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SANTO TOMÁS APOSTOL


 21 de diciembre SANTO TOMÁS APÓSTOL

I. Cuando Jesús, llamado por las hermanas de Lázaro enfermo, se disponía a ir a Judea, donde le esperaban asechanzas y odio por parte de los judíos, dijo Tomás a los demás discípulos: Vayamos nosotros también y muramos con Él (1). El Señor aceptaría con gratitud este gesto valiente y generoso del Apóstol. Son las primeras palabras de él recogidas por San Juan.

Más tarde, durante el discurso de despedida en la Ultima Cena, Tomás hizo una pregunta al Maestro por la que le debemos estar reconocidos, pues por ella conocemos una de las grandes definiciones que Jesús nos dejó de Sí mismo. Preguntó el discípulo: Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podremos saber el camino? Jesús respondió con estas palabras tantas veces meditadas: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie va al Padre sino por Mí (2).

La misma tarde del domingo en que resucitó se apareció Jesús a sus discípulos. Se presentó en medio de ellos sin necesidad de abrir las puertas, ya que su Cuerpo había sido glorificado

; pero para deshacer la posible impresión de que era sólo un espíritu, les mostró las manos y el costado. A los discípulos no les quedó duda alguna de que era Jesús mismo y de que verdaderamente había resucitado. Les saludó por dos veces con la fórmula usual entre los judíos, con el acento propio que tantas veces pondría en estas mismas palabras. Los Apóstoles, poco propensos a admitir lo que excedía los cauces de su experiencia y de su razón, no podían albergar ya duda alguna al ver a Cristo, al que ellos conocían bien, hablando como en otras ocasiones. Con su conversación amigable y cordial quedaban disipados el temor y la vergüenza que tendrían por haber abandonado al Amigo cuando más necesidad tenía de ellos. De esta forma, se creó de nuevo el ambiente de intimidad, en el que Jesús va a comunicar sus poderes trascendentales (3). Pero Tomás no estaba con ellos. Es el único que falta. ¿Por qué no estaba allí? ¿Fue sólo una casualidad? Quizá San Juan, el Evangelista que nos narra con todo detalle esta escena, calla por delicadeza que Tomás, después de haber visto a Cristo en la cruz, no sólo había sufrido como los demás, sino que se encontraba alejado del grupo y sumido en una particular desesperanza (4).

Por los relatos de San Mateo y de San Marcos sabemos que los Apóstoles recibieron la indicación de Jesús de marcharse enseguida a Galilea, donde le verían glorioso. ¿Por qué aguardaron ocho días más en Jerusalén, cuando ya nada les retenía allí? Es muy posible que no quisieran marcharse sin Tomás, al que buscaron enseguida e intentaron convencer de mil formas distintas de que el Maestro había resucitado y les esperaba una vez más junto al mar de Tiberíades. Al encontrarle, le dijeron con una alegría incontenible: ¡Hemos visto al Señor! (5). Se lo repitieron una y otra vez, con acentos distintos. Intentaron en este tiempo recuperarlo para Cristo por todos los medios. Es seguro que el Señor, que siempre nos busca -a cada uno- como Buen Pastor, aprobaría esta demora. ¡Cómo agradecería Tomás más tarde todos estos intentos, y que a pesar de su tozudez no le dejaran solo en Jerusalén! Es una lección que nos puede servir hoy a nosotros para que examinemos cómo es la calidad de nuestra fraternidad y de nuestra fortaleza con aquellos cristianos, nuestros hermanos, que en un momento dado pueden caer en el desaliento y en la soledad. No podemos abandonarlos.

II. Trae tu mano y toca la señal de los clavos: y no seas incrédulo, sino creyente (6).

El desaliento y la incredulidad de Tomás no eran fácilmente vencibles. Ante la insistencia de los demás Apóstoles, él respondió: Si no veo la señal de los clavos en sus manos, y no meto mi dedo en esa señal de los clavos y mi mano en su costado, no creeré (7). Estas palabras parecen una respuesta definitiva, inconmovible. Es una réplica dura a la solicitud de los amigos. Sin duda la alegría de los demás ¡qué inmenso gozo llenaría su alma! le abrió una ventana a la esperanza. Por eso vuelve y ya no se separa de ellos. Esta oscura tozudez de Tomás contrasta con la grandeza de Jesús y con su amor por todos. El Señor no permite que ninguno de los suyos se pierda; ya había rogado por sus discípulos en la Ultima Cena, y su oración es siempre eficaz (8). Él mismo interviene ante Tomás. San Juan lo relata así: A los ocho días, estaban de nuevo dentro sus discípulos y Tomás con ellos. ¡Al menos han conseguido que permanezca unido a ellos! Y estando cerradas las puertas, vino Jesús, se presentó en medio y dijo: La paz sea con vosotros. Se dirigió entonces amablemente a Tomás, y le dijo: Trae aquí tu dedo y mira mis manos, y trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente (9).

