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LICUEFACCIÓN DE LA SANGRE DE SAN PANTALEÓN


Como es sabido la licuación de la Sangre de San Pantaleón, reliquia que se guarda desde hace algunos siglos en el madrileño y aristocrático monasterio de la Encarnación, ocurre todos los años desde las primeras vísperas de su fiesta o sea al atardecer del 26 de julio, hasta las segundas vísperas del día 27, todos los años. Se tiene noticia escrita de ello desde el año 1646 y posteriormente en 1724 y 1733, como en el siguiente artículo se detalla.

El prodigio sobre el que la Iglesia nunca se ha pronunciado, lo que lo hace quedarse en mero prodigio, si se quiere enigmático, no tiene explicación científica, si bien es verdad que nunca se ha permitido el análisis de la sangre de la reliquia que se halla en un pomo hermético de cristal, con la sangre visible a la vista.

Todos los años se espera por los fieles  con cierta emoción, no exenta de angustia por lo que se dirá, la repetición del milagro. La leyenda dice que en algún año no se ha producido la licuación de la sangre, coincidiendo con sucesos nefastos como habrían sucedido en los años 1914 y 1936, años respectivamente de la Primera Guerra Mundial y de la Guerra española.

Oigamos un testimonio sobre ello:

“la creencia popular dicta que «el año que la sangre no se hace líquida hay un desastre en este país».No sé si será verdad, tendríamos que preguntarles a los del 36 –por 1936, año del inicio de la Guerra Civil– a ver si se licuó o no». La respuesta, sin embargo, no tarda en llegar y tampoco viaja en el tiempo, puesto que la tiene el propio capellán mayor, quien confirma que eso «es una leyenda urbana». «Hay constancia escrita de que se licúa todos los años, así que eso no tiene nada que ver, es una superstición», aclara el P. Martín, antes de regresar al templo para continuar con la liturgia que allí seguirán hasta mañana.

Sobre estos rumores está la siguiente información de 2015

Es entonces cuando miles de personas desfilan por su iglesia y se agolpan en su acceso para apreciar en primera persona la ampolla de la sangre del santo y la materialización de un misterio inexplicable; acude, puntual, a su cita con el calendario en el corazón de Madrid. Y mejor que sigua siendo así ya que las contadas excepciones que no se ha producido se rumorea que siempre ha sido para vaticinar algún tipo de desgracia.

El capellán del monasterio, citado anteriormente lo explica así:

“que no es verdad esa leyenda urbana que algunos creen que va a haber catástrofes si no se licúa, porque hay constancia, año tras año, en los siglos que aquí lleva la reliquia, de su licuefacción puntual todos los años”

Sin duda la información del capellán es verdad, porque se supone que él conoce los datos históricos para hacer esa información. ¿Pero es toda la verdad?

En el artículo que traemos a continuación hay una información que reproduce lo escrito por el obispo auxiliar de Toledo, en 1733, que matiza lo dicho por el capellán a quien sin duda ha movido un sano afán de tranquilizar a los fieles: 

Una de las primeras referencias históricas del prodigio la tenemos en la oración panegírica que pronunció el obispo auxiliar de Toledo D. Manuel Quintano Bonifaz en solemnes cultos que en el “religiosísimo y Real Monasterio de la Encarnación de Agustinas Recoletas de esta Imperial villa y corte de Madrid” se celebraron el 27 de julio de 1733, reinando el “muy católico Rey y Señor” Felipe V. Quintano asegura que todos los años el 26 y 27 de julio, aniversario de la decapitación del santo, la sangre “se vuelve fluida, perdiendo su natural condensación”.Continúa además diciendo Quintano Bonifaz que “También se produce la licuefacción en los sucesos prósperos o infaustos, como ha acreditado,  con la diferencia portentosa de que cuando es feliz el color es alegre y rubicundo, y cuando infausto, triste y macilento”.

