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SOBRE LOS ÁNGELES CUSTODIOS


Fray Eusebio De Lugo.

Por

El Padre Lamy, 1853-1931, ha sido una especie de santo Cura de Ars del siglo XX en la revuelta Francia de la III República perseguidora del catolicismo, y de la gran matanza de católicos que fue la I guerra mundial, orquestada por el poder masónico francés e internacional. Ejemplo de superación, de entrega a los más necesitados, lo era también de sumo rigor doctrinal, y de una vida espiritual tan marcada por lo sobrenatural, que hablaba con toda naturalidad con la Virgen, con san José, o como vemos aquí, con los santos ángeles.

Pueden encontrar la biografía completa en francès, aquí:

http://livres-mystiques.com/partieTEXTES/lamy/table.htm

En nuestros tiempos de increencia clerical rampante, nos vendrá bien leer este testimonio de la Iglesia de siempre, que nos despertará la devoción que todo cristiano debe tener hacia sus ángeles custodios.

El Ángel Custodio nos guía desde nuestra infancia y nos asiste en la hora de la muerte

“El rasgo más característico del P. Lamy, después de su devoción por la Virgen, era la confianza que tenía en los santos ángeles, y la familiaridad con que los trataba. Todos sus íntimos le han visto hablar con seres invisibles, y con alguna excepción, todos han oído las voces de esos espíritus celestes contestándole; incluso a veces, les fue dado distinguir las palabras pronunciadas por los ángeles. La publicación de tantos testimonios sería fastidiosa, por lo que me limitaré a reproducir una nota que escribí justo después de uno de estos encuentros, el 9 de Noviembre 1924. El título de su autor

Licenciado en ciencias, parece garantía suficiente de no haber confundido con algún fenómeno natural.

Miércoles por la tarde, a las 10 menos 5, entramos en casa del P. Lamy, en Pailly. Encontramos en el comedor su lámpara encendida y su palmatoria al lado. Los señores Vauthelin se han acostado. Tomo las dos luces para subir la escalera. Llegados al descansillo del primer piso, mi huésped me desea buenas noches y me dice con una sonrisa: “Vamos a rezar para que el P. X sea destinado a tal puesto…” ”Rece  también por ello.”

A las 10 y cuarto, apago la luz, transcurren dos o tres minutos, y a través de dos puertas, me llega una conversación desde la habitación del anciano sacerdote: Tres voces de hombre, distintas y nítidas a más no poder, y cuyo contenido es perfectamente comprensible. A pesar del frío, me siento en la cama para oír mejor, y no hay ningún otro ruido en toda la casa.

El P. Lamy habla de vez en cuando, contestando a un interlocutor cuya voz es nítida cálida, de un timbre muy viril y agradable, que se expresa sin acento y con un tono muy afirmativo. Llego a pillar ciertas sílabas, pero ninguna de las palabras que pronuncia. Por discreción, no me atrevo a pegar el oído en la puerta. El tercer interlocutor tiene una voz un poco sorda, menos agradable, pero perfectamente normal. Habla con mucha circunspección, sus palabras son más escasas que las del primero, y dichas en tono menos perentorio. El diapasón es también más alto, intermedio entre las otras dos voces. Tengo buena memoria para las voces. La del primero me hace pensar en un hombre joven que conocí hace tiempo, el hijo de Lord. E…La otra voz no pasa de banal. No atreviéndome a intervenir, y el frío apretando, me vuelvo a acostar. Y sigo oyendo perfectamente a mis tres interlocutores, aunque no distinga las palabras. Todos ellos se expresan en francés, pero sólo uno con el acento de su tierra, arrastra las a sobre ciertas sílabas. Al cabo de alrededor de 7 minutos, otra vez silencio.

…La impresión que he tenido es que los dos interlocutores del P. Lamy se presentaban bajo forma humana, aunque puedo equivocarme.

A la mañana siguiente, pregunto a la hermana del Padre, pero ésta dormía profundamente y no ha oído nada. Camino de la Iglesia, pregunto al Padre: “Padre, ayer noche, después de separarnos, os he oído hablar, y he oído otras voces…¿Eran los ángeles?” Sonríe y me contesta: “Pueda ser, son el consuelo del atardecer.”