Es un motivo de esperanza para nosotros considerar que el Señor no nos dejará nunca, si nosotros no le abandonamos, porque también ha rogado por nosotros (10). Tampoco nos desampararán los que Dios ha puesto a nuestro lado. Si alguna vez estamos a oscuras, cualquiera que sea nuestra situación interior, podremos apoyarnos en la fe de los demás, en su ejemplaridad y en la fortaleza de su caridad. Nosotros tenemos el deber de “arropar” y cuidar a quienes de alguna manera el Señor nos ha encomendado o comparten con nosotros la misma fe y los mismos ideales, si alguna vez pasaran por un mal momento. La responsabilidad de la fidelidad de los demás será siempre un buen soporte de la propia fidelidad. “Todo iría mejor y seríamos más felices si nos propusiéramos conocer siempre mejor para poder amar más esas verdades y esas personas a las que nos hemos vinculado con lazos de responsabilidad permanente. Reflexionar sobre los propios deberes, sobre las circunstancias que afectan la vida y la paz de otros, meditar en las consecuencias de nuestra conducta, evaluar el daño que puede causar la deserción, es la primera garantía de fidelidad. A la que debemos siempre agregar una consideración sobrenatural: Fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas (1 Cor 10, 13)” (11). Nunca nos fallará el Señor. No fallemos nosotros a nuestros hermanos. No olvidemos que todos nosotros también podemos pasar por una etapa de ceguera y de desaliento. Nadie en la familia y entre los amigos es irrecuperable para Dios, porque contamos con la poderosa ayuda de la caridad y de la oración, que adquiere entonces manifestaciones tan diversas, y de la gracia.

III. Cuando Tomás vio y oyó a Jesús expresó en pocas palabras lo que sentía en su corazón: ¡Señor mío y Dios mío!, exclama conmovido hasta lo más hondo de su ser. Es a la vez un acto de fe, de entrega y de amor. Confiesa abiertamente que Jesús es Dios y le reconoce como su Señor. Jesús le contestó: Porque me has visto has creído; bienaventurados los que sin ver creyeron (12). Ésta es la fe que nosotros debemos renovar, siguiendo la estela de incontables generaciones cristianas que a lo largo de dos mil años han confesado a Cristo, Señor invisible, llegando incluso al martirio. Debemos hacer nuestras, como las hicieron suyas antes otros muchos, las palabras de Pedro en su primera Carta: Vosotros no lo visteis, pero lo amáis; ahora, creyendo en Él sin verlo, sentís un gozo indecible. Ésta es la auténtica fe: entrega absoluta a cosas que no se ven, pero que son capaces de colmar y ennoblecer toda una vida.

Desde aquel momento, Tomás fue un hombre distinto, gracias en buena parte a la caridad fraterna que tuvieron con él los demás Apóstoles. Su fidelidad al Maestro, que parecía imposible en aquellos días de oscuridad, fue para siempre firme e incondicional. Sus palabras nos han servido quizá para hacer muchas veces un acto de fe ¡Señor mío y Dios mío! ¡Mi Señor y mi Dios! al pasar delante de un Sagrario o en el momento de la Consagración en la Santa Misa. Su figura es hoy para nosotros motivo de confianza en el Señor, que nunca nos dejará, y motivo de esperanza si alguna vez aquellos que tenemos más cerca por voluntad divina pasan momentos de desconcierto en su fidelidad a Dios. Nuestro aliento en esa situación y la gracia del Señor harán milagros.

Con la Liturgia pedimos hoy al Señor: …concédenos celebrar con alegría la fiesta de tu Apóstol Santo Tomás; que él nos ayude con su protección para que tengamos en nosotros vida abundante por la fe en Jesucristo, tu Hijo, a quien tu Apóstol reconoció como su Señor y su Dios.

