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LA CONTRICIÓN PERFECTA: LA CLAVE PARA IR AL CIELO


[Es republicación]

SI necesitas confesarte pero no puedes …

La contrición perfecta: 
la clave para ir al  cielo, especialmente en nuestros tiempos

También puedes ser perdonado de tus pecados mortales si no hay un sacerdote disponible para escuchar tu confesión …

Para la gran mayoría de los católicos en el mundo de hoy, es virtualmente imposible confesarse con un sacerdote ordenado válidamente que profese la verdadera fe católica de antaño y que no profese estar en comunión con un hereje público o un apóstata como Francisco o Benedicto XVI. A lo largo de la historia de la Iglesia, hubo muchas personas en diversos lugares y circunstancias que necesitaron acercarse a un sacerdote para la confesión, y por una razón u otra, les resultó imposible. Y no hace falta decir que aunque todos moriremos un día, la mayoría de la gente no tendrá un sacerdote al lado con el  que pueda confesarse  en el lecho de muerte.

¿Significa esto, entonces, que nuestras posibilidades de llegar al Cielo son, por esa razón, muy escasas? ¡De ninguna manera!

Es un hecho lamentable que a pesar de que todos los católicos saben que hay que acercarse al sacramento de la Penitencia para conseguir el perdón de sus pecados mortales, al parecer sólo unos pocos conocen que hay una manera de obtener el perdón de los pecados mortales fuera del sacramento de la Penitencia : a través de la Contrición Perfecta. Para que no haya mal entendidos es importante entender exactamente qué se entiende por ella y cómo “funciona”, es decir, cómo obtener esta gran gracia.

¿Qué  es la contrición perfecta?

En el siglo XVI, el Concilio de Trento promulgó un decreto sobre el Sacramento de la Penitencia , que incluye un capítulo dedicado al tema de la contrición. El Catecismo  posterior del Concilio de Trento también explica la contrición y cómo se relaciona con el sacramento de la Penitencia. La Enciclopedia Católica de 1907 también tiene un artículo informativo que resume los elementos esenciales de la contrición .

En pocas palabras: La Contrición Perfecta es un dolor sobrenatural y un aborrecimiento de los pecados que uno ha cometido, acompañado de una firme resolución de no volver a pecar nunca, porque al cometerlos uno ha ofendido a Dios, que es infinitamente bueno y merece todo nuestro amor.

Es evidente que para que la Contrition Perfecta dé frutos abundantes en las almas, entonces esta definición algo compleja necesita una explicación detallada que sea fácilmente comprensible para el hombre común. Con este fin, la Australian Catholic Truth Society  en 1959 publicó un folleto muy leído sobre este tema escrito por un sacerdote italiano. Puede leer su texto completo en línea aquí:

El 26 de febrero de 2016, nuestros amigos de True Restoration lanzaron un episodio de su serie “Spiritual Life” en Restoration Radio sobre “Perfect Contrition”, en la que el monje benedictino Fr. Bernard Uttley explica de una manera fácilmente comprensible  la naturaleza, el mecanismo, los efectos y la importancia de la Contrición Perfecta. Puedes escuchar este episodio de 105 minutos en su totalidad, de forma gratuita aquí:

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Si examinamos de cerca el Acto de Contrición y dando por supuesto que debemos orar al menos una vez al día, veremos cómo la Santa Madre Iglesia intenta inculcar en nuestras almas las disposiciones necesarias para obtener la Contrición perfecta:

¡Oh Dios mío! Siento  sinceramente haberte ofendido; y detesto todos mis pecados, porque temo perder el cielo y temo los dolores del infierno, pero sobre todo lo siento porque te he ofendido a Ti, Dios mío, que eres tan bueno, y merecedor de todo mi amor. Resuelvo firmemente, con la ayuda de Tu gracia, confesar mis pecados, hacer penitencia y enmendar mi vida. Amén.

Acto de contrición )

La Contriciøn Perfecta es una inmensa fuente de gracias en esta vida y tiene especial importancia en el momento de la muerte. Todos los católicos deben estar familiarizados con ella  y unir a ella diariamente los actos de Fe , Esperanza y Caridad .

