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LA DOBLE UNIDAD DE LA IGLESIA FRENTE A LOS ANTICRISTIANOS


[Es republicación]

LA DOBLE UNIDAD DE LA IGLESIA Y LOS ANTICRISTIANOS

Por el Dr. Homero Jonás
Enseña el Concilio Vaticano I que en el primado jerárquico del Sucesor de Pedro están incluidas las dos unidades que constituyen la verdadera Iglesia de Cristo: la unidad de gobierno, de jerarquía, de poder de jurisdicción y la unidad en las verdaderas doctrinas de Jesucristo, que deben ser creídas por todos los miembros de la sociedad que es la Iglesia de Cristo, que consta de una Cabeza divina invisible y de seres humanos visibles.
Las ovejas de Cristo son por El regidas en lo que debe ser creído por todos, y en lo que todos deben hacer, o no hacer, para pertenecer a esta sociedad.
La principal norma de salvación es la de mantener íntegra e inviolada la fe universal, divina, común a todos (D.S. 75; 639). Pero es también la unidad de acción, para alcanzar el fin común de todos.
Si Cristo juzgó necesario el colocar a Pedro para “apacentar sus ovejas” y para “confirmar a sus hermanos”, “después de convertido”; se separa de la Iglesia quién dice que el Sucesor de Pedro: “no es necesario”, como dice el Sr. J. Daly.
En la Sede de Pedro, es Tradición constante de la Iglesia, siempre fue conservada la única fe. Las cuestiones sobre la fe siempre fueron llevadas a la de Sede de Pedro para ser ahí resueltas, por el Sucesor de Pedro, subordinándose a la universalidad y a la unicidad de la verdadera fe.
Por lo tanto el Pastor Supremo de las ovejas es también el maestro supremo que confirma en la fe a los otros miembros del rebaño de Cristo.
No es menos grave separarse de la unidad de la fe divina, universal, que de la unidad de gobierno sobre el deber de obrar. La Separación herética en el creer, y la cismática en el obrar, ambas están contra los “deberes” imperados por Cristo a los miembros de su sociedad visible.
Así, no conserva la unidad verdadera de la Iglesia, de Cristo quien no conserva la doctrina de Pedro, como supremo Pastor y supremo gobernante de las ovejas de Cristo.
Los medios necesarios para el fin de la unidad en el creer y en el obrar, no son separables de la consecución del fin último establecido por Dios a los hombres.
Por lo tanto, las doctrinas sobre lo que es debido creer y las normas de acción sobre lo que es necesario hacer, que los Sucesoresde Pedro juzgaron estar en conformidad con las doctrinas y mandamientos de Cristo, en las Sagradas Escrituras, de autoría divina y en la Tradición, fuente de la revelación de la palabra divina; estos, definieron, o determinaron, que debería ser mantenidas por todos perpetuamente.
Este es el sentido de “definición” por parte del Sucesor de Pedro.
Las cosas definidas son cosas perpetuas del depósito de las verdades divinas dejadas por Cristo; no son juicios o normas libremente inventadas por el Sucesor de Pedro.
Por estas la Iglesia está firme contra las cosas procedentes del infierno, del anti-Cristo.
En el papa verdadero, reside el carisma dado por Cristo a Pedro y a sus Sucesores: que su fe “no desfallezca” en el ejercicio de Pastor de las ovejas y de maestro de la fe divina verdadera.
Por esto, la infalibilidad de las doctrinas y normas de la Sede de Pedro viene de la infalibilidad del contenido de las verdades divinas, del depósito de las verdades dejadas por Cristo.
No viene de las voluntades y juicios humanos, individuales, o del consenso colectivo.
Esta es la infalibilidad que Cristo quiso dar a su Iglesia, en elcamino de la salvación.
Cristo prometió a San Pedro, que había orado por él para que: “su fe no desfallezca”, en el ejercicio de Pastor de las ovejas de Cristo y en la “confirmación de los hermanos” en la fe, después de ser convertido (Lc XXII, 32).
Esto es: excluía el error de Pedro en el ejercicio de su cargo.
Pero nadie es miembro de la Iglesia sin profesar la fe verdadera universal (D.S. 3802).
Por lo tanto, la infalibilidad de Pedro, en el ejercicio del cargo, es la infalibilidad de la misma Iglesia, es la infalibilidad del mismo Jesucristo.
Así, el poder de Pedro es un poder divino, no humano. Pues fue dado a un hombre y es ejercido por un hombre (D.S. 874).
Ello se refiere a lo que es de necesidad absoluta para la salvación; porque, sin la fe es imposible agradar a Dios (Hebr.) y quien no cree en Cristo ya está condenado (Jo III, 18).
Lo que es necesario creer, u obrar, es lo que la Sede de Pedro, por su Magisterio universal, enseña (D.S. 3011).
Por esto es de necesidad de salvación la subordinación de todos a la autoridad del Sucesor fiel de Cristo (D.S. 875).
Son dos deberes imperados por la Sede de Pedro, de modo universal: lo que es necesario creer y lo que es necesario hacer o no hacer.
El Sucesor de Pedro es: “el principio perpetuo y el fundamento visible de una y otra unidad” (D.S. 3051) universal: “en la fe y en la comunión”.
El Sucesor de Pedro no tiene la asistencia de Dios para enseñar “doctrina nueva”, no contenida en el depósito de la fe; procedente del “juicio propio” (Tit. III, 10-11), como lo hacen los “papas” nulos de la “nueva iglesia católica” del Vaticano II. Dios no les dio poder para enseñar doctrinas y leyes “nuevas”, venidas del arbitrio humano, sin subordinación a la autoridad divina de la Sede de Pedro.
Dios no dio a los hombres poder para que cada uno tuviera su “iglesia propia”, para “no seguir a la verdad divina”, para tener “fe propia”, “mandamiento propio” para que cada uno “haga lo que le dicte su propio espíritu”. Esto es doctrina de Lucifer.
La verdad divina no viene del arbitrio de los hombres.
Ningún hombre es libre del poder divino dado por Cristo al sucesor de Pedro.
No pueden existir obispos autónomos e independientes de la autoridad divina del Sucesor de Pedro.
Quien no quiere “estar subordinado” a esta autoridad más elevada, “resiste a la orden de Dios”, “adquiere su condenación”(Rom. XIII, 1-2).
Por lo tanto si la Sede de Pedro define que San Pedro: “en elprimado sobre toda la Iglesia tenga perpetuos Sucesores” (D.S. 3058), esto se debe de creer. Pero si la misma Sede de Pedro define también que: “existe deber gravísimo y santísimo de elegir un sucesor de Pedro, en las vacancias”, esto se debe de hacer, conectado, derivado y subordinado al deber de creer. Es medio necesario para el fin.
Así, tanto se separa de la unidad de la Iglesia, del “deber” impuesto por la autoridad divina de la Sede de Pedro, quien no cree como debe; como quien no obra como debe. En los dos casos la persona: “suapte natura hominem ab Ecclesiae corpore separat”(D.S. 3803); por la herejía o por el cisma, o por las dos cosas.
El Magisterio universal de la Iglesia impera el deber de creer en las cosas definidas como reveladas por el Magisterio universal de la Iglesia (D.S. 301 1).
E impera también el deber de obrar “obedeciendo” al Sucesor De Pedro (D.S. 875) “por necesidad de salvación”; de tener “subordinación jerárquica y verdadera obediencia” al Pontífice Romano (D.S. 3060).
Por lo tanto, los “acéfalos”: anti-conclavistas; los anti-sacramentalistas; los anti-sedevacantistas, son anti-cristianos, secuaces del anti-Cristo.
En estas posiciones están Mons. Lefébvre y Dom Mayer; Sr. A. Daniele, Sr. John Daly; Sr. Zins; Mons. Pivarunas, P. Espina; Mons. Alarcón, y otros condatários de hombres y no siervos de Dios.
COETUS FIDELIUM
Marzo 2014 N° 10
Traducción:
R.P. Manuel Martínez Hernández