Así pues el que siempre, independientemente de los acontecimientos seculares, la sangre del mártir se licúa en la fecha de su conmemoracion, es verdad, pero con el detalle importante, que el capellán omite [no creo que se deba a ignorancia] de que hay una diferencia  “portentosa” en el color de la licuación porque cuando el presagio es “infausto”  el color de la sangre licuada es “triste y macilento”

Este año de 2016, al existir una natural ansiedad sobre los hechos que pueden producirse (elecciones que se demoran, con amenazas a la Iglesia explícitas dichas por los partidos de izquierda, situación mundial casi prebélica con el islamismo amenazante, crisis económicas etc), había en muchos fieles una angustia apenas  reprimida, que con las declaraciones del capellán (este año y el pasado) se ha visto disipada.

Pero siempre hay un “pero”:

Yo he sido testigo en dos ocasiones, hace más de 15 años, de la licuación. Y lo que mi memoria guarda (pero ya se sabe lo infiel que puede ser la memoria) es haber besado la reliquia (ahora ha dejado de besarse no sé desde qué año concreto) en la que se observaba a simple vista una sangre (fresca a decir, según creo recordar, del que nos la daba a besar) de color “rubicundo”, yo diría rosa purpúreo brillante que “corría de un lado al otro empañando el cristal” como asegura un testimonio, en el artículo que se reproduce.

El quid de la cuestión está en saber el color de la sangre licuada. Yo he comunicado mis recuerdos a quien este año ha visto el pomo con la reliquia, a unos metros de distancia, y se ha sorprendido de que mis recuerdos no coinciden, en absoluto, con lo que declara haber visto.

Así que el misterio sigue abierto. ¿Habrá en el año que sigue hasta la próxima festividad de San Pantaleón, sucesos felices o por el contrario serán “infaustos”?. Desde luego el capellán del monasterio, ya se ha curado en salud, y nadie podrá reprocharle nada, sólo que, al parecer, no ha dicho todos  los detalles de la verdad testimoniada históricamente.
Es interesante notar que la Iglesia quiso juzgar de la verdad o truco de este suceso repetido anualmente y a este propósito es oportuno lo siguiente avalado por la sentencia de un grave Tribunal como lo es el de la Santa Inquisición:

“En el Siglo XVII la propia Inquisición quiso ahondar en el tema para ver si había algún tipo de truco o engaño. Por ello envió a distintos testigos durante siete años consecutivos, desde 1723 a 1730, para que diesen fe de lo que allí ocurría y certificasen que no había ni trampa ni cartón. Estas personas, de la confianza del Santo Oficio dieron constancia del milagro y así quedó reflejado en un documento titulado “Información sobre la licuación de la sangre del glorioso mártir San Pantaleón”, fechado en el 30 de agosto de 1730 y que aún conservan en el monasterio.”

LICUEFACCIÓN DE LA SANGRE DE SAN PANTALEÓN

Publicado el 23 de agosto de 2013 en Gran Misterio

licuaRecientemente emitió el canal italiano Rai Uno las imágenes de un numeroso grupo de fieles contemplando en la Capilla del Tesoro de la Catedral de Nápoles como la sangre de San Genaro pasaba del estado sólido al líquido, fenómeno que se conoce como licuefacción. Tamaño acontecimiento sucede puntualmente tres veces todos los años, y se viene repitiendo una y otra vez a lo largo de los siglos según atestiguan los historiadores: El primer sábado de mayo, el 19 de septiembre festividad del santo y el 16 de diciembre. Siempre en presencia de quienes acuden al templo atraídos por el misterioso suceso, despertando la admiración de unos y la incredulidad de otros.

Un evento semejante al descrito, pero no tan divulgado, se produce en Madrid concretamente en el Real Monasterio de la Encarnación, convento de monjas agustinas recoletas fundado en 1616 y que forma parte del Patrimonio Nacional. En ese tranquilo lugar cuando llega el día 27 de julio, fecha que la liturgia del ciclo santoral dedica a la conmemoración de San Pantaleón, un nutrido grupo de fieles, curiosos y turistas acude a observar como la sangre del santo se torna fluida y movediza en el relicario que la contiene.