Ya sea que tengas un confesor disponible o no, asegúrate de estar siempre arrepentido de tus pecados, y de nunca estar  sin la gracia santificante. Las puertas del Cielo estarán abiertas para ti, y nunca más serás tentado de desesperación. 

El efecto principal de la Contrición Perfecta es la recuperación de la gracia santificante aunque no hayas ido al  sacramento de la Confesión. Este medio extraordinario muestra la gran misericordia, la generosidad y la magnanimidad de Dios Todopoderoso hacia Sus criaturas humanas pecadoras. Después de todo, está claro que no siempre y en todas partes tenemos un sacerdote a nuestra disposición, y la disponibilidad del perdón de Dios a lo largo de la historia en la Nueva Alianza,  se vería seriamente restringida si dependiera estrictamente de que fueran accesibles sacerdotes válidos  a  los pecadores.

Por favor, no ignore, descuide ni desprecie este tema tan importante. Para muchos de nosotros, la Contrición Perfecta puede un día tener una importancia tan grande que decida nuestra eternidad .

“Por eso os digo que muchos pecados le son perdonados, porque ella amó mucho” 
(Lucas 7:47).

De Novus Ordo Watch

9 replies »

  1. De cierto la contrición perfecta como siempre fue la vía ideal para la salvación, y hoy día en que no existe ninguna consagración por parte de una Iglesia se hace este el único camino seguro en que podemos confiar, estamos solos con Dios.
    En estos momentos en que pocos dudan que vivimos el fin de los tiempos algunos experimentamos una vida en la verdad de Dios con una sensación extraña que nos lanza de súbito a meditar profundamente sobre como ser y hacer en esta soledad …

    ¿No es acaso válidamente aplicable también en nuestra época estos razonamientos expuestos aquí por el autor para el resto de los sacramentos?. Siento que sí, y que no hay que caer en embrollos rebuscando en donde no existe fundamentación que sostenga absolutamente algún vinculo con institución alguna presente que nos obligue a no proceder en total libertad de relacionarnos directamente con Dios, por citar un ejemplo, los hermanos Diamond justifican el bautismo con los cismáticos de oriente … movidos probablemente por el condicionamiento que de siempre la consagración por parte de la iglesia … simplemente insostenible.
    Solo nos queda hoy día, de la Iglesia, su magisterio, y esta libertad en soledad con Dios nos exige una responsabilidad aun mayor por nuestra parte, vivir mas aún en los mandatos de Dios, en estado de gracia.

    Siento que estamos en una situación limite, en que cualquier católico debería tomar esposa y bautizar a sus hijos por ellos mismos acorde a los fundamentos de nuestra religión y en el nombre de Dios sin mediación de alguna institución ya que ninguna de las existentes responden a Cristo, todo lo contrario obedecen al mal y propagan la confusión y el satanismo.

    Lo contrario a este razonamiento seria forzar a vivir en absoluto celibato a las nuevas generaciones, un absurdo, un sin sentido.

    La Paz de Cristo.

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    • ¿cómo sabes que esos que dices son, hoy en día, cismáticos? para serlo deberían separarse de la Roma católica, que hoy no existe, quién sabe si esos que así calificas no serán, actualmente, más católicos que tú, y más, desde luego, que los que ahora usurpan la Iglesia católica

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  2. “También puedes ser perdonado de tus pecados mortales si no hay un sacerdote disponible para escuchar tu confesión…”, el diablo susurra estas palabras, es un gravísimo error creer que con el mero arrepentimiento, por perfecta que sea la contrición y el propósito de enmienda, si no hay confesión, se justifica el pecador cargado con el pecado mortal, esa es la actitud protestante, pero no salva, y si se da el caso, como en los tiempos presentes, que no se espere encontrar sacerdote legítimo, entonces debe acudirse a cualquiera que se encuentre, incluso la confesión ante cualquier prójimo es más salvífica que guardarse dentro el pecado, “exhortaos los unos a los otros” (He. 3,13), nos pide en Hebreos San Pablo, y en otros lugares, hasta el mismísimo diablo sería más útil que quedarse sin decir nada, porque no es culpa del pecador si ese tal sacerdote es indigno o mal ordenado, pero ante Dios será válido su deseo de confesión, por el penitente que no quede, retraerse de acudir a confesor porque no se crea en él no es hacer lo que hace la Iglesia, e invalida el sacramento, también, análogamente, un bautismo puede ser válido cuando a falta de ministro católico lo imparte un hereje que está resuelto a volver al seno de la Iglesia o incluso aunque no lo esté pero sí quiera ser católico el que se bautiza y no puede esperar más, la contrición perfecta es la clave para ir al cielo cuando demuestra que es perfecta, esto es, cuando busca confesor