10 replies »

  1. Culto-Fe-Gobierno, en ese orden se da la Nota de Unidad de la Iglesia, según explicó el padre Ceriani en uno de sus especiales. Y el Gobierno es para cuidar y defender el Culto y la Fe, no para destruirlos y demolerlos, tal como lo están haciendo desde el nefasto roncalli.

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  2. sil: Esas tres cosas: Culto-Fe-Gobierno, en relación al honor y gloria de Dios y en relación a la salvación de las almas, solo pueden darse en la verdadera Iglesia, la Católica. No puede haber Gobierno con la Fe y el Culto cambiados, sí puede haber Fe y Culto provisionalmente mientras la Iglesia reclama por un Gobierno Visible en vacancia transitoria.
    En la Ramera, que eclipsa a la Iglesia Católica NO HAY ninguna de las tres, y esto pulveriza a los “resistentes” que “reconocen” la falsa autoridad como Gobierno, y pretendiendo conservar la Fe y el Culto dentro de la Ramera, se quedan sin las tres.

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  3. Es peor porque ahora podemos seguir las actualizaciones a Septiembre de 2016 de los demonios que conducen la agenda de Francisco y el Dalai Lama. Y a veces es necesaria la verdad contundente que no deja dudas de los tiempos en que nos encontramos, tambien le dijo el Señor a sus discípulos que no durmieran, velad y orad, para no entrar en tentación.

    Incalificable ese vaticano satanico conciliar, que si no fuera por el P. Leonardo, Castellani terminaria creyendo lo que afirman protestantes de la compañia, secreto que seguramente descubrió S.S. PÍO XII. y por eso los reprendio duramente.

    Las pruebas del demonio maitreya, con sus voceros que conducen.la religióin mundial del anticristo.

    http://www.share-es.org/current.htm

    Gracias a la Iglesia fiel y a los santos teólogos.

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  4. La pregunta es: ¿quiénes tienen actualmente la potestad, la autoridad, para designar un nuevo pontífice? En mi humilde opinión, pura y exclusivamente los obispos, los sucesores de los apóstoles (los pocos verdaderos que quedan, se entiende).
    Por otra parte, creo que el hecho de que el nombramientos de un nuevo Pontífice legítimo sea imprescindible sin discusión alguna, ello no justifica en absoluto que un grupo de gente, entre sacerdotes y civiles, hombres y mujeres, por más probos que ellos sean, se atribuyan esa potestad y esa autoridad, como ya ocurrió en alguna oportunidad. Las razones de esta imposibilidad son tantas y tan obvias, que huelga absolutamente enumerarlas y considerarlas aquí.
    Desde ya agradezco la publicación de este comentario.