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Monasterio de la Encarnación

Sobre la vida del santo se sabe que nació en Nicomedia -antigua ciudad perteneciente a la actual Turquía- a finales del siglo III. Estudió medicina, y llegó a ser doctor de la corte del emperador Galerio Maximiano. Tras su conversión al cristianismo y la muerte de su padre, Pantaleón comenzó a ejercer gratuitamente su profesión, curando a pobres y mendigos, lo que suscitó la envidia de otros médicos, quienes le denunciaron por ser cristiano y hacer magia ante el emperador. Pese a la orden de Maximiano, Pantaleón no quiso renegar de su fe y fue torturado. En las actas de su martirio se escribe que trataron de darle muerte de seis formas diferentes: Primero con fuego, después con plomo fundido, ahogándole, arrojándole a las fieras, torturándole en la rueda y atravesándole con una espada. Pantaleón salió ileso de todos esos castigos, por lo que en vista de los fracasos obtenidos en las tentativas de su ejecución, fue finalmente decapitado el 27 de julio de 305. Cuenta la tradición que sus discípulos recogieron la sangre tras la decapitación y la distribuyeron en relicarios.

Representación de San Pantaleón

Hay varias teorías sobre como llegó la sangre del santo a Madrid, la más extendida y aceptada es la de que parte de sus reliquias, conservadas en la catedral italiana de Ravello, fueron donadas en el siglo XVII por el virrey de Nápoles y conde de Miranda a la ciudad de Madrid, yendo a parar al monasterio de la Encarnación cuando su hija sor Aldonza del Santísimo Sacramento  ingresó en el convento como novicia.

Una de las primeras referencias históricas del prodigio la tenemos en la oración panegírica que pronunció el obispo auxiliar de Toledo D. Manuel Quintano Bonifaz en solemnes cultos que en el “religiosísimo y Real Monasterio de la Encarnación de Agustinas Recoletas de esta Imperial villa y corte de Madrid” se celebraron el 27 de julio de 1733, reinando el “muy católico Rey y Señor” Felipe V. D. Quintano asegura que todos los años el 26 y 27 de julio, aniversario de la decapitación del santo, la sangre “se vuelve fluida, perdiendo su natural condensación”. Continúa además diciendo Quintano Bonifaz que “También se produce la licuefacción en los sucesos prósperos o infaustos, como ha acreditado diversas veces la experiencia, con la diferencia portentosa de que cuando es feliz el color es alegre y rubicundo, y cuando infausto, triste y macilento”(1).

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Así mismo, el hagiógrafo Luís Muñoz, en su obra “Vida de la venerable madre Mariana de San José” publicada en 1646 describe este prodigio de la siguiente manera: “Es una pirámide de cristal con una pequeña redoma en su interior y en ella una cantidad de sangre del mártir, que todo el año está coagulada, y en las primeras vísperas de su festividad, que es el día 26 de julio, se ve desleírse poco a poco, y al día siguiente, que se celebra el Santo, ya se nota fluida y moverse, y en las segundas vísperas, vuelve a coagularse, quedando como una bolita de cera” (2).

Otro panegirista de San Pantaleón, don Francisco Calvo Garrido, resume así el suceso: “Su sangre, como la de San Genaro, se licúa maravillosamente desde el 26 de julio, víspera de su fiesta, hasta el anochecer del 27. Todo el año está seca, como helada, y en su día corre de un lado a otro si se mueve la ampolla en que se guarda y empaña las paredes del vaso que la encierra” (3).

