significado profundo, más alla del significado obvio que comportan unas  simples renuncias a  costumbres, vestiduras, tratamientos, etc. en gracia  a  lo que él considera auténticos  gestos evangélicos en la estela del “poverello” de Asís? La dimensión regia y soberana papal es algo que trasciende a las capas y “puntillas” propias de épocas que gustaban del emperifollamiento de reyes, damas y prelados.  Es la dimensión aneja al sacerdocio real y al Vicariato de un Imperio que abarca el mundo y la historia: El Reinado de Nuestro señor Jesucristo.

Yo me contesto a la pregunta anterior y creo que él como la mayoría católica, no es enteramente consciente del papel histórico que  desempeña. Se comporta como una marioneta en el gran teatro de la historia, en el que Alguien mueve los hilos, de acuerdo a las decisiones de su Justicia. Él no es tan listo como para entender el argumento de la representación.

Hemos vivido- y continuamos viviendo un pontificado plagado de indicios y de símbolos, como si quien dirige la Historia, contando con  el libre albedrío de los pequeños agentes de la historia vivida día a día,  llevara a cabo una gran epopeya, la epopeya de la salvación de los elegidos. Estos  bajo el Imperio romano dieron testimonio con su sangre en la cruentas persecuciones de los emperadores romanos, ahora toca el turno de sufrir la gran tribulación,  persecución incruenta de la SEDUCCIÓN de los poderes  del mundo, pero ya sin soberano o Pastor regio que los guíe. Persecución cruenta entonces, seducción martirial casi intolerable en nuestros días. Idea que el gran Bossuet se complace en recalcar como si preparara a los cristianos para épocas futuras, que si no fueran acortadas, todos los “santos”sucumbirían, incluso los elegidos del pequeño rebaño, la Iglesia remanente.

Estoy personalmente convencido que esto es meramente un acto de un drama que puede prolongarse en el tiempo,  con una Restauración de la Iglesia, a lo menos testimonial -de duración incierta- antes del definitivo final, de fecha desconocida-no próxima pero quizás no lejana- para nosotros, aunque en la visión profética apocalíptica, pareciera confundirse en  actos de contornos imprecisos y difuminados, que a veces se superponen, aunque ellos disten entre sí en el tiempo.

Ahora nos toca ilustrarnos con el siguiente magnífico artículo, que no desmerece de aquellos con los  que la autora con frecuencia  nos sorprende gratamente.

El simbolismo Pontificio del Rojo y del Blanco

Marian T. Horvat, Ph.D.

Como fue ampliamente reportado por la BBC , después de  que Francisco fuese elegido Papa rechazó la muceta roja con armiño, diciendo: “No, gracias, Monseñor. Póngasela Ud. ¡El carnaval ha terminado! “

Francisco apareció sin la muceta roja: ¡el Carnaval ha terminado!

Francisco apareció sin la muceta roja: ¡el Carnaval ha terminado!

Desde el Vaticano se dijo que no podían confirma o negar lo dicho, lo cual es ya una confirmación.a medias Aunque no pueda asegurarse si Francisco dijera o no  esas palabras, el hecho es que no vistió la tradicional muceta roja cuando hizo su primera aparición ante el pueblo vistiendo únicamente la sotana blanca. Muchas personas pretenden que esto fue sólo un capricho personal del nuevo Papa, que “no fue algo importante” como para armar un alboroto sobre ello. Yo no creo que se den cuenta del simbolismo del color rojo de la muceta, que se remonta a muchos siglos atrás. Tanto la muceta roja como la sotana blanca tienen un significado importante para la comprensión de la función del papado.
Significado de la muceta roja.
 Ya en el siglo 11 de San Pedro Damián describió la cappa rubea  con que se viste el papa después de su elección como un exclusivo atuendo distintivo del Papa. (1) Puesto que representaba la supremacía de lo espiritual sobre lo temporal, San Gregorio VII (1073-1085) advirtió que “sólo el Papa puede usar la capa rojasigno de su autoridad imperial y del martirio.” (2) Según la tradición, esa capa proviene de la clámide purpurea, un gran manto que se llevaba sobre los hombros, insignia  concedida al Papa en la Donación de Constantino. Por lo tanto, entonces significaba tanto la autoridad temporal,  como la  espiritual del Papa sobre los Estados Pontificios.
Durante el período medieval el manto papal rojo llegó a significar el Cargo papal. La capa roja imperial era una señal de la doble identidad del nuevo Papa:  sacerdote real y  obispo imperial.” (3) Por ello, el antipapa Víctor IV trató de arrebatar la capa roja- y por lo tanto el papado – a Alejandro III en el cónclave de 1159.  Como el lector podrá comprender, ponerse la muceta roja después de la elección no es sólo un capricho que puede o no, adoptarse. Es algo de gran simbolismo  que significa que  el Papa asume la plena autoridad de su cargo. Cuando Francisco se negó a ponérsela, en realidad él estaba rechazando la autoridad temporal aneja al cargo espiritual, además de negar también  el carácter imperial o real del Papado. Parece probable que en realidad se refirió a esto cuando apostilló enfáticamente, “El carnaval ha terminado.”
La vestidura blanca del Papa, no es un invento de San Pío V, como se cree.
San Pío V no fue, como se cree, el primero en llevar la veste blanca de los papas.