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  5. Tres cosas:
    1. Entre los enemigos de la iglesia, específicamente, aunque incluidos in generis en el artículo, hay que nombrar la FSSPX, la falsa resistencia de Mons. Williamson, Faure, Zendejas, Tomás de “no aquino”, los dominicos de Avrillé, los defensores de la herética, y novedosa tesis del Papa materialiter como Mons. Sanbor, Mons. Stuyver, P. Riccosa, P. Héctor Lázaro, y resto de sacerdotes del Instituto Mater Boni Consilli, los cuales no sólo no quieren el deber de obrar, sino que lo impiden, y muchos clérigus vagus que limitan la infalibilidad de la Iglesia a declaraciones solemnes. Por cierto, Suponemos que el P… dice la Misa no “una cum”, pero que sepamos ha declarado la Sede vacante con el advenimiento de Bergoglio ¿decía la Misa una cum, entonces, con Ratzinger y Wojtyla? Que sepamos es autor que niega la vigencia de la Bula Cum ex apostolatus Officio que la “Fraternitate” sigue usando para defender que un hereje puede ser Papa; y ¿EL otro sigue negando el dogma de la infalibilidad del Magisterio Ordinario y Universal de la Iglesia y del magisterio ordinario del Papa? Econe imprime carácter, y estos clérigos no quieren someterse a nadie; ellos hacen de papa y además reclaman, de risa, autoridad; que ni tienen ni pueden tener; el sacerdocio imprime carácter, pero no te da ninguna jurisdicción, sino te la confiere el Papa que ellos no quieren elegir.
    2. A mi modesto parecer le corresponde a los obispos que han declarado la Sede vacante, excluidos los heréticos citados en el anterior punto y otros lobos con semejantes atuendos de piel de oveja, a quienes corresponde la obligación de mediante un concilio al efecto, aunque irregular dado que no hay Papa, elegir a un válido sucesor de San Pedro, a quien Dios le revestiría de la infalibilidad si acepta el Oficio. A varios teólogos de nota, antiguos, que así expresan la solución; Santo Tomás también concuerda -si bien no trata el problema- en su metafísica. La Historia de la Iglesia enseña lo mismo en graves crisis. Y el sentido común, que es el menos común de los sentidos, así nos ilustra; sería, por ejemplo, de idiotas que un ejército rodeado por el enemigo y que ha perdido a su general porque haya cometido traición pasándose a las filas del enemigo, y con él todo el Estado Mayor, no se defendiera eligiendo a un nuevo general que los guiase en la estrategia del combate, ora porque estén esperando que el general traidor se arrepienta ( la absurda solución del papa materialiter), ora porque se espere algún golpe de estado de algún miembro del Estado Mayor para nombrar otro general en sustitución del traidor ( solución herética de la tesis Casiciacum del M. B. C.). Por cierto, la epiqueya no justifica cualquier acto; por lo tanto no se puede ir a las misas de estos herejes, porque si bien consagran, es ilégitimo, según el C.I.C de 1917; ni debe colaborar ayudando con limosnas.
    3. La necesidad de la elección de un Papa es evidente. Sin él todas la funciones de la Signutura Apostólica, la Rota, etc.. no se pueden ejercer dispensas de impedimentos dirimentes e impedientes para el matrimonio, dispensa de votos, dispensas de irregularidades, etc. Entonces a los obispos sedevacantistas totaliter les cabe la grave responsabilidad de la elección de un Papa, y Dios le dará la infalibilidad para su Oficio. El Señor actúa por medios ordinarios, en general; no hay que esperar soluciones milagrosas; aunque ya es un gran milagro aunar las voluntades de los obispos, previa ilustración de su entendimiento. Llevará tiempo, pero ese debe ser nuestro empeño católico a la vez que nos santificamos. Es un deber para todos en la medida de sus posibilidades trabajar hacia ese fin inmediato.

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  6. Dios elegirá un Papa y los fieles que estén en ese momento (clérigos o laicos) le reconocerán como tal y entonces ese Papa según su voluntad dará jurisdicción a los clérigos que queden, o el dará jurisdicción a otros que desee tener a su lado si los clérigos que queden no son probos.

    Nosotros debemos hacernos merecedores de ese milagro con oraciones y trabajo. No promoviendo un cónclave que solo dará como resultado otro antipapa más. Por cierto tampoco forman parte de la Iglesia aquellos clérigos que fueron a obtener las sagradas órdenes de la iglesia intergaláctica y no de la católica, los cuales están suspendidos a divinis por ello y que por cierto son los que más promueven el conclavismo.

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  7. Hace rato que venimos haciendo este reclamo a los Obispos que se declaran sedevacantes, inclusive con cartas dirigidas personalmente (algunas de ellas publicadas en este mismo blog), pero siguen en la indolencia, refugiados en sus capillitas, poniendo excusas y dilatando la grave obligación que pesa sobre sus cabezas.
    No sé qué hará falta para despertarlos y no se comprende por qué al menos no se han reunido!!!!
    El desinterés que hasta el momento presentan hace pensar que han perdido el temor de Dios . No son más que perros mudos !!!!!