La Virgen, que tan cerca estaba en aquellos días de los Apóstoles, seguiría atenta la evolución del alma de Tomás. Quizá fue Ella la que impidió que el Apóstol se alejara definitivamente. Nosotros le confiamos hoy nuestra fidelidad al Señor y la de aquellos que de alguna manera Dios ha puesto a nuestro cuidado. ¡Virgen fiel…, ruega por ellos… ruega por mí!

(1) Jn 11, 16.- (2) Jn 14, 5-6.-  (3) Cfr. SAGRADA BIBLIA, Santos EvangeliosPamplona 1985, nota a Jn 20, 19-20.-  (4) Cfr. O. HOPHAN, Los Apóstoles, Palabra, Madrid 1982, p. 216 .- (5) Jn 20, 25.-  (6) Antífona de comunión. Cfr. Jn 20, 27.-  (7) Jn 20, 25.-  (8) Cfr. Jn 17, 9.-  (9) Jn 20, 26-27.-  (10) Cfr. Jn 17, 20.- (11) J. ABAD, Fidelidad, Palabra, Madrid 1987, pp. 66-67.-  (12) Jn 20, 29.-

* Tomás es conocido entre los demás Apóstoles por su incredulidad ante Jesús resucitado, que se desvaneció ante la aparición de Cristo. Su falta de fe da ocasión al Señor para invitarnos a afianzar la nuestra, que tiene su punto sólido en el hecho histórico de la Resurrección de Cristo. Nada sabemos con certeza acerca de su vida, salvo las breves referencias que se contienen en los Evangelios. Según la Tradición evangelizó la India.

Texto de mercaba

Tumba de Santo Tomás Apóstol venerada en Madrás ( India)

Tumba de Santo Tomás Apóstol venerada en Madrás ( India)

8 replies »

  1. Siempre me ha parecido que era injusto tachar a Tomás de incrédulo, ya que los otros 10 discípulos también creyeron porque lo vieron resucitado. En todo caso no fue especialmente incrédulo, aunque sí desperdició la ocasión de demostrar un fe por encima de la de sus compañeros. Una cosa muy buena de Tomas es que no se guardaba lo que pensaba, si no entendía las enseñanzas preguntaba y si no creía lo que le contaban sus compañeros se lo decía.

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  2. “La teoría del milenarismo tenía raíces en la literatura judía, atormentada siempre por la idea de un Mesías que reinara gloriosamente en la tierra. Retomada en el tiempo de san Juan por el heresiarca Cerinto, es exacto que en los siglos II y III de la era cristiana algunos Padres, y no de los menores, la adoptaron, bajo distintas formas y más o menos atenuadas. Se puede citar entre ellos a San Justino, San Ireneo, Tertuliano et alii…

    EI llamado milenarismo espiritual que fue sostenido por Papías y otros Santos Padres. Éste, aunque no universalmente admitido, estuvo muy extendido entre los fieles de los primeros siglos. Dentro de este grupo militaron: San Papías, obispo de Hierápolis; San lreneo, obispo de Lyon; San Justino, mártir; el autor de la Epístola de Bernabé; el autor de la Didaché; Tertuliano; San Victoriano, obispo de Petovianense y mártir; San Metodio, Lactancia, San Zenón, obispo de Varona; y otros.

    Verdad es que otros Santos Padres no admitieron esta doctrina, y aun la atacan positivamente; pero generalmente atacaron al milenarismo carnal y judaizante, más no al de San Papías y San lreneo. San Agustín dice, que esta opinión sería tolerable si se esperasen goces espirituales y no carnales. Y San Jerónimo, acérrimo impugnador del milenarismo, dice que aunque no sigue esta opinión. no puede condenarla porque muchos varones eclesiásticos y mártires dijeron estas cosas(Com.in Jer.cap. 23, 1-8; caps. 30 y 31 ).

    Es de importancia hacer notar, que los más antiguos milenaristas como fueron San Papías y San lreneo, transmiten esta doctrina, no como fruto de su interpretación escriturística, sino como enseñanza recibida de los Apóstoles y varones eclesiásticos.