Más tarde, y tras varias preguntas mías, mi huésped me contesta que las voces que he oído son las del arcángel Gabriel y las de su ángel custodio. “La diferencia, me dice, es que las oigo igual de fuertes la una que la otra. Depende del modo en que quieren ser oídos por Ud. Y quizás, también de lo lejos que estén”.”Cuando el arcángel quiere hablar confidencialmente, habla bajo. No diga una palabra de esto hasta que yo haya pasado a mejor vida”.

La devoción a los ángeles, a los ángeles custodios, a los ángeles protectores de cada hogar, de cada ciudad, de cada comunidad, de cada provincia, de cada estado, a los ángeles de las categorías superiores, comúnmente llamados arcángeles, le incitaba a propagar su devoción. Era la razón principal de la gran amistad que lo ligaba con M. Louis Martin, que fue toda su vida un celoso y entregado propagandista de su culto, y que había logrado reunir sumas colosales para la construcción o restauración de uno u otro santuario a ellos consagrado.

“No damos a los ángeles la importancia que tienen.; no les rezamos lo suficiente. Los ángeles se conmueven mucho cuando les rezamos. Hay una gran utilidad en orar a los ángeles.”

“A nuestros ángeles custodios, no les rezamos lo suficiente. ¿Qué hacemos por ellos? Una oracioncita por la mañana, otra por la noche, ¡ya está! Su misericordia es realmente grande a favor nuestro, y muchas veces, no recurrimos a ella. Nos miran como a hermanos pequeños y muy necesitados, su bondad hacia nosotros no tiene límites.”

“Nadie tan fiel como un ángel. ¡Qué memoria! Se acuerdan de todo.. Os cuento lo ocurrido hace diez años como si hubiera sucedido ayer. ¡Cuántos amigos encontraremos, y que no conocíamos! Nos dicen lo que tienen que decirnos, y desaparecen. Hombre, no somos nada delante suyo, como la rata ante el buey.”

“Nuestro ángel custodio nos salva de muchos accidentes. Le dejamos libertad sobre nosotros. Pero ¿Qué pueden por nosotros los ángeles, cuando no estamos en estado de gracia? Querrían socorrernos, pero se ven impotentes. Cuando rehusamos el debido honor a Nuestro Señor, también mandamos a paseo a sus criados. ¿Cuántos, entre los cristianos, solicitan su ayuda? Una mini-oración “Buenas tardes, ángel mío…” y se acabó. Pero si rezamos a Nuestro Señor, si servimos a su amo, les dejamos libertad de acción sobre nosotros. No recurrimos bastante a los santos ángeles. Están ahí, los dejamos tranquilos, no les molestamos lo que deberíamos.”

“Los ángeles, como los santos, no tienen un cuerpo similar a los cuerpos reales de Jesús y María, tienen cuerpos de otro mundo. Cada ángel tiene una fisionomía especial. Las apariencias bajo las que se nos muestran los ángeles nos los presentan frecuentemente con los cabellos negros; y los tienen muy bien cortados. Nunca he visto a un ángel con el pelo crespo. Mi ángel tiene la cabeza más bien redonda, una hermosa estampa, los cabellos negros y ondulados. También el arcángel Gabriel los tiene así. Les saca una cabeza al resto de los ángeles. Es así como reconozco antes de nada a los ángeles de categoría superior. Lo que tienen de muy hermoso, son sus placas de oro, de formas irregulares que forman un mosaico que reviste toda la parte superior de su cuerpo. Una de las placas resplandece por un lado, otra por otro lado, así una y otra vez. Es un vaivén constante y sucesivo de todas esas placas, que reciben la luz de Dios. Las mangas de sus túnicas van hasta la mitad del brazo, su túnica hasta las rodillas. Las partes bajas del cuerpo van revestidas como de un faldón, son como atletas. Sus vestimentas son blancas, pero de un blanco que no tiene nada de terreno. No sabría cómo describirlo, porque no tenemos nada con qué compararlo, es un blanco mucho más dulce a nuestros ojos. Estos santos personajes están envueltos por una luz tan diferente de la nuestra, que cuando ya no se los tiene a la vista, todo parece sombrío en comparación. Cuando veis una cincuentena de ángeles, os quedáis completamente maravillados; no pensáis sino en orar a Dios. ¡Y esas placas metálicas, que se mueven incesantemente, como si cada una de ellas fuera un sol! Lo que debe ser, en el Cielo, el vuelo de millones de ángeles! Nunca les he visto alas, siempre bajo el aspecto de jóvenes. Llevan impresa sobre su frente un sello de su benevolencia para con los hombres, mientras los demonios tienen un aire, duro, feroz y agresivo. Alguna vez he oído a tres, o cuatro ángeles en la iglesia de La Courneuve. Muchas veces, los oigo sin verlos. Como viejos conocidos, los reconozco por sus voces. Todos estos personajes, como el diablo, están con nosotros, alrededor nuestro. Si no los vemos, ¡Nos falta realmente muy poco! Es como si sólo una finísima película nos separase de ellos.