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  8. Estimado Enrique Dante.
    La solución que usted propone no condice con el modo ordinario de la providencia Divina. De hecho, tal vez no lo conozca, ya en la actualidad hay varios “papas” que dicen ser elegidos directamente por Dios, con lo cual se han formados nuevas sectas.
    Por otra parte, si Dios verdaderamente eligiera un Papa estaría fundando la Iglesia nuevamente, lo cual es herejía, pues la única Iglesia que Él fundó está basada en la fe de Pedro y no en la de otro, y esa Iglesia ha de durar hasta el advenimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Además, Dios no forzará jamás la evidencia de un signo, milagro, para que todos crean en un Papa por Él elegido.
    El conclavismo católico, y no se puede ser católico si no se es conclavista- quedando salva la prudencia, lo está defendiendo, que yo sepa, Monseñor Squetino que nada tiene que ver con esa secta intergaláctica – sobre la cual me confieso totalmente ignorante-, y junto a él Mons. Aznar y otros, todos obispos válidamente ordenados y de fe católica probada, obispos, pues de la Iglesia Católica
    Que debemos ser merecedores con nuestras oraciones, nadie lo duda. Pero para que nuestro trabajo esté bien cimentado debe operar ayudando a la formación de un cónclave de obispo católicos. No vaya a ser que con nuestro trabajo nos esforcemos en subir una larga escalera para descubrir cuando hemos llegado al final, que dicha escalera estaba apoyada en la pared equivocada.
    No sé que parte no entiende de este escrito y otros del Dr. Homero Jonás; su argumentación teológica es exquisita, y no se aprecia ningún error ni en su conclusión ni en sus argumentos, todos católicos. De Homero Jonás hay varios artículos en esta web, algunos de mucha extensión, donde cita las fuentes del magisterio con amplitud. Sinceramente, me parece temerario no cumplir con el deber del oficio, y esperar a que Dios haga un milagro para reparar nuestra inhibición en aquello a lo que estamos obligados. El Señor ya ha hecho el milagro: que haya verdaderos obispos con sucesión apostólica que han declarado la sede vacante. Les corresponde a ellos cumplir con su grave obligación: la elección de un Papa. Jamás Nuestro señor Jesucristo.
    En toda la historia de la iglesia, y hubo momentos muy graves, nombró Dios directamente a un Papa, salvo a San Pedro; y no lo hará, con lo cual su propuesta para salir de la crisis se queda a la mitad, con lo que no es la respuesta verdaderamente católica, y es una especie de opinión más, entre otras, que impiden a quienes le lean abrazar la verdad. No deja de tener su opinión, por cierto, los mismos efectos, en la práctica, de la herejía del Papa materialiter: acéfalos perennes;

    Por lo tanto su comentario desvela que ni se cree de verdad en que la Iglesia ha de tener papas permanentes- definido en el Concilio Vaticano I- ¿Usted, cuando lee al Papa decir que “existe deber gravísimo y santísimo de elegir un sucesor de Pedro, en las vacancias”, le obedece o no? parece que no le escucha, según expone en su comentario. Usted parece querer una nueva Revelación, y eso es imposible, porque la Revelación se cerró con la muerte del último Apóstol – de fe divina definida-
    En definitiva, es imposible ser católico y a la vez anticonclavista, y en suma, su “solución” provocaría la confirmación de las actuales capillas autócelas hasta la vuelta de Nuestro señor Jesucristo, puesto que no es católica, y además, induciría a la creación de nuevas sectas que han se dotan de un “papa” directamente elegido por Jesucristo, de las cuales hay actualmente varias.
    Gratia et pax Christi tecum.

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  9. A Enrique Dante:
    Dios no elegirá a nadie!!!! Elegir un Papa le corresponde a la Iglesia Católica.
    ¿Usted cree que la Iglesia Católica estará presente hasta el final del Juicio, o cree que ha perdido autoridad y poder y ya no es la misma que Jesucristo fundó? Nosotros los católicos creemos que la Iglesia no puede fenecer y sigue siendo la Esposa Inmaculada del Cordero, y como tal esta munida con las armas (Leyes y Doctrina) como para vencer en cualquier circunstancia histórica a las herejías y al mismo Infierno. En este momento y desde hace 60 años está vacante la Sede. La Ramera que eclipsa a la verdadera y única Iglesia es la Secta Conciliar y no tiene ningún tipo de autoridad ni jurisdicción. Los Obispos que declararon la Sede vacante son los que tienen el DEBER “sagrado y urgente” de hacer que la Iglesia tenga un Papa verdadero, y los fieles católicos los tenemos que conminar a que cumplan su deber. No es Dios Quien tenga que tomar cartas en este asunto, son los hombre los que deben actuar y Dios dará las gracias necesarias, pues no se deja ganar en generosidad. La acefalía en la Iglesia la sostienen todos los que dicen que no se puede hacer nada para que la Iglesia tenga un Papa.
    “Por lo tanto, los “acéfalos”: anti-conclavistas; los anti-sacramentalistas; los anti-sedevacantistas, son anti-cristianos y secuaces del anti-Cristo.”, como bien dice el Dr. Johas.

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  10. “COETUS FIDELIUM” (Dr. Homero Johas)
    “La Iglesia es la congregación de los fieles” (Santo Tomás)

    Las herejías generalizadas actuales son de dos clases:

    A) El Ecumenismo del Concilio Vaticano II, elimina la unidad de fe divina y católica, principio de fe divina y católica, principio firme y único de toda la Iglesia (Trento, D.S. 1500). El Magisterio de Pío XI, en “Mortalium animos”, ya repelió tal secta como: “falsa religión cristiana”. Toleran un primado papal, honoris causa, por Derecho meramente humano, no divino. Herético.