    Siendo San lreneo discípulo de San Policarpo y éste con San Papías, discípulos de San Juan Evangelista, parece lógico, que la interpretación del Apocalipsis deba ser según el sentido que le dan estos discípulos del mismo autor.

    A partir del siglo IV, no se encuentra a ningún nuevo escritor católico digno de consideración que defienda el milenarismo, y el parecer unánime de los teólogos, en cuyo primer plano hay que citar a Santo Tomás y a San Buenaventura, lo descarta con determinación. (…)

    La escuela de Santo Tomás de Aquino; En el opúsculo 69 “De preambuis ad judicium el ipsum concomitantibus”, pág. 452 (Edición Parmae, tomo 17) leemos: “Consolará el Señora a Sión” (Isaías 51,3), esto es: a la Iglesia de los fieles después de la muerte del Anticristo; y consolará todas sus ruinas, vale decir: las tribulaciones producidas por el Anticristo. Y los consolará de la privación de los bienes espirituales de que fueron privados en el tiempo de la persecución. Por eso será consolada, porque la Iglesia en tiempo del Anticristo tendrá y soportará una doble desolación: una porque será mortificada por muchos demonios; otra, porque no hará milagros.

    A causa de esto, después de la muerte del Anticristo, será también doble la .consolación: esto es, la paz y la multiplicación de la fe. Entonces todos los judíos se convertirán a la fe de Cristo, viendo que fueron engañados. En aquellos días suyos,Judá será salvo e Israel vivirá tranquilamente, y el nombre con que será llamado, helo aquí: Justo Señor Nuestro (Jer.23, 6). Entonces verdaderamente confesarán a Cristo, a quien sus padres crucificaron; lo confesarán como Dios verdadero y verdadero Hombre, e igual al Padre en Potencia y Majestad, según la divinidad.

    Por lo cual aquellos judíos junto con otros fieles prorrumpirán en alabanza y gozo grande cuando lleguen al conocimiento de Cristo. Se reconocerá que el Señor hace justicia (Ps.9, 17). Entonces dirán aquello del Apocalipsis 11,15: El Reino de este mundo, esto es, la universalidad de los fieles, ha venido a ser de nuestro Señor, de Dios Padre y de Cristo. su Hijo.

    Según el entendimiento de este Reino, la tranquilidad empezará, pues, en este mundo, cuando Cristo, Hijo de Dios, destruya al Anticristo con el soplo de su boca (2 Tes.2, 8); e inmediatamente la Iglesia descansará pacificada durante media hora de silencio, esto es, por el tiempo que sigue hasta el fin del mundo. Y tal es lo que se dice en el Apoc. 8, 1: Se hizo silencio en el cielo, esto es: en la Iglesia, por espacio de media hora, Y por lo mismo también se dice: el Reino ha venido a ser. Y seguirá siéndolo, porque desde entonces cesará el fraude y la crueldad del diablo, y Dios con sus fieles todos reinará en perpetua paz y tranquilidad. Por lo cual se continúa diciendo en la referida cita (Apoc.11) y reinarán, esto es, los fieles en Dios y Dios en ellos, por los siglos de los siglos .Y en Daniel 7, 14 se dice de Cristo: “La potestad suya es potestad eterna que no le será quitada y su reino es indestructible“. Y de esto Juan interpone juramento, y por eso dice: “Amen”, esto es, lo que está dicho se realizará verdaderamente.

    En síntesis: como se ve, los propugnadores de esta opinión concuerdan en que el triunfo de la Iglesia ha de realizarse después de la destrucción del Anticristo y de la conversión de los judíos, que seguirá inmediatamente a esta destrucción. Este triunfo no vendrá, ni tampoco se realizará el Reino de grandísima paz y justicia anunciado por las profecías, hasta que no se hayan realizado estos dos acontecimientos.

    La sentencia emitida por el Santo Oficio es la extensión a la Iglesia universal de una condena notificada tres años antes (11 de julio de 1941) en una respuesta dirigida al Arzobispo de Santiago de Chile. Esta carta, redactada en los mismos términos que los antedichos, precisa por otro lado dos cosas que permiten entender bien el alcance del acto.

    Ante todo: aquí tenemos unamedida disciplinaria en materia de doctrina y no una definición doctrinaria sobre el milenarismo.

