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EZQUIOGA, MASACRE DE PROFETAS


 

[Post ya publicado en noviembre de 2012]

 

La ocasión de la publicación de esta entrada dedicada a los hechos sobre/preternaturales de Ezquioga, en 1931, ha sido la relectura del libro de José María Sánchez de Toca: “Los profetas de la piel de Toro“. Doy noticia de este libro y de su autor al final de este artículo. También la lectura en incontables ocasiones del folleto del P. Urrutia, en sus distintas ediciones-coregidas- “El Tiempo que se aproxima según las principales profecías”.  En este folleto se hace un resumen casi esquemático de “Ezquioga”.

Pero el verdadero motivo de este post es mi convicción de que “Ezquioga” supuso hace ya 80 años, algo que quizás puede relacionarse por sus predicciones, con la persecución religiosa de España, desde 1931 a 1939, particularmente en los tres últimos años, en los que -como se ha escrito-tuvo lugar la masacre de católicos de “la peor persecución de la Iglesia, desde los tiempos del emperador Diocleciano”.

Y no solamente allí se predijeron las terribles acciones de la persecución religiosa de la la Iglesia española (1931-1939), sino también se predijo la terrible 2ª guerra mundial, tal como antes- en 1917- se había hecho en Fátima, donde nuestra bendita Madre acudió para ofrecer el medio que la impediría. Como se dijo allí, en las postrimerías de la 1ª guerra mundial:

La guerra va a acabar. Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el reinado de Pio XI comenzará otra peor. Cuando viereis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que os da Dios de que va a castigar el mundo por sus crímenes, por medio de la guerra , del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al santo Padre. Para impedir esto, vendré a pedir la consagración de Rusia a Mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora en los primeros sábados. Si atendieren Mis pedidos Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas. Por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará  Rusia que se convertirá y será concedido al mundo un tiempo de paz.

Pues bien esa” otra guerra peor”  vino en realidad.  Pero previamente en 1931 y siguientes, pocos años antes, hubo unos hechos misteriosos en Ezquioga en donde unos niños y adultos rústicos-en número considerable- hablaron de cosas tremendas que como se vio tuvieron lugar años más tarde.

Nuestra Señora vestida de Dolorosa, a la usanza española, dijeron los “videntes“, se les había aparecido deshecha en sollozos, vistiendo un manto negro y vestido blanco con ceñidor rojo intenso, portando en una mano el rosario y en la otra,  una amenazante espada.  No se trataba de algo que recordase el lema clásico de “La Espada y la Cruz” sino de un lema que significaba una alternativaO el rosario o la espada“. Vale decir, o la “Oración y penitencia”  tal como pidió la visión multiples veces, o la “sangre roja que correrá en vuestras tierras por la matanza de la espada“, como también anunciaron en incontables profecías los “videntes” de Ezquioga.

Pero el motivo de esta entrada es no sólo manifestar la posible conexión de estos hechos profetizados y que ya son historia -la guerra española y la mundial- sino las incontables predicciones/profecías que trascienden estas dos épocas historicas.  En realidad Ezquioga habla sobretodo de los últimos tiempos del mundo,  que en comparación con las cosas predichas para ellos, las dos anteriores etapas históricas son como juegos de niños.

En caso de ser sobrenaturales los hechos de Ezquioga, por lo menos en parte, -porque no se excluye que hubiera en ellos  interferencias preternaturales o satánicas, que no tuvieran que ver con las auténticas profecías- Ezquioga daría respuesta a muchos interrogantes que se hacen hoy personas preocupadas por el devenir y final de los Últimos Tiempos. Resumo así estos interrogantes:

¿Estamos en  los últimos tiempos?

¿Son estos tiempos el preámbulo del fin del mundo? ¿O el fin del mundo está aún lejano?

¿Acabarán estos tiempos con el mil veces anunciado Castigo apocalíptico, de fuego y destrucción nunca conocida en la historia de la Humanidad?

¿El Castigo es la Gran Tribulación o seguirá a ella sin identificarse con ella, a lo menos plenamente? ¿Vivimos ahora en la Gran Tribulación?

Seguirá a este Castigo una época esplendorosa para la Iglesia, como anuncian muchos profetas? ¿Y en caso de que fuera así, seria esta de corta o larga duración?