    B) El Anti-conclavismo. Un puñado de obispos, sacerdotes, laicos; con una decena de falsos argumentos ya refutados, se niegan a cumplir el deber gravísimo de extinguir la vacancia del cargo papal. Quieren permanecer acéfalos, como los herejes monofisitas después del Concilio de Calcedonia, con los cuales Sergio hizo acuerdo ecuménico, con el apoyo del Papa Honorio I.

    No quieren el primado de jurisdicción del Sucesor de Pedro, dogma de fe. Dicen: “No es necesario”, “falta la profesión de fe en retorno de un Papa fiel”, “falta un Pontífice que transmita el poder a los obispos.”

    Las dos herejías convergen para la destrucción de la fe universal divina, de modo especial, del primado monárquico del Sucesor de Pedro. Apartan al Pastor supremo de los otros pastores y de las ovejas. Apartan a los dos fundamentos de la Iglesia, la unidad de fe de la unidad de régimen. Quieren o las herejías, o una Iglesia acéfala, “sin solución”.

    1. PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO.

    San Pío X, en la Constitución “Vacante Sede Apostolica” mostró el “deber gravísimo y santísimo de elegir un Sucesor de Pedro, en la vacancia”: Ese deber de obrar no viene del Derecho humano; viene de la esencia y naturaleza de la Iglesia instituida por Cristo. Él se funda en el dogma de fe: la Iglesia de Cristo, por naturaleza, por voluntad de Cristo debe tener “perpetuos sucesores de Pedro en el primado sobre la Iglesia, en la fe y en el régimen.” (D.S. 3058)

    La norma de creer no está subordinada a la norma del obrar; por el contrario: es la norma del obrar la que está subordinada a la norma de creer. El Derecho y la Ética cristiana deban ser conformes con las verdades de la Dogmática de la Iglesia y no se aparta a la Dogmática para colocar al frente de todo una Ética, sin fundamento en la verdad lógica natural y en la verdad revelada divina, sobrenatural (Syllabus, D.S. 2956).

    Los agnósticos quieren desligar las normas del obrar de las normas del creer (D.S. 3426); colocan la Ética desligada de la Dogmática; la Razón Práctica separada de la Razón Teórica; de donde niegan la verdad absoluta.

    Donde quien conscientemente y pertinazmente niega el “deber de obrar”, de elegir el Sucesor de Pedro, en realidad niega también el deber de creer en el dogma de fe definido por el Vaticano I. “Agere sequitur esse”, el obrar sigue al ser, dice la ontología, “La voluntad no precede, sino sigue al intelecto” dice la filosofía tomista aprobada por San Pío X (D.S.3621).

    Quien niega ese “deber de obrar” niega también el dogma de fe, porque, sin e
    l medio necesario para la existencia de los “perpetuos sucesores” de Pedro, se sigue que el dogma es falso. Es lo que quieren los herejes modernistas y los acéfalos (D.S. 3424).

    2. LEYES DE LA IGLESIA SOBRE LA ELECCIÓN PAPAL.

    Las leyes de la Iglesia, sea en el Código de Derecho Canónico, sea en la Constitución “Vacante Sede Apostolica”, en todas sus cosas principales se fundan en el Derecho Divino.

    Donde ni todo en esas leyes es de Derecho humano y ni todo es de Derecho divino.

    Y la parte de la “Vacante Sede Apostólica” que trata de los electores “Cardenales”, es de Derecho humano; no existía en los comienzos.

    León XIII repite en la encíclica “Diuturnum illud” lo que Cristo hace, siguiendo los que ya hiciera Dios en el tiempo de Samuel: concedió al pueblo elegido que escogiese la persona humana que recibiría de El el poder divino, o “jus regis” (Sam.8,9). El pueblo elige la persona; pero el poder y el “derecho del rey” vendrá de Dios (Rom. 13, 1-2); “de lo alto” (Jn. 19, 11).

    Donde si el Derecho humano no puede ser cumplido en un caso no previsto por el Legislador humano, compete a toda la sociedad de fieles, fundada directamente por Cristo, el derecho, el poder o el deber de elegir el Sucesor de Pedro.

    Eso pertenece a la esencia y naturaleza de toda sociedad humana, enseñó León XIII en varias encíclicas: Diuturnum illud, Immortale Dei, Humanum genus, Satis cognitum.

    Y la Iglesia de Cristo es, principalmente, por esencia, un “coetus fidelium”, un grupo de fieles, con idéntica fe divina y católica. Y San Nicolás I enseña que, “la fe es universal, común a todos, clérigos y laicos…”(D.S.639). Donde, en la unidad de fe no se distinguen los clérigos de los laicos.

    Y ese “colegio de fieles” en cuanto tal “nullam onmino potestatem aut jurisdictionem habeat”. Donde sería “nullo y vacío” que él ejerciera un poder jurisdiccional que no tiene (Vacante Sede Apostólica, Cap.I, cn.I). Y eso se dice allí sobre el Colegio de electores, obispos, cardenales. Así, con mayor razón, sobre el colegio de los fieles, donde entran todos los fieles laicos.

    Así, en el colegio electoral de los fieles, los obispos no preceden a los fieles ni por el poder de jurisdicción, ni por la igualdad de la fe universal.