San Pío V no fue, como se cree, el primero en llevar la veste blanca de los papas.

Algunos analistas intentando justificar al Papa Francisco en su acción de rechazar la tradicional muceta roja de los papas apuntan a  que ya San Pío V (1566-1572) fue igualmente innovador después de su elección.

Según esta leyenda, San Pío V, dominico, decidió seguir vistiendo su hábito blanco dominicano  con lo que introdujo la costumbre  en los paps posteriores de llevar una veste blanca.  Ahora bien, puesto que  San Pío V decidió ser original, los defensores del nuevo Papa dicen, ¿quién puede negar la misma prerrogativa a Francisco?

Esta leyenda, sin embargo, no es exacta. Sabemos por  los libros ceremoniales más antiguos que el Papa iba  vestido con  vestiduras blancas y rojas, ya antes de Pío V. El primer registro oficial que tenemos en donde consta que los papas vestían de blanco es el Ordo , libro ceremonial del Papa Gregorio X (1272-1273), anterior en casi tres siglos a Pío V. En él se describe la muceta  roja y la ropa blanca ( alba Romana ) como símbolo del poder universal del Papa sobre la Iglesia y de su poder temporal sobre los Estados Pontificios: el rojo simboliza lo  primero, y el blanco, lo segundo . Los dos colores también representan a Cristo en cuanto que  eran (4) “símbolos del martirio y de la divinidad”. Otra descripción formal del blanco papal – escrita   como si fuera ya una antigua tradición – se encuentra en el Rationale Divinorum Officiorum(1286) de Guillaume Durand, religioso dominico del S.XIII  Explica así  el significado simbólico de las vestes papales:

El Sumo Pontífice siempre se muestra con un manto rojo por fuera, pero por dentro está vestido con una túnica blanca refulgente. ^Pues  la blancura simboliza la inocencia y el rojo exterior  simboliza la compasión, es decir, muestra  que está dispuesto en todo momento  a dar su vida por sus ovejas, dado que  el Papa representa a la persona de Aquél que, por nuestro amor, tiñó sus vestiduras de rojo. “(5)
La declaración de Durand fue corroborada  por Patrizio Piccolomini, quien en su libro ceremonial de 1484 a 1492,  destacó  que el Papa siempre vestía de blanco o de rojo, incluso en los atuendos usados fuera del culto litúrgico. Por eso  los papas llevaban zapatos rojos,  algo así mismo abandonado por Francisco… (6)
Se nos dice que cuando Pío II fue elegido en 1458 – un siglo antes de que fuera  elegido Pío V – “se despojó de  sus viejas vestiduras y se puso la túnica blanca de Cristo.” (7)
Con lo anterior resulta evidente que la costumbre de los  papas de ir vestidos de blanco era algo normal  mucho antes de Pío V en 1566.
En las  pinturas de abajo  puede contemplarse  una breve historia iconográfica de los papas anteriores a San Pío V,  vestidos ya de blanco, recopilada por Francesco Colafemmina en el sitio web  Fides and Forma.
Así que San Pío V, de ninguna manera  hizo una innovación ceremonial después de  su elección. Por el contrario, Francisco sí la  hizo, y su acción tenía un gran significado. Puesto  que la muceta roja comporta un signo  importante del poder espiritual y temporal del  Papa sobre la Iglesia Universal, la negativa de Francisco de vestir la muceta roja es un símbolo elocuente que supera una simple preferencia personal. Es un rechazo  simbólico de la función papal.