¿Para cuando el Anticristo? ¿Ha venido ya ? ¿Está por venir? ¿Precedería en poco tiempo al Juicio final? ¿El fin del mundo sería inmediato al Juicio final? ¿O habría una duración de tiempo indeterminada entre ambos? Pero si hubiera un tiempo entre ambos acontecimientos ¿sería largo o corto?

Si fuera largo ¿Sería algo como el Milenio de que algunos hablan? ¿Ese Milenio, caso de existir, precedería al Juicio final?

Pero en realidad, ¿Habrá un Milenio, una época feliz de larga duración? ¿Cómo y cuándo sería? ¿Este Milenio, será el imaginado por muchos carnal, o bien espiritual, pero una época histórica más, o más bien algo metahistórico?

¿Estaría Cristo reinando visiblemente en el Milenio? ¿O su presencia seria sólo espiritual? ¿Si fuera metahistórico los que vivieran allí serían bienaventurados?¿Estaría Cristo entonces sobre ls tierra?

Todas estas preguntas, resumen, a lo que yo creo, todas las doctrinas, entre sí incompatibles, que se han dado en algún momento histórico y por personas distintas sobre estos temas, que tienen, eso sí, fundamentos bíblicos, y más o menos han sido enunciadas por diferentes exegetas.

Como se ve son preguntas acuciantes a las que nadie hasta ahora ha dado una respuesta. O mejor dicho se han dado muchas respuestas, pero distintas entre sí, y por lo tanto falsas a excepción quizás de alguna, o también quizás todas ellas equivocadas.

Pues a estas preguntas pretendo dar una respuesta aproximada según las profecías enunciadas en ese lugar de  Ezqioga y ciñéndome a los supuestos hechos. De más está decir que yo no los considero, con certeza y ni siquiera con gran probabilidad, sobrenaturales. Quizás lo son en parte. Pero aquí sólo pretendo dar noticia de los hechos de Ezquioga, sin pronunciarme sobre su naturaleza. Digamos que este post es algo meramente ilustrativo. Pero que puede  hacer pensar.

Adelanto algo que quizás a muchos inducirá a dejar de leer esta entrada:

“El Osservatore Romano publicó en junio de 1934 una nota (que era la segunda y de tenor muy diferente a la primera) que condenaba en bloque las “pretendidas apariciones de Ezquioga”

Pero si siguen leyendo averiguarán quizás las circunstancias de esta nota. Y todo ello irá precedido por una somera descripción de lo que yo llamo, no las apariciones de Ezquioga”, como hace l’Osservatore, sino los hechos  y fenómenos múltiples y asombrosos de Ezquioga, y de otros lugares cercanos, que a lo largo de varios años desde 1931 y hasta 1934 ,prolongándose hasta 1949, incluyen apariciones, visiones, locuciones, hechos  y fenómenos inexplicables para la ciencia (Dr. Marañón), profecías a veces dadas por semianalfabetos, en cortados poemas, comportamiento increíblemente tosco y a veces cruel, de eclesiásticos y autoridades cíviles, reclusiones en cárceles y manicomios, etc… Un largo etc. que  culminó con el fin de la relevancia pública de los hechos, con el ostracismo impuesto,  por obediencia, a los “videntes”, el sambenito popular con que fueron señalados, pero también  con los “testarudos hechos” predichos de la guerra española y de la 2ª guerra mundial.

En un primer post enunciaré los hechos de Ezquioga y describiré el comportamiento de los protagonistas más importantes de la Iglesia y la politica, en aquellos hechos. Quizás se puedan sacar lecciones.

Me reservo para un segundo post, la descripción de algunos de los mensajes más importantes, y de los videntes que han ofrecido mayores garantías, a los investigadores.

BREVE RESUMEN Y EXPOSICIÓN DE LOS HECHOS Y PERSONAS PROTAGONISTAS

Cito ideas e incluso frases de las fuentes citadas. Pero animo a la consulta directa de ellas en su amplitud, a quienes se interesen por el tema.

Poco después de la proclamación de la República de España, el 14 de abril de 1931, de manera irregular por no haber salido de las urnas, mejor dicho después de haber perdido unas elecciones municipales en una proporción de 4 a 1, el autonombrado gobierno, contempló pasivamente y a veces con satisfacción (Manuel Azaña, presidente del gobierno, pronuncio frases escandalosas ante la quema de iglesias) el comienzo de actos hostiles a la Iglesia, con la quema de conventos y de iglesias.

