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CARTA AL “CARDENAL” OSORO


[ “Los pastores católicos que con su mucha ignorancia pervierten al pueblo, parece deberían ser muy rigurosamente castigados, o al menos separados de la cura de almas”, pues “más vale estar la grey sin pastor, que tener por pastor a un lobo” (carta de San Ignacio de Loyola a San Pedro Canisio, el 13 de agosto de 1554)]

Carta al cardenal Osoro: “Franco salvó a España del comunismo y atajó la que fue la mayor persecución religiosa que conoce la historia”

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Carlos Osoro, arzobispo de Madrid

Reproducimos la carta íntegra que estas veinte personas de distintas profesiones y procedencias han enviado al cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, con motivo de la actitud oficial de la Iglesia en relación con la anunciada exhumación de Francisco Franco por parte del Gobierno socialista:

Estimado señor cardenal don Carlos Osoro: Con perplejidad estamos leyendo y escuchando en los medios de comunicación que el Arzobispado de Madrid que usted ostenta no se opondría a la profanación de la tumba de Francisco Franco.

Quisiéramos recordarle que Francisco Franco fue condecorado por SS Pío XII con la más alta honorificencia de la Santa Sede: la Orden Suprema de Cristo. Sólo con este dato, que usted a buen seguro conoce, es suficiente para que, privada y públicamente, se oponga a la agresión que el Gobierno de España anhela perpetrar contra los restos mortales de Francisco Franco.

Si no fuese suficiente lo anterior, déjenos que cumplamos con la obligación moral que nos asiste a “los súbditos de celo y libertad, para que no teman corregir a los prelados, especialmente si el crimen es público y corre peligro la mayoría de los fieles”. Es enseñanza de Santo Tomás de Aquino (In Gal.2,11, nº 76-77).

Francisco Franco fue un “Cristiano Ejemplar”, como lúcidamente reflejó Don Manuel Garrido Bonaño O.S.B, monje del Valle de los Caídos, en un libro que le recomendamos a usted para sus ratos de lectura espiritual.

Francisco Franco salvó a España del comunismo y atajó la que fue la mayor persecución religiosa que conoce la historia: trece obispos, seis mil sacerdotes y religiosos y decenas de miles de católicos asesinados y martirizados por odio a la Fe. Seguro que usted recuerda aquella sangre martirial que se convirtió en semilla de cristianos. Tal fue aquella sangre martirial que el pueblo español, bajo la Jefatura de Francisco Franco, se constituyó en Estado Católico, con la bendición y apoyo de la Iglesia en España, heroica, ejemplar, que no conoció ni un solo caso de apostasía.

Francisco Franco reconstruyó iglesias quemadas, restauró santuarios profanados y acudió magnánimo a la llamada de todos aquellos españoles que sufrieron el horror de la contienda. Sí, incluso aquellos que habían sido condenados a penas gravísimas, encontraron en Francisco Franco el perdón de un padre y la verdadera reconciliación. Conocerá usted el sistema de remisión de penas, verdaderamente reconciliador, que buscaba la reconstrucción de todo un pueblo arrasado y la conquista del hombre, atrapado en las garras del marxismo ateo que hoy viene a reivindicarse con su aplauso y sonrisa. Sabrá usted que, en Getafe, muy cerca de Madrid, hace ahora cien años que fue inaugurado el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, fusilado por las hordas comunistas que hoy quisieran derribar la magna Cruz del Valle de los Caídos. El 1 de junio de 1969, Francisco Franco daba por concluida la construcción, levantado sobre las ruinas del antiguo monumento, del Santuario del Sagrado Corazón, bajo cuya protección y reinado el Jefe del Estado volvió a consagrar a España, leyéndose al finalizar un telegrama enviado por Pablo VI para la ocasión e impartiendo la bendición final su predecesor, el Arzobispo de Madrid don Casimiro Morcillo.

Francisco Franco ha sido el mejor y más grande de los gobernantes que ha tenido España en los últimos siglos, llevando a nuestra Patria a la mayor protección del Bien Común que ha conocido nuestro pueblo. Ahí están los datos: florecimiento de las vocaciones religiosas, a cuya experiencia, estoy seguro, usted debe su vocación sacerdotal. Allá, en aquella industrial y obrera ciudad de Torrelavega, en la que usted anduvo sus primeros pasos ministeriales, se
acordará de don Teodosio Herrera Fuente, ejemplar sacerdote, que murió en olor de santidad, y que si viese su complicidad con los enemigos de Dios y de la Iglesia a buen seguro redactaría una carta parecida a esta; creación de la clase media, acabando con las grandes diferencias sociales y revistiendo al obrero y al trabajador de una dignidad y una protección sin igual. Se fomentó la virtud, el trabajo, la unidad. Se fomentó la natalidad, la familia, la educación.

Se crearon cientos de escuelas, decenas de universidades, muchas de ellas laborales, para los hijos de los obreros. A ellos fueron destinadas los miles de viviendas sociales que se construyeron por toda España. “Ni un hogar sin lumbre ni un español sin pan”, lema que encarnó Francisco Franco y que, con sacrificio y entrega, hizo realidad. Los hechos mandan y son innegables, salvo que la objetividad se vea empañada por la ceguera del odio y el rencor.

No queremos la paz sino es como obra de la justicia y de la verdad. Y si para conquistar la Verdad, la que nos da Cristo y no la del mundo, hay que enfrentarse a los poderosos, debemos estar en disposición de elegir “con Cristo o contra él”.