Por lo menos un periodista  italiano del  Corriere Della Sera,  el editorialista  Massimo Franco acertó cuando escribió lo siguiente acerca de la acción de Francisco renunciando a vestir la muceta: “La era del Papa-rey y de la corte vaticana ha terminado.”

Nicolas II - Inocencio IIArriba a la izquierda , una pintura del siglo 11 de Nicolas II, a la derecha , un mosaico de Inocencio II, c. 1140

Gregorio Magno - Gregorio IXArriba a la izquierda , San Gregorio Magno, pintado en el s.XII; a la derecha , Gregorio IX pintado por Giotto, S.XIV. Abajo, Bonifacio VIII se muestra en rojo y blanco en un manuscrito del S.XIV

Bonifacio VIII

Abajo , Sixto IV,  pintado en un manuscrito de 1477, de Vatican Collection

Sixto IV

  1. Pedro Damián, Epist. , libro 1, 20 (1073) en Carol M Richardson, Sobre el sombrero rojo cardenaliciol , The Open University, Reino Unido, p. 6
  2. “Descriptio sanctuarii Lateranensis ecclesiae”, en ibid. , p. 7.
  3. Paravicini-Bagliani, El cuerpo del Papa , en ibid ., p. 5.
  4. Liber III, capítulo XIX, en ibid., p. 5.
  5. Pío II, Comentarios, vol.1, 198-99, en ibid .
  6. Dykmans, L’Oeuvre de Patrizi Piccolomini, en ibid.
Publicado 22 de mayo 2013

4 replies »

  1. EL HÁBITO Sí HACE AL MONJE

    Interesantísimo artículo, que voy a ir comentando paso a paso:

    Por mucho que algunos lo hayan negado, es bastante probable que Francisco haya dicho exactamente la misma grosería reflejada al principio del artículo, Bergoglio era bien conocido en Buenos Aires por este tipo de exabruptos lanzados a la cara de los que no podía ver: Los tradicionalistas.

    Pero aquí, quisiera llamar la atención sobre la enorme importancia que tienen los signos externos, y más en concreto, los vestimentarios.

    Incluso nuestros primeros padres, Adán y Eva, que no necesitaban de vestido porque aún no habían pecado, estaban revestidos por la gloria que desde el interior, resplandecía hacia el exterior.

    Una vez perdieron, por el pecado, esa gloria, y se volvieron un misterio para los demás, y hasta para sí mismos, fue necesario vestirse, no sólo para proteger al cuerpo de las inclemencias climatológicas, o de los movimientos desordenados de la sensualidad, sino también, y muy importantemente, para manifestar ante los demás y ante sí mismos, quiénes eran, y la posición y dignidad que ocupaban en el gran esquema del mundo.

    Por ello, desde la más remota antigüedad, el más elemental de los sentidos comunes enseñaba que por el mero hecho de asumir públicamente las vestiduras de un cargo, oficio, situación o estado, ya se hacía profesión pública de estar aceptando todo lo contenido implícitamente en ellas, y de estar asumiendo tanto los derechos como, sobre todo, las obligaciones que llevaban aparejadas.

    “El hábito no hace al monje” repiten neciamente nuestros contemporáneos, neciamente digo, porque desconocen completamente el verdadero origen y significado del dicho:

    Desde el origen mismo del monacato, que no es otro que el profeta Elías, vemos que la condición monástica pasaba de maestro a discípulo, por medio de la pasación del elemento más característico del hábito de entonces, que era la capa a rayas blancas y negras típica de los profetas, y que los religiosos carmelitas, hijos de Elías, llevaron durante mucho tiempo.