Los ángeles muchas veces me han sostenido cuando desfallecía por el cansancio, y me han transportado de un lugar a otro, y no me daba cuenta de nada. Yo decía: “Dios mío, ¡qué cansado estoy!” Estaba en mi parroquia, lejos, muchas veces de noche, y me encontraba de repente sobre la plaza Saint-Lucien. Cómo ocurría esto, no tengo ni idea.”

“Iba a la estación de trenes a dar absoluciones generales. (en los tiempos de la Primera Guerra Mundial). Uno de los soldados me dice: “¡Voy a morir!” El santo ángel custodio, que estaba al lado mío, lo bendijo. Dice enseguida: “¡Ya me siento mejor!”Era por la noche, en la estación de La Courneuve. Quizás habría hasta 200 tendidos sobre parihuelas, sobre planchas, sobre los mismos adoquines del suelo. Los automóviles de París iban y venían con su cargamento. Este soldado nos había dicho: “Soy padre de familia”. Cuando llegaba, siempre pedía a mi ángel custodio que curase a algunos. He visto al santo arcángel bendecirlo, junto a su ángel, mientras pasaba.

Les daba la absolución general, y les decía: “Soy el cura de esta parroquia, ánimo, hijos míos!” Tomaba los santos óleos. Había comprado algunas docenas de tubos plateados, que he ido repartiendo a sacerdotes-soldados. Daba la absolución a los soldados tras haberles preguntado si eran cristianos y haberles hecho decir: “¡Dios mío, os doy todo mi corazón!”

Un vicario de Saint-Ouen me ayudó mucho. Algunas veces, llegaban hasta 600 o 700 heridos. El santo arcángel estaba conmigo, mi ángel también. Cuando estaba ahí, lo veía todo claro. Él iluminaba las consciencias; cuando eso ocurre, se ve tan claro como el día en ellas. He dado la santa absolución con la con la firme convicción de que el 99 % la recibía con fruto. Luego tenía que llevar los cuerpos hasta La Courneuve, y oficiar el entierro. Muchas veces, ni siquiera estaban cavadas las tumbas, tenía que cavarlas yo mismo, sin papeles ni nada. He tenido que enterrar a dos o tres en el mismo hoyo. Me sentía fuerte con la palabra de Nuestra buena Madre a Satanás: “Salvaré a muchos a pesar tuyo”. El cardenal Amette (Arzobispo de París) me había dicho: “Le doy todos los permisos, porque sé que nunca los usará para nada malo.” En medio de tantas tristezas, tenía el consuelo de ver al santo arcángel tan misericordioso con ellos…”

Una vez que iba en bicicleta cegado por el sol, surge ante mí otro ciclista, íbamos a chocar, cuando el arcángel Gabriel toma la bicicleta con su ocupante, y lo deposita suavemente sobre el borde de la carretera. ¡Si hubiérais visto la cara del joven! Mirándome a mí, y al ángel, con la cara a cuadros… Estuve a punto de morirme de la risa, pero me contuve. En esto que llega otra bicicleta, y el de la primera empieza a gritar: “¡Son dos, son dos!”, y el de la segunda contestando: “Que no, que no, que sólo hay uno!”

Los ángeles me han protegido de las moscas mientras estoy en la capilla., oí distintamente a los ángeles diciendo a las moscas: “¡No lo toquéis!” Este hombre necesita volver, y si lo picáis, tendremos que acompañarlo en forma humana. Creí reconocer la voz del arcángel, por lo que dí las gracias a los tres.”

3 replies »

  1. RuyDiaz dice:el 3 de octubre de 2012 a las 1:08 | Responder | Editar
    Fray Eusebio de Lugo: Muchas gracias por tan bello articulo. Podria por favor proveernos con un link similar, pero que tenga los libros en Espanol y/o Ingles ? Agradezco su generosidad.
    Atte.,
    Ruy Diaz

    Me gusta

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