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    • Dice el catecismo del concilio de Trento:
      544. Antes bien, tan luego como la admitamos [la contrición] en nuestras almas, se nos concede por Dios el perdón de los pecados, como lo declaran en otro lugar estas palabras del mismo Profeta: ―Dije confesaré contra mi injusticia al Señor, y tú perdonaste la impiedad de mi pecado‖829. Así podemos ver una figura de esto en aquellos diez leprosos830 que enviados por nuestro Salvador a los Sacerdotes, aun antes que llegasen a ellos quedaron limpios de la lepra. Con lo cual se demuestra que es tan poderosa la virtud de la verdadera contrición, antes declarada, que por ella AL INSTANTE alcanzamos del Señor el perdón de TODOS los pecados831.
      La contrición perfecta debe ir acompañada del propósito de confesarse en cuanto tengamos ocasión. Si no hay posibilidad de confesarse los pecados quedan perdonados por la contrición perfecta. Pero no se nos perdonan si no hay contrición perfecta, entonces ese dolor se llama atrición y si lo tenemos debemos hacer todo lo posible para alcanzar la contrición perfecta mediante la cual somos justificados si va acompañada de “no volver a pecar” y el propósito de confesarse y “cumplir la penitencia” (como dice el acto de contrición que ud. debería saber). Pero nunca podremos estar seguros de haber tenido contrición perfecta. Por eso lo más seguro es confesarse cuanto antes después de haber pecado. Por supuesto, después de haber pecado, cuanto antes, si puede ser inmediatamente hay que hacer un acto de perfecta contrición con propósito de confesarse.
      Los pecados ocultos o sea los que sin haber sido confesados los hemos olvidado sin culpa propia también se nos perdonan en cualquier confesión sin mencionarlos explícitamente (nos es imposible hacerlo) y también al comulgar. También se perdonan por la extremaución. En la extramaución también se perdonan los pecados si sentimos dolor de ellos en general.
      O sea: la confesión es una obligación gravísima pero cuando vamos ella con pecados de los que nos hemos arrepentido con contrición perfecta vamos ya justificados.

      Estimado pepe, creo que si imparte doctrina (lo cual debería hacer con mucha prudencia) debería repasar el catecismo.

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  3. La contrición perfecta exige arrepentimiento de nuestros pecados por amor a Dios y no por miedo al infierno.
    Esto no es tan sencillo, y como dice moimunan, nunca estamos 100% seguros de tenerla, de leer bien en nuestros corazones.
    Recemos para que Dios nos envíe más gracias cuando se vayan los pocos curas que tenemos ahora para confesarnos y perdonarnos los pecados con contrición imperfecta, porque la contrición perfecta…

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  4. Los católicos de estos “últimos tiempos” a los que se nos hace practicamente imposible recurrir a un sacerdote legítimo y católico para recibir cualquier Sacramento, y que nos vemos privados involuntariamente de la dicha de asistir a un templo parroquial para adorar al verdadero Dios, realmente presente en la Sagrada Eucaristía, se nos hace imperioso -pues la muerte es cierta pero incierta su hora- de estar preparados para el Juicio particular que cada uno deberá rendir para merecer lo que merezcamos … Por eso que es absolutamente imprescindible conocer las Verdades de nuestra Santa Religión, como tan bien está expresado en el artículo publicado.
    Tan solo quisiera agregar el ejemplo de tantos monjes y anacoretas, que retirados a los desiertos, sin asistencia de un sacerdote, al morir -aun sin Sacramentos- sus almas volaron al Cielo, y la Iglesia nos los propone como modelos e intercesores. También nosotros estamos “en el desierto”, somos como ermitaños en medio de las ciudades y no tenemos otra opción para salvar nuestras almas -recibiendo espiritualmente el perdón de nuestros pecados- a traves de la contrición perfecta.
    No vivimos sin Esperanza, no somos amargados ni deprimidos, pues el mismo Dios de aquellos monjes y ermitaños, es el nuestro, y Dios no cambia, y tan dispuesto está a perdonarnos como nos enseña Nuestro Señor en el Evangelio, en la parábola del Padre bueno con el hijo pródigo que se arrepintió y volvió. El cambio lo hace el hombre por el perfecto arrepentimiento, y aún careciendo de los canales ORDINARIOS de la Gracia – en los cuales no se agota la Misericordia de Dios si el cristiano NO PUEDE acudir a ellos sin culpa, tenemos la CERTEZA moral, según nos enseña la Santa Iglesia, que podemos estar tranquilos si hicimos lo que teníamos que hacer de nuestra parte, pues Dios no falla ni en su Justicia ni en su Misericordia.
    En medio de esta Apostasía generalizada Jesucristo en el Evangelio nos recuerda: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”…no somos desesperados sino cristianos que creemos y confiamos en las Promesas del Sagrado Corazón de Jesús.
    La Fe ahuyenta la duda y nos impulsa a hacer lo que debemos y podemos hacer, pues Dios no manda cosas imposibles.