    Leemos en el II Libro de los Reyes que el manto de Elías tenía unos verdaderos poderes sobrenaturales, por lo que cuando golpeó con él las aguas, (IIreg.2,8), éstas se dividieron, y pudieron pasar a pie enjuto.

    poco más tarde, habiéndole pedido Eliseo recibir los poderes de Elías, que ya debía marcharse al Cielo, éste último dejó caer su manto sobre los hombros de su discípulo, transmitiéndole así su poder. (IIReg. 2, 9-15).

    Desde entonces, siempre fue así, por lo que se decía, con mucho acierto: “Habitus facit monachus”, porque efectivamente, el recibir el hábito de manos de superior legítimo ya lo constituía a uno en el estado monástico, junto con la tonsura.

    Pero es que el ingreso en la condición clerical, desde los mismos tiempos apostólicos, seguía el mismo patrón. El laico que recibía la tonsura, y revestía luego la sotana, y sobre todo, la sobrepelliz bendecida, se entendía que asumía todos los compromisos de su estado.

    Las vestiduras asumidas no sólo realizaban un papel, ya de por sí importante, de manifestación externa y jurídica. También realizaban otro, que era el de transmitir la ayuda de la gracia, tenían verdaderos poderes que modificaban muy profundamente el alma de aquellos que los revestían con fe, y en la medida misma de esa fe. Lo mismo que Eliseo recibió a través de su manto el espíritu y los poderes de Elías, así también, un benedictino recibía el espíritu de su padre san Benito al recibir la santa cogulla de amplias mangas, que lo asemejaba a los querubines que siempre están ante el trono de Dios,

    Por esta razón, la mismísima Reina del Cielo prometió a san Simón Stock que todo aquél que hubiera llevado devotamente el escapulario del Carmen durante su vida, y muriese con él, lo libraría de las llamas eternas, e incluso de las del Purgatorio, al sábado siguiente a su muerte.

    http://webcatolicodejavier.org/escapulario.html

    Otras órdenes también fueron objeto de tales favores, como los agustinos y su correa, por ejemplo.

    Muchos objetarán: “lo que queríamos decir, es que no basta con vestir un hábito, para ser de verdad lo que el hábito pide y significa”.

    Y en eso, tienen su parte de razón: No basta con vestir hábito, sotana, mitra episcopal o tiara papal para ser un buen representante de esos estados y dignidades. Lo mismo ocurre con los sacramentales, e incluso con los sacramentos; por sí mismos, bastarían para hacernos alcanzar en brevísimo tiempo un grado altísimo de santidad, con una condición: Desearlo y poner en práctica todos los medios para estar debidamente preparados para recibir su influencia, removiendo los obstáculos que ponemos a la Gracia divina.

    Sin embargo, ¿Alguien sería lo suficientemente insensato para decir: “Los sacramentos no hacen al cristiano”, o “Los ritos de ordenación no hacen al sacerdote”? Si lo hicieran, demostrarían que no son católicos, y ni siquiera humanos.

    Siempre podemos ofrecer resistencia a la Gracia que amorosamente nos asalta por todos los lados, pero siempre será mejor estar revestido y rodeado de medios que nos hagan más fácil e incluso placentero volver a Dios y a nuestros deberes, que renunciar a ellos, y quedar desnudo y despojado, a merced de los asaltos infernales.

    Pero donde mayor es la necesidad, mayor ha de ser también el remedio.

    Si esto hace la divina Providencia por un religioso, ¿Qué no hará en favor del origen de toda dignidad y poder públicos en esta tierra, el Soberano Pontífice, en cuya mano están las dos espadas, la espiritual, que maneja por sí mismo, y la temporal, que confía a los gobernantes legítimos?

    Podemos contemplar algo de ello por lo que hizo en el Antiguo Testamento, en favor de la prefiguración del Papado, el Sumo Sacerdote del Templo:

    Aunque desarrollaremos ésto en otro post, les invito a que lean todo el capítulo 28 del Éxodo, para que vean con qué cuidado y qué riqueza ordenaba el mismísimo Dios que fueran confeccionados los ornamentos sacerdotales.