    Esta medida disciplinaria fue tomada en la sesión plenaria del Santo Oficio el 9 de julio de 1941. Pero en aquel entonces no fue presentada, y por eso,no fue aprobada ni confirmada por el Sumo Pontífice como es de costumbre cuando se trata de una resolución de universal alcance. Tampoco fue publicada, por consiguiente, en A.A.S. Recién en la sesión plenaria del Santo Oficio del 19 de julio de 1944 se le dio un carácter oficial.

    Así, pues, la formulación definitiva es: “El sistema del milenarismo, aun del mitigado, es decir, el que enseña que según la revelación católica Cristo Nuestro Señor antes del juicio final, ha de venir visiblemente a esta tierra a reinar, ya sea con resurrección anterior de muchos justos o sin ella, no se puede enseñar sin peligro”.

    Decreto de la SUPREMA SACRA CONGREGACION DEL SANTO OFICIO publicado en ACTA APOSTOLICAE SEDIS, julio 28 de 1944, pág.212.

    Con todo estamos aquí frente a una resolución disciplinaria de alcance restringido:

    1ºNo se trata de una condenación de la doctrina del Reino, sino que se declara solamente que es peligroso enseñar un punto determinado de ella, a saber, el punto característico del Milenarismo mitigado

    2º Es pues, una medida disciplinaria que prohíbe la enseñanza de este punto característico del Milenarismo mitigado, por ser peligroso.

    3º Este peligro procede, pues, no de la doctrina del Reino como tal, sino del punto determinado que, como se ve, afecta a los milenaristas mitigados

    4º No cabe duda que con respecto al punto referido, la medida disciplinaria dicta una orden terminante, a la cual todo católico debe obedecer ampliamente como disposición de la autoridad competente.

    Frente a estos hechos que indican las limitaciones de la medida, que siempre hay que interpretar en sentido directo y literal, creemos sinceramente que existe y sigue existiendo un abuso tan grande en Sud América, que nadie se atreve a hablar todavía de las profecías escatológicas, ni aun de la Parusía. Y no hay ninguna duda de que este abuso antimilenarista es mucho más dudoso y peligroso que el punto de enseñanza milenarista, al cual se refiere la medida misma. Y tal abuso con que los antimilenaristas, apelando injustamente a esta medida, exigen simplemente una interpretación evolucionista de las profecías del Reino Mesiánico, va, ciertamente, mucho más lejos que el Santo Oficio mismo. Porque el carácter de la medida indica que la Suprema Congregación ha querido de ningún modo la discusión, prohibiendo la enseñanza del punto característico del milenarismo mitigado por considerarlo peligroso.

    Artículo 4º: ¿Cuál es este punto, y por qué es peligroso?

    He aquí dos preguntas muy importantes que debemos aclarar para poder captar la orientación que nos quiere dar el Santo Oficio.

    Se prohíbe pues, enseñar no que Cristo ha de venir a reinar (con sus santos o sin ellos anteriormente resucitados), sino que Cristo (con sus santos o sin ellos) ha de venir visiblemente a la tierra a reinar. En esto consiste, según la definición, la nota característica del milenarismo, aún la del mitigado.

    ‒ El combate por la Realeza social de Jesucristo es un combate presente, en la sociedad contemporánea, por la Iglesia Católica, que es desde ahora el Reino deJesucristo sobre la tierra, y un reino que es principalmente espiritual.

    No hay ningún texto en las Escrituras que demuestre que la Iglesia ha sido encargada de conquistar al mundo, o que en la presente edad obtendrá un dominio espiritual que abarcará a todas las naciones. La Iglesia jamás convertirá al mundo, como tampoco puede convertir a Satanás, el príncipe de este mundo, el dios de la presente edad, (II Cor.4, 4,).

    La Iglesia esta en franca oposición con el mundo, “que yace en el maligno”(IJuan5, 19) y seguirá siendo concupiscencia de carne y de ojos y soberbia de la vida, hasta que venga. Jesús para destruir el misterio de iniquidad, y para quitar de las manos de Satanás el poder sobre el mundo.

    La Iglesia es, exactamente, el Reino de Dios en el misterio de la fe y de la esperanza, por ser una elección y congregación de elegidos entresacados del mundo y del poder de sus tinieblas, y rescatados para una patria mejor (Heb.8, 6).