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  5. “Dios no manda cosas imposibles”, pero los padres del desierto se infligían unas penitencias increíbles sin haber cometido antes graves pecados públicos.

    El santo cura de Ars, en alguno de sus sermones, dice que el estado mental del cristiano es como el que está completamente desesperado por haber pecado repetidas veces en todos los mandamientos y que a la vez tiene esperanza en la misericordia infinita de Dios.

    Que a mí me parecen como los dos dinteles “de la puerta estrecha”: el dintel izquierdo de la desesperación absoluta, que parece que llegue hasta el infinito por la derecha y el dintel de la derecha (de la misericordia infinita) que parece que llegue hasta el infinito por la izquierda, por eso queda tan poco espacio entre ellos y ese es nuestro (maravilloso) camino.

    El ancho camino de “la puerta ancha” es el de los que creen que el camino es tan anchos que aunque vayan haciendo eses, bedidos, no se salen del camino y pasarán por “la puerta ancha” que lleva al cielo. Van haciendo eses, dando bandazos, entregados a sus cambiantes apetitos: hoy hago esto porque me apetece, mañana lo contrario porque me apetece (hoy voy con esta, mañana la dejo).

    Ave María, madre de Dios, ruega por nosotros.

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  6. Es Doctrina que Dios no se agota en los canales ordinarios de la Gracia, pues de lo contrario la Omnipotencia de Dios quedaría restringida. Estamos hablando que ante la IMPOSIBILIDAD de obtener los Sacramentos, DEBEMOS acrecentar el amor a Dios, que es el Primero de los Mandamientos, y el mismo Dios que creó los Sacramentos y los Mandamientos, no nos dejará en el pecado si nos arrepentimos de verdad. “Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva”, dice la Escritura, y la Voluntad de Dios de salvarnos es eficaz a condición que el pecador haga lo que tiene que hacer para salvarse. Piense en el Bautismo de deseo por ejemplo.
    Las actuales circunstancias de Apostasía generalizada son de carácter extraordinario, aunque previstas por la Sabiduría divina, que no dejará a sus hijos sin los auxilios necesarios para salvarse. “Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre”, y quien ve al Hijo ve al Padre, y si alguien lo ama de verdad y sin fingimientos, la Trinidad hará morada en esa alma. Nadie va al Padre sin el Hijo, pero si alguien ama a Jesucristo, tiene al Padre y al Espiritu Santo, y esa es una de las Promesas del Verbo Encarnado.
    Las penitencias a las que se entrego Santa María Magdalena, fueron después que “se le perdonó mucho porque mucho amó” dice el Evangelio, como devolución generosa del perdón obtenido. Asi obra la Iglesia cuando enseña la reparación al imponernos la penitencia luego que nos absuelve del pecado y de la culpa, pues siempre puede quedar algo por purgar.
    Sin la Caridad sobrenatural, las penitencias preparan al alma, pero no obtienen por si mismas la Gracia. La Gracia es don gratuito que Dios concede y no se obtiene a fuerza de brazos. Basta recordar lo que dice San Pablo en 1era. Corintios XIII, 1-13.

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