En este escenario, el 20 de junio de 1931, comienzan los hechos de Ezquioga, que se prolongaron hasta  su condenación por el Santo oficio en 1934, bien que personas involucradas siguieron lamentándose y pidiendo una investigación hasta 1937  e incluso, hasta el año 1949, los  “videntes” siguieron reuniéndose discretamente, teniendo “visiones” y publicándolas, en pequeños círculos interesados, mediante máquinas de “ciclostil”.

El término “videntes” tal como eran conocidos entonces, tuvo entonces un uso acuñado  en la lengua popular, y después se popularizó aún mas en otras supuestas apariciones y cenáculos de personas que decían beneficiarse de apariciones, locuciones,  y experiencias “sobrenaturales” y “carismas” como a veces se han llamado, término que trascendió después del CVII la vida religiosa e invadió dominios como la política, el espectáculo, el deporte etc.

Para que se comprenda la magnitud del fenómeno, hay que decir que las “visiones” y apariciones  pueden elevarse, según algunos,  a miles. Los videntes también llegaron al número de 254, según el investigador William A. Christian, que sin embargo añadió que muchos prefirieron mantenerse en el anonimato. Sin embargo el P.Bruguera, principal investigador desde los primeros tiempos, rebaja la cifra a 152 videntes, de los cuales pensaba que solo 48 eran auténticos. El Obispo Múgica comunicó al Santo Oficio que eran 70 los videntes.

Los que acudieron al lugar, sólo en 1931, fueron más de un millón de personas., con picos en ocasiones de 70.000 u 80.000.

Lo más común fue que los videntes cayeran arrobados, insensibles al mundo exterior y sin percatarse de pinchazos, quemaduras (a veces profundas hasta el cartílago de los huesos, en mi opinión fiel metáfora de la brutalidad y tosquedad de autoridades e investigadores o curiosos). En esos “trances” los videntes  repetían lo que decía la visión, en castellano o vascuence. La visión también respondía, en castellano y en vascuence, a preguntas de las personas- que acompañaban-y sostenían en la caídas “para atrás”- de los videntes, hechas por medio de éstos.

Ezquioga, en la actualidad Ezkio, Guipúzcoa, pertenecía a la diocesis de Vitoria, única entonces del país vascongado. Las supuestas apariciones provocaron la afluencia masiva de vascos, españoles y franceses e incluso tuvo resonancia internacional.

La Iglesia y los poderes públicos no permanecieron al margen.

El gobierno de la Nación, por medio de su incrédulo y anticatólico presidente Manuel Azaña, primero envió a una autoridad relevante en el campo de la ciencia: Gregorio Marañón Moya. Su dictamen fue éste: “Los fenómenos de Ezquioga no pertenecen a la ciencia sino a otros estados de conciencia”.   Después, el mismo Azaña se personó en Guipúzcoa, dando órdenes a su amigo y confidente Pedro del Pozo, gobernador civil,- más tarde lo sería de Cádiz, en el incidente de “Casas Viejas” donde se dio la famosa orden de “tiros a la barriga“- de “no consentir más milagros”.

El obispo de la diócesis, Mateo Múgica, cuya actuación allí y cerca de Roma, fue cerrilmente opuesta, había sido exiliado en Francia por el gobierno de la recién inaugurada República. Fue una más de las anticatólicas actuaciones del mismo. Pronto el gobierno le concedió la vuelta, quizás con promesa de actuar contra las  apariciones. Si fue así cumplió con fidelidad y celo su compromiso. Antes de volver de su destierro el Vicario de la diócesis, Justo Echeguren, cuya primera actuación- sin ninguna aclaración de los hechos- fue impedir la investigación  de la Comisión Eclesiástica Oficial formada sin su consentimiento, por el párroco, un coadjutor, y otras personalidades civiles, que se había encargado de recoger testimonios de hasta un centenar de personas. Disolvió la Comisión pero no la sustituyó por nada ni nadie. Rechazó los estigmas sangrantes de una “vidente” y prohibió que los sacerdotes acudieran al lugar de las apariciones. Más tarde hizo lo mismo con los “videntes” y con el pueblo asistente. Todo esto sin mediar estudio, ni nota alguna, ni explicación. Por orden de su obispo exiliado encargó al famoso jesuita P. Laburu, predicador y conferenciente de campanillas del momento- la pedantería hecha carne según Pío Baroja- que demostrara la falsedad de las apariciones. Su dictamen, en contraste con el del famoso médico Marañón, fue muy negativo. Como haría después en sus concurridas conferencias en las tres capitales vascas, comparaba las apariciones a un film en un manicomio. Seguía la saga de jesuitas que comenzó con Dahnis , y seguiría con Staelin sobre Fátima, que manifestaban no sólo alergia a las apariciones, sino “alergia a lo sobrenatural”, por lo que se expresaron con desprecio y orgullo.