    Más importante aún, se entendía que era absolutamente necesario que los vistieran en los diferentes servicios, sin lo cual el servicio era inválido, y los que así oficiaban se arriesgaban a morir ahí mismo, por desafiar la Majestad divina, y presentarse como simples hombres, cuando necesitaban presentarse puros y hechos unos cuasi-dioses, gracias a los efluvios espirituales que se desprendían de los ornamentos, y se derramaban primero sobre los oficiantes, y luego sobre todo el pueblo, perdonando sus pecados, y vigorizando su alma y corazón.

    Así se entiende la alabanza que el mismo Espíritu Santo hace del Sumo Sacerdote Simón, hijo de Onías, en el capítulo 50 del Eclesiástico.

    Comparen con los herejes modernos, que se ríen de estas cosas, y las llaman “los trapitos”, como los curillas que salen de los seminarios conciliares, o “carnaval”, como el infame Bergoglio.

    Sabemos que las instituciones del Antiguo Testamento eran mera sombra de las realidades que habían de venir. Calculen entonces las ingentes bendiciones que el Espíritu Santo habrá derramado en las vestiduras y en todo el organismo de ritos y tradiciones que atesoraba la Roma papal, y que desde allí, fluían hasta los últimos rincones de la tierra, en la medida en que los cristianos, y sobre todo sus pastores, tenían todavía el suficiente espíritu católico, el suficiente espíritu sobrenatural, y directamente, la suficientemente Fe católica, para apreciarlos, quererlos, defenderlos de los ataques de los protestantes y demás herejes, y servirse de ellos en favor de sus pueblos.

    Por ello, Nuestro Señor hacía ver a la Venerable Ana Catalina Emmerich cómo de los ornamentos papales se desprendía luz y fuerza para el buen gobierno de la Iglesia, y le urgía a que se los pusiera con más frecuencia, especialmente cuando tenía que resolver asuntos particularmente difíciles.

    Los ornamentos y tradiciones católicas, y más en concreto papales, son como la prueba del 9 en matemáticas, como la del algodón para las amas de casa o como el agua bendita en un exorcismo. El que es católico las abraza instintivamente, las busca, las aprecia tiernamente, y daría su vida, como santa Teresa, por la menor de ellas, mientras que el hereje no las soporta, las odia y desprecia profundamente, y hace todo lo que puede para alejarse de ellas.

    Pero hay otro aspecto de ellos que quisiera resaltar aquí, y que todavía dará más urticaria a los herejes conciliares:

    La muceta papal tiene un color muy particular, que no es un rojo cualquiera, sino muy precisamente, la púrpura imperial, más oscura que el escarlata cardenalicio, por ejemplo, porque tenía más cantidad de la sustancia producida por el múrex.

    Ése era el color propio de la Soberanía, por lo que sólo lo podía llevar el Soberano, es decir, el Emperador, y el Papa.

    Según se iba bajando en la escala jerárquica, iba bajando el tono de la púrpura, escarlata en los cardenales, violácea en los obispos, casi azulada en otros…

    Porque era la primera dignidad en la tierra, en cuanto el emperador Constantino lo reconoció como su Padre y Señor, le cedió también el uso del color imperial, por lo que se dice que todo lo que toca el Papa es rojo, adquiriendo además otros dos significados más profundos: El primero, el de la sangre derramada por Nuestro Señor en la Cruz, y el de los mártires, especialmente los santos Apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia Romana, y, también, el color del fuego del Espíritu Santo, establecedor de la Iglesia y de su infalibilidad absoluta, toda ella concentrada en su fuente, que es el Pontífice Romano.

    Por lo tanto, significa que el Papa es soberano absoluto en la Iglesia, no sólo en su administración eclesiástica, sino también, en la temporal, por lo que se le dice en su coronación: “Accipe tiaram tribus coronis ornatam, et scias te esse Patrem Principum et Regum, Rectorem Orbis, in terra Vicarium Salvatoris Nostri Jesu Christi, cui est honor et gloria in sæcula sæculorum”.

    Recibe este Tiara ornada de tres coronas, para que sepas que eres el padre de los príncipes y de los reyes, rector del Orbe, Vicario en la tierra de Nuestro Señor JesuCristo, de quien es la gloria, por los siglos de los siglos.