Solicitamos de usted, como católicos, una postura firme ante la clara intención de los enemigos de Dios, de la Iglesia y de España de profanar los restos mortales de Francisco Franco y tomar por asalto la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

Le encomendamos al Buen Pastor para que pueda apacentar a sus ovejas y cumplir la misión sagrada de cuidar a su grey y ahuyentar a los lobos. De lo contrario, muy a nuestro pesar, rescataremos aquella carta de San Ignacio de Loyola a San Pedro Canisio, el 13 de agosto de 1554, en la que decía: “Los pastores católicos que con su mucha ignorancia pervierten al pueblo, parece deberían ser muy rigurosamente castigados, o al menos separados de la cura de almas”, pues “más vale estar la grey sin pastor, que tener por pastor a un lobo” Con el mismo deseo que tuvieron nuestros mártires, para que Cristo Reinase en España, le saludan atentamente,

[20 firmas]

Visto en Alerta Digital

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4 replies »

  1. Creo que la expresión correcta es loor de santidad, no olor de santidad. Ya sabemos que este arzobispo de la iglesia de Bergoglio va a callar, pero por lo menos quedará retratado.

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  2. La carta está diciendo toda la verdad y me alegra que haya sido enviada al Sr. Osoro,que de no rectificar por congraciar con los enemigos de la Fe, me parecería un lobo más de los muchos que hay.

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  3. Los primero pasos de comisario político o “ministeriales”, lo dio Osoro en la parroquia de la Asunción, en Torrelavega. Supongo que se acordará, como dice la misiva, de don Teodosio Herrera , aunque no sé de dónde saca el redactor de la carta que murió en olor de santidad.
    Puesto que personalmente conocí a ambos, he de decir que si bien D. Teodosio fue una sacerdote conservador, aceptó todos los cambios del conciliábulo sin excepción, incluida la misa nueva que celebró. Testigo de esto son las piedras; es decir, que D. Tedodosio construyo una iglesia, la Virgen Grande, en la década de los 50 y sesenta, y ya, antes de la misa nueva puso en lugar del altar una mesa, como todo el mundo puede ver aún hoy; seguramente siguiendo las instrucciones del conciliábulo. En el año 1968, según recuerdo pues asistía a diario, la misa era ya en vernáculo.
    La situación en Torrelavega era entonces la siguiente, que reflejaba la de otras partes de España en pleno postconcilio. De un lado, los que aceptaron todos los cambios de Montini, pero conservaban maneras anteriores (sotana, respeto al santísimo sacramento, y nunca se plantaron la invalidez del nuevo rito), y que nunca se les oyó levantar la voz contra las herejías del concilio. Esta posición era la de la parroquia de la Virgen Grande, a cuyo frente estaba mons. Teodosio. De otro, los más progresistas, cuya cabeza en la ciudad estaba en la parroquia de la Asunción, de la cual fue un tiempo párroco Carlos Osoro – que ni siquiera es verdadero obispo- Ambos bandos, progresistas y conservadores, aceptaron el conciliábulo, las reformas litúrgicas y todo lo que venía del antipapa Montini. Ambos, Teodosio y Osoro, fueron instrumentos para el engaño masivo de las almas. La dialéctica era falsa; entre liberales progresista: Osoro, y liberales conservadores: Teodosio y Ososro fueron en la época, y las posiciones que potros han heredado lo sigue siendo hoy, la estrategia que se usó para retener a los fieles en una falsa iglesia en la cual no hay salvación.
    De hecho, los firmantes de esta carta son a la vez víctimas y verdugos; víctimas de este engaño antiguo porque reconocen a Osoro como cardenal y a Montini como papa, cuando no tienen ningún cargo eclesiástico por ser sostenedores de herejías. Verdugos porque reconociendo a estos falsos pastores como verdaderos, a la vez que esgrimen una causa justa, engañan a las almas entregándolas a los pies de los caballos, o para seguir el símil de su carta, para llevarlas a que las coma el lobbo.
    ¿Acaso no fue Montini el que daba los nombres de los clérigos que pasaban tras el telón de acero, para que los detuvieran y fuesen asesinados en el mismo lugar o en los Gulag? ¿No fue Montini quien consintió el fraude del conciliábulo para que no se condenara el comunismo, respetando el pacto de Ronalli con la URSS? Fue Montini con su Dignitatis Humanae y su concepto de libertad religiosa condenado por la Iglesia quien obligó a Franco a cambiar las leyes fundamentales del Reino. Montini sabía, porque así lo advirtieron algunos obispos españoles en el conciliábulo, las consecuencias de aprobar ese decreto diseñado por la sinagoga de Satanás.
    Cuando empiecen a dirigirse a Osoro y a Montini – o a Wojtyla, Rztzinger y Bergoglio- como lo que son realmente, es decir, unos usurpadores, quizá algunos fieles comiencen a reaccionar. Cuando vayan a las causas del problema y dejen de engañar y de engañarse, entonces, sólo entonces, qquiera el Señor dar un perido de paz a su Iglesia, la cual ni está en la Virgen Grande: Teodosio, ni en la Asunción, Osoro. Así que adelante y digan la verdad, pues llevan 50 años de retraso. Pero más vale tarde que nunca. De lo contrario, me quedo con el dicho de “entre dos monedas falsas, la más parecida a la verdadera es la más peligrosa”.
    Sofronio

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