    Tiene su ciudadanía en los cielos, de donde asimismo esperamos a Nuestro Señor, que transformara el cuerpo de nuestra humillación a semejanza de Su cuerpo glorioso (Fil.3, 20-21; Heb.131, 4).

    Lejos de encargar a su Iglesia la conquista del mundo Cristo le manda predicar la Buena Nueva del Reino en testimonio a las naciones, para que aquel que creyere y recibiere el bautismo, sea apartado del mundo y de sus tinieblas, siendo engendrado como hijo de Dios Y trasladado al Reino de la Luz (Ef.5, 8; I Tes.5,4-6;IPed.2,9).

    Y para que nadie se engañe con respecto al efecto de la obra salvadora de la Iglesia, ni se deje llevar por el celo de la carne, se nos enseña expresamente: que la cizaña y el trigo crecerán juntos hasta la consumación del siglo o presente edad; que los malos hombres y los engañadores irán siendo peores cada vez; que como fue en los días de Noé y de Lot, así también será en los días del Hijo del Hombre. Y tales el carácter y numero de la cizaña, que su destrucción antes de la siega, pondría en riesgo a los hijos del Reino (Mat.13, 29 sgs; II Ped.3, 3; I Tim.4, 1-2; II Tim.4, 3; Luc.17, 26-31; Mat.24, 37-51).

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    Argumentios tomados del libro: El testimonio de nuestra esperanza, R. P. Antonio Van Rixtel.S.C.J. Año 1945.

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  3. Antes de condenar el milenarismo de LACUNZA, sería indispensable condenar el milarismo del gran santo IRENEO. Leemos en Introït de la misa de este santo: LEX VERITATIS FUIT IN ORE EJUS ET INIQUITAS NON EST INVENTA IN LABIIS EJUS … Lacunza es detestado porque es el primero que ha mostrado que la segunda bestia del apocalipsis es el clero católico apóstata.

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  4. “Así, pues, apoyándose en esta respuesta y en la condenación ya hecha por este Santo Oficio de la obra del P. Lacunza, V. E. procurará vigilar cuidadosamente para que dicha doctrina bajo ningún pretexto se enseñe, propague, defienda o recomiende, sea de viva voz, sea por cualquier escrito.
    Para conseguirlo podrá emplear V. E. los medios necesarios no sólo de persuasión, sino también de autoridad, dando, si fuere oportuno, las instrucciones que fueren necesarias a los que enseñan en el seminario y en los institutos.
    Y si surgiere algo de mayor gravedad, no omita V. E. comunicárselo al Santo Oficio. [ Pío XII. Decretos Pontificios BAC]
    Observaciones:
    1ª. La obra de Lacunza ya estaba condenada, como dice el Papa Pío XII
    2ª.-El Papa Pío XII impele a la autoridad episcopal para que la use (incluye dicha autoridad las penas vindicativas, incluso la excomunión; luego la doctrina que defendía Lacunza era materia muy grave].
    3ª Hasta los teólogos de la liberación hacen suya la doctrina de Lacunza, luego parece ser agua turbia.
    Por otra parte, si bien el milenarismo llamado ahora espiritual para evitar así la condena del Santo Oficio es muy semejante al mitigado; se parece mucho a las artimañas rabínicas de los jansenitas para negar que recaían sobre ellos las condenas Pontificias.
    Además, si bien el milenarismo podría resolver algunas incógnitas de las Sagradas Escrituras, añade otros nuevos interrogantes para los cuales no tiene respuesta.
    No obstante, si bien ha resurgido en algunos momentos de la historia de manos de herejes, todos los doctores de la Iglesia lo rechazan desde San Jerónimo y San Basilio. San Agustín llama a los milenaristas “absurda doctrina” por dos veces en la Ciudad de Dios, confesando él que también había caído en esa absurda doctrina en su juventud.Muchos herejes, aún hoy, sostienen dicha doctrina: evangélicos, Testigos de Jehová, clérigos vagus subordicionistas que proceden del lefebvrismo, así como muchas sectas nacidas de la reforma luterana ¡ Sospechosa coincidencia!
    El milenarismo no logra desembarazarse de la sospecha de judaización. No en vano Cerinto era judío.
    Y si bajo ningún pretexto se debe enseñar esa doctrina ( Obedezcan los clérigos y laicos que dicen ser católicos y quieren ser ellos el Papa), es claro que tampoco se debe escuchar y aprender.

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