    La razón de esto es porque el poder papal es exclusivo de Pedro, dado “uni Simoni Petro” (D.S. 3053); monárquico. Si pasase a los obispos y Cardenales sería colegiado, conciliar, lo que es una herejía, el Conciliarismo. El Papa sería entonces “Cabeza del poder supremo colegiado”, subordinado al colegio de los obispos y no superior a todos los obispos, “separados o unidos” entre sí (D.S. 3309); siendo todos “subordinados al Papa y obedeciendo él” (D.S.3308).

    Para ser elector en una sociedad, el miembro de esa sociedad no necesita tener el poder de la persona que, después de elegida, recibirá de Dios, de modo “inmediato y directo” (D.S.3055) el poder divino.

    De allí la estulticia de un acéfalo, fundando toda su inepta argumentación en el decir: “Falta un Pontífice que transmita el poder a los obispos”. Es querer un Pontífice en la vacancia, que, por definición, está privada de la existencia de un Pontífice.

    No se muda la fe en cada circunstancia, pero las normas meramente humanas pueden tener excepciones en caso de necesidad. (Cn. 2261,3)

    En el siglo XVI diversos teólogos erraron en eso; pero en la Iglesia de Cristo no seguimos a los hombres, cuando se oponen al Magisterio de la fe de la Sede San Pedro.

    Donde en las leyes de la Constitución “Vacante Sede Apostolica”, sobre los cardenales, actualmente no existentes, siendo leyes humanas, no se aplican. El estado de necesidad, por sí mismo, va contra la ley, si no, no sería estado de necesidad.

    Pero existen en la misma Constitución normas fundadas en la fe que no pueden ser cambiadas. En ese caso está el primado monárquico y exclusivo de San Pedro (D.S. 3055) y la doctrina sobre las leyes humanas en caso de necesidad.

    El C.D.C. también trata de la elección (Can.160); mas separa la elección de la Cabeza visible suprema de la Iglesia de otras elecciones internas en la jerarquía de jurisdicción de la Iglesia; fuera de la vacancia; donde los fieles laicos no participan; mas donde los infieles, “heréticos y cismáticos” son excluídos (Can. 167, 4; 167,2). Siendo la Iglesia por definición primaria “Coetus fidelium”, están excluidos de la elección papal todo género de heréticos, conforme consta en la Bula “Cum ex apostolatus” de Pablo IV, en el V Concilio y en el D.C. y en otros lugares.

    3. LA ELECCIÓN DE MARTÍN V

    En la época del Gran Cisma existía una duda sobre quién era el único Papa válido, cuando existía tres con sus respectivas “obediencias”. El concilio de Constanza incidió en la herejía conciliarista y fue condenado por Eugenio IV. Pero condenó a Benedicto XIII, Pedro de Luna “como cismático y herético, desviado de la fe y violador pertinaz del artículo de la fe”: “Unam Sanctam”, en 1417. La violación de la unidad de fe tenía por objeto principal la violación de la unidad de régimen.

    Hoy la violación es doble, en las dos unidades, en la fe con la libertad e igualdad religiosa, Ecumenismo, poder supremo colegiado, misa del pueblo. Y por otro lado, o validando al Papa herético, contra la Bula de Pablo IV; o negando el deber de extinguir la vacancia, contra esa misma bula y la Constitución de San Pío X, que enfatiza el “deber gravísimo” de obrar, conforme con el deber de creer.

    El caso actual es mil veces más grave que el de la elección hecha en Constanza.

    Lo que debe ser notado del concilio de Constanza, es que los votos fueron “non per capita singulorum sed per conciliares nationes”.

    Eso significa que apartados los tres Papas entre los cuales existía la separación cismática, el derecho de elegir pasó para el Concilio de los obispos, mas existió allí una norma humana que excluía a los obispos conciliares en cuanto obispos y adoptaba el criterio de nacionalidad, que, evidentemente no fue una norma de Derecho divino.

    El caso de necesidad existía, no se aplicó el criterio del pueblo o clero romano; de cardenales diáconos, o presbíteros u obispos en cuanto obispos.

    Y la elección de Martín V fue aceptada como válida por la Iglesia.

    Eso después está en el Canon 5 del cap. I de la “Vacante Sede Apostolica”:

    “En caso de materia urgente, que por el voto de la mayor parte de los Cardenales, no pueda ser diferido para otro tiempo, el sacro colegio, según la sentencia de la mayor parte, puede y debe disponer sobre el remedio oportuno.”

    Es el caso de necesidad donde exista apenas ley humana que no puede ser aplicada. El colegio de los fieles hoy substituye al colegio de los cardenales, encargo de mero derecho humano.

    4. SENTENCIA DE LOS DOCTORES DE LA IGLESIA

    No parece que exista en la materia una “sentencia común y constante de los Doctores”, como indica el Cn. 20 del C.D.C. La sentencia común y constante que existe es la del MAGISTERIO DE LA SEDE DE PEDRO, a quien compete oír, según el Derecho divino.

    Los teólogos que se citarán más abajo, colocan “la Iglesia” como siendo quien debe elegir al nuevo Pontífice. Pero, en vez de colocar “colegio de los fieles” (clérigos y laicos) unidos en la unidad de fe, algunos colocan a los obispos, o al Concilio como debiendo ser el elector.

    Entretanto, en el siglo XVI, tales doctores no podían mirar la “Vacante Sede Apostolica” de San Pío X, ni al Concilio Vaticano I, sobre Pío IX; cuando tuvieran otros errores, como sobre el Papa “deponendus”, la extensión de la infalibilidad en la persona del Papa, la ignorancia de la fe “Fides Papae”, del “Liber Diurnus Romanorum Ponfificum”.