Además de la enemiga del impío gobierno de la Nación, el PNV, partido nacionalista vasco, cuyo órgano supremo el Euzkadi Buru Baztar  envió a tres miembros a la campa de Ezquioga para preguntar a la Virgen qué tenía que decir a Euzcadi .  Previamente habían acogido las apariciones con esperanza porque servirían a la causa nacionalista, según había escrito Engracio Aranzadi: ¿No será que el cielo trata de confortar a los vascos leales a la RAZA? A la pregunta en vascuence de la niña Benita Aguirre, la Virgen respondió en castellano que había venido para toda España. Esta respuesta unida al hecho de que los mensajes se referían constantemente a España sin mencionar a Euzcadi, determinaron la oposición de las autoridades vascongadas.

Por terminar con los comportamientos de los estamentos civiles hay que decir que el jefe militar del ejército de Franco, cuando se conquistó Goyerri, en 1937, para el bando nacional,  metió a algunos videntes en el manicomio, y a otros los desterró. Antes, los gudaris del ejército local vasco,  habían buscado los libros de Bruguera para quemarlos.

El Obispo Múgica, por su parte, a la vuelta de su exilio, nada más llegar ordenó a los párrocos que “hicieran retractarse a los videntes“.  Dejó a la niña Benita Aguirre– de 9 años- sin sacramentos, le prohibió que “tuviera apariciones” y amenazó a sus padres con excomunión, si la niña tenía visiones en su casa. Prohibió que se diera la comunión a todos los videntes e incluso a los que acudieran al lugar de las apariciones.

Para que se vea la connivencia de los eclesiásticos con el impío gobierno de la Nación y demás autoridades cito, como botón de muestra, el diálogo chusco -traído por el autor citado- entre el juez y una vidente:

Juez: Ahora la Virgen les dice que somos peores que antes.

María Recalde: No, lo que ocurre es que antes Uds. iban contra el clero y ahora es el clero el que les hace actuar contra nosotros.

Yo me permito pensar que los días de Santa Juana de Arco aunque lejanos, no son muy diferentes de los actuales, en cuanto a la actuación de los eclesiásticos,  y de los inicuos jueces e incluso en las avispadas respuestas de la Santa y estos videntes.

Tanto el vicario Justo Echeguren como Mateo Múgica, y quizás debido a su inicua actuación, fueron amenazados de parte de la visión, por dos videntes, Pilar Ciordia y Evaristo Galdós, con una muerte desgraciada y repentina al primero, y con el destierro-otra vez- y muerte en soledad y pobreza al segundo. Cosa que se cumplió al pie de la letra:  El Vicario murió antes de tomar posesión del obispado de Oviedo (¿premio del gobierno?) en un accidente de automóvil. El segundo murió desterrado en Francia, solo y ciego. Deus non irridetur.

Pero hubo entonces eclesiásticos que no eran así: Brevemente. el valenciano P. Amado Burguera, que investigó las apariciones-reduciendo los videntes auténticos a 48- escribió  sobre ellas, ” Los hechos de Ezquioga ante la razón y la Fe” cuya divulgación se impidió (aunque algo se salvó). El premio fue su encierro durante una semana, en la cárcel de Ondarreta por el Juez. El mismo juez decretó el encierro de los videntes por 15 días, en el manicomio de Mondragón. Los facultativos se excusaron con ellos porque reconocieron que estaban perfectamente sanos.

Además del párroco y del coadjutor que formaron la Comisión ivestigadora imparcial, también hubo eclesiásticos que se mostraron a favor. Este fue el caso de Mons. Irurita, que moriría mártir-junto con otros 7 obispos-ejecutado en las purgas republicanas.