Los milagros atribuidos y relacionados con la sangre de San Pantaleón y sus cambios de estado de sólido a líquido llevaron a la iglesia a intervenir para saber cuál era el origen de esos fenómenos. El 28 de enero de 1724, el Arzobispo de Santiago de Compostela y juez ordinario inquisidor, comenzó el juicio a la Sangre de San Pantaleón. Tras la declaración de varios testigos ilustres de la época, que acudieron cada 27 de julio durante 10 años consecutivos para verificar la licuefacción, el suceso se dio por verídico. Así consta en un manuscrito del Monasterio de la Encarnación, datado el 30 de agosto de 1729. El manuscrito dice así: “Su señoría, señor juez, declara y confiesa haberla visto líquida y fluida dicho día de San Pantaleón, veintisiete de julio, y después de su festividad condensada y dura, todo repetidas veces en el tiempo de diez años. Y conformándose con el parecer de los expresados teólogos, canonistas y médicos, lo tienen y veneran por prodigio y maravilla”(4).

Actualmente la reliquia en la que se opera el cambio de estado de la sangre, se conserva en una ampolla de una capacidad de un centímetro cúbico encerrada en un fanalillo prismático y trapezoidal de unos quince centímetros de altura. A simple vista, la ampolla que contiene la sangre de San Pantaleón tiene el aspecto de estar embadurnada en sus paredes por una tenue capa de color bermejo oscuro; capa que, según los testigos oculares del fenómeno, se desprende para convertirse en líquido purpúreo con todas las características de la sangre. Hoy día para contemplar mejor este proceso se ha recurrido a un circuito cerrado de televisión, y mediante dos pantallas se muestra una imagen ampliada y a tiempo real de cómo la licuefacción se lleva a cabo. Éste no es un proceso instantáneo ya que cuando se inclina la ampolla el líquido se va acomodando a la forma del recipiente de forma progresiva, de manera que inicialmente toda la masa permanece compacta y no se mueve, pero a última hora de la tarde del 26 de julio, la sangre ya parece que comienza a licuarse, en un proceso que durante el día 27 ya se puede apreciar por completo. Es en ese estado líquido, al inclinar nuevamente la ampolla, cuando la sangre adopta la forma del recipiente, y a partir del día 28 comienza lentamente a solidificarse, aunque algún año ha permanecido en estado líquido durante más tiempo.

Esquema de la Reliquia de San Pantaleón

Voces críticas consideran que hay pistas e indicios que apuntan a que la sangre de San Pantaleón (al igual que la de San Genaro) es algo más que sangre, ya que tiende a licuarse bien cuando aumenta la temperatura ambiental, bien cuando se agita el relicario, por lo que cabría pensar que podría existir alguna relación entre calor o movimiento en este acontecimiento. Por otro lado investigadores de este prodigio no han podido dar una explicación racional de estos sucesos, aunque en su opinión no se trata de ningún truco, argumentando que la sangre de San Pantaleón está encerrada herméticamente y en ningún caso se ha comprobado que la temperatura ambiente influya en la licuefacción de la sangre.

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No ha habido ningún año en que haya dejado de acontecer este fenómeno, un proceso sobre el que la Iglesia no se ha pronunciado oficialmente, no se ha reconocido como un milagro y tampoco se han autorizado análisis científicos modernos, por lo que la razón real de este caso no se conocerá hasta que la ciencia pueda examinar la sangre coagulada que se licúa en la fecha señalada, así que de momento sólo se puede decir que, ante la visión de los fieles y turistas que se congregan en el monasterio de la Encarnación, el contenido de la ampolla parece y se comporta como sangre humana.

Aquellos que sientan interés por este hecho insólito que se reproduce aparentemente sin intervención física o química, tendrán que armarse de paciencia y esperar un año, hasta julio de 2014, para observar el fenómeno con sus propios ojos y sacar sus propias conclusiones. Aunque otra opción sería viajar a Nápoles, donde la sangre de San Genaro experimentará el mismo proceso el día 19 de septiembre.07_27_MADRID_sangre_de_San_Pantale_n

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