    Vamos por partes.

    1. Cardenal Tomás Cayetano de Vio

    “De Comparatione auctoritatis Papae et Concilii” con la “Apologia ejusdem tractatus”.

    -“Estando vacante la Sede puede la Iglesia elegir al Papa; o por los Cardenales o por sí misma.” (De Comparatione)

    -“En caso de no ser aplicables las normas, recaería sobre la Iglesia, por devolución, la tarea de suplir a las mismas.” (Apología, c.XIII)

    -“Por excepción, de forma supletiva, este poder compete a la Iglesia y al Concilio. Cuando por inexistencia de los cardenales electores, cuando porque son inciertos, o cuando la propia elección es incierta, como ocurrió en la época del Gran Cisma.” (De Comparatione, c.XIII; XXVIII)

    2. Francisco de Vitoria O.P.

    De Potestate Ecclesiae

    “Aún que nada hubiese determinado San Pedro, una vez muerto, tiene la Iglesia el poder para substituirlo y nombrar un Sucesor (…). No quedaría otro medio sino una elección por la Iglesia. Si faltasen todos los Cardenales, por calamidad, peste, guerra, no se debe dudar de que podría la Iglesia proveer al Sumo Pontífice para sí. La principal causa es: porque, de otra forma, en la Sede que debe durar perpetuamente existiría perpetuamente la vacancia.”

    “Debe la elección ser provista por toda la Iglesia; no por una Iglesia particular. Ese poder es común y dice respeto a toda la Iglesia; luego por toda la Iglesia debe ser provisto”, “no es necesario, en el Derecho, que los electores tengan autoridad para lo que elegirán.” (De Potest. Rec.2)

    3. Cardenal Luis Billot

    De Ecclesia Christi

    “Sin dificultad se debe admitir que el poder electoral pasaría a un Concilio General. Porque, en tal caso la Ley Natural prescribe que el poder atribuido a un Superior desciende para el poder inmediato inferior, porque es indispensable para la supervivencia de la sociedad y para evitar las tribulaciones de una necesidad extrema.”

    4. Bellarmino

    Controversiae; De Clericis, 1.1, c e d.

    Análisis de las sentencias

    Indica allí Vitoria la causa, de Derecho divino, por la cual es necesario realizar la elección papal: “La Iglesia debe durar perpetuamente”. Luego, no puede existir una vacancia perpetua. Y el Concilio Vaticano completa ese argumento, de modo explícito, sobre los Sucesores de Pedro: es dogma de fe, Pedro tendrá “perpetuos Sucesores”. Entonces, el deber de elegir está fundado en el deber de creer, en la fe divina y católica.

    Donde en la falta de cardenales –norma de Derecho humano- Cayetano, Vitoria y Billot enseñan el deber de elegir al Papa. E indican la causa: la Iglesia es una sociedad perfecta.

    León XIII complementa esto: “Es imposible imaginar una sociedad perfecta no gobernada por un poder soberano”. “Donde debió Cristo colocar al frente de la Iglesia una Cabeza a la cual toda la multitud de los cristianos fuese sumisa y obediente”.

    Y de allí: “porque la Iglesia es una sociedad divinamente constituida, requiere, por Derecho divino, la unidad de gobierno, que dirige y comprende la unidad de comunión.” (Satis cognitum, 24)

    Se sigue la necesidad absoluta de la elección papal, por obligación del Derecho divino; por la perpetuidad de la Iglesia y de la Sede de Pedro.

    Los tres teólogos enseñan eso y fueron confirmados por el Concilio Vaticano y por León XIII: La Iglesia, como sociedad perfecta puede y debe, necesita por su esencia como sociedad, elegir al Papa.

    Cayetano dice: “o por los cardenales, o por sí misma.”

    Vitoria dice: “Eso pertenece a toda la Iglesia”, “porque ese poder es común y respecta a toda la Iglesia; luego debe ser provisto por toda la Iglesia.”

    Billot dice: “Porque él es indispensable para la sobrevivencia de la sociedad.”

    Y esto viene del Derecho divino: “Donde no existe el gobernante, el pueblo se dispersa.” (Prov. 11,4)

    De allí que los acéfalos actuales, obispos, presbíteros o laicos, luchan contra el Derecho divino interpretado por la autoridad divina de la Sede de Pedro y expuesto por los teólogos católicos.

    Esto repele la estulticia de los acéfalos que dicen que “falta” un principio que conceda autoridad a los electores, como si la cualidad de miembro fiel de la sociedad no confiriese ya a todos el derecho y el deber de elegir la Cabeza visible de la sociedad. ¿En cuál Estado del mundo, los electores necesitan tener autoridad del gobernante para elegir al gobernante que, no existiendo, necesita ser electo?

    Entretanto, en cuanto al ejercicio de ese deber y de ese derecho:

    Cayetano dice que el “compete a la Iglesia y al Concilio”. Y Billot dice que compete “a un Concilio general”. Y da la causa “porque la Ley Natural, en tal caso, prescribe que el poder atribuído a un Superior desciende al poder inmediato inferior”.