El célebre Cardenal Segura, primado de España, persona ascética y espiritual, también se mostró favorable. La República le desterró a Roma.

También fueron partidarios, el párroco de Zumárraga, Antonio Amundarain, fundador de la “Alianza de Jesús y María“, la aristócrata Carmen Medina, y dos catalanes, tenidos por místicos, Magdalena  Aulina y Francisco Vallet, beatificados recientemente.

El nuncio Federico Tedechini, que alguien describió como un mundano príncipe italiano, informó sobre las apariciones  al Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pacelli, futuro Pío XII,congratatulándose de que la colaboración del gobierno daría pronto fin a las apariciones” .

El Santo Oficio ante la carta con quejas de los videntes dejados sin comunión por el obispo, remitió la carta al obispo quien contestó describiendo a los videntes con esta lapidaria frase “infima plebis, ruricolae generatis, prorsus fere iliterati”, “populacho de baja extracción, campesinos y analfabetos“. Uno se pregunta, si este obispo era de la escuela de quien eligió a pescadores, publicanos -y hasta se rodeó de  meretrices-  para la fundación  de la Iglesia, de la que algunos de ellos fueron obispos.

En diciembre de 1933, el Santo Oficio, publicó una nota constatando la “prudencia y energía” del obispo pero al que se recomendaba  que estudiara también las manifestaciones favorables a la aparición.

No fue necesario el consejo porque en breve tiempo, solamente basándose en las informaciones del obispo, y quizás  en las informaciones del nuncio Tedeschini, se produjo la definitiva condenación puesta al comienzo de este post.

Yo me pregunto, si en esta condenación influyeron también las presiones de un gobierno masónico, impío, y anticatólico que ya entonces enseñaba las garras de lo que sería dos años más tarde, una de las persecuciones más crueles de la historia de la Iglesia, con muchos obispos asesinados, 7000 religiosos martirizados, e incontables seglares asesinados y encarcelados. ¿Habría también presiones del ¿católico? gobierno provincial, el PNV a quien no gustó nada la españolidad de la Virgen? ¿Influirían también los clerigos modernistas? La Iglesia entonces, incluso en la católica España, y en las provincias más católicas de España, ya estaba, en mi opinión, afectada del virus “modernista” o “antisobrenaturalista”  y “abierto al mundo y con ganas de abrazarlo y adaptarse a él“,  pronta al “aggiornamento” “avant la lettre”  que estallaría sólo 30 años más tarde en el CVII.

Ni siquiera faltó una diplomacia vaticana cuyas características “disfrutaríamos“, los españoles en los años posconciliares. Tampoco faltaron prelados de recta intención y hasta aureolados de santidad, como el Cardenal Pacelli, que intervinieron, quizás transmitiendo informes, como el de Tedeschini, que se congratularía de la acción de un gobierno frente a las apariciones, que sólo dos años más tarde iba a desencadenar el martirio de  obispos,sacerdotes, religiosos, y laicos en gran número, cuyo delito capital sería creer en Dios, amarle, y servir a la Iglesia.

Fue este buen pueblo español el que  acudió a la campa de Ezquioga, portando pancartas que rezaban, “Virgen María salva a  España“.  Había sido la misma Virgen la que en hábito de Dolorosa, pedia oración y penitencia, llevando, en una ocasión, en su mano izquierda un Rosario, y en su derecha la  espada que advertía simbólicamente, de la amenaza que haría correr a ríos la sangre de los hijos de España.

Como había dicho poéticamente la visión en 1933:

Llega el día, no lejano, en que la ola que lleva a la barquilla de España, será una ola roja[de sangre] que convertirá la barquilla en una cruel carnicería.. las mayores olas vienen de Rusia..las olas de la Revolución ya llegan..

Termino aquí el preludio de lo que será un segundo post, en el que procuraré extraer, según mi entender y la importancia que yo mismo conceda a los extensos y numerosos mensajes de los videntes más acreditados [porque muchos fueron descartados por los que estudiaron e investigaron como Burguera los hechos y testimonios de Ezquioga].

4 replies »

  1. Quisiera saber si hay un mensaje claro, dado a algún vidente de estas apariciones. P. ej. en Fátima hay un mensaje claro y conciso, videntes bien identificados, información fiable, por lo menos hasta la muerte de Lucia etc.

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