    Los colores de la Iglesia Romana son pues el rojo púrpura, y el oro, que desde las más remotas edades ha sido un metal sagrado, indicador de la santidad y poder divinos, que se transmiten al soberano terreno.

    De ese color era la bandera de la Iglesia Romana, y porque era feudatario de ella, el Reino de Aragón tomó los mismos colores y formas que la “Umbella” de las basílicas romanas:

    http://andrewklusman.files.wordpress.com/2009/03/37-papal-ombrellino-in-vm-2.jpg?w=460&h=345

    Los mismos que figuran en el escudo de España y en su bandera:

    https://encrypted-tbn2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTecrGFGyg-ff6HUTW0-vqnlm2-mxcjKsl2o5PbLOyn3n59yoUA

    En cuanto a la vestidura blanca, aunque parece que el Papa ya vestía de blanco o de rojo, según los tiempos litúrgicos, ya que en tiempo pascual, la muceta era blanca, y la sotana, también.,Es desde el Pontificado del Beato Inocencio V, primer Papa dominico en 1276, que quiso retener siempre su hábito, que los Papas ya nunca han abandonado ese color, en recuerdo de su predecesor, que murió envenenado por los herejes. (Como ven, siempre el martirio).

    Cabe recordar aquí que cuando una persona designada se negaba a tomar las insignias de su cargo, se entendía que se negaba también a asumir las obligaciones que éstas imponían, por lo que era suficiente prueba judicial para poder estimar que jamás había poseído realmente el título, y que se podía nombrar tranquilamente a otro.

    Si un clérigo se negaba a vestir según su estado, perdía automáticamente el estado clerical,

    Clerici minores qui propria auctoritate sine legitima causa habitum ecclesiasticum et tonsuram dimiserint, nec, ab Ordinario moniti, sese intra mensem emendaverint, ipso iure e statu clericali decidunt.

    ¿Qué no diremos de aquél que los ha despreciado públicamente, y se niega con toda contumacia a revestir cualquier signo externo, aun puramente protocolario, de la dignidad papal que supuestamente ha admitido?

    Ytem más, se sabe que para que un contrato sea válido, para que la aceptación de un cargo u obligación también lo sea, se debe aceptar TODAS las obligaciones del cargo, no unas sí, y otras no.

    Pero en el caso del Papa, hemos visto que tiene responsabilidades gravísimas, no sólo en el ámbito eclesiástico, sino también en el temporal, político-social, del que es cabeza y responsable supremo.

    Visto que Bergoglio se niega claramente a asumir esa parte integrante, esencial y necesaria del oficio papal, debería ser evidente que su aceptación es nula de pleno derecho.

    Lo mismo que si un casado manifestara desde el mismo día de la boda, negándose a llevar anillo: “Acepto el fin primario del matrimonio, la procreación y educación de los hijos, pero no el secundario y al servicio del primero, la fidelidad exclusiva a mi Esposa, el mutuo amor, respeto y ayuda, hasta que la muerte nos separe, ni tampoco remediar la concupiscencia únicamente dentro del matrimonio.”

    Tengan por seguro que cualquier tribunal tendría ese matrimonio por radicalmente nulo.

    Por último, y después de lo que hemos visto, no es de ningún modo casualidad que una de las más claras profecías que nos anuncian la restauración de un Papa verdadero designe a la autoridad legítima precisamente como capa o manto:

    https://moimunanblog.wordpress.com/2012/08/11/la-profecia-del-digno-pastor/

    “Alrededor de pasados doce años del milenio será CUANDO EL RESPLANDECIENTE MANTO DEL PODER LEGÍTIMO salga de las sombras en que se mantenía, por el cisma . Y más allá de [superando] los daños de aquél [el antipapa usurpador] que bloquea [a los fieles] la puerta de la salvación, porque su cisma y engaños ​​han llegado a su fin. Y la multitud de los fieles se vinculará [se someterá] inmediatamente al Digno Pastor , quien tendrá que sacar todos los errores [de la Iglesia] y restaurar la Iglesia en su belleza. Él la renovará . “

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