    Pero, en la ley sobrenatural de la Iglesia no es así. Cristo dio el poder divino Supremo, en la Iglesia: “solamente a Pedro” (Jn. 21,15), enseña el Concilio Vaticano (D.S.3054). “Nada fue concedido a los obispos, sin Pedro”, enseña León XIII (Satis cognitum). Inocencio III enesña: “non tamen alii sine ipso” (D.S. 775).

    Donde sería contra el Derecho divino transformar el Derecho divino monárquico de San Pedro, en la vacancia, en poder colegiado. Sería Conciliarismo. Eso es la herejía del Vaticano II; junto con la doctrina herética del Concilio de Constanza y de Basilea.

    Contra eso enseña San Pío X, en la Vacante Sede Apostolica, la doctrina católica: aún siendo el colegio de Cardenales, obispos, por Derecho humano; el no tiene ningún poder supremo, que pertenece exclusivamente al Sucesor de Pedro: “nullam omnino potestatem aut jurisdictionem habeat” (canon I). Todo lo que el hiciera, como si tuviese ese poder “es nulo”. Santo Tomás también lo dice: “nihil actum est” (S.T. 2-2, 39-3)

    De donde, mismo si un Papa designase todos los obispos, y solo a ellos, como sus electores, en la vacancia, eso sería mero Derecho humano y sin transferencia del poder supremo monárquico, para el poder episcopal colegiado.

    Esto todavía supondría que todos esos obispos fuesen fieles y no heréticos. Y, en el caso presente, los obispos ecuménicos de la “nueva iglesia” son heréticos, y los obispos acéfalos, que no quieren la elección papal también son heréticos. Por lo tanto ese poder pasa a “toda la Iglesia”; a todos los miembros de la sociedad divinamente constituida, al “coetus fidelium”, con la fe universal, común a clérigos y laicos, y que pertenece enteramente a todos los cristianos. (San Nicolás, D.S. 639)

    Ante este caso de necesidad, la Constitución Vacante Sede Apostólica establece la norma que debe ser seguida:

    “En caso de materia urgente, que, por el voto de la mayor parte (de los electores) no podría ser diferido para otro tiempo, el sagrado colegio, igualmente según la sentencia de la mayor parte, puede y debe disponer sobre el remedio oportuno” (Canon 5)

    Es el caso actual. La ley electoral está ahí expresa nítidamente, para el caso de necesidad actual.

    Por tal ley, los pocos católicos fieles, no acéfalos, no anti-conclavistas, no ecuménicos; tienen el deber de reunirse –clérigos y laicos- como se hizo en Asís el 23 de junio de 1994, y decidir como obrar.

    Pueden interpretar la ley “salvo en lo que se refiere a la propia elección” (C.4). El Derecho divino impera la existencia de la elección, pero el Derecho humano será decidido por los propios miembros fieles, públicos y notorios de la Iglesia. Los infieles no juzgan la Sede de Pedro; los fieles no son juzgados por los infieles.

    En este caso, los miembros fieles de la sociedad divinamente constituida tiene el deber y el poder de ejercer actos necesarios para elegir la Cabeza suprema visible. Sin dar cuenta a los infieles, heréticos, cismáticos, excitadores de cismas, sospechosos de herejías, favorecedores de los herejes, según la Bula de Pablo IV.

    Nunca una elección papal fue hecha por un Concilio General, de obispos en cuanto obispos, por Derecho divino. Ni en Constanza, donde el criterio fue el de cierto número de obispos por naciones, que no es de Derecho divino, ni de un precedente Sucesor de Pedro, sino que fue decisión de los electores presentes. El poder papal monárquico, no desciende a los obispos, con un poder supremo colegiado. El colegio de los fieles y de los miembros de la Iglesia, públicos y notorios. “La Iglesia en su estado de viadora, es la congregación de los fieles.” Enseña Sto. Tomás (S.T. 3,8,4, ad 2).

    Reunir a los fieles no es imposible. Si todos no son conocidos; si todos no fueran convocados para la elección, si muchos no pudieran comparecer, como en los inicios de la Iglesia, donde todos tenían verdadera unión perfecta entre sí, no solo en la fe, sino también en el amor mutuo sobrenatural, eso nunca invalidó las elecciones de los primeros Sucesores de Pedro. El pueblo y el clero romano, era mera parte de los miembros de la Iglesia. Como eso era cosa de mero Derecho humano, puede ser mudado. Mas la unión en la fe universal y en la caridad perfecta, supera todos los cismas. Que los cismáticos, de todas las especies, permanezcan con sus cismas, fuera de la Iglesia “una y santa”.

    Convocamos a aquellos que son pública y notoriamente fieles y según los cánones de la “Vacante Sede Apostolica” y a las doctrinas mencionadas, a poner remedio urgente y oportuno.

    Para el ejercicio del poder de Orden válido, la “Iglesia suple”. Pero para tener poder de jurisdicción ordinario, la Iglesia no suple, en cuanto que es un poder monárquico, divino, individual, del Sucesor de Pedro. No obstante, la propia Iglesia,por la “congregación de los fieles”, en casos de necesidad urgente, que no puede ser diferido para después de la elección papal: “puede y debe”, por los miembros de la misma congregación de fieles, “proveer remedio oportuno”.

    Es lo que el Magisterio y los teólogos trataron sobre el poder de la sociedad perfecta, divino-humana.

    “En su estado viador, la Iglesia es la congregación de los fieles.” Sto. Tomás.

    Congregación no ecuménica, más unida en “una fides.” (Ef. 4,5)

    Dr. Homero Johas.

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